Hola, mis queridos reyecitos magos, bueno aquí en México celebramos el día de reyes este día, y en honor a la tradición he decidido publicar tres capítulos de tres distintos fic, "El Correcto", "Los Doce Meses" y "Los Espíritus Chocarreros", los tres los debía hacen muy buen rato, pero me he esforzado mucho y espero que todos ustedes disfruten de estos sencillitos regalos bajo sus arbolitos, un feliz año nuevo a todos, y les deseo que se cumplan todos sus propósitos y deseos, que tengan un buen año, y sobre todo que puedan disfrutar de las maravillas de la vida, aunque el mundo ande medio chueco. ¡FELIZ DÍA DE REYES PARA TODOS!

Danos Otra Oportunidad

Inuyasha gruño a la vez que se giraba para quedar sobre su costado izquierdo y coloco la almohada sobre su cabeza, pero ni eso lograba amortiguar ese molesto sonido, volvió a gruñir y a rodar para ponerse boca abajo, esta vez aplastando la sabana ya arrugada contra su cabeza, pero nuevamente fue inútil, los ronquidos seguían resonando como truenos contra sus orejas. No pudo evitar preguntarse qué había hecho esta vez para que Kagome lo castigara. Porque eso no podía ser otra cosa que un castigo.

Esa tarde habían regresado de la isla y después de la cena más caótica y extrañamente deliciosa que había comido en mucho tiempo hubo que repartirse en la casita del pueblo, para su buena suerte Suikotsu y Bankotsu se aseguraron de que Jakotsu quedara en la habitación más alejada de la suya, ¿para su mala suerte? Le toco compartir el cuarto con Kyokotsu, y era por decir poco el peor de los castigos. ¿Se preguntan por qué? Ese gigante roncaba peor que un tractor cosechando grava, llevaba cerca de tres horas solo intentando cubrir sus oídos para ahogar los ruidos de su laringe.

Cuando por fin había logrado su meta de ahogar un poco ese horrible sonido colocándose toda la sabana y la almohada sobre sus oídos cuando algo le golpeó fuertemente la pierna izquierda, giro molesto y noto que Kyokotsu estaba dando de patadas y puñetazos como un desquiciado. Se levantó de inmediato, no pensaba soportar más eso, salió esquivando las patadas del gigante y abrió la puerta que daba al pasillo donde otro coro de ronquidos lo recibió. Se cubrió los odios con ambas manos al tiempo que fruncía el ceño "¿pero cómo puede un ser humano dormir con tanto ruido?" se preguntó.

Definitivamente no iba a dormir así, bueno no ha menos que alguien lo ayudara, y sabía exactamente quién. Subió las escaleras sin soltarse los oídos, ¡pero como roncaban esos hombres! Salió por el pasillo y consiguió llegar hasta la escalera en penumbras, subió casi corriendo, pues con tanto ruido dudaba que alguien notara sus pasos. Cuando llego al segundo piso corrió hasta el cuarto del fondo y abrió la puerta. Casi se estrelló la cabeza contra la pared al ver a Kagome, cómoda en su hamaca dormida como un angelito, ¿Cómo era posible que estuviese dormidita con tal coro de ronquidos? Pues bien él no podía dormir y ella lo iba a ayudar.

- Kagome… - la llamo suavemente, ella no se movió, solo suspiro un poco.

- Kagome… cariño… - intento nuevamente agitándola del hombro, ella se quejó pero poco a poco abrió los ojos.

- ¿mmm? ¿Inuyasha…? – pregunto somnolienta, el casi sonrió, así adormilada se veía tan adorable como un gatito.

- vamos pequeña… despierta… - volvió a insistirle cuando pareció que volvería a cerrar los ojos y dormirse.

- ¿Qué hora es? ¿Ya amaneció? – pregunto la azabache frotándose los ojos y ahogando un bostezo.

- no… pero necesito que me ayudes con una cosa – respondió Inuyasha, Kagome lo miro curiosa, aun con el sueño inundando sus ojitos, pero decidió ir a ver que quería. Ambos entraron a la habitación cuando Kyokotsu ya había revuelto todas las sabanas de su futon y el que había sido de Inuyasha, dejándolos como un enorme nido de tela.

- ¿ahora entiendes porque no podía dormir? – pregunto Inuyasha señalando el cuarto, Kagome se froto sus ojitos dolor chocolate para poder ver mejor y luego suspiro.

- vaya… otra vez… - se rasco la cabeza mirando a su primo.

- ¿otra vez? ¿Me dejaste compartir cuarto con él sabiendo esto? – pregunto Inuyasha un tanto molesto, definitivamente comenzaba a creer que aquello no fue una casualidad sino una especie de mala jugarreta.

- no le pasaba desde la universidad, pero tranquilo, yo me encargo de que vuelva a dormir con toda tranquilidad – sonrió aun algo somnolienta, camino hasta quedar a la cabeza de Kyokotsu, y se arrodillo a su lado con cuidado de esquivar los puñetazos.

- a ver… ¡seis! ¡Siete! ¡Ocho! ¡Nueve! ¡FUERA! – grito como si fuera un referí de boxeo, Kyokotsu abrió un segundo los ojos antes de dejar caer sus miembros, se relajó y hasta sonrió, Inuyasha la vio sorprendido ¿eso era todo? Estaba por acercarse para intentar desenredar su futon y su sabana cuando Kagome lo detuvo alzando su mano.

- aguarda… - le indico justo antes de que una nueva ola de patadas volviera a mover las piernas del primo de Kagome, pero antes de que se pusiera a dar puñetazos la azabache le acuno la cabeza contra su torso.

- ya, ya, quieto campeón, quieto campeón, calma campeón – le susurro dando suaves palmadas en la frente y su cabello hasta que volvió a calmarse, pero aun así Inuyasha no se atrevió a acercarse, Kagome le indico con la que podía entrar.

- listo, ya no debería volver a tener su sueño de boxeadores – el asintió, pero justo cuando daba un paso para recuperar sus cosas los ronquidos se reanudaron, pero tres veces más fuertes.

- ¡oh! ¡Por el amor de dios! – gruño molesto, ahora menos que nunca podría dormir.

- ¿Qué pasa? – pregunto Kagome curiosa.

- ¿Cómo que "qué pasa"? ¿Cómo puedes dormir con semejante escandalo? – gruño, Kagome lo vio curiosa un segundo antes de sonreír.

- ¡oh eso! Supongo que después de más de doce años uno termina por acostumbrarse – sonrió ella, Inuyasha arqueo una ceja, pero estaba tan agotado que realmente no le tomo importancia.

- así no voy a poder dormir – suspiro derrotado, Kagome abrió la puerta y otra ola de ronquidos inundaron el lugar, Inuyasha se cubrió los oídos, pero entonces una idea cruzo su mente.

- Kagome ¿podría dormir contigo? – pregunto tímidamente, Kagome giro un poco sui cabeza para mirarlo.

- ¿Qué? – pregunto curiosa, pero lo que no esperaba era encontrarse con esos ojitos de cachorrito atropellado.

- tenme piedad por favor, yo no estoy acostumbrado a todo esto y… - suplico pero Kagome solo lo callo colocando su índice sobre los labios masculino.

- de acuerdo, ven – le sonrió indicándole que la siguiera, Inuyasha parpadeo sorprendido un par de segundos, pero no tardo en seguirla, después de todo había logrado convencerla, y lo mejor era aprovecharlo y cerrar la boca antes de que ella cambiara de opinión.

- ¿necesitas alguna sabana? – pregunto cuando llegaron a su habitación. El negó con la cabeza, hacia demasiado calor esa noche como para cubrirse, Kagome se encogió de hombros y camino de vuelta a su hamaca Inuyasha la siguió pero no hizo nada por tumbarse en el lecho colgante.

- ¿has dormido en hamaca antes verdad? – le pregunto curiosa, Inuyasha la miro un segundo, hacía años que no se subía a una hamaca, pero tampoco podía ser tan difícil o eso pensó hasta que al intentar sentarse casi se fue de espaldas.

- ven te mostrare – le sonrió, abrió uno de los lados de la hamaca y luego el otro, hizo que Inuyasha se sentará y le cubrió la cabeza con parte del extremo que le quedaba a la espalda, lo impulso para que se recostara y luego le explico cómo subir las piernas. Inuyasha se acomodó y entonces Kagome se recostó a su lado en posición de cucharita, colocando su pequeña espalda contra el duro pecho del muchacho.

- buenas noches Inuyasha - susurro Kagome, volviendo a dormirse casi al instante en que su cabeza toco la almohada.

- buenas noches Kagome – respondió Inuyasha acomodándose mejor, se colocó de lado y la azabache se acurruco contra el buscando comodidad y calor.

No pudo evitar sonreír, paso su brazo sobre el cuerpo de Kagome, poso su mano junto al vientre plano de ella, hundió su nariz entre las sedosas negras hebras de su cabello y se durmió embriagado por el perfume natural de Kagome. Durmió con un lirón esa noche, no recordaba haber tenido una noche de sueño tan placentera en muchos meses. Para cuando los rayos del sol entraron por la ventana de la habitación ambos estaban abrazados de frente, en algún punto de la noche Kagome se había acomodado de tal manera que su cabeza quedaba entre su hombro y su antebrazo y él la había abrazado contra su cuerpo, incluso sus piernas estaban entrelazadas.

Sonrió socarronamente sin poder evitarlo, quizá que esos hombres roncaran peor que una carcacha descompuesta sobre un camino de grava suelta había valido la pena. Kagome se acomodó mejor sobre su cuerpo y el la pego un poco más contra su pecho, "¿así se sentía despertar con la mujer de tus sueños a tu lado?" se preguntó pasándole una mano por la cabeza, causando que Kagome gimiera de gusto y frotara su carita contra su hombro, "al parecer le gusta que le mimen el cabello" procuro anotar ese dato para usarlo más adelante.

Se estaba relajado para dormir un poco más cuando su bella princesa se agito en sus brazos para luego despertar, se tensó un poco, cuando le pidió compartir el lecho la noche anterior había estado medio adormilaba pero ¿Qué pasaría cuando estuviera bien despierta y se encontrara en sus brazos? No había empezado ni a imaginar su respuesta cuando los ojitos color chocolate pestañearon abriéndose como dos maripositas y miraron un poco alrededor y luego lo miraron directamente.

- buenos días – la saludo intentando calmarse, después de todo solo habían dormido juntos, no había pasado más de un abrazo nocturno.

- hola – le devolvió el saludo Kagome sin dejar de mirarlo, parecía tan contrariada como él. Era un terreno virgen para ambos, y aun así, el silencio que se instauro entre ambos no fue incomodo, todo lo contrario, parecía que podían decirse todo aquello que deseaban expresar sin necesidad de decirlo.

- ¿has dormido bien? – pregunto Inuyasha con una sonrisa tranquila.

- bastante bien, eres una buena almohada – sonrió Kagome, la sonrisa masculina se amplió también a causa de la broma.

- tú también eres muy cómoda – le devolvió el saludo, ella entre frunció el ceño pero jamás perdió su sonría, al contrario se irguió un poco y le dio un golpe amistoso en el hombro.

- ¡oye! – reclamo riendo antes de intentar devolverle el golpe pero Kagome le dio con su uña en la frente, gruño un poco pero su sonrisa no menguo, esa chica era rápida de reflejos, intento pescarla pero ella volvió a esquivarlo y le pellizco la mejilla izquierda. Frunció el ceño e intento sujetarla para darle una buena tanda de cosquillas, pero Kagome lo esquivo nuevamente y brinco fuera de la hamaca.

- ¡tramposa! – intento "regañarla" y aparentar seriedad pero no pudo dejar de sonreír en ningún momento.

- lento – se burló ella enseñándole la lengua antes de salir pavoneándose victoriosa de la habitación.

- vuelve aquí tu niña – se rio saltando para perseguirla, pero Kagome era rápida y para cuando el salió del cuarto solo alcanzo a ver la punta de su cabello que se perdía escaleras abajo. Sin mediar su sonrisa se echó a correr tras ella, desde abajo escucho la risa burlona de Kagome, "ya verás lo que es jugar rudo pequeña" sonrió bajo de un salto pero casi se resbalo por la prisa.

- con cuidado, guapo - la voz de Jakotsu le tomo pro sorpresa, pero termino de car cuando vio al afeminado vestido solo con una camisa sin mangas y un bóxer ajustados, que para su desgracia era de una tela blanca casi transparente.

- ¡AH! – grito retrocediendo y al tiempo que se tapaba los ojos.

- ¿te gusta lo que vez cariño? – sonrió pícaramente Jakotsu ando una vuelta para presumir.

- No tardes a desayunar, precioso, si lo deseas me incluiré en el menú – le guiño un ojo antes de marchar al comedor. Inuyasha se sentó en la escalera frotándose los ojos con fuerza, por dios, por ningún motivo y bajo ninguna circunstancia quería volver a ver algo así.

- ¿estás bien Inuyasha? – escucho preguntar a Kagome, pero sus pobres ojos estaban lagrimeando debido a la impresión.

- creo que me ha dejado ciego – mascullo frotándose los ojos pues su visión estaba borrosa.

-¿Qué? - Kagome lo vio sorprendida, se había ido corriendo esperando que Inuyasha la persiguiera y así jugar un rato, fue entonces cuando escucho gritar al peli plateado y lo encontró así.

- eso… esa… ¡AHÍ! - intento pronunciar Inuyasha señalando a donde creía se había ido Jakotsu, Kagome siguió la dirección a donde Inuyasha apuntaba y casi se le desencajo a mandíbula al ver a su querido primo-prima caminar moviendo las caderas exageradamente como un péndulo no dejando nada a la imaginación atraves de los bóxer de tela semi translucida.

- no puede ser posible… ¡JAKOTSU! – se fue gritándole, ahora si iba a matar a su primo, le había dicho que ni se le ocurriera pavonearse con ese estúpido traje transparente, estaba caminando hacia la sala cuando Suikotsu paso con el periódico en la mano.

- ¡tú! ¡Mata sanos! – le gruño sujetándolo de la camisa del pijama.

- revisa a ver si tu querida hermana no le quemo las corneas a nuestro pobre invitado – le ordeno empujándolo en dirección a la escalera donde Inuyasha seguía sentado frotándose los ojos. Suikotsu la miro con los ojos abiertos, y le alegro no ser Jakotsu, pocas veces la había visto así de molesta.

- ¿escuche mal o acaso te llamo "mata sanos"? – pregunto Bankotsu desde la puerta mientras anudaba su bata, pues regresaba de nadar en el mar, Suikotsu acababa de revisarle los ojos a Inuyasha, por fortuna no le había pasado nada, pero le dijo que mejor se fuera a lavar la cara para despejarse del susto.

- eso creo – respondió aun anonadado, escucharon una pequeña discusión entre Jakotsu y Kagome y luego el sonido de algo rompiéndose.

- pero creo que es mejor que te ponga un mal mote a ser nuestra querida "hermana" en este momento – Suikotsu asintió, estaba seguro de que Kagome estaba por ahorrarle miles de dólares en cirugía de cambio de genero a su hermano.- aun así, no me había llamado "mata sanos" desde aquella vez que dejamos sin rostro al tipo que intento conseguir un polvo con ella - reflexiono Suikotsu, Bankotsu sonrió un poco, esa había sido una golpiza que disfruto mucho, de hecho aún conservaba escondido el diente que le tiro de un puñetazo al mal nacido.

- y aun así fuimos demasiado suaves – esta vez fue el turno de Suikotsu de sonreír, el apenas había empezado sus estudios de medicina en esa época, por lo que darle la golpiza a ese tipo le dio una excelente practica para memorizar las posiciones de los huesos.

- ella de verdad lo ama ¿verdad? – pregunto a Bankotsu.

- ¿de verdad lo preguntas? – gruño el chico de la trenza, Suikotsu lo miro profundamente, una de esas miradas que solo te dan los hermanos cuando saben que ocultas algo.

- Kagome no lo trajo aquí para una escapada romántica ¿cierto? – pregunto inquisitivo, Bankotsu se limitó a negar con la cabeza, Suikotsu comprendió un poco más la situación.

- ¿quiero saber lo que está pasando? – Bankotsu miro a su hermano mayor en silencio, sabía que Suikotsu era el más discreto de sus seis hermanos, pero le había hecho una promesa a Kagome, y los Shichinintai siempre cumplían su palabra.

- solo procura estar preparado para cualquier eventualidad – respondió serio, Suikotsu abrió la boca para exigirle una explicación pero entonces…

- ¡AAAAHHHH! – el grito de película de terror de Jakotsu lo hizo saltar y en menos de medio segundo su hermano paso corriendo en dirección a las habitaciones.

- ¡y no se te ocurra salir antes de ponerte un pijama decente! – le grito Kagome desde la cocina, ambos no pudieron aguantar la curiosidad y corrieron a encarar a su prima.

- ¿pero que le has hecho al pobre Jakotsu pequeña Kag? – pregunto Suikotsu pensando en si necesitaría su botiquín de primeros auxilios y su libreta de contactos de psiquiatría.

- lo he amenazado con dejar de permitir que diseñe los vestuarios de mi academia y los de mis presentaciones por la próxima década – gruño Kagome, aun molesta de que su "prima" se hubiese vestido de tela casi transparente a posta, ambos hermanos se echaron a reír, Jakotsu era diseñador de modas y había iniciado su carrera diseñando los vestuarios de Kagome desde que aprendió a bailar siendo una niña. Decirle que no podría volver a hacerlo en una década era el equivalente a patearlo directamente en la entrepierna de su orgullo.

- me parece justo – asintió Bankotsu.

- al menos solo fue eso – suspiro aliviado Suikotsu.

- ¿Qué? ¿Creyeron que le iba a pegar? – pregunto inquisitiva, ambos cerraron la boca al instante.

- no… de verdad lo pensaron ¿se puede saber porque tienen tan mala opinión de mí? No soy tan agresiva ¿oh si? – pregunto cruzándose de brazos en forma arrogante.

- eh... – mascullaron dudativo, Kagome frunció los ojos, arrugo la nariz y torció una mueca antes de irse dando de pisoteadas los paso molesta con la espalda tensa a causa del enojo, ambos primos la siguieron con la mirada, y ella les enseño la lengua antes de perderse en dirección al pasillo, quería ver cuán traumado había quedado el pobre Inuyasha.

- ¿no es ella un adorable angelito? – suspiro Suikotsu burlonamente antes de dirigirse a la cocina, quería comer de una vez, Bankotsu se rio de buena gana antes de seguirlo, era hora de preparar un desayuno estilo Shichinintai Higurashi.

- ¿seguro que ya estas mejor? – pregunto Kagome frotándole los hombros a Inuyasha, el pobre aún estaba temblando, pero al menos había dejado de frotarse los ojos con fuerza.

- sí, pero creo me bañare en traje de baño durante un tiempo – gruño aliviándose, pero temiendo no poder sacar esa imagen de su mente en varios meses.

- pobre bebé – murmuro Kagome dándole una caricia en la cabeza.

- ¿te sientes bien para desayunar? – se atrevió a preguntarle después de que le regreso el color a las mejillas.

- ¿me juras que todos están vestidos? – pregunto inquisitivo, no sabía cuánto más pudieran aguantar sus pobres corneas.

- te lo garantizo – asintió Kagome, después del grito que pego Jakotsu estaba segura que sus primos estarían alerta para no hacerla enojar.

Ambos se dirigieron al comedor, donde el aroma del desayuno flotaba como nubes por todas partes, los siete primos de Kagome habían movido las sillas y colocado una mesa de plástico adjunta a la de madera, ambas repletas de todo tipo de comida, panqueques, tres tarros de miel de abeja, salchichas, tocino, lonchas de jamón, pescado asado, sopa de miso, tres sabores de mermelada y compota, una jarra de leche chocolatada y otra con leche normal, un plato de galletas, otras tres jarras de frutas de distintos sabores, gelatinas, varias cajas de cereales, un tazón grande de avena caliente, arroz blanco recién hecho, tostadas, mantequilla, chocolate para untar, huevos fritos, huevos revueltos, omeletts de claras de huevo y una enorme ensalada de perlas de frutas.

- te has lucido Mukotsu – no pudo evitar sonreír Kagome al ver tanta comida lista, Inuyasha prefirió callarse, y aun en contra de su voluntad busco con la mirada a Jakotsu, que para su alivio tenia puesta una camiseta holgada y un pantalón de franela, y además lucia algo enfadado.

- ¿esperabas otra cosa? – sonrió el chef tomando asiento, Kagome jalo a Inuyasha y lo acomodo a su lado en la mesa, quedando ambos justo entre Kyokotsu y Renkotsu que ya se estaban sirviendo sus respectivas porciones.

- nop – sonrió Kagome estirándose para tomar la jarra de leche chocolatada, Kyokotsu la vio y se la paso con una sola mano mientras se llevaba a la boca un gran pedazo de panqueque con miel.

- ¿Quién tiene las tostadas? – pregunto Kagome después de terminarse su primer vaso de leche chocolatada en dos tragos.

- yo las tengo – respondió Ginkotsu extendiéndole el plato con panes dorados y calientes.

- alguien que pase para acá las salchichas – pidió Bankotsu extendiendo la mano para recibir la fuente.

- Inuyasha, sírvete lo que quieras con confianza – le indico Kagome al peli plateado que aún estaba quietecito en su asiento sin saber qué hacer.

- ella tiene razón niño, come o no crecerás como es debido – sonrió Kyokotsu pasándole una buena porción de pescado a Inuyasha, los primos de Kagome se rieron y dada uno le amontono comida en un plato hasta que quedo como una pequeña torre de comida.

El chico vio toda esa cantidad impresionado ¿acaso esperaban que se comiera todo eso? ¡Él no comía tanto! Y lo que era peor ¡HABIAN VUELTO A LLAMARLO NIÑO! "¡QUE TENGO 28 AÑOS BANDA DE SOQUETES!" quiso gruñirles, pero prefería no armar una escena delante de Kagome, estaba por rechazar el plato cuando le pusieron otro al lado aún más lleno del anterior. Sus ojos dorados se abrieron tanto que algunos de los hermanos Shichinintai creyeron que no tardarían en saltar fuera de sus cuencas. Claro que no esperaban que se terminara lo de ambos platos, pero ya les había parecido divertido hacerle rabiar, tanto que comenzaron a hacer comentarios acerca de su estatura y otros tipos de bromas masculinas. Inuyasha por su parte trago en seco, y estaba volteando a ver a Kagome para pedirle ayuda con las burlas de esos siete tontos pero la encontró más entretenida peleando por un frasco de Nutella con Jakotsu que en otra cosa.

Si Inuyasha creía que la cena de la noche anterior fue un caos es que no había visto a esa familia desayunar toda junta. Las pláticas eran ruidosas, los platos iban de un lugar a toro de la mesa, y la comida desaparecía y reaparecía de los platos tan rápido que a Inuyasha le costaba saber que comía cada quien, el mismo decidió empezar a comer, pero entonces noto que varias de las cosas de su plato iban desapareciendo, enojado intento devorar todo rápidamente y más de na vez tuvo que competir por algún trozo de pan o alguna salchicha con uno de los muchos primos de la azabache.

- ¡hey! ¡Ese panqueque es mío! – grito Inuyasha cuando Renkotsu pincho el dorado disco de masa para luego llevárselo a su propio plato.

- te pasa por no apurarse niño – se burló el agresor comiéndose en tres bocados el panqueque robado.

- ¡oye! ¡Mi tocino! – grito cuando Suikotsu, aprovechando la distracción de Inuyasha se estiro y le quito tres tiras de dorado y crujiente tocino.

- hay que ser más rápido – sonrió el doctor disfrutando de su delicioso manjar, Inuyasha comenzó a enojarse, porque cada vez que se giraba alguien le robaba las mejores cosas, a ese paso solo podría comer avena, que era lo que nadie había tocado aun, cosa más fácil de decir que hacer porque esos siete hombres comían a lo bestia.

- oigan hermanos, ya dejen en paz al pobre muchacho, se va a desnutrir – intervino en su favor Bankotsu, Inuyasha comenzó a respirar con alivio hasta que de reojo noto la sonrisa de serpiente del chico de la trenza.

- pero infortunadamente también tienes la última tostada así que con tu permiso… - dicho y hecho su tostada voló fuera de su plato, gruño enojado ¿así que esto era guerra? Bien ÉL les daría guerra. Preparo sus palillos y se dispuso a robarle una de las últimas salchichas a Ginkotsu pero este vio sus intenciones y para cuando los palillos de Inuyasha entraron al diámetro del plato la misma ya había desaparecido.

- buen intento niño, pero debes ser más rápido – sonrió Ginkotsu terminando de comerse el manjar, el muchacho probo de nuevo con Renkotsu, esta vez intentando robarle un pescado asado pero el chico de cabeza rasurada lo bloqueo y luego se comió el pescado en solo dos mordidas, ni las espinas le quito.

- muy lento chico – se rio Renkotsu, los demás hermanos lo corearon con burlescas carcajadas, el peli plateado ahora si estaba furioso.

Comenzó a intentar pescar cualquier manjar disponible, fallando en varios intentos, pero cuando logro entender las trampas que hacían los hermanos consiguió tomar un par de huevos, dos tiras de tocino y una buena porción de avena y fruta. El desayuno transcurrió con rapidez y relativa tranquilidad en medio de bromas y ruidosas risas y pláticas familiares hasta que cada plato, vaso y platón de la mesa estaba vacío, todo excepto por una última, dorada, aromática y redonda galleta de chispas de chocolate. Nueve pares de ojos se fijaron en el dulce premio, la tensión creció y solo hacía falta el sonido de un alfiler para que cualquiera de los nueve presentes se arrojase a la mesa.

El detonate curiosamente fue el chillido de una gavio hambrienta que por ahí, en un solo segundo los ocho hombres se habían arrojado sobre la mesa, los gritos, empujones y manotadas eran tan ruidosos que muchos de los pájaros que anidaban cerca salieron volando para pescar la delicia chocolatada. Kagome fue lo suficientemente sabia como para echarse a un lado y así evitar que aquella avalancha de testosterona la aplastara. La pobre galleta iba de mano en mano y saltaba por todas partes de esa bola de extremidades, de pronto salió volando lejos de la mesa, los hombres alzaron la mirada al mismo tiempo, y como leones hambrientos se lanzaron tras el manjar, pero para cuando aterrizaron en el suelo la galleta había desaparecido, voltearon a ver por todos lados intentando localizarla, la vieron sostenida por unos deditos blancos y a una Kagome que sonreía triunfal antes de comerse la galleta en dos mordiscos.

- ¡tramposa! – le reclamaron los siete hermanos, solo Inuyasha permaneció callado, ahora comprendía porque ella era tan buena cuando pelaban por comida en la isla.

- lentos – sonrió Kagome antes de volver a la mesa, quería terminarse su jugo de naranja.

- bien, hora de alzar muchachos – ordeno Renkotsu, sus hermanos se levantaron del piso y caminaron de vuelta al comedor, Inuyasha los siguió, ya se le había hecho habito ayudar en las labores de la casa, y ahora no iba a ser la excepción.

- ¿Qué crees que haces con eso? – pregunto Bankotsu cuando Inuyasha tomo uno de los platos.

- llevarlo a lavar para poder acomodarlo – contesto Inuyasha tajante.

- no, no, nosotros tenemos otro método, a ver dámelo – negó con la cabeza arrebatándole el plato.

Pero en lugar de llevarlo a la cocina como esperaba Inuyasha lo arrojo sobre su hombro, Suikotsu lo atrapo y lo lazo como si fuera un freezby en dirección a Gynkotsu que estaba frente al lavabo de la cocina las cogió de espaldas, le siguió otro plato, un tazón redondo, detrás de Bankotsu, Kyokotsu, Renkotsu, Mukotsu y Kyokotsu malavareaban los trastes y cubiertos, Kagome pos su parte estaba sentada en la mesa picando los pocos restos de comida, y cada vez que dejaba un plato sin migajas lo arrojaba a su espalda donde alguno de sus primos lo atrapaba solo para volver a lanzarlo. Para cuando Inuyasha termino de asimilar lo que ocurría ya todos los platos estaban limpios, secos y ordenados en su lugar.

- caramba… - murmuro sorprendido, esa familia estaba medio orate.

- cierra la boca o te tragaras u na mosca niño – lo vacilaron los primos de Kagome, él se sonrojo un poco y cerro la boca.

Después de aquello todos se fueron a sus respectivos cuartos a arreglarse, muchos estaban en pijama, Inuyasha también fue a vestirse, pues uno de los primos de Kagome había hecho el favor de recoger su maleta y de paso pagarle una compensación de su parte al pobre pescador por haber perdido su bote. Estaba por entrar al cuarto de arriba cuando noto un movimiento de sombras dentro, se asomó con cuidado y se le fue el color del rostro, Kagome se estaba cambiando, de hecho estaba quitándose la camisa del pijama, quiso cerrar los ojos y marcharse, pero algo lo mantuvo congelado en su sitio, Kagome se sacó la camisa por la cabeza quedando solo en sostén para dormir, el chico pudo apreciar la blancura de su piel, la finesa de sus curvas, entonces las manos de Kagome sujeto el borde de su sostén.

Inuyasha trago saliva, lo correcto era que se marchara, no debía ver a Kagome desnuda sin su consentimiento, pero la verdad es que la curiosidad lo picaba, no recordaba su noche de bodas con la chica, no recordaba como era su cuerpo. Kagome estaba terminando de deslizar el sostén para exponer su pecho cuando Inuyasha sintió una mirada cortándolo, temiendo que alguno de esos siete locos lo pillara espinado de inmediato se alejó de la puerta, pero grande fue su sorpresa y aún más grande su ira cuando al darse la vuelta se encontró con nada más y nada menos que al gordo gato Buyo. Inuyasha frunció el ceño, y con gusto le habría dado una buena patada al felino, mas este lo paso de largo y se dirigió a la puerta, la empujo con la cabeza y entro en la habitación, Inuyasha decidió que ese era su pie para retirarse, lo menos que quería era que Kagome le rompiera la cabeza a golpes.

Cuando Inuyasha llegó hasta su habitación, bueno, en la que estaba su maleta, se inclinó y busco ropa para cambiarse, pero lo que encontró eran solo camisas de manga larga, pantalones y chaquetas de traje además de corbatas y algunas mudas de calcetas y ropa interior. "no, esta ropa no me sirve" pensó torciendo una mueca, en solo una semana se había acostumbrado a usar ropa más informal y ligera para ese clima. Fue entonces que callo en cuenta de lo mucho que él había cambiado, ya no era aquel empresario joven que creía que todo se podía comprar con dinero y miraba por encima de su hombro al resto del mundo. Comenzó a rebuscar entre las cosas de su maleta buscando algo que pudiese servir, pero no fuera de su loción y su navaja de afeitar no creía que nada le fuera útil.

- ¿no tienes que ponerte? – pregunto una voz a su espalda, se giró encontrándose con Bankotsu, ya cambiado, que lo miraba de brazos cruzados y una expresión curiosa en el rostro.

-no, nada que sirva – reconoció apenado.

- ¿Qué era lo que usabas cuando estaban en la isla? – pregunto Bankotsu, recordando que él y su prima estuvieron solos una semana.

- Kagome me dejaba usa algunas ropas de los pescadores – explico Inuyasha, Bankotsu abrió los ojos sorprendido, ¿Kagome había dejado que Inuyasha usara las ropas de su tío? Ni a ellos les permitía que se acercaran, siempre que iban a la cabaña debían llevar su propia ropa.

- comprendo, ven te prestare algo mío – le ofreció, Inuyasha accedió encantado, mejor aceptar ropa de él que estarse paseando en traje por el lugar, no sería para nada apropiado.

Una vez vestido se dedicó a pasearse por la casa para ver en que podía ayudar, al primero que encontró fue a Suikotsu estaba en la sala haciendo consulta telefónica con un paciente de su clínica, desecho esa opción porque él no sabía nada de medicina, fue a la cocina y encontró a Kyokotsu y Mukotsu discutiendo sobre los ingredientes para la cena de esa noche, considerando que su experiencia culinaria era demasiado básica y reciente también se retiró, decidió que mejor buscaba algo que hacer en el patio, y como un augurio encontró a Gynkotsu y Renkotsu arreglando un auto clásico.

- ya veraz que ahora si queda perfecto – escucho decir al primo pelón desde abajo del coche.

- eso espero, ya estoy harto de que el idiota de Ginosuke nos restriegue su coche de la edad del caldo – gruño Gynkotsu a un lado del auto.

- entonces más vale que nos apuremos, llave inglesa – pidió Renkotsu extendiendo su mano.

- yes sir – asintió su hermano pasándole la herramienta.

- dame azas – pidió un minuto después.

- tenazas – le paso la siguiente herramienta Gynkotsu.

- acido – pidió un par de minutos después.

- cítrico – Gynkotsu le paso un vaso de líquido naranja, Renkotsu salió de debajo del auto y vacío medio vaso de un solo trago.

- rico – asintió devolviéndole el jugo a Gynkotsu, Inuyasha se acercó a ellos. - ¿Qué haces ahí muchacho? – pregunto Gynkotsu cuando Inuyasha se detuvo a unos pasos del garash.

- quería ver si necesitaban ayuda – se ofreció, los dos hermanos lo miraron con extrañeza pero de pronto, pero entonces Renkotsu y Gynkotsu intercambiaron una mirada cómplice.

- nosotros trabajamos solos, pero Bankotsu se está peleando con una tubería en la casa, creo que apreciaría un par de manos extra – Inuyasha asintió, mientras caminaba de regreso a la casa Renkotsu y Gynkotsu intercambiaron una mirada cómplice.

Inuyasha camino por la casa buscando a Bankotsu, pero cuando toco la puerta del dormitorio del muchacho de la trenza fue recibido por Jakotsu que nada más verlo casi lo arrastro al interior alegando que era el modelo perfecto para que modelara toda su última línea de bikinis masculinos. Inuyasha salió de la casa tan rápido que Jakotsu solo alcanzo a ver una nube de polvo que se alejaba, fuera Gynkotsu y Renkotsu lo vieron correr como si lo persiguiera el mismo diablo y no pudieron aguantar las carcajadas. Desde el jardín Inuyasha los escucho reírse y se enojó ¿así que lo habían hecho a posta? ¡ESTO ERA EL COLMO! De reojo logro ver a Kagome cerca, estaba sentada en lo que parecía un pequeño muelle aledaño a la casa, y parecía ocupada con una especie de red, bien, ella le respondería en nombre de sus chiflados parientes.

- oye Kagome – la llamo con un tono duro y enfadado, la azabache levanto la cabeza oír su nombre.

- hola Inuyasha ¿Qué tal tu día? – lo saludo sonriendo, pero solo se plató enfrente de ella con expresión peligrosa.

- ¿Qué tal mi día? Me la he pasado siendo el objeto de burla de tus locos parientes – gruño molesto.

- ¿Cómo? – pregunto Kagome sin entender.

- tus "queridos" primos has estado jugándome sucias bromas desde que despertamos – le gruño, Kagome se relajó un poco, creía que realmente había pasado algo grabe.

- ¡oh eso! - sonrió para intentar calmarlo.

- ¡nada de eso! Me niego a ser el puerquito de eso tipos – gruño aún más molesto.

- Inuyasha, tranquilo, sé que son pesados pero… - volvió a intentar calmarlo, pero el pobre ya estaba hasta el copete.

- ni peros no peras, esos siete locos me han estado tomando el pelo, solo porque me he dejado, pero escuchame muy bien – gruño mientras se paseaba por el pequeño muelle, Kagome lo siguió con la mirada sin decir nada, permitiría que se desahogara un poco, después de todo sus primos eran todo menos unos monjes benedictinos.

- ¡no pienso volver a caer jamás! – grito, se dio la vuelta con altivez y dio un paso seguro de hacer una gran salida, pero por estar refunfuñando no se dio cuenta de que estaba justo al borde del muelle y al momento de dar el paso piso el vacío y ¡SPLASH!

Inuyasha salió a la superficie y escupió una bocanada de agua salada, el diciendo que ya no iba a ser objeto de burla de nadie y ¿Qué fue lo primero que hizo? Dio un mal paso, se cayó de cabeza al mar, y ahora tenía a la mujer de sus sueños doblada de la risa sobre las tablas del muelle. Kagome se partía de la risa sin poder evitarlo, el muy bruto había estado tan ocupado dando su discursito que no se fijó y dio un paso directo al mar con un sonoro chapoteo, de tanta risa le dolió el vientre y sus ojos comenzaron a lagrimear, incluso comenzó a ahogarse.

- ¿de qué te ríes? – le gruño Inuyasha desde el agua, que aunque no era muy profunda si le cubría hasta la mitad del pecho.

- es que… tu… caer… agua… dijiste… ¡JAJAJAJAJAJA! – intento responder Kagome pero las carcajadas no le permitían pensar con coherencia, Inuyasha frunció el ceño molesto, pero entonces tuvo una idea.

- oye, ¿al menos podrías ayudarme a salir no? – le pregunto, Kagome detuvo su risa un poco, pero su respiración continuo irregular y sus mejillas siguieron sonrojadas por el esfuerzo.

- está bien, dame la mano – le ofreció Kagome extendiendo su manita con una sonrisa tironeando traviesa de sus labios, Inuyasha tomo la blanca mano, pero en lugar de usala para impulsarse fuera del agua dio un fuerte tirón hacia abajo.

- ¡AAHHH! – grito Kagome al caer de la seguridad del muelle y hundirse en las frías aguas del mar salado. Kagome callo de cabeza, pero en poco menos de un minuto estaba sacando su rostro del agua y esta vez era Inuyasha el que se reía.

- ¡¿de qué te ríes?! – pregunto Kagome enfurruñada, eso le pasaba por confiar en un inmaduro como Inuyasha.

- pareces gallina mojada – se burló el peli plateado, pero entonces un chorro de agua le golpeo el rostro haciéndolo callar. Asombrado miro a Kagome, que a juzgar por la posición de su mano derecha, cruzada por su cuerpo y situada frente a su hombro izquierdo era una clara indicación de que ella lo había salpicado con toda premeditación, alevosía y ventaja.

"¿esas tenemos no?" pensó frunciendo el ceño, bien ¿Kagome quería jugar? Él también podía hacerlo. Hecho su mando derecha hacia atrás y dio un golpe al mar que mando un chorro de agua contra el rostro de la azabache. Ella lo miro como si no esperara que le devolviera el golpe, pero pronto salió de su estupor, frunció el ceño e inflo las mejillas en un adorable puchero.

- estamos a mano, tesoro – le sonrió malvadamente, un segundo después Kagome volvió a salpicarlo, pero esta vez, en lugar de esperar la respuesta de Inuyasha se echó a correr.

- ¡vuelve aquí cobarde! – la llamo Inuyasha antes de ir corriendo tras ella, Kagome solo se rio, pero no dejo de huir.

Los dos comenzaron un extraño juego de pilla pilla, solo que era Kagome la que iba corriendo por la orilla mientras Inuyasha intentaba atraparla, claro que la chica era muy ágil y conseguía escaparse fácilmente, pero Inuyasha estaba en forma y podía mantenerle el paso lo suficiente para que Kagome tuviera que usar toda su energía corriendo. En un momento Inuyasha salto para atraparla pero Kagome logro esquivarlo, aun así Inuyasha rápidamente se levantó y volvió a saltar, parecían un gato persiguiendo a una ratoncita. Desde la orilla siete pares de ojos los miraban con una mezcla de incredulidad, diversión y ternura, no podían creer la escena, su prima parecía una niña jugando, una niña enamorada…

- sí que le dio fuerte – murmuro Suikotsu como si aquello fuera una especie de enfermedad.

- no se vale ¿Por qué no me dejan unirme? Tengo un nuevo bikini que… - se quejó Jakotsu hasta que Kyokotsu le dio un zape que lo mando a callar.

- ¿debemos preocuparnos? – pregunto Renkotsu seriamente.

- yo puedo desempolvar mi carabina – comento mucosa, sus hermanos lo miraron con precaución.

- mejor no, parece que de verdad le gusta a Kagome – menciono Gynkotsu, los demás suspiraron con fuerza, era obvio que su primita sentía algo sincero y fuerte por ese chico, pero el hecho de que no les hubiera dicho que ese muchacho significaba algo para ella era preocupante, pues Kagome les contaba todo.

- hermano, creo que aquí el punto es lo que "ese" siente por ella - gruño Kyokotsu, los demás asintieron en mutuo acuerdo, lo que fuera que pasara ente esos dos ellos tenían el deber de guardar el corazón de su prima de todo dolor, lo habían hecho desde hace más de trece años y lo seguirían haciendo hasta que encontrara a un ser que la amara tanto como ella era capaz de amar a los demás.

- ¡oh miren! acaba de atraparla – menciono Bankotsu, que hasta entonces había guardado un silencio casi sepulcral. Sus hermanos volvieron a fijar la mirada en la playa, donde precisamente Inuyasha tenía a Kagome prisionera entre sus fuertes brazos.

- creo que aquí estamos sobrando – murmuro Renkotsu, dando pie a que él y sus hermanos se retiraran.

- tienes razón, vamos, hay que terminar de hacer la comida – asintieron Mukotsu y Kyokotsu.

- nosotros queremos darle una última repasada al Mazda antes de almorzar, ¿vienes Renkotsu? – lo llamo Gynkotsu, el susodicho asintió y se retiraron a seguir reparando el auto viejo.

- yo tengo que hacer otra consulta por teléfono – se retiró Suikotsu.

- y yo voy por mi traje de baño para unirme al querido Inu… - sonrió malevamente Jakotsu, pero Kyokotsu le dio un sagrado golpe en la cabeza que lo dejo inconsciente, y después de echarse a su "hermanita" al hombro se la llevo de regreso a la casa donde le dejarían encerrado bajo siete llaves.

Kagome chillo al sentir que los brazos de Inuyasha ce cerraban alrededor de su cintura, y aunque se seguía retorciendo para zafarse una carcajada traviesa escapo de su garganta, a pesar de todo se estaba divirtiendo mucho, sintió que el agarre del muchacho ser apretaba a su alrededor y la levantaba del agua, se puso a patalear chapoteando en el agua sin dejar de reírse. Inuyasha la sujeto con la fuerza necesaria para elevarla un poco fuera del agua, pero no aplico la necesaria para hacerle daño aun a pesar de su chillido fue cuidadoso de no apretarla, jamás la lastimaría a ella, a ella menos que a nadie, claro que fue tranquilizador cuando ella comenzó a reírse, era como una niña entre sus brazos, pero al mismo tiempo, al sentir su suave y delicada piel, sintió que sus nervios se estremecían.

- deja ya de moverte pequeño gusanillo – le ordeno pues le costaba mantener el equilibro.

- bajame tu primero, o no me aquieto – respondió ella, sin que ella lo viera Inuyasha sonrió malévolo.

Manteniendo firme su agarre se dejó caer de tal manera que ambos terminaran bajo la superficie, la exclamación sorprendida de la joven se enmudeció por el agua y de pronto sus movimientos se volvieron casi desesperados, no había esperado ser sumergida, Inuyasha comenzó a incorporarse lentamente al tiempo que aflojaba su abrazo, ella por inercia se aferró a su cuerpo.

- ¿estás bien? – pregunto cuando su respiración se normalizó, Kagome asintió suavemente.

- me asustaste – le menciono, Inuyasha la miro desde su altura, casi había olvidado lo pequeña que era Kagome, él le sacaba fácilmente una cabeza, era más musculado y más robusto, Kagome era delicada, de estructura fina, haciéndola ver frágil en sus brazos, como si pudiera quebrarla con solo aplicar un poco de presión.

- lo lamento – se disculpó, Kagome recargo su rostro en su pecho haciéndolo estremecer, ambos estaban empapados y sus ropas se aferraban a sus cuerpos, por lo que pudo sentir el calor de ella contra su piel, la redondez de sus pechos contra el suyo, y sus brazos rodeándole el torso.

- Kagome… - murmuro su nombre como si fuera una canción divina, ella levanto la cabeza para mirarlo, cuando vio esos ojitos color chocolate, tan profundos e inocentes su cordura se quebró.

Con sus grandes manos acuno el rostro de la chica, Kagome lo miro sorprendida pero no hizo ningún intento por alejarse, cosa que lo alentó a continuar, bajo su cabeza lentamente enmarcando el rostro de Kagome con sus platinados cabellos, sin dejar de mirarla a los ojos sus labios tocaron los de la chica. Kagome sintió que el corazón se le detenía un segundo antes de latir desembocado como una estampida. Sus mejillas se tiñeron de carmín, su pecho se contrajo por la falta de aire, y un hormiguero se apodero de su columna vertebral. El beso de Inuyasha era dulce, suave, permitiéndole que se alejara en cuanto lo deseara, pero Kagome no se alejó, no quiso retirarse, en silencio había anhelado mucho un beso así del muchacho de ojos dorados y ahora que podía disfrutarlo ni loca se retiraría, solo cerró sus ojitos y se dejó llevar.

- eso… - comenzó a decir quedito Inuyasha una vez tuvieron que separarse a falta del milagroso gas llamado oxígeno.

- no lo lamento en lo absoluto – Kagome lo miro sintiendo el peso de sus palabras como si fueran un ladrillo de concreto, no era una broma, era una declaración.

- Inuyasha… yo… - comenzó a murmurar ella abrumada.

- no – se apresuró a negar el, su tono de voz duro e inflexible que Inuyasha se vislumbró por un segundo en la piel de Sesshomaru.

- no te atrevas a decir que no debió pasar – la amenazo, sujetando una de sus muñecas con fuerza, Kagome se estremeció, la presión no le hacía daño, pero el agarre de Inuyasha era tan firme como el de una pulsera de acero, no la dejaría ir.

- pero… - intento objetar la azabache, más el agarre de Inuyasha siguió firme.

- no Kagome, ya no aguanto más, tengo que decirte lo que siento por ti – Kagome se sintió desfallecer, ¿Inuyasha iba… iba a…?

- Kagome… pequeña… yo te amo – "ya me morí" fue la primer frase medio cuerda que alcanzo a pensar Kagome, debía estar soñando, en coma o en el cielo, ¡Inuyasha le había dicho que la amaba! Se sintió inmensamente feliz, pero entonces su sonrisa se ensombreció, las palabras eran bonitas, pero ¿y las acciones? ¿Cómo podía confiar en Inuyasha después de lo ocurrido hace algunas semanas?

- no lo dices enserio – musito por fin, Inuyasha sintió que se le caía la quijada ¿Qué no lo decía enserio? ¡JAMAS HABIA DICHO NADA MÁS IMPORTANTE EN TODA SU VIDA!

- ¿Cómo dices? – pregunto más inquisitivo de lo que realmente deseaba sonar, pero lo cierto es que jamás espero esa respuesta de Kagome, o en el fondo, había anhelado no escucharla.

- que no lo dices enserio, lo dices porque yo ya te rechace, y tu orgullo no puede con eso, ya que todas deben caer a tus pies – expuso Kagome, Inuyasha sintió como si le dieran un rodillazo justo en el centro del estómago, esa pequeña e inquisidora niña, si sabía a donde golpear…

- no sabes cuánto te equivocas – se quejó Inuyasha con su cuerpo duro de la tensión.

- ¿Qué yo me equivoco? No me tildes de idiota Inuyasha, porque no lo soy – escupió Kagome con un tono de burla que sorprendió al muchacho.

- ¿Qué no fue por eso que te casaste conmigo en primer lugar? Querías darle celos a Kikyo porque se había atrevido a engañarte con otro empresario – Inuyasha abrió los ojos sorprendido, ¿Kagome sabia esa parte de la historia? Maldición, ella tenía razón, era todo menos una idiota.

- ¿Qué? ¿Creíste que no lo sabía? ¿Por qué crees que te dije que disfrutaras tu luna de miel con Kikyo? para ella planeaste ese viaje, la ceremonia, el vestido, el banquete, todo era del gusto exclusivo de Kikyo, no me dejaste elegir nada, ni siquiera pude tener un invitado propio – le reclamo la azabache, él trago en seco, bien, no había esperado que su declaración desembocara en esos reclamos, pero ya era tiempo de que se pusiera los pantalones.

- amor (ella lo fulmino con la mirada) sé que te has de haber sentido decepcionada pero… - intento excusarse, bien, la balanza no estaba a su favor, sus sentimientos ahora eran sinceros, y por lo mismo estaba más que decidido a no dar su brazo a torcer para volver a tener a Kagome a su lado por el resto de sus vidas.

- ¿decepcionada? – lo interrumpió Kagome, ahora con una furia contenida.

- ¡podría haber dejado pasar todo eso! ¡No me importo que el vestido fuera horrible! ¡No me importo que la ceremonia fuera un montaje! ¡NI SI QUIERA ME IMPORTO NO HABER PODIDO NI PROBAR EL PASTEL DE BODAS A CAUSA DE MI ALERGIA A LAS NUECES! – con cada palabra Kagome comenzaba a derramar una lagrimitas, e Inuyasha comenzaba a sentirse indigno de incluso tener que respirar el mismo aire que Kagome, incluso de pisar el mismo planeta ¡o habitar la misma galaxia!

- no me importo nada, pero a la noche… lo que pasó… - comenzó a hipar ella, entonces Inuyasha comprendo.

- te llame Kikyo… - menciono con la lengua acalambrada de vergüenza por ser el causante de las lágrimas de la muchacha.

- ¡SÍ! ¿Por qué tenías que decirlo? ¿Por qué tenías que decir su nombre después de lo que paso? ¡¿POR QUÉ PRECISAMENTE TENIAS QUE…?! – comenzó a reclamar Kagome, pero entonces la iluminación llego a la mente de Inuyasha.

- ¡ME AMABAS! – grito por la repentina epifanía, el rostro de Kagome se puso palido secundando la afirmación, el muchacho comprendió en ese instante todo, después de casi tres meses por fin comprendía lo que había pasado. Kagome de verdad lo había amado, ¡a pesar de como la trato durante su "disque noviazgo" había caído enamorada de él!

- no es… - intento negarlo Kagome pero Inuyasha la acallo pronto.

- no te atrevas a negarlo, no después de que te he visto a los ojos – la regaño, Kagome lo miro con la misma cara que pondría un animalillo acorralado.

- ¿por eso te fuiste verdad? – pregunto Inuyasha intentando acunarla, pero sin atreverse a cerrar su abrazo alrededor de la chica.

- me amabas sinceramente, por eso accediste a casarte conmigo, por eso me seguiste la corriente en esa basura pantomima, pero en lo que debía ser tu momento nombre a otra mujer – Kagome se dio la vuelta con una mescla de humillación, furia y dolor latiéndole en las entrañas, lo que solo acrecentó el propio malestar de Inuyasha.

- debes haber sufrido mucho, debió ser algo innombrable para ti – continuo diciendo conciliador, Kagome comenzó a temblar y no precisamente por la humedad.

- lo lamento tanto – susurro colocando sus manos en los hombros de Kagome, ella se tensó, pero no lo rechazo.

- pero creme que ahora mis intenciones contigo son sinceras – ella no respondió, permanecía en silencio y con los hombros rectos duros por la tensión.

- Inuyasha… – murmuro Kagome después de unos minutos, su voz había perdido cierta dureza, más bien parecía algo dudativo.

- Kagome… - comenzó a decir con suma suavidad, parecía más tranquila, así que podría decírselo.

- vamos a intentarlo de nuevo – Kagome se giró a verlo tan rápido que incluso sintió como sus pies se cubrían de arena bajo el agua.

- ¿Qué? – pregunto sorprendida, de sus mejillas rodaban dos ríos de lágrimas, Inuyasha los seco con cariño antes de continuar.

- es más que obvio que nuestra relación empresa muy mal, pero, si tu estas dispuesta, podríamos comenzar nuevamente, como debe ser – explico simple y conciso, Kagome lo miro como quien mira a un loco.

- no puedes estar hablando enserio – mascullo sorprendido, Inuyasha sonrió con indulgencia.

- ¿Por qué habría de bromear con esto? Kagome, ¿creer que me habría aguantado todo lo que me has hecho solo por gusto masoquista? – ante esa pregunta Kagome dejo su asombro y volvió a enfurruñarse.

- ¡yo nunca te he hecho nada! – gruño enfadada, Inuyasha quiso reír, pero no le convenía viendo lo delicado de la situación.

- ¿Qué no? Me has humillado más veces en nueve semanas que el idiota de mi medio hermano en casi 29 años - le refroto, Kagome inflo las mejillas.

- ¿ah si tú? ¿Qué se supone que hice en tu contra? – lo reto, Inuyasha ahora si sonrió.

- mandaste a Sango para que me pegara por ejemplo – la acuso abiertamente, recordando como por culpa de la castaña se escondió en la lavadora y se quedó atorado.

- yo no mande a Sango a que te hiciera nada, le conté que me emboscaste y chantajeaste y ella lo decidió solita – se defendió Kagome, Inuyasha se quedó callado un segundo, bien no había considerado esa posibilidad era bastante valida, Sango no era una matona a sueldo, era matona por gusto y solo le bastaba una excusa para poder darle de golpes a alguien.

- también me metiste a una clase de baile lleno de cuarentonas – intento excusarse nuevamente, esta vez Kagome perdió su sonrisa.

- bueno, esa si fue idea mía pero… - intento discutir pero Inuyasha le coloco su dedo índice en los labios para que guardara silencio.

- ¿lo ves? Aunque no lo queramos hacemos buena pareja – Kagome dejo escapar un suspiro de derrota.

- pequeña… - la llamo Inuyasha al tiempo que la tomaba delicadamente de la barbilla.

- tengamos una cita, solo una, no pido más – le ofreció, Kagome lo miro con profundidad.

- mañana iré a la ciudad más cercana y alquilare una habitación, reúnete conmigo después del mediodía, sal conmigo, como si recién nos conociéramos, si hago algo que te haga sentir mal, cualquier cosa me iré y dejare de molestarte – Inuyasha sabía que estaba haciendo una apuesta peligrosa, pero confiaba en su nueva visión del mundo, y sabía que ahora tenía una oportunidad para hacer feliz a Kagome.

- ¿solo una cita? – pregunto ella.

- una cita común y corriente, sin ningún compromiso, ¿Qué dices Kagome? ¿Nos darás otra oportunidad? – pregunto sin dejar de mirarla a los ojos, Kagome repaso los pros y los contras, ¿tener una cita sin compromisos? Sonaba demasiado bien para ser verdad, por un lado su larga experiencia le decía que mejor se alejara y rechazara la oferta, pero su corazón estaba MUY tentado a creerle y probar.

Inuyasha permaneció callado y tan tenso que una simple briza podría convertirlo en puro polvo. Había arrojado la propuesta de todo corazón, y sabía que quizá era algo pronto para avanzar tanto. De hecho, su mejor apuesta seria aceptar la propuesta de amistad de Kagome y dejar que su amor floreciera de manera natural sin esteroides, pero no tenía tiempo, solo poco más de una veintena de días antes de que iniciara legalmente y se viera forzado a alejarse de ella para siempre. Así que mientras esperaba que terminara de girar la moneda del destino en manos del azar la miro a los ojos, casi pudiendo ver domo ella debatida internamente sobre su propuesta, finalmente Kagome alzo el rostro y miro directamente a las orbes doradas de Inuyasha.

- está bien – accedió finalmente Kagome.

Continuara…