-No estamos aún soñando. ¿No? De veras se fueron... -murmuro, aún mirando la puerta de entrada por la que se acaban de ir nuestros padres.

- Aha... Bueno... y ¿Ahora qué hacemos? -dice Peeta-. ¿Sabes cocinar?

Yo sacudo la cabeza.

No tengo paciencia para la cocina, lo único que se preparar son sándwiches.

- No. ¿Y tú?

- Sé hacer algunos postres, pero comida...

- Um... podemos mirar recetas en internet. Y podemos turnarnos para hacer de comer -sugiero.

-De acuerdo. ¿Qué tal si yo cocino los días pares y tú los impares?

- Vale, hagámoslo así.

- Pues como hoy es 23, te toca a ti. Me vuelvo a la cama. ¡Hasta luego!

- ¡Oye! ¡Peeta esto no es justo!

Pero él ya ha subido las escaleras y se ha metido en su cuarto. Quizá debería volver a la cama yo también. Aunque pensándolo bien ya no tengo tanto sueño.

Me siento en el sofá, agarro el control remoto y pongo un canal de cocina. Tal vez aprenda algo...

Más tarde...

- Kaaaaatniss... tengo hambreee... -canturrea Peeta apoyado en el sofá detrás de mí.

Lo ignoro, tratando de concentrarme en la película que estoy viendo.

- Kaaaatniss... haz algo de comeeer, es tu turnoooooo...

- Deberíamos empezar mañana con el trato en lugar de hoy. ¿Qué tal si cada uno se hace su propia cena hoy?

- Vamos, no seas así. Deberías haber pensado mejor la propuesta si no querías cocinar hoy.

Vuelvo a ignorarlo.

- Kaaaatniss... Kaaaatniss... Kaaaatniss...

Cada vez que dice mi nombre me da un pequeño tirón de la trenza.

Al final se hace insoportable.

- De acuerdo. Haré de cenar.

Voy a la cocina y me pongo a buscar algo en una App de recetas fáciles que me he descargado. Por fin encuentro una, arroz tres delicias. Tan solo hay que cocer el arroz y agregarle guisantes, zanahoria y jamón.

-¡Manos a la obra!

Me pongo a buscar los ingredientes y seguir la receta. La verdad es que estoy un poco nerviosa. Peeta se va a comer algo preparado por mí y quiero impresionarlo, aunque a mí nunca me ha gustado cocinar. Deberíamos pedir comida a domicilio o algo, para eso nos han dejado la tarjeta de crédito.

Después de media hora he terminado de cocinar, Peeta ha puesto la mesa, ha colocado dos platos con sus correspondientes cubiertos, vasos y agua fresca.

No puedo evitar pensar que parecemos una pareja. Y entonces comienzo a sonrojarme.

Una parejita que cena todos los días juntos después de un día de duro trabajo y se cuentan todo lo que han hecho durante el día mientras cenan.

Nos sentamos a comer una vez servida la comida. Mientras Peeta se lleva la primera cucharada a la boca, yo lo observo.

Peeta mastica. No se ha muerto lo que significa que lo que he preparado no es venenoso.

- Um... -dice, frunciendo el ceño.

- ¿Y bien?

- Le falta un poco de sal, y el arroz se ha apelmazado, pero tampoco está tan horrible. No eres muy buena en la cocina. ¿No Katniss?

- Entonces la próxima vez cocinas tú -digo molesta-. Y no es que no sea buena, es que no he practicado nunca, hay una gran diferencia. ¡Estoy segura que tú no lo harías mejor que yo!

- En verdad mañana iba a preparar una lasaña. Mi madre me enseñó a hacerla hace un par de años y no me sale mal. Pero como dudas de mis capacidades culinarias se me quitan las ganas de hacerla.

- Pues que se te quiten.

- Si lo piensas bien, debe ser algo hereditario. Romy tampoco es muy buena en la cocina.

- ¡Callate! -grito.

Peeta comienza a reír a carcajadas, aunque a estas alturas sé que le gusta provocarme con esos comentarios. El arroz no me ha salido tan mal como esperaba a pesar de los fallos, tengo que averiguar cómo hacer que no se apelmace para la próxima vez. Peeta se come hasta el último grano a pesar de sus protestas, y eso me hace feliz.

Cuando terminamos de comer toca fregar los platos, la arrocera y limpiar la cocina. Como es algo de lo que siempre se ha ocupado mi madre y Camila no me había alcanzado a darme cuenta lo pesadas que son las tareas domésticas de este tipo. Todos los días hay que cocinar, luego limpiarlo todo. Es tan tedioso...

¿Cómo se les ocurre irse de luna de miel y dejarnos solos, tan jóvenes?

Nuestros padres son tan irresponsables...

Soy consciente de que algún día me tocará a mí hacer todo esto y me sorprendo pensando que ojalá fuera una adolescente por siempre. Hay días en los que pedimos comida a domicilio o vamos a un restaurante, pero eso no te salva de tener que hacer tareas domésticas. Encima soy tan mala... y Peeta se mete conmigo... y lo peor es que no puedo replicarle porque tiene razón...

- Mi comida es tan mala que ni yo misma me la comería... -murmuro mientras le paso un plato para que él lo seque y lo meta en la alacena.

- No seas tan dura contigo misma, quiero decir, hay lugar para mejoras, para muchas mejoras pero aún se puede comer.

- ¿Podrías cocinar tú a partir de ahora? Yo puedo hacer otra cosa. De veras lo odio. Odio tener que hacerlo.

- Pero te ves tan linda con ese delantal, esforzándote tanto para hacer la cena...

Cuando se da cuenta que me he sonrojado, Peeta ríe. Ahora ya no puedo negarme. Debo seguir mejorando y practicando para Peeta...

¿Se habrá dado cuenta ya de lo que siento por él?

Nunca hace comentarios sobre eso, es difícil saberlo.

Pasamos el resto del día mirando libros de cocina y decidiendo qué es lo que él iba a hacer mañana en su turno. Me dijo que me dejaba elegir a mí, así que dije que quería que me hiciera esa lasaña de la que tanto ha presumido.

Quedamos para ir a hacer la compra los dos juntitos. Cuando se lo diga a Madge no se lo va a creer.

Al día siguiente...

Hoy es nochebuena. Se supone que es una fecha para celebrar en familia y mis padres nos han abandonado a nuestra suerte. Ni siquiera se han molestado en poner la decoración de navidad. Nos han dejado todo el trabajo a nosotros.

Me levanto antes que Peeta para ir a buscar al desván, pero abro todas las cajas y no hay ni rastro de las decoraciones de navidad ni del árbol.

Cuando termino de poner todo patas arriba, oigo a Peeta subir las escaleras del desván y asomar la cabeza por la trampilla.

- ¿Qué haces?

- Estoy buscando el árbol y las decoraciones de navidad, deberían estar aquí en alguna de estas cajas.

- Hmm... debieron perderse durante la mudanza -dice Peeta-. Mis padres dijeron que iban a tirar todas sus decoraciones porque de seguro ustedes tenían las propias y no querían llevar tanto peso. Quizá tus padres pensaron la misma cosa.

Suspiro.

-Sí, eso es muy propio de mis padres, seguramente es lo que haya pasado... ¿Y ahora qué hacemos? Celebrar la navidad sin espíritu navideño es tan soso...

- Bueno, agreguemos eso a la lista de la compra. Desayunemos y vayamos al centro comercial. ¿Qué te parece?

- ¡Sí!

Estoy muy entusiasmada por salir con Peeta al centro comercial. Es como si fuera una cita. No puedo creerlo.

Termino mi cereal con leche en un tiempo record y voy a cambiarme. Me estiro el cabello con la plancha de mamá y me pongo mi ropa nueva. Regalo de la abuela. Luego voy al armario a por mi abrigo favorito y nos vamos.

El centro comercial está precioso con luces de navidad por todas partes. De veras se puede sentir el espíritu de la navidad. Peeta y yo vamos a la sección navideña donde tienen árboles de plástico de todos los tamaños y después elegimos las decoraciones.

Peeta quiere un árbol pequeño pero yo lo quiero tamaño mediano, así lo podremos usar todos los años.

-Compremos la tira de luces -digo, echándola al carrito-. Oh, y guirnaldas, esas no pueden faltar.

- De acuerdo...

- Y este ángel. Teníamos uno igual y a Prim le encantaba... ¿Compramos velas?

- ¿Velas? ¿Para qué?

- Para navidad. Creo que se quedarán muy bien si las encendemos sobre la mesa. ¿Y qué te parece este incienso con aroma a canela y manzana?

Salimos de la tienda con dos bolsas llenas después de apuntarnos para el envío del árbol a domicilio para más tarde.

Peeta no parece muy contento.

- ¿Qué pasa? Alegra esa cara. ¡Es navidad!

- Creo que te pasaste un poco con las compras. Pesan demasiado.

- Oh, bueno míralo por el lado bueno así no tendremos que comprar más el año que viene.

A nuestro alrededor no paran de salir parejitas de novios agarrados de la mano. Se ven tan felices...

Quizá ellos también piensen que yo y Peeta somos novios.

Seguro que lo piensan.

Me río para mis adentros y entonces recuerdo a Finnick y Annie.

¿Qué estarán haciendo esos dos? Seguro que están en una cita.

Madge me ha dicho que no debo pensar en ellos durante las vacaciones, que es lo mejor para mi salud mental pero no puedo evitar que vengan a mi memoria de vez en cuando.

Entonces de repente, Peeta me da un tirón del brazo.

- ¡Eh! ¿No ves que está en rojo? Estás en la luna, Katniss.

- Ups... lo siento -digo.

Esto me pasa por ponerme a pensar en lo que no debo.

Mientras esperamos a que se ponga en verde, Peeta deja las bolsas en el suelo.

- No deberías haber comprado tanto -dice.

- Ay Peeta, ya deja de quejarte. Estás todo el rato igual. Quizá las bolsas no pensan tanto, tal vez eres tú que eres un debilucho.

- ¿Qué has dicho? No dirías lo mismo si tuvieras que cargar tú con ellas.

- Peeta el debiluchooo -canturreo.

Él siempre se mete conmigo ahora es mi turno de devolvérsela.

- No te rías de mi fuerza, ahora mismo te voy a demostrar lo fuerte que soy.

- ¿Ah sí? -me burlo-. ¿Y cómo lo vas a hacer?

Peeta me pasa un brazo por la espalda y otro por detrás de las rodillas. Un segundo después, estoy en el aire en sus brazos sin poder ser capaz de reaccionar. ¡Me está tomando en brazos!

- ¿Y bien? ¿Retiras lo que dijiste sobre mi fuerza?

- ¡¿Pero qué crees que haces?! ¡Bájame ahora mismo! -grito mientras trato de librarme de él.

A nuestro lado, la gente que hay esperando a que se ponga en verde nos miran y comienzan a reír. Cuando Peeta finalmente me deja en el suelo, todos siguen mirándonos.

- ¡Mira lo que hiciste! ¡Todo el mundo se está riendo de nosotros!

Unos segundos después se pone en verde y Peeta y yo cruzamos.

- Por cierto -dice-. Después de las vacaciones de navidad voy a comenzar un trabajo a tiempo parcial en Cinna's.

- ¿En Cinna's, en serio? Yo voy ahí mucho con Madge. ¿Nos harás descuentos?

- Ya veremos -dice-. En verdad, el dueño me llamó esta mañana y me pidió que empezase ya, pero yo rechacé su propuesta. No quería dejarte sola en casa tanto tiempo.

Él... rechazó comenzar a trabajar inmediatamente por mí... Peeta de verdad se preocupa por mí.

-G-gracias. Te lo agradezco mucho pero de verdad no tenías por qué.

- ¿Y si entra un ladrón? ¿Cómo vas a enfrentarte a él tú sola?

- ¡No me da ningún miedo! ¡Soy completamente capaz de enfrentarme a un ladrón yo sola!

Discutimos sobre eso un rato más. Pero es una discusión divertida. Al volver a casa pasamos por el supermercado a hacer la compra y luego Peeta hace su lasaña. Me sorprende ver que le ha salido tan bien.

Ha sido un día estupendo. Quizá debería dar las gracias a mis irresponsables padres por haber podido vivir este momento con Peeta...


Hola, siento el hiatus, estoy de exámenes y con muy poco tiempo. Perdón. Aquí les traigo otro capítulo más gracias por leer a todos.