Ayuda necesaria

— ¿Señorita Baker?

Eleanor miro atenta la pequeña figura de una joven que avanzaba hacia el canapé donde le había invitado a tomar asiento, en efecto era Candy.

¿Pero qué estaba haciendo ella ahí? En estas fechas todos los chicos estaban en el colegio…

Inmediatamente pensó en Terry.

La joven valiente que había conocido en su visita a Escocia parecía un conejillo asustado, se le veía cansada e inquieta, las manos enterradas en las bolsas de su abrigo gastado, la masa de rizos rubios estaban sueltos tapando un poco la cara pálida y ojerosa de la joven, quien con hombros caídos por fin se sentaba frente a ella.

En su instinto algo le dijo que la muchacha no estaba para anunciarle cosas buenas, probablemente tenía noticias de su hijo y un sentimiento de preocupación le comenzó a invadir.

— ¡Candy! — la actriz saludo a la muchacha con un beso en la mejilla, esperando que la extraña visita de la amiga de Terry no se debiera a otras cosas. — Es una sorpresa tenerte por aquí, creía que el colegio solo daba permisos en verano y navidad.

Candy asintió y trago en seco.

— ¿Has venido tu sola? ¿Vienes con tu tutor?

La muchacha negó.

— ¿Qu.. Que ha sucedido?

¿Cómo había dado con su dirección?

A Eleanor no le gustaba pensar que cualquiera pudiera dar con su dirección así tan fácil…

— Siento presentarme de esta manera… — hablo la joven con vergüenza. — batalle un poco para encontrar su domicilio, pero no sabe lo mucho que me alegra verla al fin, usted es la única que puede ayudarlo…

— ¿De qué.. ¿De qué hablas? ¿Ayudarlo? ¿Te refieres a Terry? ¿Le ha pasado algo?

Candy asintió y trago en seco, — No le entiendo, he hecho todo lo que he podido, tiene que creerme…

La muchacha hablo con un hilo de voz, mientras Eleanor trataba de guardar la compostura, le agradaba Candy, pero algo en la manera de sus gestos le auguraba lo peor, o al menos noticias no tan complacientes.

Y Eleanor era una mujer que estaba harta de complicaciones.

Candy miro a la madre de Terry con nerviosismo que se tuvo que tragar y comenzó a relatarle todo lo que había sucedido: las monjas, su huida, el barco, el teatro, su despido, las joyas, la noche que Terry había llegando tambaleándose, Terry soltándose a llorar, su comportamiento extraño, el silencio y su agresividad descargada en los objetos que tiraba haciendo pedazos, Terry jugando con el cuchillo de cocina, días enteros sin dirigirse la palabra.

— El… el… se lastima a sí mismo — habló la muchacha con la voz trémula. — el cree que no lo sé… pero a veces tengo que vigilarle. Ya no es el mismo Terry, y no sé cómo ayudarle, no sé cómo hacerlo, creo jamás debimos haber huido…

Eleanor trato de seguir escuchando.

— ¡Me arrepiento tanto! — Dijo la joven rompiendo a llorar— No sé qué sucedió, todo parecía que saldría bien, pero ya nada está bien, ahora siempre se mete en peleas y…. tengo miedo que algo malo le suceda uno de estos días.

La rubia actriz bebió de su taza de té, ya temía que algo así sucediera, Terry había tratado de vivir por su cuenta y las cosas no habían salido bien, su único hijo quería ser actor como ella…. y había estado vendiendo cuanta tenia para subsistir junto a la joven que estaba en su casa.

Se preguntó si Richard ya le estaba buscando, probablemente, o tal vez su esposa le había detenido con motivos ocultos como el ducado para sus propios hijos, sabía que una parte de Richard se interesaba en Terry pero aun así era un orgulloso, como fuese que hubieran sucedido las cosas, nadie le había dicho las noticias de su hijo y ella tampoco podía reclamar nada, era una pésima madre, sin un solo derecho sobre él.

Ni siquiera sabía cómo acercarse a Terry sin causar una tormenta, Eleanor sacaba lo peor en él, pensó con tristeza.

Gritos, rencor, reclamos, odio.

Si lo que decía Candy era verdad y Terry estaba muy cambiado entonces no sabía qué hacer, (tampoco es que lo supiera si no fuese así), ella ya había sufrido mucho cuando Richard lo había arrancado de sus brazos en ese tiempo siendo su hijo un pequeño, ahora con los años no eran más que dos extraños con un vínculo de sangre, Terry nunca había conocido a su madre ni lo que era tener una y Eleanor tampoco sabía nada sobre educar hijos.

Frente a su público era una mujer etérea e intocable, sin escándalos de que hablar, ni pasiones ocultas como las de su juventud.

De una manera u otra la joven desprotegida y sin futuro que alguna vez había sido se supo acomodar en el mundo, y ahora llevaba una vida bastante cómoda, sin necesidad de depender de algún hombre, es verdad que en el pasado había pagado con favores a aquellos que la habían puesto arriba, pero ya no había nada de eso.

Ahora podía cerrar los ojos tranquila porque al fin tenia lo que siempre había querido.

Por otro lado, Terry ya estaba grande y sabia valerse por sí mismo, era un muchacho orgulloso y terco, ¿Qué poder tenia ella sobre él? El lazo de sangre que compartían debía seguir siendo un asunto manejado bajo discreción y no es que le gustara ocultar que era madre, pero el tiempo había pasado y ella era una actriz bien establecida en Broadway, si el día de mañana ella revelaba que tenía un hijo probablemente causaría un escándalo, Eleanor tenía una buena vida con sus breves episodios de depresión cuando se sentía sola y la culpa le carcomía la conciencia pensando en el pasado, así que lo único que podía hacer era escribir al duque informándole de Terry o bien dándole a Candy una generosa cantidad de dinero y velar por su bien cada vez que sufrieran carencias.

Miro a la muchacha que se veía desesperada e indefensa, sintió lastima por su situación, era un verdadera tontería lo que habían hecho.

Se mordió un poco la lengua.

— Cuando trate de tomar la bolsa con las alhajas se puso muy mal. — Candy seco sus lágrimas con la manga de su abrigo. — las guarda en su beliz y a veces las saca para contemplarlas, dice que las venderá pero que aún tiene miedo.

— Candy… ¿Qué paso ese día? Cuéntame de nuevo todo lo que recuerdes.

— No lo sé, solo volvió por la media noche, o madrugada, ya no lo recuerdo. Llego muy borracho y se tropezaba, no podía caminar bien, su ropa estaba hecha jirones y tenía la mirada perdida. Parecía muy asustado y muy triste, el solo dejo un montón de billetes sobre la mesa y me ignoro. — dijo Candy siguiendo su relato. — Cuando lo ayude a acostarse temblaba, estaba helado, me acerque para darle calor y empezó a llorar, el no dejaba de llorar…

Eleanor de pronto se sintió enferma, — ¿Cuándo tiempo tienen aquí?

— Algunos meses…

— ¿Porque no habían buscado ayuda?

— Terry, él no quiere ayuda de nadie, si se lo menciono se enfurece y se pone a romper todo, a veces llega a casa con algún golpe y no me dice lo que sucede, yo sé que él está muy triste pero ya no sé cómo ayudarle.

Eleanor aclaro su garganta — Esto que me cuentas está muy mal, me siento mal por ustedes, tal vez podría comprar las alhajas y tú podrías decirle a Terry que las has vendido.

— Dime, Candy, ¿Crees que el este en el apartamento ahora?

— No lo sé…

— ¿Por qué, porque no trata de hablar con él?

— ¿Y decirle que? — Eleanor dejo el platito sobre la mesa y bufo sin animo — aunque me sienta mal por decir esto, tal vez lo mejor sería escribirle a Richard para que haga algo, pero si lo hiciéramos él nos odiaría.

— ¿Lo vendrá a ver? — pregunto la chica ignorando a la mujer meditabunda. — tal vez a él le haga bien verle de nuevo.

Eleanor soltó una risa desganada y para esto se paró y fue por la licorera que guardaba en una de las gavetas del salón.

— Claro que le iré a ver.