Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Stephanie Meyer, solo me pertenece la historia.

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Gracias a Larosaderosas y a su equipo de betas EleGL, Meelii21, AlePattz de http : / / www . betasfanfiction . com /


Carlisle se volteó a ver a Edward y estaba serio y meditabundo, más de lo que él había visto alguna vez en su vida.

— ¿Qué sucedió? ¿Dónde estabas?

—Estaba en Forks, en La Push — confesó y después suspiró.

— ¿Qué hay allí?

Edward lo miró debatiendo si contarle o no, pero por el escrutinio de su padre tuvo que aceptar la derrota, Carlisle tenía la fama de ser el mejor interrogador de la fuerza armada, y Edward sabía que era bien merecida, él mismo había vivido esa experiencia varias veces en su vida, en las pocas veces que había hecho alguna travesura, sabía que no tenía escapatoria cuando su padre se lo proponía.

—Fui a hablar con Jacob, el hombre que estaba con Bella el día que fuimos a pescar.

— ¿Y descubriste algo distinto a lo que ella te contó? — Edward lo miró interrogativamente —. Hablé con Bella — dijo tranquilamente, contestando la pregunta silenciosa de su hijo. Edward asintió a la confesión de su padre.

—No, no lo hice, tampoco era mi intención hacerlo, sé que ella no hizo nada malo.

— ¿Y quién ganó la pelea? – Preguntó Carlisle señalando los golpes. Edward sonrió y negó con la cabeza.

—Vamos a llamarlo un empate, terminado por terceros involucrados.

Carlisle sonrió un momento, después asintió y se tornó serio.

—Bella y tú no estáis juntos, estáis separados, Charlie nos lo contó a tu madre y a mí, ¿qué sucedió?

—Padre… eso es un asunto entre Bella y yo, no tienen que meterse en eso.

—Lo sé — afirmó Carlisle poco después —, pero estamos preocupados por ustedes, hijo.

Edward asintió –. Dejen que lo resolvamos entre nosotros…

—Es solo… no quiero que te separes de ella por culpa del pasado o por mi responsabilidad.

Edward lo miró y no pudo evitar preguntarse qué es lo que estaba diciendo su padre, ¿por su culpa?, ahora sí que estaba completamente perdido.

— ¿Qué quieres decir con eso?

—Así que Bella no te dijo… —. Carlisle suspiró pesadamente y cerró los ojos un minuto.

— ¿Qué me tenía que decir Bella? – Edward se puso a la defensiva inmediatamente, no quería pensar que su padre hubiera descubierto algo, aunque era posible, ese era su temor constante, ciertamente tenía los medios para hacerlo y él no podía hacer nada para evitarlo.

—Lo sé todo, Edward – le respondió Carlisle tranquilamente.

— ¿Y qué es todo, padre? – La expresión de Edward era inescrutable o por lo menos así lo pensaba él, pero su padre sonrió como si supiera lo que estaba pensando.

—La permanencia de Bella en la cárcel de Yorkshire —. Edward dejó de respirar –, que la relación que tuviste con ella fue allí, nunca existió ningún tipo de compromiso entre ustedes, ¿quieres que continúe?

Edward negó rápidamente con la cabeza, se dejó caer en el asiento por un segundo y después toda la parte protectora que estaba dentro de él, que solo tenía dos objetivos primordiales; Bella y Charlie, creció irremediablemente e hizo que mirara a su padre con toda la furia contenida de todos los años de reproche en su contra y se creara el porte más amenazador que su padre hubiese visto en su vida, tanto que por un momento Carlisle se asustó.

—Nunca — dijo pausadamente —, jamás te atrevas a ofender o pensar mal de mi esposa, Carlisle —. Eso asombró a su padre, ya que nunca lo había llamado por su nombre anteriormente, ni en los momentos más difíciles de su relación –. Ella es mejor que todos nosotros, no importa que haya estado detenida…

—Edward… –. Carlisle trató de modular su voz de la forma más mediadora posible, tratando que su hijo se calmara, si quedaba alguna duda de los sentimientos de Edward hacia su nuera, en ese momento se difuminaron por completo.

—No – lo interrumpió rápidamente –, no me importa tu reputación, tu orgullo por el dichoso estatus, o lo que tú creas de los requisitos que tiene que tener una mujer para ser merecedora de tu círculo social, esa mujer es mi esposa y no te permito que se te ocurra ofenderla de ninguna forma, ni siquiera de pensamiento, ¿me has entendido?

Edward prácticamente se había levantado del asiento como si fuera a saltarle encima si decía algo en contra de Bella, lo veía todo rojo de la rabia, era más de lo que podía soportar en ese momento, estaba a punto de explotar. Carlisle asintió serio.

— ¿Me vas a dejar hablar ahora que expusiste tus ideas? – Edward lo miró con rabia, no quería escucharlo, no quería ni siquiera presenciar que alguien la ofendiera, no creía que pueda pudiera soportarlo, pero respiró hondo, se volvió a acomodar en el asiento y lo miró serio.

—Habla si quieres – le respondió – pero ten claro, que dependiendo de lo que digas en los próximos cinco minutos seguirás teniendo hijo o no… tú decides.

Carlisle lo miró asombrado, frunció el ceño y respiró hondo.

—Yo no te interrumpí así que no lo hagas tú, ¿entiendes? — Esperó a que Edward asintiera y continuó –. Lamento que tengas esa opinión de mí, aunque tengo que aceptar que soy el culpable de ella. Si me hubieses permitido hablar antes de lanzarte a defender a tu mujer como si fueras el rey de la manada, hubieses escuchado que lo sé desde que fuiste a casa a contarme que te habías casado con ella —. Edward lo miró interrogativamente y levantó una ceja —. Sí, es cierto, siempre lo supe, no tengo problemas con eso, así como se lo dije a ella te lo repito a ti, además lo que has dicho hace poco es completamente cierto, Isabella es una gran mujer, y tanto Esme como yo la queremos mucho.

— ¿Mamá también lo sabe?

Carlisle asintió –. También tienes que saber que todos los registros de su detención desaparecieron —. Edward alzó las cejas impresionado. ¿Por qué?, se preguntó internamente pero antes de decirlo en voz alta su padre continuó —. Soy Secretario de Defensa, nos van a investigar, Edward, tenía que hacerlo, además que no es justo que ella tenga esos antecedentes cuando no se los merecía y tenía que pensar en mi nieto también —. Edward asintió comprendiendo todo lo que había dicho, él había planeado hacer eso desde hacía tiempo solo que no tenía la influencia necesaria para hacerlo.

—Gracias.

—Todo por mi familia, Edward —. Carlisle sonrió —, el objetivo de esta conversación, que aunque no lo creas si tiene uno, es decirte que sé que tenéis problemas en este momento, y aunque no sé bien las razones, solo te pido que si es por el pasado lo dejéis atrás.

—Papá…

Carlisle sonrió –. Llevaba años deseando que me llamaras así de nuevo, me alegra que lo hagas – dijo colocando un brazo en el hombro –. Sé que no tuvisteis una relación en ese tiempo por culpa de mis prejuicios, pero es hora que dejes eso atrás, Edward, el pasado no va a cambiar, lo importante es el futuro que puedes formar hijo, no lo desperdicies.

Lo miró por unos momentos y asintió.

—Algunas veces, papá, el pasado no se va y no hay forma de huir de él, no hay escapatoria, te persigue por todas partes –—. ¿Él no es un claro ejemplo de eso? No importaba cuántas veces quisiera empezar una vida sin recordarlo, estaba allí, presente, evitando que disfrutara y fuera feliz.

—Comprendo eso, Edward, pero tienes que entender que uno no puede huir del pasado, tienes que afrontarlo y aceptarlo, y después de eso mirar al futuro, estar con tu familia, con tu esposa. Tal vez antes no hicieron las cosas bien, pero ahora ya estáis casados ¿le vas a quitar la posibilidad a Charlie de ser feliz y vivir en familia por tu incapacidad de dejar el pasado atrás? Sé que parte de la culpa es mía, te crié haciéndote ver que los errores eran inexcusables, pero yo me equivoqué al hacer eso, hijo, somos humanos, tenemos derecho a equivocarnos…

— ¿Y si ese error destruyó la vida de muchas personas?, ¿cómo puedes vivir contigo mismo?

Carlisle sonrió –. Aprendemos a hacerlo, ¿no lo hacemos nosotros cada día después de dar una orden de ataque? Es nuestra obligación, en este caso funciona igual, cometiste un error y tienes que afrontarlo, aceptarlo y superarlo, además, hijo, no fue irremediable, ¿y qué si no te casaste con ella en el momento por los prejuicios que yo creé en ti? ¿Qué no estuviste para ella en esos momentos que más te necesitaba?, ya remediaste la situación, ¿no es más fácil dejar el pasado atrás y buscar la felicidad en el futuro? – Carlisle posó su mano en la mejilla –. Eres un buen muchacho Edward, sin importar lo que tú mismo pienses de ti, mereces ser feliz con ella, es una excelente mujer y te quiere, quiérela tú también.

Edward asintió y sonrió, ojalá su equivocación fuera solo la que su padre creía, aunque… ¿sería posible que él hiciera eso? Afrontar lo que hizo y superarlo… ojalá pudiera hacerlo.

—Gracias, papá, por tus consejos, por aceptar a Bella, de verdad se lo merece, y por eliminar sus antecedentes.

—Claro, hijo, lo que quieras –. Carlisle sonrió, se acercó a él, y con poca naturalidad, ya que nunca lo había hecho antes, abrazó a Edward, ambos al principio estaban tensos, pero unos segundos después ambos respiraron hondo y se relajaron, abrazándose más fuerte por unos minutos, luego se soltaron sonriendo, y allí se dieron cuenta que el carro se había dejado de mover –. Llegamos – anunció Carlisle –, vete, nos avisas como está tu cuñada, quédate el tiempo que haga falta, Charlie está bien cuidado con nosotros, Esme lo está malcriando demasiado –. Sonrió –. Dale un beso a tu esposa por mí.

—Lo haré, gracias – le dijo de nuevo y salió del vehículo.

— ¡Edward! – Le gritó Carlisle y él se giró para verlo – Cuando llegues te va a estar esperando un carro oficial y Alice está ingresada en el Hospital Saint Anthony, ve directamente para allá –. Edward asintió y entró en el helicóptero militar que ya estaba esperándolo listo para despegar.

.

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Varias horas después el helicóptero llegó a Chicago. Ya empezaba a anochecer y Edward rápidamente se montó en el carro oficial camino al hospital, solo esperaba llegar a tiempo, no sabía bien cómo estaría Alice, ni Jasper o Bella, ojalá que cuando llegase ya estuviera fuera de peligro.

Entró al edificio y se dirigió a la recepcionista que estaba detrás de la taquilla frente la entrada.

—Buenas tardes, señorita, ¿me podría indicar la habitación de la señora Alice Whitlock?

—La señora Whitlock está en unidad de cuidados intensivos —. El corazón de Edward dio un vuelco, debía estar muy grave para que estuviese aislada –. Sus familiares se encuentran en el cuarto piso, en el área de espera tres, que es el que le corresponde a ese ala.

—Gracias – dijo rápidamente y se encaminó al lugar señalado.

Cuando llegó vio el sitio apresuradamente, era un lugar tétrico, tal vez todos los hospitales eran así, había varias sillas, y estaban ocupadas por sujetos con expresiones tristes y acongojadas, como consecuencia del sitio donde se encontraban, obviamente. El área de cuidados intensivos era la parte donde estaban las personas más enfermas de un hospital, trató de ubicar a Bella, pero no estaba, suspiró hondo y al voltear se encontró con Jasper, su pecho se oprimió al observarlo, tenía grandes ojeras y los ojos apagados, el cabello rubio alborotado como si hubiese pasado muchas veces su mano por él, el traje azul marino todo arrugado y se veía completamente destruido, estaba seguro que de estar en su lugar Edward no tuviera tendría mejor semblante.

—Jasper…

Él volteó y lo observó cinco segundos antes de suspirar en señal de reconocimiento.

—Edward… — se acercó a él y se abrazaron.

— ¿Cómo sigue Alice? — La desesperación que había en sus ojos hizo que el estómago de Edward se revolviera y temiera lo peor.

—Está estable — dijo unos segundos después y se tiró en la silla más cercana. Edward se sentó a su lado y le puso una mano en su hombro reconfortándolo.

— ¿Qué te ha dicho el médico?

—Tuvo un paro cardiorrespiratorio hace unas horas —. Edward observó a Jasper y solo pudo imaginarse el martirio que sufrirían él y Bella... debería haber llegado desde hacia tanto tiempo, debería haber estado para ellos —. Creí que la iba a perder — dijo negando con la cabeza y tapándose los ojos.

—Pero salió de ese cuadro — respondió tratando de confortarlo.

Jasper asintió –. Por un momento pensaron que no lo haría, según el doctor Marco Bastiole, casi la pierdo... estuvo clínicamente muerta por casi un minuto, Edward —. Las manos de Jasper temblaron y no pudo evitar que su voz se cortara en las últimas frases.

— ¿Y ahora?

—Ahora está estable de nuevo, aumentaron las dosis de antibiótico y están esperando que reaccione...

Edward asintió y apretó más fuerte su hombro —. Alice es fuerte, solo hay que ver todo lo que ha vivido en su vida para saber eso, si alguien puede salir de esto es ella.

Jasper asintió fuertemente aunque mirando al piso.

—Lo sé... solo espero que sea así, no se merece esto, no después de todo lo que han pasado —. Jasper levantó la mirada y la fijó en Edward, frunció el ceño —. ¿Quién ganó la pelea? — dijo un momento después —. ¿Está vivo para contarlo? — Agregó señalando el verde de la mandíbula que ya se estaba empezando a notar y su ceja rota.

Edward sonrió –. No hubo ganador y sí, lo está —. Jasper asintió y suspiró, dando gracias a Dios porque por un momento había podido pensar en otra cosa distinta a la mujer que estaba luchando por su vida detrás de las puertas blancas.

—Gracias por estar aquí, Edward.

—Somos familia, es mí deber, y no podría dejaros solos con esto —. No importaba que por un segundo había dudado si hacerlo o no, no se reconocía a sí mismo, de alguna forma perdió su camino y su dirección, se había vuelto un maldito cobarde... Emmett tenía razón.

—Bella estará más tranquila ahora que estas aquí.

— ¿Dónde está? — Quería saberlo desde el primer segundo en que lo vio pero tenía que dejar primero que se desahogara y saber cómo estaba su cuñada.

—Estuvo aquí hasta hace media hora, la envié a casa, estaba muy cansada y tenia ojeras mayores que las mías, al principio no se quiso ir, pero después la convencí jurándole que si algo cambiaba la llamaría inmediatamente.

Edward asintió reflexivamente, analizando que Bella debía haber llegado en la madrugada y haber ido al hospital directamente, él la conocía estaba seguro que eso fue lo que hizo, y no debía haberse separado de Jasper en ningún momento, por esos sus ojeras, aunque también tenía que tomar en cuenta lo que le dijo Charlie, que ella lloraba por las noches; su corazón se oprimió al recordar el daño que él le estaba causando; lo más seguro es que estuviera durmiendo igual o un poco más que él, que nada más dormía una hora diaria o menos, se había acostumbrado a oler su esencia antes de dormir y a sentir su cuerpo entrelazado con el suyo para poder descansar... ¿le pasaría lo mismo a ella?

—Si quieres — dijo al fin — puedes ir a descansar al igual que Bella, yo me quedaré aquí pendiente por si hay algún cambio.

—No — dijo rápidamente Jasper —, me iré del hospital con Alice, no puedo dejarla sola.

—Jasper... no le sirves a Alice así, debes ser fuerte para ella, y para eso tienes que descansar.

Jasper sonrió aunque la sonrisa no llegó a sus ojos.

—No puedo, Edward... dime, ¿si estuviese Bella en esa cama en vez de Alice podrías descansar?

—No, nunca podría —. Suspiró soltando su hombro —. Te entiendo Jasper, no tendría paz ni calma hasta no ver que está a mi lado sana y salva.

—Exacto, vete a con tú esposa, Edward, yo me quedaré con la mía, tenemos que estar donde nos necesitan.

— ¿Quieres algo?

—Lo único que quiero es ver a mi mujer y que ella me sonría de la forma que solo ella sabe hacer y que me diga que todo está bien, que ella está bien —. Edward le hizo una pequeña reverencia con su cabeza haciéndole notar que estaba de acuerdo con lo dicho por Jasper y se levantó para ir a buscar a Bella.

—Edward... — lo llamó Jasper cuando dio dos pasos camino al ascensor. Él volteó y miró a su amigo que todavía seguía sentado —. Ninguna de las dos necesita más sufrimiento del que ya han tenido en su vida y nuestra labor es impedirlo, no incrementarlo —. Lo observó unos segundos, estaba claro lo que Jasper le estaba diciendo, aunque de una forma tan sutil como era su personalidad, y él lo entendía, sabía que ella se merecía ser feliz ¿acaso no era por eso por lo que había salido de su vida? Para que alcanzara esa felicidad que él le había robado tan vilmente toda su vida, por un segundo toda la seguridad que tenía de estar haciendo lo correcto desapareció, tal vez no debería haber ido a Chicago, aunque nunca se habría perdonado el no apoyarla sabiendo que ella estaría sufriendo por su hermana.

— Edward... ¡Edward! — lo llamó Jasper y después de la tercera llamada fue que él reaccionó —. Estás haciendo lo correcto — le dijo como si supiera el conflicto interno que estaba pasando en ese momento —. Ella te necesita en este momento más que nunca y allí es donde debes estar a su lado, igual que yo tengo que estar aquí al lado de Alice.

Él respiró hondo y bajó la cabeza.

—Quisiera saber qué es lo correcto y qué no, Jasper. Te juro que no le desearía a nadie estar en mi cabeza en este momento.

Jasper asintió solemnemente.

—Bella es una mujer muy fuerte, ha estado para mí cuando me he derrumbado y ni siquiera botó una lágrima, aunque sé que su temor es de la misma intensidad que el mío, pero que sea tan fuerte no significa que no sea sensible o que no necesite a quien quiere junto a ella.

—Tienes razón, Jasper, solo... quisiera que fuera todo más sencillo...

—En la vida nada es sencillo, solo... hay que decidir que es importante, qué estás dispuesto a sacrificar y por qué quieres pelear, Alice me enseñó eso y es la lección más grande que he aprendido en mi vida.

—A veces se quieren ambas cosas, sacrificar y pelear al mismo tiempo.

Jasper lo miró analíticamente —. Tienes que decidir Edward, solo tú puedes hacerlo, ve con tu esposa. Estaba tan preocupada por ti que aunque trataba de disimularlo nunca lo consiguió.

—Gracias, Jasper —. Lo abrazó fuertemente tratando de emitir la fortaleza que sabía que necesitaba y se fue del hospital a buscar a Bella.

Llegó a la casa de Jasper media hora después, le indicó al cabo que fuera a descansar, él le avisaría si volvía a necesitar de sus servicios y tocó el timbre de la casa.

—Señor Cullen — contestó el mayordomo a la vez que lo dejaba entrar y le cogía su maleta.

— ¿Cómo se encuentra, Paúl?

—Bien, señor, aunque todos preocupados por la señora Alice.

—Está estable Paúl, recemos para que continué así... –. El mayordomo asintió aunque claramente se encontraba afligido por toda la situación —. ¿Dónde está mi esposa?

El mayordomo iba a contestar pero lo interrumpió la niñera.

—Señor Cullen — dijo Victoria —, gracias a Dios — suspiró aliviada.

—Victoria, ¿qué pasa?

—Es la señora Cullen, señor...

— ¿Le pasó algo a Bella? — Preguntó inmediatamente.

Victoria negó rápidamente.

—El señor Jasper me llamó cuando la señora venía para acá, a fin de que la ayudara a instalarse y que descansara pero no he podido con ella. Señor... — Edward la miró confundido y ella continuó — Atendió a Peter, ha estado dando vueltas en la casa, no quiere descansar, ni siquiera sentarse, está muy nerviosa y yo estoy muy preocupada por ella.

— ¿Dónde está ahora?

—En el cuarto de estar de la señora Alice, sígame —. Lo llevó al sitio, lo dejó frente a la puerta —. Su habitación es la misma de siempre —. Y haciendo una pequeña reverencia se retiró.

Edward respiró hondo y abrió la puerta. Bella estaba mirando por la ventana abrazándose a sí misma fuertemente, se veía que estaba temblando aunque trataba de evitarlo.

—Bella... — dijo suavemente, entrando en la habitación y cerrando la puerta detrás de él.

Ella se volteó y por un momento quedó impactado, estaba muy pálida y sus ojos no brillaban, solo mostraban tristeza, vio como ella respiraba profundamente aliviada por algo, lo cual le hizo fruncir el ceño extrañado y después sus ojos tristes se trasformaron en dos llamas marrones furiosas, se soltó del abrazo que tenía consigo misma y se abalanzó en su contra.

— ¡¿Dónde demonios estabas? — Le gritó fuertemente y empezó a golpear su pecho repetidas veces. Edward la miraba golpearlo pero no hacía nada para evitarlo, tenía las manos caídas y solo podía observar el arranque violento de su esposa.

— Bella... — le dijo tratando de calmarla, sabía que debería haber estado allí desde el principio, entendía que estuviera molesta por eso, pero no comprendía la reacción que estaba teniendo en su contra.

— ¡¿Dónde fuiste? ¡¿Por qué no te localizaban? — Le gritaba— ¡No sabes lo que fue para mí no saber dónde estabas! — Dejó de hablar porque se ahogó por el esfuerzo, y entre hablar y gritar prefirió seguir golpeándolo fuertemente en el pecho y en los hombros, sin si quiera verle la cara —. Si algo te hubiese pasado… — dijo al fin menguando un poco los golpes y Edward entendió por qué estaba así, no era que lo estuviese acusando por no estar con ella para apoyarla, es que estaba preocupada por él, asustada por si le había pasado algo.

Entonces él la abrazó fuertemente, encerrándola con su cuerpo, los brazos de Bella quedaron enterrados entre los pechos de ambos, todavía con sus manos vueltas puños, al principio ella forcejeó para soltarse y seguir golpeándole, no le quedaba duda de eso, pero él la apretó más fuerte y bajó su cabeza a la altura de su oído derecho.

—Tranquila... — le susurró y sintió como ella se relajaba entre sus brazos aunque sus manos seguían fuertemente cerradas —. Perdóname amor, perdóname, no lo sabía...

Bella negó rápidamente con la cabeza, para que él entendiera que no lo perdonaba. Edward respiró hondo.

—Me enteré y vine para acá inmediatamente... perdóname por haber tardado tanto… estoy bien, no me pasó nada.

Bella iba a hablar, él sintió su boca abrirse, pero solo suspiró y se terminó de relajar en sus brazos, relajó sus manos dejando de formar puños y las dejó puestas en su pecho, cinco segundos después empezó a llorar en su pecho desconsoladamente. Edward la apretó un poco más fuerte y la tomó en brazos, ella pasó sus brazos por el cuello abrazándolo fuertemente y hundió la cara en su cuello.

Él empezó a caminar con ella en brazos y salió del cuarto directo a la habitación, en la esquina encontró a Victoria quien asintió con expresión triste y aliviada al mismo tiempo, y los siguió, al llegar a su destino abrió la puerta de la habitación, esperó que entraran y la cerró dándoles privacidad.

Edward se colocó en la cama sentándola en su regazo, y empezó a acariciar su espalda mientras la escuchaba llorar... era el peor sonido del mundo y el que nunca había querido experimentar en toda su vida.

—Bella... — le dijo unos minutos después.

—¿Por qué Edward? ¿Por qué? — Le preguntó y lo miró a los ojos, los suyos estaban rojos de las lágrimas y su cara reflejaba el dolor que embargaba todo su cuerpo. Edward la agarró fuertemente, necesitaba tenerla cerca y tratar de consolarla aunque no supiera bien como —. Esto no debería haber pasado —. Trató de pararse y alejarse de él, pero Edward se lo impidió, necesitaba tenerla a su lado y sabía que ella también —, Alice tendría que ser feliz y estar bien. ¿De qué valió todo lo que hice? Ella debería estar bien, por eso huí con ella, por eso la cuidé con mi vida, por eso fui a la cárcel inculpándome de un delito que no cometí –. Todo lo decía entre sollozos, desesperada… abriendo y cerrando fuertemente los brazos enfatizando lo que quería decir —. Ella tendría que estar bien, no puede morir, ¿de qué han servido todos mis sacrificios?

—Bella...

— ¡No! ¡No! — Gritó y se apartó de él parándose de su regazo y empezando a dar vueltas por la habitación —. Soy yo la que debería estar en esa habitación no ella... no Alice – dijo al tiempo que se caía al suelo arrodillada, llorando, cubriendo su cara con sus manos.

Edward se levantó rápidamente de la cama y se arrodilló frente a ella tomando su cara entre las manos y haciendo que ella lo mirara.

— No, Bella, no mi vida, no digas eso.

—Es cierto Edward, tendía que ser yo…

—No, nunca – le dijo abrazándola.

Bella negó con la cabeza —. Si algo le pasa... — dijo cerrando los ojos.

Edward limpió sus mejillas, besó donde estaban las lágrimas, sus párpados, ojos y después busco su oído.

—Nunca vuelvas a repetir esas palabras, Bella — le susurró —, yo no sabría cómo sobrevivir si algo te pasara amor mío, tienes que pensar en Charlie y en mi... te necesitamos viva y sana.

La miró a los ojos, los de ella estaban brillantes por las lágrimas y tenían una mezcla de dolor, angustia y terror que quería hacer desaparecer completamente.

Bella lo observó fijamente y abrió los ojos desmesuradamente, subió sus manos y empezó a acariciar su mandíbula y ceja.

— ¿Qué... qué te pasó? – Preguntó asustada.

—No fue nada — le dijo quitándole importancia y asustado porque ella continuara con sus preguntas, no era el momento para hablarle de Jacob.

— ¿Quién te hizo esto? ¿Dónde estabas, Edward? — Le preguntó con expresión seria a la vez que acariciaba las partes golpeadas y después le daba pequeños besos, repitiendo la acción anterior de Edward con sus lágrimas.

Suspiró al sentir sus labios de nuevo, y su corazón aletargado empezó a reaccionar de nuevo, como siempre hacía cuando estaba cerca de ella.

—Después, Bella... después te contaré —. Ella asintió, y se dio cuenta que no tenía fuerzas ni siquiera para pelear por lo que se levantó y la volvió a tomar en brazos. La dejó en la cama y se separó de ella a fin de buscar ropa para ambos, entró en el baño y arregló todo.

Edward la tomó en brazos de nuevo, la llevó al baño y la empezó a desnudar lentamente.

— ¿Qué haces? — Le preguntó Bella en tono muy bajo, Edward la miró y sonrió, estaba toda sonrojada.

—Bañarte — le respondió tranquilamente —. Necesitas dormir y con esto te vas a relajar más rápido.

—Oh — dijo ella y él no pudo evitar reír a la vez que hacía que se acostara en la bañera ya preparada.

—Oh — repitió él burlándose —. Así que solo te gustan las bañeras para seducir —. Fingió pensar por unos momentos —, lo tendré en cuenta — dijo sonriendo.

Bella lo miró con los ojos entrecerrados —. Cállate — le dijo tirando agua para mojarlo a la vez que sonreía.

Edward suspiró agradecido de ver otra vez una sonrisa en sus labios, aunque hubiera ido una pequeña y muy efímera. Luego la secó y la vistió.

—Me estás tratando como una niña pequeña — le dijo enfurruñada a la vez que lo golpeaba en el hombro cuando la estaba cargando otra vez a la cama.

Edward no contestó nada, solo la abrazó un poco más fuerte. La había extrañado tanto, tocarla, tenerla cerca, escuchar su voz hacía que sintiera un alivio tan grande, sabía que todo eso lo podía hacer ella sola, pero necesitaba tenerla a su lado lo más que pudiera... mientras pudiera. La dejó en la cama y se volteó.

— ¿A dónde vas? — le preguntó, Edward volteó a verla y sonrió, dándole confianza, por un segundo volvió a vislumbrar temor en su mirada, pero después cambió a calma... Todavía seguía preocupada por Alice.

—Voy a bañarme, Bella, trata de dormir ¿sí?

Ella asintió, y lo miró preocupada, iba a decir algo, pero después volvió a cerrar la boca, él la miró confundido por un segundo, esperó a ver si le hablaba de lo que sea que estaba pasando en su cabeza, pero al ver que no lo hacía, se volteó y entró al baño.

No estuvo mucho tiempo en su ducha, quería volver con ella rápidamente, deseaba pensar que la razón de su calma actual se debía a él, aunque no fuera cierto, había hecho lo correcto en venir. Bella estaba muy preocupada por Alice, y él comprendía hasta qué extremo se sentía responsable de su hermana, toda su vida la había protegido y cuidado hasta que las separaron abruptamente, dejándola completamente desolada y ahora que estaban juntas de nuevo y veía que era feliz, ella había estado tranquila por primera vez en mucho tiempo; por lo cual saber que estaba tan enferma debía hacerla sentir completamente aterrorizada; y también conocía su personalidad reservada, además de su voluntad de cuidar a cualquiera menos a sí misma, así que requería a alguien que velara por ella, y ese era su trabajo, desde hacía mucho tiempo.

Cuando salió del baño pensaba encontrarla dormida, pero allí estaba de medio lado, mirando la puerta del baño como si no supiera si él iba a salir o no por allí, como si se lo hubiese imaginado. Cuando lo vio salir observó como ella respiraba aliviada, lo cual hizo que la mirara interrogativamente, pero no le contestó su pregunta sino que se movió dándole espacio en la cama, indicándole con eso que lo quería a su lado. Él había pensado sentarse en el sillón a su lado para observarla dormir, pero no pudo negarse a la petición muda de ella, además del anhelo oculto y exigente de él.

Se acostaron de medio lado, mirándose mutuamente.

—Hola — le dijo él.

—Te extrañé – le susurró Bella acariciándole una mejilla.

—Yo también... No sabes cuánto.

Ella asintió y se acercó a él, abrazándose a su pecho, en su sitio predilecto para dormir.

—Bella...

Ella subió su cabeza a fin de mirarlo todavía recostada en su pecho.

—Dime.

—No sé qué haría si alguna vez te sucediera algo —. Para enfatizar su punto su cuerpo tembló en reacción espontánea a lo declarado por él, se acercó a su oído y le recitó en voz baja —. Tú eres mi luz y mi oscuridad, respiro porque tú respiras, vivo porque tú lo haces... La primera vez que te vi mí mundo entero cambió, mi corazón empezó a latir por primera vez… —. Bella sonrió y acarició su mejilla —. Eres mi vida… Si algún día... —. Ella tapó sus labios con su mano.

— Aquí estoy, Edward, estoy bien, nada va a pasarme - le dijo y él la abrazo fuertemente.

—Alice va a estar bien, Bella —. Ella tembló encima de su cuerpo pero asintió en su pecho.

—Fueron las peores horas de mi vida — declaró ella hundiendo la cabeza en su cuello —, no saber dónde estabas tú, si estabas bien y temer por la salud de Alice —. Edward la apretó un poco más disculpándose de nuevo por su falta anterior.

Ella se levantó para mirarlo fijamente apoyando sus brazos en su pecho para impulsarse.

—No se te ocurra volver a hacerme algo como eso Edward Cullen, ¿entiendes?

Él asintió mirándola, aunque no podía decir nada, no tenía justificación alguna.

—Te amo — le dijo en respuesta. Bella lo miró triste y volvió a dejarse caer en su pecho.

—Yo también.

—Duerme, Bella, por lo menos unas horas, y después volveremos al hospital con Jasper —. Ella asintió, se relajó unos segundos pero después Edward sintió que se tensaba en sus brazos—. ¿Qué pasa?

— ¿Estarás aquí cuando despierte? — Le preguntó sin mirarle aunque Edward sentía el ritmo acelerado de su corazón. Él le tomó la cara con sus manos e hizo que lo mirara.

—Estaré aquí cuando despiertes, estaré mientras Alice esté enferma... –. Era lo que podía prometer, sabía que ella lo necesitaba. En ese momento le había demostrado cuanto necesitaba tener a alguien que la cuidara y la apoyara después se iría de nuevo, no podía seguir haciéndole daño. Bella lo miró unos minutos pensativa y después asintió acostándose, abrazándolo fuertemente, Edward le dio un beso en su frente —. Descansa... Aquí estoy.

Bella asintió sobre su pecho y se acomodó en sus brazos, dos minutos después sintió su respiración acompasada, él la observó unos segundos, tenía unas grandes ojeras que dejaban ver sus horas de falta de sueño, tal como las suyas, cerró los ojos un segundo y se quedó dormido. Después de tanto tiempo pudo descansar de nuevo gracias a que volvía a tenerla entre sus brazos.


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