Hola!
Os traigo un nuevo capítulo, creo que os va a gustar ;)
AlwaysSerenity, mini conversación que espero que te guste...
Al comprobar su móvil se encontró con un Whatsapp de Rick: "He vuelto un poco antes, me apetece verte, ¿estás libre?". Era de hacía 4 horas, pero le contestó ilusionada porque hubiera llegado ya a Nueva York: "Perdona, estaba ocupada, ¿sigues despierto?".
Ojalá respondiera que sí. Un minuto, dos,... Estaba en la calle sin saber si dirigirse a su apartamento o al loft. Y hacía frío. El mensaje le había llegado, pero no lo leía. Se sintió estúpida y paró un taxi, seguramente ya estaría en la cama.
Pero el móvil sonó justo cuando abría la puerta del vehículo: "¿Te espero en el loft?".
"Llego enseguida".
"No toques el timbre".
";) ok".
Nikki dio unos golpecitos en la puerta de su escritor favorito y éste no tardó en abrir.
-¿Estás seguro que es buena idea que esté aquí? - preguntó ella al verle ya en pijama, tras darle un beso rápido y adentrarse en el apartamento.
Richard cogió su abrigo y lo colgó en el armario de la entrada mientras ella se descalzaba para no hacer ruido al andar por la casa en tacones.
-Seguro. Suelo quedarme hasta tarde escribiendo, y me apetecía verte. Te he echado de menos.
Nikki le sonrió y le dio otro beso, esta vez más lento y suave. El salón apenas estaba iluminado por la luz que salía del despacho de Richard, y la detective se sorprendió a sí misma recorriendo la estancia con confianza.
-Sé que tú también - aseguró él, con cierto aire de orgullo y una sonrisa en la boca.
-¿Qué escribías? - preguntó ella ignorando su expresión, y se acomodó en el sofá todo lo que su vestido le permitió.
-Nada realmente - contestó, acercándole el portátil. - Estaba intentando buscar un crimen en el que inspirarme para mi próxima novela.
Nikki echó un vistazo a la web que aparecía en pantalla. Podían verse imágenes de diferentes cadáveres. Frunció el ceño.
-¿Qué es esto? - preguntó.
-Es una web de asesinatos. Está genial, se dedican a recopilar información de diferentes homicidios en varias ciudades, pero la mayoría son de aquí, de Los Ángeles y de Washington.
Por supuesto, como detective conocía la existencia de varias webs del estilo, pero ésta se llevaba la palma.
-¿Y ésto es lo que utilizas para tus libros?
-Bueno, no siempre, pero es difícil aprender cómo trabajan los detectives, ¿sabes? Quiero que mis libros sean lo más realistas posibles, así que necesito documentarme. Sé bastante de metodología forense y tal, pero aún así hay que estar al día.
Ella asintió y continuó echando un vistazo a ver si veía algún homicidio conocido. No le llevó demasiado encontrar un par de los casos suyos. ¿Cómo demonios habían conseguido los administradores de la página una información tan detallada?
No iba a preocuparse de eso ahora. Le devolvió el portátil.
-Aquí lo interesante es, Kate, que no te escandalicen ni lo más mínimo esas fotos.
Ella levantó la mirada y se lo encontró mirándola sonriente. Y, como si nada, bajó la vista para apagar el ordenador. No se había dado cuenta de la importancia de sus palabras. La había pillado, ¿cómo había podido ser tan tonta? Igual lo había hecho inconscientemente para obligarse a ser sincera, era el momento, cuéntaselo.
Pero para cuando abrió la boca él ya se había girado en dirección a su despacho para guardar el ordenador. El momento había pasado.
-¿Qué tal el viaje? - preguntó ella cuando regresó al salón.
-Aburrido.
-Has estado en tres ciudades diferentes, ¡no te ha dado tiempo a aburrirte en cinco días! - replicó Nikki, y al darse cuenta de que había alzado demasiado la voz se tapó la boca. - Lo siento - susurró.
Richard se rió ante el gesto de ella, y agitó el brazo restándole importancia.
-A mi hija no la despiertas ni con una bomba. ¿Te apetece tomar algo?
-Son las 2 de la madrugada.
Castle negó con expresión sombría, acompañando el movimiento de la cabeza con el del dedo índice, un gesto cómico con la clara intención de hacerla reír.
-No me esperaba esto de usted, señorita Nikki. Corrijo: son las 2 de la madrugada de un sábado, y mañana no madrugamos, la noche es joven.
-¿Y en qué sugiere usted que invirtamos taaanto tiempo, señor Castle? - le susurró ella mientras le atraía de la goma del pantalón del pijama hacia el sofá, colocándolo de pie frente a ella.
-No sé... podríamos leer... - sugirió él, mientras le acariciaba el hombro, deslizando el tirante de su vestido y provocándole un escalofrío.
-Ver la televisión... - propuso ella mientras se arrodillaba en el sofá para ponerse a su altura y poder cruzar las manos tras su cuello.
-Podríamos hacer eso, sí...
-Sí... - terminó ella, acercándose a sus labios una vez más.
Nikki jugueteó con los labios de él a su antojo, y el beso no tardó en volverse más apasionado. Sentía las grandes manos de su escritor recorrerle la espalda, dibujando el contorno de sus homoplatos y descendiendo por su columna lentamente hacia su trasero, y subiendo de nuevo por sus costados en una caricia que la hacía casi cosquillas, incluso por encima de la tela del vestido. No pudo evitar una pequeña risita.
Mientras le desabrochaba los dos primeros botones de su pijama le notó tensarse, así que fue dándole besos en un recorrido hacia su oreja donde le susurró con voz provocativa:
-Vamos a tu cama.
Fue acariciando su brazo hasta agarrarlo de la mano y le llevó hasta la habitación. Se paró junto a la cama, se giró y tras dedicarle una intensa mirada en la oscuridad, comenzó a atacar su cuello. Richard continuó con su espalda, y fue acariciándola suavemente hasta encontrar el tirador de la cremallera que mantenía el vestido alrededor de su cuerpo. La fue abriendo lentamente, disfrutando del momento. O al menos eso pensó Nikki hasta que se detuvo a medio camino.
-¿Necesitas ayuda? - le picó ella.
-Yo... lo siento, no puedo - se disculpó él mientras se apartaba de ella de forma un poco brusca con las manos en alto. La detective le vio sentarse en la cama y taparse la cara con las manos.
-Ey... ¿qué pasa? - le preguntó con ternura, mientras se ponía de cuclillas frente a él y le apartaba suavemente una mano.
Él se tomó un minuto para contestar.
-¿Y me lo preguntas?
Kate le miró confusa, lo que provocó que él bufara y apartara la mirada.
-Pasa que hace menos de tres horas que otro tío te ha bajado la cremallera de ese mismo vestido, te ha besado, acariciado y te ha hecho suya - le soltó él, con rabia. - Y además, llevas esa peluca horrible que me lo recuerda cada vez que te miro.
-Rick... - susurró ella, pero él negó con la cabeza haciéndola callar.
Nikki se levantó y se quitó la peluca, haciéndose incluso daño del tirón.
-No, ya sé lo que me vas a decir... es tu trabajo, yo ya debería saberlo,... - Se sentó junto a él en la cama y se rodeó las piernas con los brazos, temerosa de volver a tocarlo por si se apartaba de nuevo, dejándole hablar. - Pero eso no hace que duela menos, ¿sabes?
La mirada de reproche que acompañó a esa frase la dejó helada y la hizo sentir tan tremendamente culpable. Cerró los ojos y soltó el aire que sin darse cuenta mantenía en sus pulmones.
Se maldijo a sí misma por hacer las cosas tan complicadas. Por hacerle daño. Sabía que uno de los dos iba a salir herido. Lo sabía. Y aún así no había previsto que si la relación no funcionaba, iban a acabar mal ambos.
-Lo siento. Richard, yo...
-No - interrumpió él, levantando un poco la voz -, siempre dices lo mismo, y no dices nada al mismo tiempo. ¿Sabes? No puedo simplemente "olvidarlo" - espetó mientras se ponía en pie y se alejaba de la cama -. Es muy fácil para ti, ¿verdad? Me pones ojitos y me pides "que lo olvide". Pues no puedo. Márchate, por favor. No puedo verte ahora.
Nikki se levantó y se colocó el vestido de camino a la puerta. Estaba demasiado alterado, y tal vez ella había actuado muy tarde. Puede que lo hubiera dejado, pero hasta hace dos días ella era una puta, y eso no es algo que se pudiera borrar, no es algo que Richard fuera a olvidar.
Justo cuando estaba a dos pasos de la puerta del salón, se giró y volvió donde él, que levantó la vista al oírla regresar. No podía dejar así la conversación, no cuando aún tenía cosas que decirle.
-Puede que esté con otros tíos - le dijo ella con firmeza arrodillándose frente a él -, pero ellos no me hacen ésto solo de pensar en estar con ellos - le dijo mientras guiaba una de sus manos a su pecho, para que sintiera los acelerados latidos de su corazón -, ni ésto solo de pensar en perderlos - y guió su otra mano a sus mejillas, donde pudo notar en la oscuridad la humedad que las lágrimas habían dejado a su paso los dos últimos minutos. - No he estado con un cliente esta noche, sino en una fiesta de despedida. Lo he dejado, Rick. Lo estoy intentando.
Él suspiró sorprendido.
-¿Lo... lo has dejado? - logró preguntar, incrédulo. Cuando ella asintió se acercó y la abrazó con fuerza. Unos segundos después la separó y se quedaron mirando de nuevo. - Pero... ¿estás segura?
-¿No es lo que querías?
-Sí, pero... ¿es lo que quieres tú? O sea,... no quiero que seas infeliz por mi culpa y si...
Ella le tapó la boca con el dedo índice.
-Shhh. Rick, tarde o temprano ambos sabíamos que tenía que elegir, porque te estaba haciendo daño, tú mismo me lo acabas de decir. Bien, pues nos elijo a nosotros - le dijo mientras apartaba el dedo para besarlo intensamente.
Y ya no importaron la peluca, el vestido o la cremallera, porque ahora todo se reducía a ellos dos: Rick y Kate, Kate y Rick. Sin citas nocturnas con Steve o Joshua, ella se estaba entregando por completo a él, y solo a él. Y Richard Castle se juró a sí mismo que lograría que jamás se arrepintiera de esa decisión.
