"En el Techo"
CAPÍTULO 20
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Día: 12 mayo del año 767.
Hora: 4:51 am.
Miró hacia atrás, hacia su casa en medio de las montañas antes de emprender el vuelo hasta Ciudad del Sur. Era consciente de que no iba a ser fácil el día pero sin duda había pasado por su primera prueba de fuego: decírselo a Chaos. Ahora éste observaba su partida desde el quicio de la ventana. El pequeño le había dicho que esperaría noticias en Kame House por lo que no tardaría tampoco en ponerse en marcha.
-Lo siento.- murmuró Ten Shi Han sabiendo que su amigo podía escucharle. -No tengo elección.-
Sobrevolando las duras y puntiagudas montañas que le separaban de la civilización trató de no pensar en su compañero y centrarse en lo que les esperaba. ¿Y qué les venía encima? Ésa era la gran pregunta que por fin se iba a resolver. Fuera lo que fuese, sabía que sería duro. Solo Chaos era conocedor en ese momento de cuánto lamentaba no ser más poderoso porque él mismo se sentía así ahora.
Demasiado lejos estaba ya para escuchar de su aliado en las pasadas aventuras: -Cuídate, Ten Shi Han.- le deseó justo antes de voltearse y prepararlo todo para su marcha con el Maestro Roshi.
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Día: 12 de mayo del año 767.
Hora: 5:59 am.
Ya le habían dicho que era demasiado severa con su invitado por lo que preparó el almuerzo también para él aunque supiera de sobra que no comía. A fin de cuentas, siempre se consideró a sí misma una gran anfitriona. "Una pena que no reciba las suficientes visitas para poder demostrarlo.", se dijo a sí misma fijando la caja con comida con un lazo, el cual estiró hasta casi desgarrar la tela. Y es que en ese mismo momento recordó que las pocas visitas que tenía, o mejor dicho, que había tenido hacía años, eran la de los amigos de su marido. -Menuda panda de salidos.- murmuró por lo bajo.
-Chichí, ya nos vamos.- escuchó a sus espaldas.
Se giró y vio a su Goku alborotar el pelo de su hijo, seguramente porque le había hecho una broma para relajarlo antes de salir. Muchos podrían decir que su esposo no era muy ducho en las artes maritales pero pocos de ellos llegarían a entender cómo era realmente cuando no estaba pensando en una batalla. Siempre preocupado por los que estaban a su alrededor, Goku era, a los ojos de Chichí, el hombre más bueno que existía sobre la faz de La Tierra y un padre ejemplar para su hijo aunque muchas veces se quejara de que no la entendía.
En esos tres años que habían pasado preparándose para la guerra contra los androides seguramente hubieran habido infinidad de personas que si se hubiesen acercado a su casa pensarían que su marido era un despistado, un bobo o hasta un mal esposo, e incluso ella, en un ataque de los suyos, les daría la razón. Sin embargo, no era cierto. Sí que era descuidado y le sacaba de quicio que no colaborara pero también sabía que tenía como compañero al hombre más fuerte del Universo, y eso conlleva mucha responsabilidad no solo para él si no también para ella. Si no fuera por eso, quizá hasta le habría mandado a paseo. Tras pensarlo un momento y viendo cómo Songohanda reía con la última broma de su padre antes de partir, terminó negando con la cabeza. "No", se dijo, "yo jamás haría eso".
-¡Oh, Goku!- exclamó acercándose a él y dándole un abrazo. -¡Prométeme que tendrás mucho cuidado!-
Su marido rió mirándola a los ojos. Al instante arrugó un poco el gesto pues notó un pinchazo en su brazo derecho justo al sentir el contacto con su esposa. Llevaba ya una semana con ese dolor, seguramente por un mal golpe entrenando.
-¿Otra vez?- le cuestionó la morena mirándolo preocupada.
-No es nada, Chichí.- le murmuró. -Solo un golpe.- Se le fue el malestar al momento, volvió a sonreír y alzó la voz, dándole a entender a su amigo namekiano que la intimidad que tanto le incomodaba había desaparecido y que ya se habían acabado los murmullos privados: -No te preocupes, hemos estado entrenando muy duramente, ¿verdad, Piccolo?- le preguntó a su amigo al que sentía en su reverso.
-Hay prisa.- fue la única respuesta que recibió de él.
Chichí prefirió ignorar la frase de su invitado, del que ya sabía que le crispaban mucho las muestras de afecto, no sin antes mirarlo con recelo. Se inclinó sobre Gohan y si él creyó por la mirada de amor de su madre que iba a pedirle igualmente que se cuidara, ésta cambió el semblante por completo:
-Y tú, hijo.- comenzó a decir con voz seria que hizo suponer al pequeño lo que venía después. Y acertó: -Te tengo preparados los libros para que estudies mientras llegáis ya que es un viaje largo y...-
-Vamos, vamos, Chichí...- le interrumpió su esposo. -Ya te he prometido que en cuanto vuelva se pondrá a estudiar como el Shenstein ése.-
-¡Einstein!- gritó su mujer estirándose por completo y haciendo que Songohanda creyera firmemente que quedarse allí era más peligroso que enfrentarse contra los androides.
-Será mejor que nos vayamos ya.- soltó Piccolo, el cual ya estaba más que saciado de escuchar los gritos de esa mujer.
-Adiós, mamá.- dijo el pequeño girándose para salir por la puerta. Pero el abrazo de su madre por detrás le impidió moverse ni un centímetro.
-Ten mucho cuidado, Gohan, no sabría qué haría sin ti.- le susurró Chichí a su pequeño.
El diminuto guerrero sonrió: -Mamá, me estás aplastando.- dijo un poco ruborizado.
La morena finalmente lo soltó bajo la sonrisa cómplice de su marido y se giró para darles la comida: -Os he preparado un almuerzo a los tres.- Incidió en el número pues no quería volver a escuchar que no era amable con su verde huésped.
-No, Chichí, no hará falta, muchas gracias.- fue lo que escuchó ya en las afueras de su casa.
"No puede ser que se estén yendo ya", se quejó la antigua guerrera cogiendo a prisa el paquete con alimento.
-¡Goku! ¡Gohan! ¡Piccolo! ¡Cuidaos mucho!- gritó saliendo por la puerta y deseando que no se hubieran ido aún. Al ver cómo su marido y su hijo volteaban concentrados, supo que ya poco había que hacer puesto que estaban más que mentalizados para la batalla. -¿De verdad no queréis llevaros el almuerzo?- les preguntó sujetando en sus manos la caja envuelta.
-No, muchas gracias, mamá.- le contestó su hijo.
-Gracias, Chichí.- fue lo último que escuchó de Goku antes de emprender el vuelo.
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Día: 27 de noviembre del año 785.
Hora: 6:07 am.
No le gustaba la lluvia y menos tan temprano. Siempre pensó que si iba a amanecer, lo mejor es que el sol acompañase al nuevo día y no que éste estuviera encapotado, como ahora. "Malos presagios", se dijo para sí saliendo del búnker y oteando su alrededor.
Distintos tonos de grises se podían divisar desde la lejanía, el gris del cielo mezclado con el de los destrozos ocasionados por los androides en la pasada noche no muy lejos de allí. Nada nuevo. Cada cierto tiempo volvían sobre sus pasos a Ciudad del Norte para destruir lo poco que algunos esperanzados supervivientes habían querido levantar otra vez. Ya no iba a prevenirles de tamaña tarea absurda. Una vez un viejo le dijo que no tenían otra opción y él consideró que razón no le faltaba. No podía hacer más que distraer a los cyborgs mientras los demás huían.
-A tu padre le gustaba que lloviera.- escuchó desde atrás.
-Hola, mamá, buenos días.- dijo con una sonrisa volviéndose hacia ella y plantándole, como siempre hacía por las mañanas, un beso en la mejilla.
-¿Qué tal, hijo? ¿Nervioso?- le preguntó su progenitora devolviéndole el gesto y tomando un poco de café humeante de la taza.
Volvió a sonreír. A su madre nunca pudo engañarle y menos cuando se miraban a los ojos. -Un poco.- contestó moviendo la cabeza. -Pero fue más raro la primera vez, ¿está todo preparado?-
-Por supuesto, ¿qué te creías? ¿Que Bulma Brief no cumple con lo que promete?- le replicó fingiendo molestia y sintiéndose contenta al instante por haber provocado una sonrisa sincera en su pequeño. Trunks no sonreía muy a menudo por lo que tenía que hacer serios esfuerzos para arrancarle alguna que otra mueca distinta a la preocupación.
-He estado trabajando toda la noche para fijar las coordenadas y estoy segura de que esta vez no fallará absolutamente en nada.-
Aquí su hijo denotó preocupación extrema: -Sí, pero aún así no entiendo que al volver del pasado y después de haberlos avisado, los androides siguieran aquí destrozan...-
Su madre se acercó a él y arrugó el entrecejo con severidad: -Trunks, ya está bien de preocuparse por eso,- le exigió harta de escuchar tantos lamentos. -Estoy segura de que es una cuestión que no está en nuestras manos y no significa que nuestros amigos no acaben con los androides si no que existe...-
-Un futuro alterno.-
-Exactamente.- contestó Bulma sonriéndole. -¿Sabes? Tu padre siempre me interrumpía cuando sabía la respuesta de lo que le estaba explicando, como tú.-
Su hijo le volvió a sonreír con ese halo de tristeza que siempre le acompañaba y que a su madre le rompía el corazón. Seguía sin entender muy bien lo del futuro alterno pero prefirió no incidir en éso pues estaba visto que a su madre no le gustaba el tema. No era difícil saber que el motivo estaba en que su única esperanza, la máquina del tiempo, en la que puso todos sus empeños de los últimos años, no estaba cumpliendo su función.
-Vaya, pues sí que debes de estar preocupada cuando ya lo has nombrado en dos ocasiones en un mismo día y ni siquiera ha terminado de amanecer.- le indicó queriendo bromear.
Nunca hablaba de él a su hijo y se reprochaba el no hacerlo con asiduidad, pero era nombrar a Vegeta o a cualquiera de sus amigos y se entristecía, además de que poca cosa podría decir del príncipe para los oídos anhelantes y esperanzados de su pequeño. Ya pasaban suficientes cosas negativas en el mundo como para que ella se concediese a sí misma el lujo de apenarse aún más. Para Bulma, todo lo ocurrido era muy injusto. Lo sentía injusto por lo que perdió pero sobre todo por su hijo, por lo que éste nunca tuvo. Aún recordaba con pesar la última vez que lo vio: discutieron como siempre por Trunks porque ella era especialmente protectora con él, y esa noche salió de la habitación para no regresar nunca más. Al día siguiente ya fue tarde para enmendar las cosas. Había ido en busca de los androides y fue Songohanda el que vino con las noticias. No tuvieron tiempo para más. En menos de un instante todo quedó derruido y sus vidas marcadas para siempre.
"Nos faltó tiempo, Vegeta", se decía a sí misma cuando se quedaba a solas en el búnker y se acordaba de él. Y es que estaba segura de que si no llegase a morir, se habría quedado definitivamente con ella en La Tierra por muchas tonterías que siempre dijera por esa boca afilada. No era una suposición y ni mucho menos la teoría alentadora de una mujer sola que vive de recuerdos de un tiempo mejor, si no una profunda y meditada conclusión a la que siempre llegaba cuando recordaba la mirada que a ella y solo a ella le dedicaba y que, contrariamente a su voz, recordaba con nitidez. "Ni tú lo sabías, idiota", le regañaba a su príncipe internamente cuando meditaba mirando las estrellas a través de los gruesos barrotes de la diminuta ventana del sótano. Ahora solo esperaba que no desilusionara a Trunks. Su hijo tiene a su padre en un altar, seguramente porque ella no ha sabido explicarle lo complicado que era el puñetero Príncipe de los Saiyajins. Pero Trunks era listo y ya vino pensativo de su primer viaje en el tiempo, aunque no le dio tiempo a sopesarlo mucho porque tuvo que ir a luchar contra los androides después de aceptar en shock que estos todavía no habían desaparecido. Tiempo fue lo único que les faltó a ella y a Vegeta y tiempo es el que no podían perder ahora.
Fue ver sonreír a su madre con ese gesto apesadumbrado y se sintió culpable de repente: -Oh, mamá, lo siento, no quería...-
Los dos sabían lo que se jugaban con este segundo viaje de Trunks al pasado. Iba a la batalla que para ellos fue la definitiva, la que cambió por siempre su existencia, y si bien sus vidas en el tiempo que les ha tocado vivir no cambió ni un ápice cuando él volvió de su aviso en el pasado, al menos podría cambiar la vida de los otros, es decir, a ellos mismos. Al chico de pelo lila le costaba entender este concepto, donde se mezclan tantas realidades como cambios posibles y viajes en el tiempo existieran, porque entonces no sabía cuál era su labor y su obligación en este segundo periplo en el tiempo además de traer a Goku para que les ayudara. No había nada que cambiar, solo el futuro de ellos en el pasado. Pero ya no eran ellos mismos, si no otros los que se beneficiarían. Sin embargo, existían tres razones que le empujaba a ir: la fundamental era el cumplir la promesa hecha. Él les dijo a los amigos de su madre que iría a ayudarles si era posible y por supuesto iba a hacerlo. No podía permitir que habiendo sido el causante de tanto desbordamiento de planos de realidad ahora a los mismos que advirtió les esperara el mismo futuro inhóspito que el suyo;
La segunda era volver a luchar con su maestro, Gohan. No, no era el mismo tipo callado y triste que él conoció pero curiosamente le pareció que tenía aún la misma mirada de curiosidad, honestidad y sencillez que siempre le acompañó hasta el fin de sus días. Si fuera por él, hubiese ido al pasado solo para disculparse porque por su culpa él murió. Eso jamás se lo perdonaría a sí mismo y aunque ya demasiado peso tenía a sus espaldas, que muriera el que consideraba hermano por ser él tan irresponsable y cabezota, a ojos de Trunks era imperdonable;
Y la tercera su padre, al que no pudo dejar de mirar en su primera visita al pasado. Le pareció exactamente igual a como fue descrito por su madre: frío y solitario, ni más ni menos, sin embargo, si alguien como la gran Bulma Brief se fijó en él es porque debió de ver algo más en su corazón de guerrero de lo que en apariencia muestra a los demás. De eso no había duda y quería comprobarlo por sí mismo.
Era curioso que siempre que se acordaba de él, a su madre le cruzaba el rostro una sonrisa melancólica. Pocas veces hablaba de su padre, seguramente porque era algo muy doloroso y no le compensaba, como tampoco hablaba de los abuelos a los que por cierto también le gustaría conocer.
Bulma rió encantada al creer su hijo que él había metido la pata. -Bueno, ahora mismo disculpándote no te pareces en nada a él.-
Trunks la acompañó en la mueca levantando levemente el vértice de sus labios. Era el momento justo para preguntarle una cuestión que tenía en mente desde hacía días: -¿Quieres que le diga algo?- le cuestionó con timidez.
-¿Que le digas algo de mi parte?- quiso saber Bulma con retórica. Eso no lo había pensado. Tras varios segundos estudiando la apetitosa opción, se decidió: -No.- y al instante reculó: -Bueno sí.- contestó al fin sonriendo de lado a su expectante hijo para añadir al instante: -Dile que como te haga daño volveré del futuro para patearle el trasero.-
Esta vez, Trunks rió con ganas. -¿Por qué iba a hacerme daño a mí?- le preguntó frunciendo el ceño y manteniendo el aire jocoso. -Los androides son el enemigo y...-
-Ay, hijo,- le interrumpió Bulma. Le encantaba cuando Trunks hacía ese gesto de incomprensión tan parecido a su padre. Manteniendo la sonrisa quiso enmendar el error pero no del todo porque la vuelta de su hijo al pasado era inminente, cuestión de horas, por lo que la realidad sobre Vegeta iba a golpearle directamente en el rostro, y conociendo a su pequeño eso le dolería más que cualquier golpe físico. Se parecían mucho, sí, pero a la vez eran completamente antagónicos:
-Conozco a tu padre y te querrá alejado de él porque querrá hacerte creer que solo le molestas.- y añadió entre carcajadas: -¡Y lo peor es que será verdad!-.
Su hijo seguía sin entenderlo. Era normal, muy poca gente, quizá solo ella, podría decir que entendía al príncipe de los saiyajins. Prefirió recular de nuevo: -Es su manera de mantener a ralla a los demás pero tú no le hagas mucho caso, era, y supongo que seguirá siendo, un gruñón.- opinó finalmente.
En cuanto lo soltó, se arrepintió de ser tan dura. ¿Cómo explicar que Vegeta no era tan terrible cuando tras mucho insistir veías algo de luz detrás de sus ojos negros? Eso no era una tarea ni mucho menos sencilla y menos para hijo adolescente ansioso de respuestas. Hasta a ella, con la que convivió tres años ininterrumpidos, le costó vislumbrar algunos instantes blancos en el oscuro príncipe. Eso sí, cuando eran blancos, eran radiantes.
-Entonces no dejaré que me intimide.- comentó Trunks prudente y sonriente. -Aunque eso quiere decir que igual no lo veré mucho.-
-Oh, no.- le replicó su madre. -Vegeta estará, estoy segura de que estará y que hará de las suyas, no lo dudes ni un segundo, hijo.-
El chico asintió reflexivo y Bulma se acercó a él para acariciarle el cabello. -Él era un hombre maravilloso, Trunks, lo malo era que no lo sabía.- le susurró conciliadora. -Tú solo...- miró hacia un lado queriendo encontrar las palabras exactas, sin embargo decidió que las cartas del destino, ése mismo que querían cambiar, ya estaban más que echadas en cuanto a Vegeta se refería. Volvió a mirar a su hijo a los ojos antes de concluir: -Tú solo no le hagas mucho caso, ¿de acuerdo?-
Igual se había pasado en la explicación pero, qué diablos, el recuerdo que tiene de él es solo negro o blanco, nunca gris, y acabó diciéndole lo que él quería oír. Solo le quedaba rezar para que el cabezota del príncipe de los saiyajins estuviera lo suficientemente ocupado derrotando a los androides para no perder el tiempo en hacerle daño a su propio hijo.
Porque se lo haría. Bulma lo sabía ya que eso mismo es lo que solía hacer con ella cuando la notaba demasiado cerca. Y Trunks estaba dispuesto a acercarse mucho a su padre porque nunca lo tuvo enfrente. Ella conocía a su hijo y sabía que así actuaría sin dudarlo. Solo Kami era sabedor de lo que iba a ocurrir en el pasado. "Menos mal que tengo a una inmejorable aliada allí", se dijo esperanzada pensando en sí misma.
Fue la primera vez que su madre le dijo una frase tan contundente y tan llena de sentido sobre su padre, aunque luego le soltase la enigmática recomendación de no hacerle caso. Lo cierto es que estaba más que harto de tantas dudas sobre su progenitor, de tantas preguntas sin respuestas o con evasivas; y más que dispuesto a despejarlas todas si se terciaba la ocasión.
Era inevitable. Él iba a luchar, sí, iba a intentar evitar una pesadilla a la humanidad y aunque eso fuera infinitamente más importante que las cuestiones de un chico adolescente sobre un padre desconocido, maldita sea, él era ese chico adolescente y quizá se lo merecía debido a ese peso tan insoportable con el que había cargado durante casi toda su existencia por ser el único, tras la muerte de Songohanda, que hacía frente a los androides. ¿Cuántas oportunidades tenían las personas de conocer a su padre muerto? Por supuesto solo lo haría en el caso de que no interrumpiera su fundamental labor allí, es decir, acabar con los cyborgs, sin embargo, por todos los dioses, iba a estar con su padre en el mismo sitio y no se quedaría callado como la primera vez. En esta ocasión sería distinto. Lo más seguro es que lo fuese a ver en una batalla, como un guerrero, y quizá, solo quizá pueda encontrar las condenadas respuestas a todas las contradicciones que le quemaban en lo más profundo de su ser y que después del fallecimiento de su maestro, un híbrido igual que él, ni quería ni podía compartir con su madre. Bastante peso cargaba también ella por sí sola.
Los dos se miraron y sonrieron. Un rayo de sol les hizo mirar hacia el horizonte.
-Está amaneciendo.- comentó Bulma.
-Sí.- contestó Trunks acentuando la sonrisa al darse cuenta de algo. -Y ha dejado de llover.-
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Día: 12 mayo del año 767.
Hora: 6:46 am.
La lluvia siempre le sirvió para aclarar las ideas y se agradecía un poco de agua matinal para concentrarse debidamente. Escogió una montaña de las muchas islas que rodeaban a la principal para esperar la batalla. Lo tenía decidido: solo entraría a pelear cuando hubiera estudiado con detenimiento a los rivales. No es que los temiera puesto que ahora era invencible, sin embargo, sabía poco de ellos. Únicamente que eran fuertes y que eran androides así que escaso conocimiento tenía sobre sus técnicas de combate y él quería ser preciso y contundente desde el primer golpe.
Sí, esperaría agazapado su momento de gloria. Sorprendería a todos con su nuevo poder, por el que casi destroza la cámara de gravedad durante los cinco meses pasados. Unos meses demasiado mansos para su gusto, demasiado largos. Pero por fin había llegado el día: doce de mayo. Un día perfecto para demostrar al mundo quién es el mejor guerrero que ha pisado el ancho universo. Un día para recordar. Su día.
Miró al horizonte y maldijo: -Maldita sea, ha dejado de llover.-
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Día: 12 mayo del año 767.
Hora: 6:55 am.
Si en un principio creyó que lo que le iba a costar más era levantarse tan temprano, una vez que sonaron todas las alarmas y todos los home robots de la planta de arriba de la casa fueron a avisarle de que era el momento de despertarse, concluyó que lo difícil había sido conciliar el sueño esa noche.
Trunks la pasó inusualmente tranquilo. Y eso era extraño pues se había descubierto como un niño extremadamente inquieto. Se acercó a su habitación en innumerables ocasiones para cerciorarse de que efectivamente estaba dormido y no que le ocurría nada malo. Ahora lo tenía enfrente y lo terminaba de vestir con un gorro azul que le había comprado no hacía ni dos días en el centro de la ciudad que tapaba su precioso color de pelo menos en su parte delantera y del que sobresalían dos pequeñas orejas del mismo color y tejido.
-¡Ya está!- exclamó contenta por el resultado. -Trunks, hoy estás guapísimo.- le comentó al niño que la miraba con sus grandes ojos azules abiertos de par en par. -Y no debe de ser menos puesto que es tu presentación en sociedad, ¿sabes?- le indicó señalándolo con el dedo índice al cual el crío miró confuso. Este gesto provocó que Bulma cruzara los brazos molesta: -No deberías arrugar la frente siendo tan pequeño, mi vida, se te quedará la marca igual que a tu padre.-
No pudo ni pensar en él, ni reflexionar un segundo sobre Vegeta y su extraño reencuentro tal y como había hecho en infinidad de ocasiones anteriormente puesto que le saludaron desde el balcón:
-¡Hola, Bulma!-
La peliazul se giró a la vez que cogía a su hijo en brazos: -¿Se puede saber por qué has tardado tanto?-
Yamcha miró su reloj confundido: -Pero no son ni las siete, la hora a la que me dijiste que apareciera, y lo he hecho por el balcón como me pediste.- replicó andando hacia ellos. -¿Qué tal, Trunks?- le preguntó al niño que le dedicaba una mirada que dejaba en evidencia quién era su padre.
-Venga, vámonos o llegaremos tarde.- comentó Bulma saliendo por la puerta del balcón con diligencia.
-Pero, ¿a dónde vas?- quiso saber su ex novio.
-A coger el aerotransporte.- contestó la científica sin mirarle siquiera. -Está en el garaje pero no quiero despertar a mis padres así que nos tienes que llevar hasta él volando.-
-¿No les vas a decir a dónde vas?- le preguntó su ex novio mirándola con sorpresa. -¿Y de verdad te vas a llevar al niño?-
-Por supuesto.- contestó Bulma sin entender a qué venía tanto revuelo. -¡Y ya estamos tardando demasiado!-
-Pero...pero...Bulma, yo creo que...- quiso incidir Yamcha.
-No hay nada de lo que hablar, Yam, ¡venga, date prisa!- le animó con el brazo libre mientras el bebé mantenía su mirada de desconfianza al guerrero.
-Bueno, de acuerdo, tú eres la madre.- terminó aceptando su ex novio. "El convertirse en madre le ha hecho hasta un poco más mandona", concluyó a la vez que recogía de la cama el neceser del pequeño. "Si eso era posible, claro".
-¡Deja eso ahí, Yamcha, solo voy a ir a verles las caras a los androides y luego me iré así que suéltalo y date prisa!- le inquirió la peliazul alzando la voz y perdiendo la paciencia.
-Vale, vale...-
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Día: 12 de mayo del año 767.
Hora: 7:07 am.
Sabía que no era el único con ese sentimiento pero el miedo te hace sentirte exclusivo, igual que las demás pasiones del alma, puesto que te paraliza y te cala hasta los huesos. "Estoy seguro que hasta Vegeta y Goku tienen que sentirlo ahora mismo", se dijo para tranquilizarse mientras se ataba el cinturón de su traje de lucha. Él lo había notado en sí mismo muchas veces, tantas que ya creía que debería haberse acostumbrado a tal emoción. Pero no era así. Si había estado en las más crueles batallas vistas por un humano y hasta había muerto, el miedo seguía acompañándolo allí por donde él fuera.
Suspiró tras terminar de vestirse queriendo que el susto fuera expulsado de su cuerpo igual que el aire. Imposible. Llevaba tres años entrenándose para ese día y como supuso, porque él bien se conocía, el terror no se iba si no que estaba dilatado por la cercanía del combate.
Salió a la playa y respiró al aire fresco de la mañana. -Parece que va a llover.- murmuró a punto de alzar el vuelo.
-¿Ya te vas, Krilin?- escuchó desde atrás.
-Así es, maestro.- contestó girándose con aire preocupado. -Ha llegado la hora.- pronunció con esa solemnidad que a veces hasta a él le sorprendía percibirla en sus palabras.
Tras unos instantes observando a su discípulo, Roshi sonrió levemente. -Buena suerte, muchacho.- le dedicó su mentor siguiendo con el mismo hilo de seriedad.
-¡Sí, eso!- oyeron ambos desde la ventana. -¡Vas a necesitar tener suerte para no ser el primero en palmarla, Krilin!-
-¡Cállate, Oolong!- gritó el Maestro volteando su cuerpo.
El pequeño guerrero prefirió no hacerle caso a la vez que alzaba el vuelo. "¡Y es que encima solo tengo a estos dos para despedirme en un día tan señalado!", se dijo molesto con su mísera vida y con su más que seguro solitario destino.
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Día: 12 de mayo del año 767.
Hora: 8:51 am.
Abrió los ojos sin dudar de que el cronómetro no había fallado y que se había despertado justo el día y la hora que se tenía programado. Contó cinco segundos y la puerta de su cápsula se abrió lentamente, dejando primero salir el aire comprimido. Desde que se había vuelto androide, una de las ventajas que sintió al instante fue la no necesidad de tener que respirar y lo había comprobado en infinitud de ocasiones bajo el agua poniéndose a prueba él y los demás.
Con pausa, salió de su especial ataúd. Todo estaba en silencio y no tuvo apremio alguno de encender las luces de su pequeña cueva, hogar de estos últimos años, lugar donde pensó una y mil veces su plan de venganza. Tranquilo se dirigió hacia cada una de sus creaciones dispuestas sobre el frío suelo, expectantes de que su razón de existir pudiera ahora tener cabida.
Y había llegado el día. Con el mismo tempo usado para sí mismo, programó la compuerta de la cápsula de C19, el cyborg de creación propia que lo acompañaría en su primera andadura por el planeta para causar primero desconcierto y después absoluta, exquisita y pura destrucción. No haría falta despertar antes a C17 y C18, los cuales descansaban en sus cofres. Sonrió al recordar cuando los recogió como chiquillos en el orfanato. Eran conflictivos y lo seguían siendo aun cambiados, moldeados por su erudita mano, pero con una fuerza de combate que para él era inconmensurable.
Observó a su lado la caja que faltaba por abrir y que con suerte no tendría que hacer nunca, al menos pasado mucho tiempo. C16. Sin duda, su obra maestra pese a que en un principio lo desestimó por ser inmutablemente pacífico. Si fuese necesario, él retocaría con más tiempo a ese cyborg, el que acabaría con este mundo absorbiendo toda la energía del planeta si llegara el momento. "No, aún es pronto", se dijo para sí admirándolo y pasando sus manos sobre el metal. Esperaría la llegada de su más ferviente enemigo, el que anuló todos sus planes primitivos de dominación mundial, la causa para que hasta él mismo haya decidido convertirse en una de sus creaciones.
-C20, estoy listo.- oyó a sus espaldas.
-Bien, C19, no tenemos tiempo que perder.- replicó dándose la vuelta.
Al fondo pudo divisar la puerta que le comunicaba con la habitación trasera, allí donde se encontraba el tanque de hibernación de Célula. Si no fuera por C16, ese último androide cambiante de forma sí sería su más completa creación. Lo negativo en él era que tenía que absorber uno por uno a sus contrincantes para aumentar de poder así como que tendría que esperar mucho tiempo hasta que pudiera ser útil. Frunció el ceño. No podía fiarse. Igual sí que sería necesario como último recurso echar mano de ese bicho mutante que crecía a pasos lentos pero seguro.
Alzó el vuelo seguido de C19. "Goku, ha llegado tu hora".
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Día: 12 de mayo del año 767.
Hora: 9:10 am.
-¿Y por qué tengo que ir justo hoy y no se te ocurrió ayer?- le preguntó con su perenne malhumor apoyado en una columna.
-Porque es hoy cuando luchan contra los androides de la antigua Red Ribbon y es hoy cuando van a necesitarlas.- le contestó Matou observando el infinito desde el borde de la torre.
El antiguo hombre de los bosques lo miró de reojo sin moverse un ápice de su cómoda postura. -La aeronave está sin combustible.- soltó sabiendo que esa excusa no impediría al maestro seguir con su fijación.
Matou tardó en replicar dejando un gran silencio entre ambos. -Creo que tienes razón, Yajirobe.- empezó a decir sin dedicarle ni una furtiva mirada a su compañero. -Lo mejor será que nos quedemos aquí esperando a que acaben con todos para que luego vengan a por nosotros.- sentenció imperturbable.
El guerrero gordinflón volvió a dedicarle un movimiento de sus pequeñas pupilas en su dirección. Si lo pensaba bien, el maestro tenía razón, como siempre. Antes de que pudiera contestar, Matou se le adelantó:
-El combustible de tu aeronave está lleno desde ayer, buena suerte.- comentó volviendo al interior de su vivienda.
Yaji lo siguió con la mirada y tras quejarse internamente fue a por su nave para bajar a La Tierra y darle las alubias mágicas a los guerreros.
-Estos tipos siempre me meten en líos.- murmuró por lo bajo entrando dentro de la máquina. -Cuanto antes salga antes volveré.- se animó poniendo en marcha los motores.
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Día: 12 de mayo del año 767.
Hora: 9:49 am.
Cada vez que se miraba al espejo, ocurría. Podía tirarse horas frente a su propio reflejo, observando cada uno de sus perfilados músculos, admirando la solemnidad y seriedad que su bigote daba a su rostro, afilando esa mirada que aterrorizaba a cada uno de sus contrincantes, haciendo todo un conjunto armónico con el resto de su cuerpo. Sus poses eran las perfectas de un gran campeón, las que solo él podía hacer. Sí que tenía que meter barriga constantemente pero era una minucia comparado con el tropel de mujeres que le seguían allí por donde iba. Merecía la pena ese incómodo gesto si con ello podía volverlas locas.
Ahora no tenía por qué hacerlo puesto que no había nadie en su habitación además de él, así que soltó aire y se relajó. Una bola de una magnitud que curiosamente solo creía haber visto en mujeres embarazadas le saludó desde el espejo con descaro. -¡Ah!- suspiró apenado. -Supongo que el tiempo pasa inexorablemente para todos.-
-¡Señor Satán!- escuchó al otro lado de la puerta.
Volvió a retomar su pose de El Guerrero más Fuerte de Todo el Mundo. -¡Maldita sea, Winny, te he dicho mil veces que me llames Gran Campeón!- le exigió adorando escuchar su propia voz, la más seductora e intimidadora que jamás el planeta había tenido el gusto de oír. Se acercó a la puerta y la abrió.
-Disculpe, Gran Campeón.- se lamentó su ayudante con una reverencia. -No volverá a pasar.-
Tras un segundo solemne donde le perdonó la vida, le preguntó: -¿A qué viene interrumpir mi ejercicio tan temprano?-
-Bueno, verá Gran Campeón es que...-
Se le veía nervioso, extremadamente cauto a los ojos de Mister Satán. -¡Habla de una vez!- le exigió como solo él sabe hacerlo.
-Es su hija, Gran Campeón, me temo que tiene agarrado del cuello a su profesor de baile y no lo quiere soltar.- dijo deseando no tener que dar más explicaciones. Se equivocó en la suposición:
Poco pudo disimular su sorpresa: -¿¡Que está haciendo qué!- exclamó Satán sintiéndose ridículo al instante por afilar el tono. Se recompuso y cruzó los brazos a la vez que cerraba los ojos mientras una sonrisa falsa le cruzaba el rostro: -¿Y por qué no lo quiere soltar?-
-Bueno, la señorita Videl ha dicho que se niega a hacer esos pasos absurdos de niña tonta y que solo está ahí porque le obliga el machista de su padre.-
-¿Eh?- se echó hacia atrás del susto. -¿Que mi hija ha dicho eso?-
-Sí, señor...digo, Gran Campeón.- le confirmó Winny mirando al suelo y deseando que no fuera cierta la frase de que se mata siempre al mensajero.
Suspiró y decidió perdonar por segunda vez la vida a su ayudante. -Está visto ha sacado mi fuerte carácter.- sentenció sabiendo que eso era falso puesto que el carácter de su hija era idéntico al de su difunta madre. Encaminó el pasillo preguntándose cómo es que una niña que apenas levanta un palmo del suelo tiene agarrado del cuello a un hombre que le dobla la altura y le triplica en peso. "Seguramente sea porque no se atreven a contradecirla por ser la hija del mismísimo Mister Satán", se dijo a sí mismo con soberbia.
-Gran Campeón, disculpe.- escuchó desde atrás.
Se giró y vio a Winny aún más avergonzado.
-¿No cree que debería vestirse antes?-
Se tensó y miró su cuerpo, desnudo si no fuera por los calzoncillos de su propia marca y con su cara dibujada justo en el centro.
-Sí, claro.- contestó recomponiéndose por segunda ocasión frente a su asistente y haciendo otra vez un esfuerzo por salir de allí digno. -Aunque ésta es mi casa y puedo vestirme como quiera, ¿no es cierto?- le preguntó queriendo una afirmativa respuesta.
-Sí, por supuesto, señor...digo, Gran Campeón.- terminó añadiendo su fiel Winny mientras le pasaba el albornoz sin querer alzar la vista.
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Día: 12 de mayo del año 767.
Hora: 9:12 am.
Si alguien hubiese creído que el viaje a una batalla que decidía el rumbo de la humanidad estaría protagonizado por el silencio sepulcral, Yamcha se hubiera visto obligado a rebatir que eso no era cierto. Desde que se montó en la aeronave con Bulma, el silencio fue lo que ahí dentro brillaba por su ausencia:
-¡Venga, Trunks! ¡Canta conmigo! ¡Quinientos veintisiete elefantes se balanceaban sobre la tela de una araña! ¡Y como veían que no se caían fueron a llamar a otro elefante!- gritaba sonriente la peliazul moviendo la cabeza al compás animada por las palmadas y las risas de su pequeño.
El guerrero, para no perder los estribos, volvió a suspirar como ya había hecho quinientas veintisiete veces antes, y las mil anteriores cuando tuvo que tomar él los mandos para que Bulma calmara a su hijo, y cuando el niño le metió un manotazo justo en la nariz, y cuando volvía a llorar sin ningún motivo aparente. Definitivamente, ese semisaiya diminuto era tan insoportable como su padre.
-¡Oh, mira Trunks!- exclamó su madre fingiendo pena. -Tío Yamcha no quiere participar en tu juego, ¿qué es lo que es tío Yamcha, Trunks?- le preguntó a su hijo.
Su ex novio arrugó la nariz esperándose lo que ya había escuchado antes.
-Toto.- balbuceó el bebé comenzando a reírse y siendo acompañado por su madre. De nuevo tuvo que escuchar cómo el niño, que apenas sabía decir algunas palabras incomprensibles, le llamaba tonto para disfrute de su progenitora.
De mal humor, casi se alegró cuando el radar de Bulma comenzó a pitar advirtiéndoles de que habían llegado a su destino.
-¿Ya estamos?- quiso saber su ex pareja mirando a su alrededor.
El cambio de talante en la peliazul lo percibió hasta su hijo, que arrugó el entrecejo como si comprendiera que ya se había acabado el tiempo de diversión.
-Sí, debe ser ahí.- contestó la científica señalando la isla mayor entre un sinfín de otras diminutas que lo rodeaban.
-Aterriza en ese claro de la montaña, Bulma, siento a Ten Shi Han justo ahí.- le pidió Yamcha pensativo.
Y así hizo la peliazul. Cuando llegaron, el guerrero tríclope les saludaba con una sonrisa comedida.
-¡Hola Ten!- exclamó Yamcha. -Me alegro de verte, amigo.-
-Hola Yamcha,- comenzó a decir observando a los dos salir de la nave. -Vaya, veo que has tenido familia, ¿no crees que no es muy buena idea traerlos?- le cuestionó mirando algo sorprendido a Bulma y al bebé.
Antes de que su amigo, que tornó el gesto en serio, pudiera responder, se le adelantó la peliazul: -Hola Ten Shi Han.- indicó un poco molesta por ser aludida y ni siquiera saludada. -Este niño no es de él.- respondió sacando a su hijo de la nave.
El tríclope miró a su compañero de batallas un poco confundido y éste solo miró hacia otro lado cambiando el semblante cordial al instante. -¿Eh?- reaccionó sin querer molestar. -Hola Bulma, perdona, veo que tú tampoco has perdido el tiempo en estos tres años.-
-¡Por supuesto que no!- exclamó la científica. -He estado trabajando mucho para perfeccionar la cámara donde se ha estado entrenando...- paró porque se dio cuenta de que no podía cerrar la nave con el niño en brazos así que tras echarle un vistazo a los dos guerreros y al estar Yamcha más alejado, se decidió por el forzudo de tres ojos: -Toma.- le ordenó acercándole a Trunks. -Sujeta al bebé mientras yo...-
El luchador calvo no supo qué hacer y cuando quiso darse cuenta tenía a un diminuto niño durmiendo entre sus brazos. Yamcha, alejado por solo la mención al enano de pelo lila, observó un poco enojado cómo el bebé ni se inmutaba en brazos de Ten Shi Han.
-¡Ya está!- soltó Bulma cerrando la capota de su transporte y volviendo a querer a su hijo cerca de ella. -Ven aquí, mi amor.- le dijo a su pequeño agarrándolo de las manos del guerrero. -Vaya, Ten Shi Han, ¿quién me iba a decir a mí que ibas a ser bueno con los niños?- bromeó colocándole bien el gorro a su bebé.
Como siempre pasaba con Ten Shi Han, la peliazul lo desconcertaba por mostrar cercanía, alejando los fantasmas del pasado con una facilidad pasmosa. -Yo, bueno, yo...-
-A Yamcha no se le dan bien,- comenzó a decir burlona mirando a su ex pareja, que gruñó cruzando los brazos y fijando sus pupilas en la ciudad a sus pies. -Claro que al ser el hijo de Vegeta es normal que Trunks le tenga manía.- concluyó Bulma soltando una carcajada.
Sabiendo que solo quería provocarlo porque solo a ella eso le podría parecer divertido, Yamcha prefirió protestar por lo bajo: -Ese niño es un incordio.- murmuró removiendo la tierra con los pies.
El amigo de Chaos se quedó estático. -¿Ese niño es hijo de...?- trató de preguntar.
Al tríclope le sorprendían pocas cosas en su vida. Con aire calmado, como se había vuelto desde que dejó el mal apartado de su vida, la meditación y una vida alejada del mundanal ruido hacían de él un tipo pacífico que creía que solo una buena batalla era capaz de hacerle vibrar por dentro. Bulma, una mujer de armas tomar de la que no se le escapaba que se parecía a Lunch en algunos aspectos, siempre le causaba reparos por ser tan distinta a él por muy poco que la conociera. Las escasas veces que habían coincidido terminó aceptándola como parte de su entramado de nuevos compañeros de pelea, los cuales, más cercanos a él por su parecido y por el destino que enfrentaban, sí podía considerar auténticos amigos. Pero tenía que reconocer que esa noticia no se la esperaba, y menos habiendo sido nombrado el maldito Príncipe de los Saiyajins de por medio como padre del bebé. -Es increíble.- terminó murmurando sin apartar la mirada del niño que empezaba a despertarse.
-Sí, se parece mucho a él, ¿verdad?- le preguntó la científica sin apartar los ojos de su hijo. "Ha reaccionado tal y como yo me pensaba que haría", se dijo a sí misma escondiendo una sonrisa. "Ten Shi Han, borrado de la lista", y pensativa miró al cielo antes de concluir para sí misma: "Eso en el caso de que tuviera una lista de personas que se tenían que enterar de lo de Trunks y de que antes hubiera incluido a Ten Shi Han en ella, lo cual no había hecho".
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Día: 12 de mayo del año 767.
Hora: 9:20 am.
Tal y como tenía pensado, los guerreros fueron llegando a la isla antes de tiempo. El primero fue el calvo de los tres ojos, ése al que Nappa le costó muy poco destrozar cortándole el brazo con un solo golpe. Lo atisbó comenzar a meditar mientras él guardaba todo su ki para no ser descubierto.
-Tipo raro.- murmuró detrás de las rocas en una isla cercana. "Aunque igual no ha tenido tan mala idea", se dijo cerrando los ojos y tratando de concentrarse igualmente. Poco le duró la concentración. Tras sentir un fuerte poder acercándose, éste se mezclo con otros dos de sobra conocidos.
-Ya está ahí.- murmuró por lo bajo asomando su cabeza y guiándola hacia el cielo. Una nave diminuta, que ya había visto en alguna ocasión en la casa en la que estuvo hospedado se acercaba a donde estaba el luchador tríclope. -Esta mujer es impuntual para todo menos para una guerra.- apuntó viendo a la nave descender.
Gruñó un instante para luego concentrar su esencia y no ser descubierto por su elevación de ki instantáneo. -Lo sabía.- protestó alterado. -Nunca se puede estar quieta.-
Y para su sorpresa, la nave se abrió y pudo comprobar que efectivamente bajaban de ella Bulma con su antiguo compañero. La peliazul había cumplido su amenaza de aparecer ese día para verle la cara a los androides. Pero es que además acababa de sacar del transporte a su hijo, el dueño de ese ki tan poderoso. El Príncipe de los Saiyajin no se preguntó en ningún instante cómo es que la presencia de Trunks era para él más potente que cualquiera de los otros dos bravos luchadores.
-¿Por qué trae al cachorro?- preguntó en un susurro para al instante alzar la voz: -¿¡Y por qué ha venido con ese gusano!- bufó afilando su vista saiyajin.
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Día: 12 de mayo del año 767.
Hora: 9:29 am.
-Espero que te hayas preparado muy bien para la batalla, Ten Shi Han.- apostilló Bulma con una mirada amenazante. -Cualquier ayuda nos es necesaria.- sentenció haciéndole carantoñas a su hijo recién despertado.
-Sí, por supuesto.- respondió el tríclope.
El guerrero calvo miró a su amigo haciéndole muchas preguntas con los ojos. Éste levantó los hombros dándole a entender que nunca comprenderían a esa mujer tan exigente hasta con personas con las que apenas había tratado. Los dos se tensaron al momento y volvieron a cruzar las miradas en cuanto se percataron de un asombroso poder acercarse.
-Creo que viene Goku.- comentó Yamcha separándose de la pared de roca y oteando el espacio azul.
-¿Quién? ¿Goku?- preguntó la peliazul siguiendo las miradas de los dos guerreros hacia el horizonte.
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Día: 12 de mayo del año 767.
Hora: 9:31 am.
En cuanto notó el ki de su mayor rival aproximarse tensó la mandíbula y los demás pensamientos quedaron atrás.
-Kakarotto...- murmuró conteniendo la ira que le provocaba el único saiyajin puro que quedaba además de él en todo el Universo. Volvió a asomarse por entre las rocas y lo vio descender del cielo junto con su hijo, Krilin y Piccolo.
Tuvo que poner todo su empeño en no salir disparado hacia él y poner en marcha un plan acelerado de justa venganza. -Concéntrate.- se dijo apretando los párpados con fuerza.
No podía hacerlo. No podía llegar allí y comenzar la pelea por la que se había estado preparando tanto tiempo sin antes destrozar a los androides y que todos fueran testigos de su superioridad. Lo había meditado mucho, su plan era perfecto: destrozar a los cyborgs que osaron vencerle en otro presente, asombrar a esos payasos con su fuerza y ver el miedo en sus ojos para luego aniquilar a Kakarotto con una lenta y buena pelea.
-Concéntrate.- volvió a decirse para parar el impulso. Solo se lo había imaginado y sintió toda su sangre saiyajin volverse efervescente en sus venas.
Abrió los ojos para volver a estudiarlos. Sí, sin duda el tercera clase tampoco había perdido el tiempo en esos tres años. "Pobre iluso", comentó para sus adentros. "Dejaré que empieces tú para estudiar a los androides y cuando sepa cómo se las gastan entonces te dejaré boquiarbierto, cretino.", terminó augurando con una mueca de marca registrada.
Al instante, la sonrisa se le borró y un movimiento espasmódico le provocó entrecerrar los ojos por un instante a la vez que se fijó en algo más: el maldito Kakarotto estaba haciéndole reír a su propio hijo y departía con Bulma con su odiosa tranquilidad.
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Día: 12 de mayo del año 767.
Hora: 9:31 am.
-¡Bulma!- exclamaron todos, excepto Piccolo, casi al unísono.
Ella les devolvió el saludo. Había estado esperando esas caras durante mucho tiempo y no le decepcionaron. -¡Qué sorpresa, Gohan! Has crecido mucho.- le indicó al pequeño, el cual seguía mirándola con la boca abierta por la impresión.
-¡Pero Bulma!- le llamó la atención Goku con gesto preocupado. -¿Qué haces aquí? Es muy peligroso.-
-Solo he venido a ver a los androides, no te preocupes.- se justificó la peliazul acomodando a su hijo en su seno. -En cuanto les vea las caras, me iré.- concluyó dando por finalizado ese punto.
-Bueno, Bulma...- comenzó a decir Krilin entre la sorpresa y la curiosidad. -Más que verte a ti a mí me ha sorprendido ver eso que traes en los brazos, ¿quién es ése?- le cuestionó ansioso por respuestas seguramente bastante divertidas. De hecho, hizo la película en su cabeza y ya estaba a punto de felicitar y bromear a Yamcha cuando Songohanda se le adelantó:
-¿Entonces por fin Yamcha y tú os casasteis?- interrogó seguro de una respuesta positiva el menudo guerrero.
Bulma quiso hablar pero fue su ex el que bastante molesto respondió antes que ella de forma rotunda: -Ese niño no es mi hijo.- pronunció con solemnidad y un aire de pesadumbre. -Por si no lo sabíais, Bulma y yo rompimos nuestra relación hace mucho.- Y entonces no pudo evitar apretar los puños y querer salir volando de allí en ese mismo instante pero se conformó con girarse y dirigirse hacia una piedra para tomar asiento: -¿Quereis saber de quién es hijo?- les preguntó sabiendo que los asombraría a todos por la innegable sorpresa que les tenía preparada la peliazul, la cual se sentía casi agradecida por no tener que hacerlo ella y dar explicaciones de más.
Fue Goku el que rompió la tensión empequeñeciendo el espacio entre él y la científica: -¡Yo lo sé!- exclamó.
Piccolo cerró los ojos rogando a Kami porque no fuese justo ahora cuando tuviera que golpear al hombre más fuerte de todo el Universo para que no metiera la pata hasta el fondo. Por lo que había podido corroborar desde que llegó a esa isla, sin duda, ese niño era el mismo chico que les avisó de la venida de los androides. Hasta que no lo vio y notó su energía, algo dentro de él se negaba a creer que el Príncipe de los Saiyajins pudiera ser capaz de concebir una cosa buena. De nada le sirvió querer mantenerse al margen puesto que ya estuvo acercándose al saiya, el cual veía lanzado:
-¡Este niño es hijo de Vegeta!- aclaró Goku acercándose al pequeño para hacerle carantoñas. -¿Verdad, Trunks?-
"Maldición", se dijo el namekiano.
Si con la primera frase Bulma se anotó la tarea de matar a Chichí por ser tan bocazas, cuando escuchó de su amigo el nombre de Trunks, esta idea se le desapareció de la mente ya que ella no le había revelado a la mujer de Goku el nombre de su hijo. -¿Y cómo sabes tú eso?- le preguntó al guerrero inclinado ante su bebé. -Si yo no le he dicho nada a nadie porque quería sorprenderos.-
"Idiota", llamó Piccolo a Goku interiormente.
El saiya tensó el gesto viéndose pillado en última instancia. No quiso ni mirar hacia su amigo verde. -Bu...bue...bueno...- comenzó a decir tembloroso. -E...era solo una suposición y además es que se...se parecen mucho, ¿no crees?- soltó como lo primero que se le ocurrió y comenzó a reír por los nervios.
Aquello a Bulma no le convenció: -Pero es que has dicho su nombre, Goku, y yo no le he dicho a nadie que mi hijo se llama Trunks.-
Ahí sí que tuvo que aguantar la respiración y miró hacia un lado por un instante para ver a Piccolo apretar los dientes y permanecer callado. Por lo visto no iba a echarle un cable en esto y creyó que se lo tenía bien merecido por impulsivo.
-Bueno...- comenzó a explicar frotándose la cabeza como siempre hacía cuando se sentía nervioso. -No me hagas mucho caso.- trató de restarle importancia, -Igual es que tengo poderes sobrenaturales, ya sabes...- y abrió los ojos hacia su amiga dándole a entender que ni él mismo se había percatado de ello. "Quizá por ahí me salve", se dijo a sí mismo.
"Con que era eso lo que escondían mi padre y Piccolo...", se comentó Gohan para sus adentros haciendo cábalas a la vez que escuchaba la reacción de Krilin acerca de la paternidad del bebé:
-No me lo puedo creer.- murmuró el pequeño luchador calvo. -¿Es que de verdad ese niño es hijo de Vegeta?-
Para Krilin, que se consideraba a sí mismo una de las personas más comprensivas de entre muchos, aquello no tenía ningún sentido. "¿Bulma con Vegeta?". Aunque quizá ésa no era la pregunta, si no otra: "¿Vegeta, el cruel Príncipe de los Saiyajins, intimando con una mujer?". Sin embargo, la primera cuestión era mucho más jugosa que la segunda y otra vez le vino a la mente, puesto que con la que había intimado no era una mujer cualquiera, era con Bulma, con la difícil, gritona, exasperante y genio de su amiga: "¡Dios mío!", exclamó para sí. "¿Qué demonios ha pasado en estos tres años?". Al instante, extrapoló esa cuestión hacia sí mismo y casi se cae atrás de espaldas de la impresión: "¿Es que hasta el malvado Príncipe de los Saiyajins encuentra una mujer?"
Para el namekiano aquello ya fue suficiente, aunque tenía que reconocer que quizá el castigo al saiyajin más poderoso había sido demasiado leve solo con dejarlo solo ante su propio lío.
-¿Y dónde está Vegeta?- le preguntó a Bulma haciéndose ver y quitando la atención sobre Goku. -No lo veo por aquí, ¿es que no va a venir?-
-¡Pues no lo sé!- exclamó la científica despreocupada. -A mí no me preguntes, no quiso venir conmigo.- se explicó. -Quizá venga ahora o quizá más tarde, hace meses que no lo veo.- les quiso hacer saber no respondiendo a la duda. -Lo único que sé es que vendrá seguro puesto que se ha entrenado muy duramente para este día.-
-Vendrá.- concluyó Goku concentrado. -Estoy seguro de que vendrá.- finalizó suponiendo que por algo eran los dos de la misma raza.
"Sí, Vegeta estuvo entrenando pero también haciendo otras cosas", bromeó Krilin para sí dándole de lado a Songohanda, el cual se había acercado a Bulma para dialogar un rato con ella y seguramente para acercarse al pequeño clon del príncipe, del que tenía que decir que era exactamente igual que su padre si no fuera por el pelo. ¿Por qué tenía la sensación de que lo había visto antes? "Esto no tiene sentido", se dijo, "es solo un bebé". En cuanto vio a Yamcha apenado en segundo plano se le borró el gesto jocoso. Volvió a mirar a la científica que comenzó a pasear a su hijo por la explanada seguida del de Goku, el cual hablaba con Teh Shi Han. "Oh, Bulma, ¿cómo se te ocurre?".
No quería ni imaginarse cómo habían transcurrido esos tres años dentro de Capsule Corporation. ¿Es que solo fue una noche? Porque conociendo a su amiga tuvo que ser cosa de ella. En ese instante una duda le cruzó la mente: "¿O es que Vegeta es todo un conquistador?". Para él, si el Príncipe de los Saiyajins era un seductor con las mujeres eso solo significaba que tenía menos idea de qué les ronda en la cabeza a las féminas de lo que él se imaginaba. Se apenó, pero volvió a centrarse en su amigo apesadumbrado apartado del resto. ¿Es que Yamcha metió la pata con sus tonterías con otras mujeres? Todos sabían que tanto Bulma como su expareja tonteaban bastante con otras personas por lo que puede ser que igual solo por despecho la peliazul se enredara con el saiya después de ser pillado en una metedura de pata monumental. "Pero, ¿con Vegeta, Bulma?", le preguntó para sus adentros deseando vociferárselo. Por lo poco que había tratado al arrogante del príncipe de los saiyas, él detestaba a todos los humanos entonces, ¿cómo es que existía un Vegeta en tamaño diminuto? Porque definitivamente tuvo que ser solo una noche en la que el ególatra real se dejó llevar por las más que probables provocaciones de la peliazul. ¿O es que acaso Vegeta y Bulma están juntos? Por la explicación que había dado la científica poco se podía averiguar. Daba igual. Lo bueno de todo ese lío es que por unos segundos no pensó en que quizá ése no era su último día vivo. Fue interrumpido en sus pensamientos por el único guerrero presente más pequeño que él:
-Mira, Krilin, mira cómo se ríe el bebé.- le llamó Songohanda levantando las manos del niño y jugando con él.
-Lo cierto es que cuando se ríe poco se parece al príncipe.- comentó el calvo menudo sin querer ser gracioso. Pero todos rieron.
-Es verdad.- dijo Goku. -Es igual que Vegeta, ¿no es cierto? Y siento que es muy fuerte...¡este chico va a ser todo un guerrero como que su padre! ¿verdad, Trunks?- y quiso volver a hacerle una carantoña al pequeño, que dejó de reírse al instante para aparentar desear matar al que su progenitor consideraba su mayor enemigo.
Goku se rió ante el gesto hosco del hijo de su gran amiga. -Vaya, sin duda Vegeta es su padre, ¡no me deja acercarme a él si no es arrugando el ceño!-
-No digas eso, Goku.- le recriminó Bulma. -Estoy preocupada por esa arruga que se le monta en la frente cada vez que alguien que no le gusta mucho se le acerca.- y se sentó en el suelo haciendo descansar al niño entre sus piernas. De un tiempo a esta parte, su hijo pesaba más de la cuenta. -¿Y qué es eso de que te cae mal el tío Goku, mi amor?- le preguntó a su retoño que volvió a esconder la mirada en su pecho plegando el entrecejo. -¡Oh, mira! Otra vez lo ha hecho...- añadió profundamente apenada.
-¡Hola bebé! ¡Hola!- Fue Songohanda el que volvió a querer que el niño sonriera. -Gugu, tata, gugu, tata.- comenzó a decirle haciendo muecas extrañas con la cara. Trunks reaccionó al instante y se empezó a reír con ganas.
-Vaya, Goku, parece que Gohan está pidiendo a gritos un hermanito, ¿eh?- sugirió la peliazul guiñándole un ojo a su querido amigo.
-¿Eh?- el aludido no entendió la broma. -¿Está gritando eso en idioma bebé? Vaya, mi hijo sí que es listo.- indicó admirando a su pequeño guerrero.
-¿Qué idioma bebé ni qué narices?- le reprobó Bulma resoplando al instante. -Lo que digo es que parece que igual Chichí y tú deberíais darle un hermanito.-
Tras pensarlo un poco, el saiya reaccionó: -¡Ah!- profirió sabiendo ya a lo que se refería la científica. -Sí, se le dan bien los bebés.- comentó el guerrero sonriente y admirando la escena.
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Día: 12 de mayo del año 767.
Hora: 9:34 am.
-¿Es que esa mujer lo va a tener ahí como si fuera el bufón de la corte?- cuestionó Vegeta no creyéndose que su cachorro fuera el centro de las risas de esos condenados bastardos.
Bufó disgustado centrándose en el cielo. Ya llevaba en ese planeta el suficiente tiempo como para saber por la posición exacta del sol que quedaba media hora para las diez de la mañana, el momento exacto en el que ese chico predijo que llegarían los temibles androides. Sonrió. "Temibles hasta hace un año", se corrigió focalizando la mirada en sus puños apretados.
Le encantaban sus guantes. No sabía cómo lo había hecho, pero Bulma había conseguido una aleación de materiales que le daban a la piel blanca el tacto preciso tal y como recordaba que eran sus trajes de pelea saiyas. Durante esos cinco meses de autoexilio había preferido usar la ropa terrícola que la peliazul le puso en el armario de la cámara de gravedad y que él rehusó a utilizar en su segundo periplo por el espacio. Ahora, debido a que había sido precavido, tenía un traje reluciente y limpio, glorioso y digno de ser llevado por el saiyajin más poderoso. Hasta eso lo había calculado al milímetro.
-¡Ahhh!- exclamó tratando de no gritar. -¡Maldita sea! ¿Por qué no vienen ya?- cuestionó al vacío girando la cabeza hacia su derecha.
Inspiró hondo un par de veces. "Será mejor que me tranquilice y me relaje", se ordenó. Y así hizo: cerró los ojos y comenzó la meditación.
No supo cuánto tiempo se tiró ausente cuando una gran explosión a lo lejos hizo que se respiración se alterara y abriera los ojos. Oteó el cielo y vio una pequeña nave en llamas. Bajó la vista hacia el llano en la montaña donde se encontraban Bulma y los demás y no tuvo que afinar su vista saiyajin para darse cuenta de que estaban aterrorizados. Sonrió abiertamente.
-Comienza el espectáculo.- susurró estirando el cuello a un lado y a otro.
O-o-o-o
Día: algún punto en el tiempo entre el 12 de mayo del año 767 y el 27 de noviembre del año 785.
Hora: Indeterminada.
No supo por qué, pero el primer viaje en el tiempo se le hizo más corto que éste. Según su madre, él creería que llevaba dentro de esa diminuta cápsula horas cuando en tiempo real solo serían nanosegundos, el justo para desintegrarse por completo y aparecer en la otra punta de la ecuación temporal. En esas mal contadas horas, se sentía más nervioso que la primera vez.
Ya no le llamaba la atención que ninguno de los marcadores funcionasen, cosa que en la inicial ocasión en la que se vio en las mismas casi le vuelve loco por mucho que su progenitora le avisase de que eso podría pasar, como tampoco miraba hacia el exterior de la nave con curiosidad queriendo descifrar todos esos haces de luces silenciosos que le acompañaban. No, nada de eso le interesaba ahora.
En su mente solo estaba la incertidumbre por saber qué habría fallado esta vez por su culpa.
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Día: 12 de mayo del año 767.
Hora: 11:48 am.
-No me sueltes.- le exigió con los pies en su cara. -No me sueltes, androide.-
Aquello estaba siendo glorioso. Allí estaba él, encarando por fin su recién cambiado destino, dando un recital a esos estúpidos de cómo se tiene que pelear en una guerra. Ahora no hacía falta mirarles de reojo para saber que nunca antes vieron tal contundencia. ¿Pero qué les pasaba a estos? ¿Creían que iban a tener alguna oportunidad estando él allí? Definitivamente le habían dado otra excusa más para convencerse de que eran unos simples idiotas.
Le molestó tener que entrar en combate solo para que ese cyborg seboso no acabase con Kakarotto pero pensándolo mejor, si no fuera porque el tercera clase era un inconsciente y no se había tomado su medicina para el corazón, él no hubiera tenido esa entrada en escena tan sublime y tan demoledoramente impactante. Luego se encargaría de Kakarotto. Ahora tenía que acabar con esa chatarra que le sujetaba los brazos con la esperanza de absorber toda su energía. Había sido también buena idea dejar que asimilara parte de su poderío puesto que ya le habían cubierto así todas las dudas que tenía sobre ellos.
Sí, terminaría con éste en breve para darle su merecido al viejo. -¡No me sueltes!- le gritó. Quién le iba a decir a él que hasta un cyborg podía mostrar pavor.
Y fue Vegeta, como no, el que haciendo un último empuje sobre el rostro blanco del cyborg, ganó el pulso: le arrancó los brazos de cuajo.
o-o-o-o
Día: 12 de mayo del año 767.
Hora: 11:51 am.
Lo peor no fue que la dejaran sola con Yaji, al que tenía en estima pese a que sabía que no era un sentimiento recíproco, si no que lo que más coraje le daba es que iba a tener que irse de allí sin verle la cara a los androides y eso no lo iba a permitir. Después de ver desaparecer a todos los muchachos en busca de sus enemigos tomó la decisión de que si no iba a ser en ese claro de aquella montaña la batalla, ella tendría que ir a la misma. Había ido allí por una razón y no había nadie en este mundo que le impidiera llegar a su destino, y menos un tipo gordinflón que no paraba de quejarse aunque, por fortuna, parecía que el miedo le podía y hasta conseguía hacerle callar. Y el silencio nunca le gustó a Bulma:
-Es cierto que serías todo un padrazo.- le comentó viendo de reojo a su hijo dormido entre los rechonchos brazos del luchador. -¿Nunca has pensado en tener hijos?-
-Concéntrate en que no nos estrellemos en esta nave.- le soltó Yaji.
-Ay, hombre, no seas tan antipático, ¿es que no te gustan los niños?-
Tras estar observando a ese precioso bebé, concluyó que la peliazul parecía que no iba a cejar en su intento por hacerle hablar: -Soy monje.- sentenció creyendo que entendería lo que eso significaba.
-¿Y qué?- le preguntó Bulma mirándolo de soslayo. -¿A los monjes no le gustan los niños?-
Esta vez sí que la miró preguntándose si tampoco sería muy lista como para llevar esa aeronave entre manos. -Los monjes somos célibes.- le aclaró.
Aquello sí que le sorprendió.-¿Célibe?- le interrogó con retórica la científica. Tuvo que sonreír antes de sentenciar: -Pues no sabes lo que te pierdes.-
Incluso a él, un tipo del que se podía decir que era bastante tranquilo, se vio alterado por la respuesta y le aumentó el mal humor por estar allí sin habérselo buscado, como parecía que le pasaba todo desde que se topó con Goku la primera vez. Optó por seguir mirando al crío a la vez que no perdía de vista el volante. La científica, como no, siguió hablando consiguiendo así que Yaji se volviera a preguntar cómo es que esa mujer de pelo turquesa se había salido con la suya y él estaba ahora acompañándolo en la búsqueda de una guerra:
-No sabía que eras monje.-
-Nadie me lo había preguntado.-
-¿Tú no hablas mucho, verdad?-
Una explosión que desafiaba el calmado horizonte les hizo dar un respingo a ambos. Trunks, curiosamente, permaneció durmiendo a pesar de que se removió de entre los brazos del monje.
-¿Ves aquel humo?- cuestionó Bulma alarmada. -¡Allí deben de estar!- exclamó a la vez que aceleraba.
-Bah.- soltó el luchador con desgana. -Solo es una suposición, eso podría haber sido cualquier otra cosa.-
-Yaji, te aseguro que ellos están en el lugar de esa explosión.-
Él no le quitaba la vista de encima. -Mira, no tenemos por qué arriesgarnos, ¿por qué no nos vamos a casa?- le sugirió clamando por un poco de sentido común en esa fémina alocada. -Dejemos esto en manos de Goku y los muchachos, además...- le pasó por la cabeza una idea que seguro que al menos le haría pensar a la peliazul.- ...Pones en peligro a tu hijo.-
Efectivamente, lo consiguió. Vio a Bulma tensarse y arrugar el ceño en cuanto él le soltó la posibilidad de que su hijo pudiera salir lastimado por ser tan insensata. Ser astuto le había venido muy bien para salir airoso en sus aventuras cuando fue expulsado del monasterio y se quedó a vivir en el bosque, cruzándose con maleantes y otros especímenes humanos de la peor calaña. Quiso insistir pues ya estaba a punto de ver virar el volante y volver a su tranquila y apacible vida, pero algo cambió el rumbo de la conversación: un tipo joven pasó volando por encima de ellos a tal velocidad que desestabilizó el control que tenía Bulma sobre el volante, y también sobre sus nervios:
-¿Viste eso?- le volvió a interrogar al monje con retórica, como siempre hacía cuando algo le llamaba la atención. -¡Era el chico que vino del futuro!-
"¿Qué chico del futuro ni que ocho cuartos?", quiso bramarle Yaji, que veía cómo sus planes se venían abajo: -¡Qué bruta eres, Bulma!- terminó gritando. -¡Ya has despertado al niño con tus gritos!-
La adrenalina le hizo encontrar de nuevo la razón de su viaje. Ella había ido allí por un motivo concreto, maldita sea, y a su hijo no le iba a pasar nada. Tuvo que ver el rápido vuelo del chico guapo del futuro para saber que ella seguía siendo una chica de acción por muy madre que se sintiera actualmente. Y su hijo, por supuesto, tenía que acompañarle en ir a donde ella fuera. No había más que hablar. La aparición de ese chaval fue todo lo que necesitó para armarse de nuevo de valor.
-¡Ese chico ha venido a pelear! ¡Lo sabía! ¡Sabía que no me había equivocado de camino!- exclamó sin esconder su emoción. Que ese muchacho los hubiera sobrevolado tan cerca significaba que la acción no estaba tan lejos. Entre gritos y quejas vociferó ignorándolos: -¡Muy bien! ¡En marcha!-
Y pisó el acelerador a fondo.
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Día: 12 de mayo del año 767.
Hora: 12:36 am.
"Ahí va un brazo maltrecho", pensó Vegeta para sí al ver cómo Piccolo le había arrancado de un golpe la extremidad a ese androide. "Parece que hoy regalan brazos de chatarra".
No creyó necesario malgastar energías después de acabar con tanta facilidad con el anterior cyborg por lo que dejó que el namekiano tuviera su momento de gloria. A fin de cuentas ya había conseguido lo que quería, es decir, dejar claro quién era el más fuerte y aunque Piccolo hubiera evolucionado bastante en su técnica todavía quedaba muy lejos de su inconmensurable y demostrado poder.
Porque estaba más que demostrado que él era más poderoso que todos esos memos, Kakarotto y los androides incluidos, el más listo, el más rápido, el más ágil y el único que merecía la pena como guerrero. Ahora se despejaban todas las dudas: ¿por qué tanto sufrimiento? ¿por qué tanto aguante? ¿por qué todos estos años? La respuesta era clara: cuanto más te cuesta llegar a la meta, más la valoras. Y él iba a disfrutar todo eso. Oh, sí, lo iba a disfrutar. Conquista. Sangre. Victoria. Solo quedaba la duda sobre cuándo el Príncipe de los Saiyajins quisiera cobrar cuentas a todos los miserables que le habían denostado a él y a su raza, en este mundo y en todos los demás mundos donde sorprendería a sus míseros reyes y soldados clamando por una justicia y un Orden supremo: la de los saiyajins.
-¿Vas a terminar con él o es que necesitas ayuda?- le interrogó a Piccolo con sorna, pues estaba visto que hasta el namekiano era más fuerte que ese enjambre de cables mal puestos.
Era curioso lo débiles que habían terminado mostrándose esas máquinas. Mientras que el ser verde le protestaba por su pregunta chulesca, no pudo evitar cuestionarse en qué diablos estuvo pensando en el pasado alterno que ese chico había predicho para no ser en tres años más fuertes que esos androides a los que debía de considerar temibles. Sí, era mucho más fuerte que antes pero no sabía qué nivel llegó a tener en la realidad de la que vino el chaval. ¿Se habría convertido en ese tiempo en superguerrero?
Fue pensar en ese chico misterioso y sintió un enorme ki aproximándose. Se giró y pudo corroborar de soslayo que todos lo habían sentido igual, incluso Gohan y Krilin más alejados, puesto que estaban expectantes mirando en la misma dirección en la que lo hacía él. Efectivamente, el único tipo que conocía además de él y Kakarotto que podía convertirse en supersaiyajin se aproximó a gran velocidad y paró su marcha en el aire, a no más de diez metros de donde él se encontraba y también próximo a Piccolo. Sin duda, era su día puesto que a falta del tercera clase, ése podía ser un buen rival para al menos mancharse el uniforme.
"Bien", se dijo divertido. "Por fin se pone esto interesante." Y no supo hasta un segundo después cuán acertado estaba con esa última frase que le vino a la mente.
-¡Es Trunks!-
Vegeta sabía por haberlo vivido en sus carnes que en una batalla puede pasar cualquier cosa. A él le habían ocurrido infinidad de imprevistos a lo largo de toda su vida bélica que le hacían mantenerse alerta constantemente. Como su contexto natural era la guerra no fue difícil extrapolar esa actitud a los aspectos ínfimos del resto de su existencia, es decir, que podía decir bien alto que ya apenas nada le sorprendía. El llegar a La Tierra fue un punto de inflexión en muchos ámbitos, de eso no le cabía la menor duda, y aunque hubiera luchado con todas sus fuerzas por amoldarse a los nuevos aires pues de ellos sacaría el mejor provecho posible, este minúsculo y detestable planeta siempre terminaba sorprendiéndole de algún modo, ya fuese porque Freezer encontró la muerte allí, ya fuese porque tenía fijada su residencia el hasta ahora su mayor rival, ya fuese por un leve movimiento de cabello turquesa, o ya fuesen dos simples palabras pronunciadas por un namekiano. Fue escuchar a Piccolo pronunciar solo esas dos palabras y esa afirmación sobre que por fin aquella pelea se volvía interesante nunca hubiera dicho que pudieran cobrar tanto sentido.
Dos palabras. Solo dos palabras fueron necesarias para que el mundo del Príncipe diera un vuelco repentino, o al menos eso sintió que le hicieron sus entrañas solo por un instante, el instante en el que su cerebro procesó una información que por alguna razón que ahora se le escapaba a él no le había llegado y sí al namekiano. "¿Trunks?", repitió. "¿Ha dicho Trunks? ¿Ha dicho el nombre de mi hijo?". Fijó los ojos en el chico y entonces todas las piezas encajaron: su pelo, sus ojos, el futuro, su vestimenta con el símbolo de la empresa de Bulma, su poder y, lo más importante, que se convirtiera en supersaiyajin. Vio formarse en su cabeza un puzzle en tonos lila. "Claro", se dijo, "¿cómo no me di cuenta antes?". Y claudicó aceptando la realidad: "Es mi hijo, él, el chico del futuro, aquel chaval incordiante es mi hijo, él es mi hijo.", iteraba sin cesar en su mente. ¿Qué significaba todo eso? ¿Que solo él sobrevivió en el pasado alternativo? Sin duda, ese planeta volvía a sorprenderle, ahora más que nunca.
El recién llegado parecía ajeno a la impresión causada en su padre por su identidad. -Pero...- comenzó a hablar Trunks abrumado por lo que veía. -¿Qué ocurre?- preguntó desconcertado. -¿Quién es ése?- cuestionó, mirando con cara de pavor al cyborg, a voz alzada ante los oídos confundidos de los demás presentes. -¿Estáis peleando contra ese hombre?-
"¿Hombre?", se preguntó con retórica Vegeta. Fue todo lo que necesitó para despertar de la impresión por saber quién era ese adolescente. A fin de cuentas, tenía que haberse acostumbrado hacía ya años a que ese maldito mundo desafiara constantemente a la lógica más cabal. En cuanto volvió a la realidad se sintió ridículo por estar estudiando al chico, incluso midiendo su poder de pelea aparente. Consideró que había perdido ya suficiente de su preciado tiempo en minucias y que había cosas más relevantes en ese momento que la identidad del chaval. La abrumación fue momentánea y se pudo rehacer al instante. El ver a ese crío desconcertado solo podía ser porque no lo reconocía y eso significaba que había estado perdiendo su preciada existencia en chatarra que no eran los temidos androides. No supo si le enfadó más eso que el hecho de que el muchacho se hubiera equivocado en suposiciones, algo que solo haría un mal guerrero.
-¿¡Hombre!- le gritó exaltado al chico. -¡Esos son los androides!-
-¿¡Qué estás diciendo!- exclamó Krilin exigiendo también atención y que al igual que Songohanda había estado más apartado del resto. -¿¡No es uno de los robots!-
La mente del príncipe, como la del resto de los presentes, fue centrifugando ideas de manera exagerada. La diferencia estribaba en que para él, el único de todos los miserables capaz de hacer frente a cualquier enemigo, esa batalla era el inicio de su redención como guerrero y como digno heredero, por lo que si no solía medir el tono de lo que salía por su boca ahora no iba a ser el momento:
-No puede ser.- afirmó aún compungido antes de estallar.
¿Es que no había servido de nada su gran y contundente llegada de antes? Cuanto más lo pensaba, más se enfadada y sabía a quién echarle las culpas por aquello y sobre todo por haberlo desconcertado. Miró a su hijo exigiendo una explicación de todo ese barullo:
-¡Si éste no es uno de ellos dime tú quién es entonces!- bramó deseando que el chico por fin reaccionara.
Pero Trunks no sabía qué decir. Para él, todo eso era culpa suya y de nadie más puesto que él era quien había cambiado el devenir de los acontecimientos. Algo ocurría cada vez que él viajaba en el tiempo, algo que se comportaba como un punto de inflexión por el que el acontecer normal se veía alterado. "¿Pero por qué?", se repetía en su cabeza. Y lo que es peor, "¿dónde están 17 y 18, los auténticos protagonistas de su pesadilla real?".
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Día: 12 de mayo del año 767.
Hora: 12:36 am.
No podía salir de su asombro. Si él había decidido irse con el Maestro Matou a la torre de Karin era precisamente por apartarse de la destrucción que siempre se podía palpar cuando los hombres se juntaban. Él era un tipo tranquilo y las circunstancias de su vida, bajo la irremediable intervención de aquel chaval llamado Goku, hicieron que terminara en la cima de ese esbelto palo estirado junto con un dios gato que le ofrecía todo lo que él siempre había querido: calma, comida y cama.
Él quiso una vida alejada de la asolación que perseguía siempre a los demás humanos como él, pero con esos raros compañeros de vida como Goku y los demás chavales, era una tarea harto improbable pues siempre le metían en líos. Y lo que es peor, los líos de estos locos eran bastante peligrosos. Como peligroso había sido sin duda la mano que había asolado con toda la tierra que tenían él, Bulma y el hijo de ésta a sus pies mientras se dirigían a la batalla contra los androides. Batalla que por otro lado quería evitar como fuera, y viendo lo de abajo, más asentado estaba en sus suposiciones:
-¡Qué barbaridad!- exclamó sin guardar el temor que sentía. -¿Quién habrá provocado tanta destrucción?-
Pero Bulma seguía empeñada en acercarse demasiado y poco le impresionaba a ésta la destrucción que protagonizaba el paisaje.
-¡Mira!- exigió a su compañero de viaje señalando con la cabeza hacia un grupo de hombres elevados en el aire aún demasiado alejados de ella. -¡Todos están allí! ¿Los ves?- le preguntó emocionada por dar por fin con ellos. -Ahí es donde pensaban luchar contra los robots Goku y los demás.
La cercanía era ya evidente para Yaji: -¡Estás loca si piensas que voy a ir allí contigo!- Era la trigésima vez que le repetía lo mismo pero lo que tenía abajo le hacía que sus cabellos se le pusieran más abombados de lo que ya eran de por sí.
"¿Es que se cree que vamos a estar solos él y yo?", se preguntó Bulma sobre Yajirobe. Quiso calmarlo, aunque parecía imposible puesto que era bastante quejicoso: -No te preocupes, todavía están vivos y eso significa que ya ha terminado la batalla.-
Él sabía, por las aventuras que había vivido con esos buscapeligros, que las peleas donde estén inmiscuidos no duraban tan poco así que viéndose tan próximo a lo que seguramente estaría siendo una carnicería, tuvo que amenazar a la peliazul con algo que hubiera estado dispuesto a hacer a no ser que la réplica de ella le hizo no solo estarse quieto si no mantenerse callado por el resto del trayecto:
-¡Si te acercas más tiraré a este mocoso por la ventana!-
Bulma no se movió ni un palmo, quizá un poco la barbilla al querer mirarlo de reojo. No sabría decir bien por qué, pero Yaji se asustó incluso antes de que le contestara.
-Hazlo.- le replicó tranquila. -¿No sabes quién es el padre de ese niño?- le preguntó guardando una sonrisa. -No, quizá se me había olvidado comentarte que el padre de ese mocoso es Vegeta.-
-¿Vegeta?- murmuró el antiguo monje haciendo hincapié en cada una de las sílabas del nombre de aquel arrogante al que tuvo que cortar la cola para que no destruyera el mundo.
Yajirobe, como siempre, tuvo que intervenir en aquella salvaje lucha en la que se enfrentaron Goku y ese saiyajin ansioso de sangre para salvar al planeta que tan poco le había dado. De hecho, si hubiera tenido que narrar cada una de las ocasiones en las que se vio en las mismas no hubiese habido papel en el mundo para escribirlas. Pero eso no venía al caso puesto que si solo con el recuerdo de un pelo enfogonado se vio afectado, sin duda la noticia le hizo sentirse profundamente impactado. Sus pequeños ojos se abrieron de manera exagerada intentando asimilarla. Si mal no recordaba, el saiyajin que presumía de ser príncipe de su raza tenía muy malos humos y estaba obviamente consumido por la rabia, que era una forma de definirlo bastante liviana sabiendo a lo que estuvo dispuesto por venganza. Y eso unido a que la que tenía al lado era obviamente una desquiciada le hacía preguntarse muchas cosas, sí, pero sobre todo si el hecho de que esos dos hubieran tenido un hijo juntos era una broma de alguno de los dioses. Ojiplático se quedó al escuchar el nombre del progenitor y trató de razonarlo a voz alzada a la vez que se centraba en observar al crío que dormía apaciblemente entre sus brazos:
-¿Este mocoso...- cambió de parecer al catalogarlo por si las moscas e inició de nuevo su pregunta. Hasta absorto tenía instinto de supervivencia. -¿Este niño precioso es hijo tuyo y de ese presumido?- le cuestionó con retórica, puesto que la cuestión había sido más que zanjada y es que incluso él hubiera querido saber un poco menos. -Está bien.- aceptó protestando. -Podemos ir.- bufó para volver a mirar al bebé dormilón aún sin creérselo.
Bulma le sonrió a la vez que se felicitaba por ser tan audaz. Para algo le había servido por fin que Vegeta fuese el padre de Trunks. -Así me gusta.- concluyó pisando a tope el acelerador. -No tardaremos ni un minuto en llegar, ¿los ves? Están entre esas rocas.-
Yaji gruñó antes de advertirle: -Pero prométeme que estaremos solo el tiempo justo para ver los rostros de esos robots y luego saldremos pitando.-
-¡Ay, Yaji!- le llamó la atención Bulma. -¿Por qué siempre te estás quejando de todo? ¿Es que no sabes relajarte?-
-¿Relajarme?- le interrogó él levantando la voz un tono. -¡Yo estaba muy relajado con Matou hasta que me ordenó acercarles las alubias a esos locos y mírame ahora!- exigió el guerrero quejicoso.
-¡No grites o despertarás a Trunks!- le mandó la peliazul a voz en grito.
-¡Pues no grites tú si estás tan interesada en que tu hijo siga dur...!- le recriminó el ex monje sin poder acabar.
-¡Mira! ¡Ya hemos llegado! ¡Ahí están los chicos! ¡Y hasta está Vegeta! ¡Vamos a descender!- le interrumpió Bulma cambiando el semblante, según pudo apreciar Yaji, de una manera asombrosa de enfadada a jovial.
El compañero de Matou se tensó al instante y apretó su pequeña boca por los nervios.
-¡Hola!- saludó Bulma con alegría.
Para Yaji, esa mujer no tenía remedio y lo peor de todo es que iba a ser la causante de que él muriera. -Los androides siguen ahí.- le indicó enojado. -Todavía no han podido acabar con ellos.-
Y efectivamente así era. Bulma y él pudieron distinguir de entre sus amigos a un tipo extraño vestido con un ropaje que nunca antes habían visto. "Pero si ése parece que es...", comenzó a decirse la científica a sí misma. Entrecerró los ojos, los cuales al instante se abrieron al caer enseguida en la identidad de ese sujeto: -¡Doctor Guero!- exclamó.
Y a partir de entonces solo pudo ver polvo.
o-o-o-o
Día: 12 de mayo del año 767.
Hora: 12:38 am.
-¡Es Bulma!- exclamó Krilin mirando hacia el cielo.
Vegeta se giró y así era, sintió el ki de la peliazul acercarse en ese trasto de nave. "Lo que me faltaba", se dijo para sí. Y es que si ya se sentía más que estúpido por haber estado abstraído estudiando al recién llegado ahora se le plantaba delante la curiosa de Bulma, reina absoluta de sus ligerezas en el pasado.
No. No iba a tener más distracciones. Le daba igual quién era ese chico, le daba igual si esos eran o no los auténticos androides y le daba igual si tenía más público. El príncipe ya se sentía superior, ya era él de nuevo, maldita sea, tenía que concentrarse y pensar en pelear, en luchar, en demostrarle a su condenado destino que por muchas trabas que le ponga, la mala suerte la había superado. Solo le quedó un último envite, una última provocación por parte de su denostada fortuna para asegurarse de que todo aquello podía ser aún más desquiciante:
-¡No tendréis ninguna oportunidad de salir con vida!- vociferó a viva voz el desconocido robot haciendo que todos los presentes dejasen de mirar a la nave y se centraran en él. -¡Pronto los androides C17 y C18 estarán aquí para destruiros!-
Y tal y como lo pronunció, levantó una polvareda de la tierra que había destrozado en el combate con Piccolo.
-¡Maldita sea!- gritó Vegeta. -¡No me distraerás!- y quiso afilar su vista saiyajin para poder vislumbrar algo entre tanta nube de tierra. Escuchó los gritos de la peliazul que descendía de mera abrupta junto con la máquina pero no quiso desconcentrarse así que focalizó sus sentidos en la vista. Un haz de luz violeta se abrió paso entre él y la nave que caía, seguramente su hijo para salvar a su madre y al bebé.
-¡Maldición!- exclamó el príncipe apretando los puños. -¿Dónde estás?- le preguntaba al cyborg. -¿¡Dónde te has metido!-
El aire se volvió menos frondoso, más respirable a la vez que el silencio se hacía dueño del lugar y la tierra se asentaba Se podían oír las toses y las blasfemias de los otros guerreros igual de confundidos que él, aunque por no haber sido saiyajins, para Vegeta esa confusión estaría multiplicada por mil.
-¡Rayos!- exclamó maldiciendo su suerte. -¡Ha desaparecido! ¡Lo he perdido!- dijo para sí indagando alrededor.
Vio que todos habían alzado el vuelo para evitar que la nube de polvo les consumiera. Todos menos el chico del futuro, su hijo, que permanecía en el suelo cubriendo a su madre y al bebé. "No podré contar con ellos", razonó para sí al verlos intimidados por una maldita nimiedad como una polvareda y sumamente asustados. Tras la barrida terrenal visual donde no pudo ver al androide quiso focalizar su visión en el cielo por si hubiera escapado volando. Al instante se percató de una idea que lo tranquilizó, bastante obvia a su parecer, e iba a apresurarse en su búsqueda cuando fue interceptado:
-¡Estaban en peligro! ¡Podrían haber muerto! ¿¡Por qué no has ido a salvarlos!- comenzó a vociferar Trunks interrumpiéndole el paso.
-¿Qué?- preguntó el príncipe tratando de saber a qué venían esos gritos y sobre todo, a qué diablos se refería con eso. Hasta le costó hacerse a la idea de ver a ese chico apocado y tímido bastante enfadado por algo, aunque ese algo él aún no tuviera ni idea de qué era.
-¡Son tu mujer y tu hijo!- le aclaró indignado el pelilila.
"Así que es por eso...", pensó para sí el saiya. Soltó una corta exhalación al ver su duda aclarada. "Bien, entonces yo también tendré que aclararle algo", sugirió para sus adentros antes de replicar:
-No me importa.- y como siempre hacía cuando querían intimidarle, provocó aún más a su oponente. -No me interesa nada ninguno de ellos.- sentenció con contundencia.
Notó cómo el ki del chaval se exaltaba del mismo modo que levantaba levemente el vértice del labio. Supo identificar al instante ese gesto porque lo había visto en él mismo miles de veces antes reflejado. Se quedó estudiándolo un segundo y sí, ese chico era sin duda su hijo. Para Vegeta, lo que tendría que haber hecho su primogénito era atacarle puesto que la ira que desprendía era justa la previa antes de un gran golpe. Pero no. El chico solo se quedó quieto mirándolo con iguales dosis de desprecio y turbación. "Demasiado humano", razonó justo antes de pegarse a él y mirarlo directamente a los ojos, unos ojos azules igual que la madre pero agudos y afilados como los suyos. "Veremos de qué eres capaz", le retó internamente pensando que le sería muy útil saber ahora si su hijo merecía la pena como guerrero.
-Quítate de mi camino.- le exigió con actitud amenazante para perderse de nuevo entre las rocas.
o-o-o-o
Día: 12 de mayo del año 767.
Hora: 12:39 am.
-Uf.- resopló la peliazul. -Menos mal, ¡qué susto me he llevado!-
-Bulma, ¿estás bien?- le preguntó Krilin preocupado.
-Sí, sí, ya te he dicho que sí y que ese chico me ha salvado.- contestó señalando al cielo donde Vegeta y el chaval parecían discutir. Al instante, su pequeño requirió su atención con llantos. -Oh, mi bebé, no te preocupes, ya no estamos en peligro.- le decía entre carantoñas para calmarlo.
"No se ha inmutado", se repetía para sí Trunks con la mirada perdida. "Mi padre los ha visto caer y ni se ha inmutado". ¿Sería otro juego del destino ahora que lo había cambiado con su actual viaje en el tiempo? Estaba paralizado, estupefacto por todo lo acontecido. No solo había podido ser testigo de la atroz pasividad por parte de su progenitor si no que para más inri nada parecía encajar, como si ése no fuera el pasado que tanto temió si no que las expectativas eran peores. La identidad de dos hombres que ahora no estaban le iban a trastornar: ¿quién era ese hombre al que habían confundido con uno de los temibles androides?, y sobre todo, ¿quién era su padre? ¿Era ese sujeto que había dejado morir ante sus ojos a la madre de su hijo y a éste? ¿Qué clase de hombre hace eso?
Lejos de las inquietudes del joven, Bulma comenzó a hablar: -Quería preguntaros una cosa, ¿aquel viejo extraño que vi entre las rocas era un robot?- les cuestionó a los únicos dos guerreros que permanecían en tierra. De nuevo, el pequeño Trunks volvió a requerir sus mimos y ésta retornó a confortarlo: -Oh, no llores, mi amor.-
-¿Ese viejo?- quiso saber Krilin. Bien sabía él que de poco servía echarle un sermón a su amiga la peliazul por ser insensata e ir al campo de batalla, así que decidió no meterse donde no le llamaban. -Sí, sí que lo es.- terminó contestando.
Y siguiendo con la labor de cubrir de cariños a su hijo salió de sus cavilaciones: -Vaya, me equivoqué, creí que era el Doctor Guero.- comentó antes de sentenciar para más abrumación de los presentes: -Vi su fotografía en una revista científica y hay en él algo extraño, no sé qué es, pero parece que hubiera cambiado en algo.-sentenció tranquila para volver a centrarse en su hijo siendo ajena a que esa información era en ese momento de una relevancia extrema. Al fin y al cabo los mismos que habían visto de cerca a ese tipo extraño parecían no haber estado muy de acuerdo con sus reflexiones. Es por eso que se sorprendió cuando Krilin gritó a los demás:
-¡Eh!- bramó exaltado al resto de guerreros y asustando del mismo modo a Songohanda, el cual había permanecido a su lado durante todo ese embrollo. -¡C20 es en realidad el Doctor Guero!-
-¿Pero qué estás diciendo, Krilin?- preguntó Ten Shin Han, el primero en llegar pues era el que más cerca estaba.
-Solo digo lo que me acaba de comentar Bulma, que ella había visto antes a ese viejo y que es el Doctor Guero, ¿verdad, Bulma?- le cuestionó con ansiedad su diminuto amigo.
-Sí, así es, lo vi en una revis...-
Pero no pudo continuar, fue interrumpida por Vegeta que había aparecido con ansias de respuestas: -¿Qué has dicho, Bulma? ¿Estás diciendo que ese robot era el Doctor Guero?- le inquirió a la peliazul. -¿Y tú cómo lo sabes?-
Que él dudara de su palabra con esa altanería tan suya siempre fue algo que la sacaba de quicio. Como se esperaba, como siempre se esperó pues él mismo se lo había explicado, en una batalla era más que nunca el Príncipe de los Saiyajins. "¡A saber qué le habrá dicho a ese chico para que esté ahí en el aire tan consternado!", pensó para sus adentros. Como era normal entre ellos, hubieran pasado cinco meses o más, volvían a discutir nada más verse.
Antes de contestar le clavó la mirada irritada. -He visto una fotografía del Doctor y me di cuenta de que el robot se parecía a él.- rodó la vista hacia su hijo, ya por fin más calmado y se destensó un poco después de la provocación del príncipe. -Estoy segura de que lo es.- dictaminó sonriéndole a su pequeño que por fin parecía alterarse del mismo modo que la vez que su padre se transformó ante ellos en superguerrero.
-¿Cuánto estás de segura?- le interrogó Vegeta dando un paso al frente y demostrando una vez más que ansiaba respuestas breves y concisas, como supersaiyajin que era, en esas circunstancias.
Bulma puso su mano en la cadera, le sonrió con burla y le devolvió la altanería, convencida de que él captaría al instante el nivel de certeza de su afirmación. -Tan segura como que de algo sirvieron mis investigaciones antes de que destrozaras el laboratorio.- Y volvió a centrarse en los llantos de su crío.
Vegeta entrecerró los ojos analizándola. Si no recordaba mal, él asoló el laboratorio porque ella estaba indagando sobre el paradero del Doctor Guero. Para su desgracia, de algo había servido que la peliazul fuera tan curiosa porque ahora les estaba dando la identidad del condenado Doctor y encima gracias a la investigación que ella llevó a cabo y que él le recriminó por creer que lo hacía para destruirlo antes de tiempo. Gruñó por lo bajo. Lo sabía. Sabía que por todo lo que pasó aquella noche Bulma no perdería la oportunidad de devolvérselo con creces y así había sido puesto que al igual que ella, odiaba que pusieran en duda su palabra. Y ahora le reprochaba aquel incidente con una facilidad pasmosa, dándoselas de lista como siempre hacía y encima delante de esos idiotas. Solo la peliazul era tan retorcida como él, y lo peor de todo es que seguía ahí, jugueteando con su cachorro como si no hubiera pasado nada, como si no le hubiera costado esfuerzo esa réplica.
-Tenías que soltármelo, ¿verdad?- le increpó el saiya a la científica.
-Has sido tú quién me ha preguntado.- fue la contestación sonriente de Bulma, que lo miró por un momento antes de retornar en mimos a su pequeño hijo.
Los demás eran meros espectadores de lo que se había convertido al parecer en toda una pelea doméstica. Krilin miró de reojo a Piccolo, el cual estaba con las pupilas fijas en el príncipe, como si estuviera estudiándolo con interés. Songohanda admiraba lo que estaba ocurriendo con los ojos bien abiertos aunque sin entender ni un ápice de qué estaban hablando esos dos. Ten Shin Han arrugaba la cara tratando de dilucidar algún sentido en lo que el saiya y la científica se decían y el chico venido del futuro simplemente se preguntaba cómo es que su madre fingía molestia por ser increpada por su padre y en cambio no le gritaba por haberla dejado morir.
-¡Deja de intrigar y dinos lo que sabes!- le exigió Vegeta harto de ser el centro de toda la atención.
-Tranquilo, vamos, no llores.- le decía Bulma a su retoño en sus brazos que había vuelto a sollozar. Retomó la mirada sobre él, aún perdido en la idea de cómo ella le había sacado jugo a todo ese embrollo para echarle en cara algo que había ocurrido hacía ya mucho tiempo, y continuó con el tema principal:
-Os habéis equivocado.- profirió a todos los presentes sin cesar de mirar al saiya, que por un momento se tensó y apartó la mirada pues ahí tenía que darle la razón.
El príncipe era consciente de que habían metido la pata. Hubiera sido de mucha ayuda haber indagado igualmente en al menos la apariencia del Doctor Guero puesto que ahora no hubieran perdido un tiempo precioso entre tanta confusión. "Maldita sea", se dijo para sí Vegeta, "¿es que siempre va a llevar la razón esta mujer?", se preguntó guardando el enojo consigo mismo.
Ante el silencio creado, solo roto por el constante chorro de lágrimas del bebé, la científica prosiguió con sus lucubraciones: -Nunca podré olvidar a un hombre con una mirada tan fría.- soltó con la misma despreocupación con la que había aparecido en escena y que mantenía pese a haber estado apunto de perder la vida.
Pocos, por no decir ninguno, sabían que, de nuevo, esa afirmación tenía un doble sentido espantoso para el príncipe, al que la científica no paraba de mirar. Otra vez volvía a ser sinuosa en sus comentarios y Vegeta sentía que la furia, contenida por estar en espera de información necesaria, quería salir a borbotones.
Bulma prosiguió como si nada, aún cuando se había dado cuenta de que solo el saiya había captado la sutil indirecta por ser innecesaria: -El Doctor Guero era uno de los más reputados científicos y también uno de los más inhumanos.-
"Bien", se dijo el príncipe casi fuera de sí, "ya estoy más que saciado de tanta tontería". Y se dirigió al causante de estar ahí perdiendo el tiempo: -¡Tú!- le gritó a Trunks. -¡No nos enredes más! ¡Entonces el Doctor Guero no fue asesinado por los robots que creó en su laboratorio y ésos no son los que teníamos que vencer!-
Por una cuestión de inercia el joven del futuro miró a su madre para que ella explicara lo que estaba ocurriendo. En su tiempo, siempre era su progenitora la que daba una teoría inteligente sobre cualquier extrañeza que ocurriera y lo que le estaba preguntando su padre simplemente no sabía cómo explicarlo. Bulma le devolvió la mirada sin entender por qué estaba siendo ahora el centro del interés de ese chico y cómo era que no contestaba a Vegeta. Trunks cayó al instante en la realidad sofocante: él estaba solo allí y solo él tenía que contestar a preguntas sin respuestas como ésa.
-Debo de haber cambiado el curso de la historia por haber venido hasta aquí.- masculló intentando dar luz pese a que no era la información requerida por su padre. Quiso disculparse pero no encontraba las palabras justas. -Yo...- comenzó a balbucear sintiéndose profundamente insignificante. -Yo solo quería ayudar, quería salvar La Tierra.-
-Ese tipo dijo que vendrían otros androides.- interrumpió Piccolo. -Puede que ésos sean los que tú conoces.- profirió concentrado, como siempre.
Todos, sobre todo Krilin y Songohanda, estaban esperando que el namekiano por fin se pronunciara respecto a lo que había pasado ante sus ojos. Era propio de él estar circunspecto, analizarlo todo con sigilo y coincidieron en que ya había soportado bastante, lo mismo en que su tono inicialmente había sido bastante bajo para como se las gasta Piccolo. Al instante, supieron que lo único que había hecho era pensar en alto pues la réplica de él se alteró lo mismo que su voz:
-Dinos como son exactamente.- le exigió con rotundidad el namekiano. -No queremos equivocarnos otra vez.-
Y así Trunks les explicó quienes eran C17 y C18, dos chicos en apariencia normales pero vestidos de igual modo que él, uno moreno y otro, la chica, rubia, y que entre muchos detalles llevan pendientes y que además el chico tiene una marca en el cuello. A Krilin le llamó la atención que describiera a C18 como una chica preciosa puesto que él nunca se había enfrentado a ninguna mujer, y menos siendo ésta bonita. Solo él sabía que esas cosas eran las que le desconcentraban puesto que si una fémina ya le impresionaba per se, que encima fuera guapa le sacaba de sus esquemas. "Maldita sea", se regañó internamente, "no te achiques más aún, Krilin".
-¿Pueden absorber la energía por la palma de sus manos?-
La pregunta de Piccolo se la había quitado de la boca a Vegeta, que había permanecido almacenando la información acerca de sus futuros enemigos.
-No.- contestó el chico. -No lo hacen, no lo necesitan, su energía no tiene límite, es inagotable.-
-¿Una energía sin fin?- Aquello no tenía sentido para el príncipe. -¿Quieres decir que no pueden morir nunca?-
"Ojalá pudiera contestarte que sí", le dijo para sus adentros Trunks, "pero no lo sé porque por desgracia nunca los he visto morir". Sin embargo, se vio paralizado ante su padre y solo pudo apretar la mandíbula y quitar la vista de él. Eran demasiadas emociones encontradas de golpe, demasiada frustración por lo que había pasado en menos de cinco minutos. "No debería haber venido", se decía una y otra vez. "No debería haberle insistido a mi madre, maldición". Quería huir, salir de allí, recargar su máquina del tiempo y volver a su mal lograda vida. Al menos en su realidad sabía a qué atenerse.
Pero no podía hacerlo. Tenía que ser consecuente, aceptar que de nuevo todo volvía a torcerse. Se acordó de la frase que su madre repetía insistentemente, ésa de que si Goku estuviera con ellos en el futuro, nada hubiera transcurrido como lo había hecho. Necesitaban a ese amigo de su progenitora y lo necesitaban ya. -A propósito, no veo a Goku, ¿dónde está?- le preguntó a Krilin con la misma delicadeza que estaba sacando de quicio a Vegeta.
-Ha sufrido el ataque cardíaco que tú le pronosticaste pero cambiaste el momento de la enfermedad.-
"Otra alteración en el tiempo", reflexionó para sí el chico del futuro, "¡qué desastre!". -Nunca pensé que mi viaje pudiera cambiar tanto la historia.- profirió creyendo que solo lo había pensado.
-Eso no nos interesa.- escuchó desde atrás. Fue su padre que lo miraba inexpresivo. -Ahora lo que queremos saber es dónde está ese maldito Doctor Guero.- y en cuanto lo dijo se dirigió a Bulma, que seguía haciéndole carantoñas a su cachorro para tranquilizarlo.
-Bulma.- la llamó.
Pero la peliazul estaba en otros menesteres.
-¡Bulma!- volvió a insistir dando un paso hacia delante, aunque su llamada de atención seguía cayendo en saco roto. Bufó y se adelantó hacia ella y el bebé: -¿¡Quieres soltar al niño y hacerme caso?-
No lo había oído. Si lo hubiese hecho, le habría respondido pero no lo había escuchado por los llantos de su retoño en brazos. Cuando quiso darse cuenta ya tenía a Vegeta encima.
-¡Aaaaaahhhh!- exclamó echándose para atrás. -¿¡Se puede saber qué intentas hacer, Vegeta?- le inquirió con la mirada agudizada. -¡No asustes al niño poniéndole esa cara de hombre malo o empezará a llorar otra vez!-
"¿Hombre malo?", se dijo a sí mismo el príncipe. "¿Que no asuste al niño?", reiteraba en su mente. Tan impactado se quedó por la orden que no supo cómo reaccionar delante de todos. ¿Es que lo había vuelto a ridiculizar? Entrecerró los ojos tratando, como siempre había hecho mil veces antes, de descifrarla. "¿Por qué diablos tiene que ser tan natural?", se preguntó para sus adentros.
-No te preocupes, pequeñín.- le decía a su hijo mientras lo mecía. -Mamá está contigo, esa cara asusta a cualquiera, ¿verdad, ricura?.-
-Bulma.- iteró con el tono de voz bajado queriendo responderle y aún sin saber cómo tomarse aquello aunque, eso sí, se lo tendría que tomar muy mal puesto que se sentía terriblemente observado, como si eso les acercara más a los indeseables que lo rodeaban. -Necesito saber dónde está el laboratorio del Doctor Guero, seguro que quiere volver allí.-
-¿El laboratorio dices?- le cuestionó la peliazul con retórica clavándole su mirada limpia y ya lejos de su estado inicial de indignación por los gritos del príncipe.
Vegeta no sabía ni cómo ella tenía esos cambios tan bruscos de humor que protagonizaron su tiempo juntos en el pasado, ni cómo esos malditos ojos azules aún le sorprendían. Porque así hacían siempre que bajaba la guardia. Y con esa mujer estaba visto que no podría bajarla en ningún instante porque hasta en un momento así, lo desconcertaba. Esta vez procuró no apartar la vista para no sentirse tan estúpido como antes.
En actitud pensativa, la científica contestó: -Déjame pensar, creo que está en una montaña al lado de Ciudad del Norte e incluso hay un rumor de que en una de sus cuevas está su laboratorio de reconstrucción.-
"Perfecto", pensó para sí el príncipe. "Aún tenemos tiempo."
-Es demasiado tarde para perseguirlo porque estará ya muy lejos de aquí.- indicó Krilin metiéndose en la conversación marital sin pensarlo mucho.
Y menos mal que el saiya no se lo tomó a mal, es más, hasta pareció que le hizo gracia su comentario: -Eso no me preocupa, ¿o es que alguien lo ha visto volar en alguna dirección?- les preguntó con altanería sabiendo ya la respuesta.
El pequeño guerrero calvo no sabía a dónde quería llegar pero conociendo al príncipe de los saiyajins sabía que de algo se había percatado, algo que él no había tenido en cuenta. Fue Songohanda el que intentó razonar: -Pues ahora que lo dices...-
-Intenta escapar por tierra aprovechando su conocimiento del terreno.- y ajeno a que los demás lo miraran como si fuera un auténtico genio de la estrategia, explicó por si aún quedaba alguna duda: -No ha tenido tiempo de alejarse mucho de aquí.-
Bulma, sobre la cual tenía clavada las pupilas Vegeta, lo miró igualmente y lo vio como antes no lo había visto, como un guerrero que razonaba a pasos rápidos y agigantados, buscando contundencia y eficacia. La miraba a ella, sí, pero el fuego en su interior le hacía no verla puesto que todo su raciocinio estaba nublado por una batalla cercana. A la científica le maravilló ser testigo de algo así y hasta le sonrió de medio lado orgullosa. Poco podía imaginarse ella que su hijo venido del futuro, del que aún no conocía su identidad, aún se preguntaba cómo es que no le echaba en cara que no hubiera ido raudo a salvarla.
Y es que la científica conocía al príncipe, lo conocía mejor que cualquiera de los que estuvieran allí y hasta podía afirmar que mejor que la gran mayoría de los que se habían cruzado con él alguna vez. De eso estaba convencida ya que muchas veces había llegado a la conclusión de que si por algo era así con ella, la razón se encontraba en que nunca tuvo a nadie tan cerca. Ese desconocimiento y esa torpeza en los gestos más mínimos, tapados todos bajo el frío manto de la indiferencia y el desinterés, nunca llegaron a engañarle a ella y podía decir bien alto que por mucho que él luchara contra eso, ella era la mujer que más cerca estuvo de conocerlo bien seguramente porque lo trató de igual a igual y por juegos casuales él se vio obligado a permitírselo.
Podía desconocer aspectos de él, como su fulgor y su furor en la batalla pues de Namek apenas se acordaba y ahora la sorprendía pese a que las mismas trepas e igual modo de pensar tenía constantemente con ella y contra ella pero en otro contexto: ellos dos y en su casa. Era curioso darse cuenta, con esa breve conversación con Krilin, de que la misma forma de actuar que tenía con ella la tenía igualmente con el resto, eso sí, transportado a otra realidad muy distinta para todos menos para él puesto que era su ambiente natural: la guerra. Te hacía ver que te equivocabas con su socarrona sonrisa de lado para dejarte claro que quien tenía la razón ahí era él y no solo eso si no que además se había adelantado a tus pasos, de hecho, en ese momento de lo que Bulma se acordó fue de la ocasión en la que quiso engañarle con la comida y él se burló preguntándole si quería que fueran a preguntarle al ordenador central de la casa para saber si ella había o no cocinado. Un halo de melancolía se le cruzó por la mente y solo pudo decirse a sí misma "nunca cambiará".
Y no lo haría. Si alguien le hubiera dicho que Vegeta iría a por ella a salvarla del ataque de un asesino la científica seguramente se habría reído bastante. No era fácil explicar ese punto pero los hechos no se pueden cambiar por lo que nunca le reprocharía haberse mantenido pasivo por el incidente del Doctor Guero. Y lo peor de todo es que si en el caso de que quisiera explicaciones de lo ocurrido y él, cosa imposible por otro lado, accediera a dárselos, le hubiera argumentado que ya se lo indicó en anteriores ocasiones hasta la saciedad: el príncipe de los saiyajins, en una batalla, solo mira por él y no tiene aliados. Y le hubiera tenido que dar la razón puesto que hasta llegó a escuchar de él que existía la certeza saiyajin de que el niño tenía que superar por sí mismo cualquier revés que el destino hubiera decidido plantarle y tenía por seguro la peliazul que, aunque no podía afirmar que se le pudo pasar por la mente el ayudarla, en el caso de que hubiera sido así se habría echado para atrás puesto que para él siempre existían normas que cumplir. Haciendo conexiones en su mente y mientras seguía admirando sus ojos negros más vivos que nunca, cuando se fue al espacio tampoco pudo reprocharle nada puesto que él nunca se pronunció al respecto. "Se guarda las espaldas constantemente", razonó para sí la peliazul, "sin duda es el hombre más listo que he conocido jamás".
Fue Piccolo el que tras esas largas y a la vez rápidas conexiones que hizo su mente, la despertó de sus teorías: -Entiendo lo que quieres decir, Vegeta.- comenzó a decir el namekiano. -Entonces lo mejor sería ir al laboratorio del Doctor Guero y destruirlo antes de que llegue a activar a esos C17 y C18, ¿no?- reflexionó para el príncipe.
-Yo nunca haría algo tan cobarde.- fue la tajante respuesta del saiya, que se giró para encararlo, asustando a un Krilin demasiado cerca de él. -Quiero destrozar a los dos con mis propias manos, ¡es lo único que deseo!.- y se preparó para salir volando después de concluir altivo: -La pelea anterior fue demasiado aburrida.-
A Piccolo no se le escapó que a medida que el príncipe hablaba, esos ojos turquesas brillaban de ambición. Poco podía hacer para detenerlo. En todo este tiempo que se había mantenido casi al margen de lo que pasaba ante sus ojos lo que realmente había estado haciendo era estudiar el contexto, y sin duda para él Vegeta se había vuelto extremadamente peligroso pues nunca antes lo había visto con tanta determinación.
Fue Trunks quien lo intentó: -¡No! ¡No hagas eso!- le gritó poniéndose frente a él y haciendo parar al saiya en su puesta en marcha. -Esos androides son muy peligrosos, ¡hay que destruir el lugar tal y como lo ha dicho Piccolo!-
"¿Destruir el lugar?", se preguntó el príncipe para sí mientras observaba impertérrito a su hijo. Quiso gritarle que a quién se creía él que le estaba mandando, quiso gritarle que de quién era hijo si no tenía el impulso saiyajin de pelea, y hasta quiso gritarle que lo mataría en el caso de que siguiera manifestándose ante sus ojos como un débil. Sin embargo, no lo hizo. "Igual necesitas un poco más de ayuda para hacer salir esa rabia que te quema por dentro, chaval", le dijo internamente. Prefirió reírse y seguir su camino. A lo mejor tenía suerte y ese chico le perseguía puesto que no había pasado por alto que el ki del joven se alteraba con facilidad, sobre todo si él era el que le hablaba o lo contradecía.
Se puso por fin en marcha pero no voló ni cinco metros cuando su cachorro del futuro le interceptó el paso. -¡No!- le volvió a vociferar Trunks. -Si no llegamos a tiempo tendremos que esperar a que Goku se reponga de su enfermedad y luego lucharemos.-
Eso sí que no se lo esperaba el príncipe. ¿Kakarotto? ¿Es que su hijo era tan tonto que no se había dado cuenta de que él era muy superior a cualquier que habitara esa tierra?
-¡No tenemos que esperar al inútil de Kakarotto!- le reprochó Vegeta molesto en demasía porque el chico hubiera nombrado la necesidad de esperar al tercera clase. -¡Puedo convertirme en supersaiyajin!- y entonces resaltó algo que parecía que el chaval había pasado por alto, algo que a él le incumbía y que jamás se le debería olvidar: -Además, pertenezco a la élite de los guerreros del espacio por lo que mi fuerza no es comparable a la de esa basura.- Ni por ésas Trunks le respondió. "Maldito niño mimado", se dijo antes de apartarlo con su brazo: -¡Me estorbas! ¡Quítate!- Y por fin levantó el vuelo.
"Definitivamente, nunca cambiará", pensó Bulma para sí tras haber escuchado los gritos. Si no hubiese sido un intercambio tan brusco y veloz de pareceres, ella misma hubiera intervenido para poner en su sitio al engreído del príncipe. Centró los ojos en el joven del futuro, apocado y meditabundo después de haber intentado parar al cabezota de Vegeta. "Pobre chico", comenzó a razonar viéndolo cabizbajo. "El ser de su raza hace que le imponga Vegeta, no sabe que lo peor que puede hacer frente a él es dejar que le intimide". Sus pensamientos fueron interrumpidos por Ten Shin Han:
-Vegeta se va.- comentó esperando que alguien dijera algo al respecto. Que se fuera el arrogante príncipe de los saiyajins era algo que todos deberían de impedir puesto que nadie sabía de lo que era capaz ese saiya endemoniado.
Fue Piccolo, de nuevo, el que dio con la respuesta a lo que todos se preguntaban interiormente: -Ahora que Vegeta se ha convertido en supersaiyajin tal vez ha sobrepasado los poderes de Goku, quizá sus palabras son ciertas y puede que derrote a los androides fácilmente.-
El resto se mantuvieron gravemente prudentes puesto que eso solo significaba una cosa a sus ojos: más problemas. En este punto, Trunks, aún circunspecto por todo lo acontecido casi se le dibuja una apesadumbrada sonrisa. Para él, aquello no era tan fácil: -Yo también puedo convertirme en supersaiyajin y mis poderes jamás se pudieron comparar con los de ellos,- les aclaró aún pensativo. A medida que lo iba diciendo, más se convencía de que su padre podía poder la vida antes de lo temido, y más si se dirigía hacia ellos con esa confianza desproporcionada. -La fuerza que poseen es terriblemente impresionante.- afirmó más para sí que para ellos. Fue cuando decidió ir en su busca: -¡Yo también iré!- exclamó emocionado. -¡No debería pero no permitiré que mi padre muera otra vez!-
Y se fue en búsqueda de su progenitor con la imagen de su madre en la mente.
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Día: 12 de mayo del año 767.
Hora: 13:03 pm.
"No permitiré que mi padre muera otra vez".
Bulma observó el rastro de polvo levantado por el joven guerrero que se perdió en la infinidad del firmamento. Estuvo reflexiva y apartada mientras el chico hablaba puesto que para la peliazul, lo que él había dicho, tenía todo el sentido del mundo ya que ella también lo había pensado. Sí, todo tenía sentido menos la última frase:
"No permitiré que mi padre muera otra vez".
-¿Su padre?- cuestionó en alto sin darse cuenta. ¿Es que acaso Vegeta tenía familia y el muy idiota no se lo había dicho? "No", se llevó la contraria a sí misma con una velocidad pasmosa, "ese chico viene del futuro". -¿Le ha llamado padre a Vegeta?-
Futuro, Vegeta, hijo...Antes que la luz iluminase la mente de la Gran Bulma Brief fue Piccolo el que volvió a sacar de dudas a los que le rodeaban que se hacían la misma pregunta que la científica:
-Ya no viene al caso que se siga manteniendo el secreto.- inició su explicación. -El nombre de ese joven es Trunks, su padre es Vegeta y tú eres su madre.- viendo la cara de confusión de los presentes fue directo al grano: -A lo que me refiero es que ése es el bebé pero ya crecido.- concluyó señalando a su retoño.
Ante eso solo existe una reacción normal, y aunque la Gran Bulma Brief era de todo menos normal, ella tampoco pudo escapar a reaccionar de este modo: -¿Quéééééé?-
"¿Quién me iba a decir a mí que el día se iba a presentar más raro de lo que prometía?", se interrogó Ten Shin Han boquiabierto.
-No puede ser.- soltó Songohanda haciendo cábalas en su cabeza.
-¿Acaso puede ser verdad?- preguntó Bulma sujetando a su hijo con los brazos estirados.
-Ahora que lo dices, los dos son idénticos.- comentó Krilin aún consternado por la noticia. -Ya entiendo por qué ese joven puede convertirse en supersaiyajin, su padre es el príncipe de esa raza.-
"Increíble", se decía la peliazul devolviéndole la mirada dubitativa a su hijo que no entendía a qué venía tanto estudio de su pequeño cuerpo. Comenzó a subirlo, a bajarlo, a mirarlo por arriba y por abajo y solo una palabra martilleaba su cerebro: "increíble". Eso era mucho más importante que cualquier cosa que dijera Piccolo en ese momento:
-Poned atención.- comenzó a decir el namekiano creyendo que ya les había dado el tiempo suficiente para aceptar la noticia de la identidad del joven. -Vamos a buscar el misterioso laboratorio del Doctor Guero antes de que dé con él nadie, es mejor destruir ese lugar para no tener problemas en el futuro.-
Krilin, Then Shin Han y Songohanda asintieron olvidando sorpresas recientes. A fin de cuentas, ese día seguía siendo el maldito doce de mayo y la realidad de los androides era muy tangible, tanto que ya había pasado medio día y aún no habían dado con los auténticos.
Ajena a cualquier plan, la científica no dejaba de examinar a su crío. Concluyó que si se podía sacar alguna consecuencia de eso era que ese chico venido del futuro era sin lugar a dudas muy valiente, bueno y comprometido. Y lo más importante para ella en ese momento: guapísimo. Suspiró sonriente: -¿Sabes qué, Trunks?- le preguntó a su hijo que aún seguía sin entender nada. -Me tenías preocupada por esa mirada tan fea que has heredado de tu padre pero ahora sé que llegarás a ser un chico muy guapo.- argumentó extremadamente feliz por la noticia.
Los demás, aunque momentáneamente impresionados por la conclusión a la que había llegado Bulma, resolvieron que ya suficientes impactos habían recibido por hoy, y al día le quedaba la mitad aún así que fue Songohanda el que, aún preocupado por la salud de su padre, le pidió a la científica que le dijera de su parte que le cuidara mucho. Tras decidir Piccolo que el pequeño Gohan sería quien llevaría a Bulma con Goku puesto que su nave había sido derrumbada, sentenció antes de levantar el vuelo con el resto de guerreros:
-¡Vámonos! ¡Tenemos que dar con ese laboratorio antes de que llegue Vegeta y derrotar a esos C17 y C18!-
Pero el Príncipe de los Saiyajins dio con el laboratorio, sí, y también con C18.
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Día: 13 de mayo del año 767.
Hora: 1:25 am.
No había ninguna salida ni ninguna respuesta. Su vida se había transformado en un agujero negro donde todo lo que le ocurría él lo engullía para destrozarlo destrozándose a sí mismo en ese lucha absurda y espiral. Era su propia naturaleza la que bramaba por dentro y contra eso él ni podía ni quería luchar. La única manera de sentirse vivo era peleando y si a eso le sumaba el destino que estaba para él marcado entonces, supuestamente, le esperaba una vida más que perfecta.
Los saiyajins son una raza perfeccionada genéticamente porque eso es lo que se ha ido buscando con el paso de los siglos. No había podido con ella ninguno de los Tres Grandes Exterminios que había sufrido a lo largo de su historia como especie. Siempre ocurrió igual: caían hasta lo más hondo para luego despertar y volver a imponer su Orden con más poderío si cabe. Constantemente ocurría porque constantemente a él le pasaba lo mismo. Si caía, se volvía a levantar con las fuerzas incrementadas.
Pero ahora le estaba costando en demasía. No encontraba la salida.
Conquista. Sangre. Victoria.
No sabía bien si ése era el orden pero sin duda esas eran las tres palabras que le repetía su padre sin cesar cuando aún vivía. Conquistar a los débiles, oler su sangre desperdiciada y clamar victoria con los tuyos.
-Sangre.- murmuró mirando al oscuro horizonte.
Si volvía a querer razonar cómo esos androides eran tan poderosos terminaría volviéndose loco.
-Una mujer.- susurró a las estrellas. No tenía fuerzas ni para gritar de vergüenza.
Apretó los puños y enseguida volvió a mirar su brazo izquierdo. ¿Cómo había podido esa maldita debilucha hacer eso con su brazo, el brazo de un saiya? Él era supersaiyajin y no solo eso si no que pertenecía a la cima de esa raza, a su estirpe más pura. Volvió a cerrar los ojos y negó con un movimiento prácticamente imperceptible. No tenía sentido.
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Día: 14 de mayo del año 767.
Hora: 21:13 pm.
Oteó su casa desde el cielo. Se aproximó aún más y la impresión creada solo con ver la ciudad sin ningún destrozo aumentó al ver su residencia absolutamente entera. Él no llegaba a recordar esa cúpula abismal sin ningún desperfecto y ahora que la tenía enfrente podía decir que era incluso más bella a como se la había imaginado.
Paró justo en la puerta y le volvieron las dudas. Sí, su madre de esa época le había dicho que tenía que ir a la casa a visitarlos en cuanto tuviera tiempo y ahora que las cosas habían vuelto a una más que rara tensa calma después de haber trasladado a Goku a un lugar seguro creyó conveniente que era el momento de ir a saber cómo andaban las cosas por allí. "Igual debería seguir con el resto de muchachos a Kame House", trato de convencerse. Chistó y retomó la concentración para algo tan simple. Una duda, seguramente absurda para cualquiera al que se la hubiera contado, le llegó al cerebro: "¿Cómo diablos se entra en las casas que no están amenazadas por unos temibles androides?". En su futuro apenas existían puertas verticales si no compuertas que guardaban tras de sí la poca vida cotidiana que tenían los supervivientes y éstas estaban situadas siempre en sitios estratégicos como debajo de escombros o entre ramajes de árboles semicaídos, resguardadas de cualquier ojo peligroso ya sea de androides o saqueadores propios de esa época. Acercó la mano al picaporte y éste no se movió.
-Vaya...- dijo en voz baja. -Tendré que tocar a la puerta.-
Fijó la vista en en botón y volvió a pensárselo de nuevo. -Venga, Trunks, es tu casa.- murmuró regañándose a sí mismo por ser tan tímido.
Pegó la oreja a la puerta y pudo escuchar que alguien dentro oía las terribles noticias acerca de cómo iban desapareciendo personas y pueblos sin dar con el motivo de tal fechoría. "Maldita sea", dijo para sí Trunks volviendo a clavar la mirada en la puerta. Iba a conocer a sus abuelos e iba a ver la casa tal y como debería de estar en su tiempo. En ese instante volvió a chistar. ¿Y si hablaba de más con sus abuelos? Bueno, no es que él fuese una persona extremadamente social pero sí que tenía que tener cuidado con eso puesto que no sabía hasta qué punto su madre quería que sus abuelos supieran lo que estaba ocurriendo.
Fue todo lo que necesitó, una excusa nimia, para salir de allí volando. En ese instante creyó que sería buena idea buscar a su padre, del que no sabía nada desde que C18 los dejó a todos fuera de combate.
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Día: 15 de mayo del año 767.
Hora: 00:35 am.
-Padre.- escuchó atrás.
Las ganas de llorar se le fueron al instante y la rabia adormecida por el indigno y embarazoso choque con la androide casi estuvo a punto de estallar. Ahí estaba su otro gran enigma llamándole padre, seguramente clavándole la mirada con sus irritantes ojos tímidos y condescendientes. Ni siquiera percibió su llegada y eso que su ki era poderoso, sorprendente e incluso ilusionantemente poderoso en primera instancia. No había tenido tiempo para detestarlo pero ahora odiaba aún más a todo el que tuviera que ver algo con ese maldito mundo desafiante y cruel, y más a los que le incordiaban sin cesar. Como a ese chaval de pelo violeta que llevaba su sangre y que apenas podía articular palabra cuando él estaba presente. De eso se había dado cuenta Vegeta, igual de que tenía muchas, muchísimas cosas que aprender.
Pero, ¿qué podía saber él? ¿Podía echarle en cara que fuera tan asquerosamente humano? Si se ponía a pensar en su pasado más reciente, la culpa era suya por haber tenido un hijo híbrido. Aunque no, no lo odiaba, no podía odiarlo aún. Demasiadas vueltas daba su cabeza como para perder el tiempo en odiar a un chaval que apenas podía mirar a los ojos. Pero eso era demasiado para él ahora y hasta casi no le importaba. Solo quería encontrar una salida. El motivo, siempre acechante por ser desconocido, la había dejado atrás hacía horas.
-Padre.- volvió a oír a sus espaldas. -Yo quise avisarte, yo...- comenzó a explicarse el chico. -Quizá debí de habértelo impedi...-
-Déjame en paz.-
Entrecerró los ojos observándolo. Le había costado en demasía tanto ponerse a buscarlo como encontrarlo. La noche anterior durmió en Kame House y volvería a ir allí a descansar pues parecía que este segundo viaje iba a ser mucho más largo que el primero pero, "¿Y él?" se preguntó estudiándolo de espaldas. "¿Dónde dormirá? ¿Irá a la casa en la ciudad con mi madre?".
Para su desgracia, su padre había resultado ser un hombre falto de sentimientos al que no le importaba otra cosa nada más que pelear y ganar. Y solo. ¿Por qué? ¿Es que no se daba cuenta de que si unían sus fuerzas sería más fácil poder derrotar a los malditos robots? Y lo que es más importante, ¿por qué no fue a ayudar a su madre cuando cayó de la nave? Puede ser que no le importase absolutamente nada la humanidad pero ese chiquillo que viajaba con ella era su hijo, o sea, él, y por lo que tenía conocimiento su madre convivió con él durante tres años. ¿Es que eso no une a las personas? ¿Era entonces un privilegiado por no haber vivido al lado de ese hombre? Un movimiento tembloroso le hizo levantar la nariz y por ende el labio superior. Eso no era posible. Su madre no podía estar tan equivocada.
Suspiró. Alzó el vuelo enfadándose consigo mismo por no atreverse a hacerle caso a su madre cuando le dijo que cualquier cosa que comentara su padre, él no debería tomarla muy en serio.
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Día: 21 de mayo del año 767.
Hora: 11:26 am.
"Es inútil", se dijo mirando a los dátiles en su mano. "Si me acerco me volverá a decir que no le moleste y que soy solo un estorbo para él", reflexionó para sí a la vez que se acomodaba en el escabroso suelo empedrado cruzando las piernas.
Nunca supo cuánto tiempo tendría que haber transcurrido él en el pasado. De hecho, cuando se despidió de su madre no le dijo cuando volvería, claro que eso daba igual puesto que podría volver justo un segundo después de irse, o incluso volver aun cuando estaba aún con ella. Arrugó el ceño en desaprobación. Bastantes vueltas había dado ya la historia como para que encima él tuviera esa estúpida imaginación que ahora no le servía de nada.
Estaba siendo desquiciante toda su aventura en ese tiempo. Cuando llegó se encontró con que los androides con los que estaban luchando los amigos de su madre y su mismo padre no eran los que él conocía; luego se descubrió que uno de ellos era el mismísimo Doctor Guero que se había transformado en uno; después fueron a destruir la cueva de éste para que no despertase a C17 y C18 pero llegaron tarde; más adelante su padre, en un ataque de, al parecer, su pecado más común, es decir, la arrogancia, se enfrentó a solas contra C18 y perdió arrastrando para salvarlo a él y consecuentemente a todos los demás; ese mismo día su padre desapareció mientras él se preocupaba por salvar a Goku del más que seguro ataque de los androides trasladándolo a Kame House; y a partir de entonces descubrieron que existía un mutante, también creación del Doctor Guero, y que para su desgracia también viene del futuro, un futuro en el que por lo visto acabó con él para luego viajar al pasado, o sea, ahora y completarse con C17 y C18 absorbiéndolos con una especie de aguijón; y ahora sus amigos tratan de dar con ese ser repugnante a la vez que esquivan a los androides originales. Definitivamente, de locos.
Y encima su padre había estado ausente todo este tiempo. El único momento en el que se acercó para saber de su paradero y su condición, hacía ahora seis días, le exigió que le dejara en paz y él equivocadamente claudicó cumpliendo con la orden. No volvió a saber de él hasta esta misma mañana, cuando Piccolo les relató el nuevo problema que les acechaba en forma de reptil nauseabundo mezclado con una abispa. Cuando lo vio alejarse de nuevo y sabiendo que oscuros nubarrones los acechaban a todos, se hartó de sí mismo y de su actitud tímida con respecto a su padre. Le dijo a Krilin que querría entrenarse con él para saber cómo era posible superar los poderes de un supersaiyajin pero lo cierto era que estaba más que cansado de tener en un mismo plano de realidad a su propio padre y no haber al menos intentado conocerle, por mucho que lo que hubiese visto fuese más que detestable. Y si además consiguen superar las fuerzas de un superguerrero, entonces sí que tendrían oportunidad de ganar a todos esos villanos que los acechaban por todos los frentes.
Volvió a mirarlo desde la distancia. Por mucho que lo pensase, no daba con la razón de por qué su madre lo recordaba con melancolía. Le gustó saber que no todo su viaje había sido en vano puesto que Chichí le abrió los ojos y le aclaró que si no hubiera llegado a él al pasado su marido ahora no estaría vivo. No pudo evitar acordarse de su madre justo en ese momento y de cómo ella sufriría por la muerte de su padre. Y sabía que eso ocurriría porque él había vivido de ese modo.
Bajó la vista hacia los dátiles y se comió los dos últimos procurando no hacer mucho ruido. Volvió los ojos hacia él y ahí seguía, estático. Le era llamativo que aun así, aparentemente vencido, tuviera ese porte convincente y lejano, marcando las distancias constantemente. "Tres días", se dijo por enésima vez durante esa jornada. "¿Cómo puede seguir inamovible por tres días seguidos sin comer ni dormir?", se preguntó viéndolo de espaldas. Desde que Piccolo les contó los planes de Célula, su progenitor había decidido retirarse a este inhóspito lugar seguramente preparar una estrategia para derrotar al mutante y a los androides. Divisó el paisaje que lo rodeaba. ¿Por qué le sonaba tanto este sitio? Era como si hubiera estado ahí anteriormente. Era curioso, antes no se había fijado mucho pero ahora que tenía más que tiempo para observar su alrededor sí, sin duda él había estado ahí antes. Cayó al instante. "¡Aquí es donde yo aparecí hacía ya tres años! ¡Aquí es donde maté a Freezer!". Se había sentido tan estúpidamente emocionado que se puso de pie sin percatarse de ello dando un salto.
En ese instante escuchó un gruñido proveniente de su padre. Era lo único que salía de él además de órdenes constantes para cuando su hijo se acercaba. No había manera, cada vez que Trunks hacía cualquier ruido, Vegeta se quejaba, como si le hubiera interrumpido justo cuando estaba dando con la fórmula mágica para ser más fuerte que un supersaiyajin.
¿Por qué su progenitor había decidido, de entre todos los sitios posibles de este ancho mundo, ir justo ahí? Si no recordaba mal, él en su vida anterior era un soldado a las órdenes de ese tipo raro y amanerado, así que, "¿por qué habrá querido venir aquí mi pa...?"
Antes de que pudiera terminar la cuestión en su cabeza aparecieron de pronto Goku y Songohanda justo detrás de él.
Tras los saludos pertinentes y después de haberle explicado que no se habían movido de allí desde hacía tres días por culpa de su padre, Trunks se quedó observando cómo Goku se acercaba a su progenitor con su característica calma.
-Lo va a convencer.- dijo Songohanda a su espalda mirando a ambos guerreros conversar.
-¿Convencerlo de qué?- le preguntó el chico de pelo lila sin apartar la vista de los dos luchadores.
-De ir al Rincón del Alma y del Tiempo.- le contestó el pequeño guerrero.
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N/A: Este capítulo va dedicado a:
-Esplandian: por sus ánimos para escribir algo tan difícil. Es una de mis reviewers más severas y gracias a ella no existen fallos en el principio de esta historia. Si queréis saber cualquier cosa de tipos con capa en DB, ella es vuestra chica.
-Bonus Kun (aka Mirai Vegeta): Si creéis que os habéis llevado una sorpresa al verlo aquí nombrado dentro de los agradecimientos, solo pensad en la cara que se le habrá puesto a él cuando lo lea. Tiene que ser divertidísima, ¿no creéis? Solo por eso, disfrutaréis tanto como yo al imaginárosla, sadiquillas. Chicas que habéis recibido reviews desagradables de él: os puedo asegurar que el perro no muerde -es más, pocos razonan como él- y que además es un grandísimo corrector de fallos en gramática y mis temidos OOC. A él también le debo la primera parte de este capítulo, es decir, la presentación de todos los personajes.
Si el resto ha sido un desastre, solo es culpa mía puesto que no he tenido tiempo para mandarles a mis improvisados correctores lo escrito.
Disculpad la tardanza y espero que al menos al principio os hayais divertido puesto que ahora viene lo difícil: ¿qué pasa dentro del Rincón del Alma y del Tiempo?
Ya sabéis, gracias por leer y espero que os haya gustado. Love. Xxx. Drama.
