Danganronpa y sus personajes NO ME PERTENECEN. Solo hago esto para mi diversión y su entretenimiento.


El mundo pareció detenerse en ese momento. Solo pudieron volver en sí cuando el oficial que acababa de ingresar en la habitación hablaba por la radio.

─Sospechosa neutralizada y herida. ─reportó mientras giraba a la chica para dejarla boca arriba. Solo ahí, Kirigiri notó la mancha de sangre en el pecho de su captora. Al parecer, el arma se había disparado…y Junko, irónicamente, había recibido el disparo. ─Necesito atención médica.

La joven detective observó a la chica tendida en el suelo. Hace tiempo que el oficial había inmovilizado a la chica y esperaba a que la ayuda médica llegase. En todo ese tiempo, Enoshima se había dedicado a observarla con aquella mirada plagada de locura mientras un hilillo de sangre salía de su boca.

─Así que…esto se siente…agonizar…─soltó una pequeña risa y continuó. ─ Se siente mal y bien al mismo tiempo…me encanta.

Y por primera vez en todo el tiempo que llevaba conociéndola, sintió lástima.

Hace tan solo instantes, ella misma le había dicho de frente que lo último que sentiría por ella era precisamente lo que sentía en esos momentos, pero al ver la mirada de desquicio mientras la vida claramente se escurría de su cuerpo, supo que Junko buscaba desesperadamente ser feliz. Era tan ajena a aquel sentimiento que no sabía cómo mostrarlo de manera correcta y, como consecuencia, pensaba que el dolor y la desesperación que creció sintiendo, era lo normal.

La chica le dedicó una retorcida sonrisa mientras murmuraba un "te odio" y, antes de que el personal médico llegara a la habitación para atenderla, Kyoko presenció como la vida se le escapaba a la que alguna vez ella llamó compañera.

Lo que nunca se esfumó fue la expresión de locura del bello rostro de la súper modelo.


Aturdido no llegaba a describir su estado actual. Primero, había estado forcejeando por el arma, luego sintió un punzante dolor en su hombro y, antes de que pudiese registrar el hecho de que nuevamente estaba siendo apuntada por un arma, Enoshima había recibido un disparo. Todo pareció transcurrir en cámara lenta y no sabía si era debido a la sangre que seguía perdiendo o por la intensidad de la situación que estaba viviendo. Solo salió de su trance cuando escuchó un chillido de dolor.

─¡Kyoko! ─ ¿Cómo se pudo olvidar de su prometida? Corrió hacia la cama y se posicionó a su lado. ─ ¿Estas bien?

─Puedo… hacerte la misma pregunta. ─ dijo totalmente sin aliento.

─Hay que trasladarla al hospital. ─intervino el oficial

─ ¡No hay tiempo! ─expresó ella.

─ ¿Su madre está aquí? ─el oficial asintió. ─Tráiganla; ella puede ser de ayuda. ─el oficial dio la orden.

─Naegi…es hora…no puedo más…

─Lo sé; ya viene la ayuda. ─la habitación era un caos, especialmente por la cantidad de oficiales que llegaban a registrar la escena y aquellos que se llevaban el cuerpo sin vida de Enoshima.

La joven detective no pudo evitar preguntarse como el chico se mostraba tan tranquilo teniendo en cuenta que el bebé ya venía y que su hombro parecía no dejar de sangrar.

─ ¡Kyoko, hija! ─escuchó como alguien gritaba, llegando a la habitación, junto a Jin y a Mondo. ─Naegi, ¿qué te pasó en el hombro?

─Eso no es importante; está en labor…─la mujer se acercó rápidamente a su hija.

─Mamá…siento unas ganas terribles de…─no pudo terminar la oración ante una nueva contracción.

─ ¿Sientes ganas de pujar? ─ella asintió. ─ ¡Necesito que todos salgan de la habitación! ─Casi de inmediato, Jin y Mondo se encargaron de sacar a todos los que no fueran de la familia del lugar. ─Jin, tráeme toallas; Mondo, trae el botiquín de primeros auxilios.

─Mamá…─susurró.

─No te preocupes, mi niña; acabará pronto. ─ respondió. Justo en ese momento, padre e hijo retornaron a la habitación con lo que ella le había encargado. ─Jin, ayúdame aquí; Mondo, saca a Naegi de la habitación.

─ ¡¿Qué?!

─Lo siento, Naegi, pero esa herida te ha hecho perder sangre y necesito que todos los que estén aquí, estén al 100 por ciento…

─Pero…

─Estaré bien. ─el chico no tuvo más remedio que salir.


Mondo observó a su antiguo compañero de secundaria. La situación era caótica. El primer piso y el jardín de la casa se encontraban plagados de policías y demás autoridades que cercaban el lugar. Algunos paramédicos esperaban para trasladar al hospital a su hermana y al bebé después del nacimiento…y tal vez a Naegi de paso. Él le había desinfectado la herida, la cual no se veía tan grave, la vendó y le brindó un jugo para levantarle un poco el ánimo, pero poco podía hacer. Makoto estaba impaciente, ¿y cómo no? Si hace unos 20 minutos, su padre, Ali y su hermana se encerraron en esa habitación con la joven en pleno labor de parto y lo único que podían escuchar eran los chillidos ahogados de su hermana.

─ ¡No puedo más! ¡Necesito entrar! ─expresó Naegi, poniéndose de pie y sintiendo de inmediato una punzada en su hombro lastimado.

─Deja de avivar la herida; ya te dijeron que esperes.

─ ¡¿Cómo quieres que me calme?! ─rebatió. ─Kyoko está dando a luz y yo aquí sin poder apoyarla.

─Lo sé, pero…─Mondo calló abruptamente al escuchar un estridente llanto retumbar en el ambiente. Por lo que pareció una eternidad, el joven castaño quedó estático en su sitio asimilando que su bebé…ya había nacido. Sin esperar más, abrió la puerta.

Lo primero que notó fue a una jadeante Kyoko acostada en la cama con los ojos cerrados, a Jin a su lado y a Ali sostener un pequeño bulto que se movía mientras se acercaba a su hija.

─Oh Makoto; iba ir a buscarte. ─comentó Jin. El joven castaño sentía la adrenalina correr por sus venas. ─ Acércate…ven a conocer a tu hija. ─una gran sonrisa adornó el rostro del nuevo padre. Una hija…Era padre de una preciosa niña…Se sentó en la cama en el preciso instante en que Ali le entregaba el pequeño bulto a la joven detective que ya se encontraba lista para recibirlo. Con sumo cuidado, la acomodó entre sus brazos y descubrió su pequeño rostro para verla mejor.

Ambos quedaron fascinados ante la vista, especialmente, porque ambos, por increíble que pareciese, ya la conocían. La nueva integrante de la familia, tenía unos pequeños hilillos de cabellos de color lila, una pequeña nariz, tez blanca y un par de brillantes ojos verdes que observaban a sus padres.

Y ellos de inmediato supieron quién era

─Les daremos algo de privacidad. ─dijo Ali mientras le hacía señales a Jin para que la siguiera. Después de todo, aun tenían una redada policiaca en el primer piso con la que tenían que tratar.

Los nuevos padres observaron a la bebé con devoción.

─La has visto antes, ¿verdad? ─ intervino Kyoko sin dejar de observar a la bebé. Lo dedujo fácilmente al ver que reaccionó igual que ella. La joven detective, se acercó depositó un tierno beso en la frente de su hija. El sentimiento que la embargó en el preciso momento en que escuchó su llanto por primera vez era indescriptible. No había forma de que dejara que algo malo le pasase.

Makoto sonrió. A pesar de que estaba despeinada, sudada, y notablemente cansada, él la encontraba más hermosa que de costumbre.

─La vi en mis sueños. ─admitió. ─ ¿Y tú?

─Lo mismo. ─respondió. Aunque no era de todo cierto, pero sí la conoció en un estado de inconsciencia…solo que un poco más profundo que un sueño y más difícil de explicar. Con que a eso se refería cuando decía que se volverían a ver.

─Entonces, su nombre está implícito. ─respondió. ─Nuestra pequeña Ami… ─ ambos se miraron, dichosos y con la alegría a mil por hora.

En esos momentos, no le importaba el hecho de que hace tan solo horas sus vidas habían estado en peligro; solo les importaba el hecho de que ahora eran padres.

─ ¿Sabes que creo? ─el esperó a que continuara. ─ Creo que a Junko le faltó alguien tan significativo en su vida como tú lo eres en la mía ─comentó─ Murió sin conocer lo que era amar…

─Esperemos que donde esté, encuentre la paz que tanto necesitaba.

Dando como concluido el tema, Naegi besó tiernamente la sien de la madre de su hija y acarició el adorable rostro de la infante con devoción. Era afortunado de estar vivo junto a la mujer que amaba y a su retoño.

Minutos después, todos fueron trasladados al hospital para verificar que todo estuviese en orden con los tres.

Por mucho que odiara admitirlo, muchas veces se sintió agradecido por el tormento que pasó durante su encierro en la academia porque él sabía muy bien que, si no hubiese ocurrido, las cosas hubiesen sido diferentes. Lo más seguro es que no hubiese confesado sus sentimientos hacia Kyoko, no tendría a su preciada hija y no hubiese dejado atrás al chico frágil que se dejaba pisotear por cualquiera. Él era el hombre que era, gracias a esa experiencia.

Naegi besó tiernamente la sien de Kyoko quien descansaba plácidamente en su cama del hospital; dar a luz no era algo fácil y ella necesitaba descansa. Se acercó a la pequeña cuna al lado de la cama, donde se encontraba su hija y acarició el adorable rostro de la niña con devoción. Era afortunado de estar vivo junto a la mujer que amaba y a su bebe, a la que conocía incluso antes de nacer.

Él sería la mejor versión que pudiese ofrecerles a sus dos más grandes tesoros. Las observó por unos instantes y depositó un beso primero a su niña en la frente y luego a Kyoko.

─Las amo.

Y él era feliz…gracias a ellas.