-¿Por qué escribo esto? ¡Todos lo saben!
-Vos hacelo…
-*suspiro* Ok:
Los personajes pertenecen a Disney, excepto los hijos de Eugene y Rapunzel (y algún otro personaje), lo único que me pertenece a mí es el tiempo que invierto para escribir estos capítulos…y todos los soundtracks de la película en mi teléfono XD
-Listo, ¿feliz con eso?
-SÍ ^^
Hmmm….¿a alguien se le ocurre un título?….no tengo nada XD
Ya era de mañana. Un nuevo día comenzaba. La rutina comenzaba. ¿Esa niña no estaba despierta aún? Que desconsiderada. Ya era tarde, tendría que estar despierta.
Con paso calmado pero firme, se acercó a la puerta de la habitación y tocó suavemente.
-¿Clarisa?- canturreó- Ya es hora de levantarse….vamos a desayunar…- dijo con el mismo tono.
Su rostro cambió a uno de completa seriedad. ¿Para qué ser tan falsa? La princesita ya lo sabía todo. Bueno, si quería que estuvieran juntas para siempre debía dar una buena impresión, ¿no?
Suspirando, se sopló los 3 rulos de la frente y se alejó de la puerta. Siguió su camino a las escaleras, y comenzó a bajar. Si la chica no estaba en su habitación, seguro estaba abajo, se dijo mentalmente.
¿Pero qué…? ¿Eso era….polvo? ¿En la baranda? Argh, alguien no estaba haciendo bien su única obligación. ¿Y eso….? ¿A qué olía? Imposible. Imposible. ¿Y el olor al desayuno? Pequeña vándala. ¡No había cumplido con las simples tareas que ya tenía asignadas desde siempre! ¡¿Lavar y cocinar era mucho pedir?!
Siguió su camino, más enojada. Que fácil que esa niña se las arreglaba para arruinarle de entrada el día. Finalmente llegó abajo. Caminó directo a la cocina, pero Clarisa no estaba allí. Siguió haciendo un recorrido por la torre. Estaba sucia. Limpiarla a diario no podía ser tan difícil…un momento, ¿y las cortinas?
Listo, definitivamente, esa chica se estaba revelando. Despierta o no, saldría inmediatamente de esa habitación. Limpiaría todo, cocinaría el desayuno, y volvería a limpiar. ¡Simples tareas que cualquiera podría cumplir! ¿¡Por qué no lo había hecho ya!?
-¿Clarisa?- golpeó.
Nada.
-¡Clarisa, abre esa puerta en este instante!- aumentó el tono.
Nada.
Antes de hacer otro movimiento, la sospecha llenó su ser. Empujó la puerta y esta se abrió. La habitación del otro lado estaba completamente bañada en luz; tampoco había cortinas que impidieran la entrada de los rayos del Sol. Pero, ¿y las cobijas? ¡¿Y CLARISA?!
Entonces comenzó a caer en los nervios y desesperación. No estaba abajo, no estaba en el cuarto, las cortinas y mantas había desaparecido. Sus cosas también, sus vestidos también. Todo. ¿Qué había pasado? ¿Dónde podría estar su flor? Solo había 3 habitaciones "adicionales" en esa torre.
Caminó, casi convencida de que cuando abriera la puerta, Clarisa estaría allí, sentada en el medio de la oscuridad, probablemente alumbrada por una vela, dibujando o llorando como era costumbre.
Mas sus súplicas mentales fueron en vano. La puerta del cuarto oscuro ni siquiera se abrió. Histérica, comenzó a tirar de la manija de la puerta con todas sus puertas. La pateo y golpeó, pero esta no abrió. Buscó la llave, pero ya no la tenía.
"MALDITA NIÑA", era todo lo que decía mentalmente mientras bajaba las escaleras y abría el pasadizo.
Corrió hacia abajo lo más rápido que sus antiguos pero a la vez jóvenes pies se lo permitían. La luz de la mañana golpeó su rostro, encandilándola por un momento. Caminó rodeando la torre y sitió una oleada de odio y temor: una soga caía desde lo alto de la torre, hasta casi tocar el suelo.
Desesperada, comenzó a tocarse el cabello, a tirarlo y acariciarlo al mismo tiempo. ¡¿Qué haría ahora?! La muy maldita se había ido, ¡en verdad se había ido!
Tratando de que la situación no se le fuera completamente de las manos, subió de nuevo las escaleras. Al llegar arriba pensó sus próximos movimientos. No se quedaría sin su flor. Había trabajado duro para conseguirla, había esperado por años y años encontrarla otra vez; no la perdería tan fácilmente.
Con ánimos restablecidos, caminó hacía un mueble gastado. Abrió un cajón y sacó esa fiel daga de adentro. Su hoja todavía estaba manchada de un denso líquido rojo.
Sonrió con malicia, y la guardó en su capa. Todo lo que había hecho, no se vendría abajo tan fácilmente.
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(Reino de Corona)
-¡Clarisa detente! Vas muy rápido…
-Ni tanto, ¡corran!
-¡Espéranos! ¿No?
-Vamos, ¡pónganse en forma hermanitos!-
Era todo lo que se escuchaba por los pasillos y escaleras del enorme y laberíntico castillo del reino. Ese ambiente activo, de gritos y corridas había desaparecido por completo años atrás, y en tan solo unas horas se había restaurado.
Ahora, había que tener completo cuidado con cierta maraña de 12 metros de pelo castaño, que se arrastraba detrás de la corredora incesante de la princesa.
Al terminar de hablar con sus padres y hermanos, había ido a saludar al resto del personal del castillo. Personas, que por más que no se notara, había extrañado. Guardias, criados, cocineros, hasta sus maestros, entre muchas otras personas. Luego, cambiarse era principal. Se puso su vestido azul favorito (ese que su abuela le regaló poco antes de morir), un par de botas gastadas y llenas de fango que jamás había lavado (y que siempre usaba), y el típico cinturón de cuero que se la veía portar.
Con todo eso listo salió como flecha de la habitación. Detrás de sí arrastraba su larga cabellera, igual de enredada y anudada. Luego la trenzaría….pero nadie dijo que lo haría ella. Corriendo por pasillos y escaleras, esquivando personas y doblando curvas, llegaron finalmente a las enormes puertas dobles de entrada y salida del castillo.
Clarisa se detuvo allí, jadeando levemente por la larga corrida. Más que cansada se sentía libre, hacía años no corría así. A los pocos segundos sus dos hermanos la alcanzaron; ambos jadeaban con mayor esfuerzo.
-Gracias por esperar…- el inconfundible sarcasmo de Mauro.
Mas la chica no contestó, siguió mirando las puertas con emoción y hasta una chispa de admiración. En cuestión de segundos saldría de vuelta a ese hermoso reino que le enorgullecía llamar hogar. Vería a tantas personas, tantas personas la verían otra vez. Todo era muy increíble.
Sin decir nada, ambos varones se posicionaron frente a su hermana, y sin titubear abrieron ambas puertas.
Avanzaron con gran rapidez. Atravesaron la plaza del castillo, evadieron a las personas y de más. La prioridad ahora era llagar a la fuente, después el resto.
Los inevitables cuchicheos entre las personas resonaban aquí y allá a su paso. La voz se corría de una persona a otra. Cualquiera se hubiera esperado otra reacción, pero al parecer los aldeanos se daban cuenta de los planes de la princesa; era raro que pasara por alto a todos.
Finalmente llegaron a la dichosa fuente, donde, como era costumbre, encontraron a 2 figuras sentadas en su orilla. Una chica de 19 años y ojos azules leía un libro, mientras otra –de unos 18 años- de ojos verdes agua y largo cabello castaño lleno de onditas, trenzaba el suyo; negro y lacio.
-Chicas…- habló Mauro luego de una aclaración de garganta.
Ambas levantaron la mirada a los príncipes y sonrieron levemente, a modo de saludo.
-Queremos presentarles a alguien…- otra vez el mayor.
Las jóvenes intercambiaron miradas. ¿Presentarles a alguien? ¿A quién les presentarían? ¿Algún primo? ¿Un príncipe de otro reino? Volvieron su atención a los chicos que seguían parados allí, mirándolas atentamente con una sonrisa en el rostro.
-No sé si lo recuerdan…- dijo el otro hermano- …pero nosotros tenemos una hermana…
-Y se llama Clarisa Luz Fitzherbert…- frente a esa última declaración por parte del oji-marrón, ambos se apartaron dejando a la vista a la aludida.
¿Era ella? ¿En verdad era ella? ¡Claro que lo era! Esa ropa, ese pelo, esos ojos y esa sonrisa; todo coincidía. Saltaron de la fuente y, sin decir palabra, se abrazaron las 3.
-¡VOLVISTE!- exclamaron ambas al terminar el abrazo. Las 3 tenían lágrimas en los ojos.
-Claro que volví, ¿pensaron que no volverían a ver a esta chica?- contestó sonriente.
Antes de que cualquiera pudiera decir algo más, una persona abrazó a la princesa por el costado. Era una persona pequeña, le llegaba hasta el pecho, y apretaba con fuerza. Bajó la mirada para encontrarse solo con una cabeza castaña que conocía muy bien.
-Volviste, volviste, ¡VOLVISTE!- gritaba la niña mientras saltaba alrededor de Clarisa.- Te extrañamos mucho…- dijo antes de volverla a abrazar.
-Yo también te extrañé Angie….a todos…- dijo correspondiendo el abrazo.
Angie- verdaderamente llamada Ángela- era una niña de 10 años que la princesa había conocido un año antes del secuestro. La niña era una huérfana que todos los días se escapaba del orfanato, acompañada de su conejo Pascal. Clarisa y sus hermanos la habían ayudado a encontrar su conejo una vez, y a los meses la princesa la encontró llorando en la fuente; el mismo día de su cumpleaños número 16. Clarisa le dijo que se seguirían viendo todos los días, y al segundo encuentro, el sujeto del orfanato la regañó y quiso llevársela de vuelta sin ningún cuidado por la pequeña. Colérica, la princesa de Corona le dijo que no dejaría que se la llevara, y esa noche Angie se quedó en el palacio. Días después le encontraron una familia en el pueblo.
Angie era la amiga más pequeña de Clarisa, y la quería como a una hermanita, por lo que la extrañó de igual forma cuando estaba lejos.
La castaña corrió los metros que la separaban de la fuente, y en un rápido movimiento subió a la orilla. Después saltó sobre uno de los niveles medios de la caída del agua y se agarró de la estructura. Desde allí, como ya era costumbre, le habló a todos.
-No saben lo feliz que estoy de volver…- comenzó- …lo que extrañé a todos, y lo que me alegra volver a verlos. Todas las caras antiguas…- dio una fugaz mirada a sus amigas y a los "padres" de la huérfana- …y algunas nuevas, es genial volver a verlos. Y ustedes saben que no los veo solo como mi reino, los veo como una gran familia….una familia de amigos y amigas que extrañé, más de lo que a cualquiera le hubiera gustado.- la voz se le empezó a quebrar.
Paró ahí. Cualquier esfuerzo para que de su boca salieran palabras era en vano, tenía la ropa y cuerpo empapados, y el agarre de sus manos comenzaba a ceder.
Cualquier cosa que hubiera querido decir no hubiese sido escuchada, todos estallaron en aplausos y bitores. Saludos de bienvenida y felicitaciones volaban de aquí a allá. La música empezó a sonar, y fue como si una parte perdida de Corana hubiese vuelto.
-Por cierto, Sab, tengo algo que seguro te encantará…- dijo la princesa.
-¿Ah sí?-
Sin contestar, la castaña juntó todo su cabello en sus brazos y volteó a su amiga. La expresión en su rostro causó risas en los 5.
-Oh…por…¡DIOS!- dijo acercándose con los ojos como platos.
-¿Lo trenzarías?- preguntó.
-¡Qué pregunta! Ahora llamo a mis hermanas…- y rápida como flecha, desapareció en la multitud.
Sabrina y sus 3 hermanas menores- Yuli, Zara y Belu- tenían fama por su manía para trenzar el cabello, a parte de su habilidad.
. . .
-¡Corre más rápido!- decía la oji-azul entre risas.
-¡Angie espera! ¡Estoy cansada y has crecido!- contestó la princesa corriendo detrás.
Ya eran más de las 10 de la noche, cualquier actividad en el reino había cesado y las calles estaban casi completamente baldías. Solo 4 figuras en la fuente, y otras 2 corriendo y jugando por el espacio vacío.
En un momento de distracción, esas 2 personas salieron del perímetro de las otras, y siguieron corriendo entre las casas. Por las calles y callejones. Se escondían, y asustaban a la otra, o simplemente trataban de alcanzarse.
El cansancio le estaba ganando a Clarisa, por lo que seguirle el ritmo a la niña se había vuelto una tarea difícil. Esta dobló por un callejón y sus pisadas pronto se apagaron, al igual que sus risas.
La chica de larga trenza sonrió. Seguramente era uno sin salida. Al fin podrían terminar de correr. Aumentando un poco el paso, dobló por el mismo pasaje que Ángela y al momento su sonrisa desapareció.
-Vaya, creí que jamás te encontraría cariño…- canturreó la peli-negra que inmovilizaba a Angie, y amenazaba su cuello con una daga.
-¿Qué estás haciendo aquí?- preguntó con odio en cada palabra.
-Creí que Corona era un reino libre…
-¡Ya suéltala maldita víbora!- escupió.
-Oh, qué modales preciosa…
-Esto es entre tú y yo, y lo sabes, ahora ¡suéltala!- exclamó.
La sonrisa falsa de Gothel desapareció. Apretó el cuchillo con más fuerza en el cuello de la niña, provocándole un pequeño corte, que igualmente causaba dolor.
-Clari...- susurró esta.
-Cállate pequeña, si no quieres que esto termine mal…- dijo la mujer con un tono sumamente frío.
-¡Te dije que la sueltes!- exclamó otra vez la chica, sacando una daga de su vestido.
-Oh cariño, no hay necesidad de llegar a esto. Además, crees que por ser la princesa obedecería lo que tú me dijeras…- rió con sarcasmo.
-¿Qué es lo que quieres?- lanzó con frialdad.
-Mira, hagamos un trato: tu vienes con migo y yo suelto a tu amiga, sino ella muere….y tú vienes con migo de todos modos…-
Clarisa se quedó petrificada. No quería irse con Gothel, era obvio que no, pero la que estaba en riesgo era la vida de una niña. Angie o no, no podía dejar que algo malo le sucediera.
No bajó la daga en ningún momento, mientras meditaba su respuesta. Ya no había qué hacer, no había a dónde huir. Aflojó el agarre sobre el cuchillo y lo dejó caer. Bajó la cabeza y la volvió a mirar a esos gélidos ojos grises.
-¿Me quieres? Aquí me tienes….solo deja a Ángela en paz…- dijo sin ninguna emoción en su voz.
Los delgados labios de Gothel se curvaron en una sonrisa triunfal. Listo, la niña había caído.
-Buena elección…- salió de su garganta.
En ese momento de distracción, Angie aprovechó. Le pegó un codazo a la mujer en el estómago y la barrió con un pie. Cuando esta se cayó corrió para arrebatar la daga de su huesuda mano.
-Ya tuve suficiente…- dijo mientras sostenía el cuchillo en sus manos- …vas a dejarnos ir y dejaras en paz a Clari para siempre, si quieres conservar todo el cuerpo…-
Clarisa simplemente estaba asombrada. Nunca había visto a su amiga hacer eso, y menos hablar así. Saliendo parcialmente de su confusión, sujetó su propia daga otra vez.
Gothel, quien ya estaba recuperando el aliento, se puso de pie y las miró a ambas.
-Sé que ninguna es capaz de usar eso…por más de que sea en contra de alguien que odian….- dijo mientras las rodeaba, saliendo del callejón- Pero solo recuerda una cosa princesita: esto no se ha acabado.-
Dicho eso, desapareció en la noche que ya se había extendido sobre todo. Camuflada entre las sombras, la figura desapareció…
Holiwis a todos ^^
AHHH quiero morir! Tengo mucho sueeeeeeeeeeñooooo! Me acosté a las 6:20 de la mañana y solo he dormido 4 horas, ¿la razón? Mis amigas XD
Cómo sea, qué les pareció esto? Lo escribí uno o dos días después de subir el anterior, pero decidí esperar un tiempo para subirlo. Personalmente lo siento algo…vago…ustedes díganme, y sean sinceros ;3 Perdón otra vez si no está muy bien redactado o tiene errores de ortografía, pero no lo seguí corrigiendo porque se me cierran los ojos XD
Por cierto, contesto reviews:
LadyMorgana9: bueno, creo que esto representa- al menos algo- de lo que pasó con Gothel después ;) Espero que puedas comprártela pronto; quiero leer tus fics X) No, no me enteré, me puse a buscar pero no sale nada, ¿qué pasó?
Teresa: personalmente creo que actualizo con regularidad, pero nunca nadie me lo había dicho; gracias! x3 Bueno, como podes ver no la volvió a secuestrar (NOOO, ¿en serio?), pero se vienen un par de cosas más ;) No hay que darlas; información de una fan a la otra ;P
Con todo eso dicho, creo que no queda nada por agregar, salvo que espero que lo hayan disfrutado y…
NOS LEEMOS!
