Aclaración:

Los personajes de Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.

La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor

Advertencia: Lenguaje sexual - OOC


20: La verdad


Cuando Sasuke se fue para hablar con Naruto, Hinata se retiró a la habitación de su marido para tomar un baño relajante. Como añadió bastante aceite perfumado al agua, tras un buen rato en remojo, tuvo la piel humedecida y fragante con aroma de rosas. Se puso una bata de seda forrada de terciopelo de Naruto y se remangó. Hecha un ovillo en una silla delante de la chimenea, se cepilló el pelo mientras las criadas retiraban la bañera. Una de ellas, se quedó para arreglar el cuarto. Abrió las sábanas y pasó un calentador de cama entre ellas.

-¿Quiere que le prepare su habitación, milady? -preguntó con cautela.

Hinata se pensó la respuesta. Los criados sabían que Naruto y ella dormían en habitaciones distintas, desde antes incluso de su enfermedad. Aún no habían compartido cama toda una noche.

Aunque no sabía cómo sacar el tema con Naruto, después de todo lo sucedido ya no quería andarse con más jueguecitos con él. La vida era demasiado corta para perder el tiempo. No había ninguna garantía de que Naruto fuera a serle fiel. Sólo tenía la esperanza y la intuición de que, aunque el hombre con quien se había casado no se merecía semejante fe, el hombre en que se estaba convirtiendo quizá sí.

-Creo que no -contestó a la criada, y siguió cepillándose el pelo-. Esta noche me quedaré en esta habitación.

-Muy bien, milady. Si quiere le...

La criada no llegó a terminar la frase ya que ambas fueron conscientes de que Naruto entraba en la habitación. Se apoyó contra la pared y se quedó contemplando en silencio a su esposa. A pesar del calor del fuego, a Hinata se le puso carne de gallina y un escalofrío de excitación le recorrió la espalda. La postura de Naruto era relajada, con el cuello desabrochado y la corbata desanudada. La luz del hogar proyectaba un brillo dorado a sus rasgos, de modo que recordaba a algún dios mitológico.

A pesar de que todavía no había recuperado todo su vigor, irradiaba una peligrosa potencia viril que hacía temblar las piernas a Hinata. No le facilitó las cosas que se mantuviera completamente callado mientras la repasaba con una mirada lenta y turbadora. No pudo evitar ruborizarse al recordar sus contactos íntimos.

La criada recogió el vestido que Hinata se había quitado y se apresuró a salir de la habitación.

Naruto siguió contemplando a su mujer hasta que ésta dejó el cepillo y se levantó con cautela. Entonces se acercó a ella y le acarició los antebrazos con suavidad. A Hinata empezó a latirle con fuerza el corazón y sintió un cosquilleo de anticipación. Cuando la acercó hacia él, cerró los ojos y notó sus labios en la ceja, la sien y la mejilla. Le hacía esas caricias tan suaves mientras la gran excitación de ambos parecía envolverlos en un ambiente abrasador. Estuvieron así largo rato, sin apenas tocarse, sintiendo simplemente la proximidad del otro, hasta que él susurró:

-Hinata..., quiero hacer el amor contigo.

-Creía que nunca lo lla... llamarías así -tartamudeó ella mientras se derretía por dentro.

Naruto le puso las manos en la cara para acariciarla delicadamente con los dedos, mientras la fresca fragancia de la piel de su marido la embelesaba como un incienso embriagador.

Naruto rebuscó bajo su camisa y extrajo la alianza en la fina cadena. Tiro de ésta, rompiendo sus frágiles eslabones, y encajó el anillo de oro en el dedo anular de su esposa. Juntaron las manos por las palmas y las muñecas, repitiendo aquella ceremonia escocesa.

-Quiero satisfacerte por completo -dijo él tras agachar la frente hasta apoyarla en la suya-Dejar mi huella en tu alma. Quiero darte más placer del que puedas imaginar. Quiero hacer el amor contigo, Hinata, como nunca lo he hecho con ninguna mujer.

-Pero tu herida... -balbuceó Hinata, que temblaba tanto que apenas podía mantener el equilibrio-. Tenemos que tener cuidado.

-Deja que yo me preocupe por eso.

Y le dio un beso suave y apasionado. Le soltó la mano, la acercó más y ejerció presión en sus hombros, espalda y caderas hasta amoldarla completamente a su cuerpo. Hinata lo deseaba con una avidez desmedida. Intentó besarlo con urgencia, y tiró de su ropa con un frenesí que hizo sonreír a Naruto.

-Despacio -murmuró-. La noche acaba de empezar y voy a amarte un buen rato.

-No podré seguir de pie mu... mucho más -se quejó Hinata con las piernas temblorosas. Su marido se quitó la chaqueta y dijo con voz ronca: -Échate en la cama, cariño.

Ella se tumbó medio recostada para ver cómo acababa de desnudarse. El vendaje blanco que le cruzaba el vientre le recordó lo cerca que había estado de perderlo. Eso la emocionó. Naruto significaba tanto para ella... La perspectiva de pasar esa noche con él la llenaba de una felicidad que parecía angustia.

El la cubrió delicadamente con su cuerpo y ella le acarició el pecho. Naruto le acarició la cara con los labios, y su aliento hizo estremecer a Hinata.

-Cariño, estos últimos días no he tenido nada que hacer salvo yacer en esta cama y pensar en las cosas que he procurado evitar toda mi vida. Una vez te dije que no estaba hecho para tener una esposa y una familia. Que no me interesaría en absoluto por un hijo, si tú... -Vaciló-. Pero lo cierto es que quiero que tengas un hijo mío. No sabía cuánto hasta que la muerte me rondó. Creí...

-Sonrió-. Maldita sea. No sé ser un buen marido ni un buen padre. Pero como en ambos sentidos pareces conformarte con relativamente poco, tal vez pueda complacerte. -Ensanchó la sonrisa al ver cómo Hinata fruncía el ceño con sorna y prosiguió, serio de nuevo-. Conozco muchas formas de evitar un embarazo. Pero cuando decidas que estás preparada, si lo decides, quiero que me digas...

Hinata le detuvo con la boca. En los minutos apasionados que siguieron, fue imposible decir más palabras. Se sumieron en un desconcierto de placer y alcanzaron una confluencia de emoción y deseo que parecía agudizarles los sentidos dolorosamente.

Naruto le abrió la bata para dejar al descubierto sus pechos y se los acarició con tanta suavidad como las alas de una mariposa. Los pezones, erectos, ansiaban su contacto y cuando por fin él rodeó uno con la boca, Hinata gimió de alivio. Al principio sólo se lo tocó repetidamente con la punta de la lengua con una delicadeza que la hizo arquear el cuerpo con una súplica incoherente. Poco a poco, Naruto fue aumentando las caricias, lamiéndole y chupándole los pechos hasta que la excitación recorrió las entrañas de su mujer como una ola de fuego.

De repente, la bata de terciopelo le oprimía la piel hipersensibilizada, y Hinata trató de quitársela torpemente. Naruto se dispuso a ayudarla bajándole las mangas por los brazos y separándole la prenda de la espalda y las caderas. Hinata suspiró de alivió y arqueó el cuerpo a la vez que rodeaba los hombros desnudos de su marido. Las manos suaves de Naruto le recorrían el cuerpo y le provocaban oleadas de placer. No podía hablar ni pensar, sólo reaccionar a las caricias de Naruto mientras éste le colocaba las extremidades en posturas cada vez más excitantes y le deslizaba la boca despacio por todo el cuerpo.

Unos inquisitivos dedos masculinos se le deslizaron entre los muslos para encontrar el elixir de su húmedo pubis. Hinata se ruborizó y gimió cuando Naruto extendió la humedad en círculos sensuales tras acariciar juguetonamente la abertura de su sexo.

-Naruto, por favor. Ya no puedo esperar más. Yo... -Se calló al notar que él la colocaba de costado y se encajaba contra sus nalgas. La rodeó con los brazos, lo que la hizo sentir segura y protegida incluso cuando él alargó una mano para separarle los muslos. Hinata se movió confusa al sentir la presión del tieso miembro y percatarse de que la estaba penetrando por atrás. Soltó un grito ahogado y giró la cara hacia el brazo musculoso que le rodeaba el cuello.

-Tranquila -susurró Naruto, a la vez que le apartaba el pelo de la oreja y el cuello para besarle esos sensibles puntos-. Deja que te ame de este modo, cariño.

La siguió acariciando y masajeando hasta que se relajó. La provocó con la punta de su sexo penetrándola apenas; cuando ella creía que lo haría por completo, se retiraba. Hinata empezó a balancearse contra él y a presionar con las caderas hacia atrás. Cuando por fin la penetró por completo, ella gimió con frenesí. Su postura no ofrecía mucho margen de movimientos, pero Naruto la embestía profundamente mientras ella reculaba para alentarlo con lascivia.

-Eres demasiado impaciente, cariño -le susurró-. No te esfuerces, deja que el placer te llegue poco a poco. Ven, apóyate en mí.

Le sujetó el muslo y se lo pasó por las rodillas, de modo que le quedaron las piernas muy separadas con las caderas apoyadas parcialmente en las suyas. Hinata gimoteó al notar cómo la penetraba aún más hondo mientras con los dedos le acariciaba rítmicamente el sexo.

Cegada por la pasión, Hinata tensó todos los músculos mientras esperaba que Naruto fuera aumentando su placer sin prisas. La llevó al límite y se retiró, la acercó de nuevo y la hizo esperar y esperar, hasta que al final la dejó llegar al orgasmo en una serie de convulsiones que sacudieron la cama.

Naruto seguía erecto cuando se retiró. Sus cabellos humedecidos relucieron como oro pagano mientras la dejaba boca arriba y le recorría el vientre con los labios. Hinata sacudió la cabeza para negarse, aturdida, incluso cuando le dobló las rodillas y se las levantó.

-Estoy exhausta... -gimió-. Espera, Naruto.

Él le buscó la piel húmeda con lametazos placenteros e insistió hasta que ella dejó de protestar.

Las delicadas caricias de Naruto tranquilizaron a Hinata, y los latidos de su corazón se volvieron acompasados. Pasados unos largos y pacientes minutos, él empezó a chupar y mordisquear el clítoris hinchado de Hinata, que suspiró y gimió nuevamente. Su marido siguió aumentando su placer moviendo la lengua con destreza mientras le sujetaba los muslos con los brazos. Parecía que el cuerpo de Hinata ya no era suyo, que sólo existía para recibir ese tormento enloquecedor. Quiso pronunciar el nombre de su marido, pero no pudo. Sin embargo, él pareció oír su súplica silenciosa y, como respuesta, hizo algo con la boca que le provocó una serie de clímax incandescentes. Cada vez que creía que todo había terminado, la recorría otra oleada de sensaciones, hasta que estuvo tan exhausta que le rogó que parara.

Naruto se alzó ante ella con los ojos brillantes y Hinata separó las piernas para recibirlo a la vez que le rodeaba la espalda con los brazos. Naruto le introdujo el miembro hasta penetrarla por completo. Cuando le acercó los labios a la oreja, ella apenas pudo oír lo que le susurraba por encima de los latidos de su corazón.

-Hinata... -le oyó decir-, quiero que llegues una vez más al orgasmo.

-No puedo... -negó débilmente.

-Sí puedes. Necesito sentirlo dentro de ti.

-No puedo más -aseguró ella mientras negaba débilmente-. De verdad que no...

-Sí puedes. Yo te ayudaré. -Le deslizó una mano por el vientre hasta el punto donde sus cuerpos estaban unidos -Déjame penetrarte más profundamente... más profundamente...

Hinata gimió y sollozó mientras los dedos de Naruto manipulaban con destreza su sexo. De repente, notó que la penetraba aún más, y su cuerpo excitado se abrió para recibirlo.

-Mmm... -murmuró él-. Sí, así... Oh, cariño, eres tan dulce...

Se movía entre las rodillas dobladas de Hinata, sobre sus caderas, y la embestía con inusitado brío. Ella le rodeaba con los brazos y las piernas, con la cara oculta en su cálida garganta, y gritó y gritó mientras su cuerpo palpitaba y se tensaba para proporcionar a Naruto una satisfacción increíble. Él se estremeció entre sus brazos y le aferró mechones de su hermosa cabellera mientras se entregaba totalmente a ella y la adoraba en cuerpo y alma.

Cuando Hinata despertó sola en la cama, lo primero que vio fue unas salpicaduras rosa esparcidas por las sábanas blancas, como si alguien hubiera derramado vino rosado en ellas. Parpadeó medio dormida y se apoyó en un codo para tocar una mancha con un dedo. Era un pétalo de rosa, arrancado de la flor y dejado con cuidado en la cama. Al echar un vistazo alrededor, descubrió que habían diseminado los pétalos sobre ella. Esbozó una sonrisa y se recostó de nuevo en la cama fragante.

La noche de embriagadora sensualidad parecía haber formado parte de un largo sueño erótico. Apenas podía creerse las cosas que había permitido hacer a Naruto, intimidades que jamás había imaginado posibles. Y en el adormilado período posterior a su acto apasionado, él la había recostado en su pecho y habían hablado durante lo que parecían horas. Hinata incluso le había contado la historia de la noche en que ella, Ino y las compañeras de infancia Sakura y Tenten se habían hecho amigas, sentadas en una hilera de sillas durante un baile.

-Hicimos una lista de posibles pretendientes y la anotamos en nuestros carnets de baile vacíos -le explicó-. Lord Uchiha estaba de primero en la lista, por supuesto. Y tú estabas de último, porque no eras de los que se casan.

Naruto rió con voz ronca a la vez que entrelazaba íntimamente las piernas desnudas con las suyas.

-Estaba esperando que tú me lo pidieras.

-Ni siquiera me mirabas -puso morritos Hinata-. No eras la clase de hombre que baila con las floreros del baile.

Naruto le acarició el pelo y guardó silencio un momento.

-No, no lo era -admitió al fin-. Fui un imbécil por no haberme fijado en ti. Si me hubiera molestado en pasar sólo cinco minutos contigo, no te me habrías escapado. Y la habría seducido como si fuera aún la virginal doncella, la habría engatusado para que le dejara hacerle el amor otra vez, tal como habían hecho.

Hinata efectuó sus abluciones matinales recordando las horas de ternura apasionada como si fueran un sueño. Se puso un vestido de lana forrado de seda y bajó para reunirse con Naruto, quien seguramente estaría en la oficina del club ojeando los recibos de la noche anterior. En el club sólo había los empleados que limpiaban el local para la próxima noche, y los contratistas, que estaban instalando una moqueta nueva y pintando el enmaderado.

El entrar en la oficina, vio a Naruto y Neji en lados opuestos de la mesa. Ambos examinaban libros contables, tachaban algunas entradas con una pluma y efectuaban anotaciones en los márgenes. Los dos alzaron los ojos cuando ella cruzó el umbral. Hinata sólo sostuvo brevemente la mirada de Naruto, pues le resultó difícil conservar la compostura delante de él después de la intimidad de la noche anterior.
Naruto se detuvo en seco al verla, como si hubiera olvidado lo que estaba diciendo. Al parecer, ninguno de los dos se sentía aún cómodo con unos sentimientos que eran demasiado nuevos y fuertes. Tras darles los buenos días, les pidió que no se levantaran y se situó junto a la silla de Naruto.

-¿Has desayunado ya? -le preguntó.

Él sacudió la cabeza con los ojos brillantes al mirarla.

-Todavía no.

-Iré a la cocina a ver qué hay.

-Espera un momento -le pidió Naruto-. Ya casi hemos terminado.

Mientras los dos hombres comentaban unos últimos aspectos del negocio, referidos a una posible inversión en la construcción de una galería comercial en St. James' Street, Naruto tomó la mano que Hinata había apoyado en la mesa. Distraídamente, se acercó el dorso de los dedos a la mandíbula y la oreja mientras contemplaba la propuesta por escrito. Aunque él no era consciente de lo que revelaba ese despreocupado gesto de familiaridad, Hinata se sonrojó cuando su mirada se cruzó con la de Neji por encima de la cabeza de su marido. El joven le dedicó una expresión de regaño simulado, como una niñera que pillara dos niños jugando a besarse, y sonrió al ver cómo Hinata se ruborizaba aún más.

Ajeno al intercambio, Naruto entregó la propuesta a Neji que se puso serio al instante.

-No acaba de gustarme -comentó Naruto-. No esta claro que haya negocio suficiente en la zona para sostener una galería comercial, especialmente con estos alquileres. Sospecho que en un año se habrá convertido en un elefante blanco.

-¿Un elefante blanco? -preguntó Hinata.

Desde la puerta les llegó otra voz: lord Uchiha.

-Un elefante blanco es un animal poco común -explicó el conde con una sonrisa-. No sólo es caro sino también difícil de mantener. Históricamente, cuando un rey quería arruinar a alguien, le regalaba un elefante blanco.

-Sasuke entró, dio un besamanos a Hinata y se dirigió a mi opinión, tu valoración de la futura galería comercial es correcta. No hace mucho me propusieron invertir en este proyecto y lo rechazaré por los mismos motivos.

-Seguro que resultará que los dos estamos equivocados -repuso Naruto.

-Nadie debería intentar predecir nada relacionado con las mujeres y sus compras. -Se levantó para estrechar la mano al y yo íbamos a desayunar. ¿Nos acompañas?

-Tomaré un café -asintió Sasuke-. Perdona que haya venido sin avisar, pero tengo noticias. Finalmente pude reunirme con lord Orochimaru esta mañana -prosiguió bajo la atenta mirada de Naruto, Hinata y Neji.

-Admitió haber sido el propietario original de la pistola. Me contó en confianza que, hará unos tres años, había dado el juego de pistolas de duelo al señor Danzo Shimura, junto con algunas joyas de la familia y otras bagatelas, para conseguir un nuevo plazo para saldar sus deudas con el club.

-¿Está escondiendo Shimura a Tokuma? -Hinata había parpadeado de sorpresa al oír mencionar al antiguo director del club.

-Es probable.

-Pero ¿por qué? ¿Significa eso que Shimura puede haber contratado a Tokuma para que atentara contra mi vida?

-Lo averiguaremos -aseguró Naruto-. Iré a ver a Shimura hoy mismo.

-Te acompañaré -dijo Sasuke- Mis fuentes me consiguieron su dirección. De hecho, no está lejos de aquí.

-Gracias por tu ayuda, pero no quiero causarte más molestias con este asunto -replicó Naruto-. Dudo que a tu esposa le gustara que te hiciera correr algún riesgo. Neji me acompañará.

Hinata se dispuso a objetar porque sabía que Naruto estaría más seguro si lo acompañaba Sasuke. Su marido apenas se estaba recuperando de su herida. Y si se le ocurría hacer algo insensato o desacertado, a Neji no le sería fácil disuadirlo. Al fin y al cabo, Neji era empleado suyo. Sasuke conocía perfectamente a Naruto y podía influir en él.

Pero antes de que Hinata pudiera decir una palabra, Sasuke dijo:

-Seguro que Neji es un hombre muy capaz. Por eso debería encargarse de la seguridad de Hinata y quedarse con ella.

Naruto entornó los ojos para discutir, pero las palabras no le salieron de la boca ya que Hinata le tomó un brazo y se apoyó en él con una presión ligera y confiada.

-Yo lo preferiría así -indicó.

Naruto la miró y su expresión se suavizó. Hinata tuvo la emocionante impresión de que haría todo lo que estuviera a su alcance para complacerla.

-Si la presencia de Neji te tranquiliza, así se hará -dijo él.

La objeción de Naruto a que Sasuke lo acompañara obedecía a lo violenta que todavía era la relación entre ambos. No era precisamente cómodo pasar el rato en compañía de un hombre cuya mujer habías raptado tiempo atrás. La paliza que Sasuke le había dado después había relajado un poco las cosas, y la posterior disculpa de Naruto también había ido bien. Y parecía que su matrimonio con Hinata y el hecho de que hubiera arriesgado su vida por ella, había predispuesto al conde a verlo con cierta aprobación que podría, con el tiempo, recomponer la vieja amistad. Sin embargo, su relación había adoptado una nueva forma que tal vez nunca alcanzaría la fluidez de antaño.

Para ser un hombre que se había dedicado a vivir sin arrepentimientos, Naruto estaba teniendo muchas dudas sobre su comportamiento en el pasado. En particular, su actitud hacia Sakura Haruno había constituido un error garrafal. Había sido un idiota al estar dispuesto a sacrificar una sólida amistad por una mujer a la que en realidad no deseaba. Si se hubiera planteado las alternativas, podría haber descubierto a Hinata, que había estado ahí, delante de sus narices.

Para alivio de Naruto, Sasuke charló afablemente en el carruaje que los conducía a las afueras de Londres, donde estaban urbanizando campos para construir viviendas de clase media. La dirección de Danzo Shimura era la de un hombre de una buena posición económica. Mientras reflexionaba con amargura sobre cuánto dinero habría obtenido Shimura durante los años que había desfalcado al club, Naruto contó a Sasuke todo lo que sabía sobre el antiguo director. El tema volvía una y otra vez a la situación de las finanzas del club en ese momento y a la necesaria reestructuración de las inversiones.

Para Naruto fue un regalo del cielo poder confiarse a Sasuke, una de las personas con mejores aptitudes financieras del país y que le ofreció la opinión de alguien entendido en tales asuntos. Y a ninguno de los dos se le escapó que la discusión suponía una ruptura drástica con el pasado, cuando Naruto parloteaba sobre escándalos y aventuras, lo que siempre provocaba un sermón condescendiente de Sasuke. Esta conversación discurrió en mayor igualdad de condiciones, entre dos hombres que de repente tenían más en común que antes.

El carruaje se paró en una nueva plaza residencial. Todas las casas eran de tres pisos y estrechas, ya que no llegaban a los cinco metros de ancho. Una cocinera vieja de aspecto cansado abrió la puerta y se hizo a un lado cuando entraron a empujones. La casa parecía ser una de las que solían alquilarse amuebladas a profesionales solteros de clase media.

Dado que toda la residencia consistía en tres habitaciones y un excusado, no fue difícil localizar a Shimura. El antiguo director del club estaba sentado en un sillón frente a la chimenea de un salón que apestaba a alcohol. Los alféizares de ambas ventanas estaban cubiertos de botellas, y también había junto al hogar. Shimura miró a sus intempestivos visitantes con los ojos vidriosos del borracho habitual. Tenía el mismo aspecto que cuando Naruto lo había despedido dos meses atrás, hinchado y descuidado, con los dientes cariados, la nariz roja y la cara rubicunda llena de venitas.

Se llevó un vaso a la boca, bebió un buen trago, sonrió y los miró con ojos húmedos.

-Me habían dicho que le habían agujereado las tripas -dijo a Naruto -Pero como no parece un fantasma, supongo que era un falso rumor.

-En realidad, es cierto -respondió Naruto con frialdad- Pero el diablo no me quiso.

La idea de que Shimura pudiera ser responsable del intento de asesinato de su esposa le hacía difícil contenerse. Sólo el hecho de que tenía la información que necesitaban lo refrenaba.

Shimura rió entre dientes y señaló las botellas.

-Sírvanse ustedes mismos si quieren. No suelen visitarme caballeros tan distinguidos.

-Es muy amable, pero no, gracias -dijo Sasuke-. Hemos venido a preguntarle por una anterior visita suya. Tokuma. ¿Sabe dónde está?

-¿Cómo demonios voy a saberlo? -contestó Shimura, imperturbable, tras tomar otro trago.

Sasuke sacó del bolsillo la pistola hecha de encargo y se la mostró. -¿Dónde la consiguió? -resolló el borracho con los ojos desorbitados y una tonalidad púrpura en la cara.

-Tokuma la usó la noche del tiroteo -informó Naruto, esforzándose por controlar la cólera- Y aunque dudo que el bulto maltrecho que lleva sobre los hombros contenga un cerebro operativo, hasta usted debería poder deducir las consecuencias de su implicación en un intento de asesinato. ¿Le apetece una larga estancia en la cárcel de Fleet Ditch? Podríamos arreglarlo en cuestión de...

-St. Namikaze -advirtió Sasuke en voz baja mientras Shimura resollaba y se atragantaba.

-¡Debió de robármela! -gritó Shimura, y derramó parte de la bebida en el suelo-. El muy bribón. No sabía que la tenía él. ¡No es culpa mía, se lo aseguro! Yo sólo quiero que me dejen en paz. ¡Maldito cabrón!

-¿Cuándo fue la última vez que lo vio?

-Hará tres semanas. -Una vez terminada la bebida, Shimura recogió la botella del suelo y bebió de ella como un niño del biberón-. Se quedaba aquí de vez en cuando después de irse del Hyuga's. No tenía a donde ir. Ni siquiera le dejaban dormir en un asilo pues ya se le nota la sífilis.

-¿Sífilis? -Naruto y Sasuke intercambiaron una mirada rápida

-Sí, el mal francés. -Shimura miró a Naruto con desdén -Una enfermedad que conlleva a la locura. Antes de dejar el Hyuga's ya mostraba síntomas: habla lenta, temblores faciales, grietas en la nariz. Había que estar ciego para no verlo.

-No suelo examinar el aspecto de mis empleados con tanta atención -dijo Naruto, mientras las ideas se le agolpaban en la cabeza. La sífilis era una desagradable enfermedad de transmisión sexual que desembocaba en lo que los médicos llamaban «páresis del demente». Provocaba locura, algunas veces parálisis parcial y una pérdida horripilante de las partes carnosas del cuerpo, incluido el tejido blando de la nariz. Si Tokuma la tenía en estado tan avanzado, no había esperanza para él.

Pero ¿por qué, en su demencia, se había obsesionado con Hinata?

-Es probable que ya haya perdido la cabeza -dijo Shimura con amargura antes de levantar la botella para echar otro trago. Cerró los ojos al notar el ardor del alcohol y apoyó el mentón en el pecho-. Vino aquí la noche del tiroteo vociferando que lo había matado a usted. Temblaba de pies a cabeza, el hombre, y se quejaba de dolor de cabeza. Tenía un montón de ideas raras. Así que pagué a un hombre para que lo llevara a una casa para incurables, la que está en el camino de Knightsbridge. Ahora Tokuma está ahí, o bien muerto o en un estado que haría que la muerte pareciera una bendición.

-¿Por qué trató de matar a mi esposa? -preguntó Naruto- Sabe Dios que nunca le hizo daño.

-El pobre cabrón siempre la despreció -respondió Shimura con aire taciturno-. Incluso desde la infancia. Después de cada visita de Hinata al club, cuando Tokuma veía lo que disfrutaba Hyuga con ella, se pasaba días huraño e irritable. Se burlaba de ella... -Se detuvo con una sonrisa nostálgica- Era una niña muy divertida. tartamuda, tímida y redonda como una marsopa. Me dijeron que ahora es una belleza, aunque me cuesta imaginármela.

-¿Era Hyuga el padre de Tokuma? -preguntó Sasuke con gesto imperturbable. La pregunta sobresaltó a Naruto.

-Podría -dijo madre juraba que lo era. -Dejó la botella a un lado y entrelazó los dedos sobre su barriga- Era prostituta en un burdel. La noche más afortunada de su vida fue la que prestó sus servicios a Hiashi Hyuga. Este le tomó simpatía y pagó a la madame para que fuera de su uso exclusivo. Un día, la prostituta le dijo que estaba preñada y que el hijo era suyo. Y Hyuga, que era fácil de convencer, le concedió el beneficio de la duda. La mantuvo el resto de su vida y dejó que el muchacho trabajara en el club cuando fue lo bastante mayor. La mujer murió hace muchos años. Justo antes le contó a Tokuma que Hyuga era su padre. Cuando el muchacho se enfrentó a Hyuga, éste le dijo que, tanto si era cierto como si no, sería un secreto. No quería reconocer a Tokuma como hijo suyo. Por un lado, el chico no fue nunca lo que se dice idóneo, y por otro, a Hyuga jamás le importó un comino nadie que no fuera su hija. Quería que Hinata se lo quedara todo cuando él estirase la pata. Tokuma culpaba de ello a Hinata, por supuesto. Creía que, de no ser por ella, Hyuga lo habría reconocido y hecho más por él. Es probable que tuviera razón en eso. -Frunció el ceño con tristeza-. Cuando Hinata lo llevó a usted al club, milord, Tokuma ya tenía la sífilis, y fue entonces cuando empezó la locura. Un triste final para una vida triste.

Shimura se detuvo y dirigió una mirada de lúgubre satisfacción a ambos hombres.

-Si quieren vengarse de un pobre loco, lo encontrarán en el hospital Tottenham -añadió-Obtengan la reparación que puedan, señores, pero si vamos a eso, el Creador ya ha impuesto a Tokuma el peor castigo que puede soportar un cuerpo.

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Continuará...