— En absoluto. Podemos dormir en la misma cama.
Hermione aquella tarde cálida, permanecía en la tina. Meditaba al respecto. Pensaba acerca de la mentira que quería gritarle al mundo. Aquel día precisamente; estaba bajo el cuidado de Ronald Weasley. Eileen llegaría de visita por primera vez.
Pocas dolencias asociadas a su embarazo, había sentido durante esas pocas horas. Inapetencia y desgano, mayoritariamente. Pero no se preocupaba, había tenido buenas noches frente a la chimenea, sentada junto a Snape. Leyendo libros. Acurrucada entre él y una larga manta, mirando a través de la ventana.
Prácticamente se había dormido, dentro de la tina. Esas memorias resultaban reconfortantes en cierto sentido. Al menos se sentía protegida. Como si el mundo se cayera a pedazos y él estuviera allí para sostenerla.
Dormitando, escuchó el llamado a la puerta de madera. Los nudillos de Snape, supuso, golpeaban suavemente contra la misma.
— Hermione. Mi madre está por llegar, muy pronto. Pensé, como llevas tanto tiempo dentro de la tina, que necesitabas algo.
Su voz no tenía ningún sonido en especial. Plana, ligeramente suave. Sonrió y negó con la cabeza, como si él pudiera verlo.
— Enseguida saldré.
Se estiró en la tina, hacia adelante, tocándose los pies que reposaban fuera de ella. Estaba viva, por ahora. Se levantó cuidadosamente, rodeándose con una toalla y con un suspiro lento, se miró en el espejo. Acomodó su cabello, trazando una carrera. Una perfecta división en medio de su cabeza. Había comenzado a desenredarlo, cuando miró uno de sus párpados.
Le hacía falta, un poco de descanso. Se sentía ligeramente exhausta. Un poco "atontada". Luego de acomodar su cabello y secarlo rápidamente con su varita, tomó un poco de maquillaje para disimular sus "síntomas" de estrés.
Abrió la puerta y caminó hacia la habitación. Había olvidado la ropa. Severus estaba sentado allí, mirando un viejo libro. Al caminar alrededor de la habitación, él apenas alzó la vista y luego, continuó con su lectura.
En todo el proceso de cambio de ropa, Severus no la miró. Bastante buena era su concentración, como para no perderla y parecer una clase de "pervertido".
Una túnica blanca, muy simple, como su humor en ese preciso momento. Su ex profesor de pociones, alzó la mirada cuando supuso que ella ya había terminado.
— Te ves hermosa— agregó, sin apartar su vista de su rostro.
¿Cómo podía ver él, lo hermoso en una ropa tan simple? Bien, aceptaba que esa parte de él, resultaba bastante atractiva. No le molestaba que todos los días, aumentaran su autoestima, con comentarios así. Incluso aunque tuviese bolsas bajo sus párpados.
— Muchas gracias.
— Ronald Weasley se encuentra en el salón, haciendo su ronda diurna.— dijo, mientras hojeaba las páginas de aquel viejo libro amarillento en sus hojas y marrón en su vieja portada.— asumí que podías bajar y conversar con él un rato. La idea no me simpatiza mucho, dado que terminará lastimándote. De todas formas; no tengo la potestad de elegir.
Hermione asintió, mientras desaparecía tras la puerta y las escaleras. Severus dio un chasquido con la lengua y se dejó caer en la cama, mientras continuaba leyendo el libro. Su gabardina negra, sobresalía de la cama. Un largo saco.
— Ron...— jadeó pesadamente, ante la rapidez con la que había bajado las escaleras. Embarazada, perdía mucha fuerza.
Ron movió la cabeza en su dirección, mientras estaba sentado en el sofá. Esperaba que él no actuara como Harry. Quería abrazarlo, decirle cuánto lo extrañaba.
— Hola, Hermione.— eso había sido un gran avance. Trataba de contener sus lágrimas, pero le resultaba imposible.
— Ron...yo..lo siento tanto— alcanzó a murmurar, mientras tragaba con fuerza. Severus había soltado el libro, preguntándose si lo mejor era dejarla actuar por su cuenta o cerciorarse de que nadie volviera a herir sus sentimientos.
Bajó las escaleras con mucha lentitud, deteniéndose en una esquina. Para escuchar por supuesto.
— Hermione, yo no tengo nada que recriminarte— dijo el muchacho, mientras tomaba su varita que había soltado en el sofá y se levantaba para detenerse a escasos centímetros de su amiga. Ya estaba llorando. Gruesas lágrimas, hacían que su maquillaje se corriera fácilmente.
— ¡Oh mi dios, qué tonta soy! Mírame, estoy llorando y ninguna de mis lágrimas tiene valor para alguno de ustedes.
Ron suspiró con pesar y negó varias veces con la cabeza. Severus siempre había sabido, que tenía un contendiente. Y ese era Ronald Weasley, precisamente.
— Para mí lo valen. Quizá Harry solo está confundido, sorprendido. Ginny no ha dicho nada, ella te aprecia y lo sabes.
Hermione pareció recuperar la confianza en sí misma, cuando aquellas palabras fueron dichas y de una forma u otra, Snape agradecía que Ron tuviese más sesos que el propio Harry. Sin importar que lo que terminara motivando su sentimiento de: "te perdono sin importar lo que hagas", fuese el amor que le tenía a ella.
Se encontró cómoda, en un abrazo. Ron acarició su espalda, cuidadosamente.
Severus amaba a la mujer que tenía enfrente y si ella era feliz así, de esa forma, entonces él también podría serlo.
— Gracias, Ron. Por comprenderlo.
Ron asintió suavemente y Snape ya estaba fuera del librero. Los miró con atención y luego, caminó directamente a la cocina. Hermione se mordió el labio inferior y permaneció quieta en su lugar. Por alguna extraña razón; su mirada había sido distante. Le dio la impresión de que parecía lastimado.
Quiso caminar tras él; pero su madre ya estaba haciendo acto de presencia. Estaba en la cocina, luego de haber entrado por la puerta trasera.
— ¡Ah, Severus hijo!— escuchó, mientras se quitaba una larga bufanda verde y plateada, que supuso él le había obsequiado.— ¿¡Dónde está ella! Ansío verla.
Hermione permaneció en el salón y Eileen no tardó en aparecer ante su vista. Sonrió, abriendo sus brazos y caminando hacia ella, con una enorme sonrisa.
— ¡Felicidades! Oh, estoy tan feliz. Mi hijo y tú, tendrán un bebé. ¡Tendré un hermoso nieto o nieta!
Ron caminó alrededor del sofá y se detuvo junto a la cocina. No necesitaba oír eso, pero sin embargo no pudo pasar desapercibido por Eileen Prince Snape.
— ¿Y tu quién eres?— dijo y sonrió— eres muy jovencito para ser amigo de mi hijo. ¿Eres uno de sus ex estudiantes?
Ron asintió y Severus dudó de contestar a las preguntas de su madre.
— Entonces, eres amigo de Hermione Granger. ¡Es un placer conocerte!
— Ronald Weasley. Soy un auror y estoy aquí, para protegerlos por cualquier contingencia que pueda presentarse.
Eileen asintió y ladeó la cabeza hacia Hermione, que permanecía en silencio. Respiró lentamente y su expresión de felicidad disminuyó un poco.
— Estás muy callada, ¿sucede algo, Hermione? ¿Te sientes enferma, cariño?
Hermione negó con la cabeza y Eileen juntó sus manos frente a ella, como si elevara una plegaria. Sonriente caminó de vuelta a la cocina y había comenzado a hablar sobre la cena.
— Estás enamorada de él. ¿No es así?— escuchó detrás suyo y recordó que Ron estaba allí. De pie. Aún.
— Es un buen hombre. Aunque sus miles de capas, se molesten en ocultarlo. No lo demuestren.
— Eso no fue lo que te pregunté.
Ella sonrió suavemente y ladeó la cabeza para mirarlo. Mientras le daba la espalda. Respuestas que podía deducir perfectamente.
— ¿Imaginas qué te diré?
— Seguramente me dirás que sí. Al final de cuentas.
Especificar iba a ser una estupidez. Ron no contestó y permaneció en su lugar. Eileen había regresado y había tomado su mano, para que caminara a la cocina.
Lo que Ron había acabado de hacer, se llamaba para ella: percepción de amante.
Cuando una mujer ya no te pertenecía.
— Ven, siéntate y cuéntame cómo te sientes. ¿Cómo va tu embarazo?
— Creo que va muy bien. Tres semanas de embarazo.
La mujer miró a Snape, que sostenía un vaso con algo que Hermione no precisó y lo bebía lentamente, apoyando los codos en la mesa. De pie, frente a ambas mujeres.
— ¿Cómo se adaptan a esto, Severus?
Snape tosió un poco y colocó el vaso sobre la mesa. Preguntas capciosas que no le gustaban en lo más mínimo. Se encogió de hombros y su madre, colocó las manos en su cadera. Parecía a punto de enfadarse.
— ¿La cuidas bien? ¿la alimentas como es debido? Si el bebé nace famélico, entonces a ti te echaré toda la culpa.
Hermione se sintió un poco inútil por sus palabras. Ella era la que cocinaba, no necesitaba ser atendida.
— No deberías hacer tanto escándalo. Es ella quien cocina, así que ese tema está perfectamente cubierto.
— ¡Deberías cocinar tú, Severus! Tú deberías consentirla un poco.
Con sus palabras, regalos y atenciones, ella se sentía como una reina. Snape parpadeó un par de veces y antes de que Eileen continuara, Hermione se interpuso.
— Me cuida, sí. Me trae vestidos nuevos, siempre me da los beunos días y me dice lo hermosa que me veo.
Eileen asintió, por primera vez conforme con lo que acababa de escuchar.
— Quiero que esta vez, la cena corra por cuenta de mi hijo. Severus, ¿no te importaría que me quede por un tiempo? Sé lo que es tener hijos, sé como es eso y quisiera ayudar. Cooperar con todo esto. Dado el final tan rotundo que tendrá el pequeño.— dijo con pesar y Snape negó.
— Puedes dormir en la habitación que Hermione utilizaba. Supongo que ella no tendrá problemas en...
Guardó silencio ante lo que iba a decir. "Dormir conmigo".
Ladeó ella la cabeza hacia donde Ron permanecía de pie y quizá fingía que no oía nada en particular, sino sus propios pensamientos.
