¡Hola! Primero que nada implorar perdón por la tardanza, ha sido un mes complicado y con mucho trabajo por las Fallas aparte de que solo bajaba a Valencia a trabajar y estaba sin conexión a Internet, pero de todos modos no he permanecido ociosa del todo y me alegra poder publicar dos nuevos capítulos seguidos, como siempre espero que os guste y muchísimas gracias por leer ^^.
No paraba de dar vueltas en la cama, desde que se había acostado que una idea le rondaba la cabeza constantemente y la acosaba, sabía que era peligroso y que no debía hacerlo bajo ningún concepto pero ese mismo peligro la atraía todavía más y aumentaba sus deseos de llevar su idea a cabo. Miró el reloj por millonésima vez en diez minutos, las dos y media de la madrugada y sin pegar un ojo, sin duda al día siguiente acabaría roncando en medio de la clase de historia de la magia.
"Si me duermo ahora todavía podría descansar seis horas, siete si me salto la clase de Encantamientos..." Inmediatamente su mente volvió hacia lo que se había convertido en su obsesión de aquella noche. "No puedo hacerlo, es una locura. Tengo que mantenerme centrada, no puedo hacer idioteces así como así. Hay demasiadas cosas en juego, entre ellas mi vida y me gustaría conservarla al menos un año más, seré una sentimental pero como que le he cogido cariño a esto de respirar."
Se volvió a girar en la cama, inquieta, con las sábanas echas un gurruño alrededor de las piernas no había forma de dormir, la ansiedad la carcomía por dentro, cuanto más pensaba en que debería estar durmiendo en lugar de dando vueltas más ansiedad le entraba y se sentía menos capaz de dormirse. Finalmente se rindió ante la evidencia, se quitó las sábanas de encima de un fuerte tirón, asomó la nariz entre las cortinas de su cama para asegurarse de que todo el mundo dormía, alargó la mano y agarró la capa de invisibilidad de Potter que descansaba sobre su mesilla y se la puso por encima, salió de la cama sintiendo el intenso frío del suelo en los pies a través de sus zapatillas, miró con atención hacia los doseles de las camas de sus compañeras asegurándose de nuevo de que ninguna de sus cortinas se movía lo más mínimo. Cuando se hubo convencido de que las otras tres dormían profundamente, caminó hacia la puerta en silencio y con rapidez, la abrió lentamente, se deslizó por la pequeña abertura y salió a la sala común de Slytherin en la que todavía quedaban un par de chicos dormitando en los sillones de cuero negro.
Caminó pegada a la pared hacia la entrada de la sala común, tras una mirada de soslayo para asegurarse de que nadie la veía abrió la puerta y se escurrió hacia el gélido pasillo. Vestida únicamente con una camiseta blanca con mangas azules y un culot del mismo tono que las mangas, no tardó en tener todo el vello de los brazos y las piernas de punta.
"Maldición, no se me ha ocurrido vestirme y el camino va a ser largo." Se maldijo hacia sus adentros, frotándose los brazos con las manos para sentir una pizca de calor. "Por lo menos no me voy a perder porque ya voy con las largas puestas." Rió en silencio su propio comentario mental, mientras recorría los tortuosos pasillos que llevaban a la gárgola que protegía su sala común lo más rápido posible para evitar morir de una pulmonía o de hipotermia antes de llegar a su destino.
Cuando por fin logró llegar hasta la estatua que cerraba el pasillo ya estaba helada hasta la médula, abrió la entrada y salió a los pasillos aún más fríos y con corriente del castillo. Maldiciendo en silencio empezó a correr hasta las escaleras, subió con rapidez viendo por el camino cómo Peeves colocaba una armadura para que se cayese rodando por los escalones al primer roce inoportuno, tomó nota mental del lugar en el que se encontraba para que el poltergeist no la matase al día siguiente y continuó subiendo lo más rápido posible y tratando de hacer el menor ruido.
Llegó hasta el séptimo piso casi sin resuello pero por lo menos ya no tenía frío, de repente una duda la asaltó tal vez no se abriese la puerta si no se la veía. Rogando por que no fuese así se acercó al retrato de la señora gorda y murmuró.
-Quid Agis.- La señora dentro del cuadro se removió en su sueño sin abrir los ojos y para alegría de Pansy el marco de la pintura empezó a moverse hacia ella, entró con rapidez por si a la señora se le apetecía preguntar quién andaba por ahí a aquellas horas. Inmediatamente después de cruzar la puerta de la torre de Gryffindor pudo sentir el agradable calor de la sala común ambientada por un chisporroteante fuego que ardía en el hogar con alegría, aunque era el único esbozo de alegría dentro de la habitación.
Nada más entrar ya se dio cuenta de que iba a ser más complicado colarse por la sala común de Gryffindor, en un rincón estaban los gemelos Weasley hablando en voz baja, parecía que estaban haciendo algún tipo de inventario. Junto a la chimenea estaba el zopenco, descortés y gruñón de su hermano menor sentado en un sofá junto a Potter al que parecía que no iban a expulsar por el momento, a no ser que le hubiesen dejado aquella noche para dormir y despedirse, se acercó a ellos y escuchó protegida por la capa de Harry pensando que tal vez podría enterarse de algo interesante sobre lo que había sucedido aquella noche pero ninguno de ellos hablaba, sólo jugaban al ajedrez mágico sin dirigirse la palabra, ambos parecían abrumados por la situación. Pansy no tenía ni idea de todo lo que había ocurrido en el despacho de Dumbledore pero una sensación nefasta se había alojado en lo más profundo de su conciencia.
Olvidándose de ellos subió las escaleras hacia la bifurcación por la que había pasado con Hermione, subió hasta el piso de su chica y cogió el pomo de la puerta con decisión. Lentamente lo giró y asomó la cabeza dentro de la habitación, que estaba sumida en una impenetrable oscuridad, lo único que podía ver era lo que iluminaba el débil rayo de luz que entraba por la estrecha abertura de la puerta. Con rapidez se deslizó de puntillas en el cuarto, contuvo la respiración al oír el chasquido de la cerradura sintiendo cómo todo su cuerpo se tensaba antes de girarse, se quedó completamente quieta hasta que su vista se adaptó a la densa penumbra reinante que sólo se aligeraba brevemente cuando la luna salía de detrás de alguna nube, dentro pudo ver tres camas como las de su cuarto pero las cortinas eran de un color granate intenso en lugar de verde esmeralda. Esperó hasta estar del todo segura de que ninguna de las ocupantes de la habitación se había despertado y caminó con lentitud, deslizándose como una gata. Había estado en la habitación aquella misma tarde pero no tenía ni idea de cuál era la cama de la castaña. Sigilosamente caminó hacia la cama de la izquierda y retiró con cuidado la cortina.
"¡Coño! ¡Qué susto!" Saltó bajo la capa de invisibilidad con el corazón latiéndole desbocado en el pecho. "Ésta muchacha tiene que gastarse todo el sueldo de sus padres en maquillaje, qué fea que es la jodía en directo."
Cerró suavemente la cortina, se apartó de la cama y caminó hacia la derecha para asegurarse de cuál era su ocupante. De nuevo abrió un poco la cortina y ahí se encontraba su tan ansiada recompensa.
"Bingo." Exclamó en su mente con alegría. Hermione dormía atravesada en la cama, tapada hasta la cintura, su pelo desordenado y desparramado por toda la almohada, el brazo derecho doblado y con la mano entreabierta reposando junto a su oreja, los labios húmedos y entreabiertos y una expresión de paz y dulzura inenarrable.
"Es preciosa." Pensó mirándola con deleite. "Y tan mona con su pijama de gatitos." Sonrió al ver una pareja de gatitos, uno blanco y otro negro, jugueteando con una bola de lana en su camiseta. Bajo el tejido Pansy notó sus pequeños y firmes pechos, alargó una mano y acarició su torso con el dedo corazón, de arriba hacia abajo desde el cuello hasta el obligo. Hermione respiró profundamente tras el breve roce, alentada por su pequeña reacción Pansy fue a entrar en la cama cuando algo se le tiró a la cara.
Estuvo a punto de soltar un grito pero por fortuna fue capaz de reprimirlo en el último momento, había caído al suelo de culo desde el colchón y una bola de pelos color naranja reposaba ahora sobre su regazo.
"Maldito gato." Gruñó Pansy. "Si lo estrangulo aquí mismo, ¿haría mucho ruido?" Empujó al gato con el brazo para quitárselo de encima y se encaramó a la cama cerrando la cortina y dejando al felino fuera.
Se tumbó junto a la castaña que se había removido al notar el leve movimiento de la cama, se había girado y descansaba sobre su costado izquierdo, dándole la espalda a Pansy involuntariamente. La Slytherin se quitó la capa de encima, no quería que su chica se despertara pensando que la acariciaba un ser intangible y se pusiese a gritar asustada. Se recostó apoyando la cabeza en su mano izquierda y comenzó a acariciar con dulzura el cuerpo de la castaña.
Apartó delicadamente el cabello de su cuello delineando su mandíbula, haciéndole cosquillas por el cuello. Hermione gruñó en sueños y dio manotazos al aire protestando por la insistencia de la mano que... "¿La mano? ¿La mano de quién? ¿Porque es una mano, verdad? O por favor, por favor, que sea una mano. ¿Y si es una araña? ¿O una cucaracha que se pasea por mi cara?"
Asustada, dejó de dar manotazos al aire y abrió los ojos de par en par, lo que sea que fuese seguía en su cara así que le dio un palmotazo con toda la fuerza de que fue capaz y respiró aliviada al no sentir un montón de patas espachurradas contra su cara. Se giró para ver quién estaba en la cama junto a ella y se sorprendió al ver a Pansy sonriendo y acariciándose la mano enrojecida por el golpe.
-¡Ay!- Exclamó en un murmullo, frunciendo el entrecejo como si estuviese enfadada, haciendo contraste con la media sonrisa de su boca. Se acercó a Pansy, le cogió la cara entre sus manos y le dio un largo y dulce beso de bienvenida
-¡Por Merlín!- Susurró. -¿Qué estás haciendo aquí? Creía que tu mano era un insecto.-
-No, si ya me he dado cuenta, ya.- Le contestó sin alzar la voz. Se reclinó sobre ella aprisionándola bajo su cuerpo y dándole otro beso.
-¿Estás loca? ¿Cómo se te ha ocurrido venir?- Le reprochó cuando la morena se separó brevemente de ella y la dejó respirar.
-¿Estás de broma? Tenía la capa de invisibilidad, tenía la contraseña, tenía la oportunidad... ¡Tenía que venir!- Enumeró como si fuese lo más obvio del mundo mientras Hermione la miraba con cara de que era la mayor locura del mundo.
Pansy sonrió al ver el rostro halagado de su chica y comenzó a acariciar su vientre con delicadeza, escuchó embelesada el profundo suspiro que salió de los labios de la Gryffindor. Bajó el rostro y lo enterró en el cuello de la castaña dándole pequeños besos por toda la clavícula. Bajo ella empezó a sentir cómo se removía Hermione hasta que logró sacar un brazo de debajo de su cuerpo y la separó un poco de ella. Pansy se la quedó mirando fijamente a escasos milímetros de su cara. La leona sonrió y le acarició la cara con ternura dándole un beso.
-No podemos.- Le susurró.
-¡Oh, vamos!- Protestó Pansy con cara de fastidio.
-Mi amor, cualquiera de mis compañeras podría despertarse en cualquier momento.- Trató de razonar Hermione.
-Éso sólo lo hace más divertido.- Sonrió con picardía colocándose de nuevo sobre ella.
-Controla tus hormonas.- Sonrió la castaña a su vez. -La situación no está como para que nosotras nos estemos enrollando como dos adolescentes.-
-¿Estás de coña? SOMOS dos adolescentes. Tenemos quince años y tenemos las hormonas en rompan filas, por lo menos yo.- Para retrasar un poco el nuevo rechazo que sabía de sobra que iba a recibir, la besó inmediatamente después de hablar para dejarla sin réplica.
-Cariño...- Fue lo único que dijo cuando pudo recuperar el aliento tras el intenso beso.
Resignada se tumbó al lado de Hermione que empezó a mesarle el cabello, cerró los ojos y se dejó llevar por la sensación de tener a la pequeña leona acariciándole el pelo con suavidad. Se giró sobre su costado y se quedaron mirando a los ojos, hablándose sin decir una sola palabra. En los ojos de la Gryffindor pudo ver todo el deseo contenido, pudo ver sus ganas por gritar al viento que la quería pero también pudo ver la prudencia que la obligaba a permanecer en silencio por el bien de ambas, especialmente por el bien de la Slytherin. Agradeciéndole mentalmente que ella fuese la fuerte de las dos, que ella supiese establecer los límites necesarios que Pansy era incapaz de mantener, le acarició la mejilla con la palma de la mano y los labios con el pulgar.
-¿Puedo por lo menos quedarme a dormir contigo?- Hermione le cogió la mano y le besó la palma, se la apretó con suavidad. Pansy sabía la respuesta que iba a recibir pero aún así tenía que preguntar, tenía que hacerlo, nunca se cansaría de intentarlo. La castaña se mordió el labio con indecisión, siempre tenía que ser ella quien frenase a la Slytherin y no le resultaba nada fácil hacerlo porque ella lo deseaba tanto como la morena.
-¿Porqué no?- Contestó sonriéndole al ver la sorpresa en su rostro. -Pero tendrás que irte a primera hora para que nadie pueda verte.-
-¿En serio?- Le preguntó sin terminar de creérselo, con los ojos abiertos como platos.
-Ajá.- Le contestó acercándose a ella y apoyando la cabeza sobre su hombro mientas la abrazaba por la cintura. Pansy envolvió sus hombros con el brazo izquierdo y la atrajo todavía más hacia ella mientras con la otra mano le hacía cosquillas por las costillas, le besó la frente aspirando la fragancia de sus cabellos.
-He visto a Potter abajo.- Comentó. -Parecía deprimido y la rata pelirroja también.-
-Sí.- Contestó Hermione desde su pecho en el que descansaba con los ojos cerrados y obviando el comentario sobre Ron. -Ha sido una mala noche.-
-¿Cómo de mala?- Preguntó haciéndole cosquillas en la cara.
-MUY mala.- Puntualizó la castaña. -A él no le van a expulsar porque no tienen nada en su contra, resulta que Marietta Edgecombe se chivó de nuestro grupo de Defensa Contra las Artes Oscuras aunque Ron estaba convencido de que fuiste tú.- Levantó la cabeza con una sonrisa al escuchar el bufido de Pansy.
-Bueno, a pesar de lo malo, ha tenido suerte.- Comentó la morena.
-Sí, mucha.- Concedió Hermione. -Aunque no puede decir lo mismo el Profesor Dumbledore.-
-¿Qué?- Al escuchar la pregunta la castaña suspiró con resignación, sin duda le molestaba lo que había sucedido y todavía no había terminado de procesarlo aunque sin duda estaba en ello.
-Fudge alucinó cuando se enteró de que nuestro grupo se llamaba El Ejército de Dumbledore y lo culpó poco menos de tener una logia de estudiantes conspirando contra su poder como Primer Ministro de Magia ya que según él, el Profesor está deseando autoproclamarse como Generalísimo de Magia o algo así.-
-¿Me estás diciendo que han encerrado al Profesor Dumbledore?- Pansy no salía de su asombro por las palabras de la Gryffindor.
-No, no, nada más lejos. Para eso tendrían que haber sido más inteligentes que él y estamos hablando de Fudge y Umbridge.-
-¿Entonces?- La pregunta quedó suspendida en el aire unos segundos mientras la leona pensaba en todo lo que había pasado.
-Se ha dado a la fuga y no tenemos ni la más remota idea de dónde puede estar. Sé que es el mago más eminente y poderoso de nuestra era, pero no puedo evitar el sentirme preocupada por él.- Sonrió con tristeza mientras Pansy la abrazaba con más fuerza.
-¿Y qué va a pasar con el colegio? ¿Es McGonagall la nueva directora?- Pansy recordaba la ayuda que le había ofrecido espontáneamente la profesora de Transformaciones y no dudaba de que después de Dumbledore ella era la mejor opción para Howgarts, eran los únicos capaces de proteger a los alumnos del Señor Oscuro.
-Sabes tan bien como yo que debería serlo, pero ella es completamente leal al profesor Dumbledore y nunca lo habrían permitido, en cambio han nombrado a la maldita Umbridge.-
-Oh, mierda.- Pansy se masajeó el puente de la nariz, un repentino dolor de cabeza le atenazaba. Si Umbridge era la directora los privilegios de los Slytherin aumentarían rápidamente en detrimento del resto de las casas y ella tendría que aparentar que toda aquella mierda le encantaba.
-Sí, eso mismo digo yo.- Hermione la abrazó con fuerza. -Por si no lo teníamos bastante complicado ahora va a empeorar todavía más.-
-Bueno, por lo menos podré dedicarme a putear a tu amiguito Weasley.- Sonrió Pansy siempre dispuesta a encontrar el lado bueno de las cosas.
-Él ya no es mi amigo.- Gruñó la Gryffindor aferrándose a la morena con más fuerza y enterrando el rostro contra su cuello.
-¿Habéis discutido?-
Hermione asintió con la cabeza débilmente repasando los acontecimientos de la tarde.
Tras unos breves instantes de reflexión en los que la Slytherin esperó pacientemente le explicó qué había sucedido.
-Siempre se está metiendo contigo, siempre me dice que no eres lo suficientemente buena para mí, siempre me dice lo estúpida que soy por quererte. No es capaz de comprender lo mucho que te quiero, aunque yo podría llegar a entender lo complicado que le resulta, lo peor de todo y lo que más me cabrea es que ni siquiera lo intenta. Se lo he dicho en todos los idiomas que conozco y de todas las maneras posibles pero no se esfuerza por entenderme, nunca pone nada de su parte y se limita a tratar de hundirnos siempre que puede.- Hermione se descargaba en brazos de su novia mientras ésta le acariciaba el hombro con suavidad. -Además, es la segunda vez que te pega un puñetazo en la cara sabiendo lo mucho que significas para mí, éso no es algo que hagan los amigos.- Pansy pudo sentir el dolor de su chica al no conseguir que su amigo aceptase su relación.
Abrió la boca dispuesta a destripar al gusano baboso pero no le salieron las palabras, cerró la boca y pensó nuevos insultos pero de nuevo se negaron a abandonar su garganta, en su lugar comenzó a pensar en la papeleta del pelirrojo que estaba enamorado de su mejor amiga y ésta había ido a enamorarse de una Slytherin que se había pasado toda la vida insultándolos y denigrándolos a ambos. Pensó en la rabia e impotencia que debía sentir aunque, de cualquier modo, por muy mal que se sintiese y por mucho que la odiase a ella debería ser capaz de apoyar a Hermione incondicionalmente. Inmediatamente se dio cuenta también de lo mal que lo debería estar pasando su leona al haber tenido que enfadarse con uno de sus mejores amigos en uno de los peores momentos.
-Deberías hacer las paces con él.- Dijo en un murmullo, Hermione alzó la cabeza para mirarla a la cara.
-¿Qué?-
-Ya me has oído, no lo voy a repetir, si es lo que quieres.- Replicó con el semblante adusto. Ella iba a seguir odiando al pelirrojo por las dos y Hermione necesitaba el apoyo de todos sus amigos.
-No sé si quiero hacer las paces con él.- Refunfuñó, puso una mano sobre el pecho de Pansy y apoyó la cabeza en ella, disfrutando de la fragancia de su cuello.
La Slytherin se encogió de hombros, dejando claro que era decisión suya, ella sí la apoyaría por cualquiera que fuese su decisión.
-¿Sabes?- Hermione gruñó embebida en sus pensamientos para darle a entender que la escuchaba. -Deberíamos olvidarnos de todos los problemas que tenemos y tendríamos que disfrutar más de éste breve paréntesis.- Sintió los labios de la castaña sobre su mejilla a modo de aprobación, se arrebujaron juntas bajo las mantas y se dedicaron a disfrutar de su mutua compañía durante una sola noche.
El amanecer las encontró durmiendo abrazadas.
