Ella no lo tendrá

Día 37 Tren de las 06:22

«Regina, ¿estás bien?» preguntó Emma después de un largo silencio de su compañera

La miró un rato más y al ver que ella no respondía, decidió continuar

«Lo ha dicho, pero nunca ganará. Todo el mundo sabe que no tiene ningún lazo con Henry, tú lo llevaste en tu vientre, si interrogan al pediatra, en la guardería, las niñeras, verán que siempre has sido tú quien se ha ocupado de él»

«¿Cómo sabes que yo me ocupo de todo?» dijo ella son mirarla, con la voz temblorosa

«Porque te conozco, corazón, y sé hasta qué punto eres una excelente madre, hasta qué punto Henry es tu prioridad absoluta. Me gusta eso de ti, eres una mujer, pero eres también una mamá, con cada célula de tu cuerpo eres una mamá»

«Te amo»

«Lucharemos Regina, y si prefieres esconderme para que tus posibilidades de conseguir la custodia de Henry no se vean mermadas, yo me apartaré, y si…»

«No…¡En absoluto! Nada de mentiras, nada de eso. Asumo nuestra relación. No he hecho nada malo, he dejado a Kathryn, he empezado con el divorcio. Ella es más culpable que yo. No voy a esconderte»

«Ok…» dijo ella emocionada por sus palabras «No tendrá a Henry, ya lo verás. E incluso, a lo mejor, con ese paso puede estropearlo todo y hacerte ganar la custodia absoluta de tu hijo»

«No quiero tener demasiadas esperanzas…» dijo pensativa.

«Venga, Regina, ya lo verás, habrá momentos difíciles, pero los atravesaremos juntas y saldremos más fuertes que nunca»

«¡Me gustaría dar un salto en el tiempo! Un año por ejemplo, para ver dónde estaremos, si Kathryn nos deja finalmente en paz, si el divorcio se ha arreglado, como estará Henry dentro de un año, si está con nosotras» dijo ella suspirando

Emma sabía que la angustia de Regina era por Henry, pero no se había dado cuenta hasta qué punto solo concernía a Henry. Pensar en su vida dentro de un año no la hacía dudar sino sobre el estado de su hijo y el de su separación.

«¿Con nosotras?» preguntó ella un poco a su pesar, sin atreverse a mirar a su compañera a los ojos

«Sí» respondió con naturalidad la morena que no había comprendido el sentido oculto de su pregunta «Me gustaría tener la certeza de que las cosas van a mejorar»

«Comprendo. Yo quería decir…con nosotras como…Nosotras…Tú y yo…como…en una misma casa» dijo ella tartamudeando, insegura del giro de su frase

«Hum…» comenzó Regina enrojeciendo «Sí, en fin…no lo sé…Sé que es demasiado pronto para hablar de ello…Solo hace un mes que estamos juntas…Pero no lo sé…Yo te imagino en mi vida. Cuando pienso en el futuro, siempre formas parte de él, espero no asustarte al decirte esto» dijo mordiéndose el labio

«Al contrario» respondió ella besándola lánguidamente

«Te amo» dijo la morena entre beso y beso

«Yo también te amo» respondió Emma separándose finalmente «Y voy a luchar contigo»

«Gracias. ¿Cariño?» preguntó ella entonces

«¿Sí?» dijo conteniendo la sonrisa que quería salir al escuchar el apelativo

«¿Comemos juntas al mediodía?»

«Encantada»

«Yo acabo a las 11:30»

«Ven a buscarme a la tienda a mediodía, te llevaré a un pequeño restaurante muy bonito»

Una vez en la estación de Boston, se besaron furtivamente una última vez sobre el andén antes de separarse.

Día 37 11:50

Emma corría por todos lados para asegurarse de que al mediodía tendría todo acabado para llevar a su compañera a un restaurante que a ella le gustaba en particular. Se había encerrado en la parte de atrás y terminaba la entrada del stock de la última entrega.

«Emma, ocúpate de la clienta del probador tres, necesita ayuda y ha pedido que fueras tú» le dijo Ruby entrando y saliendo rápidamente de la estancia.

«¿La conozco?» gritó ella sin moverse

«No lo sé, no me ha dicho nada» dijo ella volviendo a pasar la cabeza «Y te rogaría que no gritaras así, se te escucha en toda la tienda»

La joven resopló y se levantó de mala gana antes de dirigirse a los probadores. Agarró la cortina, anunciándose sin gran convicción antes de abrir cuando no escuchó ninguna objeción.

«Buenos días, señora, soy Emma Swan, ha pedido verme, estoy aquí para ayu..darla»

«Buenos días, Miss Swan» dijo la morena despampanante que tenía enfrente, únicamente vestida con un conjunto de encaje blanco, que contrastaba con el bronceado de su piel, y con sus tacones de aguja.

«Miss Mil…Gina…Reg…perdón…Regina. Usted, tú…Yo…heu…wow…es… está bien, está bien…hermoso…en qué…yo…ayudar»

«Esperaba sorprenderte un poco, pero no esperaba tanto» dijo la morena con una sonrisa orgullosa y cargada de seguridad.

La rubia la miró un instante sin hablar ni moverse, la boca ligeramente entre abierta.

«¿Está viendo algo que le gusta?» preguntó ella girándose, ofreciéndole una hermosa vista de la piel que dejaba al desnudo su tanga.

En su cabeza, Emma repasaba todas las imágenes de sus momentos de pasión, esa primera noche que prometía mucho más, su sesión sobre el piano que la había hecho delirar. La manera en que Regina la había tratado, amado, tocado, ella había deseado que esos momentos no terminaran nunca. Separarse de ella era siempre un verdadero calvario. Verla así ante sus ojos la volvía completamente loca de deseo nuevamente.

Pero más allá del deseo, estaba el amor tan fuerte que sentía. Esa mujer era increíble, tan llena de recursos escondidos que desvelaba poco a poco. Nunca nadie la había sorprendido de esa manera y se daba cuenta de cómo le gustaba eso.

«¿Emma?» preguntó dulcemente como para hacerla volver a la realidad.

La rubia pestañeó, la miró de arriba abajo una última vez y se metió en el probador, tomando posesión inmediatamente de sus labios, llena de deseo.

Regina se rio pegada a sus labios, orgullosa de su efecto y puso sus manos en su nuca para atraerla mucho más hacia ella. Las manos de Emma encontraron la cintura de su compañera donde comenzó a acariciar su piel.

«Bien, bien…Mirad quién se siente perfectamente en confianza» le susurró al oído

Ella no la escuchó y continuó con sus besos, descendiendo sus labios por su cuello. Deslizó su mano sobre su muslo hasta llegar a la parte de atrás de su rodilla y la hizo rodear con una pierna su cintura. La morena parecía querer resistirse sin ser realmente capaz.

«Cálmate…» dijo ella, su voz traicionando su deseo «Yo quería…no era…»

Emma no le facilitaba la tarea y se movía contra ella para hacerla perder la cabeza, haciendo que cayera en su propio juego.

«Emma estamos…estamos en…tu trabajo, nosotras…Emma» suspiró sin lograr pararla.

La joven rubia no se detuvo y continuó con sus besos, cada vez más insistentes. Solo fue cuando deslizó su mano por el trasero de su amante que esta logró rechazarla

«Estamos es tu trabajo, no podemos hacer esto»

«Sin embargo no soy yo quien ha ido a seducirte en ropa interior»

Regina de repente se sintió culpable y Emma se preguntó que podía tener en la cabeza.

«¿Regina?»

«Bueno…en principio no era la intención, pero…»

«Pero…» dijo ella al ver que no iba a decir más

«Yo…bueno…he…he llegado hace veinte minutos y…había una mujer…magnífica que salía en ropa interior sin ningún complejo. Ruby se encargaba de ella y me di cuenta de que…»

«¿De que podría ser yo?» preguntó ella poniendo su dedo bajo su mentón para hacer que la mirara a los ojos.

Regina cruzó su mirada y Emma pudo ver hasta qué punto su mirada se había oscurecido.

«No me gusta» dijo entonces con aplomo

Emma tuvo ganas de sonreír ante los celos, pero se abstuvo, consciente de la importancia que tuvo eso en su pasado. Sabía que bajo esa expresión se escondía un temor real y profundo de revivir el desastre de su matrimonio y los engaños de su mujer.

«No tengo ojos para ninguna de ellas»

«Ellas pueden tener ojos para ti…Y están con muy poca ropa» dijo cruzando sus brazos sobre su vientre.

"Ay" Pensó ella mordiéndose el labio "La situación ha sido mal llevada, Emma, deja de bromear y de soltar tus tonterías, no es el momento. Ella debe comprender que es la única a tus ojos"

«Regina, escúchame. Y escúchame atentamente. Yo…no amo…no miro…no deseo…no quiero…a nadie sino a ti. Veo a mujeres semidesnudas cada día en el trabajo…Es un hecho, pero solo las miro con ojo de vendedora que se asegura que la prenda les conviene. No voy a cambiar de trabajo, así que debes aprender a confiar en mí»

«Lo intento» dijo ella suavemente

«Y lo conseguirás»

«Confiaba en Kathryn, no dejo de pensar que no lo supe ver. ¿Por qué las cosas serían diferentes ahora?»

«Porque yo no soy ella. Soy fiel, prefiero hablar las cosas que no funcionan antes que engañar, no estoy celosa de tu éxito, estoy orgullosa de ser aquella a la que tú le perteneces»

«Aprenderé a no ser celosa, pero por tu parte, debes aprender a aceptar esta faceta de mí»

«No te pongas a la defensiva, no te recrimino que seas posesiva, al contrario, es halagador. Y estoy dispuesta a tranquilizarte hasta que aprendas a confiar en mí»

«Te amo» dijo entonces la morena acercándose para besarla

Ella intentó echarla hacia atrás, pero Emma no se movió ni un centímetro. Lo volvió a intentar, y al ver que su compañera seguía pegada a ella, suspiró

«Emma, estamos en tu tienda»

«¿Y?» respondió acariciándole el lateral derecho

«Y que no podemos hacerlo aquí»

«¿Sabes que esta ropa te sienta realmente bien?»

«Lo sé, fue tu jefa quien me lo aconsejo, ella sabía que te iba a gustar»

«¿Has metido a Ruby en tus planes?»

«Le he dicho que quería darte una sorpresa y ella se ha ofrecido a ayudarme inmediatamente»

«¿Y por qué esta puesta en escena?» pregunto antes de bajar sus besos por su cuello.

«Porque…» sus palabras se perdieron en un suspiro «Para que asocies este sitio a mi imagen y no a la de esas mujeres»

Emma rio contra su cuello estrechándola a ella un poco más. Decididamente, tras la niña de buena familia se escondía un verdadero demonio.

«Podrían sorprendernos Emma»

«Espera»

La joven rubia salió rápidamente y fue a ver quién quedaba en la tienda. Rio al descubrir una nota dirigida a ella sobre el mostrador.

"Divertíos, no vuelvo antes de las 14:00, no demasiadas guarradas lésbicas en mi tienda, o sí, si tengo después un informe detallado.

PD: Si queréis salir desnudas de los probadores, he cubierto las cámaras…en caso de que…nunca se es demasiado previsor en nuestros días.

Ya veo los titulares: «Un video porno rodado en directo por las cámaras de vigilancia de una pequeña tienda de lencería»

«Mira» dijo ella entre risa y risa

«Tu jefa es muy desestabilizadora» comentó ella después de leer «Y completamente ignorante de los códigos de las buenas maneras en sociedad»

«Dice la culo al aire en una tienda de lencería» dijo irónicamente Emma

«En primer lugar: no estoy "culo al aire" como dices, llevo unas tangas que es un prenda muy extendida en estos días. En segundo lugar: llevar unas tangas en una tienda de lencería me parece bastante apropiado, ¿no crees?»

«Tienes respuesta para todo, ¿no?»

«Como ya te lo he dicho» dijo suspirando, fingiendo una falsa exasperación «Siempre tengo razón»

«Incluso con el culo al aire tienes razón»

Regina le golpeó suavemente el hombro y abrió la boca de sorpresa cuando la joven vendedora se pegó a ella de golpe, agarrándole las nalgas y haciéndola saltar para que pasara sus piernas por su cintura. La llevó hasta el probador y la empujó contra la pared del fondo, haciéndola callar con un apasionado beso al que la morena respondió sin luchar.

Ella la despegó de la pared y dejó que reposara los pies en el suelo. Una vez hecho, se colocó de puntillas para poder mirar sobre el hombro de su compañera, a pesar de sus tacones de aguja. Ella gruñó de deseo al ver sus nalgas moldeadas apenas recubiertas con el pequeño trozo de tela. Deslizó sus manos por ellas mientras iba dejando besos por su piel, las apretó y mordió al mismo tiempo su hombro, deleitándose con el gemido que la morena no pudo contener.

«¿Este conjunto te gusta?»

«Hmmm» se conformó en responder mientras continuaba con sus caricias cada vez más intensas «¿Qué te parece…» comenzó Emma besando su cuello de nuevo «que no vayamos al restaurante…que pidamos cualquier cosa… y que nos quedemos aquí…tú y yo…disfrutando de tener dos horas solo…para nosotras?»

Su compañera gimió manteniéndola pegada a ella, su mano en sus cabellos.

«Pienso que esa propuesta es más que tentadora» respondió ella con voz ronca y seductora «Pero, ¿qué pedimos?»

«Lo que queramos»

«Y ¿qué queremos?»

«No lo sé, pizza, chino, libanes, Burger, indio. Hay una multitud para elegir»

«Yo nunca he pedido comida para llevar»

«¿Nunca, nunca?»

«No, prefiero cocinar. Todas esas comidas deben ser terriblemente grasientas» haciendo una mueca de asco

«Terriblemente deliciosa. Todo depende de lo que comas. Y ¿cuándo quieres sushi? ¿Lo cocinas tú?»

«Sí, o voy al restaurante»

«Bien, por una vez deja que el restaurante venga a ti. No tiene por qué ser menos bueno por el hecho de que te lo traigan a casa. Acoge la era de la comodidad»

«Pero me gusta cocinar» se defendió ella

«No lo dudo, pero incluso la más perfecta de las mamás trabajadoras tiene el derecho de que le sirvan por una vez»

«Muy bien, yo te he hecho descubrir mi pasión por el piano, voy a descubrir la tuya por la hipertensión arterial pre diabética»

«Síiii» exclamó Emma divertida ignorando completamente su última frase

«Eres imposible» dijo también Regina divertida mientras se dirigía a sus ropas

«¿Qué haces?»

«Voy a vestirme»

«¿Por qué?»

«Salir con ropa interior no pagada me va a conducir directamente a un lugar muy querido, ¿es que debo enseñártelo todo?»

«Oh, sí, maestra, tengo tantas lagunas que merecería largas, laaaaargas horas de clases particulares» dijo ella colocándose en un posición tan pícara como la entonación de su voz

«Tenga cuidado, Miss Swan, castigo a los alumnos que no se portan bien»

Emma se estremeció a su pesar y prefirió ir a buscar el teléfono antes de que las coas se salieran de madre.

«¿De qué tienes ganas?» preguntó desde la caja

«De ti» respondió naturalmente Regina desde el probador

«¿Tienes ganas de mí acompañada de sushi? ¿De pizza? ¿De pollo tandori?»

«Humm…Déjame pensar…Toda cubierta de sushi, ¿es posible?»

«Sería demasiado dinero en sushi, y bienvenida una indigestión»

«Pues pide con qué cubrir las zonas claves» continuó ella con su juego

«Ok, será pizza, porque si pido sushi voy a perder la cabeza»

«Voy a anotar eso en mi mente» dijo divertida Regina uniéndose a ella

«¿Compartimos una grande?»

«¿Qué grande?»

«Pizza»

La morena frunció la nariz ante la idea de lo que iba a comer, pero finalmente suspiró su consentimiento.

«¿Qué te gusta?»

«Nada de anchoas, nada de cebolla»

«¿Una sencilla, te va?»

«Perfecto»

Emma tecleó el número y pidió una pizza Regina bajo la mirada divertida de su amante.

«Tardarán una hora, están saturados»

«Una Regina…¿en serio?»

«Sí…de esa manera voy a poder devorarte dos veces»

«Me encanta cuando me dices cosas románticas»

Rieron juntas y después un cómodo silencio se instaló entre ellas. Emma estaba nerviosa porque deseaba abordar un tema sin saber cómo. Le daba vueltas sin parar a las frases sin atreverse a decir ninguna.

«Hablando de devorar…» dijo ella

De repente, tuvo ganas de abofetearse, era la peor frase de partida que podría habérsele ocurrido.

«¿Sí?» cuestionó Regina debido a su silencio

«Humm…No, en fin…Es un cambio de tema un poco brusco, pero…hay…hay…cuando tú y yo estamos…íntimas…tú…hay una cosa que tú…haces y que…yo no, pero que…buf, que…oh, mierda, ¿por qué es tan difícil de decir?»

«Cariño» dijo Regina rodeando con sus brazos su cuello «¿Estás intentando decirme que deseas saborear…con más detalle los placeres del sexo entre mujeres?»

Emma se puso roja como un tomate bajando la cabeza, asintiendo casi con vergüenza.

«No tienes ninguna razón para bloquearte por eso» le susurró ella al oído

«Pero…¿y si lo hago mal?»

«Me has parecido bastante ducha hasta el momento. Ten confianza, se supone que las primeras veces no son explosivas, si no lo consigues la primera vez no pasa nada. Lo que no quiero es que te metas presión conmigo, ¿ok?»

«Ok» respondió ella besándola tiernamente

Ella la empujó entonces hacia la parte de atrás sin dejar de besarla.

«Hum…Emma, ¿qué haces?»

«Voy a saborear más en detalle los placeres del sexo entre mujeres»

«¿Qué, ahora? ¿Aquí? Pero, la pizza va a llegar»

«En cuarenta y cinco minutos» dijo ella entrando en la parte de atrás.

«Ni siquiera hay…ah, sí…Emma, ¿por qué hay una cama aquí?»

«Cuando nos llegan las entregas temprano, Ruby o yo, una de la dos, duerme aquí, es más fácil»

«¿Ya has traído a alguien?»

«Sí…a ti»

Regina sonrió satisfecha y se dejó guiar hasta la cama. Emma le quitó rápidamente la ropa hasta tenerla otra vez en su conjunto blanco.

«Pienso pagártelo» dijo Regina divertida dejando que la mirara sin pudor

«De eso nada, te lo regalo»

«Pero…»

Sus protestas fueron interrumpidas por un beso y Emma la hizo sentarse, avanzando para echarse encima de ella. Regina cogió la parte de debajo de su camiseta, sin darse cuenta seguramente de que la arañaba con las prisas. Se la quitó y se dirigió hacia su cinturón sin romper el contacto de sus labios. Emma se incorporó para bajarse los vaqueros, prestando atención para que las braguitas no salieran con ellos de lo tan ajustados que estaban, y volvió a echarse sobre ella.

Estar con Regina no se podía comparar con nada de lo que había conocido. Cuando se había alejado de ella para quitarse su prenda, la morena se había incorporado sobre sus codos, mirándola con mirada traviesa mordiéndose sensualmente el labio ante la impaciencia. Había observado su cuerpo detalladamente y sus movimientos, y se había aferrado a ella rápidamente, ofreciéndole un beso felino cuando había regresado a su cuerpo.

Emma deslizó su mano por su vientre, subiendo hasta sus senos, que evitó adrede. Regina gruñó, pero la rubia sin embargo no cambió de idea. La hizo enderezarse el tiempo necesario para desabrochar su sujetador que cedió a la primera, dejando libres de su prisión sus pechos. Amaba que su compañera la dejara hacer. Por primera vez, ella llevaba las riendas y le gustaba esa sensación. La hizo acostarse completamente sobre la cama y se colocó entre sus piernas, de rodillas, medio inclinada sobre ella para alcanzar sus labios. Regina respondía activamente a sus besos y se contoneaba contra ella, mientras que Emma también movía su pelvis, presionándola contra su intimidad cubierta.

La joven morena gemía suavemente, apreciando visiblemente ese juego. A su vez desabrochó el sujetador de la rubia y tomó uno de sus pechos en su mano sin dejar la danza entablada por sus lenguas. Emma la acariciaba, la besaba, pero su mente estaba obnubilada por lo que ella se disponía a hacer. Bajó su mano hasta su intimidad, y la cubrió para sentir su calor. Su compañera le parecía preparada para más, así que reunió todo su valor para comenzar a bajar sus besos.

Hubiera querido controlarse totalmente, logar tomarse su tiempo, pero el hecho es que estaba bastante impaciente. Ese deseo devorador, mezclado con los nervios de llevarlo a cabo, le hizo perder la noción de los preliminares, y sin una mirada hacia los pechos de su compañera continuó bajando. Se dio cuenta de ello y quiso volver a subir, pero sintió la mano de la morena en su hombro que se lo impidió. Elevó la mirada y se cruzó con los ojos oscuros de deseo de su amante. Regina sonreía, ella amaba su impaciencia.

Emma inspiró profundamente, su nariz cosquilleaba debido al aroma de su compañera. Deslizó sus manos bajo el elástico de la última prenda y la retiró despacio. Regina se dejaba hacer y eso la tranquilizaba, posó sus ojos en su intimidad y se sorprendió al sentir cómo sus deseos se habían redoblado. Siendo sinceros, no sabía muy bien cómo actuar, que movimiento sería el más eficaz, con el que menos palos de ciego daría.

«Emma, por favor»

Al comprender que la estaba mirando desde hace unos minutos, y dándose cuenta de que la situación podría llegar a ser incómoda para su compañera, Emma no se lo pensó más, y se lanzó, dejándose guiar por su instinto.

En primer lugar, depositó un dulce beso para descubrir esa sensación sin precipitarse demasiado. Regina levantó ligeramente la pelvis, y Emma de nuevo se sorprendió al ver que le gustaba esa sensación. Así que deslizó su lengua entre los labios íntimos de su compañera y fue recompensada por un movimiento más fuerte bajo ella.

La morena gimió y deslizó una mano en sus cabellos, Emma comprendió por sus reacciones que esa forma de placer la había echado de menos. Se dio cuenta de que solo Kathryn se lo había hecho antes y ese hecho la hizo hervir por dentro a su pesar. Aferró su agarre en las caderas de su compañera para mantenerla en su lugar y comenzó a acelerar su movimiento. Era mucho más fuerte que ella, quería hacer ese momento inolvidable.

Estaba completamente embriaga por el sabor de su compañera, acababa de probar la más dulce de las drogas que se le había dado a probar. Regina Mills sería su droga.

Ella gano confianza antes sus gemidos, sus sobresaltos, sus crecientes ondulaciones. Redobló sus atenciones, descubriéndola plenamente, ignorando adrede las zonas en que ella más la deseaba para volverla loca. Cada vez que pasaba su lengua por alguna de esas zonas, Regina se sobresaltaba, gimiendo cada vez más hasta gritar su placer sin ninguna contención.

Gritaba su nombre sin parar, su mano literalmente enganchada en sus cabellos. Cuando Emma se concentró finalmente en su zona más erógena, comenzó a temblar y emitió un último grito cuando su orgasmo la golpeó. Después de numerosos espasmos, se derrumbó en la cama, jadeante.

«Pégate a mí» suspiró Regina sin moverse «Ven, pégate a mí» repitió casi inmediatamente

Emma no se hizo de rogar, y se pegó a ella, en todo lo largo, a su lado.

«Te amo»

«Yo también te amo, Regina»

«Ha sido…ha sido…Gracias…»

La joven rubia sonrió llena de orgullo sin poder ni querer esconderlo. Se besaron largamente, poco preocupadas de la hora cuando tocaron a la puerta.

«El repartidor» dijo Emma levantándose

«¿Y tú?»

«En otra ocasión. Nada de peros…Tengo hambre, y solo he tenido el poste de momento»

Regina rio juntando sus cosas mientras que la rubia se vestía rápidamente para ir a abrir al repartidor.

«Son 13, 90» dijo él observando los modelos de la tienda

«Le doy esto» dio ella hurgando en su bolso

Se giró para pagarle y se divirtió al verlo absorto por un corsé.

«¿Desea comprar algo?»

Se sobresaltó, visiblemente avergonzado por la situación y balbuceó algunas palabras ininteligibles concernientes a su novia y sus gustos.

«No dude en traerla en otra ocasión»

Él asintió y tomó el dinero antes de partir sin decir nada más.

«Eres mala» dijo Regina saliendo del reservado

«Fue tentador»

«Pobre chico…»

«Debe haberse…»

«No quiero saberlo»

«Ah, sí…señorita anti penes»

«Dicho así, parce que soy una solterona de cuarenta años, feminista, anti hombres»

«No, solo una treintañera lesbiana anti hombres en pareja con una bomba rubia con unos encantos innegables»

«Reconozco a la treintañera lesbiana, pero no a la bomba rubia…dime más sobre ella…»

Emma la besó con pasión y Regina tardó algo de tiempo en recobrar la palabra

«En efecto, creo que comienza a venirme algo…»

«Así lo prefiero… Y ahora, ¿y si nos obstruimos las arterias con alegría y buen humor?»

«Amén»

La joven abrió la caja y Regina se inclinó por encima de su hombro.

«No huele tan mal» dijo con cierto tono desdeñoso

«Traduzco por: joder, huele bien y todo…¿Cómo lo oculto? Lanza una frase sarcástica y estará hecho»

«Cállate y dame un plato»

«¿Un plato? ¿Para qué?»

«Freezby…Comer, ¿para qué va a ser?»

Emma cortó un trozo y se lo llevo a la boca, mordiéndolo con placer bajo la mirada pasmada de su compañera.

«Dios mío, sálvame»

Regina acabó por coger uno no con mucha soltura, pero aunque lo negaría, Emma la vio devorar y apreciar esa pizza.

Día 37 Tren de las 17:15

«Mañana tengo cita con mi abogado, así que no cogeré el tren contigo por la mañana» dijo Regina sentándose pesadamente al lado de Emma haciéndola sobresaltarse, sorprendida por esa llegada repentina. «El de Kathryn lo ha llamado y ella desea pedir la custodia exclusiva alegando que mi trabajo no me permite cuidar plenamente de mi hijo al que prefiero dejar permanentemente con mis padres. Desea también una entrevista para que compartamos los bienes de una manera lo más "cívicamente" posible» dijo haciendo el gesto de las comillas, visiblemente enfadada «¿Te das cuenta?» preguntó sin dejarle tiempo a contestar « YO hago pasar mi trabajo antes que MI hijo, ¡YO!» gritó, llamando la atención de ciertos pasajeros.

«Regina, cálmate…»

«Es como quien ve la paja en el ojo ajeno, y no en el suyo, nunca ha estado presente en nada en su vida. No conoce ninguna de sus costumbres, pues ella no estaba, ninguna de sus rituales, porque nunca los ha hecho con él. No sabe cómo se caza a los monstruos, cómo se calman las sobredosis de energía, cómo se suavizan las penas, cómo despertarlo, cómo hacer para que coma verduras, cómo le gusta que le cojan en brazos, cómo le gusta su desayuno. Quiere quitármelo para hacerme volver con ella, para tener el poder sobre mí, es todo»

Mientras hablaba, la cólera se fue transformando en tristeza y ahora estaba al borde de las lágrimas. Emma la tomó en sus brazos y la acunó dulcemente hasta que se separó bruscamente para mirarla a los ojos.

«No lo tendrá, ¿me escuchas?» gritó ella

Una mujer, dos filas más lejos, se dio la vuelta en su dirección y le lanzó una mirada cargada de reproches por romper la calma del vagón. Emma sostuvo su mirada sin pestañear y se quedó satisfecha al verla volver a sus ocupaciones con expresión afectada.

«Sé que no se quedará con él. Vamos a luchar y ganarás la custodia. Es tu hijo, nadie te lo quitará»

«¿Esto no hace que lamentes lo nuestro?»

«Por supuesto que no, ¿por qué tendría que hacerlo?»

«Porque te traigo muchos quebraderos de cabeza, mi divorcio, mi hijo, mis problemas»

«Te amo, me da igual los obstáculos mientras estemos juntas, ¿ok?»

Regina bajó la mirada y suspiró antes de ofrecerle una dulce sonrisa

«Ok. Yo también te amo»

La besó y se acurrucó contra ella.

«Hasta el final intenta destrozarme la vida, hasta el final, le tengo tanto rencor»

«No lo conseguirá, ya verás cuando tu madre se entere»

«No apostaría por Kathryn»

«Hará de ella una bonita alfombra de cama»

Regina rio y golpeó en el hombro a su compañera

«Eres una bruta»

«Pero me quieres»

«Oh, sí. Gracias Emma»

Día 38 19:00

Emma acababa de llamar a la gran puerta de la mansión Mills, había tenido el tiempo justo para pasar por casa, tomar una ducha y su coche, y se había encaminado a casa de los padres de su compañera. No había tenido noticias de Regina, solo que tampoco iba a poder coger con ella el tren de la tarde, después le había preguntado si podía pasar la tarde y la noche con ella.

Escuchó gritos desde dentro y oyó su nombre. Sonrió al reconocer la voz infantil que gritaba y el sonido de sus pasitos que corrían hacia la puerta.

«Es Emma, mamá, abre, mamá abre»

«No abriré hasta que no te calmes» sonó la voz de Regina, severa y firme.

«Pero es Emma» se quejó el niño

La joven tenía ganas de reír, pero se contuvo, no queriendo herir al pequeño cuando la viera. Siendo sinceros, adoraba ese apego que había desarrollado hacia ella. Desde que le había hablado de Isabelle a Regina, desde que la había llevado al cementerio con ella, se sentía más serena. La pena, el sufrimiento estaban aún ahí, pero la culpabilidad se había atenuado. Ya no intentaba comprender sus cambios, necesitaba aceptar que podía sufrir menos y dar un paso hacia delante. Hablando de ello con su compañera, tenía la sensación de haberle dado realidad a su bebé, ahora ella existía en el corazón de una nueva persona.

La puerta se abrió y Emma tuvo que retroceder un paso de la violencia con la que Henry, a pesar de su tamaño, se le echó encima. Se agachó para cogerlo por las axilas, divertida al verle extender los brazos y elevarse en la punta de los pies para incitarla a que lo levantase.

«Henry, te había dicho que con calma»

«Emmmmmma» gritó el niño acariciando su cuello

«Hola, pequeñajo»

«¿Dónde estabas antes de mumú?»

«Estaba en mi casa»

El niño frunció el ceño, esa respuesta no le convencía mucho.

«¿Por qué?»

«Porque tengo que pasar por mi casa de vez en cuando»

«¿Por qué?»

«Porque no vivo aquí»

«¿Por qué?»

«Porque es la casa de tu abuelo y de tu abuela»

Henry se disponía a seguir cuando su madre lo interrumpió

«Henry, no molestes a Emma o no te acostará hoy»

Una ola de pánico atravesó los ojos del pequeño y hundió su cabeza en el cuello de la rubia.

«Me alegra verte» dijo Regina acercándose a ella para besarla

Henry expresó su asco con un largo "buaggggg" lo que tuvo por efecto que la morena le diera un beso más largo. El pequeño la empujó poniendo sus dos manos sobre su torso antes de volver a pegarse a Emma.

El mensaje estaba claro, esa noche la rubia era de él.

«¿Así que yo no tengo el derecho a quedarme?» preguntó la morena poniendo cara triste.

Henry la vio marcharse con la cabeza agachada y extendió los brazos hacia ella llamándola. Emma amaba esa fuerte relación que tenían, le daba alegría ver cómo progresivamente iba siendo integrada en ese tándem, por su relación con Regina, pero también por los lazos que tejían con Henry.

«He hecho un dibujo» dijo él sacándola de sus pensamientos.

«¿Ah sí? ¿Para mí?»

Asintió con tanta fuerza que creyó que se iba hacer daño en las cervicales y se contorsionó para que lo dejaran en el suelo.

«Baja, baja» dijo mientras que ella lo dejaba en el suelo con cuidado

Apenas sus pies en el suelo, corrió como un cohete, seguido de cerca por Regina que lo vigilaba, y ella no pudo evitar reír.

«¿Qué la hace reír de esa manera?» preguntó Henry senior mientras venía a saludarla

«Buenas tardes, nada, solo que, cuando lo he dejado en el suelo, ha salido volando, seguido tan de cerca por Regina…Parecía que dejara un ratón de cuerda en el suelo y que al lanzarlo, el gato saliera corriendo a cazarlo»

El hombre se echó a reír a carcajadas hasta salírsele alguna lágrima. Emma estaba asombrada y orgullosa de su reacción, y no podía evitar reír con él, en ese acto tan comunicativo.

«Es exactamente eso. Oh, Dios mío, Emma, ya no veré esos momentos de la misma manera. La manera en que ella tiene de seguirle con los brazos extendidos»

Emma la imitó dando algunos pasos y las risas se redoblaron.

«Está bien que se diviertan a mi costa»

Se dieron la vuelta al mismo tiempo hacia Regina, mordiéndose los labios para no reír más.

Henry avanzó hacia Emma todo sonriente y le tendió una hoja en la que se encontraba dibujado un enorme garabato amarillo.

«Es el bebé estrella» dijo él para hacerle comprender el significado de obra.

Emma miró a Regina que se mordía ella también el labio, pero más por inquietud. Parecía estar nerviosa por su reacción, temiendo seguramente que, una vez más, las cosas estuvieran yendo demasiado rápido para la rubia.

«Henry, ¿es…es mi bebé estrella?» preguntó ella con voz temblorosa

El pequeño miró a su madre que asintió y entonces él también lo hizo.

Ella se arrodilló y lo tomó fuertemente en sus brazos, tan conmovida por esa atención que se quedó sin palabras.

«Gracias, ratoncito, gracias»

Henry le devolvió el abrazo

«Te quiero Emma»

«Yo también te quiero Henry»

Cuando alzó la mirada, se dio cuenta de que Henry senior había desaparecido discretamente y que Regina la miraba con una gran sonrisa y los ojos húmedos. Cogió al niño en brazos, se puso de pie y atrajo a su compañera para un beso necesario.

«Te amo Regina»

«Yo también te amo Emma»

Llevaron a cabo juntas el ritual de acostar a Henry, el baño hecho por Emma, el pijama puesto por Emma, Emma metiéndolo en la cama, los besos pedidos a las dos. Cuando bajaron finalmente, eran las ocho y cuarto y de la cocina salía un maravilloso olor que hizo rugir el estómago de la rubia.

«Si tenéis hambre, podemos pasar a la mesa» dijo Henry en cuanto ellas entraron «El menú es asado de buey regado con vino de Madeira con patatas»

«Mi marido es un verdadero chef» dijo Cora con orgullo, a su lado, mirando cómo la salsa se cocía a fuego lento.

«Muero de hambre» exclamó Emma espontáneamente

«Da gusto escuchar eso. Siéntense chicas, yo llevo las viandas»

Emma se sentó donde Cora le indicó, justo al lado de Regina y se dejó embargar por ese sentimiento de pertenecer a esa familia.

Una vez todo el mundo servido, fue la madre de su compañera quien entró de lleno en el asunto.

«¿Entonces con el abogado?»

Regina no alzó la mirada de su plato y suspiró pesadamente.

«Se va a hacer cargo el juez de familia»

«¿Cómo es eso?»

«En un divorcio con hijos, si los dos progenitores no pueden llegar a un acuerdo sobre la custodia compartida, el caso es enviado al juez de familia, quien es el único habilitado para tomar una decisión. A Kathryn le importa poco el bienestar, ella quiere a Henry para tenerme a mí, eso es todo»

«Mucho mejor» dijo Cora mientras cortaba como si nada un trozo de carne

«¿Cómo que mucho mejor? ¿Pareciera que no estás nerviosa?»

«No tiene ninguna oportunidad, jamás se ha ocupado de él, y su solicitud solo va a acarrear una cosa, hacer que tú obtengas la custodia exclusiva»

«¿Tú crees?»

«Estoy segura»

«Tu madre tiene razón» dijo Henry «El juez verá inmediatamente cuál es el problema y Kathryn se va a desacreditar ella sola con las razones que va a esgrimir»

«¿Cómo va todo eso?» preguntó Emma «¿Con relación al juez…el procedimiento?»

«El caso ha sido enviado al juez que, si tiene dudas, puede pedir un informe de un asistente social. En ese caso, un entrevistador hablará con los padres, con el niño, preguntará cómo va en casa, en la escuela, los deberes, sencillamente la vida. Después hace un informe que envía al juez que a continuación tomará su decisión»

«¿Vendrán aquí?» preguntó Emma

«Ese es el problema. Esa investigación se hace una vez el divorcio empezado y en el contexto en que el niño vivirá. Tengo que encontrar un apartamento o una casa, mostrar que puedo aportarle estabilidad»

Emma alzó la mirada y vio a los padres de su compañera intercambiar una mirada llena de entendimiento. Ella no se atrevió a decir nada, al ver que casi estaban manteniendo una conversación con las miradas.

«¿Qué?» preguntó Regina que también se había dado cuenta de su intercambio.

«Cora es el momento adecuado, creo» dijo Henry tomando la mano de su mujer

«¿Tú crees?»

«Aún más ante esta nueva información»

«¿Tenemos el derecho de saber qué está pasando?» dijo Regina irritada abandonando su plato.

«Nada grave, no te sulfures Regina» dijo a su vez Cora también irritada.

«Entonces, hablad»

«Regina, cálmate, Cora, ella se inquieta, compréndela»

Las dos mujeres suspiraron de manera muy similar y ninguna dijo nada más.

«Hum…» comenzó Emma «Bueno…¿es algo familiar? ¿Es…es necesario que me vaya?»

«No» dijo entonces Henry «De todas maneras, a largo plazo también le concernirá. Y además ¿de qué sirve hacer que se vaya y que Regina se lo tenga que contar después? Si mi hija lo desea, puede perfectamente quedarse»

«Sí, lo prefiero» dijo Regina dulcificando la voz «A ver, entonces, ¿qué pasa?»

«A ver» comenzó Henry al ver a su mujer callada «Tu madre y yo siempre hemos tenido un sueño, comprarnos una pequeña casa…»

«En Sicilia» termino la morena en su lugar «¿Os vais a ir?» preguntó mirando a sus padres, primero a uno y después al otro.

«No» se dio prisa en contestar Cora «No definitivamente»

«Hemos visto una pequeña villa que realmente nos ha enamorado, es con lo que siempre hemos soñado. Habíamos pensado…Habíamos pensado dejarte la mansión y nosotros, comprarnos esa casa en Sicilia y un apartamento aquí para compartir nuestra vida entre esos dos lugares»

«Pero, ¿con qué dinero? Somos ricos, es verdad, pero de ahí a comprar tanto de golpe…»

«Ya tenemos el apartamento, y la casa, hemos mirado con el banco, podemos pedir un préstamo y comenzar las mensualidades de pago dentro de dos años»

«Pero yo no quiero que me regaléis la mansión» dijo ella perdida entre tanta información

«Nada es gratis, cariño, lo sabes» dijo Cora tomándole la mano para tranquilizarla «Deseábamos proponerte la mansión y en contrapartida, tú podrías, con tu parte de tu casa, ayudarnos a pagar la casa de Sicilia. Henry y tú…y usted Emma» añadió ella mirándola «Seréis bienvenidos en vacaciones tantas veces como queráis, y a menudo estaremos aquí»

«Con esa idea» precisó Henry «Comenzaremos a ir, cuando tu situación se estabilice, solo durante un mes por aquí, un mes por allá a Sicilia, sobre todo mientras Henry sea pequeño. Y ya más adelante, nos plantearemos estancias más largas»

Un pesado silencio se hizo en la sala y ninguno se atrevía a romperlo. Emma ya no se atrevía a comer y sin embargo, la comida la estaba llamando, y Regina continuaba mirando a sus padres incrédula

«¿La mansión sería mía?»

«Con una palabra que digamos el notario comenzará las gestiones»

«Cariño» dijo Henry «Has estado viviendo en la confusión, en el rencor, en la vergüenza de un matrimonio que te hacía infeliz. Esta pequeña ciudad, esta casa, pueden ser tu segunda oportunidad, en la que tu vida tomará un giro hacia la felicidad. Con tu hijo, con tu amor, puedes decidirte a crear tu final feliz»