Capitulo 21

Dormir a tu lado

Autor: Tiff Dincht

Disclaimer: Los personajes de bleach pertenecen al gran Tite troll Kubo, yo solo los uso para hacer historias que me desaburran(?).

Esa noche era navidad. Noche buena; en el que las personas que se quieren se reúnen y comparten sus esperanzas y sueños por el futuro, donde dan gracias por todos los favores recibidos y festejan juntos con un gran banquete y hermosos regalos, los últimos días del año.

Reunirte con tus seres queridos y con las personas que amas, en la calidez de un reconfortante hogar, y pasar aunque sea una noche sin preocupaciones, sin temores por el futuro o remordimientos por el pasado... pensar en los miedos anteriores como solo una débil sombra atrás de nosotros que no se arriesga a vernos de frente...

Así debía ser. Así debían pasar las personas esa noche tan especial. Todas las personas...

Más no Kurosaki Ichigo.

Él veía ese día como cualquier otra fecha del calendario, sin que sus idas y venidas por las calles en centelleantes tonos rojizos y verdes, afectaran su vida en lo más mínimo. Los niños correteando, las parejas en las calles tomados de la mano, las familias paradas al frente de los grandes escaparates escogiendo obsequios... nunca habían sido algo de su interés.

Mientras todas las personas comunes dejaban sus casas ese día para pasear, o esa noche para festejar, él simplemente se quedaba en su hogar oscuro, en su incansable vigilia, esperando a que llegara el nuevo día para seguir con la misma rutina.

Y parecía que ese año no sería la excepción. Sentado en uno de sus amplios sillones de la sala, con la mirada perdida en la gran ciudad colorida a sus pies, se encontraba el ojimiel perdido en sus memorias.

Miró distraídamente a su alrededor, encontrándose con un sin fin de lindos adornos carmesí en algunos anaqueles, y un gran y esplendoroso árbol de navidad en un rincón de la habitación, con varios regalos envueltos en cajas de lindos colores llamativos a sus pies.

El ingles se sonrió con ironía. ¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que había estado en un lugar adornado de esa manera?

...

Sus padres aún estaban vivos en ese entonces, y las voces en su cabeza que los habían asustado, aun no empezaban a manifestarse. En una época feliz en la que sus preocupaciones eran solo nimiedades de un niño, y su vida transcurría cómodamente y sin complejos.

La última navidad al lado de sus padres...lograba recordarla incluso con mayor perfección que las muchas otras que había pasado solo en su casa.

Aun podía recordar el delicioso olor proveniente del horno; las delicados adornos en la mesa que su madre acostumbraba a hacer año con año; el reconfortante crujir del fuego en la chimenea; la nieve cayendo como brisa blanca escarchando los techos de las casas con un destello albo...

Su casa actual le recordó de muchas maneras a su antiguo hogar.

Y todo gracias a ella...

Habían pasado ya dos soles desde aquel día en que todas sus esperanzas por un futuro diferente se habían ido para abajo, con el nuevo y último trabajo de la compañía.

¿Cómo iba a saber él las consecuencias que sus decisiones le traerían en esos momentos? ¿Por qué estaba tan acostumbrado a aceptar todas las misiones que se le ponían enfrente con una fuerte suma de dinero, sin siquiera preguntar cual era el objetivo? Y es que una vez aceptada la misión, el deber del asesino era el de cumplirla. No se le podía confiar a cualquiera la información confidencial que se les otorgaba a los encargados de realizarla. Todas las misiones eran secretos guardados afanosamente para solo unos cuantos que tenían el privilegio de realizarlas.

Tenía una misión que cumplir, y sin embargo, no se había movido de su sitio, ya que justo delante de él, se paseaba sin mucha preocupación la silueta de la persona que sería su próximo objetivo.

¿Por qué no la había llevado desde el primer momento a la compañía? ¿Por qué seguía sentado en el sofá de su casa, cuando podía estársela llevando sin levantar ni una sospecha?

Maldita conciencia...

¿Era su conciencia la que le reclamaba con furia, el que estuviera planeando eso para el futuro de la heredera de los Kuchiki? ¿Qué no se suponía que la conciencia empieza a molestar solamente en la parte trasera de la mente, o en el peor de los casos, en la nuca?

Así había sido siempre.

¿Por qué entonces, esa vez, el sentimiento de arrepentimiento y culpa le dolía en el pecho y no en la cabeza? ¿Era lo mismo tener esa sensación?

¿A quien quieres engañar?

¿Por qué las voces de su mente tenían que ser tan burlonas? ¡Tanto que había deseado renegar ese sentimiento en los últimos dos días, sin que su propia mente le diera el privilegio de hacerlo! Al contrario, su recuerdo permanecía en su memoria en cada momento del día. ¿Cómo pretendía entregarla si ni siquiera podía dejar de pensar en ella?

-¿Ichigo?- su corazón dio un tumbo inesperado al escucharla a un lado suyo, sorprendiéndose incluso a si mismo.

-¿Qué?-

Los ojos amatistas lo miraron un rato con algo de tristeza. El joven no había sido el mismo desde aquella vez en que había llegado a casa algo decaído, la actitud fría y distante se había vuelto a manifestar con fuerza, dejando todo lo que había logrado en las semanas pasadas, en solo un lindo recuerdo.

Al menos una cosa había quedado intacta en esos dos días... sus ojos. Ya no eran pozos de expresiones indescifrables, o miradas calculadoras y astutas; pero tampoco mostraban felicidad y cariño como veces anteriores... ahora simplemente se les notaba con una mirada de confusión y angustia, así como en un profundo debate consigo mismo.

¿Qué había sido aquello por lo que Ichigo había cambiado de una manera tan súbita de un momento a otro?

Sus ojos se encontraron por primera vez desde aquella noche, clavándose el uno en la mirada del otro, con expresiones ansiosas de explicarse todo mutuamente.

Y sin embargo, ni uno de los dos se atrevió a pronunciar palabra.

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¿Qué más le podía salir mal en la vida? Solo faltaba que lo atraparan y lo encerraran para que su cadena de desgracias estuviera completa.

Primero, el rompimiento de todo tipo de relaciones con Nelliel (y en serio se había abstenido a saber algo más de ella), luego la pelea con Orihime, la noticia del nuevo trabajo de Ichigo... y eso sin contar el terrible crimen que había cometido sin saber.

No se había atrevido a mostrar la cara en casa de Ichigo de nuevo esos últimos días, aunque tuviera que sustituir las deliciosas comidas y las pláticas amenas en su compañía y la de la joven amatista.

Y no porque se hubiera arrepentido de haber acabado con una vida por dinero, sino por el miedo a no saber como afrontar sus sentimientos para su persona. ¿Sería lo mismo hablar con ella, sabiendo que él había sido el causante de la última perdida de su familia? ¿Lo traicionaría la conciencia al tenerla de frente y verla a la cara?

Kuchiki Rukia... ¿Cómo no se había fijado bien en el parecido que la chica conservaba con su padre? Sus ojos, su cabello, la misma sonrisa... no había conocido en persona al hombre, pero la televisión y los periódicos nunca se cansaban de poner una fotografía del nombrado...

Pero, si hubiera sabido, ¿Se habría detenido? De haber conocido la verdadera identidad de Rukia...¿Hubiera acabado de todos modos con la vida de su padre?

La situación se había tornado aun más delicada además. Ahora Ichigo debía encontrar a la heredera, y llevarla a la compañía, para que después fuera entregada a quien sabe quien.

¡Que mala suerte que la mujer que había empezado a cambiar su vida, resultara ser de repente, la última víctima de toda su carrera!

Conocía bien a su amigo, y podía decir que en esos momentos, su corazón se debatía fieramente con su razón, en un esfuerzo rápido para decidir. Por un lado el dinero, la libertad, la fama, el orgullo... y por el otro, ella.

¡Que sencillo hubiera sido elegir, si no existieran sentimientos de por medio! Si escogía quedarse al lado de la amatista, no solamente tendría dañada su reputación al no cumplir con una misión, sino su confianza con el jefe y su posibilidad de liberación sin repercusiones... tendría además que mantenerse alerta en todo momento, escondiendo y protegiendo a Rukia. Si Ichigo no la llevaba a las manos de su captor, seguro habría otros que harían todo lo posible por adjudicarse ese triunfo.

Él moreno suspiro, y miró al techo con frustración.

Tantas cosas en su mente lo hacían olvidarse de su vida. La noche de navidad, y ni siquiera había pensado en salir a algún lugar. Generalmente, todos los años en esa noche, se dedicaba toda la tarde a perfeccionar al máximo su apariencia, para salir al ocaso en busca de un buen lugar concurrido a donde pasar esa fecha. Un buen bar, un trago excelente, y una mujer sobresaliente en belleza, eran el regalo perfecto para la ocasión... ó al menos eso pensaba hasta el año anterior.

Las ocho de la noche, y aun no sabía que hacer. No quería estar con personas desconocidas esa vez, y ahora, por alguna extraña razón, las mujeres que podría encontrar en un costoso lugar, no le eran del todo apetecibles. Ese día necesitaba a un amigo, un compañero, ó al menos a alguien que lo conociera, que supiera su nombre y algo de él.

Su familia no podía ser, vivían en otra ciudad y de todos modos no estarían muy contentos de ver al joven desertor de la familia; tampoco a Nelliel, sabía en lo que esa noche terminaría si la veía; y a Ichigo y Rukia tampoco podía, por razones obvias...

¿Quién le quedaba en la lista?

El chico sonrió melancólicamente.

Orihime...

El solo recuerdo de su nombre, le resultaba un golpe duro al corazón. No había ido de nuevo a su casa, en un intento vano de tratar de hablar con ella; simplemente no había tenido el valor, y menos ahora de saber que había asesinado al padre de su mejor amiga.

¿Qué pensaría la chica de conocer su secreto?

No. No podía conocerlo. Nadie aceptaría a un asesino en su vida, nadie confiaría en alguien como él.

No podría tener una vida normal nunca, por más que lo intentara. A él no le ofrecían la libertad sin trabas como a Ichigo, él estaba atado a la compañía por casi toda su vida. ¿Abandonarla? ¡Que nunca se te cruzara esa ideología por la cabeza! Si no se tenía el permiso exclusivo del jefe, quien dejara la compañía, era desaparecido en cuestión de unos cuantos días. Y aunque se tuviera la autorización de Yamamoto, las trabas que se ponían eran en verdad extremas. Se notaba la máxima prioridad de la empresa.

Todavía no formulaba su plan para escapar, pero suponía que la opción más factible era desaparecer de la ciudad, y no dejar ni un vínculo existente con ninguna persona.

La idea no le agradaba en absoluto. Dejaría atrás a Ichigo, a Rukia, a Nell... a Orihime. Y lo admitiera o no, dejarla a ella, sin volverla a ver en toda una vida, no sería algo de total regocijo. Había aprendido a tomarle cariño.

Una idea absurda pero muy esperanzadora le cruzó por la cabeza. ¿Iría con él? Si se lo pidiera, ¿Dejaría todo atrás? Su familia, su trabajo, su maravillosa vida... ¿Para vivir en una fuga constante a su lado?

Pero su rostro se entristeció nuevamente. ¿Qué persona renunciaría de esa manera a su vida? ¿Qué ser humano entregaría todo solo por seguir a otra persona?

Las personas que están enamoradas... las que conocen el significado del amor Ishida...

Si, eso debía ser.

Pero también debía pensar en la otra parte de la moneda. ¿Se quedaría él, poniendo en riesgo su vida, solo para estar con las personas que le importan? ¿Sería capaz de arriesgar de esa manera su propio pellejo?

Suspiró. Talvez si, talvez no...

Pero justo en ese momento, su respuesta se inclinó más por el lado negativo.

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Después de entregarla buscaría un lugar en donde vivir, en un país de invierno. Ya lo había decidido. Compraría a un lindo gato, y llenaría su biblioteca con todos los ejemplares que encontrara de cualquier tema en las librerías, dedicándose a leer por las tardes del nevado invierno, y saldría a pasear para observar los hermosos ocasos en el otoño. Viajaría en la primavera y el verano por todo el mundo, conociendo todos los lugares que alguna vez había deseado, sin problemas de dinero para toda su vida.

¿Qué más podía pedir alguien como él? Ya no llevaría una vida tan activa como antes, sin asesinatos y adrenalina (que por alguna extraña razón ya no le resultaban tan llamativos) pero de todos modos seguiría siendo una vida digna del algún día llamado 'Asesino Ingles'.

¡Como hubiera deseado que esa fuera una ideología homogénea en todo su ser! Hubiera resultado tan sencillo escoger...

El ojimiel se levantó decidido de su asiento, y se dirigió a la puerta bruscamente.

-Regresare luego.- dijo simplemente ante la mirada interrogante de la amatista, que solo bajo los ojos al suelo, lanzando un simple 'si' con tristeza.

Sintió de nuevo que el corazón se le encogía. Si lo pensaba bien, todas las veces que la había visto sufrir de alguna manera, había resultado ser su culpa. Y aunque se había prometido a sí mismo que no lo volvería a hacer, sin proponérselo su palabra se estaba resquebrajando.

Necesitaba pensar simplemente. Pensar sin que ella estuviera frente a él, sin que su simple presencia confundiera sus sentidos de manera tan horrorosa.

Las puertas del ascensor se abrieron frente a él, y el joven entro sin mucho cuidado, chocando de repente con una ambarina que iba en el mismo.

Senna.

-Disculpa Ichigo.- el chico la observó por un momento con una cara sorprendida. Era la primera vez en muchos años, que la joven no le saltaba encima con una de sus propuestas.

-No importa.- respondió el joven tratando de ser cortes, pero sin quitar esa mirada de incredulidad de sus ojos.

-Oye Ichigo, yo... quería hacerte una pregunta.- dijo la chica bajando la mirada al suelo, retorciendo sus manos con nerviosismo y miedo. ¿Qué demonios le pasaba?

-¿Que?- el ojimiel estaba a la defensiva.

-Tu... ¿En verdad hay algo entre tu y Rukia?- sus intensos ojos ambar se fijaron en él esperanzadoramente, aunque también con un poco de angustia. ¿Era esta la última estrategia de esa mujer?

El ingles simplemente guardó silencio. ¿De que le servía reafirmar o negar esa pregunta, si de todos modos su destino era no estar con ella?

Se sintió vacío por un minuto ante su propia revelación. Quería a una persona que simplemente estaba fuera de su alcance.

La chica frente a él interpreto el silencio como una negación, y una débil chispa de triunfo le cruzó por los ojos súbitamente. Iban a mitad del segundo piso cuando presionó un botón rojo para que se detuviera el movimiento.

La chica lo miró por un momento tratando de descifrar sus pensamientos, pero al notar solamente confusión y desaliento en su mirada, se acercó a él cautelosamente, y sin decir nada, le hecho los brazos al cuello con calidez.

El ojimiel no se movió de su lugar. No hizo ni un intento para tratar de alejarse de ella, pero tampoco correspondió a su afecto.

-Yo se que ella no es para ti.- le susurró al oído con voz melosa. -¿Por qué no dejas que yo llene ese lugar en tu corazón?-

Cualquiera que fuera esa nueva maña, tan diferente a las demás, estaba dando un mejor resultado. Al menos esa vez, el joven no se había ido dándole la espalda y un gruñido; se había quedado ahí, sin moverse de su sitio, sin tratar de apartarse de su lado.

¿Qué persona hubiera desperdiciado esa oportunidad?

La mujer se separó un poco del chico, y se le quedó viendo a los ojos fijamente, mientras pasaba la mano por los suaves cabellos naranjas sin recibir protesta.

Se sintió confundido por un segundo. Ya no sentía nada por ella, y sin embargo...

¿Qué haces?

El joven se hecho para atrás algo sorprendido, al escuchar el tono acusador que su propia mente había utilizado en su contra. ¿Hacia cuanto tiempo que no escuchaba esa voz?

Miró a la morena enfrente de él por un momento, y se sintió algo agradecido con aquella inesperada interrupción. ¿Qué había pasado por su cabeza en esos momentos? ¿Había sido la confusión que le causaban sus sentimientos?

La joven se le quedo viendo interrogante, sin comprender muy bien lo que pasaba por su mente. Intento acercársele de nuevo, pero esta vez encontró resistencia.

-No.- le dijo el ojimiel con frialdad, alejándose de ella, y presionando el botón del ascensor, que siguió con su camino.

-Pero Ichigo yo pensé que...-

-Aléjate de mi Senna.- La puerta del ascensor se abrió detrás de él, mostrándole la salida. Fijó sus ojos en ella con desprecio una última vez, y se dio la media vuelta sin titubeos.

Y Senna se quedo parada en su lugar, observando su espalda.

Tuvo un extraño presentimiento en ese momento. Lo vio girar en la puerta hacia la derecha, recibiendo un vistazo de su perfil perfecto... inmortalizo esa imagen en su memoria, y la mantuvo vívida por toda su vida. La mirada confusa que llevaba, y ese lindo gesto melancólico mostrándolo por primera vez como un ser humano normal...

Fue la última vez que lo vio.

¿Qué haces aquí?

¿Qué pasa "Rey"? ¿No estas contento de escucharme?

¡Claro que no! ¡Lárgate! ¡Sal de mi cabeza!

¿En serio quieres que haga eso? Quiero decir ¡Mírate! Te deje en un buen camino, ¡y ahora lo estas arruinando todo simplemente por una chica!

¿De que hablas?

Sabía que no podía dejarte solo por tanto tiempo.

Kurosaki Ichigo caminaba por las calles apresuradamente, con la mirada fija al suelo. No se atrevía a levantar la vista ni un momento, por miedo a que su creciente descontento lo traicionara... por primera vez desde aquellos tiempos en que había estado internado en aquel maldito hospital mental, empezaba a sentir temor. Pero no temor de las personas, de una misión mal hecha, de una represalia por parte del jefe... sino de si mismo.

Había escuchado la misma voz una hermosa tarde en aquellos días remotos de su infancia. Esa voz que se había extendido después en un horrible coro de voces demoníacas. Esa misma que había comenzado con su pesadilla a plena luz del día.

¿A que había regresado? ¿Qué estaba haciendo ahí de nuevo? ¡Él la había encerrado! ¡Él la había relegado a un rincón inexpugnable en lo profundo de su mente! ¿Cómo había salido de ese lugar? ¡¿Cómo había pasado del plano de sus pesadillas al de su mundo real?!

¿Por qué te haces tantas preguntas? ¡Ya estoy aquí de todos modos!

No había cambiado en nada desde aquella vez, una voz aguda y burlona que se metía con sus pensamientos sin discreción, que le reclamaba muchas veces por los actos que hacia, o que simplemente hablaba y hablaba sin parar, desquiciándolo por completo.

Sin embargo, lo que más le molestaba de aquella voz horrenda, era que conocía todos sus secretos.

Era como su diario o su confidente, sin que él deseara contarle nada. Desde las cosas más sencillas en su vida como su afición por los pastelillos de fresa, su gusto insaciable por las novelas románticas, la emoción que sentía al tocar el piano... hasta las cosas más austeras de su propio ser. Sabía de su inusual trabajo de asesino por las noches, de las sonrisas sádicas que aparecían en su rostro cada vez que sentía a un cuerpo desvanecerse entre sus brazos, de sus armas homicidas escondidas en una pared oculta de su habitación... y lo que más lo asustaba, era que conocía a la perfección su creciente sentimiento hacía la pequeña mujer amatista.

¿Dejaría esa maldita voz que siguiera transcurriendo su vida normalmente? ¿Comprendería aunque fuera por un instante, lo que él sentía por esa chica, sin tratar de arruinarlo?

Jamás...

El ojimiel se detuvo en sus pasos. Odiaba eso. Odiaba que interrumpiera sus pensamientos en los momentos más inesperados. No sabía cuando hablaría, ni que diría después. Una de las cosas que detestaba de esa voz, era que no sabía nada de ella.

¿Por qué regresaste ahora? ¿Por qué no llegaste antes de que la conociera?

Tu sabes muy bien esa respuesta.

¿Por qué me tienes tanto odio? ¡No te he hecho nada!

Te lo dije cuando eras niño Ichigo, no podrías haberlo olvidado.

¿Cómo olvidarlo? ¿Cómo olvidar esa acusación estruendosa dentro de su cabeza?

'Porque no mereces vivir...'

En ese momento, el joven choco contra una persona, aventándola bruscamente a un lado.

-Lo siento.- musitó débilmente, volteando a ver al susodicho. -¿Ishida?- y el de gafas volteó a verlo igual de sorprendido.

Dos figuras de gran porte masculino caminaban por las calles lentamente y sin hablar, arrancando suspiros y miradas atrevidas de las chicas con las que se encontraban. Los ojos miel e índigo iban fijos al suelo, y sus manos hundidas en sus bolsillos.

-¿Que haces aquí?- Ishida habló primero: deseaba olvidar por un momento, el objetivo de su salida de casa.

-Estaba dando un paseo.- le contestó el pelinaranja sin darle mucha importancia.

¿Pero que tenemos aquí? ¡Que sorpresa! ¡Kurosaki Ichigo con un amigo! ¡Que escena tan conmovedora!

Cállate. Si Ishida es mi amigo es algo que no te importa.

Pero tu no necesitas un amigo.

-¿Estás bien Kurosaki?- la replica del pelinaranja quedo en el aire, al escuchar una voz real a su lado. Ishida se había detenido un momento, y lo miraba desde su posición con una mezcla de preocupación y duda.

¿Sería prudente sacar a relucir su problema en frente de su compañero? ¿Le tenía la suficiente confianza como para decirle algo de aquella magnitud?

No te atrevas.

-No.- y el joven se rió por dentro, al escuchar un silbido de frustración.

-¿Qué pasa?-

La risa burlona de Kurosaki se detuvo, al no encontrar palabras para dar su explicación. ¿Cómo le diría a su mejor amigo, que estaba escuchando voces dentro de su cabeza?

-Bueno yo...-

Lo sabía. No puedes decirlo.

Si puedo.

¿A que no te has dado cuenta? Desde que te conozco siempre te has intentado esconder detrás de alguien. Y ahora que ya no tienes a tus padres, intentas ocultarte detrás de tu patética mascara de frialdad. ¡Si eres un maldito cobarde!

-Hay algo mal en mi.- comenzó Ichigo con un ligero titubeo. –Hay algo que no te he dicho.-

-¿Qué? ¿Qué sucede?-

¿Por qué ponía esa maldita cara de preocupación? ¡Lo estaba haciendo todo mucho más difícil!

-Yo...- el ojimiel titubeo.

Me estas diciendo que es tu único amigo. ¿No te da miedo que te deje solo después de saber lo que realmente eres? ¿Qué persona te aceptaría honestamente conmigo dentro de ti?

Ichigo no prosiguió. Tenía razón.

-Nada. Olvídalo, no importa.- el inglés se dio la vuelta estáticamente, al ver la cara de decepción del moreno. ¿Qué quería que hiciera?

'Estoy escuchando voces en mi cabeza Ishida' ¡Que insensato se escuchaba eso! Y a la vez ¡que horroroso! ¿Qué pensaría su único amigo al decirle esas palabras?

-¿Adónde vas?- le preguntó el ojimiel al moreno, tratando de cambiar el tema de conversación.

-Iba a ir a visitar a alguien.- confeso Ishida retraídamente, sin olvidar por completo lo anterior.

-¿A alguien?-

-Si.-

-Creí que habías dicho que Nell y tu...-

-No, no es Nelliel.- interrumpió rápidamente el joven pelinegro, levantando sus manos en protesta. –Es alguien más.-

-¿Orihime?- el moreno adquirió un adorable tono carmesí en las mejillas, al verse descubierto en plena misión. Pero le duro poco al escuchar la risa de Ichigo.

-¿Qué? ¿Qué es tan gracioso?- preguntó el de gafas con gesto molesto, mirando a su compañero incrédulamente.

-¡Vaya Ishida! ¡Si que te has ablandado! ¡No puedo creer que tú te sonrojes por una mujer!-

-¡No me sonroje!- exclamó, mientras otro cálido color inundaba su cuello.

-Si, lo que tu digas.- la linda risa del inglés se dejo de escuchar por fin, pero una sonrisa permaneció en su rostro. -¿Vas a disculparte con ella?-

-¿C-Como lo sabes?- tartamudeó apenado.

-Nunca confíes en una chica que no tiene a su lado más que a un hombre. Suelen ser muy comunicativas.- recomendó.

-Demasiado tarde.-

Los dos siguieron caminando por las calles, en una charla más bien animada, cosa que sorprendió a IShida. ¿Desde cuando su 'jefe' se había vuelto una persona tan comunicativa? Habían hablado muchas veces de esa manera, pero nunca de forma tan prolongada y alegre. ¡El ojimiel no había dejado de sonreír!

Por su parte Ichigo pensaba los mismo. Nunca le habían gustado las charlas como aquélla, y no era que estuvieran empezando a agradarle... simplemente era una manera sencilla de dejar de escuchar la molesta voz que no dejaba de molestarlo. Por una extraña razón, solía interrumpir sus pensamientos más frecuentemente cuando se hundía en su soledad, que cuando conversaba con alguien. Y prefería mil veces recibir las extrañas miradas de Ishida al verlo de aquella manera, que tener que lidiar de nuevo con las burlas incesantes de su otro yo.

La multitud se despejo sin que se dieran cuenta, y pronto se vieron en medio de una calle menos transitada, en donde los comercios desaparecían completamente, dejando solamente bonitas casas con coloridos toques navideños en los tejados. Ichigo miró a su alrededor con curiosidad por varios minutos, tratando de recordar el porque de la familiaridad de ese sitio. Y cuando vio una pequeña casa azul al otro lado de la calle, se dio cuenta de la razón.

La casa de Inoue Orihime.

-Oh, Aquí pretendías llegar ¿eh?- menciono el ambarino con una mirada notable de acusación y sorna.

-¿Cómo?- Ishida volteó a ver a su alrededor, y quedo sorprendido al observar en donde se encontraban. No había sido su intención el llegar ahí en esos momentos ¡En serio! De hecho se había olvidado casi por completo de lo que había salido a hacer esa tarde, cuando se había encontrado con su amigo. ¿Era tanto su deseo de verla, que había llegado al lugar inconscientemente?

-No, espera, no había sido mi intención llegar a este lugar.- se apresuró a añadir, al notar la sonrisa pícara en el rostro del pelinaranja.

-Lo que tu digas Ishida.-

Iba a echarse a caminar de nuevo, cuando sintió un jalón repentino del brazo que lo llevó a esconderse detrás de un arbusto.

-¿Qué dem...?- pero su exclamación fue interrumpida por un siseo proveniente de Ishida, que tenía sus ojos fijos en la casa enfrente de ellos.

-¿Qué?- Ichigo alzó los ojos y los dirigió hacía donde el joven, encontrándose con la causa de la interrupción de su paseo.

Si su memoria no lo traicionaba, esa joven pelinaranja y de esbelta figura, era la chica conocida como Orihime. La había visto y había hablado con ella un par de veces, pero jamás le había puesto la debida atención. Era una mujer de belleza sobresaliente aunque las había mucho mejores, pero había algo mas en ella que parecía hacerla irresistible a los ojos de Ishida.

El de lentes se asomó sin discreción por entre los arbustos que estaba escondido, para tener una mejor visión de la chica. Había salido de su casa un momento, y se había ido a barrer las hojas del patio delantero, con total naturalidad. Su mirada se quedo fija en la frágil figura, mientras recordaba con melancolía, los momentos agradables que había pasado a su lado.

¿Hacía cuanto tiempo que no la veía? ¿Una semana? Talvez más, talvez menos... Cualquiera que fuera, ahora que la veía de nuevo, era que se daba cuenta cuanta falta le había hecho. Ya extrañaba esa cálida sensación en el pecho cada vez que la veía sonreír. ¿Qué importaba que demonios era ese sentimiento? ¿Para que ponerse a filosofar por ello en ese momento?

Iba a erguirse en su lugar, para dirigirse directamente a ella, cuando una mano en el hombro se lo impidió firmemente. Volteó a ver a su lado algo disgustado, y se encontró con el rostro sorprendido de Ichigo, que no lo miraba a él, sino a la casa de donde había salido la joven. Siguió sus ojos, y descubrió la fuente de tan asombrada expresión.

Un hombre de unos treinta años, de ojos verde azulado, y linda sonrisa en el rostro, acababa de salir de la acogedora casa, uniéndose a la joven en sus quehaceres.

Lo reconocieron de inmediato, después de todo, era muy conocido para los dos: Shiba Kaien.

-¿Qué esta haciendo aquí?- preguntó Ichigo vacilante, sin despegar los ojos miel del ex - detective.

Ishida se quedó callado un momento, y bajo los ojos al suelo. ¡Demonios! ¿Por qué tenía que estar Kaien en ese lugar? No solo estaba poniendo su seguridad en juego, sino que se encontraba con Orihime. ¡Su Orihime!

-¿Conoce a Orihime?- preguntó su compañero con incredulidad.

-Si.- mencionó el otro lanzándole miradas fulminadoras al joven ojiverde.

-¿Lo sabías?-

El moreno asintió sin pensar, y sin poner mucha atención, mientras seguía vigilando incansablemente a la pareja que barría el patio. Le duro poco el gusto, al sentir como lo jalaban del cuello de la gabardina, y como prácticamente lo arrastraban hasta alejarlo de la casa en cuestión.

-¿Qué estas haciendo?-

Pero antes de responderle, lo arrojaron bruscamente contra una pared de las casas vecinas. Miró sorprendido al ojimiel, que mostraba una mirada de enojo, mientras recuperaba el equilibrio totalmente.

-¡¿Qué demonios estas pensando?!- espetó sin delicadeza, alzando la voz más de lo que había pensado.

-¿Qué dices? ¿De que hablas?- preguntó un Ishida sorprendido ante su repentino cambio de actitud.

-¡Shiba Kaien se encuentra en esa casa, y quien sabe cuantas veces te ha visto! ¡Y tu te paseas frente a su nariz como si nada pasara!- le recordó Ichigo viéndolo con furia evidente.

-¡Yo no hago eso! ¡No me ha visto más que una vez!- se defendió Ishida con menos valor del que había planeado.

-¡Una vez o dos lo hacen igual! ¡¿Sabes lo peligroso que es para tu seguridad y la de la compañía?! ¡¿Te has puesto a pensar que pasaría si de repente descubriera quien eres?!-

-Eso no pasara. No le he dado ni una razón para eso.- contestó el moreno con voz casi imperceptible, perdiendo por completo su seguridad.

-Tienen una prueba de ADN en su poder Ishida.- razonó Ichigo pasando la mano por su cabello, en un intento infructuoso de autocontrol. –Él me conoce. Si te ve conmigo no le faltaría más que curiosidad para conseguir cualquier cosa para inculparte. Y créeme, contigo bajando la guardia como lo haces con Orihime, cualquier descuido te podría costar caro.-

-Pero el no me ha visto contigo, no puede tener la más ligera sospecha de nada.-

-Eres un completo ingenuo. ¿No le hemos dicho mi nombre verdadero a Orihime?- preguntó Ichigo con voz siseante.

Ishida abrió la boca para replicar, pero su mente lo traicionó. Claro que lo habían dicho, lo había visto, había hablado con él incluso.

-Un pequeño descuido de parte de la chica y todo se nos viene abajo.-

-Pero él ya no esta a cargo del caso.- Ichigo lo tomó por el cuello de la gabardina, y lo azotó rudamente contra la pared, sin recibir ni una sola protesta.

-¿Y crees que eso le va a importar? ¡Yo lo conozco! Se rindió una vez conmigo, pero no lo va a hacer de nuevo. Era el encargado del caso de los Kuchiki, y por lo tanto conoce bien a Rukia. ¿Crees que va a dejar a esa chica así nada más, en casa de cualquier extraño? Estará muy bien ahora, pero pronto empezara a buscarla por su cuenta. Y cuando se entere de que tu conoces a alguien con las características de su asesino, ¿Crees que te va a dejar ir así de sencillo? ¿Piensas que va a dejar pasar la oportunidad de encarcelar a alguno de los asesinos?-

Y Uryuu no supo que más responder. Todo lo que le había dicho su compañero, era verdadero. Había conocido a Kaien en aquella fiesta de disfraces, y aún así, había dejado que Orihime lo conociera más a fondo, y aun peor, que conociera al 'Asesino Ingles'. No solamente estaba poniendo en juego su propia seguridad, sino también la de su compañero. ¿Qué cara le pondría si de repente fuera encerrado en la cárcel por sus descuidos? ¿Y que si lo condenaban a muerte por todas las cosas que había hecho? ¿Soportaría el ver morir a su mejor amigo a causa suya?

-No me atraparan.- dijo el joven obstinadamente, sin atreverse a levantar la mirada.

El pelinaranja lo vio con asombro e incredulidad. ¿Cómo podía tomar las cosas tan a la ligera?

-Además.- continuó Ishida con mucha mayor confianza. –Lo que yo estoy haciendo no es muy diferente a lo que tu haces. Tú estás con la misma heredera de los Kuchiki.-

-Eso es diferente.-

-¿En que es diferente Kurosaki? ¿No estas enamorado de una mujer que sabes que es imposible para ti? ¿No estas arriesgando todo por estar con ella?-

-No. Te dije que la iba a entregar.-

-¿Por qué no lo has hecho entonces? ¿Hace cuanto que te asignaron la misión? ¿Tres o cuatro días? ¡Y estás esperando al último momento! ¡La tienes en tu propia casa y no has podido entregarla!- exclamó Ishida enfadado. -¡¿Quién esta arriesgando más a la compañía?!-

-¡Cállate!- el ojimiel lo arrojó contra la pared con fiereza, sin escatimar los daños. Ishida lo vio un momento con rabia también, y después de un instante se le fue encima.

El instinto asesino los llamó a los dos, y nunca se les vio de nuevo con esa furia en la mirada. Dos asesinos se desafiaban frente a frente sin delicadezas o retraimientos. Uno de ellos con astucia y fuerza, el otro con agilidad y destreza. El mismo nivel de habilidad, y el mismo pensamiento en la mente.

Sin embargo, a pesar de la igualdad de condiciones, uno de ellos se impuso al final. Uno de los jóvenes cayó al suelo después de un golpe bien asestado, quedando aturdido por unos momentos. Un delgado hilo de sangre resbalo desde su cabeza, y enrojeció su mirada. Sin levantar la vista hacia su oponente otra vez, empezó a buscar entre sus ropas por aquel objeto que tantas veces lo había librado de ese tipo de problemas... pero desistió de su objetivo, al oír un débil clic característico delante de él.

El sonido de su derrota por primera vez ante ese oponente.

Levantó la vista tras sus gafas hacia su amigo con lentitud, encontrándose con un cañón plateado que le apuntaba justo a la frente. Y más allá, sin apartar la mirada de él, en un rostro erguido y con expresión de triunfo, se tropezó con dos ojos escarlatas. Con la mirada fría, austera y sombría de un asesino.

¡Jamás había apreciado cosa más pavorosa! Era cierto que había acompañado a aquel ojimiel en todas las misiones asignadas, ¡pero jamás le había tocado apreciar aquellos ojos escarlatas de frente! Las sombras siempre le habían encubierto esa horrible visión... y ahora que lo veía a la luz detenidamente, y lo peor, dirigida justamente hacia él, le causaba terror indescriptible.

-Aprecias muy poco tu vida Ishida.- un escalofrío recorrió su espalda al escuchar la fría voz siseante. –Sabes muy bien lo que significa meterse con el 'Asesino Inglés'.-

Pero el moreno jamás aparto la mirada. No le iba a dar el gusto de verse triunfador sin pelea.

-Sabes que no te tengo miedo.- aseguró Ishida con voz firme, aunque su mente le gritaba lo contrario.

-Tu sabes mejor que nadie que les sucede a las personas que me desafían.-

-Entonces ¿Qué estas esperando?-

Kurosaki Ichigo lo miró un momento, sin que sus ojos regresaran a la normalidad. ¿Sería capaz de dispararle a su propio amigo?

¿Qué esperas Ichigo? ¿No era tu intención el matarlo en el momento en que le apuntaste con esa pistola? Él te retó. No puedes dejarlo ir sin hacerlo pagar por su osadía.

¿Quién demonios se cree?

Eso es. Eres superior a él, no lo necesitas. Lo único que hace es estorbar en tu camino.

Solo intentaba protegerlo.

Y el despreció tu ayuda.

No lo necesito.

Solo te necesitas a ti mismo.

Voy a disparar.

Mátalo...

Pero el ojimiel se quedó estático. No movió ni un músculo y no pudo disparar. Su mente le gritaba que lo hiciera, pero algo más le impedía realizar su cometido. Bajó la pistola lentamente, recibiendo protestas horribles departe de aquella voz.

-Has lo que quieras. Ya no me importa.- dijo susurrando, para después darse la vuelta con determinación. Guardó la pistola entre su gabardina, y se marchó de ese lugar tan rápido como había llegado.

Y Ishida Uryuu se quedó ahí. Inmóvil, confundido, sin saber que hacer.

-¿Oíste eso?- los hermosos ojos verdes se habían vuelto de repente hacia uno de los callejones contiguos a la casa de sus amigos, al escuchar el sonido de algo que caía.

-¿Qué?- Inoue Orihime, que tenía perdida la vista en el suelo, al fin levanto los ojos para observar a su interlocutor. –No escuché nada.-

La joven regresó a su tarea con la misma mirada perdida, mientras Kaien se asomaba por la puerta delantera del jardín hacia el misterioso lugar. Vio como una sombra de larga gabardina negra salía apresuradamente del lugar, guardando algo entre sus ropajes. Le resulto muy sospechosa aquella actitud, y por eso se decidió a seguirlo unos momentos. Intentó verle el rostro infructuosamente, perdiéndolo de vista por fin, después de virar en una esquina. Así como había aparecido en aquel callejón, se había evaporado delante de él.

Con una interrogante en la cabeza, y un creciente sentimiento de curiosidad, se acercó a la pequeña calle de donde había salido el hombre, llevándose una sorpresa mayúscula.

Un hombre más joven que él, de cabello azabache mojado de carmesí en algunos mechones, intentaba levantarse de su incomodo sitio en el suelo, recargándose en la pared para un mejor apoyo, aunque sin muchos resultados.

-¿Esta bien?- preguntó Kaien acercándose un poco al joven, pero guardando una distancia considerable.

El moreno volteó sorprendido al escuchar la voz, y se le quedó viendo al detective con ojos enormes. Por un momento, Kaien creyó ver como el color se drenaba de los frágiles rasgos del muchacho, haciéndolo ver indefenso.

-¿Necesitas ayuda?-

-No, estoy bien.- contestó Ishida apartando una mirada retraída de los rasgos del plateado, después de todo, lo que había dicho Ichigo, podría haberse cumplido en ese mismo momento. Si hubiera llegado un minuto antes, se abría encontrado con la encarnizada pelea entre los dos asesinos, y habría reconocido a su buscado criminal de inmediato.

Kaien lo miró por un momento, tratando de recordar en donde había observado esos ojos coloreados de zafiro, antes... se le hacían muy conocidos.

Y entonces, como en un flash en sus remembranzas, de aquella fiesta de disfraces que había tenido hacia quien sabe cuanto tiempo, lo reconoció.

Era ese el joven, de vestimentas blancas, que había acompañado a Orihime toda la noche (o lo que él había permanecido en el lugar) y que le había sido presentado como Ishida Uryuu.

-Eres Ishida ¿cierto?- preguntó Kaien con seguridad, recibiendo un respingo por parte del nombrado casi imperceptible.

-Me recuerdas.- afirmó Uryuu con asombro y algo de incredulidad.

-¿Qué paso?- el detective por fin se acercó al joven, y le ayudo a levantarse con gran fuerza, dejando que se apoyara en uno de sus hombros.

]Ishida reprimió el escalofrío que amenazaba con salir desde su espina, al estar tan cerca de su enemigo. –Un busca pleitos- afirmó imaginándose de nuevo la mirada asesina de Ichigo.

-Pensé que sabías como defenderte.- el moreno se sonrojo ante esa acusación. ¡Claro que podía defenderse! Pero ¿Quién había podido enfrentarse alguna vez de esa manera a el Asesino Ingles y salir victorioso después de la pelea? ¡Absolutamente nadie! ¡Ya quería verlo intentándolo!

El apuesto joven de cabellos oscuros, guió al de gafas fuera del callejón, llevándolo lentamente hacía la casa de donde había salido.

-Espera, no necesito ir ahí.- dijo Ishida tratando de zafarse del firme asir del otro joven.

-Como digas.- entonces Kaien lo soltó de improviso, e Ishida cayó de rodillas al suelo, al no poder mantener el equilibrio.

-¿Kaien? ¿Qué haces?- la dulce voz de Orihime se dejo escuchar a pocos pasos de donde estaban los dos, e Ishida sintió por un momento, como el corazón le dejaba de latir por el nerviosismo. Planeaba verla ese mismo día, ¡Pero no de esa manera!

Los pasos se detuvieron en seco a pocos metros de los dos jóvenes, cuando la chica advirtió la presencia del ojiazul derrumbado en el suelo, casi a mitad de la calle.

Sintió una mezcla de sentimientos que nunca antes había experimentado con nadie más. Alegría de volverlo a ver, enojo por la traición que había sufrido, tristeza por la larga fila de recuerdos que se le presentaba, melancolía por su misma silueta, y odio por recordarlo al lado de esa mujer. ¿Cómo se podía experimentar tantos sentimientos con una sola persona? ¿Por qué el ser humano era tan complicado, como para tener los sentimientos de amor y odio, tan enteramente opuestos, justamente al mismo tiempo?

Ishida no se atrevió a levantar la mirada hacia esa mujer, cuando un enorme sentimiento de vergüenza le invadió todo su ser. ¿Quién era él para mirarla a los ojos después semejante traición a su confianza? Haciendo un esfuerzo sobrehumano, gracias al mareo constante que empezaba aumentar de intensidad, se incorporó, y se sacudió las ropas con dignidad, sin mover sus ojos de la tarea que realizaba.

Orihime observó al joven levantarse con mucho esfuerzo, logrando observar, justo en el momento en que se incorporaba, una creciente mancha roja en su cabello azabache. Cualquier sentimiento que pudiera haber tenido en esos momentos, se esfumó como una débil sombra, al ser reemplazada por preocupación.

-Uryuu-kun ¿Estas bien?-

Kaien observó con detenimiento el rostro de Orihime en el momento en que ella se acercaba al joven para ayudarlo, y descubrió esa nueva mirada que jamás le había mostrado a nadie más. El amor que ella había expresado por él alguna vez, no era más que un amor fraternal, y sin embargo, en esos momentos, estaba descubriendo una mirada completamente diferente en el rostro de la bella joven.

Ishida alzó la mirada muy sorprendido, encarándola por primera vez desde aquella fatídica ocasión, y observó con agrado, que aquella expresión blanca se esfumaba de los rasgos del lindo rostro. Aun se preocupaba por él. Todavía tenía una oportunidad.

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Eso lo había hecho. Ese suceso le había quitado por fin el último vestigio de fe que aun le había quedado.

No le bastaba simplemente con el hecho de que su locura estaba regresando con fuerza completa, además no había podido cumplir la misión que se le había asignado ya que debía entregar a la persona a la que quería, la relación con Rukia se iba enfriando cada vez más, el jefe empezaba a sospechar de su deseo de libertad, había perdido a su equipo, uno de sus miembros había salido lastimado, y ahora, su mejor amigo, había terminado tirado en un callejón a su causa, negándole a la última persona con la que podría haber mantenido una conversación.

Su vida se encontraba en uno de los puntos más críticos, y por primera vez, no sabía como solucionarla.

Lo único que le quedaba para dejar esa vida atrás, era alejarse de ese lugar. Después de entregar a Rukia, se iría lejos, sin volver a mirar atrás.

Inconscientemente, se había guiado al lugar que podía librarlo de un momento a otro, de ese país. El aeropuerto. La manera más rápida de escapar de todos sus problemas (sino quería acabar con su propia vida). Y sin pensarlo dos veces, entró, saldría al alba del mismo día de navidad, ya ningún pensamiento lo podía detener.

Rukia miró el reloj de pared con pesadez por quinta vez en tan solo quince minutos. Eran poco más de las diez y media de la noche, y ella aun seguía sentada en su lugar, sin los ánimos para levantarse a seguir preparando la exquisita cena de navidad.

Le había llamado a Inoue Orihime hacía solo unos minutos, y había hablado con ella por lo menos media hora, en los cuales la chica no había dejado de expresarle sus condolencias por la reciente perdida de su madre, y no se había cansado de insistirle en que pasara la navidad con ellos.

Ella se había rehusado educadamente, diciendo una y otra vez que pasaría la navidad con Ichigo, y que ya había preparado la cena, lo cual era algo enteramente cierto, con excepción de que su acompañante aun no llegaba a casa.

Después de las rotundas negativas por parte de la ametista, la pelinaranja dejó de insistir, y con voz quebradiza le deseo feliz navidad a su mejor amiga, y se despidió de ella con un profundo sentimiento de pesadez. El espíritu navideño seguro le había afectado en sobre manera.

Sus ojos se luminaron de repente cuando escuchó esos pasos tan característicos acercándose a la puerta con pesadez. Se levantó de su asiento en el cómodo sillón con velocidad impresionante, y se fue a la cocina, para iniciar con sus preparativos.

Pronto escuchó como el joven ojimiel entraba a la sala, y se deshacía de su gabardina, colocándola cuidadosamente en el perchero, y como suspiraba con desgano. De nuevo otro mal día, eso era de suponerse.

La chica secó sus manos en una toalla, y un sentimiento de tristeza se posesiono de su rostro.

-Cálmate Rukia, todo saldrá bien.- se aseguro a si misma en voz alta, poniendo una sonrisa de oreja a oreja para salir a recibir al recién llegado.

Lo encontró de nuevo sentado en la mesa, con la cara hundida en las manos.

Sonrió con compasión. –Hola Ichigo, ¿Cómo estuvo tu caminata?- le preguntó inocentemente, como sino supiera en que estado se encontraba. Se inclinó delante de él, intentando ver su rostro.

El ojimiel levantó la mirada retraídamente, formulando una de esas respuestas frías que acostumbraba a dar, pero al ver la gran sonrisa en el rostro de la joven, y la inocencia que irradiaba con su rostro angelical, no tuvo más que contenerse.

-Estuvo bien.-

La chica lo miró unos momentos con detenimiento, y después sonrió de nuevo, divertida ante algo. Observó su atuendo detenidamente desde que había entrado, encontrándose con un delicado vestido corto color crema de tirantes, que se ajustaba a sus líneas con sensualidad.

-¿Qué?- preguntó el chico después de salir de su ensimismamiento, al observar como le sonreía.

-¿Con quien te peleaste ahora?-

-Oh.- el joven bajó la mirada apenado, como si su madre le hubiera regañado por alguna travesura.

-Ya no deberías de ser tan agresivo.- mencionó en broma.

El ojimiel sintió como las yemas de sus delgados dedos, acariciaban su mejilla con dulzura, trazando con delicadeza la visible marca moreteada que empezaba a aparecer en su rostro.

-Podrías salir lastimado de verdad algún día.-

Ichigo tomó la mano de la amatista entre la suya, y la presionó aun más contra su propio rostro, olvidando por un momento todo el sufrimiento por el que estaba pasando en esos momentos.

La chica se arrodillo a su lado, sin retirar la mano de su rostro, y le sonrió. –Si prometes dejar ese mal humor para otro día, yo prometo darte tu regalo antes de navidad.-

El chico la miró con ternura indescriptible. ¿Cómo era posible que con una simple sonrisa, o una caricia como aquella, fuera capaz de hacerlo olvidar por completo el pesar que existía en su corazón?

Te has vuelto muy cursi últimamente.

Bah, cállate.

–Esta bien.- y por primera vez en el día, le sonrió.

...

La cena que los dos compartieron, resulto como pocas veces, muy entretenida. El ojimiel siguió con la charla alegre que había mostrado con Ishida apenas esa tarde, sorprendiendo aun a Rukia por la naturalidad con que le salían los comentarios y las amenas pláticas.

Después de recoger la mesa, los dos se levantaron e instalaron en el sillón de la estancia, quedando en silencio por solo unos minutos, mientras observaban el hipnotizante movimiento de las series de luces navideñas.

-¡Es cierto! –exclamó Rukia de pronto, levantándose y dirigiéndose al árbol. –Prometí que tendrías tu regalo esta noche.- la amatista se levantó con una caja delgada en las manos, adornada por un bonito moño azul índigo. –Feliz Navidad.- le dijo la chica sonriente, entregándole la caja, y sentándose a su lado.

Ichigo se le quedo viendo fijamente unos momentos, y después le sonrió. Jaló de uno de los costados del moño índigo, que cedió fácilmente ante su fuerza, y abrió la caja con lentitud. Y se quedo un momento embelesado.

¡Se notaba que los dos pensaban casi de la misma manera! Él también había comprado algo parecido.

Tomó entre sus dedos el delicado objeto, y lo levanto un poco para verlo mejor. Un destello le guiño el ojo desde una de sus superficies. Una larga cadena sostenía con firmeza la joya que colgaba de él... Una hermosa cruz plateada de superficie lisa.

El chico se quedó asombrado con el regalo, pero no por ello menos agradecido, era sin duda un objeto de belleza singular, pero como ella había visto muchas veces seguramente, él no era muy afecto a las cruces.

-Se verá muy bien en ti. Es para protegerte.- le dijo la chica al ver la sorprendida cara del ojimiel. –Mi padre me mostró lo que significaba.-

El joven no preguntó más, simplemente asintió, pasando la cadena por encima de su cabeza, dejándola resbalar hasta su cuello. Se levantó de su asiento, y se dirigió a uno de los espejos más cercanos, para admirar la fina obra de arte.

Después de notar lo bien que se veía, recordó que él también había comprado algo. –Yo también compré algo para ti.- mencionó casualmente, arrodillándose ante el árbol, y tomando otra de las delgadas cajas que ahí se encontraban. Se e ofreció a la joven con una débil sonrisa en el apuesto rostro. –Feliz Navidad linda.-

Desenvolvió el pequeño obsequio igual que el pelinaranja, y abrió la caja con delicadeza. Lo primero que llamó su atención, fue el resplandor amatista. Pero esta vez venía acompañada de una bonita cadena dorada. El delicado dije entre sus dedos, le revelo una pequeña figurilla de una gota de rocío.

Alzó la asombrada mirada, solamente para encontrarse con un Ichigo sonrojado, que evitaba verla. –Me recordó a tus ojos.- sinceró susurrando.

La chica se levantó de su lugar con una hermosa sonrisa en el rostro, y sin previo aviso, le hecho los brazos al cuello sin retraimiento, causando un sonrojo aún más notable en las mejillas del ojimiel.

-Sabía que eras la única persona que podía hacerme feliz este día.- le susurró al oído con ternura, sin soltarlo.

Oh, que ternura.

Como molestas.

¿Yo? Bah, yo no se que harías sin mi en estos momentos, a veces lo estúpido te sale a relucir.

Si vas a hablar solo para insultarme mejor cállate, no quiero estar oyendo tus sandeces.

¡Pero que duro te has vuelto conmigo! ¡Solo trato de ayudarte y ve como me lo pagas!

No necesito tu ayuda. No necesito nada de ti.

No puedo creer que confíes más en esa traidora que en mi.

¡No te atrevas a llamarla así!

¡Pero eso es lo que ella es! ¡Tu le revelaste todo tu pasado, y ella no te ha dicho nada verdadero sobre su persona! ¡Te ha tenido bajo una nube de mentiras todo este tiempo, y tu lo soportas porque estas completamente cegado por su belleza!

¿Por qué sigues atormentándome así?

¡Para que te des cuenta de lo que ella es realmente! ¡Una mentirosa y embustera!

No lo es.

¿A no? ¡Compruébalo por ti mismo entonces! ¡Anda, ve y pregúntale quien es en verdad! ¡Ya verás que te responderá de nuevo con la misma mentira! ¡Jamás te dirá quien es porque no confía en ti!

El ojimiel se alejó de ella un momento, rompiendo el cálido abrazo del que tanto estaba disfrutando, para mirarla seriamente. La chica bajó los brazos con lentitud, y le proporcionó una sonrisa.

Ya no podía seguir viviendo con la duda. La voz por fin tenía razón en algo, tenía que saber si confiaba en él.

-Rukia, necesito saber algo muy importante sobre ti. Y para ello necesito saber si confías en mi.- mencionó Ichigo con seriedad sepulcral, manteniendo la mirada fija en ella.

-Claro que confío en ti Ichigo.- dijo la chica tratando de poner una sonrisa que vaciló en su lugar por una milésima de segundo.

Él trato de ignorar ese gesto de nerviosismo, y tomó aire larga y profundamente. -¿Quién eres?-

La sonrisa desapareció por un momento del rostro de la joven, mientras los miraba a él con ojos sorprendidos. –N-No se a que te refieres Ichigo. Tú ya me conoces.-

Te lo advertí.

Ichigo la vio con decepción evidente un momento –Esta bien entonces.- Se dio la vuelta en un rápido movimiento, y antes de que la chica pudiera hacer algo, el joven ya había entrado a su habitación con calma, cerrando la puerta detrás de él, dejando a la morena en medio de la habitación.

El ingles quedó rodeado por la oscuridad de su propio cuarto, sin que eso le inmutara mucho. Echó a un lado una de las sillas que le estorbaban en su camino con el pie, y se dejó caer en la cama, sintiendo como todos sus ánimos se fundían a su alrededor, confundiéndose con las sombras.

Te dije que no era más que una mentirosa.

Tenías razón..

Nunca debiste confiar en ella.

...

Jugó con tus sentimientos cruelmente. No hay peor ser en el mundo que ella.

...

Deberías acabar con su vida.

No.

Entonces llévala a la compañía. Ahí te recompensarán, ahí nunca te han mentido.

Si.

La voz en su cabeza desapareció por un momento, al escuchar el débil rechinido de la puerta que se abría delante de él, dejando que se colara un poco de luz del exterior.

-¿Ichigo?-

Dile que se vaya.

-Vete.- susurró débilmente sin siquiera dirigirle una mirada.

La puerta se cerró con un suave clic, y la habitación quedo en penumbra de nuevo. Por un momento, Ichigo pensó que por fin había quedado solo con sus meditaciones, pero sus suposiciones fueron contradecidas al escuchar la suave respiración frente a su cama. Cuando sus ojos al fin se acostumbraron a las sombras, distinguió la silueta de la chica, y pudo ver a través de la débil luz que se filtraba por las cortinas, sus delicados rasgos melancólicos.

Sin pronunciar palabra, simplemente se fue a sentar a su lado en la cama, sin que el hiciera un intento de incorporarse. Ichigo alcanzó a ver como la chica retorcía la delicada tela transparente que adornaba por encima a su vestido.

-Perdóname.- dijo suavemente, tratando de enfocar la mirada en los ojos miel. –Debí de haberte dicho quien era en realidad desde el principio.-

La joven dejó su vestido en paz, puso una linda sonrisa en el rostro, y extendió su mano hacía el ojimiel en forma de saludo.

-Hola, mi nombre es Kuchiki Rukia y tengo 26 años. Soy hija del dueño de los emporios Kuchiki.- Ichigo, siguiendo su juego, estrecho su mano un momento. –Mi madre me dio a luz a los siete meses, y desde entonces me mantuvieron escondida por mi propia seguridad, ella murió cuando yo tenía solo unos cuantos años de edad, cuando le surgió una grave enfermedad. Desde entonces mi padre me compró una casa en la ciudad, y hasta hace poco me dejó vivir en ella por mi cuenta. Sufrí un ataque a mi casa por parte de las personas que conocían mi identidad y querían asesinarme, pero alguien me ayudo esa vez, y desde entonces he estado viviendo con él, y puedo decir con sinceridad que soy feliz a su lado.- la expresión del rostro de la joven no había cambiado en absoluto, había hablado con lentitud y claramente, como si se tratara simplemente de un documental. –Mi padre fue asesinado hace poco tiempo, quitándome a la única persona que me quedaba en la vida.- la joven al fin abrió los ojos, y el ingles pudo notar con claridad, él como se llenaban con lagrimas rápidamente. –Pero hay alguien que se a quedado a mi lado desde ese momento, haciendo que las cosas fueran menos difíciles. –hizo una pausa en la que intento mantener la compostura. –Hoy le mentí a esa persona sobre quien soy, y en estos momentos estoy intentando enmendar mi error.- la chica se detuvo un momento, respirando profundamente, esperando alguna respuesta... Sin recibir ninguna.

¡Hubiera preferido cualquier cosa a ese silencio abrumador! ¡Le estaba diciendo sin palabras, que su error era imperdonable!

Agachó la mirada para evitar las lagrimas, y se levantó lentamente de la cama, dandole la espalda, y disponiéndose a salir. Sin embargo, antes de que pudiera dar un paso, una mano la sostuvo de la muñeca, impidiendo su avance.

-Te creo.- susurro con ternura, enternecido por su confesión.

La chica sonrió dulcemente, y esta vez sin ser rechazada, encontró refugio cálido en sus brazos.

-Debes estar cansado.- pronunció la ametista en un susurro. –Dejare que descanses.-

Tenía la intención de levantarse y salir dela habitación, pero en lugar de que la soltara, la sostuvo más contra si.

-No te vayas.- dijo él. -Quédate conmigo.-

La chica se separó un momento de él, y lo observó muy sorprendida. ¡Cuánto tiempo había esperado oír ese tipo de palabras provenientes de su boca! ¡Y lo mejor de todo, era que esta vez, no estaba ebrio!

El joven se recostó en la cama con ella en sus brazos, dejando que su cabeza descansara cómodamente sobre su pecho. Acarició su cabello con lentitud, admirando su suavidad. Jamás había sentido tal calidez y comodidad en toda su vida, jamás se había sentido tan conectado a otra persona, a pesar de que ella no era la primera persona a la que llevaba a la cama.

No era lo mismo acostarse con alguien a simplemente dormir con alguien. ¿Cómo podía explicar esa sensación?

Había conocido a infinidad de mujeres de esa manera, seduciéndolas hasta tenerlas solo para él, y sin embargo, ahora que estaba simplemente con ella a su lado, sentía que la conocía aun más que a cualquiera de ellas.

¿Era eso a lo que le llamaban amor? ¿Sentir esa conexión especial con alguien? ¿Sentir la mayor tranquilidad del mundo cuando se esta al lado de esa persona? ¿Pensar en su separación como la mayor pena del corazón humano?

Ahora que la tenía de esa manera, aspirando su aroma, y escuchando su acompasada respiración en el profundo silencio de la noche, supo que no podía dejarla en ese lugar. Por más que hubiera querido negárselo los pasados días, un momento había bastado para hacerlo dudar sobre su decisión.

-Rukia, hay algo que quiero decirte.-

La joven asintió, haciéndole ver que lo escuchaba, la voz varonil que siempre le había gustado, se escuchaba triste y melancólica como pocas veces.

-Me voy mañana.- dijo secamente, sin mover ni un músculo.

La joven levanto la cabeza y lo miró directamente a los ojos con asombro. -¿Qué? ¿a dónde? ¿Por qué?- preguntó ansiosa.

El ojimiel desvió la mirada. –He hecho algunas cosas de las que no estoy orgulloso. No soy un detective como Ishida te ha dicho.-

-No importa.- dijo la chica con calma.

La mirada del pelinaranja se suavizo cuando la volvió a ver, paso la mano sobre su rostro con suavidad.

¿Cómo te atreves a tocarla después de lo que hiciste? ¡Tus propias manos están manchadas con la sangre de su familia!

Lo sé.

-No soy lo que tu crees.-

–No me importa lo que seas, yo te quiero.- el joven sonrió.

Sabes bien que no la mereces.

Ella me quiere. Y yo también. No hay nada que puedas hacer.

-Yo quería pedirte algo importante.- los dos se miraron un momento. –Tengo dos boletos que saldrán a Londres al alba. Quiero que vengas conmigo.-

Los ojos de la chica se agrandaron con sorpresa.

-No quiero dejarte aquí.- el chico paseó su mano por el cabello de la joven, sin mirarla.

Y ella también evito la mirada. Buscó por unos momentos una razón por la cual quedarse. Una sola para no seguir con esa relación. Pensó en la compañía, pero la idea fue desechada con prontitud, era la dueña absoluta de los emporios Kuchiki, podía dirigirlos desde cualquier lugar; luego pensó en su familia, pero, ¿Qué familia le quedaba? Todos los miembros, incluyendo aun al niño más indefenso, habían muerto asesinados; los recuerdos que le traía la ciudad, amargos todos ellos, momentos que no deseaba remembrar; Orihime... su amiga era la única razón que le quedaba para quedarse en esa ciudad.

¿Renunciaría a su mejor amiga, para seguir a la persona a la que amaba?

Ichigo noto rápidamente la indecisión en sus ojos. Su mirada se ensombreció. ¿Por qué se había hecho tantas ilusiones sin siquiera haberle preguntado?

Eres un iluso. ¿Y te creías que ella se iba a ir contigo?

-Tendrás que mostrarme Londres. Nunca he visitado ese lugar.- él tardó un poco en descifrar las palabras, pero al comprenderlas en su totalidad, no pudo hacer más que sonreír, y burlarse mentalmente, de aquella voz.

-Gracias linda.- le dijo cariñosamente, sonriendo con alegría.

Por fin se habían terminado sus problemas. Por fin había tomado la decisión correcta.

No puedes irte así.

Si puedo, y lo haré.

La voz se silenció por fin. Ichigo no pudo escuchar más en esos momentos esa fría, irritante y demoníaca voz que lo había atormentado todo el día. Su fuerza de voluntad se hacia más fuerte cuando estaba con ella, de eso no había duda.

La ametista se le quedó viendo unos momentos con expresión embelesada, sin que él retirara la vista de sus ojos. Estaban donde querían estar, con la persona indicada. Nadie podría borrar de sus memorias ese momento tan esperanzador, nadie podría hacerlos reemplazar esa sensación en el corazón.

Ichigo nunca volvió a sentir lo mismo con otra mujer. Nunca volvió a experimentar ese momento con nadie más, y lo supo con certeza. Así que sin decir nada, con un hermoso silencio de por medio, se acercó a su rostro, y la besó. Sus labios se juntaron en un beso suave, cálido. Jamás había sentido tanta emoción al probar unos labios, ya que siempre besaba con lujuria y deseo, pero esta vez, esta vez besaba con amor.

Los dos se quedaron dormidos en ese lugar, hasta que llegó el alba. Nada les preocupo en ese trascurso, entregándose a un sueño tranquilo y sin sueños.

¿Quién podría arruinar ese momento?

Y como invocado desde los mismo avernos, un ruido estremecedor interrumpió en la quietud de la habitación...cristales rotos cayeron al suelo, despertándolos de su sueño...

Continuara...

AEjhgdlaslhfgasdjfhsajdhfajsdfsd bwhahahahaha! Aquí les traigo el otro capitulo! Al fin Ichigo la besoooo :D Un beso Ichiruki es tan añsfñjakshdfas xDDD ustedes me entienden jajaja y bueno, vienen de nuevo problemas w no me maten ¿vale? Jajaja ya pronto culminaremos esta historia :D

Saben, hoy me dieron ganas de contestar reviews uno por uno jojojo

Shinigamiblack: Hola! Por supuesto que Ichigo la ama! Esos dos estan destinados a ser *o* jejeje lo siento por hacer que Ichigo dudara, pero ya vez, en este capitulo se aclara un poquito xD Gracias por leer y espero no demorarme tanto en actualizar jaja Saludos!

Anikar: Hellooouuu! xD Sii, la pobre Rukia perdió a su padre :c tan sexy que es Byakuya pero bueno le tocó bailar con la mas fea(¿?) jajaja y Mas adelante te enteraras quien quiere a Rukia ;) Se sacaran una sorpresa jojojoj Gracias por leer!

Kuchiki Rukia-san: ¡Wow! La misma Rukia me esta mandando un review? Jaja okno, Gracias por leer y que te guste la historia jejeje y bueno ya vez que Ichigo no la va a entregar o bueno, al menos es su intención no hacerlo xD Saludos!

Guest: Hola! Siiiii al fin Ichigo sabe quien es la Kuchiki y que problema le esta dando jaja xD pero al menos ya se decidio que no la entregara :D Gracias por pasarte a leer! Un saludo!

FrikiHimechan: Kyaaaaaaa! Si si ya se dio cuenta! :D Gracias por los reviews jejeje se que eres de las fieles que me dejan uno y estoy agradecida por eso (: y bueno espero que te siga gustando esta historia. Saludos!

Loen: Jajajaja sii si que lo metan a la hoguera(¿?) jaja okno, aish no te enojes con el fresito, esta bien sexy y se le perdona todo ajjajaja además esta confundido jajaja pero bueno, ya vez que no la entregara y la perdono xD Gracias por leer y espero que te siga gustando la historia! :D

Adictoared: ;;;;;; no llores! Que me contagias –le pasa un cleneex- ToT ya pronto acabara el sufrimiento….bueno, algo asi xD jajaja creo que la historia es algo trágica pero espero que el final este feliz….ni yo lo se(¿?) ajajaj XDD Gracias por leer y no llores! Se fuerte xD

Mitsuki Kuromo: Nooooooo la entregooo! :D –avienta confeti- xD ya no llores mi moquienta lectora(¿?) jejeje ya ichigo recapacito y se dio cuenta que no podrá vivir sin la Kuchiki jojojo como toda ichirukista lo sabe ;) ellos se aman a pesar de todo *u* A mi también me encanto la parte del piano *o* imagínate al naranjita! Tan sexy se ha de ver visto 3 jaja y trataré de que no sufran tanto aunque no prometo nada xDDD Gracias por leer y te regalare unos cleenex para que te limpies las lagrimas porque los siguientes caps estan de infarto! Jajaja Saludos :D

Muchas Gracias a todas por leer y me alegra que les este gustando la historia! Ya saben no se olviden de dejarme un review :D

Nos vemoos pronto~

LizZ Elric de Kim