Capítulo XX: No más secretos..

Adolorida se frotó sus helados pies mientras intentaba calentarse bajo la manta. Miró de reojo a Battousai el cual estaba apoyado en la pared en la misma postura protectora de siempre, con la espada entre sus piernas y mirando de reojo hacia el exterior. Cuando creía que todo estaba volviendo a la calma y que sus pensamientos y sentimientos volvían a estar en orden resultaba que el destino la ponía en esta situación tan incómoda y excitante.

Si, debía reconocerlo, era excitante. ¿Por qué cuándo un hombre no te habla y ni siquiera te mira te sientes tan endemoniadamente atraída por él? Quizás sea porque durante estas semanas había pensado en que en el momento en que volviera al lado de Battousai éste caería rendido a sus pies, y esa idea de tener hay, comiendo de su mano, la había estado siguiendo durante esos días, pero resultaba que no, que el muchachito volvía a ser el chico indiferente y frío de siempre, el que con sólo una de sus miradas ambarinas la volvía loca.

Y pensar en que ella estos días tan sólo había estado repitiendo en su cabeza la imagen de ellos dos haciendo el amor... Puede que sonara extraño, ella misma se sorprendía, pero ahora que lo pensaba con la cabeza fría la noche en que Battousai la tomó... a ella le gustó, lo que le dolió fue la manera brusca en que la poseyó, pero cuando él introdujo su miembro dentro de ella se mostró tan cálido... Le dolía, pero a la vez sentía un ligero placer, y en estos días sólo había estado pensando en ese placer.

¡Kaoru, no seas pervertida y deja de pensar en esas cosas!

Él la tomó a la fuerza, en vez de pedirle una explicación decidió actuar, y eso jamás lo iba a perdonar. Nunca antes le habían hecho tanto daño, y lo peor es que ese daño lo había causado la persona que ella más quería.

Miró de reojo hacía la dirección de Battousai cuando escuchó como éste se movía. Tragó con fuerza al ver como se quitaba la empapada parte de arriba de su kimono y dejaba ver su torso, observó una diminuta que caía en el valle de sus abdominales y se perdía en el interior de sus pantalones.

Le dolía... le dolía tenerlo tan cerca, pero sentirlo tan lejos al mismo tiempo. Rápidamente limpió una lágrima que recorría su mejilla. Fijó su mirada en sus pies. ¿Qué debía hacer? Creía que ya tenía todo solucionado, pero el tenerlo cerca volvía a desatar esa enigmática ola de sensaciones en ella. Lo quería, sí, no podía negarlo, extrañaba estar en sus brazos, el modo en que la protegía, las tontas discusiones que tenían... Pero también se sentía muy dolida por lo que hizo, su acto sólo hizo que su corazón se rajase y que desconfiara de él. Pero si el estar lejos de él dolía tanto... Ella quería estar con él, pero, ¿por qué no lograba perdonar lo que hizo? Para estar con él debía perdonarlo... y perdonase a sí misma, porque no sólo él había hecho mal y ella lo sabía perfectamente.

Miró la desnuda espalda de Kenshin y como sus largos cabellos pelirrojos se pegaban a ella. Deseaba abrazarlo, y besarlo... Estar con él por toda la eternidad. Si el amar era perdonar, ¿ella podría perdonarlo?

Las palabras que él dijo el día que se declaró, el día que por fin escuchó de sus labios el te amo que tanto esfuerzo le había costado aceptar a él, se repetían una vez y otra vez en su cabeza, y es que era tan profundas, y dichas con tanta pasión y dolor que se habían clavado en su corazón como espinas y la única forma de que esas espinas salieran era estar con él de nuevo.

—Kaoru... —susurró Battousai. Avergonzada al ver que la había pillado mirándolo apartó la vista rápidamente —. ¿Tienes frío?

No, frío era lo único que no sentía en esos momentos. Tenía calor, mucho calor, un calor asfixiante que recorría su cuerpo y se centraba en una parte muy sensible. Su cuerpo nunca había reaccionado de esa forma, al menos de una forma tan violenta y abrasadora. Tenía que tranquilizarse, a su corazón le dolía esa situación, porque a pesar de todo, su amor por Battousai era tan fuerte que era incapaz de estar lejos de él. Tantos días pensando... tantos días pensando en lo que hacer y nada estaba claro. Lo único claro era que se decía que el amor lo perdonaba todo, y si ella lo amaba... ¿por qué le costaba tanto perdonarlo?

Él estaba arrepentido, lo podía ver en su rostro, podía oírlo en cada palabra que decía... El pesar que se escuchaba en su voz era de un hombre que vivía en un calvario, y ella sabía que el calvario era el no encontrar su perdón.

Pero ella también debía perdonarse. Su corazón tenía que volver a encontrar la paz de antes. No podía culparle a él de todo esto, ella también tenía parte de culpa por pedir ese deseo, si se hubiera quedado... si se hubiera quedado podría seguir luchando para ganarse su amor... Pero si ella no hubiera aparecido Battousai estaría más perdido en su oscuro abismo de locura y sangre, si ella no hubiera aparecido ya sabía lo que ocurriría; él mataría al prometido de Tomoe, y luego, tras enamorarse de Tomoe, la mataría accidentalmente, entonces su vida sería dolor, culpa, indignidad... ¡Ella no quería eso para su Kenshin!

Ella quería ser la que calmara sus dolores, la que escuchara sus penas, la que curase cada una de sus heridas tanto físicas como las del corazón. Quería apartarlo d ese mundo y mostrarle que había otro muy diferente, uno en el que no había sangre, uno en el que el dolor, el sufrimiento y la decepción no existían... Tampoco Kiyosato y Tomoe merecían ese final, y no sólo ellos, también Enishi. Tal vez el destino quiso que ella viajase al futuro, que impidiera que ese sufrimiento se produjese.

Aquella noche todo fue un error, él cometió un error y estaba arrepentido, al igual que ella, no era justo que este inmenso amor se separase por eso, nunca olvidaría lo que le hizo, pero si podía perdonarlo... es más, necesitaba perdonarlo y perdonarse a sí misma. Lo hecho, hecho estaba y era ridículo seguir dando vueltas al asunto, pensar tanto en ello no iba a hacer que cambiase.

¿No era mejor olvidar todo y disfrutar de lo que tenían? Disfrutar de la compañía del otro, disfrutar del mero hecho de amarse...

Pero para ello, para poder ser felices necesitaba contarle la verdad, necesitaba contarle lo que tenía guardado, el secreto de por qué estaba ahí. Él tenía derecho a conocer la verdad, él tenía derecho a saber, a conocer cuál era su verdadero destino hasta que ella estropeó todo, debía contarle lo de Tomoe, lo de su promesa de no volver a matar, su historia juntos, su amor, y las duras y amargas palabras que había escuchado esa noche...

Contarle eso podría alejarlo de ella para siempre, o unirlo más... Pero para estar con él necesitaba que él la perdonase, no servía de nada perdonarlo si seguía escondiéndole cosas, no podía ir de victima por la vida si él también era una víctima más. Sólo esperaba que lograra perdonarla al igual que ella había logrado perdonarlo.

—¿Cómo que los Shinsengumi han venido hasta aquí? —preguntó Shinsaku sorprendido.

Lizuka lo miró, dejando que Izumi terminara de vendar sus heridas producidas por la batalla.

—Bueno, han venido Saito y algunos de los Shinsengumi, supongo que habrá dejado en Kioto a Okita al mando del resto de sus hombres —contestó encogiéndose de hombros, inmediatamente un punzante dolor golpeó su hombro. Maldita sea, no se había acordado de esa herida...

—¿Y dónde está Battousai? No da señales de vida, ni Kaoru tampoco. Ese Saito siempre va detrás de nosotros y como haya agarrado a Battousai... —sonrió con desprecio —. Seguro que eso le supondría una gran victoria, atrapar al asesino más sanguinario de todo Japón.

—Quizás por eso me siguió, al ver que Battousai no ha atacado en todos de estos días y al verme partir a Edo quizás supuso que él estaba aquí también y por eso dividió el grupo en dos y vino. Derrotar a los Ishinshishi es el mayor sueño de Saito y no cesará hasta que nos destruya.

Shinsaku chasqueó la lengua. Saito era el mayor enemigo de los Ishinshishi, a pesar de ser samuráis ambos tenían ideales muy diferentes. Todos veía a los Ishinshishi como el enemigo tan solo porque, al contrario de los Shinsengumi, actuaban en clandestinidad, pero en un futuro todos recordaran al grupo como uno de los más valientes e imprescindibles para llevar la paz a Japón.

—Debemos volver pronto a Kioto puede que Katsura y los demás necesiten ayuda. Hemos prologado demasiado estas... "vacaciones" —dijo Lizuka —. Saito y el resto no se quedarán mucho tiempo aquí así que debemos encontrar a Battousai y Kaoru lo antes posible y volver antes que ellos.

Shinsaku asintió conforme a lo que decía Lizuka, por primera vez en mucho tiempo, estaba escuchando a su amigo hablar con cordura y lucidez.

Battousai la miró, y al verla tan callada, sentada en el suelo con aquella manta cubriéndola su corazón se oprimió. La notaba tan incómoda, sabía que no le gustaba su presencia. Él había prometido que no volvería a tocarla hasta que ella quisiera, y esa promesa era tan dura... Deseaba tenerla entre sus brazos, besarla y demostrarle todo lo que tenía en su pecho, todo el amor que sentía por ella.

¿Podría llegar a perdonarlo? Él deseaba que así sea, aunque sabía que no lo merecía su corazón lo pedía a gritos.

Se sentía tan incómodo en esos momentos, el ambiente pesaba y sentía como si una fuerza invisible caía sobre sus hombros. Se sentía cansado, cansado mental y físicamente, tanto había vivido, y nada era bueno excepto desde que conoció a Kaoru, él la necesitaba, necesitaba estar con ella porque sólo así lograba olvidar todas sus culpas, sólo así lograba deshacerse de ese peso que caía sobre él.

—Ken... Kenshin —la voz temblorosa de Kaoru lo despertó de sus pensamientos.

Su corazón dio un vuelco y algo en él se despertó, un extraño calor.

La esperanza.

Ella se mordió el labio, indecisa. Su padre le había dicho que su corazón sabría cuando decirle la verdad y algo le decía que era ahora o nunca. Tenía que decírselo, lo necesitaba... Se levantó, con cuidado de que la manta no revelara nada de su cuerpo, y se acercó hasta él, cuando vio las intenciones de Battousai para levantarse ella le hizo un gesto para impedírselo, mirándola confundido se volvió a sentar, y ella, aspirando profundamente soltó el aire, despacio, muy despacio, y armándose de valor se sentó a su lado.

—Hace unos días me preguntaste si deseaba casarme contigo... —los ojos de Battousai brillaron con fuerza y, en su rostro se podía apreciar que tenía toda su atención —. No te podía dar la respuesta porque mi corazón no había logrado perdonarte... Tengo claro que nunca, jamás, podré olvidar esa amarga noche... se me ha clavado en el corazón y nunca, nunca podré borrarla... —colocó su mano en su —, pero él te ha perdonado... Fue un error, todos somos humanos y no te puedo juzgar duramente pues yo también sé lo que es cometer un error y arrepentirte... arrepentirte tanto que no puedes dormir por las noches y que te duele en el corazón —Kaoru tragó con fuerza y lo miró de hito a hito, no tenía el suficiente valor, pero debía sacarlo de donde fuese, tenía que decírselo...

Battousai se acercó más a ella y agarró con fuerza su mano, abrió la boca deseando decirle todo lo que en estas semanas había comprendido, todo lo que ella significaba, mas ella lo mandó callar con un gesto. Sus ojos azules estaban cubiertos de lágrimas que luchaban por salir y recorrer sus hermosas mejillas y eso le preocupaba.

—No digas nada... Ahora me toca hablar a mí... La primera vez que nos vimos, te extrañaste que supiera tu nombre, también os extrañasteis que supiera luchar y que tuviera un carácter tan fuerte, que fuera una total desconocida... Muchas veces te has preguntado quien era mi amigo, el samurái que tanto te hablaba... Quiero hablarte de él...

Por una extraña razón sintió un dolor en su pecho, e intentando ocultar su dolor apartó su mirada de ella y asintiendo con la cabeza la animó a seguir.

—Él era un gran asesino, el asesino más sanguinario de todos, un día tuvo que luchar con unos hombres, y los mató, pero uno de ellos, moribundo, marcó su mejilla con una cicatriz —alargó su mano para, con su dedo índice señalar en la mejilla de él una línea —. Los días pasaron y la herida, extrañamente, no dejaba de sangrar... Una herida hecha con odio jamás se cerraría. Una noche, luchando con nos hombres una mujer apareció, ella le dijo que él lograría formar una lluvia de sangre... y se desmayó. Él la llevó con los suyos, una mujer misteriosa, callada y buena, algo en ella había que le atraía... Olía a cerezo blanco y era muy bonita... Él se la llevó a su posada, y cuando le dijo que se marchara ella le dijo que era un gato perdido sin familia. Él habló con la dueña de la posada para ver si ella podía trabajar allí y la dueña contestó que si. Poco a poco él fue cogiendo confianza con ella, incluso era la única persona con la que podía dormir estando en la misma habitación... Un amigo de su mismo grupo se extrañó, pero lo dejó pasar... Al poco tiempo su grupo, clandestino, fue descubierto y tuvieron que huir, el jefe le ordenó que fuera con la muchacha a Otsu y que vivieran con marido y mujer. Él, tan noble, no quería manchar su nombre y le pidió matrimonio, casándose con ella de verdad. En Otsu se hicieron vendedores de medicinas, durante seis meses vivieron juntos y, después de ese tiempo, consumaron el matrimonio, y él le prometió que no volvería a matar. Al día siguiente, al despertar, ella no estaba, y su amigo, el mismo que se extrañó por el comportamiento de él, llegó diciendo que el traidor que había descubierto a su grupo era ella.

Kaoru levantó la mirada para mirar a Battousai, quien la miraba absorto.

—Él se había enamorado de ella, y eso le dolió mucho, sólo quería encontrarla, a pesar de la traición quería estar con ella... Fue en su busca, enfrentándose a sus adversarios, a los del clan de ella quienes, utilizando a la chica, lo habían engañado. Cuando llegó, la vio. Ella estaba junto al jefe. Se enfrentó a él, pero malherido como estaba, no le resultaba nada fácil. Ella al ver en los problemas que había metido a su amor se interpuso en el camino de sus espadas, justo cuando él atacaba... Su espada la atravesó y ella cayó en su regazo, cogiendo un cuchillo le marcó la misma cicatriz donde él tenía esa herida que no sanaba —cruzó con su dedo otra línea en su mejilla —y las dos cicatrices formaban una cruz. El muchacho que le hizo la primera cicatriz era su prometido y ella tan sólo se había acercado a él para vengarse... Pero con el tiempo se enamoró de él, descubriendo en el sanguinario asesino una persona buena. Luego descubrió que el verdadero traidor era su amigo y, cuando hubo concluido su trabajo, dejó la espada cumpliendo su promesa de no volver a matar... Vagó durante diez años... hasta que me encontró, me salvó la vida... No puedes imaginar lo que sentí por él la primera vez que lo vi, pero eso me llevó a pedirle que se quedara conmigo en mi dojo... y él aceptó.

Le dolía, le dolía escuchar esas palabras y notar todo el amor que ponía en ellas. Afortunado sea ese maldito samurái que tenía su amor.

—Al cabo de un tiempo se unieron nuevos amigos y yo nunca más me sentí sola... Me enamoré profundamente de él, vivimos tantas experiencias, tantas emociones... Llegamos a entendernos con tan sólo mirarnos y algo en mí creció, la ilusión de que algún día él pudiera amarme como yo lo hacía. Un día había feria en Tokio, en ella me encontré a una bruja que me regaló una perla, me dijo que esa perla podía concederme cualquier deseo... Por supuesto que no la creí, pero esa misma noche escuché a Kenshin hablando. Hablaba con ella, con su mujer, y le decía que a pesar del tiempo no la olvidaba... Sentí como mi corazón se rompía, mis ilusiones, mis esperanzas...

Él sabía cómo era sentirse así, ahora mismo él se sentía así, al escucharla hablar de ese hombre. Él no sabía a quién tenía, la enorme mujer que lo amaba y la que, por tonterías, había perdido.

—Pedí un deseo... en realidad no fui consciente, no recordé la perla... Ni siquiera se puede llamar deseo... pero pedí borrar su pasado, ser alguien importante para él... Y lo impensable ocurrió, una luz me envolvió —vio como Battousai la miraba extrañado, como si se estuviera volviendo loca —. Y cuando desapareció estaba en un callejón con mi diminuta toalla puesta y unos hombres amenazándome... Entonces una voz familiar escuché...

No, no podía creérselo... ¿De qué demonios estaba hablando? ¿Se había vuelto loca o qué? Era demasiado fantástico para creerlo, tan irreal... ¿Deseos? No, imposible. Y lo que más temía, era lo que estaba a punto de decirle, debía dejar de pensar, no era bueno para eso. Estaba teniendo ideas locas, suposiciones que no podían ser reales.

—Era él, pero más joven, había retrocedido diez años en el tiempo, cuando él era un samurái que luchaba en los Ishinshishi... El nombre del samurái es Kenshin Himura, más conocido como Battousai, el destajador.

Por la cara que tenía Battousai estaba segura que pensaba que era una loca, y no podía culparle, necesitaba algo más convincente que una historia que él todavía no había vivido.

—El señor Kamiya y la pequeña... Él es mi padre, Kenshin, y la pequeña Kaoru... soy yo...

Battousai se levantó de su sitio y se frotó las sienes, incapaz de procesar esa información. Temerosa, ella también se levantó, ya había llegado muy lejos, tenía que hacer que él la creyera.

—Tenías ocho años cogiste los cuerpos de todos los muertos de aquel día en que los bandidos asaltaron la caravana, tu maestro Hiko vertió sake en las tumbas de las tres muchachas que te cuidaban...

Battousai abrió los ojos sorprendido, incapaz de reaccionar, sin saber cómo sobrellevar que ella supiera eso.

—También sé que al pelearte con tu maestro por querer unirte a los Ishinshishi no conseguiste terminar tus enseñanzas, hubo dos técnicas que no aprendiste... el kuzu ryu sen, el dragón de nueve cabezas, y el amakakeru ryu no hirameki, el dragón volar —al ver la cara de Battousai frunció el ceño —. Si no me crees pregúntale a tu maestro... ¿Por qué te crees que sabía el nombre de tu técnica? ¿De verdad te creíste que el señor callado y dos palabras es lo máximo que digo me iba a revelar el nombre de la técnica? Sé tanto de ti porque te conozco, te conozco mucho más de lo que crees. Conozco tus miedos, sé cómo eres y también que no te perdonas las vidas que has arrebatado, que te odias por ello, pero crees que así conseguirás que todo el sufrimiento acabe. Te sacrificas, sacrificas tu consciencia por los demás, y eso, Kenshin, es muy valiente y muy noble. Pero, ¿sabes?, dentro de diez años seguirá habiendo gente que sufre, políticos corruptos y asesinos. Una persona no puede cambiar el mundo.

Battousai fijó su mirada en el suelo, él sabía todo eso, pero quería ayudar, era lo mínimo que podía hacer por la gente inocente de este país.

—No te deprimas, tu ayuda será crucial, y serás recordado como una leyenda... —sonrió —. Tu sólo nombre traerá respeto... Kenshin, mi presencia aquí ha alterado tu historia, aún no conoces a Tomoe, la que era tu esposa, y no has matado a Kiyosato, por eso, en parte, te seguía por las noches, para asegurarme de que no lo mataras ni siguieras manchando tus manos de sangre... Perdóname por haber pedido ese deseo... Fue egoísta, lo sé.

Le parecía tan irreal todo lo que había escuchado que era increíble que estuviera planteándose que esa historia podía ser real. Odiaba no creerla, y más cuando sus ojos le suplicaban que lo hiciera. Necesitaba pensar, no era fácil creer en esa historia, no era fácil creer que un deseo había transportado a Kaoru por el tiempo, pero eso explicaba muchas cosas, tantos misterios que no habían comprendido hasta ahora.

—Voy... voy a dar una vuelta... —susurró apenas en un hilo de voz.

Kaoru cerró los ojos y suspiró mientras Battousai pasaba por su lado. Sabía que no le iba a creer, y eso es lo que había temido incluso más que no tener su perdón. Pero ahora, ahora todo estaba hecho y sentía un profundo alivio. Ya no había más secretos...

No más secretos...

—Ay, Kami, espero no haber metido la pata al contarle la verdad —musitó.

Continuará...


Bueno, ya tengo mi ordenador y ahora sólo espero poder ponerme con los fic y volver a la carga. Espero que os haya gustado este capítulo!.

Muchas gracias a cleoclaudia, lorena, Mai Maxwell, MARITZA, gabyhyatt, Kata Chan rlz, Nadja—Chan, Kaorumar, ShinobuByako, melissa, BattousaiKamiya, okashira janet, Kaoru Himura K, pali—chan, kagomekaoru, kunoichi Himura, Kasumi, Rere.