Disclaimer: One Piece y todos sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Eichiro Oda.
Anteriormente: Nuevos giros de acontecimientos, nuevas decisiones. Tras encontrar un críptico mapa, una medalla extraña y un mensaje de alerta en la bitácora de Norland, Luffy ha decidido a buscar a que lleva el mapa, en su afán de descubrir que es lo que busca el enemigo en el lugar conocido como "la selva maldita". Las investigaciones de Robin y de Sanji en Kinshasa han develado la peligrosidad de tal selva y el "legado de la D", un nombre sobre el cual parece girar un gran misterio.
Del odio al amor hay una aventura
Capitulo 21: "Creo que me gustas"
16 de Agosto de 1884
Lo que descubrimos hoy no tiene nombre ¡Una aldea aborigen en medio de la selva! Contrario a las leyendas locales, estos aldeanos nos recibieron amistosamente y con una hospitalidad más allá de lo esperado. Son bastante civilizados y sus costumbres son algo que me interesa indagar, pero no hay tiempo de ello, la urgencia es mayor. Resulta que algunos de los habitantes se encuentran enfermos de un padecimiento considerado ya erradicado de sobre la superficie del planeta: la fiebre del árbol. Al parecer la causa de la infección fue el contacto de unos niños con unos supuestos "arboles del mal". No importa detener algunos días más nuestro viaje al centro de la selva, es mi deber ético salvar esas vidas, aun cuando el líder de la aldea —un guerrero de nombre Calgara— se muestre reacio a mis acciones. No debo escribir mas, debo actuar cuanto antes.
20 de Agosto de 1884
Gracias a Dios hemos terminado de curar al último de los enfermos. El júbilo entre los aldeanos es increíble, nos ven como sus salvadores enviados de parte de una deidad. Hoy en la tarde se llevó a cabo un ritual en el que mis hombres y yo hemos sido adoptados como "hijos de Shandia". Ya en privado Calgara me pidió perdón entre lagrimas, no negaré la sorpresa que me llevé al ver a un guerrero inclinándose de esa forma ante mí, sintiéndose en deuda conmigo juro un pacto de amistad conmigo y se expresó dispuesto a dar la vida por mí, me prometió que por nada permitiría el que yo llegase a morir en sus tierras. Aun sintiéndose deudor me regaló un amuleto protector y ofreció su propia hija en matrimonio, algo que por supuesto decliné; mi corazón pertenece a Marie.
El punto clave del día es que ahora tenemos permiso para explorar la selva y se nos otorgará un guía de la aldea para que nos acompañe en el camino ¡una gran incorporación sin duda! Además los ancianos de la aldea nos aclararon distintos puntos, para empezar despejaron uno de nuestros temores: la existencia de tribus peligrosas en el área. Resulta que la agresiva tribu de la leyenda; Los Longarm llevan ya tiempo extintos, al igual que una tribu de pensadores, los obsesos Torino (de hecho me han regalado un libro de historia de Shandia que conservaré como un tesoro). Conocer ello sin duda nos trae paz y ánimo para aventurarnos en la exploración de la zona.
Ahora bien, respecto a los orígenes de la enfermedad que aquejó al pueblo, se nos ha develado que fue traída por unos niños que atrevieron a aventurarse en un lugar prohibido conocido como "la selvatiquez maldita", un lugar que cuenta el folklor local, es la cuna del mismísimo diablo, una tierra donde se alberga "el mal", no "un mal", sino algo que específicamente a lo que llaman "el mal" en sí. Dicen que ese mal no es de este mundo y que nadie debe acerársele, de lo contrario se impregnará de su maldición. Lo que es claro es que es una tierra virgen, inexplorada ¿Será posible que allí se oculten los descubrimientos que buscamos?
Lo he consultado con mis hombres más de confianza, aquellos dos a quienes no cambiaría por nadie: Amaro y Orellana. Amaro es hombre valiente, entusiasta y arrojado; sin pensarla dos veces ha propuesto que no dejemos pasar por alto ese lugar, que hemos hecho muchos sacrificios como para acobardarnos por una leyenda. Me ha sorprendido el ímpetu en sus palabras, cuando se lo he cuestionado el ha mencionado orgulloso que pertenece a una línea de aventureros que no temen a la muerte. No obstante Orellana ha diferido, mencionando que él proviene de un linaje superior: una poderosa familia de gobernantes españoles. Es increíble pero siempre parece haber un tipo de competencia entre Orellana y Amaro, casi como si fueran rivales naturales. Curiosamente ambos linajes presumen de la "D", una letra a la cual tienen mucho orgullo.
Ha quedado decidido por tanto inspeccionar el área y con precaución buscar llegar a "la selvatiquez maldita" siempre y cuando no represente un peligro para nuestras vidas. Siento un gran emoción por conocer que secretos oculta la selva, pero por otra parte un extraño temor que nunca había sentido antes, quisiera pensar únicamente son nervios. Más sépase que no claudicaré en mi encomienda.
Que la fortuna esté de nuestra parte.
Montblanc Le Saux Norland
A las afueras de la caverna donde habían pasado la noche y recibiendo los rayos matutinos del Sol, Robin y Nami esperaban el regreso del trío de enérgicos jóvenes que se habían desaparecido sin previo aviso. No era necesario razonar mucho como para deducir que probablemente tal incidente fuese debido a la conducta temeraria del capitán, quien presa de su extrema sed por la aventura hubiese osado por lanzarse a la pista de alguna cosa digna de su atención (y era de notarse que hasta la cosa más simple como un simple insecto puede ser capaz de maravillarle inmensamente)
Lo que si era inaudito era el hecho de que ni siquiera terminó con su platillo de comida ¡Luffy dejando su almuerzo a medias! Quizás lo que le distrajo no era algo tan trivial.
Mientras esperaban el regreso del explorador, su asistente y el hombre-reno parlante habían aprovechado para nutrirse, sabientes del extenuante viaje que les esperaba, así como recoger el campamento y preparar sus pertenencias necesarias para la expedición del día.
Mientras tanto había maneras productivas de pasar el tiempo: la paciente Robin por ejemplo aprovechaba para analizar los contenidos de la bitácora de Norland, encontrando deleite en desentrañar las ideas más profundas al leer con el mayor cuidado hasta la más mínima descripción redactada de la mano del legendario aventurero Francés. Motivación no le faltaba a ella y anhelante esperaba encontrar la sección donde develara la localización de aquel llamado "hongo del milagro".
Al momento no había encontrado mucho éxito, si bien Norland describía con sumo profesionalismo —digno del método científico— los maravillosos ejemplares de plantas con los que daba, también dedicaba párrafos a una de sus aficiones personales que asombrosamente resultaba ser la antropología; la manera en que se expresaba por medio de su escritura denotaba el gran asombro y entusiasmo que le provocaba el adentrarse en tal ciencia (a cada página resaltaban notas sobre la naturaleza de las tribus Shandiana, Torino y la extinta tribu de los hombres de brazos largos). Hasta cierto punto, se sentía identificada con el autor de la bitácora, ya que ella a pesar de ser especialista en botánica era una gran aficionada a la arqueología, tanto que sus conocimientos de tal materia de estudio rivalizaban con los que había adquirido en su profesión mediante sus estudios universitarios.
Mas aparte de la locación del Lily Amiudake y de la historia de las civilizaciones que poblaron las tierras que exploraba, existía una tercer incógnita cuya respuesta se encontraba entretejía en las amarillentas y desgastadas hojas del cuadernillo de portada de cuero y eran aquellos misterios inquietantes a los que había llegado a encontrarse y cuya única mención de su existencia era provocadora de escalofríos; los mensajes crípticos en una lengua antigua, la mención de un mal residente en las profundidades de la selva, la súbita caída en la locura de Norland, el enigma del expedicionista (al que llamaría "D" por la mención que dejó escrita sobre su nombre), la naturaleza oscura de la medalla con la que murió en su posesión, así como del mapa del tesoro que se habían decidido a perseguir a fin de aclarar sus dudas.
Ansiosa aguardaba ir desenmarañando cada uno de sus misterios.
Quien no parecía estar pasándola muy bien era su compañera, la escurridiza ladrona Nami. Victima de los excesos de la recién transcurrida noche sufría de una terrible resaca que le provocaba punzadas en la frente, una sed insaciable y una sensación de cansancio. De nada le servía maldecir y regañarse por su falta de regulación con la bebida; durante todo el día sufriría las consecuencias a menos que sucediera un milagro.
Encima de ello estaba el otro asunto…con ese idiota.
—Tonto Luffy —llegó a susurrar para sí misma al llegársele la imagen mental del muchacho, y su desprecio no era debido a el chico estuviera perdido, desperdiciando minutos y alentando la misión de la caza del tesoro, sino sus reprensibles acciones recientes del chico que no habían hecho menos que dejarla confundida. Resultaba que Luffy ya no era "él Luffy" de siempre, sí, ese que la detestaba, que la trataba con antagonismo y al cual se había visto forzada a optar por someterlo con engaños y con falsas promesas, llegando al burdo punto de fingir ser su pareja sentimental, todo a fin de lograr los objetivos personales que albergaba en la actual aventura. No, este era "otro Luffy", diametralmente opuesto en cuanto a sus actitudes; era un chico curioso por ella y que gustaba acompañarle, pero más que nada un total atrevido sin vergüenza ¡Tan grande era su osadía que se había tomado la libertad de robarle un par de besos en la mejilla! Comportamiento que no pegaba para nada con la relación que habían mantenido desde que se conocieron hace ya meses. Podría ahogarse en tantas sospechas que tenía respecto al joven capitán de cuadrilla.
Y era entonces cuando le entraba algo de culpa moral al respecto, en pocas palabras ella se sentía responsable de haber provocado tal cambio en Luffy, al fin y al cabo ella estando en su estado ebriedad durante la noche loca había llegado a comportarse de una manera inaceptable (para sus estándares) al ponerse cariñosa con el menso ¿Serían todas esas "cosas tiernas" que le había hecho las que habrían incitado al chico a actuar en correspondencia? ¡Dios, que pena le daba! ¡Y qué dolor de cabeza le atormentaba al recordar todos esos actos vergonzosos!
Pero al menos algo había ganado de provecho de caer en semejantes excesos con la bebida.
Resultaba que Zoro venía regresando de la selva cargando consigo una cesta llena de jugosas frutas tropicales: mangos, papayas, cocos, guayabas y bananas. Esto le trajo a ella una leve sonrisa de gusto, pero a él no le trajo más que una expresión de molestia a su rostro.
—¡Bien hecho, Zoro! —le guiñó el ojo y alzó el pulgar en aceptación.
—¿Dónde estabas Zoro-san? Y vaya, me sorprende que haya vuelto sin perderse —incluso Robin se llegó a sorprender del rápido regreso de su guardaespaldas.
—No pienso dar respuestas —fue su brusca respuesta —Ahora iré a…
—¡Espera un segundo! —le interrumpió cuando el de cabellos verdes estaba por echarse en otra dirección —Sabes que… ¡Muero de sed! —No era mentira, realmente con la resaca que se traía si necesitaba refrescarse —¡Tráeme agua de las cavernas!
—¿De las cavernas? —su expresión de indignación, oh que placentera le resulto a ella —¿Por qué no tomas agua de un arroyuelo cercano?
—En las cavernas el agua es más fresca y pura ¡Quiero de esa! —Alzó una ceja desafiante —O acaso no eres un hombre de palabra ¿eh, Zoro-kun?
—¡Está bien, iré! —accedió de [muy] mala gana, alzándose de la roca donde estaba sentado, casi echaba fumarolas del coraje que le embargaba el verse obligado a obedecer sus órdenes, oh cuan placentero era para ella, pero aun le estaba faltando un detallito al hombre.
—No escuché bien ¿Cómo se dice? —se llevó la palma de la mano adonde una oreja demandando una respuesta.
Inicialmente rehuyó a abrir la boca —Iré por su agua, señorita —humillado fue directo a adentrarse a la red de cavernas.
—¡Así me gusta! ¡No tardes mucho! —le recordó casi canturreando en burla a la desgracia de aquel. Cuando lo perdió de vista, se relajó un poco y colocó la cesta entre ella y Robin —Anda, come un poco de fruta fresca.
La instruida mujer abandonó la lectura y cogiendo un plátano accedió a la invitación de la más joven de entre las dos —Fufu, vaya que has hecho lo que quieres con el señor espadachín, créeme que nada le molesta más que recibir órdenes; que seas una chica no ayuda nada.
Parecía estar suprimiendo una risa al tocar el labio inferior con la punta de sus dedos, le entretenía ver a su guardaespaldas en semejante predicamento. Robin tenía su lado pícaro y juguetón a pesar de ser de una disposición bastante seria.
—Digamos que se lo buscó por sí solo, apostó contra la persona incorrecta y perdió —sonrió como si se tratara de una granuja. Robin parecía estar muy adentrada en curiosidad —Al principio le pedí diez millones de berries por haber perdido la apuesta.
"¡Diez millones! No tengo tal cantidad de dinero conmigo en este momento, pero espera a que termine la misión, cazaré un terrorista internacional y con la recompensa te pagaré. Lo prometo, soy hombre de palabra".
—Para mala fortuna de él, no soy una mujer paciente, me gusta la gratificación instantánea ¿me entiendes? No me dejó otra opción más que imponerle otro cobro: se convertiría en mi sirviente durante toda la aventura, obedeciendo todas mis órdenes.
"¡¿Tu sirviente?! ¡Contigo suena más a esclavo! ¡Eso es humillante!"
"¿Te quejas de tu destino? ¿El orgulloso Zoro no cumplirá su palabra?"
"¡Tú ganas bruja! Maldita sea como te detesto"
"Primera orden: Dejarás de llamarme despectivamente, a partir de ahora soy señorita para ti"
—Y ahí lo tienes ahora, tendrá que obedecer en todo lo que se me ocurra.
—Eres dura Nami, no me esperaba menos de una aventurera audaz y valiente como tú.
—Oh, me vas a hacer me sonroje.
—Fufu —Robin le sonrió con picardía —¿Y no te gustaría tener a Luffy de servidor? Tenerlo totalmente a tus pies, obedeciendo cualquier ocurrencia que saliese de tu vivaz imaginación ¿te gustaría eso?
—¿Perdona?— en esta ocasión si había hecho que se sonrojara de verdad.
—Bueno aunque…no tiene mucho sentido ya que se supone que Luffy ya es tu novio.
Se había respondido a sí misma, pero encontraba suspicaz sus comentarios —¿Qué estás tratando de decir? —elevó su postura casi levantándose.
—Tranquila, solo fue un comentario inocente, no te lo tomes tan en serio.
—No, dime, porque sacaste esos comentarios —estaba convencida de que aquellos comentarios no había sido casualidad, sino que Robin los había planeado y que escondían algún sentido que iba más allá de un "comentario inocente".
—Hablando del dueño de tu corazón, mira quien viene allá —señaló casualmente a una de las colinas cercanas por donde el capitán y sus dos compañeros venían descendiendo a toda velocidad por una vereda natural. El chico particularmente se mostraba muy inquieto y apresurado.
—"No es el dueño de mi corazón ya quisiera serlo el idiota"— se resolvió en su corazón inflando las mejillas de aire en disgusto y cruzando los brazos casi en actitud berrinchuda, quedándole únicamente en esperar a que los chicos bajaran. No obstante no podía concentrarse plenamente, ya que le tenía en intriga los comentarios de Robin "no tiene mucho sentido ya que se supone que Luffy ya es tu novio"
Era casi como si hubiera puesto en duda que ella fuera la novia de Luffy, y bien sabía ella que Robin es una mujer muy observadora y asertiva, que siempre se expresa con un propósito.
—¡Nami que estás esperando, vámonos a la aventura! —Únicamente el sentir la mano de Luffy tomándola de la muñeca —invitándola a ponerse de pie— le sacó de sus cavilaciones —Oh espera ¡Cuanta fruta! ¿Puedo comerla?
Y así el moreno que le ponía de cabeza su mundo, si distrajo para entonces hundir su cabeza (literalmente) en la canasta para empezar a devorar vorazmente sus contenidos.
La partida volvió a atrasarse unos minutos más y no fue precisamente por el tiempo que necesitó Usopp para recuperar el aliento tras haber seguido el ritmo frenético del capitán sino porque el desdichado Zoro terminó por perderse en la red de cavernas por lo que fue necesario ir a buscarlo. Luffy se ofreció a la tarea.
Fue entonces cuando Chopper y Usopp dieron una noticia que causó cierto pasmo entre ambas chicas.
"Chicas, algo raro sucedió con Luffy".
Hablaron de un acontecimiento inusual en el muchacho, sobre un comportamiento inexplicable en el que se había ido corriendo hasta la cima de un monte afirmando que una voz le llamaba, exigiendo de vuelta algo que le pertenece.
La había descrito como una voz desde las profundidades más recónditas y desconocidas de la selva que le repetía de forma retumbante a sus oídos y únicamente a sus oídos "D ven…D ven…Mbuma Zabolo aguarda".
Tras estar en ese estado de trance, el Mugiwara había caído dormido y al despertarle ya no recordaba nada de esos acontecimientos, aturdido y tomándolos por unos locos.
La conclusión de Chopper es que el chico había caído en un estado como el de sonambulismo, debido al cansancio, deshidratación y agotamiento había sufrido de alucinaciones y por ello era su comportamiento amnésico y confuso. Solo necesitaba descansar y evitar comer alimentos silvestres, ya que quizás sin darse cuenta podría haber consumido alguna planta o animal con efectos alucinantes o incluso ponzoñosos.
Eso explicaría todo, decidieron no preocuparse más por ese evento. Luffy estaba bien, nada raro había sucedido ni sucedería.
Mas en el caso de Robin, le quedaron dudas. Lo sucedido con el joven concordaba en parte con lo relatado por Norland en sus últimas páginas. Seguiría atenta a cualquier otro episodio inexplicable que pudiera tener el capitán.
No quería adelantarse, pero quizás el mismo Luffy pudiera convertirse en la respuesta viviente a muchas de las incógnitas presentes.
Era ya una hora de la partida de la cuadrilla, a buen paso recorrían la ruta que les llevaría a su objetivo; tal como indicaba el mapa la distancia por recorrer era sorprendentemente corta siendo de unos quince kilómetros, mas no por ser corta era sencilla de transitar; por algo a este bosque tropical se le consideraba un área remota e inaccesible, ya que aparte de ser compuesta de densos bosques húmedos y peligrosos pantanos difíciles de cruzar, también se daba una topografía bastante peculiar que abruptamente cambiaba de planicies a zonas montañosas, el marco geológico histórico del área debía de ser bastante complejo para haber dado que se formara semejante terreno. Resultaba en tanto que tras abandonar las cuevas el relieve había ido tornándose escarpado con frecuentes montes pronunciados que inmovibles y obstinados obligaban al caminante a rodearlos, teniendo este que dirigirse por los valles o cauces de ríos, caminos que a cambio de ser más benignos incrementaban la distancia por recorrer por la cuadrilla.
Otro aspecto severo de la jungla Congolesa era su severo clima tropical; las temperaturas eran altas y la humedad en el ambiente producto de las constantes lluvias monzónicas y las densas neblinas volvía agotadoras las caminatas, llevando a los aventureros transpiraran profusamente, extenuándoles y si no se cuidaban extenuando sus cuerpos. Especialmente el hombre-reno Chopper parecía sufrir con semejantes condiciones climáticas, como bestia Zoan árctica no le favorecía el ambiente tropical y eso le bajaba su rendimiento; con los meses había ido aclimatándose, mas era seguro que le seguía pesando.
Los únicos que parecían regocijarse en la humedad y el calor eran los molestos mosquitos africanos de tamaño y tenacidad mayor a sus contrapartes citadinas, quienes por algún motivo desconocido se sentían atraídos particularmente por la esencia del poco suertudo Usopp Dos Santos quien frustrado intentaba en vano espantarlos de su espacio personal, maldiciéndolos con amenazas sobre la venganza de "Usopp el exterminador de plagas".
¿Había más razones para sentirse desdichados? ¡O si que las había! Nami por su parte mostraba síntomas de la horrible resacaba que le atormentaba, mermando sus fuerzas y poniéndole de mal humor, llevándola a que caminara metros atrás de la fila, con la lengua de fuera, la piel pálida y los hombros caídos sintiendo que en cualquier momento sus rodillas se rendirían o que terminaría sucumbiendo a las nauseas.
Pero quien la llevaba mal era Roronoa Zoro, ya que aparte de encontrarse en la misma condición enfermiza que la ladrona, tenía que cargar con la mochila de esta (aparte de sus propias posesiones personales) dificultando su paso. Encima de todo tenía que sufrir heridas en su orgullo por las constantes ordenes de Nami que debía obedecer (su código de comportamiento regido por el honor le impedía echarse a atrás con pagar un apuesta). Por último, pero no menos pesado estaban los constantes tormentos mentales que le llegaban al darle vueltas a su asunto con Nico Robin, es decir, la atracción que sentía por ella, la manera en que se le había atrevido anoche y sobretodo como ella le había rechazado sus avances tras ese fatídico beso que le robó; el ultimo recuerdo de esa noche desenfrenada.
Solo un loco disfrutaría de ese recorrido.
Se trataba del ingenuo líder de cuadrilla, quien jovial, lideraba el paso con el viejo mapa y su desgastada brújula como guías —Esto me trae recuerdos lejanos de esa vez que llegamos en helicóptero y empezamos a explorar la selva.
—Luffy, esos recuerdos lejanos son apenas de hace unos días ¡ah malditos mosquitos déjenme!
—Ah es cierto —concordó con su asistente personal (al que sinceramente no utilizaba mucho como su asistente, sino mas como compañero de conversaciones) —Mmh, a todo esto ¿Por qué todos están tan fastidiados? ¡Animo, no sean aburridos! Síganme que yo los guiaré a… ¡Oh mira un mono araña, mis favoritos! — se distrajo con la presencia de un pequeño monito y olvidándose de todo lo demás fue a treparse a aquel árbol donde se columpiaba el animalito, para entonces imitar sus movimientos y sonidos.
Usopp quedó incrédulo ante las acciones del muchacho —Chicos, estoy empezando a dudar de que seguir la guía de un chico que se trepa como mono de los arboles sea una buena idea ¡malditos mosquitos no dejan en paz! — en vano intentaba espantarse al enjambre de insectos voladores que ya le tenían las partes expuestas de su cuerpo cubierto de ronchas.
—Vamos por buen camino —añadió Robin extendiendo su mapa con ambos brazos mientras caminaba —Mas adelante el terreno se suavizará, ya que el objetivo se encuentra en un bajo topográfico local, de hecho noto que las dos marcas en forma de equis que venían marcadas en el viejo pergamino se encuentran en zonas de baja elevación bastante similares, mmh eso es interesante ¿Qué relación guardará la topografía con lo que se encuentra en esos lugares?
—Robin, a veces me parece que piensas demasiado en todas las cosas —notó un detalla respecto a su propio martirio que padecía —Un momento ¿Por qué a ti los mosquitos no te molestan? Te juro que estoy empapado en repelente para insectos y sin embargo prefieren chuparme la vida ¡que frustrante! —intentando escapar del enjambre de bichos voladores que tantos eran que parecían una nube negra que le rodeaba.
—Rápido como un mono ¡no se queden atrás chicos!
Como si nada sucediese a sus alrededores, la doctora siguió hablando como si aun fuera escuchada por alguien —Algo debe de mencionar la bitácora de Norland, no obstante si la leo a un ritmo demasiado rápido no captaré todo lo que menciona. Podríamos incluso estar sobre-analizando y postulando teorías que van más allá de lo que realmente son los hechos reales.
Por motivo de su distracción mental y estar ocupada con su literatura, la doctora por poco llegó a tropezarse con una piedra de las tantas que poblaban el área, detritos que se habían depositado de los montes que se alzaban a los alrededores. Por fortuna una oportuna mano salvadora le evitó el ganarse unos raspones más en sus rodillas al detenerla del brazo. Un tanto sorprendida cruzó sus miradas con quien le había salvado y no pudo evitar le saltase un leve sonrojo al descubrir que fue su fiel guardaespaldas quien reaccionó a tiempo.
—Te distraes muy a menudo, ten más cuidado —el rubor de ella pareció contagiársele al muscular hombre, quien acto seguido la liberó.
—Una disculpa.
No era la primera vez que ella cometía ese error y bien sabía que no se debía a que fuera torpe, sino que se concentraba demasiado en leer, investigar y razonar, llegando al punto de perder de vista el mismo camino que tomaba. Cuan diferente al hombre quien debido a su profesión tenía la capacidad innata de estar atento a su entorno, como si un detector de peligros se tratase. Era un guardián sorprendente, ya que a pesar de su terrible estado físico había logrado mantenerse alerta de la seguridad de ella y aún cargando tanto peso de cargamento encima había logrado reaccionar con instintiva agilidad para asegurarse de que ella no sufriese una aparatosa caída.
No le pareció justo que ella muy quitada de la pena leyera cómodamente de la bitácora mientras que su sacrificado protector iba al límite. En consideración y agradecimiento por él se aferró a la mochila de Nami —Permíteme Zoro-san.
—No es necesario —se negó a liberarse del peso —Esta es mi penitencia y soy yo quien debo llevarla —no era ningún debilucho como para aceptar ayuda de ella.
—Deme la mochila, es una orden señor espadachín —hizo más firme su agarre sobre el objeto.
—¿Qué has dicho?
—Recuerde usted que por contrato usted debe de asegurarse de ofrecerme apoyo —la seguridad con que se expresaba le hacía imponerse a su manera, no por medio de agresivo lenguaje oral y corporal como Zoro, sino con el solo don de la persuasión —En pocas palabras eso equivale a acceder a mis peticiones y si le pido me de la mochila, por el honor que usted tiene, debe acceder.
Se detuvo y presentó una mueca, vaya mujer más atrevida pero a la vez tan segura en su forma de expresarse, encima de ello se le dirigía por el pronombre de usted y eso siempre le llamaba la atención. Esa manera de buscar imponerse le recordaba a la mismísima Kuina, mujer que nunca fue de dar su brazo a torcer en cualquier cuestión. Tal actitud era algo que le encendía.
—Está bien, pero en cuanto de canses me la regresas, no tenemos la misma constitución física —fue su último recurso para acceder a entregarle la carga.
—Yo no apostaría tanto por ello —le guiñó el ojo de una manera provocadora —Menos siendo usted un mal apostador —eso le provocó aun mas, le había retado y encima de ello para probarle sus proezas atléticas se le adelantó a paso apresurado, demostrando su agilidad al recorrer la vereda con facilidad, esquivando obstáculos sin dificultades a pesar de traer más peso del acostumbrado a sus espaldas, se novia con tanta gracia que parecía una gacela, sus movimientos eran cautivadores para alguien como él, después de todo los espadachines aprecian mucho los movimientos agiles y coordinados.
—"Maldición, otra vez le estoy admirando" —se regañó a su mismo, no podía evitar hacerlo a cada momento. Asimismo se mostraba muy atento a toda reacción de ella (y no es común en si mismo ser una persona analítica) y había notado el sonrojo de ella al cruzarse sus miradas, luego ese guiño de ojo le había parecido tan sugestivo y su actitud provocadora de tensión. Ella se comportaba de una manera distinta con él y estaba seguro de que se debía a que al igual que él, Nico Robin debía de sentir algo por lo que constantemente sucedía entre ambos, algún fugaz pensamiento o una efímera sensación.
¡Pero oh, sí que era una mujer tan enigmática y cerrada! Todo en ella no eran más que chispazos, rara vez él era capaz de ir mas a fondo con ella y realmente desentrañar que era lo que había en la mente y corazón de ella, y siempre que llegaba uno de esos raros momentos, ella se alejaba en actitud evasiva y la mayor prueba de ello era que actuara como si nada hubiera pasado anoche ¡Demonios, si hasta la había besado como no había besado unos labios desde aquella última vez que lo hizo con su amada! Es que acaso todos los avances que él le había mostrado (muy debidos a su borrachera) le eran indiferentes? ¡No! No podía serlo, de lo contrario ya habría dejado de flirtear con él. Algo más había en esa misteriosa mujer y anhelaba descubrirlo tanto como suele anhelar un buen combate de espadas.
—"No sé ni por qué estoy pensando tanto en ella" —trató de convencerse a sí mismo, casi queriendo ordenarse el dejar de pensar en ello y desechar los cada vez más intensos sentimientos que desarrollaba por su protegida. Pero eso le era más complicado que intentar cortar una gruesa placa del metal más duro de la tierra.
Solo había una conclusión al respecto, primero necesitaba averiguar qué era lo que ocultaba Robin, solo entonces todo se despejaría y encontraría una resolución a tan complicados sentimientos.
Dispuso a ir a seguirle el paso, pero apenas avanzó y se detuvo estupefacto —"Mal apostador" —recordó las palabras de la investigadora y en ese momento captó algo fundamental —"Maldita bruja Nami, ella ya le ha contado a Robin sobre la apuesta que perdí" —renegó en su interior sintiéndose degradado y no solo porque la científica ya estuviera enterada, sino por la lentitud que tuvo él mismo para captar sus comentarios —"¿Tan idiotizado me tiene? Soy una vergüenza"— aceleró el paso para ir tras ella (fuese cual fuese la conclusión de sus dudas, profesionalmente su responsabilidad era mantenerse al pendiente de ella).
Ninguno de los dos implicados se dio cuenta de que sus acciones no pasaron desapercibidas al metiche del grupo (¿quien más que Usopp?), quien aplaudía lo que acababa de contemplar —Veo avances, mi operación SOP rinde frutos, las parejitas se van uniendo mas y mas jajaja, soy un genio ¿Cuál debe ser mi siguiente estrategia?
—Encontré bananas, ahora si seré mas mono.
—¡Luffy deja de payasear que no me dejas concentrarme!
—Ah, pero que mal humor Usopp.
El capitán bajó de las copas de los arboles, degustando el sabor de las suculentas frutas que tenía en su poder, su textura era suave a la lengua y su dulce sabor era superior a las compradas en los supermercados, una autentica delicia al paladar. Ahora bien mientras su sentido del gusto se regocijaba con los amarillentos frutos, su mirada inquisitiva y vivaz se paseaba sin inhibición por las formas que le rodeaban, cautivada por la amalgama de tonos verdes que poseían las densas plantas que poblaban las orillas de la vereda natural que recorría junto a su equipo. Dueño de una vasta imaginación llegaba a visualizarse que repentinamente saliera de entre esas densas arboledas algún otro animal exótico que captara su total atención.
—Oye Usopp, vayamos a buscar un animal salvaje de lo más cool, sería el regalo perfecto para Ace cuando regrese a casa —animó a su camarada.
—Shh, no tengo tiempo de eso Luffy, estoy haciendo planes importantes —la respuesta que recibió fue un abucheo de "que aburrido eres", no fue suficiente para persuadirle —¿Por qué no mejor vas con Nami?
—¡Si, Nami! —alzó los brazos y se esfumó en busca de ella.
Usopp sonrió maléficamente al contemplar como el capitán se marchaba —Vamos Luffy, pasen un tiempo a solas y redescubran el amor.
Y allí estaba ella, la ladrona.
Trepado en un árbol contemplaba como la chica avanzaba cansada, carente de su habitual vitalidad y energías, parecía pesarle cada paso y qué decir de esa faz tan apagada y apática. Esa no era la Nami aventurera y fuerte de la cual él se sentía orgulloso de llamar "su rival", algo andaba mal con ella y quería averiguar que le estaba sucediendo.
—Mmh —se llevó los dedos de su mano derecha a la barbilla y le observó con intensidad, seguramente estaba triste y cuando alguien está triste, solo queda una cosa por hacer.
En cuanto a Nami, ella no prestaba mucha atención a los alrededores, la intensa jaqueca que le aquejaba era un impedimento a mantener despiertos sentidos, tan sensible se encontraba debido a su cruda que hasta la luz le molestaba en sus ojos, ya de nada servía estarse prometiendo no volver a hacerlo, sufrir las penalidades físicas y morales era un castigo por sus excesos. Con penalidades morales se refería a lo impactada que se encontraba de recordar la manera tan dulce y sensual que se había comportado con Luffy. Nunca en una de sus anteriores borracheras había caído en ese tipo de comportamientos y no se consideraba tan urgida de cariños y atenciones masculinas como para haberse permitido caer tan bajo. Esto la ponía de mal humor e indispuesta a soportar imprudencias.
Menos que el causante de sus frustraciones le asaltara por sorpresa haciéndola caer al suelo, para entonces agredirla de una manera muy peculiar.
—Jajaja no jaja —a pesar de su humor de ogro, no podía evitar carcajear ante el ataque perpetrado por un par de manos traviesas las cuales sin misericordia le provocaban cosquillas en las costillas y en la cintura —No Luffy, basta jaja, no es divertido jaja —a pesar de que él mono insistía en que si lo era, ella ya sentía que se le iban las fuerzas, que su piel se tornaba rosada de tanto carcajear y que un par de lagrimillas se le salían de los ojos, no iba a poder resistirlo por mucho más tiempo, pero Luffy no es alguien que entiende a palabras, así que la única manera de quitárselo de sus espaldas [estaba sujetándola por la espalda] fue como siempre utilizar la violencia —¡no entiendes que significa basta! —exclamó dirigiendo un codazo hacia atrás, impactando el abdomen del muchacho deteniéndole instantáneamente. Con su mirada quería fulminarlo, pero aquella reacción no fue la esperada.
—Oh no —si bien era evidente en su expresión facial que le había dolido el golpe, sonreía con osadía —¡Aun no acabo contigo! —se recuperó rápido y aprovechando que ella aun no hacia lo mismo volvió a irse tras ella, embistiéndola haciéndola caer al suelo, esta vez quedando sobre de ella, comenzando uno de los clásicos forcejeos entre ambos. Nami ordenaba que le dejara en paz entre risotadas descontroladas al sentir como le hacía cosquillas bajo el brazo y como atrevidamente introducía su otra mano bajo la blusa de ella para dirigir su asalto hacia su abdomen y cosquillas, provocándole semejante cosquilleo que casi la hacía perder todas sus fuerzas, mas en una oportunidad logró zafarse de debajo de él, arrastrarse medio metro hacia atrás con sus manos y soltarle una patada desesperada directo a su rostro, misma que él interceptó fácilmente, capturando su pie por la parte del tobillo.
—Ah, cometiste un error Nami —sonrió pillo. En ese instante ella supo que planeaba.
—¡No te atrevas!
Ignorando sus amenazas se atrevió, es decir, le quitó la bota y la calceta dejando su pie desnudo y como fiera oportunista comenzó a hacerle cosquillas en la planta del pie, lo cual la hizo estallar en la risa mas desgastante de todas y arquear la espalda y retorcerse, incapaz de controlar las sensaciones que inundaban su cuerpo llevándola a suplicar en un intento desesperado —Ah Luffy, jaja ya por favor, ya…para jaja ah—como pudo juntó todas sus fuerzas y con su otro pie tiró otra patada que esta vez certera si logró quitárselo de encima haciéndolo irse de sentón aturdida —¡Que ya idiota! —exclamó con fuerzas dejando claro que ya había tenido suficiente, cayó rendida a sus espaldas sintiéndose cansada como si hubiese corrido un maratón.
Luffy se le quedó viendo con los ojos bien abiertos y con expresión boba producto de su confusión, ella debería de verse feliz, no enfadada, que rara era Nami. Estando de espaldas al suelo le fulminaba con la mirada, jadeando por el cansancio, enrojecida por la circulación acelerada de su organismo, sudorosa por la actividad física y con sus ropas algo desacomodadas por el forcejeo. Esta escena ya la había visto antes, justo así quedaban ambos tras sus anteriores enfrentamientos cuerpo a cuerpo.
Cuando por fin recuperó sus alientos, le gritó con voz afónica —¿Por qué hiciste eso?
—Solo quería que rieras un poco, te vi triste.
—No —le corrigió ya con menos fiereza que antes, tal inocencia le conmovió un poco su corazón que por naturaleza era algo iracundo —No estoy triste —reafirmó para dejarlo claro.
—Entonces estás enferma.
—No, bueno si, algo así —si iba a dar explicaciones debía de rebajarse a su (bajo) nivel intelectual —Traigo resaca.
—¿Qué es eso?
No le sorprendía que alguien que ha vivido tan pocas experiencias en su vida más allá de la exploración no conociera ese mal —Es una sensación terrible que se da cuando bebes mucho, mucho alcohol; dolor de cabeza, sed interminable, cansancio y sobretodo un mal humor como para no aguantar "aniñados idiotas encimados que no tienen sentido común como para darse cuenta de que lo que una necesita no es cosquillas para sentirse mejor".
—Vaya, menos mal que no soy uno de esos idiotas.
—¿Es en serio? —quiso ser sarcástica pero ni eso le salió bien —En fin, alcancemos a los demás —ya no quiso perder su tiempo, para empezar cogió su calceta y su bota para llevarlos de vuelta a su lugar, mientras maldecía por lo bajo.
—Espera —se le adelantó para impedirle el paso —No puedo dejarte ir así.
Algunos minutos más tarde ambos llegaron a encontrarse al borde de una vereda por donde corría un débil arroyo de cristalinas aguas puras. Ella solo observaba como el chico llenaba una botella de esas aguas, acto seguido sacaba una piedra blanca de su mochila y comenzaba a triturarla hasta formar un polvo fino, acto seguido sacó uno terrón de azúcar al cual también hizo polvo y por ultimo unos limones. Junto todos los ingredientes y comenzó a mezclarlos con el agua. A ella le sorprendió que Luffy le estuviera preparando un suero, ya que no era dado a preparar nada (¿Cuántas veces no se comía la comida cruda?), pero por ella si se había tomado el tiempo de parar para prepararle una bebida revitalizante, de alguna manera eso le trajo una calidez a su corazón.
—¡Listo! —exclamó al tener su bebida terminada, jovial se regresó con Nami y sentándose junto a ella le ofreció el producto —Anda bebe, te sentirás mucho mejor.
El suero le cayó de maravilla, sus secos labios se deleitaron y a su delicado estomago le vino bien esa frescura, por insistencia del mismo chico no se detuvo hasta terminar por completo, tras lo cual suspiró satisfecha.
—¿Mucho mejor? —en sus ojos se veía cuanto esperaba una respuesta
—Algo — el chico se había ganado le perdonara su ataque anterior —¿Cómo aprendiste a preparar suero casero?
—En la academia nos daban clases de supervivencia, no soy muy listo, así que no aprendía todo shishi —se rió de si mismo sobándose la nuca —Pero pues lo que pude aprender no se me ha olvidado.
—Ya veo —se percató de que él se le había quedado observando con una gran sonrisa pintada en su rostro ¿Qué vería Luffy en el rostro de ella como para quedar tan embobada ? Solo pensar ello hizo que sintiese que sus mejillas ardieran y la llevó a desviar la mirada hacia un lado apenada —Eh oye.
—¿Qué pasa? —dejo de invadirla con su mirada.
—S-solo es que ya me siento mejor, creo que lo mejor será que regresemos con los chicos —era lo lógico sin duda.
—Espera —una vez más se interpuso impidiéndole levantarse del suelo —Aun no te ves bien, sigues cansada, tienes calor.
—Luffy no es necesario que te preocupes tanto por ello, soy Nami la mejor ladrona del mundo, he soportado cosas peores.
—¡Calla y sígueme! —Gritó decidido y con cierta travesura en su rostro, tomándola de la mano y llevándola consigo —Te mostraré un lugar cool que he encontrado.
Sentir su fuerte mano sujetando la de ella con cuidado le trajo una sensación más a su corazón y si bien sabía que se estaban alejando de la cuadrilla lo cual era una mala idea, no pudo resistirse al encanto del entusiasmado joven quien le decía le tenía una sorpresa.
Vaya, "una sorpresa", durante el trayecto no podía dejar de imaginar de que se trataría, le tenía en expectativa con que la querría consentir en esta ocasión. Y refiriéndose precisamente al tema, hasta donde ella recordaba la única persona que le consentía era su hermana Nojiko, quien tras cada viaje le preparaba deliciosos postres; nunca pensó pudiera haber otra persona que con buen corazón quisiese consentirla con detalles, pero ahí estaba Luffy, interesándose por su bienestar, preocupado de que ella pudiese estar triste.
¿Esto era real? Luffy su rival, siendo un caballero, dejando al lado sus ansias de explorar para dedicarle tiempo a ella, para asegurarse de que se sintiera bien, insistiendo e insistiendo.
Y tenía que admitirlo, esos detalles le estaban encantando.
—Qué rayos —Zoro se detuvo súbitamente para observar la vereda a sus espaldas, era ya la tercera ocasión que lo hacía y los límites de su paciencia estaban por agotarse —Ese par de niñatos aun no nos alcanzan —se refería a Luffy y Nami, quienes se habían separado del grupo desde hace treinta minutos y no volvían al grupo a pesar de que a propósito iban a paso lento —¿Acaso se habrán perdido?.
Unas leves risillas salieron de los labios de Nico Robin y de Usopp.
—¿¡Qué es tan gracioso!?
—Pfth, es solo que escuchar la palabra "perdido" venir de ti es tan absurdamente gracioso jaja —Usopp no pudo contenerse.
—Shh Usopp, no rías en voz alta —le corrigió Robin —Vas a despertar a mi Chopper —resultaba que durante el trayecto, el pequeñín sintiéndose exhausto por el calor se había cansado, enternecida y presa de un instinto maternal Robin no pudo menos que ofrecer cargar al renito entre sus brazos, quien terminó arrullándose con el movimiento hasta quedar dormido.
La faz de Usopp se tornó en una de curiosidad —Vaya ¿Desde cuándo te gusta Chopper?
—Desde siempre —respondió a secas, para entonces observar al pequeño entre sus brazos dormir como bebé, lo cual la hizo sonrosarse —Me había dado pena mencionarlo, pero soy débil e indefensa ante las cosas tiernas y lindas.
—¡¿Es en serio?! —A Zoro (quien ahora cargaba el equipaje de Nami, de Robin y el suyo propio) le pareció increíble oír venir es de una mujer que solía hacer comentarios mórbidos y sanguinarios y que parecía encontrar gusto únicamente en leer, investigar y leer más.
—¿De verdad les parece raro?
—Tsk, eso es trivial de cualquier manera —cruzó los brazos —Lo importante en este momento es que tenemos un par de extraviados.
—Tienes razón, ese dúo dinámico ya se han tardado demasiado —la expresión de Usopp cambio de ser pensativa a una que fácilmente se podría definir como pervertida —Quizás únicamente buscaban algo de privacidad para poder divertirse juntos.
—¿Qué?
Robin le siguió en la conversación —Fufu es factible que eso haya sucedido y explicaría por qué no han vuelto aun, es posible que ya no se aguantaran las ganas y no les quedara opción más que hacerlo.
—¡Robin tú también! Ahora resulta que hasta tú tienes la mente sucia como la de ese cocinero pervertido, me sorprende en ti mujer.
—¿Perdona? ¿Me estás llamando pervertida a mí? —se veía sorprendida por la acusación, pero él no dio su brazo a torcer esta vez, estaba seguro de sus palabras.
—Tsk, no quiero hablar más de ello.
Un silencio un tanto incomodo se hizo presente entre ellos, hasta que Usopp abrió la boca.
—En fin chicos, ya que tendremos que detenernos a esperarles, pues aprovecharé para ir al baño, he bebido tanta agua que mi vejiga está por reventar —mencionó poniendo ambas manos sobre su abdomen —Les encargo a Chopper —canturreó alegre, mas en cuanto se alejó lo suficiente volvió a sonreír con la mismísima sonrisa de un villano de película —Adelante Zoro y Robin, ahora que están a solas aprovechen.
—Que mas da —mencionó Zoro con molestia —Que sigan haciendo lo que quieran, se notan las ganas que tienen de cumplir con esta misión al distraerse tan a menudo —refunfuñó dejando caer su equipaje y yendo a sentarse en una roca y cruzarse de brazos, le entraban unas enormes ganas de echarse una siesta, pero no podría hacerlo sabiendo cual era su responsabilidad.
—No se moleste tanto Roronoa-san —le comentó Robin aproximándosele adonde estaba él —Son solo unos jóvenes llenos de vida y energías, alguna vez usted debió de haber sido igual —recostó a Chopper bajo la fresca sombra de unos arbustos; el pequeño roncaba lo cual le sacó una sonrisa maternal.
—Hmph —no quiso aceptarlo, pero lo que sí tuvo que aceptar fue el calor que sintió recorrer su cuerpo cuando su protegida se sentó a un lado de él rozando su cadera contra la de él debido a que la roca apenas y daba espacio para dos personas. Fue emocionante, pero a la vez penoso que hasta un roce de cuerpos le causara semejantes reacciones que hace tanto, tanto tiempo no llegaba a experimentar —"Mujer".
—Ahora solo nos queda esperarlos —Se acomodó y de su mochila sacó una libretita de notas y una pluma, entonces cruzó las piernas para tener un apoyo para su cuadernillo y así comenzar a llevar a cabo sus anotaciones. Era rápida y en vista de que observaba solo de reojo no podía percatarse de que tanto era lo que escribía y de hecho, poco le importaba, su centro de atención era ella. A cada momento le era más imposible dejar de pensar en ella.
Era tan atractiva, tanto físicamente como por su intelecto. Además sobre ella persistía un aura de misterio que la volvía todavía más interesante aun, es decir, era una mujer de secretos con un pasado que ocultaba muchas sorpresas. A pesar de considerarse un hombre de naturaleza ensimismada, que poco le interesaban las demás personas, prefiriendo dar atención a sus propios objetivos, mas sorprendentemente su protegida se estaba volviendo la excepción.
Apretó un puño, estaba comportándose como un débil y eso no era propio de él. El mercenario Roronoa Zoro no es un hombre de dudas sino de decisiones, decisiones que se vuelven en acciones; acciones que abren el camino a seguir.
Claro estaba que no le era grato enfrentarse a sus recuerdos de la noche pasada, aceptar que se comportó insistente con ella, tampoco lo era estar dándole vueltas al asunto de si estaría intentando llenar el hueco de Kuina o si debería de intentar volver a vivir lo que vivió con ella. Y para su orgullo era una punzada el admitir que se estaba dejando dominar en acción y pensamiento por una mujer estudiosa, quien le rechazó un beso.
No era fácil, pero ¿Qué sentido tendría la vida si todo fuera fácil? La vida es de retos.
Este era el momento, ahora estaban a solas, estaba relajados tras tantos descubrimientos y dejar pasar más el tiempo no resolvería sus dudas sino incrementaría la duda. Así que en cuanto notó que la doctora sacaba la bitácora de Norland dispuesta a inmersionar en su lectura, él se lo impidió y qué manera más efectiva que tomarle de la mano que apenas iba estirando rumbo a su mochila, la sujetó con una delicadeza que contrastaba con el agarre con el que sujetaba el último remanente de Kuina; la Wado Ichimonji.
—¿Zoro-san? —pudo ver en esos ojos azules la extrañeza de la acción casi instintiva de él y cuando apretó con suavidad esa tersa mano, logró avistar un leve sonrojo en las mejillas de la mujer. No iba a echarse para un lado, este era el momento.
—No leerás, ahora vamos a hablar —cara a cara se expresó casi a modo de orden, con autoridad dominante, con firmeza pero sin buscar imponerse con rudeza. No podía deducir que efecto tuvo en ella, pero su expresión perdió esa neutralidad habitual, definitivamente estaría percatándose de que se trataba todo.
—¿Hablar sobre qué?
¡No le agradaba que ella hiciera eso! No era la primera vez que ella fingía desconocimiento. Mujer inteligente pero evasiva, era una ardua tarea lograr que abriera ese corazón cerrado…No, no caería en sus juegos, iba a ser claro.
—Vamos a hablar de… —pausó sintiéndose perdido en su mente ¡Había actuado tan compulsivamente que ni siquiera había planeado siquiera como abordaría el tema! ¿A quién iba a engañar? ¡Él era directo! Los únicos momentos en que consideraba tácticas era en combate, no para hablar de temas personales y mucho menos de relaciones humanas —De lo que sucedió anoche.
¡Y reaccionó! Ella sabía a qué se refería, lo sintió en la tensión de su mano al escuchar esas palabras, en cómo sus parpados se abrieron un poco mas y sus labios se apretaron ínfimamente, pero lo suficiente para que el pudiera percibirlo. Estos eran los momentos más críticos, los momentos en que ella misma comenzaría con un juego mental, buscando una salida o incluso voltearle el juego. Ya la estaba conociendo.
—De acuerdo —contestó ella relajándose un poco —Coménteme espadachín-san.
Casi tragó saliva y perdió la concentración al recibir tal invitación, se había esperado todo menos a que accediera con tanta calma y facilidad ¿Realmente iba a abordar los acontecimientos de anoche con tanta libertad? Si ella había estado ignorando que él la había acariciado, abrazado y besado, como si no quisiera que hubiese pasado ¿Por qué le daba entrada?
Sin necesidad de que ella se valiera de sus juegos y tácticas evasivas, el se sintió dominado y (por más que odiara la palabra) debilitado ¡Maldición! ¡Siempre tenía que ser un torpe al tratar con las chicas! Perdía su capacidad de hablar, de reaccionar ¡Realmente no sabía que decirle!
"¿Qué piensas de lo que sucedió anoche?"
No. No era la manera.
"¿Podemos hablar de lo que ha estado sucediendo entre nosotros?"
Menos. Quizás sonaría exagerado.
"Creo que me gustas"
¡Ni siquiera él podía creérselo! Menos decirlo.
Ella estaba comenzando a asustarse o algo parecido ¡El estaba haciendo todo mal! Ahora que tenía que hablar de sentimientos o algo parecido, le era imposible. Ah, pero lo que si es que no podía dejar de verla como un idiota, esas facciones de diosa, esos ojos tan azules como el cielo de Austria, esos labios tan perfectos, simplemente tan hermosos.
Y lo que sucedió a continuación no tuvo explicación ya que ni siquiera valía la pena buscarle un significado y es que sin pensarla siquiera lo hizo. El era un hombre de acciones y una acción fue a lo que llegó. Llámese impulso, llámese reflejo ¡llámese como se le quiera llamar! Todo lo que quería hablar con ella se resumió en un solo movimiento que vale más de cientas de palabras: entrelazó sus dedos con los de ella, su otra mano se posó sobre la mejilla de ella y el resto de su cuerpo se acercó al de ella, pero más lo hizo su rostro, para unir sus labios con los de ella en la acción conocida como un beso.
No fue el mismo beso que le dio la última noche; aquel fue uno intenso, provocador y guiado por deseo. Este beso fue efímero, apenas rozando sus labios con suavidad, supo que ella lo aceptó cuando ella misma entrelazó sus dedos con fuerza contra los de él hasta que se separaron.
En cuanto vio su rostro, no era el mismo de anoche. Antes se vio con ansiedad y temblorosa. Ahora su postura era la misma, sus ojos eran de sorpresa, mas no reflejaban la confusión de antes.
—Z-Zoro-san, esto es… —ahora ella parecía encontrarse como él estuvo hace unos instantes; sin encontrar que palabras expresar.
—Shh no hables —tocó los labios de ella con los punta de sus dedos impidiéndole hablar, ya no era necesario hablar más, ya lo había hecho —No te asustes, ni siquiera busques respuestas en este momento… no espero recibirla.
Ella enmudeció, nunca la había visto paralizada de ese modo, era como si por primera vez la misma Nico Robin no supiera que hacer.
—Solo quería que lo supieras —soltó la mano de ella y entonces se puso de pie, se ciñó su espada y sin más que expresar se fue caminando, alejándose de ella sin siquiera voltear a verla.—Señor mercenario, si usted se aleja…
—No me perderé —recalcó sabiendo cual era la preocupación de la investigadora —He encontrado la manera de no perderme en distancias cortas —dijo haciendo un corte en un tronco de un árbol con su espada. Próximamente iría dejando varios como marcas para retomar el regreso.
Nunca supo que decir, ni que deseaba lograr con ello, ni que esperar de vuela. Pero lo que si supo es que su mensaje había sido claro.
"Lo de anoche no había sido un incidente debido a un estado de ebriedad, era algo real y sincero; el frio mercenario herido encontraba calidez en la compañía de Nico Robin, si, a él le gustaba Nico Robin"
Así que sucediera lo que tenía que suceder.
En cuanto a Robin, decenas de pensamientos recorrían su mente, tantos que describirlos sería casi imposible. Ni siquiera ella podía identificar el caudal de ellos. Pero si algo era seguro es que Zoro había tocado su corazón, siempre lo hacía.
—"Yo ya tengo la respuesta" —dejó caer los hombrosy cerró los ojos, claramente tensa, tensa por la contradicción —"Pero tengo miedo".
Ella misma sabía lo que significaría obedecer la ley de su corazón y en lo que resultaría volver a desarrollar sentimientos tan intensos por alguien.
Al fin llegaron al lugar prometido, no pudo menos que quedar admirada y admitir que Luffy se había lucido con aquello que había descubierto en sus tantas vagancias.
Todos aquellos arroyuelos danzantes que se abrían paso a través de veredas y montes llegaban a confluir a una clara y pequeña laguna de translucidas y frescas aguas de una pureza que únicamente se puede dar en una tierra limpia y virgen, tan transparente era liquido vital que se podía observar el fondo del depósito acuífero —que no llegaba a más del metro y medio— resaltando las finas piedrecillas de formas lisas y redondas talladas por la acción de los afluentes que a través de décadas y décadas les habrían arrastrando hasta depositarlas a su lugar de descanso; una laguna tan limpia y en constante perturbación no daba lugar a que se hubiesen reproducido alimañas como sanguijuelas o parásitos, por lo que era de fiarse para darse un refrescante baño. El tejado natural que formaban los bien irrigados arboles que rodeaban el cuerpo de agua les protegía del sol e incrementaba la frescura del área; los suaves cantos de los pajarillos coloridos formaban en conjunto una sonata de paz. Era magnifico.
—Luffy, es tan bonito.
—¿Ah verdad que sí? —Le sujetó de la muñeca y empezó a correr obligándola a caminar con él —Ahora sí ¡Al agua!
—¡Espera! —Exclamó haciéndolo detenerse —No me puedes hacer meterme al agua así, me mojaré las ropas—pausó de golpe al ver como chico sin más pena ni decencia comenzaba a desnudarse de sus prendas hasta quedar únicamente en sus bóxers infantiles con diseños de banderas piratas —¡Oh dios mío! —se volteó hacia un lado y se tapó el rostro con ambas manos. En vista de las estrategias coquetas que a veces usaba para explotar a hombres idiotas, comúnmente muchos pensaban que era algo desvergonzada y de moral abierta, pero contrario a todo ello, realmente era pudorosa. Y como no sentirse de esa manera teniendo a Luffy casi desnudo ante ella, mostrando ese cuerpo bien torneado ¿Quién hubiera imaginado que a pesar de verse lánguido tuviera semejante musculatura? ¡Diablos que apenada se sentía!
—¡Pues yo ya estoy listo!
—¿Qué estás pensando? —le preguntó sin atreverse a contemplar de nuevo ese bien formado cuerpo masculino (rayos, ya no podría ver a Luffy de la misma manera) —Serás loco si piensas voy a quitarme la ropa, eso es indecente.
—¡Como quieras, vamos al agua! —Brusco como solo puede ser él mismo, la levantó para cargarla entre los brazos y a pesar de los reclamos no dudó en salir corriendo hacia el claro y dar un gran salto —¡Yahoo!
Fue un gran chapuzón que perturbó las aguas y en cuanto salieron sus cabezas comenzaron a inhalar aire. En el caso de ella también a acomodarse el cabello que mojado se le iba a la cara, ahora bien el agua les llegaba a la altura del pecho (en ese momento se percató de que ambos tenían una estatura muy similar) y era muy refrescante, recordándole las aguas de las Bahamas donde recientemente había vacacionado.
—¡Cielos Luffy, eres un ocurrente!
—Te hará bien créeme—hiperactivo como solo es él, ya nadaba tranquilamente por las aguas.
—Mis ropas están mojadas —se observó a sí misma: shorts, blusa, botas, calcetas, incluso sus bragas estaban empapadas y lo peor de todo es que no traía su mochila consigo, se la había encargado a Zoro y era en esta donde traía un cambio de ropa.
—¿Cuál es el problema?—comenzó a nadar hacia ella —Tú misma no quisiste quitarte las ropas y ahora te quejas, eres rara Nami.
—¿Pensaste que me iba a quedar en ropa interior como tú? Eso no está bien, , de hecho ni siquiera deberíamos de estar bañándonos juntos.
—¿Por qué no está bien?
—Pues porque yo soy mujer y tú eres hombre —menos mal que el agua cubría casi todo su cuerpo, de lo contrario estaría muriendo de pena. Estaba segura que el agua le pegaba las ropas a su figura y se le transparentaban.
—¿Y qué hay de malo en eso? Makino se bañaba desnuda con mis hermanos y conmigo shishi.
—¡Que depravada mujer! —Exclamó indignada y por alguna razón un poco molesta, nadó hasta encontrarse con él—¿Quién es esa tal Makino?
—Era la niñera que cuidaba de Ace, de Sabo y de mí, no tendríamos más de diez años y ella no más de veinte —explicó recordando con añoranza aquellos años.
—Ah, eran niños y ella la niñera…ah bueno, pues eso cambia todo —se sintió algo avergonzada, por un momento pensó que una mujer se aprovechaba de la inocencia de Luffy y eso le provocó una sensación desagradable en el estomago, como si quisiese ir a buscarla y darle su merecido. Juraría que esa sensación que había experimentado era la misma que llegó a sentir cuando el muchacho habló antes de una tal Boa Hancock.
—Eres tan rara Nami, pero ya dime ¿Qué tiene de malo que todos nos metiéramos desnudos al agua?
—Ay Luffy —le sonrió en esta ocasión —Eres tan inocente, creo que no hay tanto problema con que nademos juntos un rato, pero solo un ratito ¿vale? —suspiró y comenzó a buscar la manera de quitarse sus botas, su pistola, su cinto, el cuchillo y todo lo que le estorbara (claro estaba que no se quitaría ni la blusa ni los shorts, ni siquiera tratándose del puro Mugiwara).
El joven nunca se equivocó, ya que la refrescante agua le hizo bien a su cuerpo, cada vez se sentía más relajada, de mejor humor y mejor aun, los síntomas de la resaca iban disminuyendo a ritmo rápido. Pronto se sentiría como nueva gracias al buen corazón de Luffy —"Quizás debería de dejar de tratarlo tan mal"
—Mizu Mizu no…
—¿Qué haces? —se encontró con que el chico hacia sus manos hacia atrás mientras le observaba con expresión retadora.
—¡Tsunami! —con un movimiento de brazos de atrás hacia enfrente creó una ola que por la sorpresa no alcanzó a esquivar y recibió directo al rostro. Provocando que el chico estallara en carcajadas.
—¿Ah sí? —no se dejaría y se le acercó y empezó a echarle agua al rostro. Obviamente que él comenzó a hacer lo mismo y así comenzó un infantil juego que le sacaba carcajadas de gusto a ambos.
Tras unos minutos de tales niñerías se cansaron y quedaron extenuados respirando agitados muy cercanos el uno del otro.
—Cielos ¿hace cuanto no hacía algo así? —se había sentido como cuando era niña, hace una eternidad que no se daba una oportunidad de volver a ser una infante relajada y despreocupada. Se había dejado contagiar por Luffy y si que le había relajado.
—¿Sabes? Fue más divertido hacerlo contigo que con Makino.
—¡No lo digas de esa manera! —se vio forzada a regañarlo ¿Cuándo aprendería a dejar de hablar de una manera tan fácil de malinterpretar como doble sentido?
—¡Jajaja eres rara Nami! —Dejó salir unas carcajeadas, pero cuando desistió de hacerlo se le quedó observando —Eres tan… —era de nuevo esa mirada de antes; penetrante y curiosa —Umm.
—L-Luffy —balbuceó casi queriendo evitar tener esos inquisitivos ojos negros sobre ella que intensamente le analizaban de alguna manera
—¡Segundo round! —exclamó saliendo de su estado meditativo para entonces sumergirse en el agua como un tiburón y nadando por el fondo marino atacar sus piernas haciéndola tambalearse un tanto.
—¿Crees que puedes vencerme en la natación? Jeje si tan solo supieras cuanto he convivido con los Gyojin —sonrió confiada en sus habilidades y entonces reanudó aquellos juegos de niño. Si, se dejaría llevar y ser una niña de nuevo por unos instantes más.
Fueron momentos muy agradables, si refrescaron, se divirtieron. Luffy cuando se lo proponía podía ser alguien muy tierno y protector y eso le cambió mucho la manera en que lo vio. Inconscientemente en algún momento fueron y se dieron un abrazo, como si se tratara de los mejores amigos pasándola bien juntos, no hubo nada de odio ni de antagonismo, únicamente felicidad.
Pero tuvieron que salir, sabiendo que debían alcanzar a la cuadrilla. Pero se sentían de buen ánimo, revitalizados para la aventura que le restaba al día. Claro está que a Nami no le agradaba ir caminando con la ropa mojada y pegada a su cuerpo, pero de alguna manera no le molestaba tanto estarse mostrándose de esa manera ante Luffy, era Luffy después de todo.
—Y bien Nami ¿Mucho mejor? —le preguntó alegre mientras recorrían juntos la vereda que les llevaría hasta el resto del equipo.
—Si Luffy, créeme que si me hacía falta. Gracias por obligarme aunque no quisiera en un principio intentarlo —fue sincera, si le agradecía los detalles, tanto su cuerpo como su corazón se regocijaban por la experiencia que había vivido.
—Lo sé, te ves mucho mejor ahora —caminando lado a lado se observaban el uno al otro, mas en un momento Luffy se le quedó viendo fijamente al rostro, incapaz de retirarle la mirada —De hecho.
¡Otra vez esa mirada! Ya era la tercera ocasión—¿Qué pasa? —preguntó un tanto incomoda, mas esta vez ya le sacaría la verdad de por qué a cada rato caía en ese estado al verla tan intensamente a la cara—E-en serio me estás inquietando.
Alzó una ceja y se llevó la mano a la barbilla —Por un momento al verte me trajiste un recuerdo, tu rostro me pareció mucho a una de esas exóticas joyas coloridas por las que todo aventurero muere; tan únicas, tan radiantes —la examinaba tratando de descifrar algo.
—¿Pero de que estás hablando? —se detuvo (y por un momento sintió como si su corazón hiciera lo mismo), y no quiso moverse hasta indagar a que se refería el chico, ya que nunca lo había escuchado expresarse de esa manera.
—Es solo que, no lo había notado antes pero, eres muy bonita.
Se detuvo de golpe, tanto que asustó al mismo Luffy, sintió su cuerpo ponerse tieso y su rostro tornarse pálido como si se hubiera llevado un susto, su corazón se detuvo por un instante —¿Qué dijiste? —Cuando fue asimilando lo que acababa de escuchar, toda esa palidez fue convirtiéndose en rubor y su corazón comenzó a bombear con más fuerza —¿Puedes repetirlo?
En esta ocasión se escuchó algo nervioso, al parecer asustado por la reacción de ella y comenzó a trastabillar en su acelerado palabrear —N-no sé cómo explicarlo, en tu vi una belleza como la de las gemas de la tierra, yo…ni siquiera lo entiendo ¿Me entiendes tú?
—S-sí —contestó con dificultad —te entiendo —apenas y podía creérsela, que.
—¡Mírate estás roja! ¿Acaso estás empeorando? —La sujetó de los hombros, viendo su rostro que se tornaba de un color tan intenso como el de su cabello —Tendré que llevarte de vuelta al agua y por tu bien esta vez te meteré desnuda, quizás solo así te enfríes.
—N-no no es necesario —se soltó de él —Es solo que mencionaste algo que jamás creí podrías ser capaz de decir —increíble pero no podía controlar las reacciones de su cuerpo, estaba conmocionada.
—¿Qué dije? —se rascó la mejilla, evidentemente inconsciente sobre a qué se refería ella. Entonces al ver que reanudaba la caminata fue hasta alcanzarla y avanzar a su lado.
—Tranquilo, fue algo lindo de tu parte —le había hecho mella en sus sentimientos y por ello en respuesta le sonrió de vuelta con ternura acercándose un poco más a su lado —¡Rayos Luffy! no sé qué está pasando contigo —asimilando que es lo que acababa de suceder, se llevó la mano a la sien, sintiendo el calor de su frente, no podía negarse a cuan halagada estaba en estos momentos ni rechazar eso tan bello y placentero que inundaba el centro de sus emociones.
Por primera vez fue que no se cuestionó sus razones, ni se regañó a si misma por sentir algo lindo por ese chico al que comúnmente llamaba "bobo". Simplemente dejaba fluir todo libremente.
Su cuerpo y mente rogaban por cercanía, por intimidad, y ello llevo a que sin premeditarlo le tomara de la mano (sorprendiendo al chico quien lindamente se sonrojó un poco). Tal unión le causo satisfacción. Pronto ya entregada a esa sensación de cariño y confort apoyó su cabeza sobre el hombro del chico, quien a juzgar por su rostro, era la primera vez que llegaba a tener tal cercanía e intimidad con una chica y a sentir lo que ella misma sentía.
Se sentía segura a su lado, se sentía feliz… se sentía querida.
En ese momento Nami se daría cuenta de muchas cosas:
Luffy era un chico agradable que era capaz de preocuparse por ella.
Luffy podía ser tierno y cariñoso.
Luffy quizás no la odiaba tanto.
Luffy quizás le estaba gustando a ella.
Sin necesidad de fingir una falsa relación ni de engañarse forzadamente, algo estaba surgiendo de forma natural y sincera, creciendo más y más. Eran dos chicos inexpertos que no conocían el amor, eran un par de almas descubriendo emocionantes sensaciones y sentimientos nuevos.
No imaginaban en lo más mínimo cual sería el impacto de esa aventura.
Trafalgar Law no podía creer lo que sus ojos veían, apenas se había alejado poco más de un día de la aldea y ahora todo era un caos total: Había un griterío y un escándalo por todas partes, aldeanos corriendo despavoridos, en especial Brooke (quien se supone debería de poner el ejemplo en cuanto a mantener la calma), las que se veían mas perturbadas eran las chicas jóvenes del pueblo (Ran, Rindo y Aphelandra) quienes entre invadían sin permiso tiendas y chozas para luego salir con tanta celeridad que hasta se tropezaban entre ellas mismas. De haber sabido que desastre como este surgiría en la aldea, nunca habría partido a la capital a investigar las actividades del misterioso Joker y sus nexos con Dark Pluton, habría buscado otra manera de contactar a Mr. Prince.
No desperdició ni un segundo más y se abrió paso hasta llegar al centro de la aldea —¡Qué está sucediendo aquí! —su mano lista sobre el mango de su katana para enfrentar cualquier peligro, como uno de los tres grandes guerreros protectores de Shandia, su presencia infundía tal respeto que el frenesí se detuvo al momento en que impuso su grito.
—Mi hija —Brooke se le acercó y fue a tirarse al suelo y aferrarse a las rodillas de Law —Tienes que ayudarme, Hancock ¡Mi Hancock se ha ido!
—¿!Qué!? Esa mujer terca —masculló más molesto que nunca, en tiempos tan críticos la aldea no se podía quedar sin protector; Wiper estaba fuera, él lo había estado y ahora Hancock se había atrevido a partir antes de que retornara.
—Eso no es lo peor —Ran se acercó con ojos llorosos —ayer ella estaba enferma con una profunda fiebre.
Rando cruzó los brazos —No durará ni una hora de pie con tal temperatura, colapsará y entonces me temo lo peor.
—Tranquilas, aquí el médico soy yo, no permitiré que eso suceda —dio su palabra sin perder su calma y seriedad —Pero díganme ¿Cómo es que cayó enferma? Antes de partir estaba en perfectas condiciones.
Aphelandra tomó la palabra —Law-sama, cuando Mugiwara partió, la señorita cayó súbitamente enferma, cada vez que se mencionaba el nombre del chico, ella sentía un dolor en su corazón, en sus delirios repetía "Luffy, mi Luffy" y a veces se levantaba furiosa asegurando que otra le quería arrebatar su amor.
Una gota de sudor recorrió su frente, ahora si se veía sorprendido y boquiabierto —Eso es…
—La enfermedad del amor —una vocecita se unió a la conversación, era la pequeña traviesa Aisa —No hay duda de que es la enfermedad del amor, por eso Hancock a partido en busca de su amor —rió morbosa como la niña precoz y pervertida que era ella —y cuando lo encuentre y tenga una noche de sexo ardiente con él entonces y solo entonces su corazón encontrará la cura a su enfermedad jijiji.
—Tú pequeña ocurrente —Law formó un puño y entonces le dio un puñetazo en la cabeza —¡A ti quien te nombró medico!
—¡Ay lo siento! —exclamó sujetándose la cabeza y entonces se marchó corriendo. Law quería pensar que por fin escarmentaría, pero sería mucho pedirlo en realidad, lo que es más que ahora la prioridad era otra.
—Hancock descuidada mujer arrojada —maldijo abiertamente y entonces comenzó a caminar rumbo a la salida norte de la aldea —Ella va a cometer una tontería, debo traerla de vuelta.
—Pero Law, no puedes abandonar la aldea, nos quedaríamos sin protector por mucho tiempo —Brooke casi fue a echársele a los pies.
—Nunca dije que abandonaría la aldea —se expresó con seriedad dejando sumamente confundidos a los presentes ¿Cómo la traería de vuelta sin lanzarse a la selva?
Por las copas de los arboles, la ágil figura femenina de Boa Hancock se desplazaba con rapidez acompañada de su fiel macota; la pantera negra Bacura.
—Bacura, asegúrate de rastrear bien la ruta que ha tomado Luffy—ordenaba la hermosa mujer Shandiana con su determinada vista siempre puesta al frente, como si en cualquier momento buscara visualizar a su amado. Para ella el amor era como un huracán imposible de detener y no habría nada que le impidiera estar con su verdadero amor; ni su enfermedad, ni un ataque enemigo, ni siquiera una rival de amor.
Pasaría por cualquier obstáculo y vencería cualquier fuerza que se pusiera en su contra. No necesitaría más que de su arco, su belleza y su ingenio para superar cualquier barrera que le intentase separar de su Luffy.
—Luffy voy por ti —dijo sonriendo y sonrojándose —Pronto nos veremos y nuestra historia de amor continuará ¡Kya!—no podía evitar reír picara como colegiala enamorada—No estés triste, soy yo quien llevará el amor a tu vida y entonces serás feliz —muchas fantasías de su imaginación se hacían presentes en su mente: la primer cita, el compromiso de matrimonio, la esplendorosa boda, la noche de bodas, la luna de miel, el nacimiento de sus hijos, todo lo podía visualizar —Solo espera un poco mas mi querido Monkey, un fabuloso futuro nos aguarda, uno en el que yo seré tuya y tú…tú serás mío.
Continuará
Este capítulo lo tenía planeado subir unas semanas antes, pero lo escribí dos veces, es decir que lo acabe una vez…no me gustó y volví a hacerlo desde cero.
No avanzó mucho la trama, pero díganme si les gustaron los avances en las parejas. Luffy con su tierno amor bonachón por Nami y Zoro siendo un hombre de acción, mostrando lo que siente en una sola acción.
No tengo mucho que añadir más que en el siguiente capítulo la cuadrilla llegará a su objetivo encontrándose con una sorpresa que cambiará todo en lo que creyeron ¿Cuál es el misterio de la tierra maldita? No se pierdan el próximo capítulo.
Estoy buscando alguien que pudiera apoyarme con un asunto; me gustaría tener una portada para el fanfic, como notarán la que tengo está cool y va de acuerdo con el fanfic, pero no es más que una portada de un volumen de Oda. Me encantaría tener una original, pero el asunto es que no sé hacer dibujos como los que hay en paginas como Devianart ¿Quién podrá ayudarme? ¿Alguien?
Nos vemos espero y pronto. Gracias por todos sus comentarios.
