Surrender the Grey
Renunciar al Gris
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Por:
Emma Grant
traducido por:
PerlaNegra
Capítulo 10, 2ª Parte
De nuevo, Draco había soñado con Ron. Era exactamente el mismo sueño que había tenido antes, con Ron sosteniéndolo del cuello contra un muro de ladrillos. Excepto que en esa ocasión, cuando Ron se desvaneció, Draco estaba a solas en el oscuro callejón y Lucius no estaba a la vista.
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Draco se dio cuenta que estaba cómodo y tibio, envuelto bajo un esponjado edredón sobre una cama suave. Trató de abrir los ojos y se percató que era difícil, como si su cuerpo no cooperara con su cerebro. Trató de moverse y ahí fue cuando recordó que había sucedido algo inusual.
Hubo una explosión en el pub y había discutido con su padre… aunque, tal vez, no en ese orden. Sintió que el estómago le caía hasta los pies cuando llegó a su mente el tema de esa discusión.
Consiguió abrir los ojos después de que pareció intentarlo durante minutos. Estaba en la recámara de Harry. En su cama. Por un momento se preguntó si había muerto. Podía escuchar voces lejanas provenientes del otro lado de la puerta, pero no podía comprender qué era lo que estaban diciendo; sus oídos le zumbaban un poco.
Intentó sentarse y sintió en diferentes partes de su cuerpo el inconfundible cosquilleo de encantamientos sanadores recientemente colocados. Con algo que era más que turbación, levantó el edredón y echó un vistazo ahí abajo. Parecía tener todos sus miembros en su lugar y (metió una mano debajo se sus calzoncillos) todo lo demás parecía estar intacto.
Tenía unas ganas endemoniadas de orinar y parecía necesitar una ducha con urgencia, pero al menos estaba vivo y de una pieza.
Y estaba en la cama de Harry, lo que sólo podía significar…
—¿Harry? —lo llamó con voz rasposa. Tosió.
La puerta se abrió y una silueta borrosa apareció en el marco. —¡Está despierto! ¡Harry, ven rápido! —Hermione dio un paso dentro mientras que otra silueta borrosa entraba a toda prisa.
Draco parpadeó en un intento de aclararse la visión. Logró enfocar a Harry justo cuando se sentaba junto a él en la cama.
—¿Cómo te sientes? —preguntó con los ojos muy abiertos. Se movía nerviosamente, como si quisiera tocar a Draco pero no supiera si debía hacerlo.
—No lo sé —respondió Draco. La cabeza le daba vueltas—. ¿Qué pasó? ¿Cómo llegué aquí?
—Hubo una explosión en la reunión, la otra noche —dijo Harry, acercándose un poco más—. Yo acababa de salir y estaba a punto de desaparecerme cuando la escuché, así que regresé y… te encontré.
Draco lo miró fijamente durante los varios segundos que le llevó asimilar eso. —¿La otra noche? ¿Cuánto tiempo llevo aquí?
—Casi dos días —respondió Hermione desde la puerta—. Hoy es domingo.
—¿Dos días? —repitió Draco. Se sentía mareado.
—Tenías heridas serias, pero logramos sanarte muy bien. Entre los dos conocemos muchos encantamientos y… —Harry frunció el ceño, preocupado—. Te ves un poco verde. Tal vez deberías acostarte.
Por una vez, Draco estuvo de acuerdo. Se deslizó de nuevo dentro del edredón, y las estrellas en su campo de visión comenzaron a atenuarse. —¿Y qué pasó con…? —Cerró los ojos. ¿De verdad quería saber que había sucedido con Lucius? El pensamiento de que las últimas palabras que su padre pudieran ser aquellas lo hacía sentir enfermo.
Harry le retiró el cabello que tenía en la frente. —La explosión ocurrió en medio del pub, por lo que ustedes fueron muy afortunados de estar en la cocina. Dos personas murieron y una docena más sufrieron serias heridas, pero Lucius está bien. Pasó un día en San Mungo, de acuerdo con El Profeta. Nadie sabía que tú estabas ahí, por supuesto, así que tu nombre no salió a relucir. Bueno, un artículo se refirió a Lucius como "el padre del prófugo Draco Malfoy, acusado de asesinato".
—Apuesto que le encantó eso —dijo Draco—. ¿Quién lo hizo?
—Hay especulaciones de que la explosión fue perpetuada por Mortífagos que querían deshacerse de Lucius. Nadie lo sabe, pero… —Harry miró hacia Hermione—. El público está inmerso en ello, como lo podrás imaginar. Desacuerdo entre la gente común, los Mortífagos y tal.
—El Quisquilloso reportó que tu padre es en realidad un agente secreto del Ministerio —dijo Hermione con la voz cargada de sarcasmo—. Lo aclaman como a un héroe.
Draco la miró entrecerrando los ojos. —¿Sufrí un golpe en la cabeza, por causalidad?
Hermione sonrió. —Tuviste una conmoción cerebral. Te fracturaste una pierna y sufriste de varias hemorragias internas.
Draco gimió. —¿Y no se les ocurrió llevarme a un hospital?
Harry hizo gestos. —No estábamos seguros de que fuera buena idea, considerando tu estatus legal. Pero ambos habíamos tenido entrenamiento en encantamientos sanadores. —Como si quisiera probar ese punto, Harry tomó su varita y realizó varios hechizos desconocidos para Draco. Sintió un extraño cosquilleo atravesarle el cuerpo—. Tus huesos ya han sanado. Y te dimos una poción para reparar los daños internos. Pero si quieres ver a un sanador…
—Creo que sobreviviré, gracias.
—Pero si continuas sufriendo cualquier dolor, o si algo parece andar mal… —comenzó Hermione.
—Se los haré saber —la interrumpió Draco—. En este momento, lo que en verdad me gustaría es tomar una ducha. —Miró a Harry esperanzadoramente.
Harry sonrió.
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En toda su vida, Draco nunca se había sentido tan feliz de tomar una ducha. Se quedó largo rato parado debajo del chorro caliente, enjabonándose suave pero minuciosamente. Después de secarse y lograr convocar un útil encantamiento de visión, observó su imagen en el espejo. Su rostro estaba inusualmente pálido, lo que acentuaba las bolsas que tenía debajo de los ojos. Su cabello, recién secado con la toalla, caía alrededor de su cara en gruesos mechones, urgentemente necesitado de un corte. Tenía los ojos vidriosos, aunque ese podía ser un efecto secundario del encantamiento de la vista. Estaba demasiado cansado como para hacer algo con la barba de varios días que ostentaba su cara.
Frunció el ceño… ¿qué demonios era lo que Harry veía en él? No le extrañaba que hubiera estado tan emocionado de ver a Draco en el cuerpo de Heather.
—Creo que nunca antes te había visto así —dijo Harry cuando Draco finalmente salió del baño. Ante la mirada interrogativa de Draco, Harry continuó—. Luces casi… desaliñado.
—¿Desaliñado? —se burló Draco, aunque también él lo creía así—. Es tu ropa la que estás insultando, ¿sabes? —Se había adueñado de una particularmente cómoda camiseta y un par de vaqueros de Harry, los cuales le caían hasta las caderas, revelando sus calzoncillos como si anduviera en ese tipo de molesta moda retro. Estaba demasiado agotado como para hacer algo para evitarlo, así que sólo se mantenía todo el tiempo subiéndoselos con la mano.
—No dije que no me gustara —respondió Harry, jalando a Draco para abrazarlo—. Dios, estás tan delgado.
—No he comido nada en dos días, ¿o sí? ¿Ordenaste la pizza?
En menos de diez minutos devoraron una pizza entera y Draco continuaba sintiendo hambre. Harry sacó un bote de helado del congelador y se sentaron frente al fuego, comiendo directamente del envase.
—Qué raro es esto, ¿no? —preguntó Harry. Draco levantó la mirada para ver a Harry observándolo fijamente—. Quiero decir, se siente tan normal estar sentado aquí contigo, después de lo que ha pasado. —Se detuvo y bajó la vista, con el ceño fruncido.
Draco le quitó el envase del helado de las manos, inseguro de adónde quería llegar Harry. —¿Qué sucede?
Harry levantó la vista de nuevo. Tenía los ojos brillantes. —Me da gusto que hayas despertado.
—A mí también. —Inexplicadamente, Draco se sonrojó y concentró su atención en el bote de helado.
El silencio se extendió entre ellos. Finalmente, Harry le quitó a Draco el envase de helado y lo puso a un lado, tomando la mano de Draco entre las suyas. Draco estaba asombrado de lo calientes que parecían estar.
—No quiero volver a joder las cosas —dijo Harry en voz baja—. Mientras estuviste inconciente, tuve mucho tiempo para pensar.
Draco se removió nerviosamente mientras un incómodo sentimiento lo envolvía por completo. Tuvo que obligarse a mirar a Harry a los ojos.
—Te amo y no me importa lo de Ron. Quiero decir, sí me importa, pero… si realmente fuiste tú quien lo mataste, eso no cambia lo que siento por ti.
—¿Cómo podrías no odiarme? Era tu mejor amigo.
—Fue hace tres años.
—¿Y si descubrimos que yo los traicioné a los dos? ¿Y si yo lo asesiné y traté de matarte a ti también? ¿Y si todo ese tiempo yo estuve trabajando para Voldemort? —Harry empalideció un poco y Draco tragó. Ése era su peor miedo, y lo había dicho. La idea pareció flotar entre ellos.
—¿Para qué preocuparnos por eso ahora? —dijo Harry después de un momento—. No tiene caso ponernos nerviosos cuando no sabemos nada de lo que ocurrió.
Draco suspiró. ¿No había estado repitiéndose lo mismo durante toda la semana? —Te amo, Harry, pero necesito estar preparado para afrontar la posibilidad de que me odiarás cuando descubramos qué fue lo que pasó. —Las manos de Harry estaban temblando, así que las apretó y trató de sonreír—. Estoy cansado de tener miedo. Quiero terminar con esto. Y creo que debimos haber intentado recordarlo. De otra manera, ¿no habríamos simplemente borrado nuestras memorias y ya?
Harry exhaló. —Quizá, en primer lugar, tú y yo no consentimos en absoluto que nos bloquearan esos recuerdos.
—No creo que eso sea posible. Se pueden quitar recuerdos de manera permanente, pero borrarlos sin el consentimiento de la persona… contradice una buena cantidad de teoría mágica.
—¿Y si es magia oscura? —preguntó Harry arqueando una ceja.
Draco tragó. No había pensado en eso, aunque dudaba que Harry en verdad lo creyera. Se movió hasta que pudo apoyar la espalda contra los cojines del sofá y subió sus pies desnudos al regazo de Harry. —Aún así, lo creo improbable.
Harry jugueteó con los dedos de Draco durante un momento, perdido en sus pensamientos. —¿Y si la muerte de Ron causó que el hechizo saliera mal? Quizá no podíamos romperlo sin él.
—Todos los hechizos pueden ser rotos. Bueno, casi todos. Y en realidad no sabemos si fue un hechizo… pudiera ser un antídoto de una poción lo que estábamos buscando.
—Hermione le mandó una carta a Snape para decirle que estabas a salvo —dijo Harry, acariciando la planta del pie de Draco—. Le dijo que nosotros podíamos hacerte llegar mensajes de su parte, en caso de que descubriera algo acerca del perfidio. —Frunció el ceño mientras miraba los pies de Draco—. Tú no tienes cosquillas, ¿verdad?
Draco sonrió ampliamente. —Sólo si quiero tenerlas.
Se quedaron sentados en el sofá durante una hora, conversando acerca de la explosión ocurrida en el pub dos días antes. Harry parecía creer que había sido un intento de asesinato en contra de Lucius.
—He estado en reuniones donde discuten cosas como esas —dijo—. En las facciones rebeldes piensan que Lucius traicionó a Voldemort.
—Y efectivamente, así fue —dijo Draco, incapaz de evitar un dejo de orgullo en su voz.
Harry arqueó una ceja. —Pero piensan que él es el responsable de su desaparición. ¿Tú crees que… sea posible que Lucius nos haya ayudado hace tres años?
Draco bufó. —Hace algunos días, yo te hubiera respondido que no. Pero ahora no estoy seguro. Últimamente hasta me ha pasado por la cabeza que él también fue parte del hechizo desmemorizante.
Harry lucía pensativo. —Pero si ese fuera el caso, ¿no tendría que estar involucrado de alguna manera en nuestros sueños?
Draco casi se ahoga con el brandy que estaba bebiendo. —De hecho, ha estado en los míos.
Harry entrecerró los ojos. —¿De qué manera?
—Observando. Sólo me observa hablar con Ron. —Su mente giraba a toda velocidad—. Ha estado metido en mis sueños desde hace mucho.
—Podría no significar nada —dijo Harry, frotándose las mandíbulas distraídamente con una mano—. Podría no significar nada, en absoluto.
—Pero ambos hemos soñado con Ron y con llaves, ¿no? Quizá deberíamos concentrarnos en las cosas en común que tienen nuestros sueños.
Se quedaron en silencio durante un minuto completo, escuchando el crepitar del fuego. Draco empinó su copa de brandy y bostezó.
—¿Quieres ir a la cama? —preguntó Harry, dejando su propia copa a un lado.
—¿Es una propuesta?
Harry gateó por encima de él y lo besó. Draco se dio cuenta que era el primer beso real que compartían —en sus propios cuerpos— desde que habían estado sentados en ese mismo sofá hacía más de una semana. Muchas cosas habían pasado desde entonces, tantas que provocaban que la cabeza de Draco diera vueltas. O quizá era solamente la manera en que la lengua de Harry estaba resbalando contra la suya.
—Ambos necesitamos una afeitada —susurró Draco contra los labios de Harry—. Recuérdame en la mañana darnos un buen depilo a los dos.
—Creo que me gusta así —susurró Harry—. Se siente interesante.
—Espera a que te raspe tu polla y verás.
Harry se rió antes de ponerse de pie y jalar a Draco junto con él. —¿Estás seguro de esto? Quiero decir, ¿te sientes capaz de…? —Enmudeció, meneando la cabeza y asintiendo en dirección de la recámara.
—¿Capaz de qué? —preguntó Draco, haciendo su mejor esfuerzo por parecer inocente—. Estoy un poco agotado, claro.
Harry sonrió travieso y lo llevó hacia la puerta de la habitación.
Pero una vez que estuvieron de pie uno frente al otro en la oscuridad, Harry pareció dudar, como si no estuviera seguro de que Draco estuviera lo suficientemente bien como para tener sexo. Sin embargo, Draco estaba decidido. Besó a Harry con fiereza, despojándolo de su ropa y empujándolo sobre la cama. Harry gimió debajo de él, jalando la camiseta de Draco para quitársela y luego recorriendo su espalda con las manos. No fue hasta que los dedos de Harry se metieron debajo de sus calzoncillos, cuando Draco se dio cuenta que algo marchaba mal.
Harry lo acarició, pero nada sucedió. Draco continuó besándolo, continuó pensando en lo mucho que había deseado eso, estremeciéndose cuando la ardiente dureza del miembro de Harry se presionó contra su muslo… pero no conseguía tener una erección.
Draco experimentó un extraño sentimiento de pánico que nunca antes había tenido. Él deseaba eso… había estado pensando en eso durante todo el día, y ahora que al fin estaban los dos ahí, ¿su polla no cooperaría? El pánico rápidamente se convirtió en frustración y luego en vergüenza. Eso no iba a funcionar. No se le iba a poner dura para nada.
Harry retiró su mano después de un par de embarazosos minutos. Draco cerró los ojos, desando poder cubrirse la cabeza con el edredón. Harry no dijo nada; simplemente se acomodó a su lado y envolvió su pecho con un brazo.
—Lo siento —susurró Draco—. No tengo idea de porqué…
—No te preocupes —respondió Harry, besuqueándole el cuello—. Te entiendo.
—Nunca antes me había pasado esto.
—A mí sí.
—Sí, pero…
Harry levantó la cabeza para mirar a Draco a los ojos. —Sufriste heridas muy serias, lo sabes. Quizá es sólo que tu cuerpo necesita tiempo para recuperarse.
Draco frunció el ceño. Ya antes había sido herido de gravedad, y nunca nada le había impedido masturbarse. Quizá era una señal de que estaba envejeciendo.
Harry exhaló contra su piel, abrazándolo más apretadamente. Draco pudo sentir el miembro todavía erecto de Harry contra su cadera e hizo gestos.
—Pero yo realmente quería… Aunque puedes follarme, aún así, ¿sabes?
—No quiero hacerlo.
—Pero yo quiero que lo hagas.
Harry suspiró y besó a Draco tan tiernamente que éste creyó que se derretiría ahí mismo. —No es lo mismo. No lo disfrutaré si sé que tú no lo haces.
Harry bajó de nuevo la cabeza para apoyarla en el hombro de Draco, y éste se quedó viendo hacia el techo, frustrado. Se suponía que el sexo era algo fácil, ¿no? Se trataba de correrse, de darse placer mutuo. Lo disfrutaría, aún si no se corría. Al menos, creía que lo haría… Hasta ese momento no había tenido ninguna experiencia en qué basar esa afirmación.
¿Y si no era algo temporal, algo ocasional? ¿Y si…?
—Buenas noches —susurró Harry.
Draco se quedó despierto durante una hora antes de que su mente se callara lo suficiente como para poder dormir.
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Una estridente alarma despertó bruscamente a Draco. Se sacudió el sueño de encima lo más rápido que pudo hacerlo, sin tener idea de qué era lo que estaba escuchando.
Antes de que pudiera pensar en preguntar qué era lo que estaba ocurriendo, Harry estaba encima de él, cubriéndolo con su cuerpo. —¡Agárrate fuerte de mí! —gritó, con una expresión de terror en los ojos.
Draco cogió su varita de la mesita, envolvió los brazos alrededor de Harry y enganchó una pierna tras las suyas para mayor seguridad. Un momento después, estaban siendo transportados por un traslador. Draco sintió uno de los puños de Harry enterrándose en su espalda, manteniéndolo fuertemente pegado a él. Viajar por traslador de esa manera era más peligroso que una aparición conjunta, pero Draco sabía que no estarían haciéndolo al menos que fuera estrictamente necesario.
Con un golpe sordo, aterrizaron en un piso de madera, rodeados de oscuridad. Harry se puso de pie y dijo: —Lumos.
Draco parpadeó, incapaz de enfocar los ojos en la luz brindada por la varita de Harry.
—Harry, ¿están bien? —escuchó, junto con el sonido de unos pies bajando unas escaleras. Todas las luces de la habitación fueron repentinamente encendidas, y Hermione estuvo a la vista. Estaba ajustándose su bata más apretadamente.
—Estamos bien —dijo Harry, extendiendo una mano hacia Draco.
Aferrándose a la sábana que accidentalmente había trasladado junto con ellos, Draco permitió que Harry lo ayudara a ponerse de pie. No estaba vistiendo nada más que sus calzoncillos, pero en ese momento estaba agradecido de traerlos puestos.
Harry estaba vistiendo sus acostumbrados pantalones de pijama verdes y azules. De alguna manera había tenido la sangre fría para coger sus anteojos junto con su varita, y en ese momento se los estaba colocando. En su mano izquierda traía la figurita de una lechuza.
—¿Qué pasó? —preguntó Hermione, haciendo una seña hacia el sofá. Harry no parecía estar interesado en sentarse. Sintiéndose mareado, Draco colapsó sobre el mueble; su anteriormente fracturada pierna estaba demasiado hormigueante para su gusto.
—Las protecciones contra intrusos se dispararon. Aunque no pude mirar quién era.
—Tenías razón acerca del traslador de emergencia —dijo Hermione con el ceño fruncido—. ¿Estás seguro de que no los pueden seguir?
Harry asintió. —Pero no quiero ponerlos en peligro a ti y a los niños. Nos iremos tan pronto amanezca.
—Podemos cuidarnos por nosotros mismos —dijo Hermione, aunque echó una nerviosa mirada hacia el techo. Como si los hubieran invocado, pequeños ruidos de pasos se pudieron escuchar, provenientes de arriba. Un momento después, dos caritas estaban asomándose desde el pasamanos de la escalera—. Vengan acá —les dijo Hermione, suspirando. Se giró hacia Harry y Draco—. De todas maneras ya no habrá nada que los haga regresar a la cama.
Harley y Cally, vestidos con pijamas de franela iguales, se apuraron a bajar las escaleras y se sentaron en el sofá, junto a su madre, con los ojos muy abiertos.
La chimenea estalló en llamas verdes y un muy despeinado Manny salió por ella, con la varita en alto.
—Todo está bien —dijo Hermione, frotándose las sienes con los dedos.
—Las protecciones —dijo Manny, echando un vistazo alrededor del lugar. Descubrió a Draco y sus facciones se endurecieron. Draco jaló la sábana más apretadamente a su alrededor.
—Alguien irrumpió en el apartamento de Harry, así que él y Draco se trasladaron a través de las protecciones de emergencia —explicó Hermione. Se giró hacia Harry—. Manny insistió en enlazar las protecciones de mi casa con las de su apartamento. Claro que esta es la primera vez que ocurre algo así.
—Qué buena idea —dijo Harry.
La expresión de Hermione era de ligera molestia. —¿Cómo he logrado sobrevivir tanto tiempo sin hombres que me protejan? —Sacudió la cabeza y se puso de pie—. Mejor voy a hacer té.
Manny la observó irse, con una expresión de desconcierto en la cara, y luego dirigió su mirada hacia Draco. —Escuché que estuviste a punto de volar en mil pedazos —dijo.
—¿Lamentas que no haya sido así?
Manny parecía avergonzado. —No, por supuesto que no. Sólo que… me alegro que estés bien. —Se cruzó de brazos y miró hacia la cocina.
—Gracias a Harry —dijo Draco.
Harry le dio una palmada a Manny en el hombro. —Voy a ayudarle a Hermione. Pórtense bien, chicos. —Les hizo una seña a los niños para que lo siguieran y los tres desaparecieron al otro lado de la esquina.
—Lo siento —explotó Draco, deseando eliminar la incomodidad lo más pronto posible—. No te culpo por odiarme. Pero nunca tuve la intención de engañarte.
—Lo sé —dijo Manny. Se movió torpemente durante un momento antes de sentarse en el sofá, en la orilla opuesta a Draco—. Y no te odio. Sólo que… desearía que hubieras confiado en mí antes. No puedo evitar sentirme como si me hubieras usado.
—Lo siento —repitió Draco. No creía que él hubiera usado a Manny, pero dudaba que nada de lo que pudiera decir convencería a Manny de lo contrario.
—Yo también lo siento. —Se quedaron sentados en silencio hasta que Harry y Hermione regresaron.
Hermione les dio a todos una taza de té y entonces se sentó en una silla. Cally se le trepó encima del regazo, parpadeando soñolientamente mientras miraba a Draco. Harley se acurrucó sobre el regazo de Manny, y Harry se sentó junto a Draco, mirando fijamente su taza de té.
—¿Snape se ha comunicado? —preguntó.
Hermione negó con la cabeza. —En su última lechuza dice que no había encontrado ninguna poción llamada perfidio, y que incluso había hecho que Madame Pomfrey revisara la sección prohibida de la biblioteca por entero.
—¿Perfidio? —preguntó Manny, con la boca abierta de la sorpresa.
Harry miró a Manny y luego a Hermione. —¿No se lo contaste?
Hermione se sonrojó. —Bueno… la verdad es que no nos hemos hablado durante los últimos días. —Manny tosió y la miró duramente—. Encontramos una nota al final de la bitácora de investigaciones de Ron que dice triple perfidio —dijo ella sin ver a Manny a los ojos—. Y Draco averiguó que él estuvo preparando una poción durante el tiempo que…
—¿Conjuraron un perfidio? —espetó Manny, girándose para mirar fijamente a Draco—. ¿Están ustedes locos? —El tono de su voz pareció haber asustado a Harley, quien de repente se deslizó de su regazo para ir a sentarse al lado de su madre.
Durante un momento, Draco no estuvo seguro de cómo responder. —¿Tú sabes lo que es eso?
—¡Por supuesto! —respondió Manny.
—Porque yo no lo sé —le dijo Draco—. Claramente lo supe alguna vez, pero ahora no puedo recordarlo.
El salón se quedó en silencio durante un momento. La expresión de Manny era de incredulidad mientras volteaba a ver a Hermione y luego a Harry. —No me digan que ninguno de ustedes ha escuchado hablar de eso.
Hermione lucía ofendida. —¿Deberíamos? —Draco tenía que admitir que Hermione sería la más probable a saberlo después de Snape… y ninguno de ellos había escuchado nunca hablar de tal hechizo.
—Es magia negra antigua —dijo Manny con un dejo de exasperación en la voz—. Tiene su origen en el vudú caribeño de la época colonial. ¿Ustedes no estudian la historia de la magia del Nuevo Mundo?
—No —dijo Hermione con un poco de indignación—. ¡Después de todo, estamos bastante ocupados cubriendo varios miles de años de historia de la magia europea!
—¿Cómo si fuera la única magia que realmente contara en el mundo? —replicó Manny—. ¿Cómo si los aztecas no tuvieran siglos de magia propia también?
Hermione lucía levemente herida por eso. Harry interrumpió la difícil discusión. —Manny, apreciaríamos si nos explicaras un poco.
Manny frunció el ceño y se apoyó contra los cojines del sofá. —Es un antiguo hechizo, famoso por haber sido utilizado por los piratas y los ladrones de siglos pasados. Es legendario… de hecho, en los campamentos, los niños cuentan fantasmagóricas historias acerca de eso alrededor de las fogatas. —Echó un vistazo alrededor para ver si lo que decía le resultaba conocido a cualquiera de ellos, y negó con la cabeza cuando las caras de los demás permanecieron inexpresivas—. No puedo creer que no sepan nada. Como sea, de acuerdo con la leyenda, el hechizo era usado en situaciones donde la gente involucrada no confiaba la una en la otra pero eran obligados a trabajar juntos… ya saben, cuando los piratas querían robar tesoros y esconderlos en lugares seguros. El hechizo los ataba de tal manera que no podían mentirse entre ellos durante el atraco, o traicionarse el uno al otro después del acto. Tampoco eran capaces de decirle nada a nadie acerca de lo que habían hecho.
—¿Sabes cómo se conjura? —preguntó Harry.
—No realmente —respondió Manny—. No nos enseñan cómo hacerlo, ¿sabes?
—Pero dijiste que el encantamiento sólo evita que las personas involucradas les digan a otros lo que han hecho —dijo Hermione—. Y Harry y Draco no recuerdan nada de lo que sucedió.
—Sí —dijo Manny, luciendo inseguro—. No recuerdo los detalles, pero hay algunos incidentes famosos… quizá sólo leyendas, donde uno de los piratas fue asesinado antes de que el crimen fuera completado. Y entonces, siendo la magia negra lo que es, el hechizo se convierte en maldición.
—¿En maldición? —exclamaron Harry y Draco al mismo tiempo.
Manny les echó un vistazo antes de girarse hacia Hermione. —En uno de los casos, los sobrevivientes se volvieron locos. Y luego está la historia de Gardel el Gris. Él no era un mago, ni tampoco ninguno de sus hombres, pero quería robarles a los españoles una galera llena de oro inca. Así que él y sus secuaces consultaron a una sacerdotisa vudú que conjuró un perfidio sobre ellos. Pero Gardel fue asesinado durante el ataque al barco, y aunque sus hombres lograron el triunfo al final, no pudieron escapar de la maldición. Teóricamente, se masacraron entre ellos antes de que pudieran dividirse el tesoro. —Hizo una pausa—. No conozco ningún incidente donde los involucrados simplemente hayan perdido la memoria sobre lo ocurrido, pero como les dije, no soy un experto.
Hermione parecía escéptica. —Suena como si fueran leyendas y nada más. ¿Estás seguro que este hechizo realmente existe?
—Es ilegal en los Estados Unidos. Mi madre estudia la historia de la magia negra y sé que ha hecho trabajos en hechizos de esa naturaleza. Tiene un permiso especial del Departamento de Magia para publicar un poco acerca de sus investigaciones.
—¿Es ilegal? —repitió Draco.
—Y mucho —dijo Manny, volteándose a verlo—. Eso no te habría detenido.
—Era por una buena causa —masculló Draco. Al menos, eso pensaba.
—Creemos que existen unas llaves u objetos que están relacionados de alguna forma —dijo Harry—. ¿Sabes qué podría significar?
Manny frunció el ceño. —Bueno, no sé mucho acerca de cómo son conjurados estos hechizos, pero un rasgo común en la magia negra de aquella época era usar posesiones sentimentales o valiosas durante los hechizos, como una manera de atar la magia. En aquel entonces no tenían varitas, así que tenían que enfocar su magia de otras maneras.
—Él mencionó que cada uno de nosotros tenía una llave —le dijo Draco a Harry—. El anillo debe haber sido la de él, y estoy dispuesto a apostar… —señaló el brazalete de su madre, el cual había regresado a su forma original—, qué este es la mía.
—¿De qué están hablando? —preguntó Hermione.
Harry y Draco intercambiaron una mirada. —Hemos estado soñando con Ron —dijo Harry en voz baja—. Y en los sueños de los dos, Ron ha estado… dándonos pistas acerca de lo que ocurrió.
Hermione empalideció y no dijo nada.
—Pero no tengo idea de cuál podría haber sido la mía —dijo Harry—. Yo no uso joyería. Nunca he usado.
—¿Sabes si hay alguna manera de romper el hechizo? —le preguntó Draco a Manny.
Manny negó con la cabeza. —Nunca he escuchado de nadie que lo rompa. Ni siquiera he escuchado de nadie que haya logrado conjurarlo con éxito en últimas fechas. —Arqueó una ceja.
—Deberíamos contarte esto al profesor Snape —dijo Hermione. Todavía estaba pálida y apretaba fuertemente a Cally contra su pecho—. Tal vez él sepa dónde podemos buscar.
—Llamaré a mi madre —dijo Manny, echándole un vistazo a su reloj—. Allá todavía es de noche. Quizá ella sepa qué podemos hacer. O al menos, encontrará fascinante todo este asunto.
—Mientras tanto, quiero que ustedes dos se queden aquí —les dijo Hermione a Harry y a Draco—. Pueden usar la recámara de huéspedes.
—No podemos… —comenzó Harry.
—Reforzaremos las protecciones —dijo Hermione con las mandíbulas apretadas—. Debemos quedarnos juntos hasta averiguar más acerca de este hechizo y cómo romperlo.
—Si es que podemos romperlo —dijo Draco.
Nadie dijo nada después de eso.
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Los esperamos ;-)
Mientras, un beso para ustedes y gracias por leer!
