Hola mis ratonas de campo!

Intro en corto porque tengo que irme, ando a las carreras, pero no quería irme sin dejarles esto :3

Felices vacaciones por cierto! Ya es diciembre! *suena la canción de navidad y los tres Shinigamis salen vestidos de arboles en el fondo* yay!

BTW, busquen el libro que Sophie le dio a Wade. Existe, se llevaran una sorpresa! ;)

Por cierto, creo anda bugeada la pagina de ff net porque no me deja enviar pm, así que les dejo super rápido las respuesta a los reviews!

CHOCOLATTIE

Buenas noches :3 (o días, si lees esto temprano!)

Uff, finalmente, algo de tiempo para responder y leer a gusto, ¿a que no hace falta algunas veces? bueno, comencemos.

Antes que nada, gracias por tu review :3 me encantan los reviews largos, sabes? me encanta que se explayen y mencionen todos los pequeños detalles que voy poniendo, me siento super feliz cuando los descubren :'D

La verdad es que tengo algo por el angst, osea, simplemente me encanta, creo que es una de las formas mas vívidas en las que puedes sacar realmente la naturaleza de un personaje, en este caso, Sophie y Wade. Aparte de que los momentos de angustia acaban siempre con momentos satisfactorios y/o candentes 7u7 así que por mí, que siga el dolor y el sufrimiento!

Broderick y Gibiran son dos personajes distintos xD es que por allí alguien me menciono que eran el mismo y yo así de *brazos en equis* nope! son distintos. Gibiran de hecho tiene unos 28-30 años y Broderick fisicamente tiene 18-19.

Lo que vivieron, en parte, estuve leyendo muchas historias de los sobrevivientes del Holocausto. Muchas de las cosas, exceptuando las presiones, demonios y todo eso, están inspiradas en lo que se vivió en los campos de concentración, y aun así, creo que no llegué a retratar tanto como quería la crueldad que se vivía allí. Y de hecho, el personaje de Sophie está inspirado en Viktor Frankl, por su forma de pensar, de ver al futuro. La verdad si tienes tiempo lee un poco sobre él, sus libros y su biografía, es toda una inspiracion ese hombre.

Wade necesitaba esperanzas, y ella las tenía... *llora internamente* estuve releyendo el capi estos días y DAMN IT! Soy una mala persona :(

Lo de Capitán Cometa fue algo que simplemente brotó de la nada, de esas cosas que dices, NO MAMES! y corres y las anotas porque son geniales XD

"Imagine a Chris vestido de capitán América y a James con un bastón jkjakjka fue mortal, no lo esperaba porque estaban en una situación bastante tensa así que termine escupiendo la pantalla de la risa x'DDDDDD"

Creí que sería la única XDDD

"¿Existe alguien más tierno que él?"

No lo sé, pero necesito un hombre así en mi vida :( por cierto, el libro que lee Sophie si existe, y la protagonista si se llama Sophie XD solo que no quise evidenciar lo obvio XD

"(cada vez que describes sus musculos tengo que flagelarme mentalmente para no babear sobre el ordenador dfdsfsd x'D no se que hare cuando me toque leer lemon, creo que quedaré en K.O X'D)" estoy trabajando ya en algunas ideas y situaciones para que se desarrolle esto entre ellos, tanto entre Sylvette y James como Wade y Sophie, y sí, es una tarea muy agradable sabes? XD

Alice y Wade... sí tenían una relación, pero era algo complicado. O, no complicado, sino muy simple? no sé como explicarlo bien, pero era una simbiósis rara. Wade tiene mucha culpa en lo que sucedió, al menos en parte. Es algo que aparece parcialmente en el otro fic, aunque no se dice explicitamente.

Edrick es una perra XD pero tiene un buen corazón... o, quizás no tan podrido xD ya verás.

"¿Helaaaa?"

Voy a fingir como que no se de que estás hablando XD *corre a su rincón*

"y ademas me estoy flagelando mentalmente porque shippeo a Vetty con Gale JAJAJA bueno, el es muy tierno con ella dsfdsfsd"

No te culpo, aunque quizás comiences a shipearla con alguien más muy pronto ;)

"Por cierto, este capitulo me ha inspirado para dibujar a Sophs (si no te molesta, claro D':), me volveré loca con los ojos, lo se x'D nunca he pintado un iris con tres colores pero fsfsdfsd ¡todo sea por Sophs! x'D"

Adelante! yo encantada de la vida de verlo :D enserio! :3

" estudie diseño y se lo dificil que es armar un portafolio y enviarlo a todos lados fdsfs ¡así que suerte!"

Si, es complicado, pero ya ando trabajando bien en ello, awww :3 gracias por tus buenos deseos chica! que estes bien, nos estamos leyendo!

Besoooos!

ShizuuHimeko

Aww, no tienes que agradecer nada, la dedicatoria es lo menos que puedo poner n.n

Creo que lo cruel y triste hace que percibamos mejor lo tierno, es decir, no que haya que haber crueldad para que se den este tipo de situaciones XD *no me demandes por masoquista* sino que puede que se den más, o que tengan más impacto.

Wade es todo un caballero, con todas las letras XD no tengo nada en contra de James acorralando a Sylvette XD pero creo que la actitud de Wade es más, educada. Wade es el clásico "chico rudo" del grupo que se derrite cuando encuentra a alguien que le importa, creo que eso es lindo.

Extraño el otro fic, no eres la única :( tenía algo único, con la terca y necia de Elisse, y los sirvientes, los malos :( lo extraño un poco, aunque ahora que lo releo, dios santo! Maldita elisse, era super odiosa XD

Hela… fingiré como que no sé de que hablas *corre a su rincón y se esconde*

Christopher necesita amor, eso es de ley XD el pobre capitán cometa necesita ternurita.

Nos estamos leyendo chcia! El pan y el refri agradecen tu amable donativo ;D no pierdas la esperanza en los momentos candentes, se acercan cada vez más jue jue

Un besote enorme! Nos vemos!

NinaVanNina

Pegué tu review en Word para responder más fácilmente y son 4 hojas XD solo tengo algo que decirte: ¡que el siguiente sean 10! Jajaja no cierto, bueno, solo si quieres!

¡Lanzame todas tus teorías! ¡Aquí, en el mero cuello, entre las cejas! ¡Lánzame la mejor que tengas!

Aww mnuchísimas gracias :3 la vdd no creí que fuera a gustar tanto el capi XD creí que me regañarían porque casi no salen James ni Vetty, solo un rato, pero necesitaba contar la historia de esos dos. Es algo importante.

Iré por partes (eso de ir por partes me gusta XD)

Sophie y Wade:

No puedo acreditarme todo el título, recuerdo que mi hermano me dijo algo así y eso se mezcló con un libro de Isabel Allende que estaba leyendo mi madre y salió XD

Wade es un sobreviviente, y en parte, creo que resistió más de lo que cualquiera hubiera podido. Sí, de hecho, ya en poco ahondaré en las secuelas psicológicas, las pesadillas y todo eso, porque no hay forma de salir de eso intacto en ese sentido.

"al pobre lo despojaron hasta de su personalidad, su consciencia, y fue una criatura sumisa porque se había resignado y eso era la única vida que le quedaba. No quiero pensar que hubiera pasado con él si Sophie nunca hubiera aparecido en ese lugar."

Creo que eso fue lo peor. Creo que no debe haber nada peor que perderse a sí mismo :/

Sobre lo que dices de Sophie y su final XD hay algo allí oculto, no diré nada para no hacer spoiler, pero Sophie es/será/sería un pilar si es que MVCSM tiene continuación. Así que no temas… mucho xD

Jillian… diré que tiene algo que ver con Wade, aunque no como crees. No es algo malo, pero tampoco es bueno para ella.

"Me parece que has hecho un gran trabajo contando la relación entre esos dos, es perfecta, no pudo haber sido mejor. Porque terminas conectando tanto con ella como con él y lloras como un desgraciado durante todo el capituloXD "

*se tira a llorar* gracias, es justo lo que buscaba! :'D quería que su relación no fuera solo "somos dos personas atractivas, nos gustamos" sino que hubiera algo más de peso. Lovecraft era orgulloso de su apariencia, de hecho, Elisse incluso lo encuentra más atractivo que Sebastian en el otro fic. Así que verse desfigurado así fue un choque tremendo. Perdió todo eso cuando se vio sometido a la tortura. Y Sophie fue despojada de su virginidad, que si bien en mi opinión no debería tener tanta importancia pero sé que para muchas mujeres es algo super delicado y con mucho peso en su dignidad, además de que era básicamente tratada como una prostituta. Ambos perdieron mucho, la diferencia entre ambos, fue que Sophie pudo decir "esto no va a afectarme". Creo que es algo genial, porque ambos personajes pasaron por cosas terribles, cosas con las que podemos decir "si yo fuera él /ella, me habría dejado morir", pero ambos encuentran la redención a través de la esperanza, el mutuo entendimiento, el cariño, y eso es… ¡AHHH! *explota de la emoción*

Me encanta que noten esto *LLORA* son esas pequeñas moralejas o consejos que me gusta transmitir :'3

Gibiran tiene que morir. Dolorosamente. Violado por cinco burros y dos caballos. No preguntes como, solo di que sí y firma la petición.

¡YAS! La cifra, la cifra es muy importante y eso que dices más. Ella no tenía nombre. Solo era una boca más que alimentar.

Guilly, como dices, tiene un punto de vista muy raro. Me resulta incomodo incluso a mí, pero es lo que esperaría que te dijera alguien que vive así.

"Me gustó que Sophie se ponga a pensar sobre Wade y sus intenciones, y también que ella sienta atracción por él, por sus músculos, ¡Me ha gustado! "

Sophie es un poco más atrevida, por si no lo has notado. Es tímida en ciertos momentos, se cohíbe como todas, pero no es tan cerrada como Sylvette. Me gustaría que fuera más participativa, menos avergonzada de lo que siente y piensa. Que te parece? :3

Al comienzo quería que él le diera un nombre o que él lo sugiriese, pero luego lo descarté. En parte, quería que ella tomará sus propias decisiones, que no solamente Sophie le transmitiera algo a Wade, como la esperanza, sino que él también le mostrase algo. Todos allí la trataban como una mujerzuela, no había respeto por la desnudez o pudor, pero él sí. Lo que Wade le transmite, es que merece respeto, y ser tratada como una dama, hasta donde le es posible. Además, eso le permite a ella tomar decisiones por sí misma, tener control, algo que no tenía hasta ese momento.

Por cierto, el libro que lee Sophie existe XD no te diré cual es, pero búscalo. Te llevarás una sorpresa XD

*Fue muy bonito que Sophie lo cuidara y sintiera ganas de acariciarlo, awwww *suspiro orgasmicoXD**

Creí que era la única que usaba esa palabra de "orgásmico" XD

Los momentos candentes son un MUST de el dolor y el sufrimiento. La verdad no me gusta eso de matarlos sin sentido, creo que todas las muertes importantes deben hacer crecer a los sobrevivientes de algún modo o ser fundamentales para la trama.

La última conversación… no quería hacerla tan dramática, especialmente porque Wade aun no sabía que onda con lo que sentía por Sophie, Sophie, todos sabemos que sobrevivie el juicio XD está en el presente, así que me reservaré el buen drama para más adelante. Y por cierto, en el siguiente capítulo sabrás que onda, como escaparon de la prision, solo diré que no te lo esperas ;) o quizás si, si has notado pequeños detalles, muy pequeños.

La interacción entre los tres compadres:

No sé que ha salido, pero me gusta XD Chris es la madre de ese grupo, solo le falta su minivan, su celular y sus canas (¿?), pero es el más preocupón. Wade es el rebelde con causa, el rudo que en realidad tiene corazón de oro, y James es el misterioso, tranquilo, líder y maestro. Me agrada XD aparte de que como dices, James puede ponerse en la piel de todos, y aunque es egoísta, actúa sabiamente,

"Y aquella misteriosa persona que detuvo a Wade en aquel momento... pensé en Logan pero eso fue al revés, Wade lo detuvo a él. ¿Será algo que todavía no apareció en el otro fic?"

Esa persona ya apareció en el otro fic. Detalles, detalles ;)

Gale y Sylvette:

Gale… no sé como explicarlo. Es un buen demonio. Tiene algunos problemas existenciales, aunque no del todo. Y ahora ya entiendes mejor sus motivos, de él y Edrick. No son malos demonios, quizás solo tomaron malas decisiones. La daga del maestre es más que solo eso jueeeee, aunque no dejes de sospechar de Morati… no es de fiar.

Los sueños de Sophie: si son importantes… pero tu ya sabes la respuesta ;) ya sabes que significan, lo sé XD o al menos, estás bastante segura. No haré spoiler, pero diré que tanto eso, como la persona de rostro cruzado por rayas, es alguien en una celda. Como Wade, por ejemplo.

La mariposa de mensajera! Totalmente, es un detalle super romántico y orgánico de ellos :3

Y sobre quien la envió… ya lo sabes XD para que me hago pato?

Y de hechoe stás en lo correcto, Hela fue hallada fingiendo que era un fantasma, no te falla la mente XD sin embargo recuerda que esta historia se desarrolla casi 2 años antes de MVCSM.

*Me gusta Wade por sus músculos y personalidad pero tengo que admitir que su don para darle apodos a Christopher me tiene a sus piesXD¨*

Tenía rato que quería un personaje así XD es mi sueño hecho realidad! Es como el hermano jodón del grupo XD

Tu mándame tus teorías! Las leere todas :D me encanta eso! No sé *llora de emoción* no me da flojera! Para nada! Yo soy feliz leyendo estos reviews kilométricos :D enserio!

Me despido chica, porque ya es tarde y debo dormir XD nos estamos leyendo! Espero saber pronto de ti!

Nos estamos leyendo, muchas gracias por tu review y tus buenos deseos! Un beso enorme! 3

Hanami565

Aww no es nada, la dedicatoria es lo menos que puedo hacer :3 gracias a ustedes por leer esto y ser partícipes! Si nadie leyera esto, probablemente ya hubiese desistido de escribir.

Tu hermana es de las mías XD a mi igual me gusta mucho el sufrimiento jajaj umm bueno, no el sufrimiento en sí *mátenme por masoquista* sino como se desarrolla el ambiente, los personajes, las relaciones cuando hay momentos dramáticos. Lo drmatico siempre saco lo mejor/peor de los personajes y nos permite conocerlos a fondo, aparte de que cuando alguien que quieres está en peligro o puede que lo pierdas te das cuenta de cuanto te importa.

Que bueno que mencionas que ella no ha leído el otro fic para que me mida con las cosas que digo y no hacer spoiler :3 justo el dia que recibí su review me quede así de "DAMN IT! Creo que la he regado" pero me parece que no, uff!

Alice, Alice, Alice… la relación que tenía Wade con ella es complicada. Ya entenderán mas adelante. Lovecraft tiene muchos fantasmas del pasado que arrastra con él.

Por cierto, el libro que le dio Wade existe ;) búsquenlo por el prologo que lee ella, se llevarán una sorpresa! Al igual que con el rescate, aunque hay algunos detalles muy pequeños regados por allí que les podrían dar una idea de como escaparon juju

Edrick no es un mal demonio XD Gale es un proscrito (y una perra) y su hermana, Arleen, está involucrada muy a fondo con gente con la que no debería ni habla ;) ya verán! Ah, y no confíen en Morati. No es de fiar.

Nos estamos leyendo chicas! Les mando un gran abrazo y un besote! El refri y el pan agradecen su colaboración y su fidelidad lectora :D Oh si! Y estaría super que tu hermana igual se hiciera una cuenta! Es que siento como si estuviera hablando contigo con ella al lado y entonces me siento rara, me gustaría igual leer sus ideas :3 opero si le da pena o flojera XD no pasa nada! Las seguiré leyendo por aquí de todos modos.

Hasta la próxima!

NAKURU

Alguien irá por ellos, ntp! O, quizás no. No sé juju

Si, Sophie sigue allí T.T no quería dejarla tanto tiempo allí metida, pero por el bien del capítulo tuvo que ser así.

Las historias tristes y bonitas son las mejores, insisto :3

Gales no es un mal demonio, pero es medio manco para manejar la situación :v todos lo ignoran al pobre jajaja

Nos estamos leyendo chica! Prepárate para los momentos candentes, se acercan cada vez más! Un besote!

VAKYPANDY PHANTOMHIVE

Hey! Si, tiene un buen que no sabia de ti, como has estado? :D

Lemon? Ya pronto juju, de hecho aun no me decido si meterlo pronto o dejar que pase algo más de tiempo. Aun no se 7u7

"Que Sylvette sufra un Duro contra el muro¡
Un Macizo contra el piso¡
Un Lento contra el Pavimento¡ Y SOBRE TODO, QUE ES LO QUE TODOS ESPERAN:
Con amor contra el refrigerador¡"

Escupí mi café XD

Undertaker en Book of the Atlactic es una COSA HERMOSA! Y SEXY! Desde que leí el manga me orgasmeo con él, asi que casi me dio algo cuando lo vi en motion en la animación Xd

Nos estamos leyendo chica, no te pierdas mucho por el mundo!

QUEEN KUMO

No temais al hiatus! El fic ha vuelto! Espero igual este capi sea de tu agrado! Nos leemos chica, un beso!

YUKI

Te super prometo que todo el dolor será compensado por momentos candentes! Quizás no en el siguiente cap, pero serán compensados juju! Nos estamos leyendo chica! Besos!

ESTRELLITA

Pese a todo pronostico, creo que la personalidad de Chris es muy tierna XD es la consciencia del grupo, sabes? Como que es el único con sentido común xD

En este capi sabrás quien fue el desgraciado que los reveló. Aun hay muchas cosas por contar en esa historia, de Wade y Sophie, así que no les pierdas la pista!

Gibiran morirá. Oh si. O tal vez no. Es un malo muuuuuy malo, y creo me gustaría hacerlo mas malvado *mirada culera*

En este momento me atrevo a decir que estoy mas enamorada de la relación de Wade-Sophie (FellCraft) que de Grimmette XD creo que tienen un transfondo mas profundo, aparte de que Sophie es un personaje importante para la trama ;)

En cuanto a Alice, ya verás ;) ya explicaré mas adelante.

El refri agradece profundamente tus apoyos juju! Los momentos candentes están a la vuelta de la esquina! Y obvio, tengo pensado algo para Chris! ;D

James es sexy, sin importar el contexto XD

Nos estamos leyendo, un besote enorme!

Teddy Bear Moony

El pan es amor y necesita amor!

El color verde es muy ambiguo, osea, respresenta pureza, esperanza, pero igual podredumbre, veneno, malignidad.

Si, eso me agrada al meter otros povs, tienes un punto de vista mas amplio sobre lo que pasa, como lo perciben los demás, y como dices, salen cosas a la luz que no notarias de otra forma :3

Los capis largos son los mejores, a veces XD pero en general, me gusta mas entregar un capi largo que uno sencillo.

Nos estamos leyendo chica, un besote!

Pinkmonster

Yay! Soy la primera en algo, finalmente :D no recuerdo que canción puse al inicio, creo que fue una de Johnny Cash mmm

Oh, por cierto, mientras escribia el cap 21, escuchaba la de Dusk till Dawn y fue asi como que se me hizo pedazos el corazón x.x siento que es perfecta para la situación, y es *se tira al piso a llorar*

Ya pronto se resolverá el buen misterio y verás que onda! Por el momento, te mando un abrazo! Nos estamos leyendo chica!

Catatonic Kitten

Hola!

Oh, no pasa nada! Yo trato de andar al pendiente de los reviews :3 y que bueno que ya estes de vacaciones! Espero que la estes pasando super bien!

Ahora, pasando al fic:

Creo que es un acorde unánime sobre que Gibiran debe morir. Cruelmente. Es un dresgraciado hijo de perra, y lo peor es que no el único que hacia eso. Sophie es un amor de personaje, quería a un personaje que no se quedase "taaan traumado" por lo que sufrió. Ella tiene algunas secuelas, aun guarda algunos traumas, tiene pesadillas (prepárate para las escenas de consuelo y confort 7u7, tanto Sophie-Wade como Wade-Sophie) y todo eso, y no te preocupes, igual me gusta más que Sylvette XD creo que es mas real, mas abierta al mundo.

Tal y como dices, no podría haber hablado con Sylvette de otro modo. Sylvette se muere de miedo por todo.

Busca ese intro del libro! El libro existe, te llevarás una sorpresa!

Wade es el hombre del momento. Lo siento, creo que me he enamorado más de él que de James XD porque sí, James es super misterioso y todo, pero Wade tiene cierta vulnerabilidad bajo esa actitud de chico malo, que me encanta. Además de que como menciones, es todo un cabellero.

"Despues de atar algunos cabos supongo que Claudia fue la persona que los traicionó y los demás murieron por su culpa"

Claudia estás más involucrada en esto de lo que parece.

" A este pobre hombre le pasa todo ¿no crees? lo despojan de su naturaleza, lo ponen en la tumba del silencio, lo atrapan los shinigamis, "lo torturan", su hermano le saca el corazón y los demonios "de su grupo" no lo quieren"

Es como la oveja negra del grupo XD y todos le hace bullying

Nos estamos leyendo chica! Te mando un saludote en asheera jajaja nos vemos hasta la próxima! Un besote!

Halike

Wade, en definitiva, es un pan de dios que no mrecía nada de eso. Ni Sophie. Ni nadie. Pero merecen momento candentes. Oh si, lemon puro y duro 7u7

Los trece tienen algo que no sé que es aun XD no se si porque son "legendarios" o algo así, pero uuf, son orgamiscos XD

Ya el capi esta muy próximo, no desesperes! Ya verás que al final, quizás no tan bien, pero todo se arregla!

Te mando un beso enorme!

Sasori

Oh, no te preocupes por la dedicatoria! Gracias por leer el fic! Te mando muchos abrazos, espero te guste el siguiente capi! :D

Rise

Demonios! Yo quería saber el sufrimiento, ya ni modos u.u XDD

Claudia es un perra. Al igual que Gale. Pero Gale es una buena perra, se le perdona XD aparte su hermano es sexy y malo.

Wade molesto es de las mejores cosas de la vida *ruidos de ballena agonizante* y Christopher es un amor, James es un tremendo pillo, que puede ser un poco egoísta, pero se preocupa por los demás. Gale es como la oveja negra del grupo a la que todos bulean y Gibiran… pues la vdd no pensaba en él tan atractivo XD quizás ¿experimentado? Gibiran tiene de 28-30 años, aunque pienso en el como un don barbudo, prolijo y muy malo. Así que quizás de alguna forma sea guapo XD

Las mariposas negras son hermosas! Por mi casa había muchas, pero creo que las fumigaron o algo, porque casi ya no hay :'v

Ahora que lo pienso, no estoy segura de qe haya mujeres Shinigami, pero me parece que no *pensativa* creo que los que salieron en el arco de la bruja verde eran solo hombres. Pero no se :'v no me juzgues!

Te mando un gran abrazo, y espero que estes bien! Y no pasa nada, tu babea con todos XD nos leemos chica!

BlueBunnyEr

Oh, de nada, me gusta entregarles capis largos, sobre todo cuando se me va la olla y no escribo nada como en un mes :'v

Sophie es un amor de personaje! Creo que se ha convertido en mi OC favorita! *Sylvette lo siento pero eres un poco cobarde XD* además de que gracias a ella nuestro sexy Shinigami malote ya no es tan malote, tuvo esperanza, quiso salir de allí… no, no estoy llorando. Tu estás llorando.

Por un lado, tenía la sensación de que debería desarrollar mas su relación en el presente, pero hace ratito caí en cuenta de que ya esta super desarrollada en el pasado *brinca de alegría*

FellCraft creo que es hasta ahora la pareja mas "realista" por así decirlo XD él se preocupa por ella, ella por él, se tratan como amigos, pero en el fondo sienten algo más por el otro. Además como dices, Sophie es más abierta, más atrevida. Esta más consciente de sí misma, de lo que le gusta, como espiar a Wade, zorrearlo mientras se ejercita 7u7 como dices, es algo que haríamos todas! XD es un personaje que me gusta mucho, porque rompe con ese estándar de la chica sumisa que no tiene idea de que hacer en ese tipo de situaciones.

Oh y si, habrá lemmon en este fic 7u7 asi que no desesperes jue jue

Nos leemos chica un besote! Gracias por leer ;D

M. Ephemere

Jajaja yo igual creí que este fic sería más cute XD pero nel, mi amante del gore y el sufrimiento interno salió a relucir y pff! Que mas te puedo decir?

Awww *se muere* gracias por ser una ratona de campoooo! :'D estoy muy contenta, de verdd, sobre todo porque hace poco alguien me envio un PM diciéndome que esto era una porquería, que ni trataba del fandom, y yo asi de dude! Es una precuela a un fic! ._. pero bueno

Ah ah, por cierto, este fic es una precuela a MVCSM, antes de que Elisse cobre su venganza y todo esto. Al mismo tiempo,tengo planeado que este fic alcance los acontecimientos del otro… y luego ya veremos. Pienso en uan continuación, pero aun no estoy segura.

Nos vemos chica! Nos estamos leyendo! un beso!

Fantasmin

*se come la galleta* perdón, es que me dio miedo y no pude evitarlo :(

Wade, deberíamos encerrarlo en uan cajita, lejos de los Inquisidores, la maldad y el mal, que no sufra más. Ni el ni Sophie *llora*

Pero, como siempre digo, los momentos candentes harán que todo esto valga la pena, oh si! 7u7 amor puro y duro contra el muro! Ya verás que todo saldrá bien… creo XD

*mirada pervertida* no me des ideas 7u7 ya estoy muy tentada

La mariposa tiene que ver, obviamente, con los Shinigami, pero no desesperes, la respuesta es casi obvia XD y si no, ya pronto lo sabras *rie malignamente* además de que tanto esta involucrado nuestro querido (y sexy) James en esto. Ese cuate sabe más de lo que creemos.

El pan y el refri agradecen tu amable donativo :3 estaremos al pendiente del pequeño fantasma!

Muchísimas gracias por el review, nos leemos pronto!

Alois

Aww, me siento un poco mal por hacerles sufrir tanto a todos T.T, pero era necesario. El pasado se Sophie y Wade es importante.

De lo que dices de la presión xD de hecho pensaba algo como lo contrario, osea, la presión usualmente la utilizan para tener un mayor umbral de dolor, entonces como que en cierto modo bloquearía las sensaciones físicas que perciben, ¿no? Entonces cuando estén asi en confianza, con una persona en la cual verdaderamente confían y aman, podrían bajar su presión, de modo que pudieran sentir como un humano, estar mas ligados íntimamente a la otra persona. No sé, creo que es algo romántico, porque los pondría en una posición mas vulnerable, pero igual más confiada, porque confían en la otra persona, no sé, que re parece? :3

Te mando un gran saludo, nos estamos leyendo! Besos!

Fuwa

Aww que bueno que te haya gustado el capi y muchas gracias por tu review! :3

BINGO! La idea de la tumba del silencio está directamente inspirada de la entrevista con el vampiro. Me pareció algo super original y cruel la primera vez que lo leí, y desde eso no he podido sacármelo de la cabeza y necesitaba usarlo jaja

Undertaker, como siempre he dicho, sabe más de lo que dice XD así que al igual que Morati, no confies del todo en él.

Y no te preocupes, habrá lemmon, mucho, de puro y el duro 7u7 jujue así que espéralo! Serán algo distintos al abuso de Elisse XD jajaja pero prometo momentos candentes

El agua en sí tiene un peso simbolico en este fic. Sophie también habla antes de estar mirando desde el fondo del agua hacia arriba. Así que no son ideas tuyas XD

Nos estamos leyendo chica! Gracias por tu review! Besos!

Sin mas que decir chicas, les dejo con el capi!

Al fic!

21

En el Jardín de las Bestias II

Hay odio en mi interior, como alguna especie de amo.

Trato de salvarte, pero no puedo hallar la respuesta.

Me estoy aferrando a ti, nunca te dejaré ir,

Te necesito conmigo mientras me adentro en las sombras.

Shadows – Red

o.o.o

-No me esperes…

Dijo esas palabras mientras la arrastraban fuera de la celda. Aun tenía las mejillas rojas por los golpes, la ropa desgarrada y sucia desde el día que nos atraparon, pero, aun así, manchada de sangre y barro, resplandecía como siempre lo hacía, como si las tinieblas que ansiaban devorarla realmente fueran incapaces de tocarla. Pese al miedo que estrangulaba su voz, había en ella esa inquebrantable voluntad que demostraba todo el tiempo.

-Sophie… -la llamé, pero no me escuchó. Tampoco hablé tan fuerte, no podría haber hecho algo más con los seis supresores que comprimían cualquier intento de oponer resistencia. Me dolía el pecho por el simple esfuerzo de respirar. Sin embargo, en ese momento, no era la falta de presión lo que me comprimía por dentro.

Giró, dándome la espalda, sin oponer resistencia ante sus captores. Se movió ingrávida, tan lento que podía percibir cada uno de los movimientos de su cabello, de sus manos, sus pies entumecidos por el frío, el último destello de sus ojos caleidoscópicos que se resistían a llorar porque ella siempre había sido fuerte, porque no se hubiera permitido a sí misma que la vieran caer.

Quizás porque había aceptado que no saldría con vida de esto.

Con los ojos cerrados, traté de convencerme que estaba bien todo. No le harían daño. Quizás la flagelarían, les encantaba hacer eso y era su castigo usual para cosas como estas. No, no lo era. Escapar no merecía unas cuantas docenas de latigazos. Pero no quería pensar en lo peor.

Mierda, esto era absurdo.

Yo sabía que era lo peor. Sabía que era lo que probablemente le esperaba, y aun así no quería aceptarlo.

Había visto a otros marchar a su juicio, sabiendo que no volvería a verlos jamás. Yo mismo había aceptado, mucho tiempo atrás, que la única forma de salir de aquí era en pedazos, si es que lo lograba, porque realmente no esperaba salir de aquí. Los pocos compañeros que logré hacer, a todos ellos los vi marchar a su final con los ojos fríos, casi a punto de explotar por la impotencia.

Vi morir a mis hermanos. Lo vi morir a él. La vi morir a ella. En ese entonces, si bien había aun en mi ese espíritu de lucha, de algún modo, me sentía resignado a la muerte. Creo que, desde ese entonces, algo en mí murió con ellos.

Yo había perdido más de lo que nadie podría soportar, y creí que las perdidas jamás me afectarían de nuevo, pero si era así, ¿entonces por qué me sentía tan miserable al pensar que iban a matarla?

¿Por qué sentía que a ella simplemente no podría dejarla ir?

El repiqueteo de las cadenas me recordaba que no servía de nada que agitase los brazos. No habría forma de que hubiera podido caminar, pero en ese momento ni siquiera lo pensé.

Pero no podía dejar de pensar en su juicio…

No podía dejar de pensar en ella, rodeada de Inquisidores, mientras dictaban su sentencia.

De repente, la puerta volvió a abrirse, esta vez, del lado de mi celda. Miré, girando completamente el rostro, ya que la persona había entrado del lado cubierto de mi rostro.

La castaña mujer, una Inquisidora alta y delgada, revestida en su maldito traje negro de asesina, sostenía un manojo de tarjetas que usaban como llaves para abrir las puertas y las esposas. Detrás de ella, seis de sus guardias, vestidos de la misma forma, cargaban esposas, cadenas y ese condenado bozal que colocaban en mi boca como si fuera un animal.

-Giselle –dije, reconociendo su rostro alargado y su cabello corto y ondulado. Giselle tenía la apareciencia de una mujer recién salida del manicomio; los ojos muy grandes, que se veía más grandes por sus pestañas erizadas, la nariz pequeña y puntiaguda, la boca amplia, siempre pintada de rojo. Podría haberla considerado linda, de no tener siempre esa expresión de haber inhalado mercurio en polvo. Y de no ser una maldita psicópata.

-Pero que recibimiento tan frío, Lovecraft –dijo, emitiendo una sonrisa que trataba de ser seductora. Echó un vistazo a las cadenas- ¿Por qué siempre que nos encontramos estás atado a algo?

-Porque si no fuera así… ya te habría arrancado el hígado por la espalda…

Su sonrisa se amplió aún más.

-Supongo que así es como tienen que ser las cosas –se volvió hacia los guardias, con esa actitud petulante que siempre ostentaba-. Átenlo bien, asegúrense que no pueda moverse.

Los guardias se adelantaron hacia mí, sosteniendo el bozal y las esposas. Se colocaron a mis costados, abriendo los cerrojos de las cadenas que me sostenían en el aire, y cuando ya no hubo nada que me sostuviera, caí de boca contra el suelo. Ninguno de ellos se habría metido en mi camino para sostenerme, y no es como que tuviera muchas fuerzas. La diferencia era que antes, este tipo de cosas me daban igual, pero ahora me causaban tanta rabia que apenas podía tolerarlas.

- ¿A dónde demonios… me llevas? –pregunté, aun con la cara contra el suelo. Los guardias se movían a mi alrededor, esposándome. Las suelas de sus zapatos me cubrían el campo visual, pero aun podía ver la turbia sonrisa de Giselle.

-A tu palco de honor –susurró con tono viperino, sus ojos resplandecientes de malignidad-. Tienes invitación especial para presenciar un juicio.

o.o.o

La sala era una de esos cuartos de control, donde una pared entera era una pantalla y estaba rodeado de pantallas más pequeñas, sobre una mesa llena de controles, botones y palancas que no tenía idea para que servían. Quizás habría prestado más atención a todo eso, a las luces blancas, que resplandecían sobre mí, sobre la pared opuesta a la pantalla más grande, a la cual fui encadenado apenas llegamos. Debería haber visto todo eso, pero no podía quitarle los ojos de encima a la pantalla del frente.

Sentí que el estómago se llenaba de bilis, subiendo y amenazando con hacerme vomitar maldiciones e insultos, mientras que todo el resto de mi cuerpo lo sentía abrasado por el frío cortante de la impresión.

En la enorme pantalla, Sophie estaba de pie, enfocada de espaldas, y frente a ella, sentados en unos altísimos muebles de madera negra y cojines, se encontraban las principales autoridades que dirigían aquella base del demonio. Reginald Petrov, el Rector de la base, sus dos generales, Misha y Olya Slava, dos mellizos rusos con la misma cara de estar oliendo mierda todo el día, seguidos de sus capitanes, un sujeto que no conocía, dos mujeres cuyos nombres no lograba recordar, Jessica Mcmichael, Christina Archibald, Edward Marvel, Brenda Collins y, mi persona menos favorita del mundo.

Gibiran J. Vine. Ese maldito hijo de puta…

Me sacudí, con toda la fuerza que tenía, tratando de liberarme, sin embargo, no había nada que yo pudiera hacer contra los supresores. Con todos los dientes apretados, traté de calmarme, de recordarme que no debería pensar en lo peor, y al mismo tiempo, tratando de pensar en lo peor, de convencerme de que, una vez que Sophie se hubiera ido, realmente, yo volvería a lo mismo.

Estaba acostumbrado a eso, ¿cierto? Realmente al comienzo, odiaba que hablara sobre el futuro, el maldito océano, que fuera tan optimista sobre el mundo. Yo sabía que en ese sitio no había más que perdición, más que odio.

"Aquí se entra por la puerta y se sale por las chimeneas", les decían a todos al llegar. Aquellos que no podía trabajar eran puestos a disposición de los demás demonios, o simplemente ejecutados y convertidos a cenizas en el incinerador. Jamás se lo dije a Sophie, pero más de una vez me tocó sepultar decenas de cadáveres, de conducirlos yo mismo a las salas de ejecución, porque se comportaban mejor con un "compañero". Los veía llegar, marchitarse y morir. No deseaba depender de nadie, nadie debería importarme porque así era mejor.

Yo no quería que ella me importase…

De pie, le ataron las manos alrededor del poste, de modo que no pudiera moverse ni girar. Reginald dijo algo, lo murmuró, no entendí. Luego se puso de pie, dio un golpe con el mallete y abandonó la sala, seguido por Olya y Misha. La sesión había finalizado, y por lo visto, milagrosamente, Reginald optó, por primera vez en mucho tiempo, por la flagelación.

No puedo decir que me alegré; los latigazos eran algo insoportable, y no me imaginaba como quedaría la piel de mi amiga luego de que esos brutos aplicaran la sanción. Se me revolvía el estómago, pero podía con ello. Estaría bien. Ya la había cuidado una vez, ya la había ayudado a recuperarse antes, y lo haría de nuevo. Ella estaría bien, estaría viva.

Creí que podría tolerarlo, creí que lograría soportar aquello, verlos destrozándole la espalda.

Pero Gibiran se puso de pie, y mientras Jessica le abría el vestido por el medio a Sophie, dejando la piel blanca de su espalda al descubierto, le quitó el látigo a Brenda de las manos, haciéndole un gesto de aprobación. Ella se lo entregó.

"No te atrevas…" pensé, sin poder dejar de mirar al bastardo rodeando a mi amiga, que lo observaba por sobre su hombro. Le dijo algo, extendiendo el látigo con una mano, mientras que, con la otra, delineaba lascivamente la línea de la espalda de Sophie. "Te meteré esa mano por el trasero, un día…" pensé de nuevo, sintiéndome corrompido por el asco.

Sophie temblaba, temblaba aterrorizada, pero sus ojos brillaban feroces y desafiantes. Una parte de mí, admiraba eso. Otra, quería gritarle que bajara la cabeza y no luchara más. Que solo conseguiría que su castigo fuera peor. Que así era como me habían desfigurado a mí.

-Supongo que querrás escuchar esto… -dijo Giselle, a un lado mío. Apenas pude mirarla acercarse a la mesa de control, y oprimir varios. Un zumbido llegó, desde las bocinas, seguido de algunas palabras que no pude entender, pero, en definitiva, era Gibiran hablando.

Dio un paso atrás, tomando impulso, y lanzó las brutales colas del látigo sobre la espalda de Sophie.

Creí que estaba preparado para escucharla gritar. Creí que lo soportaría, aun cuando sabía lo inaguantablemente doloroso que resultaba ser golpeado de esa manera. Sin embargo, el grito que escapó de boca me dejó helado de pies a cabeza, solo para sentirme hervir en odio medio segundo después.

Me sacudí encadenado, gruñendo entre dientes mirando al bastardo Gibiran rodearla mientras consideraba donde atestar el siguiente golpe. Sophie se arqueó al sentir las colas desgarrándole la piel, la sangre parecía fosforescente en su espalda pálida y pequeña. Me sentía enfermo. Sentía que estaba tan tenso que me podrían haber roto de solo tocarme, con los dientes apretados y las uñas casi cortándome la piel.

-Lord Reginald me dijo que pensó originalmente en diez azotes –murmuró Giselle. Podía sentir su maldita mirada clavada en mí. Gibiran volvió a tomar impulso, y esta vez, las colas se hundieron en la piel suave de su cintura. Casi pude escuchar la piel arrancarse de su sitio, únicamente sofocada por el grito exasperado de Sophie. Comencé a hiperventilar-. Pero quizás lo convencí de que fueran veinte…

Aquello fue lo único que pudo arrancarme los ojos de la pantalla. Ni siquiera el siguiente alarido de mi compañera pudo regresarme a eso. Era como si toda mi presión, aun contenida, se hubiera reventado, calentándome las manos y el estómago con el fuego que solo la rabia puede tener.

No sabía que decirle, no sabía si maldecirla, si era una de sus malditas bromas o solo jugaba conmigo. Sentí que podría haberla hecho pedazos solo de mirarla, pero ella no se movió ni un solo centímetro. Muy al contrario, me sonrió, como solo los demonios saben hacerlo.

-Yo siempre gano, Lovecraft –musitó, con una voz seductora que no pertenecía a ella. Fue un sentimiento extraño; creía reconocer esa voz. Por unos instantes, la observé, confundido e iracundo, hasta que ella pronunció la siguiente frase-. Te dije que jamás te dejaría ir…

No hay manera de describir lo que sentía, salvo ese momento en el cual entras al agua helada, el frío corrompiendo el calor de tu cuerpo con tal violencia que casi sientes dolor. Escuché a Sophie gritar de nuevo, pero no fui capaz de mirar a la pantalla. Los ojos oscuros de Giselle ya no eran pardos, sino violetas, de alargadas pupilas felinas, y su largo rostro perdió longitud, hasta ser un óvalo perfecto. Su piel se volvió cetrina, como si estuviera eternamente enferma de la peste, y al ver su cabello, café, corto, caer tras de ella largo y rubio y ondulado…

La reconocí al instante, mientras que, en mi mente, recuerdos salvajes y desalentadores volvían a mí…

Recuerdos de cuando… cuando mi hermano y yo éramos felices. Cuando aún había iniciado nuestra vida inmortal, y las posibilidades se abrían ante nosotros…

Cuando aún nos unía la sangre y el amor fraterno…

Antes de que esa oscuridad abriera un abismo entre los dos…

La ira violenta me sacudió desde dentro, la poca presión en mi salió disparada con tal fuerza que sentí los supresores vibrando sobrecargados contra mi piel.

- ¡IRINA…! ¡TU, MALDITA PERRA! –gruñí, lanzándome inconscientemente hacia ella, la sangre me fluía como veneno por el cuerpo- ¡¿Qué demonios haces aquí?! ¡¿Qué demonios quieres?!

- ¿Sabes? Luego de que me sepultaste bajo Notre Dame en ese ataúd, esperaba que lo primero que me dijeras fuera una disculpa –ronroneó, acomodándose el maldito cabello detrás de la oreja-. Pero, claro, tú no eres así. Nunca fuiste así. Siempre fuiste un chico malo… Y ahora estás molesto.

- ¡No tienes idea…! –estaba furioso. Quería matarla con tantas ansias que habría intercambiado eso por mi libertad- ¿Cómo demonios lo hiciste? ¿Cómo fue que nadie te descubrió?

-Los Inquisidores no son tan expertos como ellos creen –dijo, jalando la silla que yacía frente a la mesa de control, dejándose caer con gracia, cruzando una pierna. La habría encontrado realmente atractiva, pero la conocía desde mucho antes. Aquella demonesa era una criatura peligrosa, de mente retorcida y planes que, aun después de un par de siglos, no he logrado comprender del todo. Era, con todas sus letras, una demente-. Aun les falta mucho por mejorar. Ni siquiera se dieron cuenta del momento en el que devoré el alma de esa tal Giselle. Era una niña insípida, por cierto, no la extrañaron mucho… Pero no esperé todo este tiempo para hablar de niñas tontas; tu sabes porque estoy aquí. Necesito algo. Y tú sabes que es.

-Voy a responderte exactamente lo que tú nos dijiste hace mucho tiempo –mascullé, aun apretando las muelas y todo el cuello, mirando a sus ojos violetas de demonio-: Vete al diablo, tus problemas no son mis problemas…

Sacudió la cabeza, como alejando un mal pensamiento.

-Supuse que no lo harías por mí –ladeó la cabeza, como una niñita- ¿Qué tal por ella?

Un nuevo grito brotaba de la boca de Sophie; por unos instantes me había olvidado de ella. El sonido me desgarró el alma, y busqué su rostro en la pantalla, encontrándola abrazada al poste, con la espalda tan desangrada que apenas podía ver su piel clara bajo la sangre…

- ¿No te gustaría que saliera de aquí? –preguntó, dulcemente. La miré desesperado; quería creer que era una mala broma, pero… maldita sea… la simple idea de pensar que ella, que Sophie podía salir de ese infierno me causaba ansiedad-. Ellos aún creen que soy Giselle, y Giselle era la mensajera de Reginald. Un mensaje mío, y podría ponerla en una posición en la que escapar le resultaría muy sencillo.

Apreté los ojos, sacudiendo las ideas idealistas de mi cabeza.

- ¿Por qué querrías salvarla…? –pregunté a media voz. La falta de presión me carcomía las extremidades, aun en la base cerrada, el frío del invierno calaba por los suelos y las paredes- ¿Por qué querrías ayudarla?

-No quiero ayudarla –respondió, con una mueca clara de asco-, no es más que otra niña ridícula en mi camino. No me importa lo que le pase. Pero sé que te importa, y te importa lo suficiente como para resguardarla de todos los demonios que podrían hacerle daño, y comportarte como el caballero que eres cuando una mujer en verdad tiene un lugar en tu corazón.

Aquello me sorprendió; nadie sabía lo que pasaba o no dentro de esa celda. Yo nunca había tocado a Sophie, y fuera de la celda, jamás la traté como si fuera especial, o como si fuera algo más que una más de las mujeres u hombres que caían en las profundadas de esa fosa de perversiones.

¿Cómo podría saber ella lo que pasaba, lo que yo sentía…?

- ¿Qué demonios sabes tú…?

- ¡Oh! –exclamó sonriendo traviesa-. Quizás deberías haberle dicho a la pequeña Sophie a no hablar de sus confidencias en las cocinas…

No entendí a qué se refería, al menos no hasta que volvió a cambiar, su cuerpo menudo se hinchó hasta adquirir las formas, el color de piel y el cabello oscuro y rizado de la jefa de cocinas de Sophie, Guilly…

Era la única persona con la que Sophie hablaba, fuera de la celda…

La única que accedió a ayudarnos a escapar, con la condición que buscaríamos ayuda y volveríamos por ella…

Irina sonrió, volviendo paulatinamente a su forma rubia y esbelta, y fue como si la muerte personificada me enseñase todos los dientes, presumiendo su larga lista de condenados a morir.

Entendí, entonces, que aquella enferma demonesa…

Ella…

-Tu… -un rugido bestial se me escapó de entre los dientes, sacudiéndome desesperado como si realmente pudiera romper esas cadenas. Maldita sea, ¡la mataría! La mataría y no me sentiría mal por ello. Ni siquiera Sophie me detendría, ni siquiera mis deseos de ser mejor- ¡Tú nos delataste! ¡Tú… maldita hija de puta! ¡Tú planeaste todo esto…!

-No fue la idea inicial –dijo, una pequeña sonrisa apareció en sus labios, ¡diablos, quería arrancarle los dientes de uno a uno! -. Realmente quería salvarte, Lovecraft, y también quería tu ayuda. Al comienzo pensé en ofrecerte una muerte digna, a cambio de tu ayuda, pero cuando apareció esta chica… -se echó a reír, entre disgustada y sarcástica-. No lo noté, no al comienzo. Creí que era una más. Pero luego de escucharla, sobre lo "preocupada que estaba por ti", "la relación tan especial que había entre ustedes", lo supe… En verdad te importa, ¿no es cierto? Si pudo sacarte de ese estado tan sumiso, si pudo devolverte la fiereza, tiene que ser muy especial para ti.

-No te atrevas a involucrarla en ninguno de tus ardides retorcidos, Irina –amenacé, tratando de sonar lo más intimidante posible, lo más real-. Te perseguiré por toda la eternidad si lo haces…

- ¡Oh, no! Créeme, lo menos que quiero es estar cerca de ella –murmuró, dando manotazos al aire-. Mi propuesta incluye alejarme lo más posible de esa simplona.

- ¿Propuesta?

-Tu sabes lo que busco –ronroneó, mientras la sala se llenaba con otro grito de Sophie. Sentí el corazón apretado contra mis costillas, pero ella sonrió-. El pequeño tesorito que tú y tu hermano escondieron hace años. Lo necesito.

Entorné los ojos, tenía que ser una broma, tenía que estar loca para pedirme eso…

Mi hermano había sido nombrado protector de una antigua reliquia; no solo los Shinigami contaban con eso, sino también los ángeles.

Decírselo… era traicionarlos a todos…

-Sabes que yo no lo tengo… -tragué saliva; necesitaba sonar lo más convincente-. Sabes que fue mi hermano quien…

- ¡Oh, corta esta mierda, Lovecraft! –espetó frunciendo la nariz, descruzando los brazos como si pudiera hacer pedazos el aire. Dio un paso al frente, alzándose en las puntas de los pies para alcanzarme el rostro- ¡Puede que hayas engañado a todos, pero yo sé la verdad!

- ¿Qué verdad? –busqué algún atisbo de duda en sus ojos, fingiendo que no sabía a lo que se refería.

-Ese interesante plan entre tú y "él" para mantenerlo oculto…

-No sé de qué estás hablando… Era él quien sabía la ubicación…

Sus ojos se oscurecieron, su cara de muñeca diabólica se volvía aun más siniestra, y supe que había hecho mal.

-Si me haces decirlo, ordenaré que la azoten diez veces más… -murmuró, furiosa, y señaló el intercomunicador que reposaba sobre la mesa de comandos.

Tragué saliva, mientras veía a Sophie a través de la pantalla. Parecía como si le faltasen las fuerzas…

Hacía mucho tiempo que no me sentía así de impotente…

Volví los ojos a Irina, preguntándome si debería confiar en ella. Aquella demonesa no era de fiar, yo lo sabía. Había caído mil veces en sus trampas y no sabía si debería creer en sus palabras, porque un noventa por ciento de las veces, no decía la verdad…

Pero, ¿Qué si esta vez sí? ¿Qué tal si esta era la excepción?

¿Dejaría morir a Sophie? ¿Le negaría la posibilidad de ser libre por mi paranoia? ¿Por proteger aquella vieja reliquia que casi no podía recordar cómo se veía?

La escuché jadear de dolor una vez más, y ahora cayó de rodillas al suelo, apenas se podía mover.

-Hazlo, Lovecraft, y todo acabará –repitió Irina, como la voz de una maldita sirena asomándose a un barco a la deriva-. Ella saldrá de aquí, y tú y yo iremos juntos a buscar la reliquia.

Todo lo que yo quería, era que ella viera el océano… quería que fuera libre…

Miré a Irina, desafiante.

-Pruébalo, prueba que te harán caso.

Ella levantó una ceja, dudosa, pero obedeció. Caminó hacia el comunicador, y lo sostuvo junto a su oreja.

-Gibiran, ¿me copias? –dijo, fingiendo con sus poderes demoniacos la voz de Giselle. Por un momento, me pregunté cuántas almas habrían devorado, cuantos tratos habrían llevado a cabo, engañando a las pobres víctimas con la voz de sus familiares fallecidos.

Hubo silencio, y luego un pitido.

-Te copio, Giselle, ¿qué sucede? –respondió Gibiran. En la pantalla, sostenía el látigo con una mano y el comunicador con el otro, mientras caminaba por la sala. Podía ver las salpicaduras de sangre en sus brazos, en su ropa.

-Lord Reginald acaba de comunicarse conmigo –continuó ella, apoyándose contra la pantalla-. Me dijo que detuvieras los azotes; que esperes un momento, posiblemente haya una nueva orden.

El idiota ni siquiera titubeo, confiaba ciegamente en su "compañera". Miró a Sophie con desagrado y dejo el látigo sobre una de las mesas.

-Entendido, espero indicaciones.

Irina cortó la comunicación, y me miró satisfecha.

-Déjala ir… -gruñí, intentando no verme tan aliviado como en realidad estaba-, o no hay trato.

Pero la demonesa se echó a reír, cubriéndose los labios con su mano.

- ¿Crees que soy estúpida? Vas a decirme donde está, y luego, la dejaré ir…

-Está en Alemania, en una vieja ca—

- ¿Una vieja capilla? ¿De verdad? –estaba perdiendo la paciencia, tamboreaba los dedos rítmicamente contra su brazo-. No me hagas preguntarte de nuevo. Si no me dices donde está, atente a las consecuencias.

Respiré profundamente. Irina sonrió.

Sophie respiraba errática, débil. La situación era tan familiar que dolía, solo que, en mis recuerdos, aquel que debería tomar una decisión no era yo, si no James. Entregar, igualmente, una reliquia, o ver morir a alguien que apreciaba…

Aquello no era difícil para él; James, maldito desgraciado sin corazón, era el único capaz de amar más a uno de sus malditos proyectos que a una persona.

Pero yo no…

Apreté los ojos con fuerzas, pedí el perdón que jamás podría tener, y miré a Irina a los ojos.

-En Toscana, bajo Santa Maria Assunta… -le dije-. En el primer nivel, justo a las columnas de la izquierda. Justo debajo, se encuentra la reliquia.

- ¿Santa Maria Assunta? –preguntó, incrédula- ¿No es ese el lugar donde nos conocimos?

No respondí, solo me dediqué a mirarla, despectivo, preguntándome como pude haber tenido sentimientos por ella en el pasado…

Irina caminó hacia mí, rozándome el pecho con la punta de su dedo, hasta alcanzar mi barbilla.

- ¿Cómo sé que no mientes?

-Porque sabes que no la pondría en peligro –confesé, sin quitarle los ojos de encima. Quería sonar despectivo, pero la debilidad causó un efecto distinto en mi voz, que ella percibió quizás como melancolía-. Tal y como, en su momento, habría hecho lo que fuera por protegerte.

Sonrió aún más, complacida por la respuesta.

- ¿Vendrás conmigo entonces? –insistió, paseando su mano por mi torso descubierto, sus ojos mirándome descaradamente- ¿Cómo en los viejos tiempos?

-En cuanto la dejes ir, será como si nada hubiera cambiado.

-Eres todo un caballero, Lovecraft –ronroneó divertida, coqueta. Irina era hermosa, ese era el anzuelo perfecto, y lo usaba con absoluta maestría-. Siempre poniendo el corazón por encima del deber, eso siempre me gustó de ti. Tu hermano era un soldado, pero tu… tu siempre fuiste un rebelde…

Sus palabras me desagradaban, más de lo que podía fingir.

-Ya tienes un trato –gruñí-. Cumplí mi parte. Cumple la tuya.

-A la orden, "capitán" –murmuró burlona, apartándose de mi al tiempo que se echaba el cabello sobre el hombro. Tomó el intercomunicador, sentándose en el borde de la mesa, mirándome de arriba abajo, como deleitándose el haberse salido con la suya-. Gibiran, ¿me copias?

Busqué al aludido en la pantalla. No tardó en salir de entre las mesas, se había quitado el traje negro, y ahora, reemplazó la camisa por una simple remera oscura.

-Te copio, Giselle, ¿Qué sucede? –preguntó al momento que tuve el comunicador en las manos.

-Lord Reginald acaba de transmitirme sus órdenes –me miró de reojo, con una media sonrisa en sus labios-. Toma a la chica… y mátala. Ahora.

- ¡NO, IRI…! –reaccionó demasiado rápido, demasiado para que pudiera verla con mi presión. En un instante, su mano se hundió entre mis costillas, destrozando el esternón a su paso, y retorció mi corazón hasta que me fue imposible hablar. El dolor de las astillas clavándose en mi carne era aún peor que el de los huesos rotos, peor que el de sus dedos apretando mi corazón.

La miré desesperado, las preguntas como metralla en mi cerebro, daban vueltas y sus afilados cortes querían hacerle daño. Irina me observaba sonriente, como si hubiera arrinconado a un pobre perro sin que este se diera cuenta, llevándolo engañado a su muerte.

-Entendido, ¿algún modo en especial? –preguntó el maldito.

-Sé creativo –sugirió ella, aun con sus uñas perforando mis venas, mi corazón. Los latidos apretujados me hacían ver borroso, debió reventarme el estómago, porque la sangre brotaba a borbotones por mi boca-. Su amigo, el Shinigami, está mirando en la sala de control. Asegúrate que disfrute el espectáculo.

-Entendido –dijo, con el mismo tono diabólico de Irina, y cuando la comunicación se cortó, finalmente me soltó.

Estaba temblando, mi presión estaba demasiado suprimida para recuperarme, aunque no moriría. Había pasado por peores cosas, y desgraciadamente, eso no me mataría…

Pero no me preocupaba eso, en esos momentos…

-Irina… -jadeé, incapaz de controlar mis temblores, la rabia que me poseía, mientras ella se limpiaba la sangre en mi costado-. Está… está en Toscana… te juró que… está en Toscana…

-Lo sé –dijo despreocupada-. No ibas a arriesgarla, tal y como no me arriesgaste jamás a mí. Eres… el sueño de toda mujer, Lovecraft. Es una lástima que siempre fuiste solo eso, un sueño que nunca se volvió realidad porque te aseguraste de decepcionarlas a todas. No sirves como líder, ni como hermano, ni como amigo ni amante… Eres una cosita rota y sin remedio, y ahora, ni siquiera servirías como Shinigami.

Pasó sus dedos sobre el ciego, levantándolo lentamente, sin que pudiera detenerla. No sabía a qué se refería, hasta que me tocó la piel cicatrizada del rostro. En sus ojos violetas, vi mi propio rostro, el resplandor rojo sangre que destellaba sediento de muerte, en donde debería haber una cuenca vacía…

-Siempre me gustó más imaginarte con los ojos rojos, ¿sabes? –su cruel mueca, la sonrisa satisfecha. La misma que vi… ese día… el día que pusieron "esa cosa" en mí, en mi cara. El día que infectaron mi presión con esa oscuridad…-. Cuando lo sugerí, nadie opuso resistencia. Todos querían ver como reaccionaba tu presión –estaba tan eufórica que me abrazó, empapándose de sangre. Sentí que el mundo se venía abajo, que me hundía en una espiral, donde no tenía control de nada, de nadie. Donde no podía protegerme, ni a mí, ni a Sophie… - ¡Que emocionante, Lovecraft! ¡Hay algo demoniaco, maligno, floreciendo en ti! –se alejó de mi de un salto, recuperando su expresión calmada, ahora casi decepcionada-. Pero me temo que esa charla tendrá que esperar…

-Lo prometiste… -jadeé, incapaz de controlar el chorro de sangre, las burbujas que me sofocaban. Quería matarla, la habría matado de no estar tan débil-. Prometiste que la sacarías… de aquí…

-No mentí –sonrió, guiñándome un ojo-. "Se entra por la puerta y se sale por la chimenea", ¿no? Dije que la sacaría, pero nunca como…

Agité los brazos; en la pantalla, Sophie lloraba desconsoladamente. Brenda le quitaba la ropa, aun atada al poste, la escuchaba decirle cosas horrendas, provocándola, aterrándola, llenándole la mente de horrores…

- ¿Te gustaría más perder la cabeza? –le preguntó, tirándole del cabello-. Quizás podríamos practicar los "mil cortes" … Me gustaría guardar tus lindas manos en un tarro de formaldehido, o quizás tus ojos…

Tenía deseos de gritar, de gritarle al mundo que se detuviera, que me diera solo una oportunidad…

- ¿Cómo se le llama a aquellas que fornicaban con los monstruos? –preguntó Gibiran, y Brenda comenzó a reír- ¿Brujas, ¿no?

- ¡Ah, y había una forma especial de matar a las brujas!

El fuego…

El mismo fuego en el que ardieron todos ellos…

-La verás morir, Lovecraft –murmuró Irina, volviendo a tomar la forma de Giselle, con la sonrisa cruel grabada en sus rasgos de piedra, se colocó el saco. La observé, rogándole que no hiciera esto-. La verás morir, y no podrás hacer nada al respecto… Tal y como no pudiste hacer nada por tu hermano, por Emma, o por Alice…

- ¡Ngh!

-Volveré por ti, L –suspiró, lanzando un beso en mi dirección-. Quizás cuando tenga tu preciada reliquia. O tal vez cuando encuentres a otra estúpida de la cual enamorarte, vuelva y la arranque de tu lado de nuevo. Quizás, esta vez, puedas hallar esperanza en mí…

Quería gritarle que se detuviera, que volviera…

Pero ella se fue, y me dejó, desangrándome frente a una enorme pantalla, donde ataban a Sophie, sin una sola prenda, al mismo poste, pero ahora completamente de espaldas al mismo. Brenda y Gibiran hacían bromas sobre cuanto tardaba el fuego en consumir un cuerpo, en el dolor, el sufrimiento, y colocaban pedazos de papel, tela y leña a sus pies…

Su rostro, compungido por el dolor, no mostraba miedo… Seguía duro, seguía firme, como una roca, como la piedra angular de una enorme catedral…

Quería lanzarme a través de la pantalla y sacarla de allí…

Me odiaba por ello… me odiaba porque yo sabía que esto acabaría así, que la arrebatarían de mi lado y yo quería devastado…

¿Por qué deje que ella pasara a través de esas barreras? ¿Por qué dejé que me importara? ¿En qué momento? No lo entendí hasta que me vi pensando todo el día en ella. Aun en las tareas más repugnantes y denigrantes, pensaba en volver a la celda, en escucharla hablar como una maldita loca sobre su futuro fuera de allí. Pensaba en argumentos, en desmentirla, en enseñarle el mundo, lo podrido, cruel e inhumano que podría ser. Sí, quería destruir todas sus esperanzas y sueños, porque yo no podía soportar tanta luz, tanta fe tan cerca de mí. No podía volver a creer en ello, solo para caer de nuevo entre la oscuridad cuando ella se fuera, cuando le arrancaran la vida o las ganas de vivir y fuera una más de esas chicas sin alma, sin mente, sin voluntad, que solo hacían lo que les decían hasta que se hartaban y las reducían a polvo.

Pero esa noche, esa noche que lo dijo "tuve suerte…" y luego me miró como si yo fuera el estúpido y condenado caballero de dorada armadura y capa blanca que apareció para rescatarla…

Quise aplastarla. Quise hacer pedazos cualquier rastro de esperanza que tuviera de mí… En ese momento no entendí porque, solo sabía que me enfurecía que me viera como un héroe de los cuentos de hadas, pero luego supe que no se trataba de ella. Se trataba de mí.

¿Cómo podía mirarme así? ¿Cómo podía mirarme como si fuera un salvador? Yo no era más que un asesino, un perro y un esclavo. No tenía nada, no tenía nada que pudiera ofrecerle. Yo no merecía que nadie me mirase de ese modo, mucho menos ella, porque la miraba, resplandeciente, tan inalcanzable y preciosa como una maldita estrella, y por eso la odiaba.

Entonces dijo… todas esas estupideces sobre escucharme, sobre… lo solitario que debería ser vivir así. Dijo "no tengo miedo". Dijo "Tu no me harías daño".

Y yo, por un momento, me sentí… me sentí realmente como un héroe. Me sentí como una buena persona, por primera vez en mucho tiempo…

Cuando vi su rostro lleno de comprensión, de perdón, sentí como si por primera vez, a través de esas aguas turbias, pudiera ver el sol…

Un sol que no temblaba al mirarme a los ojos, al tocarme la mano, al cuidar de mí y que me dejaba cuidar de ella. Un sol cálido, radiante y tan valiente que me era imposible sacármelo de la cabeza. Un sol tan hermoso que me causaba escalofríos.

El mismo sol al cual estaban atando a un poste de tortura. El mismo al cual… prendían fuego…

Sophie jadeó asustada cuando la primera llamarada se elevó, a medio metro de ella. La veía temblar, desnuda, vulnerable, mientras ese par de enfermos reían al verla sollozar, de la forma en que se movía…

Y justo cuando creí que no podía empeorar, ella los miró desafiante, como retándolos a que siguieran burlándose de ella. Les dijo algo que no entendí, y Gibiran, furioso, tomó su arma y le disparó.

Sophie chilló violentamente por el dolor, mirando la sangre derramarse por su pierna, justo debajo de la rodilla, donde la bala impactó. Las risas de Gibiran y Brenda llenaron las bocinas, apenas opacadas por el llanto de ella, el fuego crepitando cerca, cada vez más cerca.

"¡Haz algo…!" me dije, sacudiéndome en mi propio dolor, en mi propio agarre "¡Haz algo, maldición…!"

Tiré de las cadenas, me concentré, enfocando mi presión en los supresores, luchando contra la debilidad. Bloqueaban demasiado, bloqueaban cualquier forma de resistirme, cualquier corriente eléctrica, generada por la fuerza espiritual era absorbida sin remedio. Los sentía absorbiéndome la vida, pero no podía darme por vencido.

- ¡MALDITA SEA, LOVECRAFT! –rugí, e indagué en mí mismo. La presión vital, todo lo que mantenía vivo, la única que no podían bloquear. Sabía que, si me empujaba más allá del límite, podría morir, pero no me importaba. No me importaba un carajo en ese momento, todo mi cuerpo ardía por el dolor de la presión siendo arrancada de mí mismo, los supresores quemando al sentirse cargados. Concentré mi presión, una, dos, tres veces más, pero no resultaba en más que solo un cosquilleo. Seis supresores me comprimían; a veces uno era más que suficiente para un demonio, y tenían que nivelarlo o acababan matándolo.

Una cuarta vez, ahora resistí la falta de oxígeno por varios segundos, como si estuviera a cientos de metros bajo el agua, el peso del océano sobre mis hombros.

Me quedaba sin aire… puntos blancos y resplandecientes salpicaban mi campo visual, sentía que todos los tendones de mi cuerpo se reventarían de pronto si continuaba extenuando a ese grado mis músculos. El sabor a sangre subía por mi garganta, un nuevo borbotón ahogaba mis gritos y gruñidos, la sangre se escurría por entre mis dientes. Si antes no había pasado, ahora definitivamente algo se había reventado en mi interior. Iba a morir allí, iba a morir si no me detenía, todo mi sentido común, o el poco que me quedaba, me lo decía a gritos.

Pero, entonces, Sophie comenzó a toser, y luego a gritar…

Sabía que significaba; en la pantalla, apenas podía ver su silueta tras la cortina de humo. El fuego aun no la tocaba, pero el calor debería estarla quemando ya, sofocándola. Yo lo sabía, el humo era más peligroso que el mismo fuego. El corazón se me detuvo en el pecho, mi cuerpo, ya helado, se volvió un témpano de hielo, y sentí miedo como hacía mucho no lo sentía…

La visión de ella, ardiendo en la hoguera… su cabello blanco y ondulado consumido por las llamas, apenas adherido a un cuerpo calcinado, y yo, sin poder hacer nada la miraba desaparecer siendo sepultada por ese ataúd ardiente…

La historia se repetía…

Me aferré a las cadenas, intentando una vez más…

Me concentré en mi propia sangre, en la presión primordial de mi ser. Me mataría, era lo que cualquiera me hubiera dicho…

Pero yo sabía que no eran mis únicas opciones.

Rugí, sintiendo la energía escapando de mí, corrompiéndome. Me quedaba sin aliento, sin fuerzas, con las manos apretadas en duros puños, las venas se reventaban debajo de la piel, dejando mis manos amoratadas, la piel de los brazos y las piernas se abrió, como cortadas por un cuchillo, sentía mis propios órganos resecarse, contraídos por la falta de sangre, la misma sangre que no encontraba cabida en mi cuerpo y se derramaba por todos los agujeros de mi ser. No podía detenerme, no lo haría. Sentí los supresores cargándose al límite, mientras se me resbalaban lágrimas de sangre por el esfuerzo, mi corazón latía tan rápido que parecía solo elevarse sin sentido contra el esternón destrozado…

Creí que me desmayaría, que perdería la consciencia, hasta que Sophie gritó una vez más, un grito que se apagó entre tosidos ahogados por el humo, y la vi, apretándose contra el poste, alejándose de las llamas que estaban a punto de lamerle los pies.

Un enloquecido instinto de protección se desató en mí, algo en mi interior se destruyó como una presa que contiene demasiada agua para su capacidad. Fue como si una cosa, algo que no comprendía, hubiera destrozado sus ataduras para liberarse al igual que un titán enardecido. La energía era oscura, tenebrosa, pero yo me encontraba tan desesperado por desencadenarme que no la detuve, no intenté pararla cuando la sentí infectando mi ser.

El último empujón, la última oleada de presión, y en ese instante, los supresores explotaron sobre mi piel con un resplandor amarillo y blanco, tiré de las cadenas, haciéndolas añicos. Apenas pusieron resistencia contra el tirón de mis brazos. Dejé de escuchar mi propia voz, mi propio rugido desgarrado que me indicaba que era demasiado dolor para tolerar ese cambio, fue reemplazado por un gruñido gutural similar al de un animal salvaje. Fue algo extraño, una experiencia ingrávida, como si no fuera capaz de controlar mi propia presión, y al mismo tiempo, como si realmente jamás hubiera podido usarla a su máxima potencia.

Todo lo que escuchaba, eran sonidos guturales, ruidos inentendibles que podía comprender como voces, mientras una voz, más fuerte, tenebrosa, repetía sin parar en mi cabeza:

"Mátalos, mátalos a todos, mátalos a todos, mátalos a todos…"

La presión no se detenía, no podía contenerla… Era demasiada, más poderosa que mi voluntad…

Era la presión de aquel ojo demoniaco, que pusieron en mí, hacia tanto tiempo…

Lo último que recuerdo, es mirar hacia la pantalla, hacia Sophie, cuyo llanto me dolía como una daga retorciéndose y desgarrándome las vísceras, y luego a Gibiran y Brenda… el odio rojo, negro, arrancó todo rastro de humanidad de mi ser, la poca consciencia que restaba en mí, mientras que el grito humano que escapaba de mi boca, se volvía rápidamente un rugido que solo podría haber salido de los confines del infierno.

o.o.o

Edrick miraba hacia el techo.

El salón que había elegido para colocar toda la maquinaria de rastreo, debió haber sido en su momento una sala de reuniones, o quizás un comedor de alguna importante familia inglesa. Era un salón rectangular, tan espacioso que, aún con las bobinas, ocho colocadas alrededor de la cápsula de cristal en el centro del salón, cabrían al menos dos docenas de demonios allí, parados cómodamente. Sin embargo, no necesitaban a tantas personas allí, sólo a aquellos que trabajarían en drenar a la criatura elegida, en este caso, desgraciadamente, no pudieron conseguir a uno de los Trece. En cambio, los mercenarios llegaron con una chica, alegando que casi acaba con cuatro de ellos. Aparentemente, era amiga de la muchacha pelirroja que, a su vez, tenía algún tipo de relación extraña con James, la cual no comprendía del todo, y en realidad no quería comprenderla.

La pelirroja que le había dicho esas tontas palabras.

"No puedo tenerte rencor", ¿Qué clase de idiota era? ¿Creía que él, siendo un demonio, le importaba eso? ¿Qué le haría sentir mal de algún modo? Era una simple humana, tan ordinaria y soñadora como todos los demás, ella no tenía idea de sus motivos, ni de sus motivaciones. Si creía que era igual que Gale, su tonto hermano que siempre jugaba a lo seguro, era tan estúpida como él. Y por, sobre todo, si creía que le importaba lo que ella pensase de él… ¡Ja!

Pero aun así, le molestaba su ridícula forma de hacerlo sentir mal, de tratar de hacerlo titubear. Ella debería haber perdido el control, debería odiarlo, querer sacarle los ojos, especialmente porque era muy probable que su amiga no sobreviviera el proceso. Era enervante darse cuenta que él, con toda su maldad, no le causó temor.

En cierto modo, la odiaba. La odiaba por creer que había algo bueno en él, ¡En un demonio!

Definitivamente, la haría arrepentirse. La haría tragarse sus palabras, sus buenos deseos. Le arrancarían cualquier duda sobre su maligna naturaleza.

Pero eso tendría que esperar, había cosas más importantes de las cuales hacerse cargo.

Como, por ejemplo, mantener un flujo constante de presión en las bobinas.

Tal y como se explicó antes, las bobinas, columnas metálicas, de dos metros de alto, coronadas con esferas plateadas, rodeaban la cápsula de cristal dentro de la cual yacía conectada a un respirador la amiga de la pelirroja, la chica de cabello negro azulado y ojos como cristales, que parecía responder al nombre de Sophie. Alrededor de las bobinas, q un metro del suelo, se hallaba una tarima circular que rodeaba las columnas metálicas. La tarima estaba separada por dos metros de las columnas, un barandal de acero evitaba que se entrase en contacto directo con ellas. Edrick sabía que esto era vital; las bobinas, una vez cargadas de presión de volvían altamente inestables. Si alguien las tocaba, movía los cables que las conectaban a la cápsula o algo por el estilo, corrían el riesgo de perder la señal del rastreo, quemarse o, el infierno no lo quisiera, explorar. No sería realmente peligroso, pero era un equipo invaluable. Si lo perdían, no conseguirían otro.

Algo llamó su atención, al otro lado de la tarima, Bharus, el líder de los mercenarios, un enorme demonio de complexión gruesa y muscular, hablaba animosamente con dos de sus mercenarios. Desde que llegaron a la base, se puso a repartir cervezas entre sus allegados. Parecía tan relajado que daba la impresión que el resto del trabajo le daba igual.

Edrick torció el gesto, cruzado de brazos.

Los mercenarios no le agradaban, no le causaban confianza. Tenían una pésima reputación en el mundo sobrenatural, aún entre los demonios. Eran criaturas ambiciosas y canallas, capaces de traicionar a quien fuera, cortarle la cabeza a quien se les señales, por la cantidad adecuada de dinero.

No habría querido contratarlos, pero cuando Gale se negó a cooperar para buscar la daga, entendió que no le quedaba otra opción.

Valía la pena arriesgarse; cada minuto que perdía discutiendo con Gale por su excesiva moralidad, eran minutos que su hermana perdía bajo tierra, sumergida allí sin luz, sin agua, sin almas.

Bharus le hizo una señal desde el otro lado, indicándole que se acercase. Refunfuñando, avanzó con pies de plomo, hasta que estuvo lo suficientemente cerca del líder de los mercenarios como para entablar conversación. El sujeto olía claramente a alcohol, aunque dada su naturaleza, y su tamaño, no sería posible que estuviera ebrio. Al menos no tanto como debería estarlo.

- ¿Está todo listo? -preguntó. Bharus, que bebía de una botella de cerveza color ámbar, asintió.

Hizo un gesto de brindis, pero el demonio rubio no respondió.

-En el momento que lo ordenes, podemos comenzar -replicó, dando un largo sorbo.

- ¿Aguantará? ¿La chica? –movió un poco la cabeza, haciendo un gesto hacia la cápsula de cristal en el centro-. Apenas estaba consciente cuando la trajeron, ¿Cómo se supone que resista la drenación el tiempo suficiente para darnos una imagen clara de lo que buscamos?

-Esta maquinaria está diseñada para eso –indicó el líder de los mercenarios, con una actitud bastante profesional que rayaba en la arrogancia. Detestaba tratar con demonio tan jóvenes, que no comprendían ni la mitad de lo que hacía, y no lo decía por la apariencia del chico, sino por su forma de comportarse-. Si no queda presión externa en ella, la máquina succionara la presión vital.

- ¿Entonces estamos contando con que le quede vida suficiente para que funcione? –Edrick se llevó ambas manos a la cintura, con expresión incrédula. No podía ser que ese mercenario fuera tan estúpido- ¿Ese es el plan? Porque luego de la golpiza que le dieron tus demonios, no creo qu-

-Primero, he hecho esto cientos de veces, niño –Bharus giró hacia atrás, levantando del barandal su chamarra color verde militar, con un parche bordado de la URSS sobre el hombro, y procedió a colocársela encima. Hablaba como un profesor de primaria lo haría a un terco alumno, y ni siquiera lo disimulaba-. Segundo, esa chica es una bruja, así que tiene un buen nivel de presión. Tercero, fui yo quien le dio esa "golpiza", y créeme, si hubiera querido dejarla sin presión, lo hubiera hecho. Así que, sí, muchacho, todo está calculado. Ahora, si me disculpas, procederemos a comenzar.

-Una cosa más –Bharus se detuvo, hastiado por la insistencia de su contratista. Giró, rodando los ojos y poniendo la expresión más estoica que tenía en su haber- ¿Qué se supone que harán si los Trece vienen por ellas? ¿Planean pedir perdón, ofrecerles té y galletas?

Bharus sonrió, su rostro envejecido por las peleas se llenó de vida, cuando la malicia le regresó los años.

- ¿Para qué crees que tenemos a la otra chica?

Edrick no cambió su expresión, pero no pudo evitar sentir un leve sobresaltó en su corazón cuando escuchó aquello. La chica, la pelirroja, ¿de eso se trataba? ¿Qué planeaban hacer con ella?

Pensar que le harían daño le provocaba ansiedad, pero no entendía la razón. Quizás, era porque aún tenía que demostrarle algo, ¿no? Que él no era bueno, ni amable, ni quería su perdón. Ella aún tenía que odiarle, eso era, ¿no?

Bharus se dio la media vuelta, haciendo señales a todos sus demonios, ordenandoles que se colocaran en posición. Avanzaron hasta el tablero de control, una extraña mesa con números y runas asheeras que apenas entendía, y luego de oprimir uan serioe de cobinaciones, las esferas en la parte superior de las bobinas se transformaron lentamente en bolas de luz resplandeciente, mientras del techo descendía una especie de carámbano, igual de plateado, igual que las esferas, que ahora lanzaban destellos y chispas por la carga.

Edrick entendió entonces lo que pasaba, las bobinas no eran conductores de presión, eran transformadores, esferas que absorbían la presión del ambiente, de la naturaleza. Era por eso que habían dejando aquel agujero en el techo; la luz de la luna caía justo sobre el circulo que formaban los pilares, alrededor de la cápsula. Tomaban esa presión y la transformaban en eso que los humanos llamaban electricidad. Cuando las esferás brillaban ya intensamente, los rayos salieron disparados a la cápsula, envolviéndola con las garras resplandecientes del torrente eléctrico, haciendo burbujear el agua como si estuviera hirviendo, y la chica adentro, la bruja, como sacudida por un espíritu maligno, se retorció de forma agonizante al sentirse abrasada por la electricidad.

-La electricidad tensará su cuerpo, y su presión buscara la forma de salir para detener el dolor –exclamó Bharus, haciéndose escuchar por encima del escándalo de los relmapagos. El salón parecía una rueda de prensa; flashes de luz, destellos intensos y cegadores disparados a distra y siniestra-. Pero esta eletricidad nace de la presión; eso provoca que su cuerpo no pueda rechazarla, así que naturalmente, buscará explayarse más para protegerse.

-Tecnicamente, estamos forzándola a matarse a sí misma –Edrick sabía que el proceso era cruel, pero no estaba seguro de cuanto hasta ese momento. Por un instante, se sintió culpable, pero pensó en su hermana, en Gale. No podía detenerse, no cuando había llegado hasta allí. Apretó los puños; era un sacrificio que debía hacerse.

Bharus sonrió como quien escucha un buen chiste.

-Espero que sobreviva, de verdad –le dijo, bebiendo nuevamente de su botella-. Conozco a varios inmortales que pagarían mucho por ella. Ya no quedan muchas brujas hoy en día. Uno de los clanes más conocidos fue exterminado en Baviera, hace casi un año. Su hijo, el heredero del clan, sigue desaparecido hasta el día de hoy.

-¿Cómo es que nadie lo está buscando? –preguntó el demonio rubio, evitando mirar a Sophie. La forma en la que se contorsionaba su cuerpo por las descargas, sin sentido, sin control, las extremidades sueltas como un muñeco de trapo sin dominio sobre su propio ser.

Bharus iba a decir algo cuando, en la punta del pico sobre la cápsula, un rayo, quen antes no estaba allí, salió propulsado, uniéndose con otro que nacia desde la cápsula. Se encontraron a mitad del camino, tocándose incrontrolables, hasta que se abrieron hacia los lados, como una burbuja luminosa, hasta que paulatinamente, en el medio se distinguió el sitio donde estaban, el palacete visto desde arriba, pero era apenas distinguible entre la luz, como una pantalla con poca señal.

-Aumenten la intensidad de las descargas –ordenó Bharus, mirando con desprecio hacia la cápsula. Los demonios no pusieron objeciones; Sophie dejó de convulsionar para quedarse casi complemente quieta, como una tabla. Edrick solo podía saber que seguía viva por la forma en la que apretaba los ojos-. Se está resistiendo.

La imagen se volvió clara poco a poco, hasta que podían divisarse claramente las hojas de los arboles, las espigas de los pinos. Edrick no creía que eso fuera necesario, no tenían que presionarla hasta ese punto, pero prefirió no hablar. Quizás si era necesario. Fuera como fuera, la imagen se elevó, mientras que los demonios introducían runas y comandos a la maquinaria, ahciendo que la imagen se movieran, como si fuera la cámara de un helicóptero, avanzando hacia el este, sin detenerse. Aun en las alturas, pudieron distinguir la autopista, la frontera entre Francia e Inglaterra, pero la imagen no se detuvo allí.

Guiada por los comandos, avanzó un poco más… y entonces, la imagen desapareció por completo, aun cuando los rayos se mantuvieron allí.

-¿Qué sucede? –preguntó el rubio, inquieto.

-Esa perra… - Bharus gruñó frustrado, arrojando la vacía botella al suelo, detrás de los barandales, haciéndola añicos contra el suelo. Aplastando el piso bajo sus pesadas botas, caminó, rodeando la tarima hasta llegar a la escaleras que conducían al circulo de bobinas, quitándose la chamara en el proceso- ¡Dylan, apaga el sistema! ¡Abre la maldita cápsula!

No hubo reclamos, nadie dijo nada. La cápsula perdió su sello, produciendo un sonido similar al abrir un refresco de cola. Edrick avanzó hacia el borde del barandal, sin saber como debería sentirse, ni que iba a hacer Bharus. No lo supo, hasta que lo vio introducir la manos en la cápsula, dentro del agua, y le arrancó el respirador a la chica. Por unos segundos, no hubo respuesta, pero cuando el líquido penetró en sus pulmones, comenzó a retorcerse nuevamente.

No estaba muerta, ni incosnciente. Un escalofrío le recorrió la columna al demonio rubio.

-¡Creí que luego de nuestro agradable encuentro serías más fácil de tratar! –exclamó Bharus, con una mano empujando a la chica al fondo. Ella estiraba las manos, gritaba bajo el agua, pero era justo lo que Bharus quería. Quería verla sufrir, siempre le había resultado fácil y agradable eso, provocarle dolor a las criaturas, verlos retorcerse sin remedio como simples gusanos. Definitivamente, las mujeres humanas eran sus favoritas, y esta no era la excepción- ¡Pero has resultado ser un verdadero un dolor de cabeza!

Ella luchó una vez más, rasguñando el aire, casi sin fuerzas. El rubio creyó que la mataría, que no resistiría más, y en ese instante Bharus la sacó del agua, levantándola por el cuello. No debería ser pesada para él, sin esfuerzo, asegurándose de que se golpeara lo más posible, la arrojó por encima del barandal. Edrick no la vio caer al suelo, pero estaba seguro de que el sonido que provocó su caída, metálico y seco, significaba que se había golpeado lo suficiente como para no levantarse. De cualquier modo, Bharus, con un sencillo impulso, saltó sobre la baranda, justo sobre ella. Edrick alcanzó a verla girar, levantar una mano para alejarlo de sí, pero era obvio que nada podía hacer contra el gigantesco demonio. Parecía uno de esos viejos militares entrenados para todo tipo de combate, solo que este no parecía ser alguien a quien se le entregase una medalla conmemorativa por su heroísmo.

- ¿Vas a cooperar, o tengo que dejarte inconsciente de nuevo? –su enorme puño estaba cerrado sobre el cuello de su blusa. Al rodear la baranda, el rubio creyó que la vería muerta de miedo, aterrorizada, sin embargo, la chica le sostenía la mirada con la misma determinación. Estaba furiosa, aun cuando uno de sus pómulos estaba sumamente hinchado por los golpes que casi no podía ver el globo ocular.

-Regrésala a la cápsula –sugirió Edrick, sin poder evitar entrometerse. La enardecida, sorprendida mriada de Bharus lo hizo darse cuenta de que quizás había hablado demás. Sin embargo, no cedió; no le tenía miedo a ese bruto-. Si la golpeas más, no conseguiremos nada. No te ayudará si le hacemos más daño.

-¿Ah, no? –lo miró, con una ceja arqueada, sospechosa- ¿Qué te preocupa, Skadelike? ¿Por qué ese repentino interés en esta bruja? –la miró, como si fuera una especie rara- ¿La quieres para ti? ¿Es eso?

-No.

- ¿Quieres a la pelirroja entonces?

-No –Edrick se enfurruñó, pensando de nuevo en la expresión llorosa de Sylvette-. No se trata de eso. Pero esa pelirroja es nuestro puente para conseguir a los Shinigami, en caso de que esto falle, y por lo que veo, es muy probable que lo haga.

-No importa, su amiguita cooperara, de una forma u otra.

-Es humana… -jadeó ella, muy despacio-. No les servirá de nada…

-Bueno, supongo que tendremos que esperar a que esos Shinigami vengan pos ustedes, y entonces ya tendremos un reemplazo… -hizo un gesto de tratar de recordar algo, mientras se ponía de pie, llevándola consigo. La soltó del cuello de la blusa, cerrando su puño alrededor de su garganta, estampó su cuerpo contra un pilar de metal que sostenía la tarima, y ella soltó un alarido- ¿Cómo se llamaba ese sujeto? ¿Dale? ¿Wayne? Quizás podamos usarlo en tu lugar… Parecía ansioso en el teléfono… ¿Cómo me dijo? Ah, que iba a reducirme a una plasta sanguinolenta y sin forma. Quizás yo lo haga primero con él.

-Si te atreves… a ponerle una mano encima a Wade… -esa mirada desafiante de nuevo, los ojos encendidos por la furia. Edrick quería gritarle que cerrara la boca en ese momento, que tenía que estar demente para exponerse de ese modo.

- ¿Qué vas a hacer, bruja? –preguntó socarron- ¿Golpearme con tus ineficientes puños? No tienes nada contra nosotros, así que te sugiero que comiences a cooperar, antes de que te rompa todos los huesos.

-No… ayudaré… en nada… -Edrick sentía que se le salía el alma del cuerpo, ¿acaso esa loca quería morirse con tantas ansias? -. Así que… puedes empezar… ahora…

Bharus levantó un puño sobre ella, debería ser casi del tamaño de su cara, y enseñando todos los dientes, los blancos colmillos, los ojos le brillaron violetas.

-Como ordene, señorita.

Edrick cerró los ojos; el puño de Bharus debió haberla golpeado en el estómago, la escuchó tratar de gritar y quedarse sin aire. Era un sonido desgarrados. Cuando volvió los ojos al frente, ella seguía en el suelo, sobre su costado, incapaz de inhalar aire, incapaz de moverse, mientras Bharus tomaba un pedazo de tubería, uno de los postes de la tarima que alguien había olvidado instalar, caminando hacia ella mientras arrastraba el borde por el suelo, produciendo un sonido metálico entre el roce del piso enrejado y el tubo desgastado. Había desprecio en sus ojos, como quien ve a una cucaracha a punto de ser pisoteada y le causara repugnancia el hecho de tener que levantar sus tripas despedazadas por el suelo.

Se volvió hacia uno de sus subordinados, era el mismo demonio que ella había sepultado entre las raíces del árbol, en el bosque, Terence. Parecía ansioso porque le cedieran el puesto, porque le dieran la oportunidad de vengarse.

Bharus, sonriéndole, le cedió el arma.

-Encárgate de ella.

El demonio la atajó, ávido, corriendo anhelante hacia ella, al tiempo que Bharus de apoyaba contra la pared lateral, a un costado de Edrick, listo para disfrutar el espectáculo.

-Así es como lidiamos con los que no obedecen, niño –le dijo, extendiendo los brazos tras la baranda. Estaba consciente de cómo debería sentirse Edrick. Sabía que le desagradaban sus acciones, pero eso solo hacía todo más divertido- ¿Tienes alguna objeción?

El rubio no dijo nada, solo le dedicó una frívola mirada, cargada de repulsión. Nunca creyó que los de su especie pudieran causarle intensos deseos de vomitar. En su clan, los demonios eran poderosos, de alto rango y con clase. Ninguno cometería ese tipo de brutalidades, solo para probar un punto. O, al menos, no con criaturas inferiores.

Con la punta del pie, Terence la empujó bruscamente, para poder mirarla a los ojos. Sophie no se movió, no trató de alejarse, sabía que no podría correr.

Terence evocó una violenta sonrisa, levantando el tubo sobre su cabeza.

-Esto es por lo del bosque, maldita…

Edrick vio el tubo descender rápido, claramente dirigido a ella. Sabía que, si cerraba los ojos, si volteaba esta vez, Bharus sabría que le causaba temor, y no podía permitirse eso. Sin embargo, tampoco quería ver morir a esa mujer. En cierta forma, sabía que la pelirroja jamás se lo perdonaría, y le guardaría verdadero rencor…

Pero, eso quería, ¿no?

Esperó el sonido del tubo contra los huesos, contra la piel blanda…

Entonces hubo un chasquido, el sonido similar al derrumbe de una montaña. En medio segundo, del techo, ahora a punto de colapsar, algo cayó justo sobre la tarima, en medio de la chica y Terence, quien salió propulsado hacia la pared a sus espaldas, empujando por fuera lo que fuera que había caído del techo.

Los demonios siguieron la trayectoria, y cuando el polvo se disipó, descubrieron a Terence, emparedado en la pared en medio de una enorme salpicadura roja tras de sí, y donde debería estar su rostro, un puño se hundía tan ´profundamente que ya no había nada que pudieran llamar cara.

Un puño que pertenecía a un enardecido Shinigami, cuyos ojos destilaban una vehemente y apasionada rabia que apenas podía contener en sí.

Edrick dio un paso hacia atrás, chocando de espaldas con la baranda. No sabía de qué estaba más impresionado, de que hubiera detenido a Terence con tanta facilidad, o de la presión salvaje que giraba a su alrededor. Había visto antes criaturas furiosas, arrebatadoramente enardecidas que apenas podían controlarse. De esas veces que sabes que correr no servirá de nada.

Bueno, esta era una de esas veces.

-Uno menos… -masculló el Shinigami, con un gesto de podrido rencor en su rostro, en su único ojo visible-. Quedan nueve…

o.o.o

Con los ojos cerrados, estaba lista para morir…

No tenía arrepentimientos, salvo quizás no haber sabido realmente quien era yo, de donde había salido, si la familia de mi sueño había sido solo una ilusión o en verdad alguien allí afuera aguardaba mi regreso.

El humo me minaba los sentidos, en algún momento, comencé a toser, y creí que podría conservar la calma, hasta que la primera lengua de fuego me rozó la pierna. Un toque breve, pero lo suficientemente doloroso como para indicarme que no me iría en silencio, porque más que lo quisiera…

El terror me envenenó el corazón, sin poder evitarlo, porque ya no había nada que pudiera salvarme, no esta vez. La vergüenza de morir de la forma más humillante posible hacia todo mucho peor, y empecé a llorar y gritar en voz alta. No podía evitarlo… el dolor… el fuego… el fuego me aterrorizaba, y no comprendía muy bien porque…

Pero en el momento en el cual creí que el fuego me alcanzaría los pies, una espuma blanca silenció el fuego. La espuma se extendió como neblina a mi alrededor, y entre eso y el humo, empecé a toser desesperadamente, sin poder evitar que los dientes me castañearan por el temor, el alivio y la confusión. No entendía porque, pero habían apagado las llamas, e ignoraba si eso era bueno o malo, porque quizás solo significaba que habían pensado en una forma más dolorosa de acabar conmigo. A medida que se despejaba la neblina, vi a Brenda, sosteniendo un extinguidor en sus manos. La observé, jadeando, bañada en llanto, pero ella me silenció con una mirada cargada de odio…

De odio y confusión.

- ¡Cállate, escoria! –ordenó, me mordí los labios de inmediato. Ella se volvió apresurada al lado de Gibiran, quien miraba hacia las grandes puertas de la sala de juicios, justo frente a mí.

El salón usualmente estaba repleto de sillas, había despejado gran parte del frente para armar la pequeña pira que serviría para quemarme viva, así que, salvo las pocas bancas al fondo, no había nada más.

- ¿Qué fue eso? –preguntó ella, haciéndole una señal a los guardias, apostados entre las columnas de concreto, laterales de la sala, para que se reunieran frente a ellos. Había diez soldados de cada lado, y estaba segura de haber contado cerca de una docena a mis espaldas, frente a los podios. Era inusual que hubiese tan pocos guardias, pero creo que no consideraron necesario un batallón para someterme.

No había notado, hasta ese momento, que la alarma de alerta, se repetía sin parar, al ritmo de la luz roja que resplandecía sobre la puerta de entrada a la sala de juicios. Nunca antes la había oído sonar.

-Giselle, ¿Me copias? –preguntó Gibiran por la radio. La susodicha, la Inquisidora quien había ordenado mi ejecución minutos atrás, no respondió. Luego de varios minutos de silencio, el intercomunicador emitió un pitido.

-Capitán, ¿me copia? ¿están bien? –una voz masculina, claramente alterada, hablaba por el otro lado de la bocina.

-Adelante, Hadell, te copio –Gibiran se alejó un poco de los soldados, ignorando por completo mi presencia- ¿Qué ha sucedido? ¿Qué fue ese temblor?

-No lo sé, vino del cuarto de control del sector uno –la voz parecía tratar de mantener la calma, aunque no lo hacía muy bien-. Estoy revisando las grabaciones, pero creo que alguien las bloqueó. El último record que tengo, es del Shinigami hablando con Giselle y luego la imagen se corta.

- ¿Qué hay de Giselle? –preguntó, algo alterado- ¿Está bien?

-Sí, en la cámara que vigila la salida del cuarto de control, se le ve saliendo –el hombre tragó saliva, y su voz tembló de pronto-, pero minutos después hubo una explosión allí dentro. Todo se puso en blanco y aparentemente las cámaras también desaparecieron. Sea lo que sea que pasó, destrozó la mitad del sector uno. Tuve que activar la alarma.

-Bien, bloquea todas las puertas hasta que esto se resuelva. Asegúrate de que el Shinigami siga allí, y enciérralo de vuelta –Gibiran pareció a punto de cortar la conversación, cuando el comunicador volvió a sonar.

- ¡Capitán! ¡Responda! –era una nueva voz, totalmente desesperada. Brenda y la mitad de los guardias se volvieron a mirar el comunicador, todos con cara de no tener la menor idea de lo que sucedía, pero sabiendo que no era nada bueno.

Gibiran respondió lo más rápido que pudo.

- ¿Tristana? ¡Tristana, calma, baja la voz! –la comunicación se llenó de ruido blanco, y luego, el sonido volvió de forma violenta.

- ¡Capitán, es el Shinigami! –sentí que el miedo y el alivio me llenaba el alma hasta niveles insoportables. Sabía a quién se referían, pero no entendía que había pasado con él- ¡El Shinigami escapó!

- ¿Qué? –Gibiran estaba estupefacto. Giró para mirarme, mientras se pasaba la otra mano por el cabello- ¿Qué quieres decir con que escapó? ¿Dónde rayos estás?

-En el cuarto de control, venimos tan rápido como nos fue posible –respondió ella, agitada-. Pero… está vacío… Ese maldito rompió sus cadenas…

-Eso no es posible… tenía seis supresores en el cuerpo, no debería ser capaz ni de respirar con eso…

-Es porque no los tiene… -la voz de Tristana se fue apagando lentamente, hasta convertirse en un gemido ahogado-. Capitán, están aquí todos los supresores, en el suelo… Creo que… creo que explotaron… Los cables están fritos… Creo que… creo que se sobrecargaron…

-No digas estupideces –aporreó un puño sobre la mesa, detrás de mí. No pude evitar rogarles a todos los cielos que estuviera a salvo. Que Wade, si tenía la oportunidad, se fuera de allí-. Búsquenlo, debe estar arrastrándose por los pasillos. Avísame cuando lo encuentras, ¿entendido?

Silencio. Nadie habló, nadie respondió. La alarma siguió sonando, en su ciclo interminable. Gibiran y Brenda intercambiaron miradas interrogativas, misteriosas, y los guardias elevaron un murmullo atemorizado entre ellos.

De pronto, la comunicación volvió, pero esta vez, lo único que salió, fue una serie de gritos aterrorizados y palabras inentendibles, seguido de un claro tiroteo sin sentido.

- ¡Tristana! ¿¡Qué demonios sucede allí?! –Gibiran estaba pálido. Los guardias se miraban entre ellos sin saber cómo deberían reaccionar.

Un nuevo grito brotó de la bocina, seguido de otros más que apenas parecían humanos. Algo metálico se golpeó cerca de la bocina, como si la hubieran dejado caer. Y entonces, la voz de Tristana.

- ¡DISPAREN, DISPAREN…! ¡NO…! ¡LAS DE PLATA, CON LAS DE PLATA…! –una pausa, mas gritos, algo desgarrándose y una oleada de chillidos horrorizados- ¡NO, NO…! ¡NO, ALÉJATE DE MÍ…! ¡NO, POR FAVOR…!

Tristana gritó una última vez, un grito que se deformó hasta desaparecer, seguido de un estrépito similar al que hace la carne cuando se despedaza…

Y un gruñido animal…

Gibiran clavó los ojos en el intercomunicador, con el mismo terror que debería reflejarse en mis ojos, mientras que Brenda se movilizaba rápidamente.

- ¡Nick, Kalva, Sarah! ¡Vayan a la armería más cercana y traigan toda la munición de plata que puedan! –los aludidos salieron disparados por la puerta del frente, y el resto la miraba sobresaltados- ¡Preparen los pacificadores! ¡Nos enfrentamos probablemente a un licántropo! ¡NO BAJEN LA GUARDIA!

- ¿Demonios, como se metió eso aquí? –Gibiran temblaba, también Brenda, pero trataban de disimularlo- ¿Qué no estaban extintas esas cosas?

-No lo sé –tragó saliva, y le dijo algo más pero no lo escuché. Me sacudí, tratando de liberarme las manos. Al comienzo, tenía fe en que fuera Wade, pero esa cosa no podía ser él. Ahora, no solo me preocupaba por donde estaría él, sino porque fuera lo que fuera esa criatura, no me comiera a mí.

- ¿" Es el Shinigami"? –preguntó Gibiran, con el ceño fruncido- ¿A qué se refería? ¿Al licántropo?

Brenda abrió mucho los ojos, como si una idea terrible le hubiera cruzado la mente.

-Gibiran, en los registros decía que se le sometió a un experimento –le sujetó el brazo-. Decía algo sobre una modificación de su presión… ¿Crees que…?

-No lo sé, fue mucho antes de que llegara a esta base –se aclaró la garganta, disimulando que aquello no le preocupaba-. Esos registros no están en las computadoras, no tengo idea de donde hayan ido a parar.

-Pero, ¿es posible que…?

Brenda no acabó su frase, ni siquiera tuvo tiempo de dar una alerta, o algo similar. La pared, a la derecha de nosotros, que un segundo antes se mantenía firme y silenciosa tras las columnas, explotó en mil pedazos, lanzando pesados escombros sobre los guardias. La onda expansiva lanzó a todos varios metros hacia el lado opuesto, haciendo que Gibiran y Brenda girasen como hojas revolcadas por el viento, incapaces de controlar sus movimientos, mientras que todo se llenaba de humo y polvo. Los fragmentos de piedra me golpearon inclementes, hiriéndome la piel. El poste que me sostenía fue alcanzado por una roca, casi con la fuerza de un meteoro. Apenas tocó la punta superior, pero fue suficiente para que perdiera el sostén y me arrastrase con él al suelo. Luchando contra el peso, logré girar sobre él, de modo que al caer no quedé debajo, aunque el impulso impactó contra el costado izquierdo de mi cuerpo, me golpeé la cabeza con tal estrépito que estaba segura que me habría abierto la piel…

Sacudí la cabeza, tratando de ver en dirección a la pared, donde la cortina de polvo seguía haciendo virutas en el aire. Los Inquisidores se pusieron de pie, aquellos que no quedaron sepultados bajo los escombros, se movilizaron lo más rápido que pudieron. No lograba ver a Gibiran ni a Brenda, y cuando razoné, entendí que la más cercana a la pared ahora, era yo.

Y allí, en el agujero derrumbado de la pared, al pie de los escombros, una silueta pálida nos observaba a todos.

Todo el aire escapó de mis pulmones…

Aquella criatura era igual de alta que mi querido Wade, la misma complexión, el mismo pantalón desgastado, el único que podía llamar suyo. Sus brazos eran igual de largos y torneados, su cabello blanco como la luna… pero su rostro… su rostro era una máscara deforme y maligna. Bajos sus labios, una hilera de dientes afilados y puntiagudos coronaban su mueca asesina, su cara se arrugaba violentamente con todas las marcas de expresión resaltando la malignidad del aura color púrpura que lo rodeaba, del mismo color que las marcas extrañas, runas asheeras, que se extendían a lo largo de su cuerpo, sobre su pecho, hasta sus codos, justo donde comenzaba una serie de picos grises, como las espinas en la espalda de un reptil, extendiendo una capa similar al cuero sobre sus manos, finalizando en cada dedo en forma de garra, afiladas y cubiertas de sangre, al igual que su rostro, sus piernas…

Sangre que no era suya.

Aun así, lo peor eran sus ojos… ambos resplandecían violetas y oscuros, como un pozo de veneno iluminado desde debajo por una luz tenebrosa. La cicatriz se había ido, pero hubiera dado lo que fuera porque volviera y reemplazara ese gesto lleno de odio. Solo de verlo me causaba escalofrío, la sensación terrible de que no había nada ni nadie que pudiera protegerte…

Él no era Wade, no era Wade… No era posible que esa criatura inhumana, que nos miraba sedienta de muerte y destrucción, fuera la misma persona que yo conocía…

Pero lo era…

- ¡FUEGO! –ordenó alguien, los recién llegados que avanzaban por la puerta. La criatura se volvió hacia ellos, emitiendo un rugido bestial que me heló la sangre en las venas, mientras el aura a su alrededor se volvía roja. Las balas le perforaron la piel, abriéndole un sinfín de agujeros en el pecho, empujándolo contra la pared destruida.

- ¡NO, BASTA…! –grité, pero apenas se me podía escuchar por el escándalo del tiroteo. Sin embargo, antes de que ellos pudieran hacer algo más, la criatura giró en su dirección, levantó una garra sobre el suelo y al dejarla caer, una línea de presión negra se abrió por el suelo como si fuera un geiser, golpeando de frente a los Inquisidores.

Algunos trataron de alejarse, pero a otros, el impacto los atrapó de frente, lanzándolos varios metros sobre el suelo. Brenda gritó una orden, y varios de los Inquisidores abrieron fuego contra Wade, pero este, abandonando el pie de la puerta, se movió tan rápido que apenas podían seguirle el paso. Lo perdí de vista, pasó en la pared detrás de mí. La lluvia de balas me arrrancó varios gritos, sin embargo, lo único que podía hacer era eso, gritar y rogar que no me alcanzaran.

Sin embargo, el tiroteo duró muy poco, solo hasta que una nueva onda expansiva sacudió el recinto de arriba abajo, los Inquisidores cayeron entre gritos y maldiciones, mientras las balas eran disparadas sin sentido. Fue como si allí dentro, un huracán enloquecedor, con sus vientos tormentosos, se hubiera desatado, salvo que no eran corrientes de aire, sino pura presión. Abrumada por la titánica presión, víctima de las náuseas, vomité agua y bilis, lo único que tenía en el estómago.

- ¡ABAJO…! –la voz de Brenda se perdió entre los disparos. Con el borde del ojo, alcancé a ver un reguero de sangre, seguido de una onda expansiva que acabó arrastrándome junto con el poste varios metros hacia el muro derrumbado. Por lo menos diez Inquisidores cayeron al suelo, rebanador por la mitad. Algunos se miraban estupefactos, otros se trataban de arrastrar con los brazos, temblando al ver sus intestinos esparcidos por el suelo.

Brenda libró la onda, solo apenas. Su brazo derecho yacía a varios metros de ella, y un grupo pequeño de guardias corrieron para socorrerla, mientras los demás se ocultaban tras los gigantescos escombros, usándolos como barricadas. Gibiran daba órdenes como poseído, intentando calmar a los guardias, al tiempo que un nuevo grupo de reclutas entraba por la puerta, dirigidos por Darius, un hombre enorme que también ostentaba el título de capitán.

Wade hizo algo, no lo vi, pero se lanzó contra los Inquisidores tras las barricadas, ignorando los disparos que lo atravesaban como mantequilla, sin ningún sentido, porque antes de tocar el suelo, los agujeros se habían regenerado del todo. Gibiran se alejó corriendo, salvándose apenas de la esfera que rodeó el cuerpo de la criatura, roja como la sangre, tan caliente que era insoportable. Alrededor de la esfera, corrientes de presión salían aullando sin control, los pedazos más pequeños de escombro se elevaron varios centímetros sobre e el suelo, al igual que los Inquisidores cercanos a las inmediaciones de la esfera. Los escuché aullar, sus voces consumidas por una agonía indescriptible, y súbitamente, sus cuerpos desaparecieron alrededor de la criatura, sin quedar más que solo cenizas y jirones de tela encendidos en llamas a su alrededor.

El grupo de la puerta le seguía disparando, ignorando la amenazadora mirada en los ojos de la criatura. Sus diabólicas facciones se volvieron de piedra, encendidas por la rabia vil y pura. Se inclinó hacia el suelo, rugiendo una vez más, solo para lanzarse sobre ellos sin titubear…

Yo había visto luchas a los Inquisidores. Pelear contra los seres sobrenaturales era su pan de cada día, y lo hacían a la perfección. Combatían demonios, Shinigamis, bestias y fantasmas que los humanos normales solo podrían enfrentar en sus más locos sueños o pesadillas. Eran expertos…

Pero esto… apenas podían poner resistencia… Apenas entendían que pasaba. Aquella bestia se movía demasiado rápido, girando en un torbellino violeta, despedazando todo lo que tocaba, a tal velocidad que las vísceras salían dispersas a su alrededor, salpicando a los demás, que quedaban anonadados por la carnicería que se llevaba frente a ellos. Como podían cambiar las cosas cuando uno se halla al otro lado del tablero…

En medio de la locura, logre cortar la cinta que me ataba las manos con el borde afilado de un escombro tras de mí. La desesperación era tal que apenas noté el dolor provocado por el corte sobre mi muñeca al rozar constantemente la piedra. Me solté del poste, aturdida por estar tanto tiempo acostada, pro el polvo y el miedo. Avancé un par de metros hacía una inquisidora, una chica cortada por las piernas que se desangraba sin remedio. Me miró como si yo fuera su única esperanza, como si debería tenerle piedad o algo así. La empujé, dándole la media vuelta hasta que, boca abajo, me fue fácil quitarle la gabardina negra que usaba sobre su uniforme. Me quedaba grande, pero cubría lo suficiente. Escuché como me pedía ayuda; por un instante, consideré darle el tiro de gracia con una roca y acabar con su sufrimiento… sin embargo, no lo hice. Maldita perra, ojalá siguiera sufriendo por varios días más.

Abotonándome la gabardina por el frente, traté de escabullirme tras los podios, cojeando por la herida de bala en mi pierna, cuando de pronto, un disparo me rozó el brazo. Atiné a lanzarme al suelo, cubriéndome la cabeza. Cerca de los podios, Brenda me apuntaba con su arma, con su único brazo. Sudaba, estaba exhausta y desangrándose, pero su odio era más poderoso…

El segundo que perdí mirándola fue más que suficiente para que uno más me tomase por la espalda, jalándome el cabello, arrastrándome fuera de allí.

-Cierra la boca y camina –amenazó, apuntando su arma contra mi cabeza. Al fondo de la habitación, Wade continuaba una encarnizada pelea con los Inquisidores, y los últimos no tenían mucha ventaja-. Algo me dice que eres lo que ese monstruo quiere… así que tú vas a ayudarme a controlarlo…

El rocé de su camisa, de la gabardina contra la piel destrozada de mi espalda era apenas tolerable, lágrimas de dolor se resbalaban por mis mejillas, las esquirlas de escombros me perforaban los pies descalzos. Brenda iba justo delante de nosotros, ayudada por otro guardia, una chica pelirroja de rostro pecoso y cuerpo muscular. Afuera, en el pasillo exterior, era una locura. Un reguero de cadáveres desmembrados tapizaba todo el suelo, hasta la esquina. Cuando diminutas astillas de cristal se hundieron bajo las plantas de mis pies, lanzando relámpagos de agonía por todo mi cuerpo, entendí que las lámparas se habían reventado por la presión de Wade. Por el camino opuesto, había escombros, sangre salpicada en las paredes, los techos, y cartuchos de balas. Los muros se tapizaban con disparos fallidos y cuarteaduras. Doblamos por la izquierda, creía saber a dónde me llevaban, al cuarto de control del sector cuatro, pero justo cuando pasábamos por allí, en la pared contraria, había un agujero…

Un agujero por el cual veía, a casi cincuenta metros a lo lejos, una arboleda de pinos, de árboles que no conocía y el pasto que nunca había visto antes, todo apenas iluminado por la luz tenue y nublada de un día de finales de otoño…

Se me secó la boca, no pensé, y forcejeé para liberarme de su agarre. Pataleé, y, por último, le hundí los dientes en el brazo, con tal intensidad que creo que le arranqué un pedazo de piel. El guardia aulló de dolor, golpeándome con el arma, no sin antes soltarme. Alcancé a correr un metro, dos… y caí de rodillas cuando la chica pecosa me atestó un golpe salvaje en la cabeza.

- ¿¡A donde crees que vas!? –sentí sus manos girarme, empujándome impiadosa contra los escombros, que me laceraban la piel sangrante de mi espalda. Apenas estuvo sobre de mí, usando el mango de su arma, me golpeó justo en el pómulo. El impactó me desconcertó al grado de que, por un segundo, todo se volvió negro, un zumbido se apoderó de mis oído- ¡Solo saldrás de aquí muerta! ¿Entiendes? ¡Te irás cuando estés muer…!

- ¡SHADIA…!

No tuvo tiempo de girarse, las garras de Wade se le hundieron en el cuello, apretando su garganta con tal fuerza que debería estar muerta en el instante que él la levantó sobre su cabeza y rugió de manera bestia hacia ella, enseñándole todos los dientes y los peligrosos colmillos, delante de su rostro. Empujó su cuerpo inerte contra la pared, estrellándola. El concreto se cuarteó, la chica resbaló hasta el suelo, con su cabeza dejando un rastro de sangre al deslizarse por la pared. El otro guardia apenas pudo cargar su arma antes de que la criatura se lanzase cobre él, atravesándole el pecho con una mano y su pelvis con la otra. El rostro del muchacho se distorsionó, como desconectándose de la realidad, tratando de gritar mientras la sangre le resbalaba por la boca. Aparté la mirada, apretando los ojos, justo en el momento que el sonido, huesos crujiendo, algo reventándose, me indicaba que lo habría partido a la mitad…

Me quedé así, con los ojos cerrados, sin saber si debería mirar, ni que debería hacer… La adrenalina no me permitía levantarme, no me permitía saber exactamente que rayos sentía.

Percibí, entonces, unos pasos acercándose a mí, lentamente. Luchando contra mi propio temor, contra el dolor, asomé por debajo de mis pestañas, encontrándome con los pies de la criatura, cubiertos por las escamas negras y grises, a pocos centímetros de mí.

Temerosa, levanté poco a poco mis ojos, subiendo por sus piernas, el pantalón casi totalmente empapado de sangre, el torso cubierto de runas, su cuello, hasta llegar a su rostro. Aún tenía los ojos violetas encendidos con malignidad, aun su expresión era aterradora… pero algo, de alguna forma que no comprendía, había cambiado…

Parecía… dócil… y cuando entendió que lo miraba, que realmente lo miraba, se inclinó ante mí, doblando una rodilla, los manos sobre el suelo. Sin dejar de ver sus ojos, entendí que había algo desgarrado en él, en la forma en que se movía. De algún modo, tras esa faz animal, podía percibir una consciencia, oculta, adormecida en su interior…

Ese no era Wade… pero él seguía allí…

Lentamente, conseguí sentarme, intentando no hacer movimientos bruscos. Me mordí los labios para no quejarme por el dolor que me acuchillaba todo el cuerpo, levantando una mano en su dirección. Mis dedos alcanzaron el borde de su rostro, su mandíbula y aunque tembló ante el contacto de mi piel, no se alejó. Sus rojos ojos se suavizaron levemente, hasta que los cerró, como si estuviera realmente en paz…

-No te tengo miedo… -dije bajito, y la criatura abrió los párpados de nuevo. No reconocí nada familiar en él. Se me quebró la voz, y sin pensarlo, levanté la otra mano, sujetando su rostro pro los pómulos-, pero necesito que regreses, Wade…

No sabría explicarlo, pero podría sentir un cosquilleo muy suave sobre mis manos, allí donde rozaban su piel. Creí que eran ideas mías, que solo era mi imaginación haciéndome creer que eso funcionaba, que mis ruegos podían ser escuchados, pero él también parecía sentirlo. Con el ceño fruncido, apretó los ojos…

-Sé que sigues allí… -deslicé los pulgares sobre sus mejillas, sin poder evitar que los ojos se me llenaran de lágrimas de rabia y amargura. En esto nos habían convertido los Inquisidores, lo habían orillado a este punto… no quería pensar que, al final, habían logrado arrebatarle la humanidad que tanto atesoraba-. Por favor, Wade…

Súbitamente, la criatura movió la cabeza hacia un lado, y luego hacia el otro, ahora de forma violenta. Profirió un gañido hosco, y de pronto, un chillido similar al de un animal herido de muerte. La diferencia fue que cuando lo hizo, un destello blanco relampagueó dentro de mi cabeza, provocado por una leve onda de presión liberada por él. Con la mente en blanco, caí de espaldas sobre los escombros, una vez más, pero esta vez no me importó tanto…

Extrañas imágenes se liberaban frente a mis ojos, una sobre otro, como uan sucesión interminable de fotografías que no podía percibir a detalle. Veía fuego, veía risas y ojos, el enorme perro negro al que perseguía en mis sueños, a mí misma, de pequeña, vestida con ropas sucias, el cabello corto y descuidado, mientras lloraba amargamente y repetía sin cesar "vamos a morir, vamos a morir aquí…". Alguien me alejaba de esa versión pequeña de mí, alguien me arrebataba de su lado con tal saña que ambas gritábamos.

Luego un destello más, el agua sobre mí… Una reluciente espada que se hundía bajo el agua, entre mis manos…

"Finalmente…" dijo una voz en mi cabeza, y abrí los ojos confundida, sin saber qué diablos pasaba. Sin poder incorporarme, giré sobre mi costado, observando a Wade sacudiéndose sin control como un animal envenenado, se sujetaba la cabeza, tirando de su cabello y rugía al aire.

- ¿Qué…?

"Ah, nada…" era la misma voz. La voz de una mujer "Solo que, finalmente, puedes oírme. Ha pasado mucho, ¿sabes?"

- ¿" Mucho"? –repetí, sufriendo una jaqueca por las imágenes. Se habían detenido súbitamente, dejándome viendo puntos blancos y negros titilando frente a mis ojos- ¿Quién eres…?

"Ya te explicaré después…" murmuró, "por ahora, solo llámame Evilynn…"

- ¿Evilynn? –pregunté aun desorientada- ¿Qué…?

"¡Qué maldición más triste tiene el tipo de allá!" exclamó la recién presentada Evilynn. De inmediato, miré a Wade, quien seguía retorciéndose, rugiendo, arañándose el pecho como si quisiese arrancarse la piel.

La voz dijo algo más, pero al ver a Wade en ese estado…

Andando a gatas, avancé como pude hasta él, sin saber cómo debería acercarme exactamente. A ese punto, había dejado de convulsionar y rugir. Ahora, limitándose solo a gruñir, jadeando desesperado, seguía moviendo las piernas y los brazos como víctima de una agonía atroz. Se arqueó, gruñendo una vez más, las runas en su piel se disiparon, desvaneciéndose entre la piel, hasta que volvió a ser tan blanca como siempre, y ya no había picos escamosos en sus manos ni brazos. Su rostro dejó de forzarse en esa expresión horrenda, al tiempo que la tranquilidad lo invadía poco a poco. La cicatriz volvió a su sitio, apareciendo como una leve sombra sobre el lado derecho de su cara, aunque ya no era tan rojiza, ni prominente. Solo una marca cicatrizada, del mismo tono de su piel…

Entonces abrió los ojos sobresaltado, jadeando como si acabase de tener una horrenda pesadilla. Se llevó la mano al pecho descubierto, bañado en sudor frío, la otra tratando desesperado de sujetarse a algo a su alrededor. Creo que no me vio al inicio, miraba en todas direcciones, hacia el techo. Daba la impresión de que no tenía idea de donde se hallaba, sus ojos buscaban exasperadamente algo conocido a su alrededor.

Sus ojos… tenía ambos ojos…

Jamás había visto debajo del ciego, y no tenía idea de que tuviera ambos ojos. Solo que su ojo derecho, el que siempre estaba cubierto, seguía siendo igual de violeta que la monstruosa criatura en la que se hallaba convertido minutos atrás.

Me mordí la lengua. No, no le daría importancia a eso. Aun si era un monstruo, era Wade, y no lo abandonaría por ello…

Traté de mantenerlo en el suelo, pero se incorporó sin remedio, arrastrándose de espaldas contra el muro opuesto al agujero en la pared. Chocó con el cuerpo inerte de Shadia, retrocedió sorprendido. El movimiento brusco debió causarle dolor, ya que las heridas de los azotes posteriores a nuestra captura habían vuelto, al igual que los moretones, los golpes, e intentó sin éxito ponerse de pie, y con un jadeo cayó de rodillas al suelo.

- ¡Wade…! –con las manos totalmente abiertas, le sujeté la cara, forzándolo a mirarme, llamándolo sin saber que más debería hacer. Él titubeó unos segundos, casi sin poder enfocar mi rostro hasta que lo hizo. Inhaló un par de veces, mirándome compungido. Realmente parecía haber despertado de un pesadilla-. Soy yo…

Durante un segundo, no dijo nada. Se limitó a mirarme, descubriendo mi cara frente a él. Levantó una mano, muy lentamente, hasta que rozó mi mejilla. Aun lloraba, su dedo acababa de tocar una lágrima que resbalaba por la orilla de mi mentón.

- ¿Sophie…? –murmuró, apenas con voz, pero era la misma voz que yo conocía. No habría podido hacer nada más que sonreírle, abrumada porque era él. Eran sus ojos, su voz. Daba la impresión de que temía que fuera a desaparecer si me tocaba, pero cuando lo hizo, cerró sus dedos, sobre mi mejilla con tal firmeza que creí me causaría dolor, pero no hubo nada de eso. Solo sonrió, de esa misma manera torcida tan particular de él-. Estás viva…

Iba a decirle algo cuando tiró de mi cuello, de mi brazo, lanzándome cuidadoso contra su pecho. Nunca antes había estado así de cerca de él, nunca había sentido así el calor de su piel. Era algo abrumador, pero lo suficientemente confortante como para no moverme de allí. Cerré los ojos, pasando una mano tras su cuello. Lo escuchaba respirar contra mi cabello, reír suavemente…

- ¿Qué pasó…? –preguntó de pronto, soltándome. Sin querer, deslizó su mano sobre mi espalda, liberando un quejido adolorido por las heridas. Me soltó de inmediato, apretándome un brazo insistente-. Tu espalda… Sophie, ¿estás bien…? ¿Qué demonios pasos…? ¿Cómo llegué aquí…?

Pasé saliva, nerviosa, sin saber cómo explicarle todo…

-Es una larga historia… -conferí, con los ojos aun cerrados por el dolor.

Sus dedos crepitaron alrededor de mi cuello, buscando un sitio donde posicionarse. Abrí los párpados al sentir el contacto de su piel con la mía. Frente a mí, su rostro estaba peligrosamente cerca de mí, su frente apoyada contra la mía. Ahora era él quien apartaba los ojos…

-Creí… -tragó saliva, sonriendo claramente nervioso. El suave aliento que lanzó esa risa me tomó con la guardia baja, sujetándome por la espalda con su mano helada. Estaba muy cerca de mí, tan cerca como nunca antes. Por un segundo, el mundo, la sangre, el horror desapareció a mi alrededor, y todo lo que podía ver era él-. Creí que… ellos…

-Está bien… -susurré, permitiéndome el atrevimiento de colocar mis manos sobre su pecho. Estaban heladas, sucias, pero Wade no retrocedió. Solamente abrió los ojos, lento, perforando la poca seguridad que tenía con sus penetrantes ojos. Quise sonreír, en serio, pero estaba tan nerviosa que apenas pude evocar una mueca-. Estamos bien, estamos juntos… Todo saldrá bien…

-Sophie… -su voz me llamó una vez más, esta vez, tan suave y cálida como la expresión en sus ojos. Se adelantó lentamente hacía mí, sin dejar de ver mi propia cara sonrojada por su cercanía, por el agitado latido de mi corazón al verlo humedecerse los labios entreabiertos, buscando el instante en que ya no hubiera espacio entre nosotros…

Estaba a punto de decir algo, cuando levantó los ojos al frente, justo detrás de mí.

En un segundo, todo cambió…

La tierna expresión de su rostro fue reemplazada por gesto sofocado de horror. El agarre suave de sus manos se volvió una tenaza de hierro sobre mis brazos, lanzándome contra el suelo sin importarle mis heridas, extirpando un chillido angustioso al sentir mi espalda lacerada contra las piedras. Wade, impulsándose sobre mí, empujó mi cuerpo hacia el pasillo, intercambiando su anterior posición con la mía, donde yo había estado momentos antes, justo en el momento que una bala del tamaño de una pelota de ping pong le atravesaba el centro del pecho.

La sangre me salpicó la cara, los brazos. Grité horrorizada al ver el agujero que tenía ahora, sangrante, al tiempo que buscaba soporte para no caer abatido al suelo…

Y detrás de él, Brenda, con su único brazo, le apuntaba de nuevo.

No dijo nada, solamente disparó, pero esta vez, fui yo quien corrió para cubrirlo. Wade gritó algo, advirtiéndome que no lo hiciera, pero yo no estaba pensando en mí…

Sin embargo, antes de que la bala me tocara, algo se proyectó desde mi interior.

La bala rebotó contra una barrera azulina, la cual estaba a pocos centímetros de mí. Fue tan repentino que caí de bruces sobre el suelo, tropezando con Wade, y Brenda cayó sentada sobre los escombros, soltando la pistola en el proceso.

- ¿¡Qué demonios…?! –Wade me miraba estupefacto, con la mano apretada sobre su pecho. Lo miré, muda, sin saber que decirle porque tenía la mente en blanco. Podría haber pasado todo el día tratando de explicarlo, cuando escuché a Brenda tomar la radio.

- ¡Sí, aquí siguen! –exclamó, sin quitarnos los envenenados ojos de encima- ¡Están a cien metros de su posición, en el pasillo que conduce al sector tres! ¡Hay un agujero en la pared! ¡Carguen con todo!

Habían pedido refuerzos. Y ya estaban aquí.

- ¡Rápido…! –ordenó Wade, tirando de mi para que levantarme- ¡Corre, ya!

o.o.o

Edrick no tuvo tiempo para alertarlos, no hubiera podido hacer nada. El Shinigami se movió rápidamente, reaccionando incluso antes de que los demonios entendieran que se lanzarían al ataque. Con las manos desnudas, bloqueó rápidamente el ataque del primer demonio, quien trató de hundirle una daga por la espalda, pero no alcanzó siquiera a tocarlo. Corrió hacia la tarima, inclinándose para librar la patada de otro que brincó justo sobre él. Lo sujetó por el pie, utilizando su impulso para estrellarlo con el que se apresuraba por la izquierda; lo había percibido instantes antes. Ambos se elevaron sobre el suelo, arrastrándose sobre los adoquines de piedra, a varios metros de distancia.

Uno más lo atacó por el frente, con su mano tensa como una columna de piedra. Wade echó el torso hacia atrás para esquivarla, soltándose de la tarima con un brazo para no caer de allí, y se impulsó de vuelta al frente, esta vez, logrando pasar por sobre la baranda y caer de pie sobre el suelo enrejado y metálico. El mismo empuje de la caída logró ayudarlo para evitar la colisión de una lanza contra su cabeza, el aire silbando sobre él, indicándole que le habría cortado el cuello no haberlo hecho. Esto solo lo enfureció. El sujeto de la lanza volvió a arremeter contra él, esta vez, demasiado lento, o quizás no. Quizás solo percibía esa lentitud porque deseaba sacarles los ojos a todos. Como fuera, le arrebató el arma de las manos, lo tomó del cuello y logró hundirlo contra el suelo de rejas que acabó cediendo ante la fuerza y el peso. Pero había sido descuidado, el roce de una bala se lo indicó. No estaba seguro de la dirección, y tampoco tuvo tiempo ni la calma para pensarlo. Un gemido de dolor lo sacudió del estado de adrenalina, y corriendo detrás de las bobinas, divisó a Sophie siendo obligada a ponerse de pie por un demonio robusto y moreno. La tenía encañonada, el tiempo suficiente para arrojarla fuera de la tarima, lejos de la lluvia de balas, hacia la puerta de la sala.

El cuerpo le ardió por el estallido de furia. La lluvia de balas no cesaría y dudaba que fueran balas comunes. Pero eso no significaba que se quedaría allí agazapado como un animal. Sujetando la columna de la bobina, una mano abajo y la otra arriba, la arrancó de su sitio, sintiendo los cables y las estructuras deprenderse de raíz ante el ímpetu de su agarre, provocando un corto en la electricidad y la luz. Los reflectores amarillentos se apagaron al instante, parpadeando moribundos antes la falta de energía, pero la lluvia de balas continuó. No esperaba que acabara, solamente el parpadeo, los destellos. Ese solo segundo de duda bastó para arrojar la bobina sobre los tiradores. Debieron caer dos, pero escuchaba las otras dos armas cargándose para continuar. Era el momento.

Salió de atrás de las bobinas, impulsado por su propia presión que ardía como fuego a su alrededor. La colisión de su presión con el suelo estalló, creando un cráter en el suelo de piedra, empujando a los demonios contra la pared. Enardecidos, volvieron al ataque, tratando de herir con las manos, las armas. Uno trato de dispararle, justo en el momento que Wade desviaba el cañón y la bala le atravesaba el cráneo a su compañero.

Un nuevo jadeo, los pasos trabajosos de Sophie se perdían fuera de la puerta, y en ese momento la desesperación lo abrumó. Deberían quedar varios demonios, por lo menos cinco. Si lo que Christopher había dicho era cierto, debería haber al menos una decena suelta allí afuera. No podía arriesgarse así.

Sin saber que más hacer, logró someter al último de los tiradores, en el momento que el sujeto que lanzó al suelo lograba ponerse de pie. Wade corrió hacia el centro de la sala, sobre las bobinas, arrancando en medio del salto la maquina con forma de carámbano que colgaba sobre la capsula de agua. Apuntó justo antes de caer, y el carámbano se le insertó en el pecho al demonio que recién se ponía de pie. No lo mataría, pero lo detendría el tiempo suficiente para que le permitiera salir de allí.

Corrió hacia la puerta, librando la tarima. Escuchó dos disparos tras de él, pero apenas les prestó atención. Ni siquiera se molestó en abrir la puerta; se cubrió los ojos y embistió contra ellas, saliendo del otro lado en una lluvia de astillas color caoba. Tenía los ojos clavados en el demonio que se alejaba por el pasillo, los pies de Sophie ya no se movían, no escuchaba su respiración.

El demonio percibió la presencia de Wade, y en un movimiento desesperado, giró para enfrentarlo, apuntándole a la chica en la cabeza con el arma.

- ¡Si te acerc-!

Demasiado tarde comprendió que Wade no se detendría. No tuvo tiempo siquiera de sujetar correctamente el gatillo, antes de que el puño del Shinigami lo arrancase de su rehén, con tal potencia que atravesó la pared contigua, tres metros detrás de él. Se escuchó un desastre, como cristal haciéndose pedazos, sin embargo, Wade ya no miraba en esa dirección.

Con el corazón en la mano, corrió hacia donde yacía el cuerpo inerte de Sophie. Había caído al perder el apoyo del demonio, en una posición casi antinatural.

- ¡Sophie! –la llamó, girándola, acomodando su cuerpo delgado sobre el suelo, boca arriba. No había podido verla bien con anterioridad, sintió que el estómago se le hacía un nudo junto con el resto del aparato digestivo. La habían golpeado hasta el cansancio, hasta abrirle el pómulo, la ceja, el labio. Varios hematomas descendían por sus brazos, por sus piernas, sobre las rodillas y las manos desgarradas. Pero eso no era lo peor, porque no respiraba. Colocó un dedo sobre su cuello, buscando pulso desesperadamente, sobre su muñeca.

Nada. Ni un solo latido.

Aquella vieja sensación, el mundo cayéndole encima…

Desesperado, se quitó el saco, colocándolo torpemente como una almohada para levantarle el cuello. Sabía que había una remota posibilidad de que su única idea funcionara, si la había drenado, necesitaría cederle de su presión para estabilizarla.

Así que una vez que se arremango la camisa, ahora sucia por el combate, extendió las manos sobre ella, sobre su pecho y su vientre. Concentró toda su presión sobre ella, tratando de distinguirla mediante la suya, rodeándolos como una burbuja. Apenas podía percibirla, pero allí estaba; era una oleada débil, moribunda, se aferraba a su corazón como un cachorro a su madre muerta. Aquello era peligroso, pero hacia la tarea más sencilla; no había que ubicar una grieta pequeña, sino simplemente, cubrir el enorme agujero por la cual se vaciaba el agua del cántaro. Dejó que su energía fluyera en ella, inundando sus órganos vitales, tratando de reanimar su corazón apagado. Sorprendentemente, ella no rechazó su presión, cosa que lo tranquilizaba tanto como lo aterraba; podía significar que las cosas marchaban a la perfección, o que simplemente estaba muerta, insuflando su energía dentro de un cuerpo vacío.

Los negros pensamientos aumentaban a medida que ella no respondía. Cuando consideró que la presión era suficiente, cerró la burbuja, sellando ambas. La falta de presión lo dejó un poco desorientado, pero no lo notaría hasta mucho después.

Sophie no reaccionaba. No había respuesta…

- ¡Maldición…! –no quería pensar en lo peor. No quería imaginarse lo peor. Sin saber que más hacer, apoyó ambas manos sobre el pecho de la chica, iniciando el masaje cardiopulmonar que había aprendido de los humanos. Ella misma se lo había enseñado. Parecía una mala broma del destino- ¡No te des por vencida ahora, maldita sea!

El cuerpo de la bruja se sacudía inerte con el empuje del Shinigami, daba la impresión que se rompería en cualquier momento. Wade le despejó la boca, inclinándose sobre ella e insuflando aire en su interior, hasta que sintió que su cuerpo se llenaba de aire.

Abandonó su boca, sofocado por el amargo sabor de la sangre seca de los labios de Sophie. Aquello le enfureció, era un pensamiento fuera de lugar, pero no podía evitarlo. Debería ser dulce. No así, no cubierta en heridas y golpeada como un animal.

Volvió a inhalar, vaciando su propio aire en ella. No se detuvo ni un solo momento, se negaba a creer que sus esfuerzos eran inútiles.

- ¡Vamos, Sophie…! –se le escapaban los jadeos por el esfuerzo, la miraba sacudirse sin sentido, únicamente movida por él, ni siquiera podía percibir su presión ahora, cuando ya debería haber sido absorbida por ella. Debería estar mejorando. Apretó los ojos. La oscuridad le mordía los talones- ¡Vamos, vamos, demonios!

Debió haber repetido el proceso cinco veces más. Quizás seis o siete. Al final, sofocado por la angustia, había perdido la cuenta, y en medio de esa última bocanada de aire que insufló en ella, comprendió que no tenía sentido seguir. No percibía nada cerca de él, ni en el interior de la chica, nada que no fuera vacío…

Aun apretaba su cuello, sin poder alejarse demasiado, aun con sus labios presionados sobre su boca helada, hasta que el sentimiento fue insoportable, hasta que apretó los dientes, obligándose a dejar ir ese beso congelado, el único que alguna vez pudo robarle. Tenía el corazón comprimido por la triste frustración, los puños encogidos sobre sus manos temblorosas. Lo invadió un aire frío, que le repetía que, si la soltaba, si se atrevía a apartarse de ella, significaba realmente que estaba muerta.

Que le había fallado.

Abrió los ojos, observando su faz demacrada a causa del dolor, de los golpes. Los hematomas malogrando sus rasgos de muñeca, escondiendo el pequeño lunar bajo su párpado izquierdo por el color oscuro. Pensó en sus ojos caleidoscópicos, en la forma en que solía pararse frente a su ventana cuando aprendía un hechizo nuevo y se sentía la reina del mundo, no dejaría de hablar de ello por toda la semana. Había dejado una taza de café en su habitación, con la marca de su labial señalando donde su boca había bebido mientras leía alguna revista.

Aún tenía el suave olor de su perfume en ella, en su ropa empapada. El mismo que lo había acompañado todo el día…

El tiempo transcurría lento, pero la sentía cada vez más lejana.

La luz que alguna vez iluminó sus días, se había ido para siempre…

-Sophie… por favor… -sujetó su pequeña mano entre sus dedos, sintiendo los ojos lacrimosos, el peso de la impotencia devorando su corazón-. Por favor …

Se había ido…

Esta vez… había llegado tarde…

Aspiró profundamente, intentando mantener la calma, tratando de contener el llanto infantil que parecía inminente. Aun sostenía a Sophie, sus manos alrededor de su rostro pequeño. Quería rogarle que no jugase más con él. Que abriera los ojos. Que dijera alguna de esas cosas ridículamente inteligentes que siempre decía…

Que era un idiota, que debió quedarse con ella esa mañana…

Aspiró violentamente, alejándose de su cuerpo, aun sin soltarla. Estaba furioso…

Entonces, tan rápido como le fue posible, levantó la mano sobre ella… y la dejó caer a toda velocidad sobre su pecho, causándole una sacudida violenta al cuerpo de la bruja. La presión, concentrada bajo su palma, estremeció a Sophie como si fuera víctima de un choque eléctrico…

Y, como si fuera un milagro, empezó a toser.

- ¡Sophie…! –Wade sintió que la voz se le iba, que el alivio lo golpeaba como un tren por la espalda. Tuvo la sensación de que no había respirado ni una sola vez en todo ese rato. Con cuidadosa firmeza, sujetó su rostro con una mano, retirándole el cabello empapado de la cara. Ella no se movió, no demasiado. Tosía, tratando de recuperar el aliento, levantó una mano débil, cuyo camino se acabó tratando de alcanzar su propio pecho- ¡Sophie…! ¡Sophie, mírame! ¡Mírame!

Sophie no parecía reaccionar, hasta que dejó de jadear, moviendo los labios como si quisiera decir algo, pero le faltasen las fuerzas. Abrió los ojos, muy despacio, mirando al Shinigami delante de ella que parecía necesitar ver sus orbes iridiscentes o se le acabaría la vida.

- ¿W-Wade…? –preguntó, falta de aliento, mirando débilmente por debajo de sus pestañas, intentando ignorar el agudo y punzante dolor que embargaba su cuerpo. Aspiró, haciendo un sonido similar al de un gato que trata de maullar luego de ser abatido por un enorme perro. Sentía las manos de su compañero, rozando sus mejillas, la sangre que le estorbaba, ahora seca, sobre la nariz y los labios, tan suavemente que apenas lo sentía sobre su piel lacerada.

Aun no podía distinguirlo bien, su vista nublada solo le permitía reconocer colores, formas. No fue hasta casi un minuto después, que la mancha pálida que la miraba sobre ella cobró forma, rasgos, ojos y boca. Una boca que sonreía muy cerca de ella, con tal alivio plasmada en ella que creyó que su dueño se echaría a reír.

Sintió que el corazón le latía débil y alegre en el pecho al verlo. Todos esos rasgos duros, filosos de su rostro le parecieron sumamente gentiles. Sin embargo, con la calma, llegó el miedo. El terror le caló desde dentro, y sin saber por qué comenzó a llorar, solo llorar. No se sentía precisamente abrumada, pero no podía detenerse.

-Shh, tranquila, muñeca, estoy aquí… -susurró, su voz grave endulzada con suavidad, mientras trataba de calmarse a sí mismo. Lo abrumó la necesidad de apretarla entre sus brazos, pero temía hacerle daño, no sabía que tan herida estaba, si tenía alguna costilla rota, o algo por el estilo. Se veía tan débil. Apretó su mano, sus delicados dedos no opusieron resistencia-. Estoy aquí, estás a salvo. No me iré a ningún lado…

Sophie cerró los ojos un momento; en su mente desorientada, no veía motivos para preocuparse, ya no. Wade era una de las personas en las que más confiaba, si él estaba allí, significaba que todo estaba bien. Que todo había acabado. Las manos del Shinigami envolvieron las suyas, tan heladas que el calor de las de él le resultaba molesto. Abrió los ojos para ver que sucedía, y Wade le lanzó una mirada preocupaba que trataba de ser tranquilizadora.

- ¿Te duele alguna parte del cuerpo en específico? –tragó saliva, con la mandíbula tensa por el torrente de rabia, alivio y mortificación.

-C-creo que me fracturé… una costilla –balbuceó, haciendo un vago esfuerzo por señalar los sitios. Wade chasqueó la lengua-. Me duele… cuando respiro… y… mi hombro… ¡Ah…!

Sophie aun hablaba cuando sintió una mano tibia deslizándose por el borde de sus costillas, sobre la caja torácica. No estaba segura de que la dejó realmente sin aliento, si el calor súbito sobre su piel helada, o el hecho de que era él quien la tocaba delicadamente, sus yemas en contacto directo con su cuerpo. Se movía con cuidado, repasando cada una de sus costillas, en busca de alguna que estuviera fracturada.

Miró hacia otro lado, evadiendo cualquier mirada que pudiera evidenciar el color rojo de su rostro.

Para su suerte, la palidez y los golpes lo ocultaban del todo, pero eso no podía evitar que su corazón palpitase agitado.

Para su desgracia, Wade lo notó, aunque lo tomó como solamente parte de su confusión, la debilidad y el trauma del momento. Estaba asustada. Lo mejor sería acabar con eso y salir de allí, de todos modos, volvería para asegurarse que James y Christopher hubieran sacado a Sylvette de allí.

Acabó de revisar el lado izquierdo, sin encontrar nada, y se cambió al otro costado. Trató de no pensar demasiado en lo que hacía, y ahora que la veía más claramente, decidió que tampoco la miraría demasiado, al menos no por debajo del cuello. Estaba empapada de pies a cabeza, la ropa se adhería precariamente a las formas de su cuerpo, y la blusa rasgada de una manga, exponía a la vista la mitad de su ropa interior.

Sophie volvió lentamente la vista al frente, observando tímidamente la expresión concentrada, absorta del rostro varonil de su compañero, la sombra creada por su cabello. No había notado su aspecto, no recordaba haberlo visto antes en un smoking, que, aunque ya no lucía tan arreglado con la camisa desfajada, la corbata totalmente desaparecida y los primeros botones del cuello abiertos de par en par, exhibiendo el hueso de su clavícula, no evitaba que se viera irresistible.

Se habría preocupado realmente porque su corazón la delatase, cuando de pronto, Wade alcanzó el punto de la fractura. Apenas la tocó, apenas la rozó con los dedos, pero Sophie gritó como si la hubieran apuñalado.

-Maldición, está rota… -se sentía culpable por causarle dolor.

-Supongo que por eso… me duele cuando hablo… -dijo ella, sonriendo levemente entre lagrimones doloridos.

Wade, lejos de unirse a esa risilla, tuvo la sensación de que comenzaría a escupir fuego por la boca.

- ¿Qué te causa tanta gracia? –gruñó, con una ceja elevada. La chica lo miró, lejana. En otro momento se habría enfadado por su rudeza, pero le resultaba tan familiar que no podía evitar sentirse a salvo- ¿Estás consciente de lo que hiciste? ¿En qué demonios pensabas?

-Lo tenía… todo bajo control… -graznó, un tanto molesta. De pronto, una idea la asaltó de golpe-. Y, ¿Sylvette…? ¿Dónde… está…?

Se había desesperado, y el dolor de su súbito jadeo le provocó una serie de tosidos que deberían ser insoportables. La furia de Wade se disipó casi al instante, sujetando su rostro, sin saber que más debería hacer.

-James y Christopher están rastreándola -respondió, ofreciéndole una mirada tranquilizadora, y la súbita tensión bajó de sopetón -. La encontrarán, no te preocupes….

Ella asintió lentamente con la cabeza, apenas consciente. Estaba extremadamente cansada, demasiado como para seguir luchando con el momento. Wade estaba consciente de que, en cuanto la tensión y la adrenalina salieran de su sistema, el dolor sería insoportable. Tenía que sacarla de allí cuanto antes.

Se inclinó para mirarla, fijando su único ojo verde sobre los de ella. Sophie aspiró al tenerlo tan cerca. Contuvo un jadeo de dolor.

-Tengo que sacarte de aquí, preciosa… -le dijo, deslizando un mechón de cabello oscuro detrás de su oreja. De pronto, ya no se sentía tan segura de poder ocultar la reacción de su pulso cuando lo tenía tan cerca. Wade no sonreía, pero, aun así, su voz era grave, dulce y cálida. No habría podido actuar de otro modo, no cuando ella se encontraba en un estado tan vulnerable. Casi se sentía culpable por regañarla momentos antes-. Estarás bien, te lo prometo.

Asintió, sin moverse demasiado, pasando saliva y tratando de ignorar su boca amplia y sensual, hablando con ese usual tinte oscuro, el eco como ronroneo al final de las frases. Hasta ese momento, se percató del dulce tono de voz que usaba con ella, la suavidad de sus palabras…

-Voy a levantarte –pasó saliva, y la miró, como queriendo transmitirle seguridad-. Quizás te cause dolor, prepárate.

Asintió, comprendía la situación. Wade pasó cuidadosamente una mano tras su espalda, otra bajo sus rodillas, acomodando su lánguido cuerpo de modo que la costilla herida, la izquierda, librase el total contacto con su cuerpo. Sophie jadeó levemente, el movimiento le causó un escalofrío doloroso, pero podía soportarlo. Con los labios y los ojos apretados, recostó la cabeza contra la garganta del Shinigami, intentando ignorar el malestar que le escocía el costado. En realidad, le dolía todo el cuerpo, en todos lados palpitaban las heridas, desde sus pies cansados de correr hasta su amoratada mejilla. Aun así, se sentía tranquila, anidada entre los fuertes brazos de Wade, quien una vez más, estaba allí para salvarle la vida.

Sintió su aliento rozando su cabello, el palpitar de su corazón bajo su pecho. Wade, sin decir una palabra, se movió con ligereza, presionando sus labios contra la parte superior de su cabeza.

Aún tenía en su boca el sabor a metal de la sangre de Sophie, minando sus sentidos.

-Vámonos de aquí… -dijo, apoyándose sobre la rodilla para ponerse de pie.

Pero cuando trató de dar un paso, fue como si, de pronto, hubiera perdido las fuerzas. En plena caída, consiguió sujetar a Sophie para que no cayera al suelo, pero eso no impidió que la chica gimoteara de dolor por la sacudida, sintiendo la costilla suelta agitarse en su interior.

Sophie levantó suavemente la cabeza; en su confusión, comprendió que algo estaba mal. Buscó el rostro de Wade, alzando una mano para tocarle la mejilla, mientras él volvía a dejarla en el suelo, con todo el cuidado que le era posible.

- ¿Wade, ¿qué… qué pasa?

Las manos le temblaban, sentía que el cuerpo le ardía como si la fiebre hubiera tomado lo mejor de él, toda su fuerza, su presión. Preguntándose qué demonios pasaba, de pronto fue como si una parte bloqueada de su mente se hubiese despejado, y todo fue muy claro.

-Maldición… -jadeó, ubicando finalmente de dónde provenía ese tirón. Lo había sentido antes, desde antes de salir del salón donde estaba Sophie originalmente, pero no le prestó atención. Estaba demasiado absorto tratando de hacerla volver a la vida.

Antes de que él pudiera verlo, Sophie jadeó aterrorizada. La camisa, justo allí donde se ataban los botones, estaba empapada de sangre. Dos manchas circulares se extendían por la camisa, en el frente, de apenas un par de pulgadas de diámetro. Tiró de los botones inferiores de la camisa, justo en donde provenía el punzante suplicio, dejando la piel al descubierto. En el centro de su abdomen, dos agujeros de bala sangraban, y no parecían hacerse más pequeños.

Sophie no entendía que pasaba, pero para él estaba claro. Los disparos que escuchó. No creyó que lo hubieran alcanzado, sin embargo, sus cálculos fallaron. Lo que ignoraba, era porque no estaban sanando…

Pero ese efecto, la fiebre, el sudor frío, lo conocía a la perfección…

Sophie también, y de un segundo a otro, su alivio pasó al verdadero terror. Jamás habría querido verlo involucrado nuevamente en esa situación…

-Hace unos años aniquilamos a un pequeño escuadrón de Inquisidores –Wade, pasando de lado esa agonía, percibió la sangre hirviendo en sus venas al escuchar aquella voz. Y se sintió realmente envenado por la sed de venganza, cuando Sophie, aun tendida en el suelo, miró detrás de él, congelándose al verlo. El hecho de que esa maldita criatura pudiera causarle ese efecto, solo significaba algo:

Era el desgraciado que le había hecho eso.

-Desechamos casi todo, salvo algunas de sus armas y municiones –continuó, mientras el Shinigami, aun herido, luchó contra la debilidad para ponerse de pie. No sabía si era el odio o el valor lo que lo movía. Pero no dejaría que ese bastardo le pusiera las manos encima de nuevo a Sophie. no se lo permitiría, no mientras pudiera hacer algo al respecto. Aun cuando ella parecía suplicarle que se detuviera-. Flechas con puntas de plata, balas infectadas con el elixir de Prometeo. Sabía qué hacía lo correcto al guardarlas para un día lluvioso.

-Déjame adivinar –Wade compuso su mejor sonrisa soberbia, antes de darse la media vuelta. No le permitiría a ese imbécil verle en mal estado. Bharus lucía exactamente como se lo imaginó; un idiota gigantón, rapado a lo militar, lleno de músculos y con complejo de superioridad-, tú debes ser Bharus… -rio por lo bajo-. Te imaginaba más alto. Menos músculo. Más cerebro.

-Tú debes ser el Shinigami que no tiene la menor idea de cuando cerrar la boca… -Bharus no parecía asustado, ni siquiera intimidado. Lo miraba con lástima; sabía que tenía ventaja. Las balas aún estaban haciendo efecto, en pocos minutos, ese pobre idiota no podría siquiera ponerse de pie, mucho menos regenerarse-. Siempre quise combatir con uno de ustedes… -sonrió cruelmente, desenfundando de su espalda una cimitarra de filo verde, similar al jade.

Una espada demoniaca. Tan peligrosa para un Shinigami como lo era una guadaña para un demonio. Un solo corte de eso, en su condición, y Wade podría desangrarse. Las heridas hechas por armas inmortales tardaban mucho en sanar.

Pero era demasiado terco, demasiado orgulloso, o al menos, eso creía Sophie.

Lo cierto es que, sobre su orgullo y su terquedad, Wade sabía que era la única oportunidad de mantener a Sophie a salvo. No sabía cuánto resistiría un combate con él. No era ningún idiota, ese demonio no lucía como un principiante. Los mercenarios combatían con todo tipo de criaturas, tenían más maña que fuerza.

Ya podía sentir los escalofríos producidos por la fiebre carcomiéndole la fuerza de las extremidades, el sudor, la temperatura de su cuerpo elevándose. Sin embargo, trataría de conseguir el mayor tiempo posible para que James y Christopher llegasen.

Si no… tendría que pensar en algo rápido.

Demonios, después de todo, quizás hubiera sido buena idea escuchar a Morningstar. Tendría que darle la razón a su estrella favorita. Ya podía escucharlo regañándolo como su madre nunca lo hizo.

-Vamos, Shinigami –Bharus apuntó la cimitarra hacia él, sus ojos violetas, diabólicos, como si pudiera saborear su alma-. Lanza tu mejor golpe.

o.o.o

Me despido en corto porque tengo que salir corriendo. Por cierto, tengo una pregunta importante que hacerles. En la respuesta de algunos reviews esta Xd porque los mandaría por PM pero bueno, se las hago aquí abiertamente:

¿Qué tanto crees que debería avanzar su relación (Wade y Sophie) luego de esto? Crees que deberían avanzar algo más? Quisieras ver algo como negación, resistencia, algo así como Sylvette con James o querrías algo distinto? Ya tengo una idea más o menos d lo que quiero, pero me gustaría saber su opinión :3

Nos estamos leyendo chicas!

Si creen que merezco un review y el refri y el pan amor, dejen su comentario aquí abajito, junto con sus dudas, criticas, delirios y crisis existenciales, las leere todas y les dare dulces :3

Hasta el siguiente!

Sliky-cambio y fuera.