Después de muchos meses y tiempo haciéndolos esperar, acá estoy con la continuación de esta historia. Ya saben que le queda muy pocos capítulos. Solo les pido perdón nuevamente por tardar tanto, y segundo, espero que disfruten de esta continuación.
Bleach ni ninguno de sus personajes me pertenece. Todo esto es por puro ocio.
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Casi cielo, Casi infierno
Capitulo XXI
Sigilosas sombras en el medio la noche, su andar eran las tronadoras mudas del viento, mientras las pequeñas rendijas que podían observarse en todo el territorio, eran los muchos pares de ojos que habían sido entrenados para actuar de encubierto. Tenían perfectamente calculado los pasos a seguir, nada podía salir mal, Soi Fog había elegido meticulosamente a cada uno de sus hombres, así como había estudiado cada plano de los lugares que hoy tenían como destino ser desmantelados.
Pero entonces, todo se arruino, cuando una fuerte explosión hizo un escándalo de tal magnitud que alcanzo los ejes más importantes de los lugares que eran el objetivo de la noche. Ya el enemigo había sido puesto en alerta.
Soi Fog apretó su mandíbula con rabia.
—Zaraki.
Ella sabía que era una mala idea traer a ese hombre y su equipo, pero las circunstancias la habían arrinconado a tomar dicha decisión, además creyó que sería mejor si ella lo mantenía vigilada. ¡Qué errada había estado!
—Soi Fog-sama —susurró uno de sus subordinados.
Movió una de sus manos en señal de acción, ya no había escapatoria y tampoco tiempo de seguir una antigua estrategia, tenían que actuar. Las vidas de Inuoe Orihime y Uryuu Ishida podían ser salvadas en ese momento, no había nada que pensar ni replantearse. Soi Fog quería ser la mujer que dejara en Jaque a Aizen Sosuke.
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—Ya no hay perímetro a la redonda, lo hemos perdido.
La voz apagada de Izuru no demostraba más que una profunda tristeza y culpa al informar aquella noticia.
—¡Maldita sea!
Renji golpeó con rabia y furia el volante de su auto, más de seis horas tras la camioneta negra que les había indicado Ichigo. Tan solo dos horas atrás con el registro satelital de la policía habían logrado captar una pista en la vía metropolitana que unía a Karakura con Tokio, pero ahora se había perdido.
¿Cómo miraría a los ojos a Rangiku? ¿Cómo le diría a Shuhei que no lograron rescatar a Sashan?
Nadie, ninguno de ellos vieron venir una cosa así, jamás imaginaron que la maldad de Aizen Sosuke llegaría a tanta altura, porque no había otra explicación al secuestro del pequeño bebé. Sashan, una criatura pura e inocente, pagaba las consecuencias de una historia que tenía su origen desde hacía más de veinte años.
—Vuelve, Abarai-kun. Encontraremos a Sashan-chan, lo prometo. Pero tienes que volver, Rangiku-san e Hisagi-san nos necesitan.
Renji ya no tenía más opción, debían analizar la situación con mas frialdad y acompañar a sus amigos en este difícil momento.
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Los golpes que abrumaban la puerta de su departamento lo hicieron tomar cierta guardia, aunque no se imaginaba quien podía visitarlo a esas horas, él no era un hombre con la conciencia demasiado tranquila como para no preocuparse. Aun así fue lo suficientemente estúpido como para abrir la puerta sin fijarse antes de quien se trataba. Porque en solo cuestión de segundos se encontraba aprisionado contra el piso recibiendo puñetazos en su cara a diestra y siniestra.
—¡¿En dónde está?!
La voz gruesa y exigente del hombre que lo golpeaba hacia que cada una de sus palabras incrementara la magnitud de sus golpes. Gin Ichimaru estaba a punto de perder la razón, pero la persona que acompañaba al atacante, percatándose de ello, intervino para salvar la situación.
—¡Hisagi-san! —Ichigo tomo con fuerza el cuerpo del policía alejándolo del médico—. Lo vas a matar y si tuvo algo que ver entonces no lograra decirnos nada.
Gin se tomo la cara con dolor, miro la palma de su mano llena de sangre, estaba atontado y no caía en la razón por la cual era golpeado de esa manera, pero en el momento que Ichigo Kurosaki lo tomo de los hombros y le hablo supo que venían a pedirle explicaciones de algo aun desconocido.
—Ichimaru, ¿en dónde está Sashan? Dime la verdad, porque juro que no frenare a Hisagi-san la próxima vez.
—¿Qué?
—¡No me hagas repetirme! ¿En donde esta Sashan-chan?
—¿De qué demonios estás hablando? —Gin escupió sangre—. El niño está con Rangiku, no hay nada que tenga que ver conmigo.
Hisagi estaba a punto de intervenir con otro golpe, pero Ichigo le hizo una señal para que no hiciera nada, se había dado cuenta de algo muy importante: Gin decía la verdad.
—¿No sabes nada?
—¿Saber que, Kurosaki Ichigo?
Gin miro a Ichigo y luego a Hisagi, se mantuvieron la mirada sin saber cómo reaccionar ante la presencia de cada uno. Pero Shuhei al igual que Ichigo supo que Ichimaru realmente no sabía porque razón estaban ellos allí y porque había sido golpeado. Ante esto ambos decidieron dejar atrás el departamento del médico, pero antes de ello, Ichimaru pido una explicación.
—¿Qué fue lo que paso?
—¿Realmente te importa? —cuestiono Hisagi.
—Aunque no me guste ni lo tolere ese niño es mi hijo —sonrió haciendo que una línea de sangre corriera por su mentón.
—Maldito hijo de…
—Fue secuestrado —intervino Ichigo—. Golpearon a Rangiku y le robaron a su hijo de sus propias manos. Fue una camioneta negra cuya patente es PNH395. Si sabes algo, por favor, solo debes decírnoslo. Porque es como bien has dicho, aunque no te guste, ni lo aprecies, Sashan es tu hijo y ahora está en manos de unos desconocidos y creo que sabes, a pesar de todo, que no hay mejor persona en este mundo que una madre para un hijo.
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Las luces brillantes, el bullicio de las personas y el sonido fuerte de la música hacían eco en el gran salón donde se disfrutaba de una gran fiesta a la que había asistido por la gran insistencia de sus colegas, él no era hombre de disfrutar de ese tipo de cosas, no le llamaban la atención. Él no se imaginaria nunca que en un futuro no muy lejano seria estandarte de esa clase de vida que tanto le aburría en esos momentos.
—Usted parece no disfrutar de esta fiesta.
Al escuchar una voz que llamaba su atención el hombre se volteó para encontrarse con la bella figura de una mujer de media estatura, pero esbelta. Su cabello castaño recogido en una coleta alta hacia que sus bonitos ojos azules resaltaran como dos joyas preciosas. Realmente no recordaba haber visto a mujer tan hermosa en toda su vida.
Y aun así, ante tanta delicadeza, notó un deje de desprecio en su tono de voz.
—No me gusta faltar a la verdad, estoy un poco obligado en este lugar ¿Eso podría llegar a ofenderla?
—Me sorprende —ella sonrío con arrogancia—. Es usted no solo un hombre muy apuesto, sino también muy inteligente.
No era la primera vez que una mujer se hacía cargo de elogiar sus atributos masculinos, pero si era la primera vez que se sentía alagado por ello.
—Mi nombre es Makenda Kishiro ¿El suyo?
—Aizen Sosuke —respondió cauteloso—. Disculpe, ¿es usted la hija…?
Ella con aire autosuficiente y frívolo interrumpió las palabras de Aizen, respondiendo con anticipación.
—Exacto. Soy la hija de Moho Kishiro, el multimillonario que organizo esta fiesta. Ya mi padre no sabe qué hacer con todo su dinero y piensa que puede adentrarse al tema de la investigación bioquímica y biológica de la medicina. Cualquier médico con un poco de ambición pondría una falsa sonrisa en su rostro si quiere ser algo afortunado.
Aizen miro con sigilo a Makenda apreciando más que las palabras dichas, porque ella en su aire superficial y con solo dialogar unos segundos había descubierto que él era un hombre con mucha ambición por delante que se cubría en la apariencia de un hombre sencillo y gentil, algo muy distanciado de la realidad.
—¿Una copa de champán? —ofreció él.
—Solo le acepto un Martini.
Nunca se imaginó Aizen Sosuke que en ese momento Makenda Kishiro marcaría su vida para siempre.
—Aizen-sama.
Uno de sus subordinados hizo que volviera a la realidad olvidando que se encontraba revolviendo los recuerdos de un pasado que no había podido dominar, porque al final solo una parte de lo que había planeado le resulto como él esperaba. Si tan solo Kisuke Urahara no hubiese intervenido, si tan solo Makenda no hubiese sido tan cruel; nada de todo lo que había pasado durante estos veinte años habría tenido un poco de historia.
—¿Qué sucede, Grimmjow?
—Las Fuerzas Especiales atacaron los depósitos.
Sabía que ellos estaban tras las pistas de los muchos depósitos en donde antes solía resguardar sus investigaciones y hasta armamento. Si el enemigo consideraba que él podía tener a Ishida Uryuu e Inuoe Orihime en ese tipo de lugar, entonces los años que habían pasado no les habían servido de nada. Aun faltaba mucho para que alguien pudiera ir un paso por delante de él.
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Hinamori salió de la habitación con cautela tratando de que su presencia no se sintiera, pero era imposible pasar desapercibida para Hitsugaya que siempre estaba pendiente de ella. Ambos se miraron tratando de entender si era cierto todo lo que en ese momento estaba pasando a su alrededor, por un segundo querían creer que era un terrible sueño del que pronto despertarían para volver a ver a Ishida e Inuoe, y para tener entre sus brazos a Sashan.
—No lo puedo creer, Hitsugaya-kun. Todo esto no puede estar pasando.
—Hinamori, se que puede sonarte a palabras vacías. Pero se va a solucionar, no sé cómo, pero todo volverá a ser como antes.
Toshiro jamás se había sentido tan mal al decir una mentira. Porque sus palabras no eran más que eso, ya que nada volvería a ser como antes. No sabía cómo describir la multitud de sentimientos que sentía en ese instante, tampoco quería imaginar como Hinamori podría enterarse de toda la verdad que se escondía detrás de todos esos acontecimientos.
Porque simple y aterradoramente todo esto se debía a ella. La tristeza invadió a Toshiro sin poder hacer nada para apartarla de su pecho ¿Y si con tacto y delicadeza se le contaba a Momo la verdad? Él quizás no tenía el derecho, pero si el deseo. La justicia y el amor se confrontaban en su vida.
—¿Y si no lo volvemos a ver nunca más? —expreso Momo, mientras un ligero temblor invadía su pequeño y delgado cuerpo.
—No, lo volveremos a ver. Sashan crecerá junto a su madre, lo sé.
—Hitsugaya-kun…
—Sí.
—¿Recuerdas que te comente de la beca universitaria en Europa?
—Claro, ¿Qué sucede? —cuestionó con cierto temor.
—Pues, acabo de tomar una decisión.
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Un total y absoluto fracaso.
La mujer acaricio el gatillo de su arma con el deseo ardiente de cometer un brutal y letal asesinato contra otro de los miembros de la policía especial, lo que la degradaría y humillaría como profesional, pero no le importaba.
—Vamos… ¡Hazlo! Aprieta el gatillo si es que puedes —la desafiaron.
Entonces estalló, apuntó y sin preámbulo alguno disparó con fuerza endemoniada. Byakuya cerró sus ojos con intranquilidad, la entendía a la perfección y aunque ella acababa de cometer una locura, la apoyaba fehacientemente y deseaba con todo su orgullo que diese en el blanco, pero no corrieron con tanta suerte.
—Estas demente, mujer. Pero debo admitir que tienes agallas —confeso Zaraki al esquivar la bala perdida.
—¡Maldito estúpido! —gritó Soi Fong—. Lo arruinaste, este desastre es tu culpa.
—¿Arruinar? Yo solo hice mi trabajo.
—De hecho, no seguiste las ordenes establecidas y el plan de ataque, por ende arruinaste toda oportunidad de poner a Aizen entre las cuerdas —dijo Byakuya.
—¿Oh? —Zaraki sonrío con cinismo mirando a Byakuya—. Veo que se te da muy bien el defender a tu hembra, Kuchiki.
A Byakuya le brillaron las pupilas de sus ojos llenos de ira, y a pesar de que el comentario de Zaraki no pasó desapercibido para ella, Yoruichi decidió intervenir. No era momento para esas cosas.
—Suficiente. Esto no ha sido culpa de alguien en particular y si hay algún tipo de culpable somos todos en su conjunto por no saber leer bien la situación. Aizen debe estar riéndose de nosotros.
—Quizás estábamos tan ansiosos por dar con Orihime e Ishida que nublamos nuestro juicio.
—Kisuke…
—Puedo estar convencido ahora que Aizen-san tiene una base central secreta… o no tan secreta.
—¿De qué estás hablando? —dijo Soi Fong.
—Hace tiempo que estoy pensando en… su propia clínica.
—¿Llegaría tan lejos?
—Creo que es algo que podría ser muy al estilo de Aizen-san. Después de todo, las personas no pierden ciertas mañas con el correr del tiempo. Si antes logro tener parte de su base secreta en un orfanato y en los depósitos subterráneos desconocidos del comité médico ¿Por qué no tener el mismo modus operandi? Él ya cuenta con que sabemos de la existencia del orfanato, pero… ¿Cuánto alcance tiene verdaderamente su clínica? Aizen-san la construyo con mucho esmero y cuidado, es su territorio.
—El mandamás —dijo Yoruichi.
—Exacto.
—Lo arriesgaríamos todo al invadir su territorio, no digo que no lo podamos hacer —dijo Soi Fog—. Pero si algo sale mal el precio que pagaríamos sería muy alto, Aizen es el médico más prestigioso de este lado del mundo.
—Bah, puras patrañas —dijo Zaraki—. Pensar así es de cobarde.
—Se llama responsabilidad, Zaraki —hablo Byakuya.
—Parece que quieres seguir peleando, Kuchiki ¿Tienes algún problema conmigo, ah?
—¡Basta! —exclamó Yoruichi, mirando seriamente a los dos hombres—. ¿Cuántas veces tengo que repetir que este no es el momento para eso?
Todos los allí presentes hicieron silencio pensando en las palabras de Urahara Kisuke, quizás era momento de realizar una ofensiva total. Estaban en los momentos más críticos de sus vidas.
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En el momento que entro en aquella grisácea habitación posó sus ojos fríos y vacios de emoción en la bandeja de comida que ni siquiera había sido tocada, el hombre cerró sus pupilas pensando que la mujer cautiva en aquel lugar era muy necia para entender sobre razones triviales como una alimentación sana para una mujer embarazada.
Los ojos grises de ella lo miraron con análisis, cuidado y miedo. Miedo, que terrible sentimiento.
—Debes comer, no me pareces una mujer caprichosa y poco razonable como para no comprenderlo.
—Lo sé, pero no tengo apetito —dijo ella—. Esa es la verdad.
—No me interesa, sino vuelves a probar bocado la próxima vez me obligaras a hacerte comer por la fuerza.
Ella trago saliva con aprensión, no sabía si le atemorizaba la amenaza o con la normalidad que ese hombre las daba a conocer.
—Ahora será mejor que te comportes, saldrás de esta habitación solo para seguir mis pasos ¿Lo comprendes?
—¿A dónde iremos, Ulquiorra-kun? —dijo extrañada.
Ulquiorra suspiró, se dio la vuelta y abrió la puerta.
—Sígueme. Podrás ver a tu esposo, mujer.
El corazón de Orihime latió tan fuerte que sintió que iba a salirse de su pecho. Finalmente, después de tantos días de cautiverio vería a su esposo, a su amado Ishida-kun. Ulquiorra la estudio de perfil, notado como los ojos de ella habían vuelto a la vida en un brillo cegador, mientras Orihime de la excitación y ansiedad no le dio importancia a la punzada en su bajo vientre.
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Sus pasos sigilosos llegaron sin ser notados, los hombres en cuestión introdujeron con cuidado un desconocido bulto dentro de la gran capsula transparente y comenzaron a hablar susurrante entre ellos mientras hacían anotaciones rápidas. Luego de unos varios minutos decidieron que habían estudiado la situación correspondiente y salieron del lugar.
Él se acerco sin vacilación, pero lentamente. Había tomado muchos calmantes antes de partir a dicho lugar, la cabeza le retumbaba sin cesar y a esta altura no sabía si era por las pastillas injeridas o aun hacía efectos en él los golpes que había recibido. Aun así, no dudo. Tenía que comprobarlo. Y allí estaba, lo que sus sospechas agitaban, frente a sus ojos el cuerpo del pequeño bebé.
Su hijo.
Era muy pequeño, demasiado para ser real o por lo menos de lo que él recordara como fuera un bebé normal. Su cuerpo era delgadito, lo que le daba un aire de fragilidad bastante sana. Era y seria un niño sano. La cara redonda de la criatura y sus pómulos rosados contrastaban con su largo cuerpito, y a penas una suave mata de pelo plateado asomaba por su frente. El hombre suspiró, el niño había heredado su color de cabello.
—Sashan…
Y al oír su nombre, como si reconociera a quien tenía cerca de él, el niño lloró. Ichimaru lo observo con cautela por un momento, mientras el niño movía sus manos y pateaba sus pies de un lado a otro, tratando de ser escuchado para que alguien acuda a él y lo acune. La mano pálida y esquelética se movió por sí sola, sus dedos flacos y largos intentaron tocarlo, rosarlo a penas…
—Aizen-sama informo que tratemos muy bien a este niño ¿Sabe por qué, Ichimaru-san?
Gin no se molesto al escucharlo hablar, ya había sentido la presencia del hombre en cuestión, luego de alejar su mano del niño volteo su rostro mirando al hombre de Aizen, el rostro tranquilo, perezoso y siempre solitario espero una respuesta.
—Claro que lo sé. Es que se trata de mi hijo —dijo Ichimaru con una amplia y espelúznate sonrisa.
Stark sintió unos horribles escalofríos, pero no sabía si era porque a Gin Ichimaru le importaba nada el destino terrible de su propio hijo o porque detrás de esa tétrica sonrisa había un motivo oculto. Nunca había comprendido a Gin Ichimaru y Stark, ahora más que nunca, sabía que jamás lo comprendería.
/
La brisa en la bahía de Tokio siempre había sido un pequeño y refrescante bálsamo para su alma y mente. Era contradictorio, pero frenaba por un instante de tiempo todas sus ambiciones, sus aires de grandeza. Hoy lo necesitaba más que nunca, se encontraba en una encrucijada. La oportunidad de su vida estaba a un solo paso, ofrecida por la gran y prestigiosa familia Kishiro, pero el mayor temor de su vida también iban de la mano de dicha familia: Makenda Kishiro.
—Mi padre está algo consternado ¿Sabes?
Al escucharla, por un segundo su alma se agito, pero guardo rápidamente la compostura. No le gustaba que esa mujer pudiera provocar esas reacciones en él, por lo general siempre sucedía lo contrario.
—No tiene razones para sentirse de ese modo, Makenda —dijo Aizen—. Tu padre se preocupa por cuestiones innecesarias.
—No le has dado una respuesta a su propuesta.
—Le dije que lo pensaría.
—Él cree que lo rechazaras —ella sonrió, como si le agradara que eso sucediera.
Aizen suspiró y miro a la mujer de reojo, su pequeña cintura, sus firmes senos, sus labios carnosos, su mirada vil. Su belleza lo abrumaba, su encanto y cinismo también. Ahí estaba la trampa, él lo sabía.
Cuando escucho el pequeño timbrazo de su móvil, sus ojos se abrieron volviendo a la realidad. Se quedo impenetrable, como si su mente pudiera viajar al pasado y al mismo tiempo al futuro, Aizen sabía que todos debemos cumplir con un destino y que las personas que pasan por nuestras vidas, lo hacían por alguna razón. Makenda Kishiro la tuvo, la razón por la cual triunfaría.
Finalmente atendió su móvil.
—Lo siento mucho, Aizen-sama —se oyó una disculpa.
—Está bien, Aeroneiro. No hay porque preocuparse.
Aeroneiro había fallado, Aizen sonrió. No es como si esperara que todo fuera tan fácil, más bien todo esto estaba entre sus planes. Y como bien lo tenía planeado, Ichimaru entro silencioso a su despecho, pero lo sorprendió verlo lleno de moretones en su rostro. Pobre muchacho, pensó Aizen. Las mujeres son seres que pueden llevar a un hombre a cometer una locura y a salirse de su eje, más aun cuando esas mujeres… se convierten en familia.
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Inuoe no tomo en cuenta su estado, es más, fue como si su corazón y el pequeño que latía dentro de su vientre hubieran multiplicado por miles su fuerza al ir al reencuentro con su marido. Lo abrazo con todas sus fuerzas mientras gruesas lágrimas caía por sus rosas mejillas. No podía existir tanta maldad en el mundo, era inconcebible para Orihime. Su esposo, su Ishida-kun, un hombre tan noble y bueno, sufriendo de tanta tortura como para estar en un estado tan inhumano.
—Ishida-kun… Ishida-kun…
—I-Inuoe...
Aunque más de una vez había perdido las esperanzas y la razón, al sentir el latir del corazón de su esposa en ese momento, todo cobro la luz que había guiado su camino. Uryuu toco el vientre de su mujer, escondió su rostro en el cuello de ella, y susurró unas palabras apenas audibles.
Ulquiorra lo notó. Aparto rápida y bruscamente a Orihime de Uryuu. Ella gritó una vez, dos veces y muchas más tratando de quitar esas manos que la alejaban de su marido. Entonces alguien le golpeo, sus fuerzas se debilitaron y su vista se nublo, pero la borrosa figura de Uryuu seguía ahí y temió que esa fuera la última vez que vería al hombre al que amaba.
El corazón de una princesa lloró y lloraría por mucho tiempo más.
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Rukia se relamió el labio luego de terminar de injerir su té negro, miro con aires pensativos la taza que tenía entre sus manos. La idea de Hinamori sobre el recital no era mala, todo lo contrario, podría ayudarlos mucho para dar con el paradero de Inuoe, Ishida y Sashan. Podría llegar a oídos de muchos las injusticias y sufrimiento que padecían en los últimos días. Podría ser un deje de esperanza. Aunque no recordaba muy bien el nombre del ultimo representante que les dio la oportunidad de tocar en vivo. Era Ulriia, no. Quizás Quiroga, tampoco. Ulquiga, ni cerca. ¡Qué mala era su memoria para algunas cosas!
—¿Qué te sucede? —dijo Ichigo, sentándose a su lado.
El té se estaba enfriando, él la hizo esperar más de lo debido en aquella cafetería. Ella suspiró.
—¿A mí? Creo que esa debería ser mi línea.
Ambos se miraron por un momento, pero Ichigo bajo su mirada con pesar.
—Te queden horribles —dijo finalmente Rukia.
—¿El qué?
—Las ojeras, idiota. Deberías dormir más.
—No es como si la situación ameritara un relax, Rukia.
—Lo sé, pero ya debes dejar de atormentarte. En ese estado puede que se nuble tu visión de las cosas. Esto no es tu culpa, Ichigo.
—Lo es. Yo debí proteger a Inuoe, Ishida y Sashan. Desde el primer momento que supe la verdad debí tomar las medidas pertinentes, debí ser más astuto, ver que lo que estaba revelándose frente a mis ojos no era algo común y corriente.
Rukia lo observo con detenimiento, Ichigo se veía cada vez más devastador.
—¿Verdad? ¿Cuál verdad?
Él empuñó sus manos con impotencia, ella tenía razón, necesitaba dormir mas, centralizar la energía en un solo punto o podría llegar a cometer una locura como andar divulgando información en el momento menos oportuno. Algo que no podría perdonarse jamás, y ya había bastante cosas en la lista de lo imperdonable a nivel personal.
—No me hagas caso. Delirios míos.
—Disculpe, ¿desea ordenar algo, señor? —propuso el mesero.
Rukia lo observo con detenimiento mientras Ichigo hacia su pedido. Era un juvenil de no más de 19 años, seguramente se trataba de su primer empleo. Pero lo más llamativo eran sus ojos, sumamente atractivos, de un verde oscuro penetrante.
—¡Ulquiorra! —gritó.
El mesero e Ichigo la miraron como si le hubiera agarrado un brote psicótico. Pero ella estaba realmente feliz, finalmente había recordado el nombre del patrocinador. Ahora era solo cuestión de poner manos a la obra.
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Hinamori supuso que había sido suficiente por el día de hoy, sus ojos marrones miraron de soslayo a Rangiku, encontrándola más demacrada y ojerosa que el día anterior. Cada vez empeoraba aun más. Suspiró con suma tristeza y miro sus manos, solo quedaban diez afiches por pegar. Habían llenado Karakura y Tokio de ellos con toda la información necesaria por si alguien llegara a tener noticias de Sashan, cabía la máxima posibilidad de que no sirviera de nada, pero quedarse de brazos cruzados no era una opción para Matsumoto, y Hinamori estuvo de acuerdo.
Una mujer se acerco a Rangiku dándole aliento para que no se diera por vencida, Matsumoto solo curvo sus labios en una ínfima sonrisa. Los demás no tenían la culpa de su desgracia, pero a ella solo le interesaba tener noticias de su hijo. Hinamori no podía estar más que admirada, esa mujer de alma libre y alborotada, hoy mostraba una entereza que pocos en la vida logran obtener.
—Rangiku-san dame el resto de tus afiches, yo me ocupo de pegarlos. Tú ve a descansar un poco —dijo Hinamori.
—Todo el mundo quiere que descanse, si supieran que no puedo conciliar el sueño de la preocupación y que solo cierro los ojos gracias a las pastillas que me da mi taicho para dormir.
—Lo sé —Momo asintió apenada—. Pero es algo necesario, aunque suene burdo y absurdo.
—Todos preocupados por mi y Sashan-chan, y yo con esta actitud ¿Te debo parecer una desagradecida, verdad?
—¡Para nada! Alguien secuestro a tu hijo con algún propósito aun desconocido, estarías loca sino estas de malas todo el tiempo. Estas en todo tu derecho, yo no sé que habría hecho en tu lugar. Eres admirable, Rangiku-san.
—Gracias, Hinamori —dijo Matsumoto sonriendo con sinceridad—. Somos todos muy afortunados de haberte conocido.
A Momo se le colorearon las mejillas. Pero no tuvo tiempo de agradecer las palabras de su amiga, Ichigo y Rukia se acercaron a ellas.
—Tengo dos buenas noticias —informo Rukia—. Primero, ya hemos terminado con las pegatinas. Segundo, logre conseguir la plaza principal de Tokio.
—¿Para? —cuestionó Rangiku.
—¿Cómo no sabes? Para nuestro recital, Soul Society volverá al ruedo. Ishida, Orihime y Sashan-chan tienen que volver. Todo el mundo tiene que saber que los buscamos, que ellos pertenecen aquí, junto a nosotros ¿Verdad, Hinamori?
—¡Así es! —respondió la joven felizmente.
Ninguno de ellos podría llegar a predecir lo que estaba a punto de pasar. La calma anterior a un vendaval, nunca nadie la ha podido detectar.
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Hitsugaya miro con determinación a Urahara, el pedido que había realizado no era algo que podría ser considerado una locura, todo lo contrario, podrían llegar a ganar algo de tiempo mientras Aizen ponía atención a otro punto. Además, mantendría a Hinamori lejos de todo.
—No lo sabía —contestó Urahara, tapándose la mitad del rostro con su abanico.
—¿El qué? —Hitsugaya levanto una ceja.
—Que te drogabas, y pensar que creía que Hinamori estaba en buenas manos.
—¡Ya déjate de bromas, idiota! Estoy hablando muy en serio. Lo que estoy diciendo no es algo descabellado ¿Es que no lo quieres hacer?
—Hitsugaya-san, ¿qué crees que estaríamos ganando al hacer que yo me presente ante Aizen-san?
—Tiempo y la protección de Hianamori y cualquiera de nosotros que puede convertirse en otra víctima más de los planes de Aizen. Además, está claro que tú y él tienen muchas cosas de las que hablar, estoy seguro que ambos tienen cuentas pendientes que saldar. Te aseguro que antes de tener a Hinamori, Aizen daría lo que fuera por tenerte frente suyo.
Urahara meditó con parsimonia lo dicho por Hitsugaya, sabía que tarde o temprano alguien se lo propondría y que él debía finalmente, quisiera o no, enfrentarse a Aizen. Durante todos los años trascurridos frente a un juego silencioso, el último movimiento era predecible. Quizás en aquella mente retorcida de Aizen Sosuke estaba como prioridad Urahara Kisuke antes que Hinamori Momo, después de todo él le había roto el orgullo al robarle una creación única nunca antes vista. Podría a llegar a cambiar el rumbo de muchas cosas que se creían hasta ahora.
—¿Por qué no lo quieres hacer? —dijo Hitsugaya.
—No es que no quiera hacerlo, Hitsugaya-san. Pero hasta para mi es algo difícil enfrentarme a Aizen-san, tú sabes mejor que nadie porque. Te lo dije, para muchos yo salve a Hiamori, pero para Aizen-san yo solo le robe algo que solo le pertenecía a él, y en cierto punto, algo de razón tiene.
—Se que no es fácil —respondió Toushiro con incomodidad—. Pero para no caer completamente en las manos de Aizen también debemos hacer otra cosa muy importante.
—¿Cuál?
—Hinamori debe saber la verdad.
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Los tres días posteriores fueron pasando con demasiada lentitud y lejanía, como si el tiempo por primera vez en toda su historia se apiadara de ellos, sin querer llegar al siguiente fin de semana, sabiendo de antemano todo lo que sucedería. Y aunque ellos sabían que parecía ser una tortura, el tiempo siempre es sabio, y sabe porque algunas cosas tardan más que otras en llegar.
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El día que había decidido ser médico, su madre se había puesto a llorar de alegría, estaba muy orgullosa y él también. Quería ocuparse de la salud de las personas, quería salvar la vida de aquellos a los que no se le daba ningún tipo de esperanza, por eso se especializo en la medicina experimental. Pero nunca creyó que esa medicina lo llevaría a los suburbios más turbios de la humanidad.
Había perdido a su esposa y ahora a su hijo.
Y al parecer la mujer que tenía en frente no pensaba colaborarle con ninguno de sus deseos.
—Necesito que me brindes esa información.
—No puedo, no sé de que está hablando.
Ryuken Ishida apretó los dientes, ella estaba mintiendo. La paciencia se le estaba acabando y tampoco se pondría en el papel de caballero para obtener los datos que necesitaba, la cruel y dura verdad siempre era suficiente para carcomer la conciencia de cualquier ser humano.
—No estás en derecho en ponerte en este papel, Lisa Yadomaru ¿Sabes? Fuiste tú la que involucro a mi hijo en todo esto.
Lisa bajo la mirada con pesar, el hombre tenía toda la razón del mundo. Ella ya había callado lo suficiente, en el momento que recupero sus recuerdos creyó que era lo mejor. Toda esa gente era peligrosa y los inocentes no debían incrementarse en número.
—Dímelo.
—No estoy segura.
—Solo dilo, necesito saberlo ¿Por qué quisieron matarte los hombres de Aizen Sosuke? ¿Qué fue lo que descubriste?
Lisa rompió en llanto, recordarlo era lamentablemente horrible.
—Es su clínica. Todo está allí.
En ese momento, Isshin entro a la habitación de su pequeño hospital.
—¿Qué está pasando aquí, Ryuken? ¿Por qué haces llorar a mis pacientes?
Pero Ryuken no respondió, salió de allí con la velocidad de Flash, él no tenía tiempo como para andar perdiéndolo con el idiota de Kurosaki.
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Si usted está triste, mi corazón se rompe.
Aun recordaba aquellas palabras, jamás las olvidaría. Ella era la única que a pesar de la lluvia torrencial, se había dado cuenta que él lloraba. Había sido la mejor compañera que había tenido, nunca creyó poder recibir tanto de la vida. Pero comprendió el significado de tanta felicidad el día que se la arrebataron de su lado. El poder de tenerlo todo y el sabor de perderlo todo.
—¿Me escucha usted, Ryuken-sama?
Él suspiró.
—¿Cuántas veces debo decirte que dejes de llamarme así? Eres mi esposa ahora, Kanae.
—Ah… —ella se sonrojo—. Es la costumbre, lo siento mucho.
Dedicada y abocada solo a su persona desde el día que había entrado a trabajar a la gran mansión Ishida como mucama con tan solo nueve años, su madre la había presentado como su sirviente personal, ella se dedicaría solo a atenderlo a él. En su momento pensó si no sería ilegal tener a una niña tan pequeña con ellos haciendo dichas tareas, debía recaer lo relacionado a trabajo infantil, como mínimo.
Aun recordaba la primera vez que le toco servirle el té, ella estaba tan nerviosa que termino rompiendo la tetera y las tasas, él con sus tan solo once años le tranquilizo ensenándole que era solo algo material, totalmente recuperable.
—Las costumbres —suspiró con resignación Ryuken—. Algo muy difícil de deshacer de un día para el otro ¿Cierto?
—Nosotros estábamos acostumbrados a otro tipo de relación, usted estaba acostumbrado a otro tipo de vida. Ahora que usted ha roto las tradiciones de su familia le desheredaron, a veces no puedo evitar sentirme culpable.
Quizás esa era la razón por la que de vez en cuando su mirada se llenaba de tristeza.
—Mujer terca, ¿cuántas veces te he dicho que no debes sentirte culpable ni preocuparte por ello? Seré uno de los mejores médicos del país, nunca nos faltara nada. Ya verás que la burra de mi madre no tiene nada de razón en toda la blasfemia que largo de su boca el día que nos marchamos de la mansión.
—No hable así de Ishida-sam…
Ryuken puso su dedo en los suaves labios de su esposa callándola con lentitud.
—¿Sabes? No quiero hablar de cosas tan feas como mi madre, Kanae.
Aunque intento no hacerlo, no pudo evitarlo, Kanae soltó una pequeña risa y se aferro al brazo izquierdo de su marido con amor.
—Su madre no es una mala persona, ella está muy orgullosa de usted y solo se preocupa como toda madre haría. Simplemente nunca espero que el heredero, primogénito de su familia, se liara en un enredo amoroso con su sirvienta.
—Deja de decir que eres una sirvienta, ya no lo eres. De hecho, jamás debiste serlo.
—Es usted muy bueno, Ryuken-sama —dijo ella, aferrándose a su brazo con más fuerza.
No, pensó Ryuken. Ella era la realmente buena o un poco ingenua, pensar que su madre solo tenía preocupación por él y no por el que dirán de la familia Ishida. Estirpe, elite, clase social, no eran más que estupideces que se imponían los seres humanos para ser feliz. Kanae no necesitaba nada esos estereotipos, seguramente el día que fuera madre, sería mucho mejor de la que él había tenido.
Y así fue. Kanae fue la mejor madre que Uryu pudo tener, a veces perseguida por un deje de tristeza al no ser la mujer de alta clase social que tanto necesitan los Ishida para su hijo y nieto. Pero Uryu había sido el niño más feliz al lado de su madre, y ella resplandecía como una hermosa luna llena junto a su hijo.
Pero sus acciones habían tenido como consecuencia la muerte de su esposa, él le había quitado su madre a Uryuu, él le había arrebatado a Kanae la posibilidad de ver crecer a su hijo.
El timbre de su teléfono lo hizo despertar dándose cuenta que había viajado al pasado, miro su celular, se trataba de Kurosaki. Apago el aparato, no quería molestias. Solo recuperar a su hijo y su familia. Allí estaba aparcado frente a los depósitos de la clínica de Aizen Sosuke. Tenía un fuerte presentimiento, era como la voz de Kanae susurrándole que allí estaba su hijo, que sus pasos eran los correctos.
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—¡Ah! ¡Estúpido Ishida! —rezongó Isshin Kuroski.
Tenía un terrible presentimiento, Ryuken no estaba actuando de manera normal. El hombre estaba totalmente justificado, su hijo y nuera estaban desaparecidos hace semanas ya incontables, pero perder el juicio no era el camino para poder encontrarlos.
Así de pensativo y preocupado lo encontró su hijo.
—¿Qué sucede, viejo?
Isshin miro a su primogénito y supo de inmediato porque él estaba allí de visita, venía a buscar lo mismo que Ryuken.
—¿Vienes a ver a Lisa, verdad?
Ichigo lo miro asombrado.
—¿Cómo sabes que…?
—¡No hay tiempo que perder! —dijo Isshin—. El idiota de Ryuken estuvo aquí también hablando con ella, sea lo que sea que vengas a buscar se encuentra en la clínica de Aizen.
—¡Pero…! Espera, ¿a dónde crees que vas?
—A la clínica de Aizen ¿A dónde más? Allí debe estar el idiota de Ishida. Tenemos que ayudarlo ¿Vienes?
Ichigo se quedo como divagando y pensando en la actitud de su padre, hasta que este mismo decidió sacarlo de su ensoñación de un puñetazo en su cabeza.
—¡Oye! —chilló Ichigo.
—¿Qué tanto estas pensando? No es momento para algo como eso.
—¿Por qué el papá de Ishida iría allí?
—Escucha, Ichigo… Yo perdí a mi esposa y tú a tu madre por el Sindrome Hollow, esa enfermedad la consumió poco a poco hasta que finalmente se la llevo. Pero a Kanae Katagiri, la madre de Uryuu, la esposa de Ryuken… la asesinaron los hombres de Aizen ¿Lo entiendes?
Por supuesto que lo entendía, pensó Ichigo. Primero se habían llevado a su esposa y años después todo volvía a repetirse con su hijo. Pero Ryuken Ishida aun tenía la posibilidad que Uryuu no corriera con la misma suerte que su madre. Ichigo fue el primero en salir del hospital seguido de su padre. Destino: la curiosa y misteriosa clínica de Aizen Sosuke.
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El clima se había tornado inexplicable, por ratos salía el sol, por otros se nublaba, en cierto momento hacía calor y un segundo después se levantaba un viento frio repentino. Hitsugaya movió su nariz con molestia y parsimonia, miro el cielo notándolo indeciso y peligroso a la vez. El joven negó de cabeza, a veces la razón le jugaba preocupaciones que sobrepasaban el límite necesario.
—Hitsugaya-kun…
Toushiro se giro para encontrarse con la imagen de su novia lista para partir hacia la plaza central de Tokio donde se presentaría junto a su banda, Soul Society.
—¿Qué sucede, Shiro-chan?
—Nunca vas a llamarme apropiadamente ¿Cierto? —bufó—. Nada solo quería decirte que te ves hermosa.
Ella se sonrojo.
—Muchas gracias. Veras, no quiero desentonar contigo, ya que también estas muy guapo —canturreó ella, ladeando su cabeza y cabello al compás.
—Vaya, ahora se te da bien coquetear ¿Eh?
Hinamori golpeó el brazo de su novio.
—¡Deja de burlarte de mí, Shiro-chan! No ves que me avergüenzas.
—Por eso uno se burla, tonta.
—Hey, ¿sabes si Rangiku-san vendrá con nosotros o Hisagui-san pasara por ella?
—Matsumoto ya se fue.
—¿Ya se fue? ¿Así tan pronto?
—Sí, Hisagui ya paso por ella, sabes que Matsumoto se tomo muy en serio todo esto, esta aferrada a cualquier pequeña posibilidad para dar con el paradero de Sashan —Hitsugaya tomo de la mano a Momo—. Todos debemos apoyarla más que nunca, y todo esto que has logrado para poder dar a conocer la situación por la que estamos pasando fue muy noble, Hinamori.
En el transcurso de los últimos días había oído eso muchas veces, podía sentirse amaba y querida, pero deseaba poder hacer un poco más de lo que había logrado. Por su parte, Hitsugaya pensó en todo los planes que tenía por delante y para que todo lograra salir bien necesitaba la presencia de Urahara y Hinamori.
—¿Hitsugaya-kun?
—Sí…
—¿Qué sucede? —ella lo miro con preocupación.
—Necesito que luego del recital y todos los preparativos nos reunamos con Urahara ¿Puede ser?
—¿Eh? ¿Por qué? Tan de repente pides algo así…
—No tienes porque preocuparte, solo es una charla —mintió, Hitsugaya sabía que no se trata de una simple charla—. Por ahora solo concéntrate en el recital ¿Si?
—Está bien.
Hinamori sonrío. Nunca hubiera imaginado todo lo que debería afrontar de ahora en adelante.
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La multitud se había reunido curiosa del nuevo recital que la plaza principal de Tokio ofrecería de un momento a otro, la joven Kuchiki había movilizado algunos de los contactos de su hermano y había logrado que la prensa estuviera presente. Y allí frente a la cámara estaba Rangiku Matsumoto dando a conocer la desaparición de su hijo, Gin no podía dar crédito de lo mucho que estaba arriesgando su ex mujer para encontrar a Sashan, en otros tiempos ella no hubiera hecho tal cosa. La maternidad volvía a las mujeres valerosas, imposibles de ser igualadas.
—¿Qué sucede? —dijo Tousen apareciendo detrás de Gin.
—Ah, ¿lo puedes escuchar?
—¿Acaso es la voz de tu mujer?
—Ex mujer, Kaname —aclaró—. Están buscando los medios para dar a conocer la situación de su hijo y el matrimonio Ishida-Inuoe, mientras esperan que el recital de su grupito empiece.
—Cavándose su propia tumba, después de todo Aizen-sama ya no puede esperar más tiempo.
—Parece que algo está atormentando a Aizen en estos últimos días ¿Sera el pasado? —expresó cantarín.
—Deja de entrometerte en los asuntos personales de Aizen-sama, Ichimaru.
—¿Ara? ¿Pero acaso capturar a Hinamori-chan no es un asunto personal?
—Siempre tan venenoso —susurró Tousen—. Tú mejor presta más atención al fin que tendrá tu hijo.
Ichimaru sonrío ampliamente y Tousen sintió una fría brisa rozar su piel.
—Eres un mal aprendido, Kaname. Ese mocoso no es mi hijo y por si no te quedo aun claro no me interesa cual sea su destino.
En ese preciso momento, Aizen se presento ante ellos con una sonrisa calmada y despreocupada, podría sentir como las piezas en su juego poco se iban acomodando de la manera perfecta para él. Miro a sus dos subordinados y sonrió más ampliamente.
—Me gustaría que dejaran de pelear por cosas insignificantes, el día lo amerita. Además, esto no es un jardín de infantes y yo no soy ninguna maestra jardinera.
—Aizen-sama…
—Kaname me comentaba que el pasado últimamente a usted lo está atormentando, Aizen —dijo Gin señalando a su compañero.
—Eso no es verdad ¡Maldito Ichimaru!
Aizen levanto una ceja, Ichimaru y Tousen eran dos hombres adultos de apariencia elegante, sofisticada y extremada inteligencia, pero Aizen Sosuke sabía que en realidad eran dos críos.
—Fue suficiente —determinó—. Es hora de hacer nuestro trabajo.
Y con esas simples palabras los tres hombres se pusieron en marcha.
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—Entonces, ¿estamos listos?
—¡Por supuesto que estamos listos, enana molesta! —afirmó Renji, recibiendo de inmediato un puñetazo de Rukia Kuchiki.
—¡Ya deja de llamarme así! Tengo nombre y apellido, idiota.
—Por favor, muchachos —dijo Hinamori—. No es momento para esas cosas, debemos tomar esto como una gran responsabilidad. Solo por esta vez, Rukia-san, Abarai-kun.
—Hinamori tiene razón, esto no es un simple recital por ocio —dijo severo Hisagui.
Ambos miraron a Hisagui y Hinamori, y dieron por terminado su infantil, pero tradicional pelea. Ellos tenía razón, estaba vez debían dar un mensaje, uno muy importante: querían a sus seres queridos devuelta. En ese momento previo de concentración apareció el mismo hombre que se encargo de darles un espacio en los recitales al aire libre del día de la primavera: Ulquiorra Cifer.
—Buenas tardes.
—¡Que tal, Ulquiorra-san!
Renji achino sus ojos ante el efusivo saludo de Rukia, a veces era muy confianzuda, quizás por esa razón Byakuya siempre estaba preocupado por ella.
—Muchas gracias por ayudarnos en esta presentación, Ulquiorra-san —Hinamori le hizo una leve reverencia, Ulquiorra la miro fijamente.
Hisagui carraspeo incomodo por aquella mirada, no era una muy normal, pero por mucho que dudo lo dejo pasar; después de todo debía aceptar que Hinamori ya no era esa niña pequeña que se entrometía en sus juegos de niños, sino un bella jovencita capaz de captar la atención de cualquier muchacho adulto por muy sombrío que este fuera.
—No tienen nada que agradecer, quizás todos salgamos beneficiado de esto.
—¿A qué se refiere? —hablo Kira.
—A que ustedes darán su mensaje y yo podría quizás tener la oportunidad de hacer llegar al estrellato a una gran banda ¿No les parece?
Los cinco integrantes de Soul Society asintieron ante la frialdad del hombre, pero comprendieron sus razones, porque no podían obligarlo a involucrarse con su causa.
Ulquiorra sintió la presencia del público en la plaza y miro a los integrantes de la banda.
—Creo que ya es hora —informó.
Como nunca antes lo habían hecho, los cinco muchachos se tomaron de la mano y se miraron con confianza. Nunca hubieran imaginado que ese escenario se convertiría en la base del principio del fin.
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Todos sus hombres estaban desplegados en el amplio perímetro de la plaza principal de Tokio, había tomado las precauciones necesarias y esperaba que esta vez Zaraki Kempachi no estropeara las cosas como tantas veces antes. Cuando se tranquilo y pensó en positivo, logro sentir la presencia de alguien a su lado.
—¿Qué haces aquí? —expresó fríamente Soi Fog—. Tenía entendido que tu puesto era otro.
—Y así es, pero antes quería verte —respondió Byakuya—. Quiero decirte algo muy importante.
Ella se volteo a verlo con la mirada intrigada, ese hombre era todo un misterio por resolver a veces, así como un caja de Pandora con la cual no sabías que te ibas a encontrar. Totalmente impredecible. La ponía de los nervios porque su ser no tenía una capa invisible protectora de sus acciones.
—¿Y eso es?
Byakuya se tomo solo unos segundo para poder hablar con el decoro que siempre lo caracterizaba.
—Cuando todo esto termine, cuando finalmente Aizen Sosuke ya no forme parte de nuestras vidas… quiero que nuestra relación de un paso más serio, que formalicemos, que esto que estamos manteniendo deje de ser encuentros fortuitos y efímeros.
Soi Fog se quedo simplemente sin palabras, su rostro se torno de un rojo carmesí fuerte y abrió su boca ligeramente con intenciones de decir algo, pero nada salió de sus labios ¿Acaso era el momento para que él expresara ese tipo de cosas?
—¿Acaso estás diciendo esto porque Yoruichi-sama se dio cuenta de lo que está pasando? —logro articular ella.
—Esa gata mañosa me tiene sin cuidado.
—¡No te dirijas de esa manera a Yoruichi-sama!
—Tú la metiste en esta conversación y no entiendo porque —Byakuya se defendió con cierta molestia, a veces no comprendía porque las personas dramatizaban tanto las cosas. Él era práctico, sencillo, nada de complicaciones.
Ella no supo cómo responder y luego de unos minutos Byakuya recordó que Soi Fog era quizás más hermética y fría que él, y consideraba que había momentos para cada cosa en el lugar adecuado. O simplemente a ella jamás se le había cruzado por la cabeza dar un paso más adelante en dicha relación.
—Solo quería que lo sepas —dijo Byakuya—. No buscaba una respuesta inmediata, se perfectamente que este no es el momento.
—Lo hablaremos después, como tú dijiste, cuando todo esto acabe.
Ambos se despidieron en silencio con la mirada en los ojos ajenos.
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La música de la canción Mr. Deja vu se hacía escuchar hasta el último metro a la redonda de la plaza central, la suave brisa acompañaba el coro de la gente en cada estrofa que entonaba Soul Society; mientras las pancartas con los rostros de Ishida, Inuoe y el pequeño Sashan colmaban una parte de la multitud conformado por los más allegados a la banda. Ulquiorra debía aceptar que si ellos no fueran parte de los planes de su jefe, seguramente hubiera aprovechado la oportunidad para hacer una fuerte cantidad de dinero con ellos llevándolos a la fama, la banda tenía talento.
—¿Con quién dejaste a tu juguete, Ulquiorra?
Esa voz fanfarrona solo podía ser de Grimmjow Jeaquerjaques.
—No es algo de tu incumbencia —Ulquiorra lo miro de perfil—. ¿Acaso tú no tienes que estar en otro lugar?
—Sí, sí, ya se. Ya me voy, solo me preguntaba si fue correcto dejar a tu juguete con esas tres mujeres infames, nada más.
—Lárgate, Grimmjow. No es tu asunto mi toma de dediciones.
—A nadie le gusta recibir órdenes tuyas, menos a mí y Halibel. Esa mujer no va a prestarles la atención necesaria a sus mujeres en el cuidado de tu prisionera. Solo creí que debías saberlo.
—Entonces, ella asumirá toda la responsabilidad ante Aizen-sama si algo llegara a suceder.
Grimmjow comenzó a reír.
—Eres el pedazo de mierda más raro que conocí en mi vida, Ulquiorra —dijo entre risas, mientras sus pasos se dirigían hacia su objetivo.
Por su parte, en un punto de la multitud Hitsugaya miraba atentamente el escenario, todo hasta el momento estaba saliendo sin complicaciones, Matsumoto seguía allí, pero Toshiro pensó que era bastante extraño que Ryuken Ishida no estuviera presente así como Ichigo y su familia. Hitsugaya recordó que Kurosaki estaba más que raro en el último tiempo y que aun se seguía culpando de la desaparición de sus amigos de toda la vida. De igual modo, su ausencia era peculiar, pero le resto importancia volviendo su atención hacia Momo.
El rostro del joven Toushiro parecía padecer una preocupación insana, pensó Urahara, un día a ese niño genio el pensar tanto le provocaría gastritis. Pero lo entendía a la perfección, la tensión que se estaba viviendo no hacía más que incrementar las ganas de salir huyendo al baño. Después de todo, las cosas debía salir bien hoy, este paso era fundamental para poder llevar a cabo todos los pasos futuros, la charla con Hinamori, el despliegue sobre la clínica de Aizen.
Los pensamientos de Urahara se detuvieron, sus ojos grises se posaron en la figura de Momo recorriendo el escenario de un lado a otro, así el sabor amargo se coló por la punta de su lengua haciéndole sentir nauseas y escalofríos. Su nuca ardió y supo que alguien lo estaba observando. Sus miradas se cruzaron igual que veinte años atrás y la sonrisa de Aizen volvió a ser macabra.
Urahara gritó con todas sus fuerzas en dirección al escenario, pero su voz se perdió entre la multitud de personas felices que fueron aterrorizadas con el fuego abierto de disparos que comenzó a llover.
—¡Hinamori!
Hitsugaya se abalanzo hacia el escenario, tratando de sacar a las personas de su camino, pero se encontró con un hombre vestido de negro y encapuchado quien saco de su chaqueta un arma y simplemente disparó certeramente en el pecho de Hinamori. La adrenalina y furia que recorrió el cuerpo de Hitsugaya no lo dejaron pensar, gritó pero nadie lo escucho y cuando quiso llegar hacia la mujer a la que amaba, el mismo hombre que disparó lo golpeo en la cara con el frio metal de su pistola. Su cuerpo cayó con lentitud y adormecido, mientras su vista borrosa se lleno de lagrimas, lo más importante que había tenido en la vida había sido robado.
Pero Aizen Sozuke sabía que en realidad nada de lo que sucedia allí era un robo, para desgracia de muchos él estaba recuperando con absoluta justicia lo que le había quitado, y cuando el cuerpo inconsciente de Hinamori Momo estuvo a salvo en las manos de tres de sus hombres supo que esta partida había jugado a su favor.
—Todos dejaron una abertura —sentenció, partiendo del lugar en compañía de Gin y Tousen, mientras que a sus espaldas la realidad ardía entre gritos y lamentos.
Continuara…
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Bien, después de tantos meses de no publicar, estoy aquí nuevamente.
Cada escena me costó más de lo normal, pero creo es algo mas que tiene que ver con ser más exigente a la hora de la escritura y en el momento de plasmar una escena para que tenga significado y razón de ser. Espero que les haya gustado, y como verán estamos cada vez más cerca del fin. A pesar de saber que muchos lectores deben estar perdidos con la orientación de la historia por no publicar tan seguido, quiero que sepan que estoy muy feliz de volver a escribir y publicar un capitulo mas de esta historia.
¡Muchísimas gracias por estar ahí a pesar del tiempo!
Los espero en la continuación.
¡Hasta el próximo capítulo!
