Capitulo XXI
Grandísimo Tonto
Llego a la pequeña casa luego que la señora Kaede la fuera a buscar para que desayunara.
Entro con cuidado por la puerta luego de tocar y que le dijeran "esta abierto", se saco los zapatos y se acerco al comedor donde estaba la pareja de ancianos. El anciano Myoga estaba con una cara de pocos amigos y pudo ver a que se debía.
- Myoga… ve acostarte ¡por Dios Santo! - le dijo su mujer luego de que al anciano le diera un ataque de tos.
- estoy… bien… - dijo un poco congestionado. Se levanto de la mesa y se encamino a perchero que estaba aun lado de la puerta de salida, tomo su chaqueta y cuando comenzó a colocársela Kaede corrió donde él y se la arrebato.
- ¿y para donde crees que vas? Haber… - Kagome miraba incomoda y divertida a la vez la escena de aquel matrimonio. La tozudez del anciano y la preocupación de la mujer.
- ya estoy muy atrasado mujer… acaba de caer la primera nevada y todavía no tengo los árboles amarrados… que diría el amo Inu Taisho si los viera… ¡se moriría ahí mismo! al ver caer el ultimo tesoro de la señora Izayoi - finalizado esto, el ataque de tos regreso más intenso, a tal punto que incluso Aome se acerco y lo ayudo a sentarse en una de las sillas del comedor.
- entenderá que a sido por que estas enfermo - le dijo Kaede cediéndole una taza con una solución de limón, agua y miel - aunque sea… pídele a uno de los trabajadores que los dirija - el anciano Myoga la miro con pánico.
- ¡primero muerto! esos hombres son tan brutos, que si no les dices que ya es suficiente, estrangulan el pobre árbol a tal punto de cortarlo con el puro amarre -
- no seas exagerado Myoga… - le dijo su mujer.
- no soy exagerado, es simplemente la realidad - se levanto pero tuvo que sentarse de nuevo luego que se mareara.
- ¡vez! seria una locura que salgas así -
- una locura seria no hacer los amarres, prefiero hacerlos y así podré morir tranquilo sabiendo que hice mi trabajo -
- no seas exageres… -
Luego de sentirse un poco mejor, se volvió a levantar y aprovecho de tomar la chaqueta que su mujer dejo sobre una de las sillas luego del ataque de tos.
- ¡por todos los cielos Myoga! Te digo, tú no sales de aquí, así tenga que llamar uno de los muchachos para que te amarre a la silla -
- ¡perfecto! llámalos, así aprovechan y traen los materiales para comenzar - dijo mientras se colocaba la chaqueta.
- que hombre más testarudo ¡Entrégame esa chaqueta! - le exigió su esposa tendiéndole la mano para que se la pasara, pero el anciano lo que menos iba hacer era eso.
Luego de uno, dos, tres y hasta cuatro estornudos seguidos, el anciano cayó derrotado en una de las sillas.
- vez, tienes fuerza y apenas para mantenerte en pie y vas a ir trabajar no, no y no señor - le coloco una manta sobre los hombros y le entrego la taza con la solución.
- tal vez yo pueda ayudar… - dijo Aome.
El anciano Myoga la miro un poco receloso, pero no dijo nada.
- es cierto cariño… - dijo Kaede luego de dar un aplauso al acordarse de lo que estudia la joven.
Aome vio en el anciano Myoga, lo receloso que estaba en que se involucrara en su área, pero ella sabía como podía ganárselo.
- yo se, que no tengo los años de practica y perfeccionamiento que usted tiene… - le decía al anciano y este la escuchaba atento, pero sin cambiar el semblante - pero se hacerlo, tal vez no tan bien como usted, pero lo suficiente como para que los árboles pasen la temporada y si le incomoda, me gustaría que tal ves revisara mi trabajo luego de terminado, sería un gran honor… - y por ultimo agrego su mas dulce sonrisa.
El anciano la vio y por unos segundos creyó ver a la señora Izayoi, la primera vez que la trato, se sintió de la misma forma. Se acomodo en su asiento, corrió la mirada incomodo ante la sonrisa de la joven y tal ves un poco sonrojado, difícil de saber debido al refriado. Tosió un poco, pero todavía se mostraba reticente al dejarle a ELLA lo que es SU trabajo, por lo que Aome agrego.
- se que Don Inu no le molestaría… - mintió, ya que no tenía idea de que opinaría el hombre al verla "jugando" con sus arboles. Por algo el anciano Myoga se mostraba tan celoso, pero quería ayudar y tan mal no le fue en las clases practicas de mantención, por lo que confiaba plenamente en sus aptitudes - en la empresa el vio mis capacidades… - y con una sonrisa agrego orgullosa - no por nada trabaje… - tomo aire - con Inuyasha…
- eres un arquitecto que sabe de jardines… - dijo Myoga con ninguna muestra de querer bajar la guardia. Resoplo y continuo - gracias por tú ofrecimiento, pero no -
Su esposa se sentó aun lado de él negando con la cabeza.
- Myoga, primero deja que la muchacha te diga que hace realmente, antes de irte en negativa -
- no se que tanto haga, pero yo, desde que trabajo con el señor Taisho, se que en su empresa solo hay arquitectos y constructores - apunto
- si eso es verdad, pero este último mes se lanzo Paisajismo como parte de la empresa… y yo soy uno de los Paisajistas… bueno, era… hasta antes de ayer… - corrigió.
- ¿eras…? Eso quiere decir que ya no lo eres - cierto dejo de ironía se dejo ver en el tono de voz del anciano, por lo que Aome no pudo evitar agregar.
- así es, me retire debido a que me aceptaron en Le Versalles, en Francia… debería ahora estar allá, pero… - Aome se dio cuenta del error que acababa de cometer al tirarle en cara a ese testarudo anciano sus logros académicos, pero ya lo había echo y si que se arrepentía, y rogaba que no preguntara por que no se fue.
La anciana Kaede comprendía por la mirada de la joven y por como corto lo que decía que era un tema complicado. Le tomo la mano y le sonrió.
- entonces, no hay nada más que decir… - dijo la anciana levantándose. Su marido se quedo sentado, sin palabra alguna. ¿Qué podía decir? La joven es Paisajista, o esta en proceso de serlo, y trabajo para el señor Taisho. Cosa por lo que de mala gana acepto. Pero con la condición de él ir de vez en cuando para ver los progresos y no tendría ningún tapujo en decirle si se estaba equivocando.
Se dirigió a su habitación con la anciana Kaede hablando sobre como debía tratar a los trabajadores.
- no permitas que te menosprecien por tu edad y mucho menos por ser mujer, debes demostrarles quien manda… - Aome la escuchaba con atención mientras revolvía su maleta buscando algo adecuado para trabajar.
-me rindo… no ando con nada como para trabajar… - se sentó en la cama con un cinturón con herramientas de jardinería, que desde que sus padres se lo regalaron, siempre lo llevaba consigo.
- hay cariño, te pasaría algo mío, pero te quedaría enorme… - le dijo sentándose a un lado de ella - ¿Qué podemos hacer…? ¿De donde te saco algo que te quede? - medito unos minutos, hasta que una sonrisa en su rostro le dio a entender Aome que ya tenía la repuesta, se levanto y le señalo que la esperara ahí sentada, que volvería en unos minutos.
El anciano Myoga creyó por un momento ver a la misma señora Izayoi Shiva enfrente de él, cuando Aome apareció por la puerta de entrada, lista para su labor.
Aome se sentía incomoda al utilizar esas prendas. Se acomodaba la jardinera, sin poder creer todavía que llevara la ropa de la madre de Inuyasha puesta. En que estaba pensando cuando le hizo caso a la anciana Kaede.
Se prometió a si misma no hacer nada estúpido e innecesario que la dañara, de seguro era uno de los recuerdos que mantenían de ella.
Myoga cuando reacciono iba a protestar, pero su esposa lo sujeto del brazo y le hablo al oído callándolo de inmediato.
- ¿Qué se traen…? - musito la joven al verlos, ya era la segunda vez que la anciana Kaede le hablaba a su esposo al oído, tal vez le dijo que si ponía algún problema lo dejaba con el agua cortada. Una risita salió de los labios de Aome al pensar tales cosas, pero que inmediatamente cortó.
Salieron al jardín y los trabajadores estaban con los materiales listos. Cuando vieron salir Aome, la mayoría, en especial los más jóvenes, quedaron embelesados ante la visión de mujer que tenían enfrente. Por lo que Aome escucho un par de comentarios que se hacían entre ellos, molestándose para ser más específicos.
El día estaba hermoso, la nevada del día anterior, más el cálido sol, creaba un ambiente agradable para trabajar.
El anciano Myoga se quedo en el pórtico de su casa viendo como se las iba arreglar la joven, pero por lo visto, los jóvenes no le iban a causar muchos problemas, pero los que llevaban años trabajando con él, se veían incómodos y no muy abiertos a chachara que les hiciera perder el tiempo.
- buenos días… - dijo Aome al grupo de hombres. Uno que otro con una cara de estúpido dijo "buenos días" mientras que el resto se mantenía serio, queriendo saber que esperaban para comenzar y por qué el anciano Myoga se mantenía en la puerta, cuando debería estar ahí dando las ordenes - mi nombre es Aome Higurashi… - se presento, escucho entre el murmullo de comentarios como "es linda" un "hola Aome", como si estuviera en una sesión de alcohólicos anónimos, pero no hizo comentario sobre eso y mucho menos quiso pensarlo demasiado, por lo que continuo, muy serena y demostrándoles su seguridad - debido a que el Señor Myoga esta mal de salud, yo lo remplazare… por como esta el día será algo agradable, así debemos aprovechar antes que nevé de nuevo - y con una agradable sonrisa finalizo.
El murmullo se hizo peor, todos comentaban, no se veían muy felices con lo dicho.
Aome levanto una ceja, un poco molesta, los trabajadores se veían reacios a trabajar con ella. Miro la hora y carraspeo atrayendo la atención de todos.
- mientras antes empecemos, antes terminamos, así que dejen las quejas para después y comencemos - coloco ambas manos a cada lado de su cintura y los miro con seriedad - ¿o tiene algún problema? ¿Alguno esta enfermo? Ya que no encuentro ninguna otra explicación para que estén con esa cara - dijo Aome.
Uno de los hombres los adelanto y sacándose el sombrero hablo.
- no señorita, ninguno… -
- ¿de que estas hablan…? - dijo uno desde atrás que fue callado por el "ella conoce al joven patrón", pero Aome prefirió no decir nada, Inuyasha la salvo otra vez. Lo que la hizo sonreír levemente.
Durante la mañana Aome demostró sus dones de mando sin ningún problema, si es que se le puede llamar mandar a alguien pidiéndole cordialmente que haga algo. Los trabajadores estaban cómodos y compartían amistosas bromas con la joven, luego de un rato de haber comenzado.
El anciano Myoga de vez en cuando iba a supervisar los trabajos, pero no era mucho lo que decía, ya que la joven había hecho un muy buen trabajo. Pero luego de almorzar y que todos regresaran a la labor, vio a la joven con la vista fija, muy concentrada en analizar algo que llamo su atención.
- todo listo al parecer… - dijo el anciano Myoga aun lado de ella sacándola de su estado.
- e… si, en parte… - volvió la vista a lo que tenía su vista hace unos segundos atrás.
El anciano volvió la vista en dirección donde ella y pudo reconocer el enorme árbol que se levantaba enfrente de ellos.
- oh… murió el año pasado, íbamos a contratar a alguien para que lo cortara antes que se caiga, pero mi cabeza con este resfriado no ha funcionado mucho… y se me olvido, este jardín es muy grande… siempre hay algo que hacer… -
Aome observo unos minutos más el árbol y se giro a mirar el anciano una sonrisa entusiasta y llena de chispa.
- bueno señor Myoga, al parecer tendrá más leña este invierno - dijo Aome levantando orgullosa el rostro y colocando ambas manos a cada lado de su cadera.
- John… - llamo Aome a uno de los hombres que estaban cerca - necesito una motosierra, cuerdas, las mas largas que tengan y bien gruesas, y si encontraras un arnés, seria fantástico - le pidió Aome.
- de inmediato… - le dijo el hombre echándose a correr hacia la bodega.
- ¿Qué tiene planeado? - pregunto curioso el anciano y sorprendido al ver la actitud de los trabajadores.
- bueno, ya no será necesario que contrate a nadie… - le dijo una sonriente y extasiada Aome.
- ¿u… usted… Planea… cortarlo? - pregunto a punto del desmayo. Si algo le sucedía, de seguro tendría que preparar su tumba.
- así es - dijo la sonriente Aome.
El anciano Myoga estaba a punto de sufrir un colapso nervioso y Aome lo vio. Lo sujeto del brazo y sin quitar su semblante alegre, le hablo.
- no se preocupe, esta seria la tercera vez que lo hago… - llevo la vista al enorme árbol - tal ves, los que corte antes no eran tan altos como este, pero eso no va ser ningún problema, solo va tomar mas tiempo -
Recordó sus prácticas en los terrenos. Debido a que el instituto también impartía la carrera de ingeniera forestal, tenían una parcela con pinos, en donde los jóvenes forestales practicaban y los paisajistas aprovechaban y realizaban uno que otro trabajo, y uno de esos fue, como echar abajo un árbol sin dañar los de alrededor. Es algo bastante complicado y toma bastante tiempo. Y los ojos de Aome irradiaban alegría al recordar esos momentos.
Apenas John llego con los materiales, Aome llevo al anciano con el grupo, dio las indicaciones necesarias, y debido a que ninguno antes había cortado un árbol de ese tamaño, ella tuvo que encaramarse a él.
El anciano Myoga aguanto la respiración al verla colocarse el arnés.
- ¿y para que es el arnés? - pregunto el anciano.
Y Aome sin dejar de arreglarse le explico el proceso.
- para no dañar las plantas de alrededor, hay que cortarlo desde arriba e ir amarrándolas, para bajarlas con cuidado… ¡listo! - dijo luego que ya tuviera colocado el arnés y revisado si estaba bien sujeto.
El anciano se tuvo que cubrir los ojos cuando la vio encaramarse al árbol como mono, lo escalo sin ningún problema, lo único que molesto, era cuando las cuerdas que llevaba enganchadas al arnés, se enredaban en las ramas del árbol mientras subía.
Llego lo más arriba posible, se amarro al tronco y con una de las cuerdas amarro la parte superior. Con un hacha de mano corto las ramas más chicas que molestaban. Tiro el extremo de una de las cuerdas y pidió la moto sierra, que como Aome había indicado, debía ir encendida, pero trabada y cuando Aome la recibió, el anciano tuvo que sentarse.
Ya comenzaba anochecer cuando terminaron, Aome iba exhausta, el anciano ya no podía quejarse de nada, en lo absoluto, la joven lo había callado con solo verla trabajar.
Inuyasha maldijo cien veces cuando su padre lo obligo ir al Tengoku, que supuestamente a buscar unos malditos viejos planos que tenía guardados ahí, que lo necesitaba urgente.
No entendía como le había pedido ir a buscar unos planos, cuando él se desfallecía buscando Aome, que por el momento no daba señales de vida. Su plan era ir, recoger los planos y volver de inmediato, pero cuando llego, todos parecían en otro mundo.
La mayoría de los trabajadores estaban en el fondo del jardín y por el ruido de moto sierra, y la pila de troncos, le dio a entender que uno de los arboles ya no iba estar mas ahí.
Se encolerizo de tan solo pensar que estaban mutilando de esa manera tan descabellada el jardín de su madre.
- ¡pero que demonios! - dijo entre dientes, acercándose al lugar, hasta que salió a su paso la anciana Kaede.
- Joven Inuyasha… lo esperaba… - le dijo la mujer muy sonriente, demasiado para el gusto del joven, como si supiera algo que él no, pero estaba tan molesto que no hizo caso a sus pensamientos.
- ¡¿Qué creen que hacen?! No entiendo como Myoga dejo hacer algo así… - escupió Inuyasha señalando la zona en que cortaban.
- se refiere al árbol… - Inuyasha se giro a mirarla con el ceño fruncido, si no fuera por que es mujer y anciana, la habría aforrado - bueno, o lo cortábamos nosotros o se hubiera caído en cualquier momento… - Inuyasha al escucharla relajo los brazos, que idiota se sentía, escupiendo su ira antes de recibir explicaciones - había muerto el invierno pasado, pero Myoga como no sabe hacer ese trabajo, iba a contratar a alguien, pero ¡justo ayer! llego una excelente profesional - y por ultimo agrego una sonrisa la mujer.
Inuyasha miro la zona por unos segundos y se giro en dirección a la casa. Kaede lo siguió.
El joven venía solo con lo puesto, lo que le dio entender que venia por los "planos" y se iba, y la joven que al parecer todavía no se iba a desocupar.
Llegaron a la entrada y casi como un reflejo se descalzo dejado sus zapatos en el mueble de una orilla de la entrada.
- su padre me llamo y dijo lo de los planos, pero no los e podido encontrar, todavía… - le dijo la mujer ya adentro. Inuyasha parecía no escucharla, estaba con la mente en otra parte. Se quedo en medio de la sala observando y recordando.
A su mente venia el nombre de Aome y los momento vividos ahí. Miro a la anciana, se paso la mano por el cabello y luego por su rostro.
- no se preocupe…, puedo esperar… - dijo casi en un murmullo.
No le molestaba estar ahí un rato más.
La anciana Kaede se retiro y él quedo solo en ese lugar en que su estúpido comportamiento le había arruinado la vida, pero que a la vez había sido tan feliz. Tantos recuerdos felices en un solo lugar, su infancia cuando su madre vivía y luego Aome llego y le quito los miedos a enfrentar ese lugar, llenándolo de recuerdos gratos.
Siempre le gusto vivir en ese lugar, pero le recordaba demasiado su madre, todo estaba tan lleno de ella. Los momento en la cocina, los juegos en el living, escuchar sus historias de fantasías, en el que incluso Sesshoumaru se acercaba a escuchar; los cuentos antes de dormir, el jardinear luego de clases, pero por sobre todo su aroma a jancitos y rosas, que con el pasar de los días después de que muriera se fue desvaneciendo, hasta desaparecer por completo y por eso odio ese lugar, ya que ni siquiera ese jardín que su madre tanto adoraba, pudo conservar su aroma. Y ahora Aome aparecía y por ella fue capaz de dejar todos sus temores de lado, por una simple sonrisa, y ahora el aroma de su madre, fue sustituido por el embriagante de la joven, que a pesar de la lejanía, lo llenaba y se mantenía, y si sentía que se alejaba de él, el olor a jazmín aparecía de manera inexplicable.
Luego de años, sería capaz de volver a vivir ahí y si Aome lo perdonaba, ese seria el hogar que él querría para formar su familia. Familia en la que comenzaría con Aome y él, y por supuesto, el pequeño Kohaku.
Se saco el abrigo, la chaqueta y la bufanda, quedando solo con el pantalón de vestir y su camisa. La casa estaba temperada, y bien arreglada, lo que fue agradable. Se dirigió al segundo piso y lo primero que hizo fue dirigirse aquella habitación. Estaba inmaculada, como si el tiempo se hubiera detenido, dejando los momentos transcurridos ahí como si solo hubieran pasado hace solo unos minutos. Se sentó en la cama dándole la espalda a la cabecera y pesadamente se recostó, cerró los ojos y frunció el ceño al sentirlo, el aroma de Aome, se giro y coloco su nariz sobre la colcha. ¡Ahí estaba! ¿Cómo era posible?
- Aome… ¿Dónde estas? - se recostó de estomago, arrepollo la colcha y se abrazo a ella. Sus ojos lentamente se fueron cerrando hasta que se quedo dormido. El cansancio lo venció.
Durante esos tormentosos días no había dormido y ahora, el aroma de ella lentamente lo fue sedando y llevando a los brazos de Morfeo.
- tengo ganas de comerme una vaca completa… - dijo Aome al anciano Myoga dirigiéndose a la casita. Estaba llena de aserrín, incluso se había sacudido gran parte de este, pero al parecer no sirvió de mucho.
- y cambio de ropa… - le señalo el anciano. Aome sonrió luego de sacarse uno pedazo de aserrín que se había enredado en el cabello y el anciano al ver esto carcajearon juntos.
Fue inevitable que el hombre se quedara ahí mientras trabajaban, pero por lo menos, no tuvo que hacer esfuerzo alguno.
Kaede la obligo a entrar, aunque le ensuciara el piso, eso era lo de menos, la joven se merecía una buena cena, necesitaba reponer energía, ya que la iba necesitar para la noche.
- ¿de que ríes Kaede? - pregunto su marido cuando la mujer soltó una risita mientras preparaba el plato de Aome.
- de nada… cosas mías - le contesto llevándole el plato a la joven.
Por un buen rato hablaron de la experiencia de ese día, Aome hablaba con tanto entusiasmo, que termino contagiando al anciano y él le conto como llego a trabajar ahí, luego de que la señora Izayoi lo conociera y le enseñara todo lo que él ahora sabía, pero nunca había aprendido a cortar un árbol, ya que ella murió y en el jardín las plantas eran nuevas, menos los arboles que la señora muy respetuosamente dejo, y el que habían cortado era uno de esos.
- hoy fue un día muy agradable - dijo Aome terminando con un suspiro.
- no nos dimos cuenta de cómo paso el tiempo… ya cuando volvimos a mirar, estaba obscureciendo - ambos rieron.
- yo sabía que te iba ir bien - le dijo Kaede a Aome, se giro hacia su marido -antes que se me olvide, debo contarte Myoga que llego visita a la casa grande… - dijo la mujer mirando de reojo a Aome que dejo su comida a medio camino al escuchar esto.
Aome tenía un presentimiento y como deseaba que fuera cierto.
- no me digas ¿Don Inu? - pregunto Myoga.
- no… - bebió un poco de té y continuo, Aome movía los ojos impaciente - el joven Inuyasha… - el corazón de Aome corrió mil kilómetros por hora, sentía se le iba a salir del pecho. El anciano no puedo evitar sorprenderse al ver como se le ilumino el rostro a la joven con solo escuchar que el joven estaba aquí - llego a hace unas horas, vino a buscar un encargo de su padre… pero, al parecer estaba demasiado cansado, ya que cuando volví a la hora, él estaba profundamente dormido. No quise despertarlo. Creo que pasara la noche donde mismo. Por lo menos estaba en una de las habitaciones… - llevo la vista a la ventana - y ya es demasiado tarde para que regrese… -
Los dos ancianos se giraron a ver la joven cuando se escucho la silla de ella moverse. Aome estaba de pie a un lado de su puesto.
Y por como se movía, se notaba lo impaciente que estaba por salir de ahí.
- eh… ya es muy tarde y estoy muy cansada… - decía Aome caminando hacia la salida - gracias por la cena estaba deliciosa…
- cuidado cariño… - le dijo Kaede al verla chocar con uno de los muebles al retroceder sin mirar.
- nos vemos mañana… - abrió la puerta y salió. Volvió a entra y dijo - buenas noches.
Ambos ancianos se quedaron mirando impresionados, y luego de unos segundos, soltaron una risita de complicidad.
Corrió hacia la casa grande, a la velocidad que la luz de luna le permitía, más de una vez se tropezó con algo, pero de todos modos no aminoro su marcha.
Llego a la casa y no supo como, pero llego a la habitación en la que ella dormía. Saco un vestido blanco simple, de tirantes y que le llega hasta la rodilla, levemente ajustado por debajo del busto. Lo tiro sobre la cama y corrió al baño.
Mientras se duchaba, peinaba su cabello tratando sacar toda huella de lo que estuvo haciendo durante el día. Más de una vez ahogo el grito luego de tironearlo muy fuerte.
Se lo seco con la toalla simplemente, no quería meter bulla con el secador; y con la mano, arrepollándolo hacia arriba, intensificaba las ondas de su cabello.
Descalza llego a la puerta de la habitación, rogaba que estuviera todavía ahí, no quiso verificar cuando llego, por temor a despertarlo si es que estaba. Pero si no, su desilusión seria mayor.
Pero cuando abrió la puerta, ahí estaba, con su cabello desordenado cayendo por su espalda y rostro.
Cerro la puerta con cuidado y se acerco donde él. Se notaba que descansaba en paz, su respiración era regular. Se movió, asustándola un poco, pero solo se acomodo más en la cama, quedando de lado.
Aome se acerco y se sentó en la cama con cuidado. Le observo al detalle su rostro mientras recordaba lo que la mantuvo en vela la noche anterior.
Había llamado para saber de Kohaku, y ahí Seika le dio el recado de Midoriko. Aome la llamo preocupada y su hermana le contó sobre la visita de Inuyasha.
¿La ama? Ya no sabía que pensar y ¿Qué malentendidos lo llevaron actuar así?
Su mente le dio vueltas al asunto durante toda la noche, pero lo único que llegaba a su cabeza era que él la ama. Ya no sabía que pensar y no quería hacerlo. Él ahora estaba ahí, tal ves no quiera a Kohaku, pero lo único que ella necesitaba en esos momentos es estar con él, aunque sea una ultima vez. Lo necesitaba y lo deseaba.
Acerco su mano al rostro de él y corrió un mechón de cabello que caía sobre su rostro, observándolo con dulzura y amor.
Inuyasha sintió el aroma de la joven y el contacto sube de sus dedos sobre su rostro.
- Aome… - pronuncio todavía medio dormido, abrió los ojos levemente y vio la silueta de la joven enfrente de él - que no seas un sueño, por favor… - le tomo el rostro y se lo acaricio.
- no lo soy… - le dijo ella e Inuyasha se incorporo a comprender que no estaba soñando.
- ¡Aome! -
Aome se acerco y lo beso. Inuyasha respondía al beso con deseo desenfrenado, pero debía explicarle. Pero si lo estaba besando debe ser por que hablo con Minako o con su hermana, o tal vez no.
- Aome… necesito saber… - decía entre besos, la separo de él con dificultad, pero debía aclarar las cosas. Aome se veía frustrada por la separación, se levanto de la cama y camino hacia la ventana. Observaba hacia afuera con los brazos cruzados.
- Aome… - trago pesado y se acerco a ella - no se como empezar… - respiro profundo y exhalo - tal ves deba hacerlo desde el comienzo… - guardo silencio unos segundo se acerco a un paso hacia Aome, pero se retracto volviendo donde mismo - la primera vez que estuvimos aquí… - Inuyasha sonrió para si al recordar, esa misma habitación… - tú no sabes lo difícil que era para mi venir acá. Pero no me importo, lo único que quería era verte feliz… ya que yo lo era al verte así, radiante… - Aome frunció el ceño con dolor - esa noche… Aome, yo siempre e sido alguien que no a tenido relaciones duraderas, en realidad nunca las e tenido ni e deseado tenerlas y me gustaba mi vida así, y esa noche cuando me dijiste que me amabas… me aterre - los ojos de Aome se comenzaron a llenar de lagrimas; cerro los ojos para contenerlas - fui un idiota… creí que si seguíamos tú ibas a sufrir ya que yo no sentía lo mismo. Pero no era así… - se acerco a ella quedándose a solo un paso, la iba a tomar de los hombros pero se arrepintió - me moría de celos al saber que estabas con ese franchute - de solo decirlo la rabia volvía - cada día que pasaba, para mí se me hacía eterno y desfallecía. Debía alejarte para comprender realmente lo que sentía por ti… - la hizo girar con delicadeza, Aome mantenía la mirada baja, las lagrimas comenzaron a caer lentamente por sus mejillas. Inuyasha le tomo el mentón y le levanto el rostro, necesitaba que lo mirara para lo que le iba a decir - te amo Aome Higurashi… - dijo en un murmullo dulce que inundo los oídos de Aome - te amo más que nada en este mundo… - le acariciaba la mejilla y quitaba la lagrimas que seguían cayendo - cuando regresaste de Francia estaba dispuesto a decírtelo, incluso quería colocarle nombre a nuestra relación… - trago pesado - pero me entere lo de la proposición de Le Versalles y todo lo entendí mal, yo no sabía los verdaderos motivos de por que habías postulado la vez anterior, pero yo pensaba que realmente lo deseabas, pero cuando te preguntaron esa vez que si te irías si te dieran la oportunidad, tú me miraste antes de responder, lo que me hizo pensar, que si esta vez no te ibas, era por mi - Aome lo miro a los ojos, las lagrimas pararon - todo lo que te dije ese día fue planeado, no sabes como me sentí con cada palabra que decía, cuando en realidad sentía absolutamente lo contrario, nunca sentí eso que te dije y mucho menos lo de Kohaku ¡dios! - exclamo al mundo - lo amo por el simple echo de que es TU hijo - con ambas manos le tomo el rostro y la observaba con dulzura y amor, y nuevas lagrimas se desbordaron de los ojos de Aome al escucharlo - Te amo Aome Higurashi, toda, tal cual eres - la quedo mirando unos segundos esperando que ella le digiera algo. Alejo el rostro de ella un poco esperando alguna palabra, pero lo único que se escucho fue la mano de ella chocando contra la mejilla de él.
- tonto… - musito la joven - grandísimo tonto… -
Inuyasha la miro asustado, pero al ver la sonrisa que ella tenía, le tomo el rostro y la beso.
- pero te amo… - le dijo ella cuando tomaron aire.
La cama que ya una vez había sido espectador de la pasión de ellos, no tuvo que esperar demasiado, cuando las caricias arrebatadoras y posesivas de ambos los llevaron donde ella, entre besos y sonrisas, se entregaron.
Continuara…
Por fin pude actualizar
Mil perdones por el capitulo anterior tan cortito, pero este lo compensa, supongo
Jijijijijij
Espero que les haya gustado
Se acerca el finaleee
Muchisisisisisissimas gracias por los reviews…
Y tratare actualizar prontooooooo
Cuídense
bye
