—¿Eso quiere decir qué no me dirás de qué hablaron?—Escolté a Anastasia a su auto, ella solo sonreía divertida a mi insistencia por saber la conversación que tuvo con mi madre.
—Deja de ser curioso, Grey—se detuvo frente al auto y empezó a buscar en el interior de su bolsa las llaves. Estábamos en el estacionamiento y di un vistazo rápidamente, al no ver a nadie, tomé la bolsa y la empujé contra la puerta del auto, apenas reaccionó.
—Grey, ¿Qué...?—hecho un vistazo a nuestro alrededor, cuando ladeó a su derecha en busca de algún espectador, mordisqueé la curva de su cuello y sentí como se estremecía a mi caricia y ya con ello estaba duro, que duro, durísimo y mi erección tiraba dolorosamente del pantalón. ¿Acaso algún día ésta sensación terminaría? No quise pensar en nada más, restregué discretamente mi erección contra su vientre.
—Tu resistencia e inocencia me provoca, ¿lo sabes?—sus manos se posaron en mi camisa, su respiración se desestabilizó y gimió a la fricción, sin duda alguna podía haberme venido con eso. Me acerqué a su oído y susurré—Podría follarte aquí mismo, quizás con espectadores morbosos—mordí su lóbulo discretamente, gimió, pero al levantar la mirada, el auto de Mía estaba entrando al estacionamiento—Mierda, viene mi hermana— me incorporé y tiré de mi pantalón para acomodar mi erección, Anastasia intentó reponerse, sus mejillas estaban color escarlata. Bajó del auto Mía y después acomodó sus lentes de sol en el escote de su vestido y al vernos arqueó una ceja curiosa.
—Vaya, aquí están, ¿Conociste a mi madre?—pregunto al dejar un beso en la mejilla de Anastasia, ésta asintió y Mía me observó. — ¿Qué? ¿Y esas caras? —al pasar su mirada de mi hacía ella y viceversa sus ojos se abrieron como si nos hubiese pillado en algo—No me digan que...—se cubrió la boca con su mano para callar una risa.
—Mía—solté en un tono de advertencia. Anastasia intentó incorporarse.
—Yo...tengo que...sí, sí, yo tengo cosas que hacer, nos vemos luego, Mía—Anastasia se acercó a despedirse de mi hermana. Me lanzó una mirada sin saber cómo despedirnos.
Mía se quejó.
—Vaya par de hipócritas...—Anastasia enrojeció aún más al comentario de Mía.
—Lo veo mañana en la oficina, señor Grey...—Asentí sin decir nada, Mía soltó una risa irónica mientras me esquivaba para avanzar hacía el hospital.
—Han follado en el baño del hospital quien sabe cuántas veces y siguen hablándose de «usted»—Gritamos al mismo tiempo Anastasia y yo.
—¡Mía!—siguió su camino murmurando algo que no escuchamos.
—Disculpa a mi hermana...
—No te preocupes, la conozco...—me arrebató su bolsa de mi mano ya casi olvidando que yo la tenía. Retomó su búsqueda y dio con las llaves. —Me marcho...
Sus ojos azules me contemplaron por un breve momento más de lo normal.
—Te veo mañana en la oficina...
—Por supuesto...
Entró a su auto y sin darme cuenta estaba contemplando como salía del estacionamiento, metí las manos en mi bolsillo y me volví a mis espaldas para entrar al hospital, pero para mi sorpresa estaba mi padre de brazos cruzados en la entrada.
¿Por qué sonríe? Caminé hacía él.
—¿Puedo saber por qué esa sonrisa?—mi padre movió los hombros de arriba hacia abajo sin decir nada pero la sonrisa se expandía mucho más. Imaginé por donde iba… ¿Me habrá visto arrinconar a Anastasia? Sudé frío por segundos, me repuse inmediatamente y cambié el tema.
—¿Ya despertó mi madre?
—Sí, está con tu hermana tendrás que esperar a que salga… ¿Puedo tomar el atrevimiento de preguntar algo?—El escalofrío me recorrió.
—¿Es de mi madre?—arrugó su frente y negó—¿Es de la empresa?—negó de nuevo confundido—¿Es de mi vida personal—entonces entendió, asintió lentamente sin dejar de sonreír.—Entonces estoy en todo mi derecho de no contestar.
Negó divertido, al ver la intención de seguir avanzando puso su mano en mi hombro para detenerme.
—Sé que tu vida privada es un misterio para nosotros que somos tu familia, pero me gustaría decir algo: Tengo esperanza de que poco a poco encuentres esa felicidad, hijo.
No dije nada a sus palabras, pero sabía muy dentro de mí que mi propio padre sabía que yo creía que la felicidad no estaba hecha para mí. Pero sus palabras calaron dentro de mí, haciendo un pequeño agujero por el cual salió un destello de luz. ¿Acaso era posible tener esa felicidad tan anhelada?
—Iré a la cafetería. —corté el momento, el asintió a mis palabras y bajó su mano lento y seguro.
—Ve, yo iré a la casa por más ropa para tu madre—y sin más, se marchó.
«Bueno, creo que has sido muy aguafiestas con el momento de tu padre, Grey» Mi padre había insistido hasta el cansancio en acercarse a mí durante años, pero inconscientemente existía una barrera a mí alrededor que los alejaba. Por más que insistieron en llevarme a psicólogos y hacer terapias, la barrera no se derrumbaba. Y ahora, sentía que me estaba haciendo algo vulnerable ante la presencia de Anastasia, la atracción que sentía por ella era inimaginable, no tenía ninguna idea de lo que era pero al mismo tiempo tenía temor en descubrirlo.
Después de una hora esperando afuera de la habitación de mi madre, mi mente vagó. No me había dado cuenta que sonreía como estúpido mientras terminaba de tomar mi café. Las imágenes de mis encuentros con Anastasia eran algo nuevo para mi. Sus mejillas sonrojadas, sus labios entreabiertos, los ruidos antes de llegar al clímax, sus dedos pellizcando mi ropa. Pero algo me hacía sonreír aún más: Los domingos en el nuevo piso que había comprado.
Durante el trayecto me preguntaba: ¿Con que fin has comprado el piso, Grey? ¿Cuántas veces me lo pregunté? Miles. Pero solo me pude imaginar un lugar donde podía hacer y deshacer con Anastasia, un lugar neutro para nuestros encuentros, de vez en cuando pasar el rato, o inclusive una tarde, podríamos tener un día a la semana de películas o de juegos de mesa. Cerré los ojos, apreté el puente de mi nariz mientras negaba en silencio.
¿Qué es lo que quieres, Grey? ¿Una relación? ¿Ser un monógamo que juega scrabble sentados en el piso de la sala?
Mierda. Mi respuesta era: «Sí»
