Nuevamente, la capitana Diamond Tiara, asombraba al mundo con una embarcación que podía atravesar las arenas del desierto. Las velas en alto y con apenas unos pocos centímetros bajo el nivel de la arena, su embarcación se desplazaba con completa libertad. Incluso podría decirse que podía virar con mayor eficacia que en agua.

Así era, el Rubí de Fuego o como lo conocían en puertos de Equestria: Princess Luna's Revenge surcaba el desierto dejando un rastro evidente a su paso, no solo en la bifurcación de la arena, sino también en los fuertes que su enemigo inútilmente había edificado.

- Como nave insignia de los corsarios de Equestria y en nombre del legendario capitán Wetbread, que me instruyó en el arte de la navegación, la piratería y la vida en mar. Le daré la oportunidad de salir en rendición de su ciudadela.

La mejor representación que ambos pudieron pensar fue poner una mesa de cabeza y colocar algunos cuantos objetos que eran, tripulación, armamento, barriles y otros objetos importantes para la nave.

- ¡Jamás! Prefiero que me saquen de los escombros de esta ciudadela a rendirme ante una poni corsaria. – Advirtió el corcel que representaba cuanto otro integrante de naciones aledañas que sufrían cierto complejo de patriarcado cuando se cruzaban con un pueblo como Equestria.

- Capitana corsaria. – Gritó Diamond tiara desde un extremo.

Unas cuantas cajas apiladas, junto a una esquina de la habitación donde se hospedaban era la gran fortificación del rey Al´Heorif, el Gran Rey de los Ladrones que, dentro del juego bastante bien planteado por la potranca, había saqueado una ciudad de Equestria con ayuda de sus rufianes lacayos, llevándose cientos de sacos con las riquezas del mismo. Dejando desposeídos a huérfanos, agricultores, ganaderos, empresarios, estudiosos y cualquier otro habitante de la ciudad sin posesiones lujosas, así como todo alimento posible.

En medio de la desesperación, el principado de Equestria solicitó la ayuda de todas sus fuerzas, pero estas, incapaces de dar con el paradero del Rey no pudieron realizar ninguna acción. Fue entonces que la princesa Luna en persona, solicitó el apoyo de sus corsarios para tratar de hallarlo por mar.

La escena donde Filthy Rich tuvo que representar a la regente de los sueños fue un tanto extraña para él. Pero bastante memorable, pues tuvo que usar una sábana a manera de vestido y cortar un cartón para pintarlo con carbón para representar la corona. En fin, la imaginación de Diamond pudo fingirlo como princesa y encantada se lanzó a la tarea junto a toda su tripulación. Era extraordinario cómo el capitán Wetbread pasó a ser uno de sus personajes favoritos; al lado de la princesa Luna, la favorita de la familia Rich desde hace un tiempo atrás.

Cuando le contó sobre su travesía, solo le pidió como regalo que pudiera conocerlo a él y a su primera oficial: Rogue Hoof, de quien se había enamorado casi instantáneamente al describir su belleza y carácter disciplinario y bastante fuere.

En fin, el Rubí de Fuego estaba apuntando con sus cañones – unos cuantos tubos de papel de cocina que la potranca apuntaba a casco contra la ciudad – Su tripulación – varios envases de plástico, saleros, pimenteros y una bombilla incandescente que obviamente era el cocinero – estaban formados y listos para bombardear la ciudad en cuanto la capitana lo ordenase.

- Esta es su última oportunidad… ríndase y discúlpese con quienes ha afectado, o someteremos a sus gente al fuego más agresivo de los navíos Equestrianos.

- He dicho que… - En medio de la voz dramática que lanzaría a una ciudadela y una embarcación a una lucha hasta el último suspiro, la puerta de la habitación sonó, era el casco de alguien tocándola dos… tres repeticiones.

Diamond hizo cara de pocos amigos; Filthy se levantó de su ciudadela para ir a atender.

- Debe ser el servicio a cuarto, no tardaré mucho cariño, ajusta esos cañones que se viene la batalla de batallas. – Dijo a manera de excusarse.

Las habitaciones provistas por la compañía de Lavish Velvet debían considerarse como de máximo lujo; para la ceremonia de solsticio de verano Canterlot se llenaba de ponis de todos los rincones que buscaban hospedaje en cualquier lugar; durante el último día, incluso un cuartito frio al, el sótano o incluso los silos mágicos de Canterlot eran alquilados para, aunque sea, tener un lugar donde esperar a que el sistema ferroviario dispusiera el transporte necesario para regresar a todos los rincones de Equestria.

En fin, conseguir un hotel cinco estrellas era difícil, uno de cuatro también, los de tres eran el sueño de la mayoría de los ponis y para serlo, el lugar era bastante pintoresco, la construcción era bastante antigua; aunque con un mantenimiento de primera. Constaba de una construcción en piedra con los corredores de madera en el piso. El edificio en general se constituía por cuatro pisos dispuestos con un tragaluz o patio central que poseía una fuente de una kelpie saliendo de una concha de mar. Los pasillos estaban en la cara interior del edificio, por lo cual, se podían ver las puertas de las demás habitaciones, así como a los demás huéspedes caminando.

Al abrir la puerta se topó con una poni inesperada; por poco se le cae el sombrero de papel periódico que estaba en su cabeza.

- Por lo visto están muy ocupados. – Dijo una yegua con una voz profunda y terriblemente armoniosa mientras levantaba una ceja y se inclinaba para ver a la hija de aquel corcel.

Cuando la pequeña observó a la yegua de ojos azules una gran sonrisa se le dibujó.

- ¡Sapphire! – Gritó de emoción a tiempo de coger un sombrero de papel.

- ¡Pero si es el diamante más hermoso que he visto en mi vida! – Saludó la yegua, tratando de imitar el tono de que la cantarina voz de la pequeña alcanzó.

- Ven, me hace falta una primera oficial como Rogue Hoof. – Después observó a su padre – y otra princesa Luna. – Explicó tocándose los cascos en señal de disculpas a su padre.

- De acuerdo… pero dame algo de contexto.

- Eres mi primera oficial, una hermosa yegua pirata llamada Ivory, y ese es el navío insignia de los corsarios de Equestria: el Rubí de Fuego. – señalando la mesa volteada, Diamond Tiara empujó a la yegua dentro de la habitación. – Y él: Al´Heorif el rey de los bandidos. Debemos capturarlo y llevar todas las pertenencias de Equestria de regreso.

- Bien. – Acertó a decir la cantante.

El corcel eventualmente cerró la puerta para observar a las dos ponis en la mesa; Sapphire Shores desde luego estaba al borde y debía sujetarse a una de las patas con uno de sus cascos para no salir del barco. No le quedó de otra que acercarse a la fortaleza para continuar con su papel dentro de aquel fuego. Era interesante cómo Diamond Tiara incorporó de inmediato a la estrella del pop y más aún, que esta aceptara de forma tan rápida. Podría ser que ambas jugaran igual que lo hacían en Canterlot, en las largas horas de soledad de la hija de los Rich.

Modulando su voz para que fuese un poco ronca. La yegua comenzó a interpretar su papel, sabía que a Diamond Tiara le encantaba el teatro y en sus juegos se esforzaba por hacer una buena interpretación de los personajes, según ella, solo así se podía jugar realmente. Así que la cantante moduló su voz para que sonara ronca.

- Salga de su fortaleza o usaremos el fuego de cañón.

- Es la última advertencia. – Gritó Diamond Tiara, a lo cual el corcel dio una carcajada.

- No lo han entendido, ustedes ponis, son más tercos de lo que creí. Traten de sacarme, si pueden. – Dijo el corcel. Bajando una espada de cartón, para indicar que los cañones abrieran fuego.

Oh, solo aquellos que han tenido el lujo de jugar con la imaginación al ciento por ciento, saben que una caja es el multiuso de cualquier juego, que el papel es la más cara de las telas, un muro, un mapa, una espada, una bala de cañón. Las mismas que tanto embarcación como fortaleza se disparaban la una a la otra.

Gran dicha de los niños es poder apoderarse de los objetos de una forma imposible para un adulto, pintar las cosas con el poder de la mente, un simple cono es un mástil un simple movimiento de cabeza es el temblor por los fuertes cañonazos tanto de la fortaleza como por el navío.

Primero Filthy Rich arrojó uno de los proyectiles a su hija, que lo esquivó de una forma graciosa, bajando la cabeza e inclinando la cola hacia arriba para atrapar el proyectil, para pasarlo a su casco y reutilizarlo. Poco después, recibió un proyectil de Sapphire Shores, que le sacó la lengua cuando la observó sorprendido.

Al poco tiempo, los proyectiles volaron; muchos dieron fueron a dar en la arena, otros tantos fueron bloqueados por los muros gruesos, hasta que finalmente, el corcel levantó los cascos.

- Está bien, Rogue Hoof, usted es la vencedora, devolveré todo y cumpliré con la sentencia que me den. Pero por favor, dejen de bombardear mi fortaleza. – Saliendo temeroso, el Rey fue tomado por la tripulación, llevado a Equestria a sufrir las penas que el principado le diese.

Y allí estaban, en una escena donde la princesa Luna era protagonizada por Sapphire Shores, llevaba la corona de cartón y un cono unido con una liga y, junto con esta, un peinado similar, aunque para una melena como la de Sapphire Shores, era difícil cambiar de estilo de un momento para otro.

- Capitana Rogue Hoof, el servicio que ha hecho a Equestria es sin duda alguna ejemplar para todos los y las ponis que lo dan. Que quede patente desde hoy, que usted no solo se ha ganado la gratitud de Equestria sino la mía y mi admiración.

Entonces la yegua bajó el cuerno, para tocar con el los hombros de la yegua.

- Por eso la nombro, campeona de los mares, defensora de las costas y los desiertos Equestrianos.

Otro de los juegos de Diamond Tiara estaban terminados, con ello se había acabado la diversión. El rostro de satisfacción de la pequeña era suficiente para recompensar el trabajo de los adultos que se vieron envueltos en una serie de esfuerzos para seguirlo.

- Muchas gracias a los dos… pero miren la hora, solo falta una ceremonia. ¿No se supone que tenemos que ir vestidos para la ocasión? – preguntó la menor, haciendo que tanto estrella del pop como corcel de negocios observaran el reloj.

¡Era cierto! La yegua recogió su peinado como pudo y el corcel se dispuso a quitarse la indumentaria del Rey de los Bandidos.

- Volveré dentro de cuarenta y cinco minutos para ayudarte con el peinado cariño. – Advirtió la yegua poco antes de levantarse. Y mirando al corcel para que lo acompañase. La menor solo afirmó a con la cabeza y fue a darse un baño inmediatamente.

Una vez en la puerta, la yegua acercó la punta de su hocico al del corcel, quien alcanzó a verla con un sonrojo en sus mejillas.

- Todo esto es nuevo para mí. – Expresó sincerándose, al tiempo de llevar un casco a su nuca para rascarse la melena.

- También para mí, desde el inicio lo fue. Pero sabes, ya hemos llegado hasta aquí… y presiento que lo mejor todavía está por venir. – Le espetó la yegua, con la cual había surcado un océano.

- Por supuesto que sí… también lo creo… pero tienes que saber que amo a mi hija. – Se interpuso de pronto.

- Y tú tienes que saber que ella me conquistó antes que tú. – Expresó la yegua poco antes de salir de la habitación.

El corcel se quedó pensativo. Debía estar en una oficina de una sucursal de la empresa de Lavish Velvet, serían unas palabras, un brindis de honor y todos se irían, tan simple como eso, tal como aquel corcel le gustaba.

- Diamond, saldré por unos minutos. Vuelvo estaré para antes de irnos.

- De acuerdo papá, pero no tardes mucho. – Recalcó la pequeña desde el baño.

Detrás de la puerta, sin todavía ingresar en la bañera, la de ojos azules observó la muestra de afecto que su padre y Sapphire Shores se dieron. Observó la sonrisa que el rostro de su padre dibujó con completa honestidad, no era fingida.

Entonces pensó algo bastante maduro para su edad, pero que pudo ver reflejado en su admirado padre.

Qué era la felicidad, sino pequeños momentos en el sendero; que era la vida sino un sendero sin destino exacto. Y sin embargo, por los lugares que este llevase, siempre habían esos espacios, esos momentos. Y pensándolo mejor, la vida misma, era en algunos casos como las gemas, formados bajo presión, bajo fuerzas que escapaban de su control y sin embargo, cuán preciosas resultaban todas ellas.

Con una sonrisa, la yegua cerró la puerta. La vida era un misterio que merecía ser vivido.

¿FIN?


Ha sido todo un placer escribir sobre Filthy Rich y su aventura. Y pese a que no es ni el primero ni el último de mis fics poco populares, me ha llegado a gustar la forma en la cual he desarrollado a Filthy Rich. Traté de rescatarlo más que pude de él, aunque claro nunca es posible, como escritor de fanfic, llevar al personaje tal como lo piensan sus creadores originales. Sinceramente, espero que les haya gustado el fanfic.

Ahora, para los lectores que estén buscando alguna relación de este fic con los demás de este primer gran volumen, les dejo una pequeña escena.

El aire estaba viciándose a medida que el mediodía se acercaba, las ventanas estaban cerradas, el aire acondicionado no funcionaba y, todo ello era un ambiente poco adecuado para un corcel con los nervios en la punta de la lengua, a punto de explotar por el estrés. A pocos pasos estaban sentados Yuk'amil, Wetbread y Red Tail, con sus alas enyesadas. Y sin embargo, los tres llevaban trajes. Cosa que incomodaba al capitán.

Ese era el día, el gran día que había ambicionado durante toda su vida. Y sin embargo, todo parecía estar saliendo de mal en peor.

Abrieron la puerta finalmente, era un corcel de pelaje gris con ojos azules. No saludo, ni mucho menos habló, solo negó con la cabeza cerrando los ojos.

- Estoy seguro que ya están en esta ciudad. Desplieguen la operación Alas Rotas y atrapen a esas dos. – Ordenó el corcel de negocios.

- Filthy Rich debe estar cerca. – Anunció Yuk'amil.

- Bien, haré toda la ceremonia. Tendremos tiempo para remediarlo todo, no se preocupen.

De pronto llegó otro corcel, de pelaje marrón y ojos verdes.

- Lavish, ya sabemos dónde están Drops y su amiga. – anunció sin ningún reparo.

- Perfecta vayan por ellas. – ordenó el corcel, teniendo como respuesta la partida del corcel de pelaje marrón. Entonces se arregló la corbata, el peinado para hablar con los presentes. – acabemos con esto de una buena vez. Traigan la sidra y recuerden, es el cierre de año de la empresa.