Disclaimer: Ni South Park ni sus personajes me pertenecen, son propiedad de Trey Parker y Matt Stone.
Capítulo 21. Me gustas.
Había este tipo de ánimo cuando llegó, uno que es normal entre personas que fueron amigos, pero que, por azares del destino, acabaron separándose y se encontraron por casualidad en algún café. Incomodidad en los rostros dignos de una película de Hollywood, la molestia era tan palpable en el ambiente que Kyle podía haber jurado olerla a unos metros de distancia, como si se tratase de basura maloliente saliendo de las bocas de sus amigos.
Stan y Craig no eran conocidos precisamente por llevarse bien. La gente acostumbraba a enemistarlos aun cuando no estaban enemistados en absoluto, es sólo que el tiempo había pasado factura y en la actualidad no podían hablar sin que Marsh dijera algún comentario hiriente y que Tucker luciera su famoso dedo corazón. Habían tenido ese tipo de relación extraña, casi diplomática, como si la naturaleza hubiera hecho alardes de lo diferente que podían llegar a ser dos personas y la única persona que los había mantenido unidos, había sido Tweek. Todos se equivocaban cuando decían que Broflovski era quien congeniaba bien con cualquiera, en verdad era ese tembloroso rubio que poco se enteraba de lo que sucedía a su alrededor. Sólo que, quizá seguía siendo un chico extraño a los ojos de todo el mundo.
— Marsh, no vengas a hacerte la víctima, no necesito tus disculpas – Había dicho Craig, todavía recostado en el hombro de su novio, sentados sobre el suelo y apoyados en la pared de la parte trasera de la escuela. Cerró los ojos buscando evadir la mirada insistente de Stan que se había entrecerrado con tedio. Kenny, a su lado, le codeó las costillas instándole a seguir hablando.
— No estoy haciéndome la víctima – Su débil defensa fue demolida por el de chullo azul que se incorporó como un resorte, inesperadamente.
— Coño, Stan – Gruñó – Yo fui el que te lanzó la bebida, yo debería disculparme ¿no crees?
Y Stan miró a Kenny, como si estuviera dándole la razón a Craig, exigiéndole una respuesta y el rubio sólo se encogió de hombros, divertido ante la situación.
— Kyle dijo…
— Ya, ya lo sé – Interrumpió Stan llevando sus dedos al puente de la nariz. La situación le estaba sobrepasando por mucho. Se volvió a Craig – Mira, sólo lamento haber pensado que eras tú la persona que Kyle…
— ¿Por qué? – Bufó el aludido, impidiendo que terminara de hablar. Stan resopló fastidiado.
— Entonces lamento haber pensado que no querías a Tweek – Apremió, antes de arrancarse los cabellos como hacía Tweek hace algún tiempo. Craig parecía convencido de su justificación esta vez.
— De acuerdo, te perdono ¿feliz? – Intentó sonar amable, pero no era de sus mayores virtudes. Chasqueó la lengua y dejó que su cabeza volviera a descansar sobre el hombro de Tweek que temblaba ocasionalmente – ¿Y por qué mierda Kyle quiere que hagamos las paces? Como si me importara ser tu amigo o no.
— Estás siendo muy cruel con mi pequeño, Craig – Kenny frunció el ceño, aferrándose al brazo de Stan quien no daba crédito de lo que estaba haciendo.
Kyle intervino antes de que alguna broma surgiera de la boca de Craig, llegando a pasos apresurados y tomando sitio al lado de McCormick.
— Kenny – Se detuvo, ladeando la cabeza – ¿Qué haces?
— Defiendo a Stan – El aludido lanzó un gruñido y se alejó del rubio como si se hubiera quemado.
— ¿No le dijiste a tu súper mejor amigo que estás colado por el gordo de mierda?
— ¡Jesús, Craig! – Chilló Tweek, comenzó a tiritar en su lugar y a desviar la mirada hacia todos lados como auténtico desquiciado. Kyle enrojeció de esa forma tan poco saludable que cualquier hubiera pensado que se estaba ahogando.
— Lo lamento, cariño – Sincera angustia cubrió su rostro – Ya me estaba hartando de todo esto.
— Pero – Apretó sus labios, palideciendo ante la mirada ausente de Stan y los temblorosos puños de Broflovski.
— Tienes ganas de que te pateen el culo ¿Verdad? – Sonrió Kyle, de esa forma tan amenazante que a Kenny se le erizó la piel y, movido por la adrenalina, lo sostuvo del brazo previniendo un posible ataque.
— Haz lo que quieras – Bufó Craig alzando las cejas – Pero debes admitir que te ahorré el trabajo.
Y no fue capaz de replicar. Stan había retrocedido unos pasos antes de darse la vuelta completamente e irse, casi trotando, con un velo de humor sombrío cubriendo su rostro.
Las clases trascurrieron relativamente como de costumbre. Kyle había intentado hablar con Stan, explicarle lo que había escuchado de la boca de alguien que no era él, pero Marsh prefirió ignorarle, evadir esa conversación por completo, como si no hubiese escuchado nada en primer lugar. Así que decidió darle su espacio, permitir que hiciera los procesos mentales que necesitaba para digerir la situación. Por supuesto que no era el mejor siendo paciente y lo primero que se le cruzó por la cabeza no había sido precisamente cruzarse de brazos y esperar, pero Kenny le explicó lo duro que sonaba aquello. Que Kyle Broflovski estaba enamorado de Eric Cartman. Kyle quiso partirle la cara en aquel momento, por hacerle sentir como si estuviera cometiendo un crimen irreversible, como si el castaño fuese algún tipo de enfermedad que debiera ser erradicada por completo. Y sí. Kyle era consciente de que amar a Cartman era equivalente a algo así como pasarse la Torá por las pelotas, un acto imperdonable o una blasfemia, pero no debía ser tan malo.
Cartman había cambiado con el pasar del tiempo y ser consciente del trabajo de su madre y de sus adicciones había servido para volverle mucho más fuerte y centrado ¿Por qué la gente se empeñaba en sacar a relucir los trapos sucios? Había algunas cosas como el verdadero odio que habían quedado sepultadas en el pasado, no creía que siguiera siendo racista y un cabrón desalmado porque así lo quería, más bien en honor a la costumbre, aunque la costumbre doliera.
¿Eso lo convertía en algún tipo de masoquista? Esperaba que no. Por supuesto que Eric había notado el cambio de actitud de Stan, como si tuviera un detector en el culo que divisaba cuándo los súper mejores amigos discutían de verdad, listo para burlarse de ambos. Aunque reprimió los insultos por esa vez, al menos lo suficiente como para que fuera sospechoso a los ojos de Kyle.
Durante clase de literatura, Kyle había intentado con todas sus fuerzas atender la clase, pero su cerebro había decidido irse de fiesta y lo único que le quedaba había sido su corazón dando tumbos en el pecho, divagando por las cosas más absurdas, sobre todo cuando Stan le echaba un vistazo por el rabillo del ojo, como si temiera hablarle. Odiaba que pasaran ese tipo de cosas porque no era capaz de soportarlo por mucho tiempo. Así que prefirió acunar su cabeza en sus brazos, sobre su escritorio, escuchando ligeramente la voz del maestro ensimismado en dejar más actividades y en las risas ocasionales de Cartman y Kenny por alguna tontería de esas que solían decir a mitad de clases. Reírse estaba bien. No debía olvidar que era un ser humano que, a pesar de todo, también tenía derecho a reír, por eso no tardó en incorporarse sobre su asiento y acompañar a sus dos amigos que desvariaban sobre alguna situación en particular.
El consejero había llegado unos minutos después, convocando a Cartman a una reunión con la directora y otros docentes más. Todos habían comenzado a murmurar sobre las múltiples opciones que incluirían a Eric Cartman en la oficina de la directora y este se había limitado a obedecer y a abandonar el salón para asistir a la dichosa reunión.
— ¿Qué crees que le digan? – Había susurrado Kenny sobre el hombro de Kyle, al cabo de unos minutos sin la presencia del gordo.
— ¿Crees que sea algo malo? – Preguntó Kyle sin levantar la mirada de su cuaderno de notas, como si no hubiera escuchado lo que el rubio le había dicho, pero sí hubiera reaccionado a su voz.
— Espero que sí – Suspiró. Kyle volteó a verle, lenta, tortuosamente, sin creerse lo que acababa de escuchar de la persona que se declaraba mejor amigo de Cartman – Así podrías consolarle.
— Él no se deja – Murmuró lastimero, devolviendo su mirada a su escritorio por el repentino calor en las mejillas.
— Deberías dejarte llevar, Kyle – Habló bajito, como un ronroneo tentador.
— ¿Por qué me dices eso, Kenny? – Rio por lo bajo, casi compadeciéndose de sí mismo.
— Sé cosas – Dijo. Kyle volteó a verle, sólo para reparar en su sonrisa de suficiencia.
Habría indagado más en su terrible afán de darle alas sin importar las consecuencias, de no ser porque Cartman había abierto la puerta del salón en ese momento. Cargaba consigo una expresión sombría que preocupó a más de alguno, anduvo con el caminar desgarbado hasta su asiento, entonces Kyle detalló su rostro, fijándose en las ojeras debajo de su mirada agotada y el ceño naturalmente fruncido. Nadie dijo nada, incluso Kenny tuvo a bien el guardar silencio y, eventualmente, la clase prosiguió sin mayores contratiempos.
Kyle no supo si debía preocuparse por lo que sea que la directora le hubiera dicho al castaño. Se sintió menos seguro en cuanto volvió a escuchar su risa ahogada tras su espalda y McCormick balbuceando tonterías a su lado, como si no importara lo suficiente.
¿Hacía mal en inquietarse tanto?
¿De verdad no era lo suficientemente importante?
— ¿Qué haces, judío? – Cartman frunció el ceño, tomándole del brazo en cuanto le pilló con las claras intenciones de seguir los pasos de Stan. Al finalizar la jornada de clases, Marsh había salido disparado hacia su respectivo hogar, como si su vida y la de toda su familia dependiera de algo como eso.
— ¿Eh? Yo- nada – Balbuceó. Se mordió la lengua por lo estúpido que había sonado. Cartman alzó una ceja.
— Esta noche eres mío, Kyle, deja de perseguir el culo de Stan – Sonrió. Claramente estaba burlándose de él, pero habría chillado y saltado ahí mismo por pura emoción.
— No soy propiedad de nadie – Bufó, fallando en reprimir una sonrisa y emprendiendo el viaje hacia la casa de Cartman.
— ¿Ya le dijiste a la gorda de tu madre que estarás esclavizado en mi casa? – Preguntó Cartman al cabo de un rato en que sólo seguía el camino liderado por el pelirrojo.
— No, gordo – Frunció el ceño, viéndole sobre el arco de su hombro.
— ¿No qué? – Insistió con una sonrisa.
— No le he dicho y no vas a esclavizarme – Se detuvieron en la parada de autobuses. El castaño reía a sus espaldas. Kenny no solía volver a casa con ellos, acostumbraba a quedarse en la escuela o tomar otros caminos, seguramente para hacer un par de cosas indebidas o quedar con alguien, después de algún tiempo de preguntas sin respuesta, habían optado por dejarle vagar a sus anchas. Stan no estaba en la parada para cuando ambos llegaron, así que a lo mejor había tomado un taxi o se había ido andando hasta su casa.
Cuando abordaron el autobús, Kyle decidió que era buen momento para hablarle a su madre sobre sus planes de esa noche. Sheila estuvo interrogándole durante un buen rato sobre sus decisiones repentinas y que no significaba que no confiaba en él, pero quería estar segura, que si Stan participaría también o sólo pasaría la noche con Eric, que si con qué ropa pensaba que iba a dormir. Ante esto, Kyle susurró a Cartman y éste le había soltado una retahíla de burlas como si no tuviera a su madre al teléfono, pero si Cartman no actuaba como el hijo de puta que era, no sería él en primer lugar. Tras propiciarle un golpe en el abdomen, Eric accedió a prestarle ropa para que durmiera.
Después de unos minutos y, sin ser capaz de hacer que su madre terminara la jodida llamada, Cartman le dijo que hablaría con ella, que se la pasara porque él era un inútil que no podía dominar a su propia madre, todo entre risas y murmullos. No muy convencido de lo último, Kyle le tendió el teléfono, fue entonces que presenció el cambio de voz y actitud del castaño. Habló de una forma tan clara y precisa a la par que amable que por un momento se le desencajó la mandíbula. Su elocuencia había simplemente mejorado con los años al igual que su capacidad para engañar, como si fuera algo innato en él ser tan… convincente.
Por supuesto, eso sólo le hacía quererlo todavía más.
Cuando hubieron llegado al hogar de Eric, Kyle se detuvo en el andén y casi instintivamente dirigió su mirada a la casa de Stan, que estaba justo después. Se preguntaba si habría llegado sin mayores contratiempos, después de todo, aunque él no quisiera hablarle, no significaba que dejaría de preocuparse por él, eran súper mejores amigos, después de todo.
— ¡Eh, oye! – Se quejó justo en el momento en que Cartman pasaba a su lado y le quitaba el ushanka de la cabeza y sus rizos habían rebotado hacia afuera como si estuvieran felices de haber sido liberados.
— No sé qué te ha hecho hoy Stan, pero estás actuando como su puta ex novia celosa – El ushanka verde girando en su dedo índice.
— ¿Qué? – Bufó – ¿Estás celoso?
— ¿De un judío y un hippie de mierda? – Preguntó retórico. Kyle resopló acercándose para arrebatarle el sombrero.
Ambos entraron. El salón completamente ordenado, lo que era normal teniendo en cuenta que Liane era ama de casa, que trabajaba por las noches o tardes, mientras su hijo estaba en clases. Dudaba de que la sala fuera utilizada en absoluto, a leguas se notaba que nadie había pasado por ahí en mucho tiempo, ni siquiera él o Stan o Kenny, que solían pasar el fin de semana ahí, pero en la habitación del castaño. Kyle se sintió extrañamente invadido por la melancolía, Cartman siempre había vivido solo, pero hasta que creció pudo ser capaz de entender lo que esa soledad podía significar para él. Cuando niños, su casa solía ser el punto de encuentro de todos los chicos, pero con el tiempo habían dejado de reunirse y ahora el salón solamente permanecía lleno de gente cuando se les ocurría organizar alguna gran fiesta, donde más hubiera escándalos y alborotos de los buenos. Sólo así la gente llegaba.
— Voy a preparar comida ¿vienes o te quedarás admirando la tapicería? – El aludido volvió en sí mismo.
— No estaba… – Se detuvo al observar la sonrisa burlona del otro – Olvídalo, vamos.
Cartman hizo algún intento de comida sagrada para Kyle, aunque este quiso intervenir, sólo logró un par de empujones e insultos, así que se limitó a sentarse en la mesa a esperar. Parecía que Eric no soportaba su silencio porque en seguida estaba haciendo alguna imitación de un programa de cocina mientras se burlaba de los judíos y hacía comentarios sacados de su mismísimo culo, tan desagradables que a cualquiera se le habría quitado el apetito, pero Kyle había estado riendo, lanzando algún comentario mordaz de vez en cuando que había provocado varias carcajadas en Cartman.
— ¿De verdad nunca has comido cerdo? – La pregunta hizo que Kyle levantara la mirada de la pantalla de su teléfono. Cartman puso los platos de comida sobre la mesa y se sentó frente al pelirrojo.
— No ¿tú te comes a tu propia familia? – alzó una ceja fingiendo sorpresa, Cartman entornó los ojos con fastidio.
— Infeliz hijo de puta – Murmuró, haciendo reír a su acompañante. Su propia comida consistía en una chuleta de cerdo y verduras cocidas, al parecer a su madre se le había ocurrido hacerle la cena antes de irse. Tomó el cuchillo y partió un pedazo de su carne, perforó la pieza con el tenedor y lo extendió hacia Kyle – Come – Le dijo. El aludido levantó ambas cejas.
— ¿Qué parte de soy judío y no como cerdo no entendiste, gordo imbécil? – Siseó, echando la cabeza hacia atrás ante el insistente tenedor que tenía delante.
— No sabes de lo que te pierdes por judío – Bufó. Kyle rodó los ojos.
— Bien – Se inclinó para llevar su boca hasta el tenedor. Cartman se sobresaltó ligeramente – Hmm – Masticó, devolviendo su mirada a su propio plato – Sabe delicioso, no esperaba que tuviera ese sabor.
— ¿En serio has…?
— Cartman – Le interrumpió – He leído las suficientes mierdas filosóficas como para que esto me importe realmente.
— Eso ha sido curioso – Sonrió el castaño.
Kyle se reprimió el no ser capaz de hablar con él sin estar a la defensiva, simplemente era él mismo cuando estaban juntos, esa era la personalidad que emanaba de sí mismo. Cohibirla lo convertiría en una persona falsa y no quería que Cartman se fijara en alguien que no era el Kyle Broflovski de verdad. Comieron a pesar de no haber anochecido completamente, así no tendrían que interrumpir sus actividades escolares por el primitivo instinto de comer.
Cuando hubieron terminado, se dirigieron al salón. Kyle tomó su mochila y sacó la libreta de Eric para hojearla de nuevo y leer las notas que había hecho. El castaño llevó su portátil a la pequeña mesa frente a ellos y abrió un nuevo documento para escribir ahí. Pasaron algunos minutos en los que únicamente intercambiaban conocimientos básicos antes de iniciar de lleno el ensayo.
— La revolución francesa básicamente representó el fin de un mundo – Explicó, Cartman anotaba algunas palabras clave en la computadora – A eso le llamarían Antiguo Régimen más tarde. Eso implicó el inicio de una época moderna que, en cierto modo, sigue siendo la actual. Y Luis XVI vivió en carne propia el final e inicio de estas dos épocas.
— Bueno, él estaba convencido de que reinaba sobre los franceses por algún tipo de derecho divino – Bufó – Creyó que no tenía que rendirle cuentas a nadie y por eso tuvo que debatirse entre su propia personalidad y la opinión de sus consejeros.
— Su esposa incluida – Dijo Kyle, reposó su espalda en el sofá – Es como si hubiera encarnado su propia tragedia personal. Quiero decir, reinó en tiempos contradictorios, debió haber sido difícil para él.
— Tanto que nunca acabó por comprenderlo – Resopló – Fue muy estúpido.
— ¿Y tú habrías reinado mejor? – Sonrió, alzando una ceja.
— Pues yo no habría pasado por alto el asalto a la Bastilla – Se encogió de hombros – Es obvio que eso fue un detonante que prefirió ignorar. Grave error.
— Es una fortuna que no hubiera gobernado el Gran Eric Cartman o Francia no sería lo que es ahora.
— ¿Te estás burlando, judío? – Protestó frunciendo el ceño. Kyle rio ligeramente
Pasó un momento en el que solamente escuchaba el sonido de las teclas ser presionadas. Invadido por el inexistente sonido ambiental, su propia casa jamás habría estado en completo mutismo a menos que todos durmieran. Siempre había alguien dentro, esperando por él, caminando en el piso de arriba, cerrando o abriendo puertas, a veces incluso se escuchaba el ruido de varios televisores encendidos a la vez, de voces en las habitaciones. Su casa siempre estaba iluminada y estaba seguro que, de no ser porque estaba ahí como invitado, el salón y la cocina de los Cartman permanecía en penumbras, justo como el piso de arriba en ese momento.
Observó a Eric de soslayo, reprimiendo las ganas de hablar para extender el tiempo en que oiría el zumbido del silencio en sus orejas. Detalló su rostro, bostezó más de una vez mientras le miraba, sus ojos taciturnos y su respiración desigual, se notaba lo exhausto que estaba. Y no entendía por qué cuando iban a la misma escuela y recibían las mismas clases, también tenían los mismos proyectos y deberes, pero Cartman parecía como si hubiera sido privado del sueño en mucho tiempo, como si la vida pesara sobre sus hombros. Tenían putos trece años, casi catorce, la vida no podía tratarle como escoria a tan temprana edad. Siempre pensó eso mismo de Kenny y admiraba la forma en la que él acostumbraba a vivir sus propias desgracias, siempre sonriendo, siempre haciendo amigos, siendo libre a pesar de las ataduras. Pero jamás, ni en sus más oscuros pensamientos, creyó que podría pensar lo mismo de alguien como Cartman.
Era un tipo de instinto humano, el de creer que todo estaba bien o aparentarlo si quiera. Era ese tipo de destino el que se encargaba de estropear la vida de los que se descuidaban. En realidad, era curioso ver cómo una persona se reducía a nada a pesar de la lucha o los esfuerzos. Cartman había sido abducido por ese intrincado sistema de aleatoriedad que le había llevado a pasar el tiempo solo en su casa, como si no importara, como si nadie se tomara la molestia de saber su estado de salud, sus ánimos o sus propios sueños. Y le dolía verle perder el control, ver sus hombros caídos y su actitud distante hacia ciertas cosas, era cuanto menos doloroso el que se negara a aceptar ayuda.
Quizá no lo comprendía del todo.
Pero quería hacerlo.
— Cartman – Habló. Su propia voz le sonó extraña, incluso más alta por el mutismo general. El castaño levantó la vista de la pantalla – ¿Qué te dijo la directora?
— Nada memorable – Se encogió de hombros. Devolvió sus dedos al teclado.
— Sabía que responderías con algo así – Suspiró encogiéndose en el sofá – Últimamente respondes así a todo.
— ¿Parece que me importe lo que pienses? – Sarcástico. A Kyle se le revolvió el estómago.
— Siempre actúas así, aún más cuando se trata de tu madre – Cartman parpadeó ligeramente sorprendido, pero apretó los labios para volver a sus notas – Yo sólo quiero saber…
— ¿No te has puesto a pensar que quizás no quiero hablar sobre eso? – Le miró, auténtico enfado en sus ojos azules.
— Pero quizás necesitas hablar sobre eso con alguien ¿No crees? – Insistió – No es bueno que te guardes las cosas para ti mismo.
— Gracias por el consejo Doctor Broflovski – Ironizó. Kyle frunció el ceño – Además, dijiste que ya no te preocuparías por mí.
— Sólo si no eras condescendiente – Infló los mofletes.
— Y ahora estás en mi casa – Puso en blanco los ojos – Deberías estar agradecido de no actuar como mi esclavo ahora mismo.
— No es tu culpa – Murmuró Kyle al cabo de un rato en silencio.
— ¿Ahora qué mierdas dices, judío? – Musitó molesto, alejando el portátil con una mano y suspirando con tedio.
— No es tu culpa que ella sea así – Repitió, esta vez más firme.
— Ya sé que es estúpido pensar que es mi culpa – Accedió cansino – Pero nunca hablé con ella antes sobre lo que me molestaba. Ahora a joderse.
— Cartman…
— Cállate, Kyle, estoy hasta la polla de rebatir tus argumentos.
— Pero…
— Bien, de acuerdo – Gruñó. Le observó por primera vez en mucho tiempo – ¿Qué quieres que te diga exactamente, Kyle? ¿Que pueden llevar presa a mi madre si vuelven a pillarla los policías en la zona rosa de este pueblo de mierda? ¿Que podrían llevarme a un hogar de acogida si eso pasa? ¿Eso querías?
De nuevo el silencio. Completo silencio, esta vez no les salvaba ni el sonido de las teclas, tan solo el caminar ocasional de los peatones por la acera y algún gato maullando en la lejanía. Su corazón palpitaba con fuerza en su garganta, se había preparado con antelación para algo como eso, había pensado su reacción y lo que le diría si aquella posibilidad se mostraba en el libreto, pero había sido como esos vídeos virales con los que siempre te asustas, aunque sabes de antemano lo que vendrá, al final no había dejado de sorprenderse y, por si fuera poco, tenía esa sensación de hormigueo en la nariz que indicaba un próximo llanto.
Guardó silencio, aquello no pareció molestar al castaño y sólo se había limitado a desviar la mirada y suspirar fastidiado, pasando la mano por su rostro como si necesitara sacarse de encima algún peso invisible.
Entonces lo supo. Que era ahora o nunca. Joderse por un momento o joderse para siempre. Había sido ingenuo al pensar que Cartman estaría a su lado todo el tiempo, que algo como eso en verdad era raro que pasase, que tenía todas las horas a su disposición, así que podía tardar lo que fuera para decirle cómo se sentía.
Había sido muy ingenuo.
— Cartman – Carraspeó tras escucharse a sí mismo con la voz temblorosa.
— ¿Qué mierdas quieres ahora? – Negó con la cabeza. Agotado.
— Stan dijo que tú y yo podríamos tener tensión sexual.
— ¿Qué coño? – Le observó con ojos desorbitados. Habría chillado, estallado en risas diciéndole que era una broma para relajar el ambiente, pero se había convencido que eso era lo que necesitaba decirle. Asintió, Cartman desvió la mirada su ordenador de nuevo, sus mejillas ligeramente enrojecidas – Me esperaba algo como eso de Kenny, pero ¿Stan?
— Kenny también está de acuerdo – Aseguró, encogiéndose todavía más sobre el sofá, si era posible. El castaño alzó las cejas, pero no le miró.
— ¿Y por qué coño le haces caso a esos maricas? – Indagó al cabo de un rato.
— Soy bisexual – Le dijo, Cartman le dirigió una mirada que tenía un signo de interrogación invisible en ella.
— ¿Y?
— Que yo también creo que es así.
— No – Sacudió la cabeza – No, no es así.
— ¿Cómo estás seguro? – Apremió, incorporándose para estar más cerca de él.
— Kyle, esto es una locura – Bufó – Estás enfermo.
— No estoy- yo no – Suspiró, aunque había sonado más a un gruñido de puro fastidio – Si nos besamos entonces podríamos…
— Mierda, judío – Interrumpió – Esos maricas te dejaron imbécil. Si necesitas besarme para entender tus sentimientos, entonces no es nada. Ni tensión sexual ni mierdas del estilo.
Error. Kyle sabía perfectamente lo que sentía. Estaba seguro de gustarle todo de Eric Cartman. Esa voz ronca y profunda, esas manos fuertes, sus ojos expresivos, su cara regordeta, su corazón apasionado, sus visiones del futuro, su labia, esa forma al caminar que desprendía seguridad, su cabello castaño, su pasado, su amistad, sus rabietas y lo desquiciado que era a veces. No lo estaba malinterpretando. Se había asegurado de eso.
¿Entonces por qué era tan difícil decirle?
¿Era orgullo o miedo al rechazo?
Nunca había evaluado lo que haría en caso de ser rechazado por él, porque podía apostar su brazo izquierdo a que acabaría conquistándole de alguna forma. Pero el tiempo no estaba siendo su aliado. El tiempo le había apuñalado a traición.
— Me gustas – Le dijo. El sonido de sus latidos en sus orejas y ese rostro sorprendido que se grabó a fuego en sus memorias.
Estaba bien que no hubiera vuelta atrás ¿cierto? No estaba equivocándose de ninguna forma ¿no es así?
