Sabía que el espadachín se iba a tomar la noticia de mala manera, de hecho eso fue lo primero que pensó cuando Chopper le dio la noticia. Lo que jamás se imaginó es que tomaría esa decisión tan drástica en cosa de segundos. En pocas palabras la estaba abandonando, queriendo dejarla a la deriva, sola y sin ningún apoyo.
Se quedó shockeada, intentando procesar aquella determinación por parte de Zoro. No podía comprender cómo tanta frialdad podía haber de parte de él y más aun después de todo lo que habían vivido ¿Acaso nada de eso importaba?
Cuando se dio cuenta de lo desubicado que había sido este, le invadió por dentro un coraje que nunca antes había sentido hacia él. Sentía como la sangre le estaba subiendo a la cabeza, como si estuviese a punto de explotar.
—¡Pero qué mierda! —protestó llena de ira— ¡¿Es que ni siquiera te interesa saber cuánto tengo?! ¿Si estoy bien? ¿Nada más que eso? —insistió al ver que el espadachín no daba respuesta alguna.
—¡¿Importa eso ahora?! —respondió rápidamente Zoro, quien también estaba enfurecido— ¡Esto no es un juego! ¡Ser pirata no es de críos!
—¿Y crees que botándome en una isla sería lo mejor? —volvió a insistir, intentando comprender el porqué de su comportamiento.
—¿Acaso hay otra alternativa? —devolvió la pregunta con sequedad y un tono más cargado de rabia por la terquedad de su compañera.
No podía creer lo que estaba escuchando, no solo no se iba a hacer cargo, sino que también estaba dispuesto a dejarla sola, sin importarle nada más.
—¡Por supuesto que la debe haber! —respondió sin dar su brazo a torcer— ¡No te pienso hacer caso!
Se dio media vuelta para salir del gimnasio y dirigirse a cubierta, pero en eso Zoro le impidió seguir tomándola de la muñeca.
—¿Qué piensas hacer? —preguntó con cierto tono amenazante.
—¡Lo que se me pegue la gana! —dijo deshaciendo el agarre bruscamente— ¡No dependo de ti!
Una vez bajó y, dejando a un Zoro totalmente descolocado y sin saber qué hacer, comenzó a caminar por el césped en dirección donde se encontraban los demás. Pasó una mirada alrededor para saber quiénes estaban presentes. Nami se encontraba ocupada en sus mandarinos, Robin leyendo un libro en la mesita de siempre, mientras Sanji le servía un pastel. Franky, revisaba el timón a la vez que Brook lo acompañaba. Finalmente, Luffy, Usopp y Chopper se encontraban en la baranda de la cubierta, cada uno con una caña intentando pescar.
—¡Deni, mira! ¡Con Usopp atrapamos un pez enorme! —señaló Luffy al notar su presencia, esbozando una sonrisa gigante.
Deni quedó mirando la escena, sintiendo como se le partía el corazón en mil pedazos al ver a sus nakamas. Sentía miedo, miedo de que la abandonaran para siempre. No quería volver a perder a las personas que más quería. Ya había pasado por eso una vez, por lo que vivirlo nuevamente sería un completo infierno para ella.
—Luffy… no creo que esté de ánimos para verlo —notó Usopp algo asustadizo al ver el aura depresiva que llevaba su compañera.
Chopper solo bajó la cabeza serio y lleno de temor, imaginándose lo que pasó para que se presentara en ese estado.
—¿Eh? ¿Ocurre algo? —preguntó el capitán ladeando la cabeza hacia un lado al no entender las palabras de Ussop.
Deni no aguantó más, se dejó caer al suelo de rodillas y colocando las manos a un costado sobre el piso como en acto de imploración. Al mismo tiempo las lágrimas salieron una tras otra sin esperar. Intentó ahogar el llanto, tomando aire lo suficiente para dejarlo escapar en un leve grito.
—Luffy, chicos, ¡lo siento! —dijo entre llantos.
—¿Eh? ¿Qué ocurre? —preguntó Nami corriendo hacia donde estaba la escena—. Luffy ¿Qué le pasó a Deni?
De repente, la puerta de la cocina se abrió bruscamente.
—¡Escuché el grito de una de mis hermosas damas…! —gritó Sanji en modo caballeroso, pero al ver a su nakama en ese estado se le cayó la mandíbula de la expresión— ¡Deni-san!
Luffy, quien quedó asombrado por el comportamiento de su nakama, se levantó bruscamente de la baranda para quedar de pie frente a ella.
Ya no había forma de dar pie atrás. Todos estaban reunidos alrededor de la afectada. Todos excepto Zoro, quien aun se encontraba en el gimnasio.
—Cometí un grave error, pero jamás pensé que esto iba a pasar —intentó continuar con gran dificultad.
Era realmente difícil confesarles algo tan delicado ¿Cómo sería capaz de explicarles que mantenía una relación con uno de ellos? Y más grave aún ¿Cómo les diría que esa relación tuvo consecuencias?
—Por favor, les pido me dejen seguir navegando con ustedes —imploraba con el corazón casi encogido por la angustia—. ¡Les prometo que no seré ninguna molestia! ¡Pero por lo que más quieran, no quiero volver a estar sola! ¡No otra vez!
¿Pero qué ocurría? —se preguntaban los demás, petrificados por el comportamiento de Deni. Hace mucho tiempo que no la veían así, tan desesperada. Sintieron pena inconscientemente, pues la voz cargada de dolor de su compañera la notaron cada uno de ellos.
—¡Estoy embarazada! —dejó salir bruscamente sin darle más vuelta al asunto.
Para todos, esas dos palabras hicieron que el tiempo se les detuviese en un instante. Nami se llevó una mano a la boca en gesto de asombro, pues nadie se esperaba una confesión de tal magnitud. Luffy no decía nada, el único cambio que se podía ver en él es que había adoptado un desplante más serio ante aquella noticia. Brook y Franky solo observaron con pesar, sintiendo lastima por Deni, pues ya se hacían la idea de la decisión que tomaría Luffy con respecto a eso.
Usopp quedó boquiabierto y con los ojos en blanco, al igual que Sanji. Sin embargo este último fue el primero en reaccionar ante la noticia. Su coraje no se hizo esperar, e inconscientemente rompió el cigarro que estaba fumando con el apretón de dientes por la rabia.
—¡¿Quién fue el infeliz que te hizo esto, Deni-san?! ¡Debemos volver a la isla anterior a que nos la pague!
Robin solo bajó la vista para mirar de reojo a Chopper, quien ya se encontraba sollozando. Sinceramente había algo que no le encajaba, pues esa hipótesis de que alguien en la isla anterior le había hecho eso le resultaba bastante vana. Conocía bien a Deni y no le cabía en la cabeza que se pudiese meter con algún tipo desconocido tan fácilmente.
No, ahí había algo o alguien más, lo cual ya se hacía una idea de quién podría ser.
—Deni —comenzó a decir Nami, intentando encontrar las palabras más suaves para lo que iba a soltar—, no es que queramos dejarte pero… ¿Te das cuenta del riesgo al que te verías sometida si sigues con nosotros?
La afectada levantó la cabeza para mirarlos fijamente, imaginaba de ante mano que ese sería el tipo de respuesta que recibiría. Pero ella no estaba dispuesta a aceptarlo, haría lo que fuese para seguir con ellos, aun si eso involucraba encerrarse cuando se presentara una aventura.
—Yo tampoco estoy de acuerdo —continuó alguien antes de que ella pudiese protestar—. ¡Pero es terca, al igual que todos nosotros!
Todos miraron más allá de donde estaba Deni, por donde provenía aquella voz. Finalmente se hizo presente el último miembro que faltaba: Zoro, quien escuchó la conversación y decidió por fin unirse. También quiso ser partícipe, pues él también tenía que ver en el asunto.
Deni reaccionó rápidamente al escuchar algo tan distinto de lo que le había dicho en el gimnasio. Se paró en un par de segundos para mirarlo a la cara ¿Acaso la estaba apoyando?
Por alguna razón sintió un deje de alegría y tranquilidad, sin embargo Zoro ni siquiera le dirigía la mirada.
—Luffy, deja que se quede —siguió diciendo con la vista puesta en su capitán—. Además soy igual de culpable, ese niño también es mío.
Todos cayeron sentados en el piso de la impresión, todos excepto Robin, Chopper y Luffy quien aun yacía parado pero esta vez boquiabierto.
—¡Que amable es Zoro! —dijo Luffy conmovido— ¡Se encariñó tanto con Deni que se hará cargo del hijo de otro!
—¡¿Qué?! —gritaron todos ante la respuesta del capitán. Aunque esta vez no con tanto asombro, pues no les parecía tan descabellada la idea. Ya que la mayoría de ellos no imaginaba a Zoro cediendo ante una mujer. Tal como dijo Sanji una vez; más bien parecía asexuado.
—No chicos —continuó Deni, agachando la cabeza para esconder el sonrojo—, lo que dice Zoro es verdad: él es el verdadero padre de mi bebé.
Todos los que estaban tirados en el suelo mecánicamente en un par de segundos se encontraban de pie. La única excepción fue Sanji, quien terminó desmayándose.
—¡¿Qué?! —gritaron todos— ¡¿Eso significa que ese hijo es de los dos?! —terminaron en coro, haciendo que los aludidos se sonrojaran hasta las orejas.
—Eso quiere decir que Zoro-san y tú hicieron…
—¡Idiota, no tienes por qué decir eso! —interrumpió Nami a Brook con un golpe en el cráneo antes de que soltara aquella confesión de forma tan imprudente.
—¿Es que acaso no tomaron en cuenta la posibilidad de cuidarse? —preguntó Robin con tono serio y cortante.
—Se suponía que yo no puedo tener hijos, desde muy temprana edad me habían diagnosticado aquel problema. Por eso estaba tranquila, jamás pensé que el trasladarme a otra dimensión ocurriría algo así.
Hubo silencio absoluto, nadie se atrevía a decir nada ni a culpar a alguien. Efectivamente no se les podía culpar del todo, sabiendo que Deni desconocía ese cambio en ella. Sin embargo no hallaban qué hacer y menos sabían lo que pasaba por la cabeza de Luffy, había estado en todo momento callado, excepto cuando soltó el disparate anterior.
—Está bien —finalmente había hablado el capitán para dar el veredicto—, se queda —Lo que dejó aun mas asombrados a los presentes.
—Oye, Luffy… —interrumpió Nami con mucha preocupación, pues ella más que nadie sabía que se encontraba en una banda llena de locos, en donde no les importaba los peligros ni las consecuencias—, ¿no crees que es muy apresurada esa decisión?
—Podría incluso correr riesgo la vida de ese bebe —dejaron escapar algunos entre murmullos.
—Por el motivo que sea, ¡jamás abandonaré a un nakama!
—Luffy… —dejo escapar Deni en un susurro, con una sonrisa sincera de agradecimiento.
—Además, ese niño no solo es de uno —siguió diciendo con una sonrisa calmando la situación—, si no que de dos integrantes de mi tripulación. Será un legítimo futuro nakama del rey de los piratas, ¿no?
Pocas veces habían visto hablar a Luffy con tanta determinación, tanto así que nadie más siguió objetando. Era la decisión del capitán y sabían que a pesar de todo él por todos los medios impediría que le pasase algo a sus nakamas, dejándolos más tranquilos en ese aspecto.
—Luffy —Deni dejó escapar las últimas lágrimas para luego secárselas, que mas eran de felicidad por la respuesta—, muchas gracias.
La última palabra ya estaba dicha, solo quedaba alguien con quien hablar.
Deni se dio vuelta para quedar frente a frente a Zoro, quien al fin le dirigió la mirada. Sin embargo, no era una mirada de buenos amigos ni de tranquilidad, más bien de indiferencia hacía ella y de estar cabreado.
—Tenemos una conversación pendiente, ¿no? —preguntó con tono serio, esperando una respuesta decente por parte de su compañero.
—Tú y yo no tenemos nada que hablar, ya obtuviste lo que querías. —Dejo escapar fríamente Zoro, quitándole en un segundo la alegría a Deni por la respuesta de Luffy—. Eso es todo.
Esas últimas palabras le habían pegado con tanta fuerza, que tuvo que apretar los dientes para contener todos los insultos que se le estaban pasando por la cabeza. No solo estaba terminando la supuesta relación que llevaban, sino que también le había dejado en claro que no quería hablar nada más con ella. Apretó los puños que estaban al costado de sus piernas con fuerza, sintiendo como la adrenalina le subía de pies a cabeza. No es que se esperase una reacción diferente por parte del espadachín, pero anticiparla no la hacía menos dolorosa.
Le propinó un fuerte puñetazo cuando este estaba a punto de darse la media vuelta para retirarse. A pesar de la diferencias de fuerza, el golpe inesperado fue lo suficiente para estrellarlo en el suelo. Acto seguido Deni se retiró rápidamente hacía la parte trasera del Sunny sin decir ni una sola palabra, quería estar sola y que nadie la molestase.
—¡Maldito, le pusiste las manos encima a Deni! —Protestó con coraje el cocinero, quien segundos atrás se había despertado— ¡Y encima la haces sufrir! —terminó preparándose para asestarle una patada que de seguro jamás olvidaría.
—¡Espera, Sanji!
Antes que Sanji se acercara a Zoro un brazo pasó por su lado, dejándolo paralizado al ver el objetivo que tenía este. Si el espadachín merecía un castigo, el encargado de dárselo entonces sería Luffy, quien le encestó un golpe en donde mismo lo había hecho Deni, dejándolo incrustado en el suelo. Todo esto bajo la mirada atónita de los demás mugiwaras.
Zoro sabía que se había ganado aquello y mucho más, por lo que al incorporarse solamente acertó a dirigirle una mirada de aceptación a su capitán. Contempló cómo este luego de mirarlo seriamente emprendió pasó a la cocina, dando a entender que la discusión había terminado.
—Sanji, quiero comida —Al ver que el nombrado aun seguía en su puesto con claras intenciones de vérselas con el espadachín volvió a hablarle—. ¡Sanji! —dijo con un tono autoritario que jamás se había escuchado en él.
El cocinero chasqueó la lengua molesto, sabía que eso no era nada con lo que el marimo merecía. Lo que realmente quería hacer es que se arrepintiese de las estupideces que había hecho, ya que si había algo que Sanji no toleraba era ver a una de sus preciadas damas en mal estado. Sin embargo el espadachín logró dejar a una de ellas en la peor situación.
Resignado no le quedó otra que retirarse y obedecerle a Luffy.
—Ve tranquilo, Sanji —dijo Robin posando una mano en su hombro en un intento por calmarlo—. Iré a ver cómo está Deni, los demás no se preocupen —terminó dejando en claro que quería ir sola, pues si tenía suerte Deni la recibía a ella.
Mientras tanto, en la parte trasera del barco yacía la chica sentada en el suelo y apoyando su espalda en la pared. Tenía la vista perdida hacía el horizonte, en su rostro no se veía expresión alguna, no habían lagrimas, incluso parecía una estatua. Pero claramente desprendía un aura de dolor interior inimaginable.
De repente sintió una mano posarse en su hombro lo que la sacó de su transe. No se había dado cuenta en qué momento y hace cuanto Robin esta hincada en frente de ella. Cuando levanto su vista se encontró con la de la arqueóloga, quien la miraba fijamente y sin decir nada. No eran necesarias las palabras, pues con aquel gesto le estaba dejando en claro que tenía todo el apoyo por parte de ella y que al igual que sus compañeros tampoco la iba abandonar.
Deni comprendió aquello y rompió a llorar con desesperación, echando de una vez por todas todo el dolor contenido hacia afuera. Le dolía, no había nada más en su mente que aquel sentimiento de dolor y frustración.
Llevaba en su vientre un hijo de Zoro, consecuencia de haberse enamorado de aquel espadachín.
Y lo amaba, lo amaba tanto, que incluso le hubiese gustado volver a atrás para que nunca hubiese ocurrido aquello en el lago. Pues había perdido a Zoro para siempre, peor aún: había conocido la peor faceta de él.
El momento en el lago, lo que compartieron en su mundo, las noches en el cuarto; incontables eran los momentos de felicidad que había vivido con el espadachín. Tanto así, que no soportaba la idea de que en ese momento sí se estaba hiendo todo a la basura sin vuelta atrás.
Pero aunque le fuese casi imposible debía dar vuelta la página, ya que tenía un nuevo motivo por el que luchar y eso era la nueva vida que se estaba formando dentro de ella. No le debía importar nada más que ese niño o niña que estaba gestando, motivo suficiente para mantenerse de pie y firme desde ese entonces en adelante. Aunque su interior estuviese roto en mil pedazos.
Seguía llorando sin parar, sin darse cuenta que Robin —en un impulso que rara vez se veía en la arqueóloga—, la había envuelto en sus brazos para consolarla.
Y en otro lugar del barco había un tripulante que tampoco lo estaba pasando de maravilla. En el puesto de vigía se encontraba Zoro. Quería estar por un buen rato solo sin que nadie lo molestase, así que se llevo una pesa desde el gimnasio, la más pesada que pudo encontrar. Si había algo que le despejaría la mente, eso sería el entrenamiento.
Sentía el dolor, eso era innegable, pero estaba dispuesto a guardarlo en lo más profundo de su interior. Estaba dispuesto a meterse en la cabeza que ya no importaba si necesitaba a aquella mujer cerca, no debía importarle si la extrañaba o si quería tomarla y no soltarle más. Esos precisamente eran los sentimientos del espadachín, pero tenía tanto orgullo y rabia consigo mismo que no dejaría que estos lo consumieran.
Jamás había estado en sus planes tener aquella vida. Recordaba firmemente el momento en que prometió ante el padre de Kuina ser el mejor espadachín, sin importarle nada más que aquella ambición.
Se reprochaba una y otra vez, sintiendo que había retrocedido en su entrenamiento interior: aquel que cultivó para dejar su vida personal completamente de lado y dedicarse solo a realizar su sueño.
"Cuando decidí ser el mejor espadachín, ya había descartado mi vida" fueron las palabras que alguna vez le dijo a Sanji.
—Fui débil —repetía una y otra vez, mientras las gotas de sudor corrían por su rostro producto del intenso ejercicio—. Si hubiese tenido más autocontrol esto no hubiese pasado.
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Siento haber tardado un poco pero esta semana estuve llena de pruebas.
¡No me odien por favor por este capítulo!
Siento poner a Zoro como el malo de la película, pero es que es mi percepción si es que le pasase algo así. Pero aclarar que no es de malo xD si no que de confundido u.u
Gracias a TazusaInverse, Lychee8, SarayZoro, Cana Lawliet-san y Gol D. Enma por dejar siempre reviews y responder a mi pregunta, me alegro mucho que vayan al día en el anime, así podré explayarme de mejor manera sobre lo que vendrá más adelante, wiiiii xD
También decirle a Gol D. Enma (ya que no puedo por mensaje x)), sobre su petición, que puede que si como puede que no, jejeje aun queda artos capítulos así que ahí veremos jaja
