Por Siempre Juntos
Angie de Du Pollet
Chicas! muchas gracias por todos su comentarios y alertas y favoritos! Lamento haberlas hecho espera un poco más esta ocasión pero además de que no encontraba el hilo a este cap la uni me quito mucho tiempo... sí ya entré a clases y es por ello que demoro mas en actualizar.
De cualquier modo sé que les gustará :) Por cierto ya saben dejen todos sus comentarios!
Capitulo 21
—¿Helado? —se escuchó la suave e ilusionada voz de Anthony mientras trataba de que los vasos con helado que cargaba entre sus brazos no se le cayeran.
—¿Cómo lo hiciste? —preguntaron Bella y Edward sorprendidos de ver al pequeño manchado de helado.
—Eh… como tú lo haces mamá; con la cuchara —explicó inocentemente.
—Gracias campeón, déjame ayudarte—habló Edward irguiéndose del sillón en donde estaba sentado.
—Estas todo sucio mi amor —le indicó Bella después de tomar su vaso.
Anthony se sonrojó en respuesta y desvió su mirada al piso.
—Lo siento… solo quería darles una sorpresa—se disculpó sin razón.
—No te preocupes mi amor, no pasa nada —lo cargó informándole que no estaba enojada con él —, es sólo que te pudiste haber lastimado o algo.
—No te aflijas hijo, tu mami tiene razón, pero ahora nos has demostrado que ya eres un niño independiente —le animó Edward haciendo que su pequeño sonriera un poco.
—¿Enserio papi? —cuestionó feliz.
—Enserio Tony, ya eres un niño grande pero siempre serás mi bebé —interrumpió Bella antes de abrazarlo y hacerle cosquillas, segundos después Edward también se unió a la tortura del pequeño.
De no ser porque los sillones era de piel una gran macha de helado de fresa con crema se hubiera quedado impregnada en el sillón. La guerra de cosquillas continuó hasta que el celular de Edward sonó ese día en la tarde, tuvo que dejarlos solos para atender la llamada.
Bella mandó a Tony por un trapo a la cocina para medio arreglar el desastre que el helado había ocasionado sobre el sillón y sus ropas, tan pronto terminó de limpiar ambos comenzaron a ver El Rey León II, la película favorita de su hijo. Edward no regresó sino hasta avanzada la película y fue hasta entonces que la curiosidad que sentía por la llamada se disipó.
—Era Elizabeth, dice que la ceremonia es a las siete en la universidad —contestó la callada y disimulada pregunta de Bella —, así que debemos estar como a las seis y media, por lo tanto debemos de salir de aquí como …
—A las seis de la mañana —lo interrumpió con pesadez.
—Lo sé —suspiró sin muchos ánimos por la hora—, si quieres puedes llegar más tarde… digo, a las siete y así no te levantas ni levantas a Tony tan temprano —le sugirió.
—¿Tu quieres que lleguemos después? —le preguntó expectante de su respuesta.
—Por mí no te preocupes papi me puedo duermo temprano y así te acompañamos a que tu salida de la escuela—habló Tony cual adulto sin dejar de mirar su película.
—Gracias peque —contestó despeinándolo—. ¿Qué dices entonces Bella? ¿Tú también te quieres dormir temprano mañana? —le preguntó con la sonrisa que la derretía.
—Sí, me puedo dormir temprano siempre y cuando tú hagas la cena —condicionó divertida.
Edward rodó sus ojos para después esbozar una sonrisa traviesa y atraer a Bella hasta su cuerpo con un espontaneo abrazo.
—Gracias —le susurró regalándole un beso en su cabeza.
—No es nada Edward, lo hago con gusto —comentó sin atreverse a abrazarlo como se le había hecho costumbre.
A petición de Bella pidieron una pizza para cenar después de que la película se terminó, cenaron armoniosamente y cerca de las once de la noche decidieron que era hora de dormir al ver que Tony comenzaba a cabecear.
—Mejor lo alisto para dormir —mencionó Edward antes de pararse del suelo donde estaba sentado.
—¿No quieres que lo haga yo? —le preguntó apenada—, lo has estado haciendo desde que salimos del hospital —le recordó.
—No te preocupes Bella, no me cuesta nada y lo hago con gusto bien lo sabes —le recordó sonriente —, si quieres junta algo las cosas para que luego las lleve a la cocina —le sugirió ya con Anthony en brazos antes de robarle un beso.
Sólo necesitó dar siete pasos para poder llegar hasta la habitación de Tony, comenzó a ponerle la pijama ya que el pequeño estaba demasiado adormilado y muy a pesar de Edward tuvo que despertarlo para que se lavara los dientes.
—Papi… ¿mi mami ya sabe? —le preguntó recordando lo que Edward planeaba.
—No hijo, si lo supiera no tendría chiste—le aclaró terminando de limpiarle le boca —, tú no se lo has dicho, ¿verdad?
—Nope —contestó inmediatamente —, ¿me cuentas un cuento? —le pidió.
—Seguro… ¿cuál quieres? —preguntó arropándolo en su cama y acostándose a un lado suyo.
—Te apuesto lo que quieras a que Edward no se va a ningún lado —insistió Alice.
—Que sí; él nos dijo que se iba a ir —debatió Emmett.
—Emmett, si en verdad fuera cierto ya se hubiera ido y no lo ha hecho —le recordó irritada—, mañana es su graduación y él sigue metido en su casa cuidando a Bella.
—Ya no se maten —interrumpió Esme la conversación que sus hijos tenían mientras jugaban en el nuevo futbolito que Rosalie le había regalado a Emmett.
—Mamá, es que tu hijo es necio y no entiende razones —se justificó cual niña pequeña.
—No le creas, ésta loca hiperactiva que nunca puede apoyarme —negó él—, por cierto, ¿ya terminó Jasper la comida?
—No… de hecho me corrió sutilmente de la cocina —confesó con una sonrisa.
—Pues no sé qué le pasa a ese, no sabía que tenía talento culinario —confesó sonriente y burlonamente —, ¿le enseñaste a cocinar Alice?
—Para nada… pero estos días ha estado algo obsesionado con la comida mexicana —informó concentrada en el juego —, ¡GOOOL! ¡Perdiste hermanito!
—Eso es trampa —argumentó rápidamente.
—Para nada, has perdido. Con quince goles de mi parte ya te debió de haber quedado claro quién es la mejor en esto —le recordó con aires de superioridad.
—Ya dejen eso Emmett y mejor vamos a ver la tele —ordenó suavemente.
Los tres abandonaron la improvisada sala de juegos. Prendieron la televisión esperando o que Jasper terminara la comida o que Rosalie y Carlisle regresaran de la revisión mensual de Brandon. Estaban viendo un programa de comedia cuando el teléfono de la casa sonó interrumpiendo la risa que en ese momento el programa les ocasionad.
—¿Bu-bueno? —contestó entrecortadamente Alice.
—Buena tarde, ¿se encuentra el señor Emmett Cullen? Soy Ámbar Jhons y le habló del Banco de America —se presentó la voz al otro lado de la línea.
—¡Emmett, es para ti! —le dijo antes de aventarle el teléfono inalámbrico.
Emmett tomó la llamada y tan pronto le dijeron que su tarjeta de crédito presentaba un uso inusual palideció.
—¿De cuánto estamos hablando? —preguntó tímida y seriamente.
—Unos cinco mil dólares —fue la respuesta que recibió.
—¿Hay algún seguro que lo cubra? Como le digo, yo no he hecho esas compras —preguntó afligido.
—Posiblemente, pero primero debe de demostrar que usted no ha utilizado su plástico. Tal vez no sea problema porque según el sistema todas las compras han sido vía telefónica… ¿es posible que le hayan robado su tarjeta o la haya perdido? —sugirió la chica.
—Ehm… sí, es posible. Desde el lunes que no la encuentro —confesó.
La llamada siguió por varios minutos después y tras reportar su tarjeta la señorita que la atendió le pidió volver a llamar el lunes para seguir con el reporte de su tarjeta. Obviamente tanto Esme como Alice lo regañaron tan pronto se enteraron lo que sucedía.
—A ver si no tienes que pagar todo —advirtió Alice.
—Sólo no le digan a Rosalie… me matará si se entera —suplicó susurrante al notar que su esposa y padre habían llegado.
—¿Cómo les fue? —saludó Esme recibiéndolos.
—Todo bien, el niño está en su peso y ya le pusieron sus vacunas—anunció orgulloso Carlisle.
—Al parecer Emmett si lo ha cuidado bien —bromeó Rosalie alegre antes de saludarlo.
—¿Y Jasper? —preguntó Carlisle al notar su ausencia.
—En la cocina, encerrado y quizá quemando todo lo que planea cocinar para comer—contestó bromistamente Alice sorprendiendo a los recién llegados.
Sí, ellos también sabían que Jasper no era de aquellos hombres que cocina; ni siquiera para sorprender a una dama así que algo raro debería de estar pasando.
—¡Listo! —avisó Jasper minutos después.
Todos se sentaron a la mesa listos a comer sin embargo se sorprendieron de que Jasper los interrumpiera.
—¿Qué sucede Jazz? —preguntó ansioso Emmett por devorar el extraño caldo que había preparado.
—Solo quiero dar un aviso que creo es importante, Emmett—respondió nervioso.
—Pues dilo y rápido por favor que esto se ve rico y muero de hambre —le aconsejó inhalando del sabroso aroma del pozole que tenía frente a él.
—Bueno, quiero decirles que conseguí que los inversionistas de México y Brasil accedieron a firmar el contrato para que podamos abrir una tienda departamental en sus naciones —soltó con orgullo.
Era de esperarse que Alice gritara entusiasmada sobre todo ahora que tenía cinco meses y medio de embarazo y las hormonas la volvían más emotiva, era sorprendente que el embarazo no hubiera podido, hasta ahora, distorsionar en lo mínimo su figura. Carlisle, Esme y Rosalie se comportaron igual de alegres por la noticia, esto era un gran paso para ellos para la consolidación de su empresa y esperaban que las cosas siguieran marchando bien. Que marcharan bien para Emmett que presentía ser víctima de un fraude crediticio, pero sobre todo que siguieran marchando bien para Edward…
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—La clave es cinco, nueve, tres—informó Edward con voz calmada mientras jugaba con la tarjeta entre sus dedos.
—De acuerdo señor Cullen, confirmo un cargo por trescientos dólares como pago de arreglos florales para este viernes—confirmó la compra.
—Exactamente—respondió feliz.
—Eso sería todo, muchas gracias por utilizar nuestro servicio de compra vía telefónica señor Cullen—se despidió la señorita que lo atendió.
Edward apagó su celular y se quedó sin moverse aun recostado en la cama junto con su hijo que dormía plácidamente a un lado suyo.
—¿Hablabas con alguien? —preguntó Bella al salir del baño.
—Eh… nada importante, sólo que no he pagado la cuenta de mi celular —mintió magistralmente —, ¿lista para ver descansar? —le preguntó invitándola a recostarse.
—Estoy listísima, pero… ¿necesitas dinero? Porque Emmett me dijo que me seguirían depositando parte del suelo por cualquier cosa que necesitáramos— ofreció preocupada porque Edward no tuviera dinero.
—No te preocupes amor, simplemente se me olvidó pagar —le aclaró levantándose de la cama para atraerla hacia él.
Bella sintió el cálido contacto de las manos de Edward sobre las suyas e inmediatamente una corriente electica la recorrió placenteramente. Le gustaba volver a sentir los detalles cariñosos que Edward tenía con ella y es que a pesar de que ya se había acostumbrado a su contacto el accidente la había distanciado de esos sentimientos.
—Te quiero Bella, ¿lo sabes? —le preguntó mirándola a los ojos y acortando la distancia entre sus cuerpos —, y… aunque sé que el accidente me ha quitado varios recuerdos mi amor por ti nunca podría olvidarlo —le susurró perdido en el mar de sus ojos cafés antes de posar sus labios sobre los de ella.
Bella se sorprendió por el acto y aunque en un principió se quedó sin moverse prontamente respondió el suave beso probando por fin el sabor de Edward que había anhelado por, al menos, una semana. Edward llevó las manos de Bella alrededor de su cuello, él la abrazó por la cardera atrayéndola más a su cuerpo. Anthony seguía dormido así que ellos dos olvidaron que le pequeño seguía en la habitación subiendo tenuemente la intensidad de su contacto. Se tuvieron que separar por falta de aire sin embargo Bella ya había comenzado a jugar con el cobrizo cabello de Edward despeinándolo más de lo normal en tanto que él continuaba dando ligeros pasos hacia atrás con intensiones de sentarse sobre la cama.
—Edward… ¿enserio me quieres? —le preguntó estando ahora medio acostada sobre él.
—Con toda mi vida, Bella—respondió sin dudar—, ¿tú me quieres?
—Te amo—le confesó ella.
Edward le sonrió en respuesta antes de atraer su cabeza de nuevo hacia él para iniciar otro beso.
—Bella… yo creo que no es… el mejor momento—interrumpió Edward al sentir que su cuerpo comenzaba a reaccionar al contacto físico.
Bella lo miró expectante sin entender de todo lo que decía pero sólo cuando pudo leer la mirada de Edward pudo sentir cierta parte de la anatomía de Edward chocar contra su vientre insistentemente ocasionando que se tensara instintivamente ante su hallazgo.
—Ehm…yo… l-lo siento—fue lo mejor que atinó a decir nerviosamente.
Intentó levantarse de dónde estaba pero el suave agarre de Edward se lo impidió. Sintió su corazón acelerarse temerosamente de que quizá ella misma hubiera iniciado algo que quizá no era capaz de culminar.
—¿Por qué de disculpas? —susurró Edward tiernamente.
—Yo… siento haber dejado que las cosas avanzaran hasta este punto—contestó medio apenada media afligida.
Edward pareció entender perfectamente a lo que ella se refería y a pesar de lo que su cuerpo le demandaba Bella siempre estaría antes que nada.
—No te preocupes por trivialidades… si como dices tú ha llegado hasta este punto ha sido porque los dos lo hemos querido —le explicó acariciando su rostro—, pero recuerda que sólo tú podrás llevarlo al siguiente nivel; cuando estés lista.
Bella cortó el contacto visual que tenía con Edward sintiéndose culpable por lo que pasaba en la habitación y si bien ya se había logrado tranquilizar un poco al recordar que Edward nunca la forzaría a nada que no quisiera el sentimiento de culpabilidad la inundaba.
—Todo está bien Bella, no te aflijas que aquí no ha pasado nada —la tranquilizó rodándola en la cama para que ahora fuera ella la que estuviera recostada—, ¿qué te parece si traigo las palomitas para comenzar a ver la película?
—¿Estás seguro? —cuestionó tímidamente ella.
—Cien por ciento—contestó indudablemente—, Bella… he esperado por ti más de tres años, un poco más no me hará daño—le dijo con una sonrisa antes de regalarle un beso en la frente y levantarse —. Ponte cómoda en seguida regreso con las palomitas.
Y con una sonrisa sincera y un disimuladamente controlado problema en el pantalón Edward salió de la habitación dejando a Bella aun mas enamorada de él por lo comprensivo que era con ella.
—Quince… dieciocho… veintiuno… veinticuatro… —Edward seguía contando de tres en tres al bajar las escaleras recordando una buena técnica de relajamiento para su actual problema.
No era noche en realidad y el reloj de la cocina marca las siete de la tarde lo cual le recordó que debía de hablarle a Elizabeth para confirmar su cita. Tras hablar con ella y tomar el tazón de palomitas regresó totalmente calmado a su recámara.
—Edward… ¿puedes llevar a Tony a su habitación? —le preguntó Bella deseando estar solamente con él.
—No tardo—fue lo único que dijo antes de tomar a su hijo en brazos.
Y no lo hizo, en menos de lo que ella esperaba Edward se encontraba poniendo el DVD en el reproductor para comenzar a ver la película. Se recostaron sólo lo suficiente para poder apreciar la película. Edward dejó el tazón de palomitas en medio de la cama.
—¿Estás bien? —preguntó preocupado al notar la mirada pérdida de Bella.
—Sí, todo bien —le contestó con una forzada sonrisa y un nudo en la garganta.
Edward ya conocía esa sonrisa y no pudo engañarlo. Cuando menos lo esperaba Edward la atrajo a su pecho para abrazarla y sin palabras hacerle saber que todo estaba bien jugando con su cabello como le fascinaba hacerlo.
—Relájate Bella, no tienes porqué sentirte culpable —le susurró llamando su atención—, yo sé que me quieres y eso es suficiente para mí.
Bella no pudo evitar que un suspiro se le escapara de los labios.
—Para mí también basta con ello… pero entiendo que, como hombre, quizá tú…
—No pienses en mí—la interrumpió—, mejor relájate y terminemos de ver la película —la animó robándole un beso.
—Eres mi sueño hecho realidad—le agradeció después del contacto.
—Lo sé…—habló con todo divertido—, ¿lista para mañana?
—Yo sí… ¿y tú? —Bella le regresó la pregunta pero él no contestó—, mañana es el gran día… ¿nervioso? —insistió refiriéndose a la graduación.
Pero si Bella hubiera sabido el peso de las palabras que acababa de decir quizá las habría evitado.
—Sinceramente… sí. Estoy demasiado ansioso porque amanezca—le confesó travieso gozando de la ignorancia que Bella tenía hacia su futuro.
No fue necesario que el despertador sonara para que despertara, él ya lo estaba desde hace poco más de veinte minutos. La seguía abrazando sin atreverse a moverse un poco por el miedo de despertarla y es que le apasionaba verla dormir; se veía más hermosa de lo que era. La débil luz de la luna madrugadora seguía filtrándose por la ventana de su habitación dándole una vista mucho mejor, le acariciaba el cabello suavemente mientras vería su pecho subir y bajar suavemente al compas de su respiración.
—Bella, ya es hora de despertar—susurró adelantándose a la alarma del reloj.
—Mmm…no—gimió quejándose cual niña pequeña.
Edward simplemente se rió por el acto tan pueril.
—Vamos Bella, prometo compensarte el que tengas que levantarte tan temprano—pidió radiante.
—¿Te vas bañar tu primero? —preguntó ella esperanzada de poder dormir un poco más.
—Nop, esa serás tú porque dentro de media hora Elizabeth llega para ayudarte a arreglarte —confesó inocentemente.
—¿Qué? ¿Para qué? —cuestionó totalmente extrañada.
—Bueno, pensé que sería buena idea que otra mujer te ayudara a ponerte más bella de lo que ya eres—dijo sonriente—, y pensé que quizá Alice no sería una buena opción… ya ves que con eso del embarazo se pone más intensa —argumentó inteligentemente.
—Pero creo que no le agrado a Elizabeth… es amiga tuya no mía y hoy también es su graduación —insistió ella.
—No te preocupes, de hecho fue ella la que se ofreció como agradecimiento —mintió suavemente.
—¿Agradecimiento de qué? —cuestionó interesada.
—De que le haya presentado a Robert antes de que las clases terminaran y ahora parece que las cosas funcionan bien entre ellos dos—le explicó levantándose de la cama para apurarse —, usted señorita por el momento tiene diez minutos para dormir más en lo que reviso si el calentador ya está encendido.
—Gracias—dijo y sin perder tiempo se dispuso a dormir otro poco más.
Veinte minutos fueron los que Edward la dejó dormir en tanto que el preparaba algo frío de desayunar; un licuado de vainilla acompañado de fruta y a pesar de ella a Bella aún se levantó con demasiado pesar ayudada de su caballerosa compañía que la escoltó hasta la regadera para que ella pudiera bañarse con calma. Dejó caer la cálida agua sobre su espalda tratando de que la despertara sin embargo parecía que el efecto era totalmente contrario y aunque el sueño prácticamente le impedía abrir los ojos un sentimiento de ansiedad comenzaba a crecer en su estomago.
—¿Lista? —le preguntó Edward desde la habitación para ayudarla a regresar.
—¡Sí! —le avisó envuelta en una toalla.
Para fines prácticos Edward la cargó completamente despegándola del piso y depositándola en su lecho practicando para futuras ocasiones.
—Servida, si necesitas algo me dices. Voy por Tony para que nos bañemos —le avisó sonriente.
—¿Y si llega Elizabeth mientras te estás bañando? —cuestionó preocupada por su incapacidad de bajar las escaleras.
—No lo creo que llegue tan temprano, me dijo que estaba aquí a eso de las cinco y media… faltan veinte minutos —le indicó antes de salir por su hijo.
Fue demasiado gracioso el hecho de que Edward tuviera que bañar a su hijo mientras este casi seguía dormido.
—Campeón, no te duermas —le pidió mientras le enjabonaba la cabeza—, recuerda que podrás dormir en el camino.
—Pero es que tengo sueno papi… —justificó tiernamente.
—Lo sé, yo también tengo sueño pero ayúdame a enjuagarte para que no se nos haga tarde —insistió ante lo que Anthony hizo su mayor esfuerzo por despertar.
Su tiempo no podría haber estado más sincronizado ya que justo cuando Edward se estaba terminando de secar el timbre de la casa sonó indicando la llegada de su amiga. Bella estaba medio vestida y como Elizabeth la arreglaría allí mismo decidió llevar tanto a su hijo como a su ropa a la habitación del primero para arreglarse. Se puso de nuevo su pijama para poder abrirle a Elizabeth quien venía acompañada de Robert, un joven alto de tez blanca y ojos cafés claros.
—Gracias por venir—dijo a modo de saludo.
—No te preocupes… ambos te la debemos—contestó radiante Elizabeth—, ¿no es así amor?
—Seguro hermano, no te preocupes… gracias a ti estoy al lado de esta bella mujer—le recordó sonriente.
—Entonces pasen…, Bella está arriba primera puerta a la izquierda Eli —le indicó—, y tu Robert… pues puedes empezar por limpiar la cocina —bromeó antes de darle el control de la televisión y retirarse.
Edward al igual que Elizabeth y Bella se encerró en la habitación de Tony para comenzar a arreglarse. El pequeño fue el primero que quedó listo vistiendo su pequeño short y camiseta, Edward le puso crema en su suave rostro y brazos pero ante su cabello algo alborotado y rizado simplemente le puso un poco de gel para acomodarlo mejor; se veía hermoso con su nívea piel y esos ojos verdes contrastando con el café de su cabello.
—¡Listo! —le anunció feliz—, te ves muy guapo hijo…
—Es porque me parezco a ti papi, mi mami dice que eres muy guapo así que yo también lo soy —le respondió orgullosamente.
—Sí, igualito a mi—concordó Edward conmovido por las palabras del pequeño.
¡Cómo le hubiera gustado ser en verdad el padre biológico de Anthony! Aunque no por eso su amor por él era menos.
Tony se quedó sentado en su cama viendo como su padre se arreglaba y terminaba de vestirse con su, también, atuendo blanco. Se esmeró lo más que pudo; trató de arreglar su cabello hasta dejarlo presentablemente alborotado como era costumbre, su camisa blanca la dejó desbotonada del primer y segundo botón dejando que su blanco y terso pecho resaltaran pero lo que mejor le sentaba era la sonrisa emocionada de su rostro.
—Edward, nosotras ya terminamos… ¿están listos? —se escuchó llamarles la voz de Elizabeth.
—¡Ya vamos! —gritó desde adentro de la habitación mientras recogía a medias el reguero que había quedado de las toallas.
—Recuerda que tienen que estar temprano… tienes que ensayar el discurso —se le ocurrió decir ante la mirada de Bella que no hacía más que observar cada uno de sus movimientos.
—Listo —abrió la puerta con su hijo en brazos.
Edward tenía planeado salir rápidamente de la habitación para llegar a su cita sin embargo la sencilla forma en que Elizabeth la había arreglado lo cautivó totalmente; se notaba que Bella llevaba una ligera capa de maquillaje en su rostro que afinaban sus rasgos, su cabello que normalmente solía ser lacio ahora se encontraba invadido por ondas que definitivamente de daban un aire de sensualidad y qué decir de la ropa que portaba y que el mismo había casi elegido.
—Tierra llamando a Edward…—lo despertó de su ensoñación Elizabeth —, ¡vamos!
Edward no pudo más que hacer que sonreír y ayudar a Bella a bajar las escaleras feliz de la vida. La escoltó hasta el auto dejándola a ella y Anthony dentro mientras que él se despedía de sus amigos.
—Gracias por todo—insistió apenado y emocionado.
—Tranquilo Ed—le ordenó Robert al notar lo ansioso que estaba—, todo saldrá bien… pero antes de que te vayas no olvides esto —le recordó antes de entregarle uno de esos trapitos especiales para limpiar lentes envolviendo algo.
—¡Se me estaba olvidando! —dijo riendo.
—Ahora sí galán, ya puedes irte —le indicó Elizabeth después de acomodarle el cuello de la camisa —, suerte.
Edward entró al blanco auto con una sonrisa, encendió el motor y aun con las manos sudándole de los nervios a medio camino se atrevió a preguntar;
—¿No te agrada Eli? —habló al notar lo pensativa que se encontraba durante el trayecto.
—No… sí me agrada, es sólo que desde que desperté estoy como que ansiosa y tengo sueño—confesó apenada—, ¿en dónde dices que es la ceremonia? —le cuestionó al notar que Edward daba en una esquina contraria a la dirección de la universidad.
—Eh… en la universidad—respondió casi preguntando temiendo que Bella lo hubiera descubierto.
—Ah… ¿te molesta si duermo un poco en lo que llegamos? —le preguntó.
—Para nada, trata de relajarte y esa ansiedad que tienes desaparecerá, que ya nada malo nos pasará —la tranquilizó tomando su mano y besándola.
Sí, que Bella se durmiera en el camino era lo mejor que le podría pasar. De esa forma, tanto con Bella como con Anthony dormidos dar la sorpresa sería mucho más fácil.
