CAPITULO XXI

UN VIEJO AMIGO

1

Esa misma noche citó a sus amigos en el templo Hikawa. Hablar con ellos no fue sencillo. "Es Darien", les decía y le sonaba a mentira cada que lo repetía, aunque no lo fuese totalmente. Pero lo intentó.

-Eso no cambia nada –Dijo Haruka-. Necesita ser detenido.

-¡Claro que cambia las cosas! –Exclamó Serena. Seiya apoyó su mano en el hombro de ella para tranquilizarla-. Le da un sentido diferente a lo que está pasando –dijo más tranquila-. Todo lo hizo para que pudiéramos recordar.

-Serena, casi mueres… -Dijo Amy.

-Nunca estuve en verdadero riesgo –explicó-, yo necesitaba estar vulnerable para poder recordar, aún Lita que estuvo más expuesta que yo, salió casi ilesa. Él siempre nos protegió.

-No tiene sentido –dijo Mina- ¿Por qué esconderse?

Serena y Seiya intercambiaron una mirada y después miraron al resto. No hubo necesidad de palabras.

-Oh… -Dijo Mina comprendiendo.

-Darien siempre tuvo sus recuerdos… -dijo Rey en voz baja.

-La cuestión es –dijo Amy con voz pausada-, ¿Porqué hacernos recordar?

Todos voltearon a verla y el silencio se hizo más denso.

-No es que no me alegre de conocer todo, pero también era feliz cuando lo ignoraba –explicó- Ese era tu objetivo Serena –dijo mirando a su amiga- fue tu anhelo por una vida normal lo que nos trajo aquí, y por 17 años lo hemos hecho muy bien.

-Los recuerdos son parte de nosotras –dijo Serena bajando el rostro.

-Sé que lo son Serena, pero…

Todos callaron. Fue Mina la primera en romper el silencio.

-Vamos chicas, arriba esos ánimos –dijo tratando de sonar jovial-. Deberíamos estar contentas, no hay enemigo.

-Lo dices porque no estuviste en la habitación de Serena cuando Sailor Plut estuvo ahí –dijo Michiru con los brazos cruzados, mirando a Serena con suspicacia.

-Amy tiene razón –Dijo Haruka gravemente-. Esto no debería ser así princesa. Llegaremos al fondo de todo esto.

Y sin decir más, Haruka y Michiru se marcharon.

-¡Chicas! –Serena iba a salir tras ellas pero Seiya la detuvo del brazo.

-Has dicho la verdad –dijo mirándola fijamente a los ojos-, ellas son libres de hacer lo que les plazca.

Serena lo miró angustiada pero Seiya negó con la cabeza.

-Sabes que puedes confiar en nosotras ¿verdad Serena? –preguntó Amy mirando a su amiga.

-Lo sé chicas –Dijo con una media sonrisa- Gracias.

-Es hora de volver a casa –Dijo Seiya tomando a Serena de la mano.

Todos se miraron y fue Taiki quien habló.

-Adelántense ustedes, nosotros tenemos cosas que discutir.

-Chicas… -Las miró Serena preocupada de lo que fueran a hacer.

-No te preocupes –le dijo Rey-, no haremos nada, sólo necesitamos más tiempo para digerir lo que está sucediendo.

-Puedo quedarme entonces.

-No puedes –le dijo Seiya-, aun no te has recuperado del todo, necesitas descansar.

-Pero…

-Seiya tiene razón Serena –Habló Amy-, No te preocupes por nosotras, no tardaremos.

No muy convencida asintió y emprendió camino de la mano de Seiya.

-No se siente como que debamos bajar la guardia –dijo Lita mientras veían alejarse a Serena y Seiya.

-No lo haremos –dijo Rey.

-¿Deberíamos hablar con Miwa? –preguntó Mina.

-¿Y qué le diríamos? –preguntó Lita.

-Por ahora dejemos que Haruka y Michiru se encarguen de eso –dijo Rey.

-No debieron ir –dijo Amy-, sé que ninguna queremos creerlo, pero si Darien no es el mismo podría controlarlas como ha hecho con Sailor Plut.

-También lo pensé –dijo Rey- y creo que ellas también lo hicieron. Es mejor para todos saber cuanto antes cuáles son sus verdaderas intenciones, y esa es una forma tan buena como cualquier otra.

-Chicas, es de Darien de quien hablamos –dijo Mina.

-Eso no importa… -dijo Amy- Serena no está con él, está con Seiya.

-Pero… -trato de decir Lita. Rey la interrumpió.

-Todas hemos visto lo que el odio, el rencor y el dolor, pueden hacer. En Rini, en Hotaru… en Serena –Al recordarlo bajaron la mirada-. Vi lo que pasó en la habitación de Serena, y ese no era sólo Darien devolviendo sus recuerdos, era Darien tratando de recuperarla.

Yaten y Taiki se limitaban a escuchar, e intercambiaban miradas de entendimiento.

2

Seiya y Serena caminaban calle abajo con las manos entrelazadas. Llegaron hasta su casa sin mencionar una palabra, y estando ahí, de pie frente al cancel se detuvieron y se miraron.

-Seiya…

-Lo sé, lo sé… -dijo él apartando la mirada de ella con desgana- no haremos esto por un tiempo.

-Lo siento –dijo ella bajando la mirada.

-Está bien bombón –la miro con ojos más amables- acepté esto y lo haré a tu manera. Nos alejaremos a la vista de otros, pero… -sacó su celular del bolsillo- aun tenemos esto.

-Bendita tecnología –sonrió Serena.

-Si necesitas algo…

-Llamaré a emergencias –bromeó ella.

-Muy sensata… pero no. –Se acercó a ella y le acarició la mejilla- Me llamarás a mí.

-Lo haré –prometió ella.

El la besó tiernamente y, no sin esfuerzo se alejó de ella. Serena lo miró marcharse y hasta que no se perdió de su vista entró a casa.

-Hola Serena –Dijo la gata negra sentada sobre la mesa del comedor.

-¡Luna!

La gata saltó hacía Serena quien la abrazó con lagrimas en los ojos.

-Serena llorona –le dijo de manera cariñosa

-Tenías mucho sin venir a verme, no sabía si te había pasado algo.

-Lo siento… pero tengo una explicación para eso, subamos a tu cuarto, tengo algo que decirte.

Una vez encerrada en el cuarto bajó a la gata.

-Lo sabes todo ¿verdad Luna? –ella asintió.

-Los he observado desde el principio y sé lo que pasa y lo que sabes.

-Luna…

-Por eso he estado escondiéndome, si él creyera que sigo cerca de ti podría controlarme.

-No estás hablando de Darien ¿cierto?

Luna negó con la cabeza.

-Un enemigo Luna… -dijo con pesar-, un enemigo, y nosotras sin poderes, vulnerables… ¿Cómo podré ayudar a Darien? –La voz se le quebró y los ojos se le humedecieron-. Estoy enamorada de Seiya pero… ¿Un mundo sin Darien? no voy a poder soportarlo –rompió en lagrimas- Lo amo Luna… aun lo amo ¿tiene sentido para ti? No quiero separarme de Seiya pero si a Darien le ocurriera algo…

-Serena…

-Nos traje a este nuevo mundo para poder tener una vida normal, poder tomar decisiones, cambiar nuestro destino… pero parece inútil. No importa lo que haga ni cuantas veces lo intente, algo nos encontrará y todo será lo mismo otra vez.

Serena se dejó caer recargada en la puerta hasta quedar sentada y lloró desconsoladamente, cansada, todo se veía oscuro alrededor.

-Serena, haz cambiado tu destino, nada es lo mismo, tú no eres la misma –le dijo- ¿Serena Tsukino trabajadora responsable? Te he visto todos los días ir a ese café, esforzarte, sonreír, planear un futuro… no eres más una niña. Y las chicas… todas han crecido, madurado. No recordaban, pero sus espiritus son más fuertes, decididos, están más unidas que nunca. ¡Esta es tu nueva vida! ¡Lucha por ella! No te rindas Serena.

-¿Pero cómo podemos luchar si…?

-Él se equivoca –La interrumpió-, tus poderes no son algo que dependa del mundo o de un cuerpo, tus poderes están en la fuerza de tu corazón, si llegaras a necesitarlos debes confiar que ellos estarán ahí para ti, porque son parte de la fuerza de tu alma, de tu espíritu; no importa cuántas veces reencarnes, ellos están ligados a ti.

-No los siento Luna… -Dijo llevando sus manos al pecho, donde antes solía colgar el prendedor lunar.

-Está bien Serena, lo harás cuando los necesites, confía en ti.

Serena asintió.

-¿Sabes quién o qué está poseyendo a Darien?

-Lo sé… y tú también lo conoces.

-¿Qué?

-Fue alguien muy cercano a nosotras en Milenio de Plata… su nombre es Anteo.

3

Mina y Amy caminaban a casa de Serena, acompañadas por Taiki y Yaten, Rey por su parte se quedó en el templo hikawa a buscar alguna respuesta en sus llamas y Lita le hacía compañía.

Amy y Taiki caminaban en silencio, tomados de la mano, mientras unos pasos atrás venían Mina y Yaten.

-¿Te lamentas ahora que lo sabes? –Preguntó Mina posando su mirada en Yaten mientras caminaban.

-¿A qué te refieres?

-Esto, nacer aquí, en la tierra… lejos de su princesa.

-Me gustaría saber que ocurrió con ella, aunque creo que en realidad ya no importa… estoy aquí, y no lo lamento. Tengo padres, están locos y la mayoría de las veces son un problema, pero son mis padres… del Yaten de aquella otra vida creo que queda sólo el recuerdo.

-Era un buen Yaten, aunque algo testarudo.

-Lo sé, te traía loca.

-¡Yaten!

Amy y Taiki rieron por lo bajo al escucharla gritar.

-No hay nada de malo en eso –se defendió encogiéndose de hombros- tú me traías loco.

-Nunca pensé que pudieras ser así de abierto con tus sentimientos.

-Debe ser esta nueva vida… y los locos de mis padres.

-Me gustaría conocerlos algún día –dijo agachando la mirada.

-Lo harás.

Yaten tomó de la mano a Mina y se detuvo, deteniéndola a ella. Mina lo miró, y él con una mano en la mejilla de la joven, se inclinó a besarla.

Amy volteó al no escuchar sus pasos atrás de ella, pero lo que vio la hizo sonreír.

-Caminemos más aprisa –le dijo en un murmullo a Taiki- démosles algo de privacidad.

Taiki asintió y se adelantaron.

-¿Tu no vas a preguntarme si lamento haber nacido aquí? –le preguntó Taiki cuando estuvieron lo suficientemente lejos de Mina y Yaten.

-No estoy segura de querer saberlo.

-Voy a contarte algo –Le dijo con rostro serio-, después de aquella batalla, ¿Recuerdas aquel destello de luz y energía? –Amy asintió- Cuando todo terminó, apareció con cuerpo de mujer.

-La reina…

-No lo sé, no le vi el rostro… sólo escuché su voz preguntando si quería seguirte.

-¿A mí?

-A ti Amy Mizuno –Asintió Taiki- Dijo que no sería, fácil, que si la vida no te traía a mí, yo tendría que buscarte y que aun así no podría ella saber si te encontraría.

-¿Quieres ir a su mundo aun sabiendo esto? –La voz de Yaten a su espalda les provocó un sobresalto.

-Recuerdas –Dijo Taiki visiblemente sorprendido.

-No hasta que te escuché –dijo Yaten.

-¡Tuvieron elección! –Exclamó Mina sorprendida.

-Así es –dijo Yaten mirándola- Y volvería a elegir lo mismo.

-Me alegro de que hayas tomado la misma decisión que yo hermano –Le sonrió Taiki- fue bueno encontrarte nuevamente.

4

-Cuando eras niña, en el reino lunar –empezó a narrar Luna- solías pasar mucho tiempo corriendo en el castillo, ibas de comer golosinas en la cocina, a jugar con los animales que había en los jardines. Tal vez no lo recuerdas… están las memorias de 3 vidas en tu cabeza, es normal que no alcances aquellos recuerdos que pasaron hace más tiempo. Pero yo recuerdo Serena. Yo era tu compañera, tu nana, tu amiga. Así que corría contigo por los pasillos del palacio de un lugar a otro. Y había alguien más que corría contigo…

-¡Anti! –Exclamó Serena- Lo recuerdo, era el hijo del cocinero. Tenía el cabello plateado como el de mi madre, solía tener mal genio al principio… nunca me llamó por mi nombre… ¡Es él! –Se puso de pie como impulsada por un resorte-. Me llamó conejo, Anti es quien está manipulando a Darien, pero ¿Por qué?

-No lo sé… tal vez creyó que en esta vida tendría una oportunidad contigo.

-No puede ser, éramos solo amigos, nunca fuimos nada más –Dijo Serena-, Además, ¿Cómo puede hacer esto? Él no tenía poderes.

-Eso no lo sé.

-Yo iré a averiguarlo ahora mismo. Serena se puso de pie y acomodó las almohadas y la cobija de manera que pareciera que estaba durmiendo.

-¿Qué haces?

-Las chicas deben estar por llegar, Luna, tienes que cubrirme.

-Pero Serena.

-Estaré bien. –se puso un suéter ligero, tomó su celular y salió a prisa de su casa.

Corrió calle abajo hasta llegar a la avenida, esperó a que el semáforo se pusiera en rojo para cruzar y mientras lo hacía sintió nostalgia. Hace mucho que no iba por ahí… la escuela, la cafetería, el templo, el centro… todo quedaba del otro extremo. Excepto Miwa… él vivía al sur, calle abajo. Hacía poco más de un año de la última vez que hizo aquel camino… aquella noche Miwa iba a cocinar para ella.

-Eres afortunada de tenerme como novio –le había dicho-, con tus cualidades culinarias nadie más se casaría contigo.

Serena recordaba perfectamente la sorpresa con la que le había mirado: con los ojos desorbitados y las mejillas rojas, sentada a la mesa del comedor mientras él terminaba de preparar los platos en la cocina.

-¡No digas esas cosas!

-¿Por qué no?

-Porque me ponen nerviosa… -le dijo bajando la mirada apenada.

-Eres una boba –se rió mientras se quitaba el mandil-. He dicho que yo me casaría contigo, no que nos casaríamos.

-Es lo mismo –le dijo ella entre dientes.

-Me alegra que lo pienses así –Dijo poniendo el plato con espagueti frente a ella por su costado izquierdo, acercándose mucho a ella y tomándola por sorpresa le dio un beso en la mejilla.

Una corriente eléctrica recorrió el cuerpo de Serena y sus mejillas se pusieron aun más encendidas. Miwa se sentó a su lado y comenzó a comer.

-Ya no tengo hambre…

-¿Sugieres que hagamos otra cosa? –le dijo de manera pícara.

-¡Satoru! –le arrojó la servilleta que tenía a la mano. Él río divertido.

-Vamos, come, ha quedado muy bien.

Serena comió el primer bocado y los ojos se le iluminaron.

-¡Esta delicioso!

-Te lo dije –sonrió él.

Y la tensión pasó. Charlaron con normalidad, rieron, miraron una película y la llevó a su casa. Estar con Satoru era tan fácil como respirar la mayoría de las veces. Y aun cuando se ponía ladino, él tenía el control de la situación.

Y una semana después terminó con ella. ¿Por qué, Darien? Y la respuesta vino sola Porque cuando llegara Seiya volvería a ser todo difícil.

Darien lo sabía.

La luz del departamento del primer piso estaba apagada. Inhaló y exhaló, tratando de conservar la calma.

-Anti –dijo sin el suficiente volumen- Anti –dijo un poco más fuerte. Se aclaró la garganta y haciendo eco con las manos gritó-: ¡Anti! ¡Anti!

La luz del departamento se encendió, Anteo salió del departamento y caminó hacía Serena dentro del cuerpo de Satoru; y al estar frente a ella, le dijo con voz neutra:

-Parece una eternidad desde la última vez que me llamaste a gritos Conejo.

-Te recuerdo –le dijo Serena de manera acusadora- ¿Por qué estás haciendo esto?¿Dónde habías estado? ¿Qué haces aquí? ¿Porque estás usando a Darién de esa manera?

-Esas son muchas preguntas –le dijo él con una media sonrisa- ¿Qué es exactamente lo que recuerdas?

-Sólo unas pocas cosas –Dijo Serena pausadamente-, pero tengo esa imagen estando tú, yo, Luna… sentados en los jardines del palacio mientras contabas esa historia del conejo de la luna.

-Lo recuerdo –sonrió más sinceramente-. Luna y tú estaban fascinadas, no paraban de hacer preguntas.

-Era algo extraño para nosotras… no hay conejos en la luna.

-Y yo dije: creo que se parecen a ti.

-Aun así no pude imaginarlo.

-Y aun así en aquella otra vida lo creías –Dijo nuevamente con la sonrisa retorcida-. Antes de que Luna te contara acerca de tu pasado y el reino lunar tú creías que había un conejo allá arriba y a veces hablabas con él.

-¿Cómo sabes eso?

-Porque siempre estuve cerca.

-¿Cómo es eso posible?

-¿No lo recuerdas?

Serena negó. Satoru extendió su brazo hacía ella.

-Dame tu mano –Serena no se movió- Vamos, ahora que sabes quién soy, sabes que puedes confiar en mí.

Serena no lo sentía de aquella manera, pero aun así le dio la mano. Y en un parpadeo estuvo entre las ruinas del reino Lunar.

-¿Cómo es posible? –Preguntó sobresaltada, y al apartar la mano de Anti la visión desapareció. Él no respondió y permaneció con la mano extendida hacía ella. Serena, dudando, volvió a tomarlo de la mano.

-¿Cómo lo haces? –Dijo mirando las ruinas a su alrededor.

-Magia.

-¿Eres un brujo?

-Es una forma de decirlo.

-¿Esto es real?

-Lo es, pero aquí nosotros no somos reales.

-No lo entiendo.

-Aquí lo entenderás.

Nuevamente cambió el entorno. Ahora se encontraban en la calle frente a la casa de Serena. En el porche, en una mecedora un hombre mayor reposaba con los ojos cerrados.

-¿Quién es él?

Pero Satoru, en lugar de responder, caminó hacía el hombre, llevando a Serena de la mano.

-Mira de cerca, tú lo conoces.

Estaban cerca del hombre y sin embargo no parecía escuchar la voz de Satoru, ni los pasos que se acercaban a él. Serena, apenas lo miró de cerca lo supo. Llevó su mano a la boca para ahogar un grito.

-¡¿Cómo es posible?! ¡Es Samy!

Entonces el hombre abrió los ojos sobresaltado, y miro para todos lados sin notar la presencia de los que estaban justo a su lado.

-Ha sido un sueño… -murmuró para sí, y se sonrió- Hace mucho que no soñaba contigo hermana.

-¡Puede sentirme!

-Es posible, comparten la misma sangre –dijo Satoru- pero también es posible que sólo haya soñado contigo, como otras tantas veces.

-¿Por qué soñaría conmigo? ¿Yo dónde estoy?

-Muerta, claro –Le dijo mirándola fijamente. Serena no podía apartar la mirada de Samy- Hace ya 50 años.

-¡¿Qué?!

-Este es el mundo que dejaron tú y tus amigas.

-¿Cómo es posible? Hace solo 17 años de eso.

-El tiempo entre mundos es diferente, quisiera explicártelo pero no lo sé con certeza.

-Samy…

Pero el señor dormía nuevamente.

-¿Sabes qué pasó con él, con mi familia?

-Puedo averiguarlo –y apenas dicho esto posó su mano en el hombro de Samy y Serena también lo vio.

El llanto, la incredulidad, el dolor. Mama Ikuko esperando por ella, pero no había cuerpo ni noticias, Serena y sus amigas habían desaparecido de la faz de la tierra. Miró en un flash el pasar de los años, vio envejecer a sus padres. La boda de Samy, la hija que llevaba el nombre de la desaparecida Serena, y el altar en un rincón de la sala, primero sólo con su foto y luego acompañada por las de sus padres.

Anteo la soltó y otra vez estaban a fuera de su departamento. El sol estaba saliendo. Serena permanecía con la mano tapando su boca ahogando los sollozos mientras las lágrimas se escapaban de sus ojos.

-Yo no sabía… -dijo con voz ahogada.

-No llores conejo –dijo apretando su mano que aun estaba entre la de él- ese ya no es tu mundo, como hace mucho dejó de serlo el milenio de plata.

Anteo se acercó a ella y secó sus lagrimas con la mano libre. Serena lo apartó y lo soltó de la mano. Con las mangas de su sweter secó sus lagrimas.

-No me hables como si fueras mi amigo –le dijo con voz firme-. Sal de Satoru, libera a Darien.

-Aun no obtengo lo que quiero –dijo él también endureciendo su voz.

-¿Qué quieres de mí? –Pero entonces se dio cuenta de la palidez del rostro del muchacho. Algo andaba mal-. ¿Qué te sucede?

-Ven conmigo –dijo ignorando su pregunta- Puedo llevarte a través de los mundos, puedo llevarte a donde quieras. Olvidate de Darien y de Seiya. Ninguno de los 2 te merece.

-¡Estás sangrando! –Exclamó Serena espantada. Él se llevó la mano a la nariz y sintió la calidez de la sangre. Sonrió maliciosamente y Serena se crispó- ¿Qué le sucede al cuerpo de Satoru?

-Opone resistencia –dijo con la sonrisa retorcida- Grita y pelea dentro de mi, no sabe que está matándose el mismo. –Satoru sacudió la cabeza, parecía sentir dolor que trataba de contener- ¡Habla con él! –gritó- ¡Dile que se detenga! –se llevó las manos a la cabeza y la sacudía de un lado a otro ante la mirada aterrada de Serena- ¡No voy a salir de tI! –gritó Anteo- ¡Dile que se detenga o moriremos los dos! –y comenzó a reírse de manera desquiciada- ¡No saldré de ti y moriremos los dos!

-¡BASTA! –Gritó Serena y se abalanzó sobre el cuerpo de Satoru y lo abrazó- Basta basta –Decía rodeándolo con sus brazos al momento que se quedaba inmóvil- No lo hagas, por favor –rogó con la voz entre cortada y los ojos llenos de lagrimas- confía en mí, Satoru... Darien… confía en mí. Si tu mueres no podré seguir viviendo, nunca seré feliz, no podría superarlo. Sé que es egoísta, pero por favor no mueras.

-Eres una tonta –dijo Anteo con los brazos colgando a los costados, sin moverse. Sentía el abrazo, pero no lo abrazaban a él-. Tendrás a Seiya ¿no es lo que querías? ¿Deshacerte de Darien y seguir tu corazón?

-Darien escúchame –dijo ignorando a Anteo, posando sus manos en los hombros del cuerpo de Satoru y mirándolo fijamente a los ojos- Voy a sacarte de aquí, así que sigue luchando. Eres más fuerte que él, yo lo sé, tú lo sabes. Saldremos de esto.

Serena volvió a secar sus ojos con las mangas húmedas del sweter.

-Anteo, fuiste mi amigo y no sé qué te hizo hacer esto. Pero vete ahora que puedes, sal de Satoru y si quieres hablar conmigo hazlo en tu propia piel.

-¿Y si no qué?

La mirada de Serena era dura, era confiada, era casi malvada.

-Piénsalo… Lo has visto todo ¿No? Si Darien puede matarte de una manera tan sencilla, no eres ni de lejos el enemigo más fuerte que hemos tenido.

Se dio la vuelta dándole la espalda y aguantó caminar con paso firme hasta que dejó de sentir la mirada de Anteo fija en ella. Entonces comenzó a correr, no había tiempo que perder.

Fin del capítulo.

Nota de la autora.

¿Hay disculpa que valga? Si sí, mil disculpas mis lectores! La historia sigue y llegaremos al final pronto (sí, de verdad pronto!). Gracias por seguir ahí después de tanto tiempo! Esperen… ¿aun hay alguien ahí? Espero que sí… y espero que disfrutes la lectura.

Los quiere la linda Usagui Kou!