Capitulo XX

Sí, voy Candy – contestó sonriente el castaño.

Al ver lo elegante, bella y distinguida que lucia Annie la cual venia bajando en compañía de su padre, Daisy perdió la grandiosa oportunidad de emparentarse con la prestigiosa familia Andley, tuvo que contener el coraje que le originó la noticia de que William se había casado y tendría un hijo. Contrario a lo que ella pensaba, las miradas y el ambiente no eran propicios para una escena de evidentes celos, pronto no habría más hombres en esa familia y ella tendría que desistir de sus ideas de enamorar a alguno de los dos. Su madre que se había dado cuenta de lo que ocurría con Daysi la obligó a retirarse de la boda alegando un ataque de ansiedad.

La boda transcurrió conforme lo planeado, los novios ahora esposos se encontraban sumamente felices, cuando llegó la hora de la cena, Albert observaba a Candy, se notaba cansada y se disculpó con la tía abuela para llevarla a descansar.

Mi amor, es hora de retirarse – le dijo suave y quedamente en el oído.

Pero si aún falta el postre – respondió ella en un puchero.

Lo mejor verdad, Dorothy te llevará un poco, ya lo verás – le propuso él.

Pero no quiero estar sola – arremetió sin pensarlo.

William ve con ella, George tomará tu lugar – recomendó su tía abuela.

¿Segura? – cuestionó el rubio.

Segura, nos las arreglaremos, descansen – recomendó sonriéndoles a ambos.

Bueno, vamos mi amor. Arriba – la cargó sin trabajos.

Lo siento – se disculpó ella.

¿Qué cosa? – preguntó sin entender.

Quería resistir al menos al terminar la cena– dijo ella.

No es tu culpa, es por los medicamentos, desde que me pediste dormir contigo nuevamente no pretendo perdérmelo por nada – le sonrio con coquetería entrando a su habitación y cuando la hubo depositado en la cama.

Está bien mi amor – con pena. Creo que me vas a tener que ayudar a cambiarme, bájame el cierre y pásame mi camisón y la bata – le informó donde estaba.

Toma, te ayudo en algo más – él se sorprendió, hacia algunos meses que no la veía así.

Si tráeme mis cremas y el cepillo que están sobre el tocador – le pidió mirándolo, apenas se había dado cuenta que se forzó a quitarle la vista de encima.

Si antes era un deleite verla en esa tarea de embellecerse ahora con dos meses de embarazo, era aun más atrayente. Se quedó mirándola, sus ojos se encontraron cuando deslizaba el camisón por su hermoso torso. Rápidamente se acercó a ella y la beso con hambre y sed de pasión.

Lo siento – se alejo de sus labios apenas conteniendo la lujuria que le había provocado semejante visión.

Yo no, te extrañaba mi amor – dijo ella queriendo probar los labios de su esposo.

Igual yo. Ahorita vuelvo me cambiaré en el baño – susurró él con un hilo de voz.

Albert daba de vueltas apenas vestido en con el pantalón del pijama, tenia que calmar su delirio por sentir a Candy, debía hacerlo por su bebé. De buenas a primera cambio de idea, la deseaba pero no lo pensó dos veces se desvistió y sumergió su cuerpo en el agua fría, ahí tardo algunos minutos, salió del baño secándose el cabello, indiscutiblemente Candy yacía dormida profundamente en su lugar y abrazando una almohada.

Albert se rió por la posición que conservaba su esposa, así que se colocó en el mismo sillón en el que hacía poco menos de cinco días se encontraba descansando ella, admiraba todo de ella, perfilaba la silueta femenina de su esposa, se levantó y encaminó al lado que le correspondía, justo al lado de ella, quitó la almohada que se encontraba entre sus piernas, levantó las cobijas y se metió rápidamente, acomodando a su esposa en su brazo y la rubia tan solo al sentirlo colocó su cabeza pegada al pecho de él; así pasaron algunos minutos y el rubio logró, finalmente conciliar el sueño.

Candy y Albert finalmente salieron del encierro en el que se habían envuelto dentro de la mansión Andley, la familia se encontraba feliz después del casamiento de Annie y el revuelo que causó la noticia entre la sociedad de Illinois el saber que muy pronto ambas parejas serían padres, por supuesto la realidad sobre los meses de gestación del primogénito de Annie y Archie solo la sabían ellos dos y los rubios, la boda fue espectacular aunque se haya preparado con poco tiempo de anticipación; algunas situaciones habían mejorado, tanto que la señora Elroy logró deshacerse de la señorita Daysi como de las pretensiones fallidas de ésta.

Cuando menos se habían dado cuenta, los nueve meses de Candy habían pasado ya, tan rápido que ni cuenta se habían dado, mes tras mes eran las visitas periódicas a Tom, admirar los ultrasonidos; convivir con la empresa para Albert había sido mas estresante que en cualquier otro tiempo, pero la alegría de ver como el vientre de Candy crecía a cada momento era una grata sorpresa para él cada noche que llegaba.

Candy se encontraba ya en los últimos días de embarazo, salió al jardín y ahí localizo una prenda de Albert que seguramente había dejado días atrás cuando ella se encontraba leyendo en la sombra de un cerezo. De pronto unas ganas inconcebibles se apoderaron de ella, ordenó a Dorothy que se le avisara a Thomas que iba a salir rumbo a la oficina de su esposo. Albert se encontraba ensimismado en recuerdos, miraba un contrato entre las manos, pero tenía nula atención al respecto, además ni cuenta se dio cuando se escucharon dos golpes en la puerta de caoba de su oficina. Candy entró y se colocó enfrente a este, después Albert notó un aroma inolvidable al menos para él, bajo el contrato y la sonrisa de él se confundió con la cara de dolor que Candy llevaba en ese momento.

El se levantó y observó cómo sobre la alfombra y el piso se encontraba un charco de agua.

Mi amor, ¿qué pasa? – le preguntó sin observar que ella se estaba agarrando el vientre.

Albert…¡se me rompió..! – gritó cuando sintió la primera contracción.

¿Qué se te rompió? ¿Te caíste? ¿Te duele algo? –se notaba preocupado.

La fuente … - atinó a decir.

Ah si la fuente…¿la fuente has dicho? – le preguntó reaccionando rápidamente.

Si la fuente, llama una ambulancia – no sabia que le pasaba a su esposo, pidió vehementemente a Albert.

Sí claro, Cecile llama una ambulancia, mi esposa esta en alumbramiento – pidió con cortesía, sabía que debía conservar la calma.

Sí señor, enseguida. George ayude al señor Andley a traer a su esposa, está dando a luz – fue la información que el moreno recibía en ese momento.

Enseguida Cecile, llame a la señora Elroy y avísele que estaremos en el hospital – ordenó George a la secretaria de Albert.

Enseguida – asintió y comenzó a marcar los números móviles de todos.

William, ¿cómo esta Candy? – le preguntó George llegando hasta ellos.

¡Al fin! – dentro de su dolor sonrio triunfante.

Al fin ¿qué Candy? – cuestiono Albert sin entender.

Al fin me dices por mi nombre de pila, George – sonrió dolorosamente.

Esperemos otro momento para recordar eso no les parece, George trae mi saco y alcanzaremos a la ambulancia- reaccionó y llevó a su esposa en brazos cuando la ambulancia ya lo había hecho.

Señor George, la ambulancia ya llegó – les informó Cecile.

El bebé de Candy estaba impaciente por salir, por lo que las contracciones se hacían más fuertes y seguidas, llegaron al hospital tan rápido que el bebé estaba por coronar y ni siquiera se encontraban en el quirófano. Pasó el tiempo, Albert daba de vueltas en la sala de espera, George tan serio como siempre eligió esperar un poco antes de pedirle que tomara asiento. Mientras una pequeña mirada verdiazul se asomaba sobre el vientre de Candy, ella lo recibía con una gran sonrisa y en medio de unos brazos amorosos, tan amorosos como el minuto en que se convirtió en madre.

Continuará….

Listo chicas, ya falta poco…! Por cierto ustedes no lo sabían pero ya tengo una historia nueva, adivinen…adivinen!