Gente linda! Volví! :)

Antes que nada les quiero pedir perdón por mi demora… En verdad lamento haber tenido que retrasarme tanto en actualizar, excusas tengo cientos, pero no vienen al caso… Lo importante es que logré regresar y hoy les traigo un nuevo cap que acabo de terminar.

En esta ocasión habrá un par de viajecitos en el tiempo que quizás ayuden a comprender un poco mejor algunas cosas. Pero lo más importante y crucial se vendrá en los siguientes caps. Así que una vez más les pido paciencia…

Quiero agradecer infinitamente a las bonitas y constantes lectoras que siempre me brindan su apoyo y me demuestran su interés! Posta que si no fuera por ustedes me costaría mucho más poder darle continuidad a esta locurita mía… Así que de nuevo GRACIAS TOTALES por no dejar de comentarme y seguirme!

Bueno gente, lxs dejo leer el VEINTIUNO en paz! Después me cuentan qué les pareció!

Todos los personajes pertenecen a su autora, Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.

Me despido abajito!

Bell.-


:: Capítulo Veintiuno ::

Seis años atrás,

Serena estaba en su habitación recostada en su cama sin la más mínima intención de levantarse. Era un lunes por la tarde y debía asistir a sus habituales clases de la universidad, pero no se sentía con ánimos ni para salir de su cuarto.

Permaneció en la misma posición, acurrucada y abrazada a su almohada, hasta que su mamá golpeó a su puerta. —Con permiso —dijo antes de entrar y Serena volteó casi pegando un salto para darle la espalda—. Hija —la llamó Ikuko mientras se acercaba a la cama—, Serena —se sentó a su lado—. ¿Te encuentras bien? —Serena no respondía—. ¿No vas a ir a clases hoy? —la tomó del hombro para hacerla girar—. ¿Qué tienes, hija? ¿No te sientes bien? —preguntó preocupada.

Repentinamente los ojos de Serena se llenaron de lágrimas. —Mamá… —dijo con voz temblorosa al incorporarse y abrazarla con fuerza—. Mamá… —repitió angustiada y comenzó a llorar con tanta intensidad que le costaba hablar.

—¿Qué pasa, Serena? —preguntó Ikuko afligida—. ¿Por qué estás tan triste, hija? Hace varios días que te noto muy decaída, ¿qué es lo que sucede? —se separó un poco para poder mirarla de frente.

Serena se limpiaba la cara con las manos e intentaba calmarse. —Es que… es que… —gimoteaba—. Estoy… Es que estoy muy triste…

—¿Por qué, hija? —insistió Ikuko—. ¿Qué ocurre?

Serena poco a poco pudo dejar de llorar. —Es que ya pasaron casi dos años desde que Darien se fue y… —pero inevitablemente sus voz volvía a quebrarse—. Y hace más de una semana que no se nada de él y… Y lo extraño mucho… —y de nuevo lloraba desconsolada.

Ikuko la abrazó otra vez. —Tranquila… —trataba de consolarla—. Tranquila, Serena…

—Lo extraño mucho, mamá —continuó Serena entre sollozos—. Y yo entiendo que ahora está muy ocupado con sus estudios y su trabajo, pero no responde mis mensajes y… Y no puedo… No puedo soportarlo… Lo extraño tanto…

Volvieron a separarse e Ikuko buscó un pañuelito en su bolsillo para secarle las lágrimas a Serena. —Y si no responde los mensajes, ¿por qué no lo llamas? —preguntó mientras acariciaba su rostro.

—Intenté llamarlo varias veces —respondió Serena ya más tranquila— pero no consigo comunicarme con él, no conozco bien sus horarios, son siempre diferentes y cada vez que lo llamo tiene el teléfono apagado —suspiró largamente intentando reponerse—. Y tampoco quiero ser demasiado insistente ni invasiva, yo sé que cuando tenga tiempo libre me responderá o me llamará como siempre lo hace, pero… A veces me cuesta tanto… —dijo apenada—. Es muy difícil para mí tenerlo tan lejos, no poder hablar con él, no poder verlo, no poder estar a su lado, no poder… —y bajó la mirada para ocultar las lágrimas volvían a escaparse de sus ojos.

Ikuko suspiró y tras una pausa tomó el rostro de Serena para que la mire. —Hija —dijo con una tranquila sonrisa—, entiendo perfectamente cómo te sientes —Serena no dejaba de llorar— y se me rompe el corazón al verte tan triste. Así que te diré qué es lo que creo que deberías hacer para poder sentirte mejor. Hace tiempo que la idea me está dando vueltas en la cabeza al verte así de afligida y desanimada.

—¿Qué cosa? —preguntó Serena extrañada—. ¿Qué es lo que pensaste?

—Ve a verlo —respondió Ikuko con soltura y Serena la miró con ojos enormes—. Sí, hija, viaja a Nueva York y reúnete con él.

—¡¿Qué?! —Serena estaba completamente desconcertada —¿Yo viajar? ¿A EEUU?

Ikuko rió al ver su reacción. —Sí, Serena, ve a verlo —insistió—. Ya casi estás terminando tu semestre en la universidad, él también está cercano a empezar sus vacaciones. Podrían reencontrarse y estar juntos por algunos días.

—Pero… —Serena meditaba sobre el asunto poco convencida—. Pero no sé si sería correcto que yo…

—Vamos, hija —volvió a insistir Ikuko—, ¡es una excelente idea! Hasta podrías planear alguna manera de sorprenderlo. Estoy segura de que a él le encantaría que lo hicieras.

Serena comenzaba a sentirse más entusiasmada con la idea. —Sí, podría buscarlo en el hospital sin avisarle nada y darle una sorpresa —y lentamente una sonrisa se iba dibujando en su rostro—. ¡Sí, mamá —exclamó contenta—, es una muy buena idea! —sin embargo de repente su sonrisa se desdibujó—. Pero… —y ahora su expresión cambiaba completamente—. Pero papá no me dejaría hacer algo así —sijo otra vez cabizbaja.

—Es cierto —reconoció Ikuko, —no había tenido en cuenta ese detalle —y las dos se quedaron calladas por unos instantes. Hasta que Ikuko inspiró hondo y miró a Serena a los ojos—. No le diremos nada —dijo con determinación—. Harás ese viaje y tu papá no se enterará.

—¿Pero cómo voy a hacer semejante viaje sin que él se entere de nada? —preguntó Serena con desconfianza—. No es que me vaya a la playa con unos amigos por un fin de semana, sino que son miles de kilómetros, es otro país, otro continente y…

—¡Eso es! —la interrumpió Ikuko—. Le diremos que irás a la playa con unos compañeros de la universidad —dijo entusiasmada—. ¡Es perfecto! Jamás sospechará de nada.

—No sé, mamá —titubeó Serena—, no me gusta la idea de mentirle.

—A mí tampoco me gusta —reconoció Ikuko—, pero lo conozco muy bien y sé que él jamás entendería ni aceptaría que hagas algo así. Además de que nunca se le cruzaría por la cabeza que tú y Darien están juntos —ambas volvieron a quedar en silencio—. Yo sé que tu padre es demasiado celoso y posesivo contigo, siempre lo ha sido —continuó Ikuko—. Así que para evitar que haga un escándalo y ponga el grito en el cielo, creo que lo mejor es no decirle la verdad, al menos por ahora —Serena la miró con preocupación—. Yo estoy dispuesta a ayudarte para que hagas este viaje y puedas reencontrarte con Darien, pero lo haré con una condición.

—¿Cuál? —preguntó Serena temerosa.

—Que cuando Darien regrese, los dos hablarán con tu papá y le dirán todo lo que sucede entre ustedes.

Serena sonrió. —Está bien, eso haremos —dijo con convicción—. Cuando Darien termine sus estudios y regrese a Tokio hablaremos con él y le contaremos todo, le diremos toda la verdad.

Ikuko también sonrió. —Y yo estaré con ustedes para apoyarlos —dijo emocionada—, siempre lo haré. Porque ustedes dos son los tesoros más importantes y valiosos que tengo en la vida y quiero que sean muy felices juntos.

Ambas se abrazaron con fuerza. —¡Gracias, mamá! —dijo Serena también emocionada—. Gracias por darme fuerzas para no dejar de lado mis sueños. Estar junto a Darien es uno de ellos y tú me animas a no renunciar a él, a luchar por él, a no dejar de intentarlo —se separó un poco y la miró de frente con lágrimas en los ojos—. Gracias, mamá… —repitió con voz temblorosa—. Gracias… —y volvieron a abrazarse.

.

.

.

Luego del intenso y desafortunado enfrentamiento que tuvieron con Kenji, Darien y Serena buscaron el auto y salieron del hotel lo más rápido que pudieron.

Darien condujo por largo rato y durante todo el tiempo ambos estuvieron en silencio. Él observaba a Serena a cada instante y se preocupaba al notarla tan ensimismada y tensa con la mirada perdida en la calle, pero optó por no presionarla a hablar.

Después de deambular sin rumbo por varios minutos, llegaron a un parque y Darien estacionó. Cuando apagó el motor del auto volvió a mirar a Serena. —Princesa —la llamó temeroso—, ¿quieres que caminemos un poco?

Ella demoró en reaccionar, pero finalmente también lo miró y asintió con una leve sonrisa. Bajaron del auto y caminaron por el parque tomados de las manos sin volver a hablar.

Luego de recorrer bastante el lugar, llegaron cerca del lago y se sentaron en una banca. Siguieron en silencio por unos instantes más sin soltar sus manos.

Hasta que Serena soltó un largo y pesado suspiro y apoyó su rostro en el hombro de Darien. —Quiero que hablemos —dijo en voz baja—. Quiero que hablemos de cualquier cosa menos de lo que acaba de pasar —alzó la vista para mirarlo a los ojos—. Cuéntame algo, Darien, lo que sea —le pidió—. Necesito pensar en otra cosa, necesito despejar mi mente y no preocuparme por nada aunque sea por un rato. Por favor… —y apretó su mano con fuerza.

Darien suspiró afligido al ver tanta tristeza en los ojos de Serena. —Está bien —dijo con una dulce sonrisa, acarició su rostro y volvió a mirar hacia el lago—. Déjame pensar… —hizo una corta pausa y de nuevo sonrió al recordar algo—. Ahora que estamos aquí acabo de acordarme que en este mismo parque tuve mi primer beso.

Inmediatamente Serena estalló de risa al escucharlo y él la miró sorprendido. —¡Ay, Darien! —exclamó ella entre carcajadas—. ¡No puedo… —se reía tanto que le costaba hablar—. ¡No puedo creer que hayas dicho eso!

—¿Qué? ¿Qué dije? —preguntó él algo inquieto por su reacción—. ¿Qué es tan divertido?

Ella poco a poco dejaba de reír. —¡Por favor, Darien! —dijo ya más tranquila—. Definitivamente te has convertido en una quinceañera, ¿te das cuenta de lo que acabas de decir? —agregó otra vez risueña al ver cómo Darien fruncía el ceño molesto—. No te enojes —tomó su rostro con dulzura—, es sólo que no me esperaba que dijeras algo como eso.

Él esquivaba su mirada. —No le veo lo gracioso —dijo ofendido—. Me pediste que te hablara de cualquier cosa y eso fue lo primero que se me ocurrió. Pero si vas a burlarte, no te contaré nada.

Serena sonreía enternecida. —No te enojes, Darien —repitió y ahora tomaba su rostro con las dos manos para besar sus mejillas con ternura—. Sólo me hiciste reír y adoro que me hagas reír con tus ocurrencias —él comenzó a relajarse con sus besos—. Quiero que me cuentes —le pidió ella sin dejar de besarlo—. Cuéntame, por favor —cortó los besos y lo miró con una gran sonrisa—. Por favor… —insistió.

Darien lentamente comenzó a esbozar una sonrisa. —Está bien, te contaré. Pero no vuelvas a reírte —la regañó.

Ella negó con la cabeza y se esforzaba por ponerse seria. —No me reiré, lo prometo —y se acomodó para poder mirarlo de frente y prestarle toda su atención.

—Bueno —retomó Darien su relato—, cuando tenía 15 años… —y al escucharlo Serena de nuevo estalló de risa interrumpiéndolo—. ¡Serena! —exclamó él enojado—. Me prometiste que no te ibas a reír.

—¡Es que no puedo creerlo! —intentó explicarse ella sin dejar de reír—. ¿En serio tuviste tu primer beso a los 15 años?

—Bueno… —respondió él algo avergonzado—. Es que era una quinceañera algo mojigata y lenta —bromeó y ahora ambos reían—. ¿Me vas a dejar contarte o no? —volvió a protestar.

—Lo siento, lo siento —se disculpó Serena llevándose las manos a la boca para contener la risa—. Por favor, continúa.

Darien suspiró simulando estar molesto y siguió. —Cuando tenía 15 años, siempre pasaba por aquí cuando regresaba de la escuela y a veces me quedaba un rato leyendo algo o estudiando. Y conocí a una chica unos años mayor que yo, universitaria, que también solía venir al parque sola. Y bueno, poco a poco nos fuimos entendiendo cada vez mejor y con el tiempo comenzamos a salir.

—¿Fue tu primer amor? —preguntó Serena aún risueña.

—No —respondió él serio—, no fue precisamente 'amor' lo que tuvimos, simplemente fue la primera chica con la que me involucré. Digamos que fue atracción mutua y bueno, ya sabes, una cosa llevó a la otra y… —suspiró con nostalgia—. Fue lindo mientras duró —concluyó.

—¿Qué pasó? —volvió a preguntar Serena también seria.

—Salimos algunos meses hasta que me enteré que tenía novio y rompí con ella.

—¿Tenía novio? —exclamó Serena sorprendida—. ¡Qué descarada!

—Sí, fue una verdadera desilusión para mí, no voy a negarlo —respondió Darien—. Hasta entonces yo siempre había sido un chico bastante solitario y cerrado, en muchos sentidos, pero esa experiencia me llevó a ser mucho más escéptico todavía con la idea del amor y las relaciones —hizo una corta pausa y continuó—. Después de eso conocí a otras chicas, pero nada serio, sólo historias pasajeras. Luego entré a la universidad y conocí a Ann, de ella te hablé bastante.

—Demasiado… —agregó Serena en tono de reproche—. Siempre me contabas sobre las 'interesantes' ideas que intercambiaban y las cosas que te hacía leer —Darien reía al escuchar la forma burlona en que Serena hablaba—. Eras tan engreído, con esos aires de chico intelectual, planteando impresionantes argumentos tan 'elevados' y 'científicamente comprobados'.

—Era tremendo arrogante, lo sé —admitió él—. Y eso era lo único que teníamos en común con Ann, por eso lo nuestro tampoco funcionó —volvió a hacer una nueva pausa con la mirada perdida en el paisaje—. Pero un día me ocurrió algo increíble —dijo al mirar a Serena con una nueva sonrisa—: Conocí a una hermosa jovencita que era la reencarnación viviente de una princesa lunar que vino a la tierra para rescatar a este pobre y solitario mortal —Serena también volvió a sonreír y Darien la abrazó por los hombros sin dejar de mirarla a los ojos—. Y quedé cautivado con ella desde el primer instante que la vi —continuó mientras comenzaba a acariciar su rostro—. Todas y cada una de mis rígidas y estructuradas creencias comenzaron a venirse a pique desde que se cruzó en mi camino. Y hasta el día de hoy creo que fue lo mejor que me podría haber pasado en la vida entera —la besó en los labios largamente y volvió a mirarla a los ojos retomando las caricias—. Gracias a ella pude descubrir y sentir lo que es el amor, y aunque las cosas no funcionaron muy bien durante mucho tiempo, hoy la tengo conmigo de nuevo. Y estoy convencido de que siempre estaremos juntos.

Serena sonreía emocionada. —Definitivamente te has convertido en un romántico empedernido, Darien —ambos rieron—. Tienes razón cuando dices que ya no eres ni la sombra del que fuiste —volvieron a besarse y Serena acomodó su rostro contra el pecho de Darien abrazándolo con fuerza.

—Es que en realidad yo siempre fui un bicho raro —siguió él—. Aunque por mucho tiempo me empeciné en no ceder a 'sentimentalismos' ni ideas 'románticas' ni nada por el estilo, jamás he sido verdaderamente capaz de pasar de una relación a otra sin más, sin que me afecte de alguna manera. Porque la mayoría de las personas, cuando terminan con una relación, a la larga lo olvidan y pasan a otra cosa como si nada hubiera pasado. En cambio yo nunca he olvidado a alguien con quien he compartido algo, por más mínimo o disfuncional que haya sido. Sino que creo que cada persona tiene sus propias cualidades, es irremplazable, y lo que se pierde se pierde, no deja de ser doloroso en algún punto. Cada vez que he terminado una relación me ha afectado de cierta forma. Y aunque se tratase de algo ocasional, siempre hay pequeños detalles para recordar, porque en realidad esos detalles son el reflejo de nosotros mismos.

—Estoy de acuerdo contigo —dijo Serena tras una pausa—. Yo no tengo mucha experiencia al respecto, no he tenido más que dos relaciones importantes en toda mi vida. Pero creo que es imposible reemplazar a alguien, porque todos estamos hechos de pequeños y preciosos detalles que vale la pena atesorar.

Permanecieron en silencio por largo rato. Abrazados, pensando y reflexionando sobre lo que estaban hablando, sobre lo que habían vivido ese día, las últimas semanas, todo el tiempo desde que se conocían.

Y volvían a confirmar, sin necesidad de decirlo con palabras, que se elegían, que deseaban estar juntos, que ya no había ningún tipo de temor o remordimiento que se interpusiera entre ellos, que se amaban profunda e incondicionalmente. —¿En qué piensas? —preguntó Darien al sentir que Serena volvía a suspirar.

Ella alzó la vista para mirarlo. —Estoy recordando nuestro primer beso —respondió con una tímida sonrisa.

Darien también sonrió. —Nuestro primer beso —recordaba aquella noche antes de su partida a EEUU—, nuestra primera noche juntos, nuestra despedida…

—No tuvimos nuestro primer beso aquella noche —lo corrigió ella y él la miró confundido—. No, en realidad fue antes de eso.

—¿Antes? —preguntó él más confundido aún—. ¿Cuándo?

Serena suspiró de nuevo sin dejar de sonreír. —Fue en tu cumpleaños —respondió—. Tu cumpleaños número 22. ¿Recuerdas que te hicimos una fiesta sorpresa en casa con los chicos? —él asintió—. Después de que todos se fueron, tú y yo nos quedamos hasta tarde conversando en el sofá, bebiendo las últimas cervezas. Y en un momento que nos quedamos callados, me di cuenta de que te habías dormido. Fue cosa de un minuto, pero estabas tan lindo, te veías tan tranquilo que no pude resistirme y te besé —volvió a acomodarse contra su pecho—. Ese día yo había decidido decirte lo que sentía, quería animarme de una buena vez a ser sincera contigo y confesarte que estaba enamorada de ti. Pero cuando me dijiste que tu beca había sido aprobada y en unos meses partirías, no me atreví a hacerlo. Sin embargo en ese momento te tenía frente a mí y no pude contenerme…

—¿Me besaste? —preguntó Darien tras una nueva pausa y ella volvió a mirarlo—. ¿Y yo estaba dormido? —Serena asintió sonriente—. ¡Por dios, Serena! ¿Cómo puede ser que haya sucedido semejante cosa y yo no lo recuerde?

Serena rió. —Pues sí, así fue —respondió—. ¿Y te digo más? Ese fue mi primer beso.

—¡¿Qué?!

—Sí, mi primer beso fue contigo, Darien.

—¿Conmigo? —Serena volvió a asentir—. Pero… ¿Cómo… —Darien estaba completamente desconcertado—. Si tú no… Entonces yo…

—¿No me crees? —preguntó Serena riendo.

—No es que no te crea… —respondió él—. Bueno, es que no me lo habría imaginado nunca —admitió—. Tú me habías contado que antes de conocernos no habías tenido novio ni habías salido con alguien, pero no pensé que…

—Es que yo era muy infantil y volátil en ese sentido —explicó Serena—. Aunque nunca tuve mayores dificultades para conocer gente y hacer nuevos amigos, porque siempre fui muy extrovertida, en ese entonces no me interesaban ese tipo de cosas. No sé, yo simplemente era feliz con mis cuentos, mis pinturas, mis amigas… Además mi papá no me dejaba salir mucho, menos todavía si se tratara de chicos.

—¿Cómo que no? Si conmigo salías todo el tiempo —recordó Darien—. Y no sólo para reunirnos con nuestros amigos, sino que también hacíamos muchas cosas los dos solos. Hasta a veces regresábamos a tu casa muy tarde y tu papá jamás chistó ni me reclamó nada, al contrario, siempre fue muy agradable conmigo.

Serena reflexionó un momento. —Es cierto, contigo siempre fue diferente —e inevitablemente su expresión cambió al recordar a Kenji y su reciente discusión—. Ahora que lo pienso mejor quizás en realidad él siempre te vio como un hermano mayor para mí…

—Puede ser —dijo Darien—, de hecho hoy mencionó algo al respecto —recordó—. Dijo que nosotros somos como hermanos y tal vez por eso reaccionó tan mal cuando le dijimos que estamos juntos —hizo una nueva pausa y Serena bajó la mirada—. Igualmente jamás imaginé verlo así, tan desbordado, tan fuera de sí, tan… —y cuando vio a Serena y se dio cuenta de que comenzaba a llorar, la tomó del rostro para que lo mire y acariciarla—. No, princesa, no llores, por favor —dijo preocupado—. Lo lamento, me pediste que no habláramos de esto y…

—Perdóname, Darien —lo interrumpió ella con voz temblorosa—. No quería exponerte a una situación tan desagradable, yo… —inspiró hondo para intentar reponerse—. Yo no creí que algo así llegaría a pasar, yo esperaba poder hablar con él y decirle todo de otra manera, no llegar a estos extremos. Pero todo se me fue de las manos y él reaccionó de esa forma y te dijo todas esas cosas tan horribles y yo no pude hacer nada y…

—No, Serena —la interrumpió Darien—. No te sientas responsable por lo que pasó, no te llenes de culpas que no te corresponden, tú no hiciste nada malo —la abrazó con fuerza para contenerla—. Por favor, no te pongas así, Serena —dijo con aflicción al notarla tan angustiada—. No me importa lo que él piense o diga de mí, lo único que quiero es que tú no sufras más, que él no vuelva a lastimarte —se separó un poco y acarició el rostro de Serena donde Kenji la había golpeado—. No puedo creer que haya sido capaz de hacerte daño —dijo enojado—. Te juro que tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para contenerme y no…

—Darien —lo interrumpió ella—, gracias… —volvió a abrazarlo—. Gracias, Darien. Si no fuera por ti jamás me habría animado a enfrentarlo y decirle lo que pienso. Sé que las circunstancias no fueron las mejores y que en este momento no tengo idea de lo que voy a hacer de ahora en más. Pero a pesar de todo me siento tan aliviada y siento que… —y dejó de hablar para volver a llorar con intensidad.

Darien la acarició con ternura y la dejó desahogarse todo lo que necesitara. —Tranquila, princesa —susurró en su oído—. Pase lo que pase jamás te dejaré sola. Yo cuidaré de ti, siempre lo haré —ella poco a poco pudo calmarse y Darien se separó un poco para mirarla de frente sin soltar el abrazo—. Serena, estás temblando de frío —dijo preocupado—. Vamos a tu departamento así te das un baño caliente y descansas un poco, ¿sí? —agregó con una cálida sonrisa.

Serena asintió y Darien la tomó de las manos para ponerse de pie, pero cuando intentó empezar a caminar ella lo detuvo y volvió a abrazarlo para besarlo con intensidad. Él le devolvió el beso sin titubear y cuando se separaron Serena acarició su rostro. —Te amo… —murmuró emocionada—. Te amo, Darien…

—Yo también te amo, princesa… —murmuró él y volvieron a besarse.

.

.

.

Tres años atrás,

Kenji se despertó sobresaltado al escuchar el fuerte sonido de una puerta golpeándose. Al notar que su esposa no estaba junto a él, se sentó en el borde de la cama para encender el velador, ponerse sus anteojos y mirar la hora en su reloj. Esperó unos minutos a que Ikuko regresara, pero ella no apareció. Así que se levantó y salió de la habitación para ir a buscarla.

Atravesó el pasillo bostezando y cuando comenzó a bajar las escaleras vio que al otro lado de la sala las luces de la cocina estaban encendidas. Caminó hasta allí y cuando llegó vio a su esposa sentada junto a la mesa con una taza de té entre las manos. —Ikuko —la llamó y ella enseguida volteó al escucharlo—, ¿qué haces levantada a esta hora? —preguntó Kenji mientras se acercaba a ella y se sentaba a su lado—. ¿Sucedió algo? Acabo de escuchar que Serena se encerró en su habitación dando un portazo.

—No pasó nada —respondió Ikuko con una tranquila sonrisa—, sólo tuvimos una pequeña discusión.

—¿Ustedes discutieron? —preguntó Kenji extrañado—. ¿Cómo que discutieron? Si siempre se entienden tan bien como si fueran mejores amigas —Ikuko rió—. Es cierto, ustedes son muy compañeras, muy confidentes. Me resulta muy difícil imaginármelas discutiendo. ¿Qué fue lo que pasó? ¿Acaso hay algo de lo que deba preocuparme?

—No, cariño —respondió ella risueña—. Todo está bien, en serio, no te preocupes.

A Kenji no le convenció esa respuesta. —Pues no te creo —dijo con franqueza—. Entiendo que estés acostumbrada a que yo siempre me mantenga al margen de muchas cuestiones, pero si ustedes dos han discutido es porque algo importante está ocurriendo —Ikuko puso los ojos en blanco por su insistencia—. Serena se encierra como una adolescente y tú te quedas sola en la cocina bebiendo un té a estas horas de la noche. ¿Estás segura de que no tengo que preocuparme por ustedes?

Ikuko suspiró resignada. —¿Quieres que te cuente por qué discutimos? —Kenji asintió impaciente—. Está bien, te contaré, pero sólo si me prometes que no vas a exasperarte.

—¿Yo exasperarme? —preguntó él más impaciente—. ¿Por qué habría de exasperarme? ¿Entonces es algo serio? ¿Qué pasó, Ikuko? ¿Qué le ocurre a Serena? Por favor, dime algo, estás empezando a asustarme y…

—Si me dejas hablar, te lo diré —lo regañó ella y Kenji se calló—. Bueno, lo que sucedió fue que Serena acaba de regresar de una cita con Seiya y…

—¡¿Qué?! —la interrumpió él sobresaltado—. ¿Cómo que una cita? ¿Serena volvió a salir con ese… chiquillo? —Ikuko se llevó las manos a la cabeza intentando no irritarse por su reacción—. Esto no está bien, Ikuko, esto no está nada bien. No me gusta que mi hija se involucre con esa clase de jovencitos y encima de todo que regrese a su casa tan tarde —miró de nuevo su reloj—. ¿Cómo es posible que llegue a casa a esta hora? Es casi la una de la madrugada, no es prudente que se comporte de esta forma. ¿Qué se cree ese chico al hacer que…

—¡Basta, Kenji! —lo cortó Ikuko molesta y él se calló de nuevo—. Eres imposible —se puso de pie para acercarse a la mesa y lavar la taza de té—, siempre es lo mismo contigo —protestó.

—¿Por qué? ¿Qué dije? —preguntó Kenji haciéndose el desentendido.

—Nada, Kenji, nada —respondió ella—. Mejor dejémoslo así y hagamos de cuenta que aquí no pasó nada. Vamos a dormir, ¿si?

—No, no —Kenji también se puso de pie y volvió a acercarse a ella—. No te enojes, por favor, lo siento —dijo avergonzado—. Cuéntame, Ikuko, te prometo que no volveré a exaltarme.

Ella volteó a verlo y se apoyó en la mesa. —Eres demasiado riguroso con Serena, ¿qué tiene de malo que salga con Seiya?

—No es que sea algo malo —intentó explicar él—, sino que creo que ella aún es muy chica para involucrarse seriamente con alguien, sobre todo con un muchacho como él —Ikuko volvió a suspirar fastidiosa—. Serena está comenzando una carrera empresarial muy importante y no puede distraerse y arriesgarse a descuidar sus obligaciones. Además…

—¿Te das cuenta de lo absurdo y contradictorio que eres al pensar de esta forma, Kenji? —lo interrumpió ella enojada—. Según tú Serena es demasiado chica como para tener novio pero es lo suficientemente mayor como para trabajar a la par tuya en el hotel —él no dijo nada—. Insisto, eres muy riguroso y exigente con ella —continuó Ikuko—. ¿Qué es lo que pretendes al querer manejar su vida como si fuera tu empleada? ¿Como si no tuviera poder de decisión? ¿Como si no fuera capaz de hacer otra cosa que no sea cumplir con todas y cada una de tus ambiciones?

—Ikuko, no me malinterpretes —él trató de excusarse—. Lo que yo quiero decir es que…

—¿Acaso no te acuerdas de lo que te pasó con tu padre? —ella volvió a interrumpirlo—. ¿Recuerdas que él hizo contigo exactamente lo mismo que tú estás haciendo ahora con Serena? —Kenji bajó la mirada—. Te obligó a trabajar a su lado sin condiciones, te obligó a estudiar en el extranjero para que te convirtieras en un abogado igual que él y hasta tuvo la intención de obligarte a que te casaras con una mujer que ni siquiera conocías para obtener beneficios financieros.

—Eso es diferente —dijo Kenji molesto.

—No, cariño —insistió ella más enojada—, no es diferente, todo lo contrario, te estás comportando exactamente igual que tu padre —enfatizó—. Y si continúas actuando así, manipulando y decidiendo sobre la vida de tu hija sin tenerle ni la más mínima consideración, ¿qué más vas a hacer? ¿También planeas elegirle un esposo? Si es que en verdad piensas que tiene derecho a casarse con alguien algún día, ¿vas a elegir un hombre para ella? ¿Algún hijo del algún empresario importante que pueda hacer buenos negocios contigo? ¿Eso es lo que planeas?

—No —la cortó él también molesto—, yo no quiero eso para ella. Yo sólo quiero ofrecerle todo lo que esté a mi alcance para protegerla, para que nunca le falte nada, para que se convierta en una mujer fuerte y tenga una vida digna. Quiero lo mejor para ella.

—Puedes ofrecerle todo lo que quieras, pero no a costa de coartar su libertad, su individualidad —continuó Ikuko—. Serena ya no es una niña, ella ha crecido, Kenji, ya tiene 23 años, y tiene la suficiente madurez y criterio como para tomar sus propias decisiones, al menos en lo que concierne a su vida personal. No tienes derecho a interferir en eso de forma alguna —Kenji volvió a bajar la mirada—. Yo reconozco que tampoco esperaba que eligiera a Seiya como su pareja, su compañero. Pero si es su elección, lo menos que tenemos que hacer nosotros como sus padres es apoyarla.

—Es que ella aún es muy joven y ese chico… —quiso insistir él.

—Ese chico es una muy buena persona y Serena lo eligió —volvió a interrumpirlo Ikuko—. Si en verdad te preocupas por ella, por su bienestar, si quieres que sea feliz, déjala intentarlo. No cometas el mismo error que tu padre, no te arriesgues a que le pase lo mismo que a ti y repita tu historia.

Quedaron en silencio por unos instantes y tras una tensa pausa Ikuko habló de nuevo más calmada. —Hasta esta noche yo estaba convencida de qué era lo mejor para ella —continuó—, de cuál camino debía seguir para sentirse bien, para encontrar su verdadera felicidad. Pero por más que insistí en querer convencerla, ella optó por tomar otro rumbo y darse una oportunidad para empezar una relación con Seiya. Y te estoy contando todo esto porque quiero prevenir una mala reacción de tu parte. Yo no quiero contradecirla, no debo hacerlo, porque aunque no es lo que yo quiero para ella no me corresponde interferir en sus decisiones —se acercó a él y tomó sus manos—. Así como tú y yo elegimos hacer nuestro propio camino, aún a costa de confrontar a tu familia, ella también tiene derecho a hacerlo —Kenji suspiró con pesar—. Pero no nos arriesguemos a perderla poniéndonos en su contra, debemos apoyarla. Yo estoy dispuesta a apoyarla en lo que sea con tal de verla feliz, ésa es mi única prioridad, ¿puedes entenderlo, cariño? ¿Eres capaz de ceder al menos un poco y no oponerte? ¿Aunque sea por esta vez?

—Está bien —aceptó él—, prometo que lo intentaré.

—Por dios, Kenji —dijo ella mientras lo abrazaba—, ¡eres tan cabeza dura! Y lo peor de todo es que nuestra hija se está pareciendo cada vez más a ti.

—Tú también eres bastante obstinada —dijo Kenji y también la abrazaba—. Y siempre logras convencerme con tus argumentos y tus discursos 'sentimentales' —bromeó y ambos rieron—. Si no fuera por ti, yo… —se separó un poco para mirarla de frente—. No quiero ser como mi padre, no quiero que Serena me odie y se aleje de mí, no quiero que sufra por mi culpa. Así que nunca dejes de decirme todas estas cosas, de ayudarme a abrir los ojos, de recordarme que sigo siendo un ser humano, de darme todo lo que me das —ella sonreía emocionada—, como lo has hecho siempre desde que estás conmigo. Sin ti estaría perdido, Ikuko…

—No temas, cariño —dijo ella mientras tomaba su rostro con ternura—, no te librarás de mí y mis sermones tan fácilmente —ambos volvieron a reír—. Si logré tolerar tu tozudez por más de 30 años, dudo que mi paciencia llegue a agotarse algún día.

—¿Serías capaz de aguantarme por 30 años más? —ella asintió riendo—. Mira que los Tsukino nos ponemos muy cascarrabias de viejos.

—Tengo sermones de sobra, no te preocupes. Puedo soportarte por 30 o 50 o hasta 100 años más.

—Eso espero. Eso es lo que más deseo, envejecer a tu lado y que nunca dejes de sermonearme.

—Y así lo haremos, cariño —Ikuko volvió a abrazarlo—. Siempre estaremos juntos. Siempre…

.

.

.

Serena y Darien se dirigieron al edificio donde ella vivía y después de guardar el auto en la cochera, pasaron por el hall de entrada. Pero antes de acercarse a los ascensores se toparon con Artemis. —¡Señorita Serena! —la llamó nervioso mientras se acercaba a ellos—. Al fin regresa, señorita Serena, la hemos estado llamando desde hace rato y no lográbamos comunicarnos con usted.

Serena buscó su teléfono en su bolso. —Es que tenía el celular apagado —dijo mientras lo encendía.

—¿Qué sucede, Artemis? —preguntó Darien impaciente—. ¿Por qué estás tan nervioso?

—Es por el señor Tsukino, joven Darien —respondió Artemis—. Luna acaba de llamarme desde su casa para avisarme que sufrió una descompensación y que tuvo que llamar una ambulancia.

—¡¿Qué?! —exclamaron Darien y Serena la unísono.

—¿Qué pasó, Artemis? —preguntó Serena más impaciente—. ¿Qué le pasó a mi papá?

—No sé, señorita Serena —respondió él—. No lo sé con seguridad, Luna estaba muy alterada y no me supo explicar bien lo que ocurrió —Serena comenzó a desesperarse—. Disculpe que se lo diga de esta forma, pero parece que es algo grave y…

—Darien… —murmuró Serena con la voz entrecortada—. Darien… Llévame a su casa, Darien, tengo que verlo. Tengo que estar con él, Darien…

—Vamos —dijo Darien y juntos regresaron a la cochera para buscar el auto.


Ay gente, otra vez el panorama parece ponerse algo oscuro… Pero para saber cómo sigue esto tendrán que esperar hasta el próximo capítulo…!

Aquí van mis respuestas para quienes no tienen cuenta:

- Kaguya: Kenji fue muy duro, tanto con Serena como con Darien, pero todavía falta un poco para que las cosas se arreglen… Paciencia niña!

- Romi: Después de tan difícil momento, pareciera que se vienen más problemas para Serena.. Pero aún hay que esperar un poquito más para saber cómo sigue todo…

- Ana: Qué lindo volver a leerte niña! Me alegra que hayas podido ponerte al día con mi locura y que te siga gustando… Todavía hay que esperar un poco más para saber cómo continuará esto y qué será de nuestros queridos protagonistas…

Gracias a las tres por su interés y sus lindas palabras!

Bueno gente querida del mio cuore, espero poder regresar pronto con el siguiente cap, y poquito a poco ir acercándome al final de esta historia… Dejen sus comentarios plis!

Hasta la próxima gente bella!

Besotototes…

Bell.-