Capítulo 20. El secreto es revelado.

Kagome se encontraba sentada fuera de la choza, perdida en sus pensamientos y tratando de sacar conclusiones, pero le era muy difícil ya que nada era claro. Mientras se encontraba sumergida en aquellos razonamientos, una voz que era muy conocida para ella la sacó de golpe de ellos, dejándola aún más sorprendida.

- Kagome, hija necesito hablar contigo de algo muy importante... - decía Kikyo con seriedad.

- ¿Qué sucede...mamá? ¿Hice...algo...indebido? - cuestionó Kagome algo nerviosa y asustada.

- No, claro que no princesa, solo que hay algo que debes saber. Ven aquí vamos a hablar... ¿Si? - decía Kikyo mientras le ofrecía a Kagome pasar a la choza.

- Esta bien mamá - respondió Kagome en lo que se dirigía a la entrada de la casita.

Cuando ambas se encontraban sentadas surgió un silencio algo incómodo, ambas mujeres se miraban; después de estar por un momento en esa situación Kagome atinó a hablar.

- Mamita, ¿Qué es lo que sucede? ¿Se trata de mi lo que tienes que decirme? - cuestionó Kagome.

- Kagome el día de tu nacimiento, fue un día muy especial para mí, ese día cuando te tuve entre mis brazos, me devolviste esa alegría que me fue arrebatada cuando Naraku, tu padre, murió. No concebía la vida sin él; pero al tenerte entre mis brazos todo eso cambió, la vida tuvo un nuevo sentido, te volviste mi felicidad total... tus ojos hermosos hicieron darme cuenta que serías el nuevo amor de mi vida, así como tu padre lo fue y lo seguirá siendo donde sea que se encuentre... Ese día no solo me di cuenta de eso mi hermosa, tu tía Kaede y yo nos dimos cuenta de algo más - explicó Kikyo, con tristeza y a la vez con serenidad.

- ¿A qué te refieres mamá? ¿De qué se dieron cuenta la tía Kaede y tú? - preguntó Kagome tratando de develar el misterio.

Luego de unos minutos en silencio, Kikyo retomó la palabra.

- Tu tía Kaede y yo nos dimos cuenta, que en tu interior se encuentra un objeto con enormes poder espirituales - Kikyo lo dijo sin más preámbulos.

Kagome se quedó sorprendida no entendía aún la magnitud de lo que se le venía, tenía las orbes de sus hermosos ojos color chocolate perdidas, no atinaba a decir ni media palabra y por un momento todo se le volvió invisible y las palabras de su madre retumbaban una y otra vez en sus pensamientos.

- Ma...máa... Es...Es por eso que...la tía Kaede y tu utilizan un campo de protección sobre la aldea - dijo Kagome mientras una lágrima rodaba por su mejilla izquierda.

Kikyo se quedó helada al escuchar lo que Kagome le había dicho, ¿cómo Kagome había podido haber visto aquel campo de protección? ¿cómo lo sabía? ¿acaso habían cometido un descuido Kaede y ella?

- ¡Kaa...gomee!...¿acaso tú?...

- Si mamá... yo puedo ver el campo de protección... puedo ver el campo desde que tenía 8 años - replicó Kagome aún con la mirada perdida.

- ¿Por qué no me dijiste nada Kagome? ¿Quién más sabe de esto? ¿Les has contado a tus amigos?

- siempre te cuestionaba y las respuestas que recibía de ti... eran que aún era pequeña mamá, así que ahora puedo decir que entiendo muchas cosas, por ejemplo el conjuro que usas sobre mi pecho es para mantener oculto ese poder o ¿me equivoco? por eso quería saber yo sobre mis poderes de sacerdotisa, en dirección al árbol sagrado puedo ver unas luces muy brillantes, pero solo yo puedo verlas, ni Miroku, ni Sango y mucho menos Koga pueden verlas, únicamente yo, al igual que esa barrera que utilizan mi tía Kaede y tu desde hace 4 años... a Nadie más le he dicho de la barrera, siempre estuve esperando una respuesta a mis interrogantes y ahora entiendo todo.

- ¿Qué es lo que entiendes Kagome? - cuestionó dudosa Kikyo.

- Entiendo que cuidan la aldea, por mi causa estamos en peligro. Entiendo que... que es a mí a quien protegen constantemente y por eso el poder de mi tía Kaede y el tuyo se debilitan... ¡todo es por mi culpa! - exclamó Kagome, con lágrimas que corrían por sus mejillas, no podía evitar sentirse mal por lo que ocurría a su alrededor.

- Hija no digas eso, no es culpa tuya... jamás lo vuelvas a repetir Kagome - replicó Kikyo mientras abrazaba a Kagome dándole el consuelo que necesitaba.

- Perdóname mamita... yo no quería que ustedes pasaran por esto... pero... ¿por qué a mí? ¡¿por qué a mí?!- preguntó Kagome mientras se aferraba a los brazos de su madre, llorando descontroladamente.

- Entiéndelo Kagome, no es culpa tuya, la existencia de la Perla de Shikon data desde hace más de 200 años, ni Kaede, ni yo...- Kikyo fue interrumpida.

- ¿La perla... de Shikon? ¿Ese...ese es el nombre del objeto que está en mi interior? - Cuestionó Kagome mientras limpiaba las lágrimas de su rostro.

- Si ese es su nombre, te contaré sobre ella... ¿vale?

Kagome solo atinó a asentir con la cabeza mientras Kikyo la tenía abrazada.

- todo comenzó hace 200 años cuando...

Kikyo comenzó a contarle la historia de la Shikon no tama a Kagome mientras ella escuchaba atenta, tal y como lo hizo un día con Shippo, la verdad se había revelado y no quedaba más que esperar a ver cuáles serían los resultados de destapar aquel secreto, seguiría todo igual...o ¿Algo cambiaría?...

CONTINUARÁ...