Capítulo 20

Esas pequeñas cosas

Esa misma tarde, en la ruta 38 también se disfrutaba de un suave viento proveniente del este; las ramas de los árboles eran mecidas suavemente, emitiendo ese ruido tan característico, al tiempo que la hierba también era azotada, describiendo un efecto sobre el suelo de lo más vistoso. Apenas había tráfico en la carretera principal que atravesaba toda esa ruta y algún que otro entrenador pasaba con sus mochilas y bolsillos bien llenos.

Tal era el caso de Lira, la cual se dirigía a ciudad Olivo para ganar su siguiente medalla. Iba muy animada, y no era para menos, puesto que tras ganar su combate de gimnasio en ciudad Iris se sentía más pletórica y poderosa que nunca. Desde que empezó su viaje hasta el momento había mejorado muchísimo como entrenadora, y sus victorias más recientes así lo evidenciaban. Sus pokémon habían crecido mucho y ella también, sobre todo como persona, ya que se notaba mucho más experimentada y más abierta a experiencias de todo tipo. Aunque echaba de menos Sinnoh, su prefectura natal, tenía que admitir que Johto también tenía su encanto, aunque fuera algo más pequeña en comparación con la última. Las especies de pokémon que vivían en ambas también diferían bastante, pero en ese sentido Johto también era interesante.

-Vale, de aquí a ciudad Olivo aún queda un trecho, probablemente tenga que acampar esta noche, pero para mañana si me doy prisa puede que llegue a tiempo…-pensaba la chica, echando un vistazo al mapa en su pokénavegador.

En cuanto terminó de consultar el camino volvió a guardarse el aparato, aunque en ese momento se fijó que unos metros más adelante se acercaba la silueta de una persona que se le antojaba vagamente familiar. Finalmente, y tras salvar las distancias, descubrió quien era.

-Vaya, ya decía yo que esa pose al andar me sonaba. Hola Plata-saludó ella, animadamente.

-Oh, eres tú…

Ante ese pasivo saludo Lira contuvo como pudo un gesto exasperado, murmurando de seguido.

-Desde luego, intento ser amable contigo y así me contestas…

-Sí, bueno, ya sabes que la amabilidad no va conmigo-respondió Plata secamente.

Lira soltó un suspiro y le inquirió.

-Plata ¿Por qué no intentas ser un poquito más educado? No sé, creo que te iría mejor en la vida si al menos lo intentaras, con esa actitud dudo que tengas amigos…

-¿Amigos? Yo no necesito amigos, yo solo me basto y me sobro-afirmó con rotundidad.

-¿Qué? ¿Por qué? ¿Cómo puedes decir eso, no te gusta conocer gente?

-No, no me gusta la gente…

-¿Entonces qué hay de mi?

-¿Eh?

-Claro, dices que no te gusta conocer a gente, sin embargo nos conocimos hace poco y pareces estar bien con eso…

Ante ese argumento el chico se quedó un tanto cortado, sin saber muy bien qué decir, como si hubiera tocado un tema delicado. Realmente nunca se le había dado bien conocer a otras personas, sin embargo había algo en esa chica que le hacía replantarse sus principios, aunque por otro lado estaba el hecho de que la recordara sin haberla conocido antes. Ese asunto en concreto todavía seguía dando vueltas por su cabeza tras el último encuentro con ella, como si tratara de darle un mínimo de sentido, sin embargo hasta él sabía muy bien que no servía de nada.

-Bueno, esto… ¡bah, no tengo por qué contártelo!-exclamó, algo azorado.

Los dos se miraron por unos momentos, como si el uno tratara de escudriñar lo que el otro pensaba; sin embargo en ese momento oyeron agitarse la hierba alta cerca de allí y vieron entonces que se trataba de un pokémon, concretamente un scyther, el cual les miraba atentamente desde escasos metros de distancia.

-Oh, un scyther…-murmuró la chica.

Plata le estuvo observando atentamente, ya que su comportamiento no era muy habitual; sabía que esa especie en concreto tendía a ser retraída y un tanto camorrista, evitando en todo momento el contacto humano. Sin embargo en ese momento miró a Lira de reojo y entonces comprendió lo que pasaba.

-Oh, no, mierda…

-¿Qué pasa?-preguntó ella, extrañada por sus palabras.

Entonces, en un visto y no visto, scyther se lanzó hacia ella con sus afiladas cuchillas en alto. La chica, que no se esperaba para nada ese fugaz ataque, retrocedió asustada y haciendo amago de ir a coger una ball. Sin embargo en ese momento Plata se interpuso, ball en mano.

-¡Corre, Lira, corre!

-¿Qué? ¿Por qué, qué le pasa a ese scyther?

-¡Sólo hazlo, maldita sea! ¡Magneton, rayo!-exclamó Plata, sacándolo.

Nada más salir de su ball magneton cargó energía y la soltó de golpe, pero scyther lo esquivó con facilidad y se abalanzó sobre ella; tan rápido fue que la chica se quedó paralizada del miedo y ni se movió, olvidándose de que tenía una ball consigo.

-¡Bloquéalo!-berreó Plata.

Magneton se movió deprisa y pudo interceptar a scyther, que estaba a punto de lanzar una cuchillada a la chica. Plata se acercó a ella y exclamó.

-¡Márchate, corre, los scyther se ponen así de violentos cuando ven el color rojo!

Lira se miró y observó su camiseta roja, comprendiéndolo al instante.

-¡Vamos, vete si no quieres que te meta una cuchillada!

-Pero… ¿y qué hay de ti? ¡Puedo ayudarte, mi bayleef puede hacerle frente!-insistió la chica.

-¿¡Crees que es momento de ponerse solidarios?! ¡Vete de una maldita vez, si te quedas te seguirá viendo y no se calmará!-la gritó Plata dándola un empujón, regresando una vez más ese misterioso recuerdo como resultado.

-Pero…

-¡Que te marches!

Ante esa tesitura Lira comprendió que no podía seguir allí; por un lado le daba rabia, ya que sabía que sus pokémon se podían enfrentar tranquilamente a él, pero por otro lado veía a lo que se refería el chico, y de cierta forma tenía razón, por lo que se vio obligada a retirarse lo más rápidamente posible.

Por su parte Plata se enfrentó al scyther con gesto decidido.

-¿Qué hará aquí? Normalmente viven en el parque nacional…-pensó el chico, sin quitarle el ojo de encima.

El pokémon al ver que el color rojo se marchaba trató de seguirlo, pero Plata le atacó para que se olvidara de ella y exclamó, señalándose el pelo.

-¡Eh, estoy aquí, mira, aquí tienes más rojo!

Scyther lo vio y, olvidándose de Lira, se lanzó a atacar sin dudar.

-¡Rayo a toda potencia!

Magneton cargó energía y ésta vez la soltó con todas sus fuerzas, dando ésta vez a scyther de lleno; aun a pesar de esto, el pokémon bicho aguantó el golpe con una entereza apabullante y siguió cargando, dispuesto a todo.

-¡Supersónico!-gritó el chico.

Magneton lanzó una serie de ondas supersónicas para tratar de confundirle, pero scyther usó agilidad para aumentar su velocidad y se libró así de caer confundido.

-¡Mierda, mierda, rayo!

Magneton contraatacó de nuevo, pero scyther lo esquivó aún con más facilidad; pasó de largo a su contrincante y levantó sus cuchillas para atacar a Plata, pero su pokémon se interpuso para protegerle.

-¿¡Ma… magneton?!-inquirió él, sin creerse lo que veía.

Para el chico esa sola situación se le antojaba extraña, e incluso le molestaba, puesto que no le había ordenado siquiera que le cubriera. ¿Por qué hacía esto? ¿Acaso ya no seguiría sus órdenes? No podía comprender qué le había llevado a magneton a hacer eso, aunque al menos había evitado que le cortaran en rodajas.

Con su duro y resistente cuerpo, magneton aguantó con gran entereza el ataque de las cuchillas de scyther, aprovechando para soltar otro rayo que dio de lleno en él. Aun así éste siguió en sus trece, con una fuerza y una resistencia anormales para un pokémon de esas características.

Fue entonces en ese momento cuando realizó una cuchillada con una fuerza extraordinaria que consiguió hacer a un lado a magneton e, inmediatamente después, volvió a blandir sus cuchillas. Fue todo tan rápido que Plata no notó nada al principio. De hecho por un momento pensó que había fallado. Sin embargo no fue así, puesto que lo pudo notar inmediatamente después. Un dolor indescriptible le recorrió su brazo izquierdo, trató de no gritar, pero le fue imposible, dejando escapar un gran aullido; dirigió la vista por un instante a su brazo y vio en él un corte limpísimo que se extendía desde el antebrazo hasta poco antes de la mitad del cúbito. Y sangraba a chorros.

Lira, que lo vio todo escondida tras unos arbustos, se llevó las manos a la cara y trató de no hacer ruido, pero no pudo; magneton, al darse la vuelta y ver a su entrenador con semejante herida, dejó escapar un hondo grito de furia asesina. Cargó energía con una fuerza asombrosa y se lanzó a la carrera mientras la soltaba, directo hacia scyther; la embestida fue tal que provocó una súbita explosión que se expandió hacia todas las direcciones. Magneton salió ileso, pero scyther salió disparado hacia arriba con tanta velocidad que se le perdió de vista rápidamente.

-¡Plata!-exclamó Lira, saliendo de su escondite.

El chico se dejó caer al suelo de rodillas, agarrándose el brazo chorreante.

-Oh, por Buda… cómo duele, joder…-masculló el muchacho con dolor.

-¡Plata, oh, cielo santo, es culpa mía, lo siento, lo siento!-repetía la chica, preocupadísima y dejándose llevar por el pánico.

Por su parte Magneton se acercó a él, con gesto preocupado; Lira cogió su pokégear e hizo una rápida llamada.

-¿¡Hola, emergencias!? ¡Manden una ambulancia a la ruta 38, por favor, dense prisa!

Tras eso se enfocó en el chico con algo de miedo, por lo que le pudiera pasar, ya que ya estaba suficiente herido de por sí.

-¡Tranquilo, Plata, te pondrás bien, te lo prometo!

-Bueno… al menos no te ha pasado nada… si ese scyther te hubiera visto y yo no hubiera estado aquí… mejor no digo nada-masculló el chico, aguantando el dolor como podía.

La sangre le salía a borbotones del limpio corte, él trataba de frenar la hemorragia apretando con su otra mano, pero no conseguía nada, sintiéndose cada vez más cansado y aplomado, sin poder evitar entrecerrar los ojos con gesto débil.

-¡Plata! ¡Plata, despierta, no te duermas, no puedes dormirte!

Sin embargo la voz de la chica se fue apagando cada vez más y más hasta que al final dejó de oírla, fundiendo todo a negro sin apenas darse cuenta.


-¡Papá, juguemos juntos!

-¡Hey, papá, mira lo que he hecho para ti!

-¡Cuando sea mayor seré tan fuerte como tú, papá!

-¿Papá? ¿Dónde estás? ¡Papá! ¡Papá!

Fue en ese mismo instante cuando Plata se despertó, encontrándose en una cama mullida y cómoda en lo que parecía ser, a todas luces, una habitación de hospital. Tenía el brazo izquierdo vendado y un catéter se encontraba conectado al mismo por vía intravenosa. A su derecha vio a Lira, la cual se encontraba dormida sobre la cama con la espalda muy arqueada, ya que estaba sentada en una silla justo enfrente de la misma. En ese momento entró en la habitación un doctor, el cual al verle comentó.

-Ah, ya te despertaste…

-¿Dónde estoy?-preguntó Plata.

-En el hospital de ciudad Iris, en cuanto llegaste te hicimos una transfusión de sangre porque habías perdido mucha. Te analizaron la sangre por el camino, eres AB positivo, un tipo de sangre muy poco común que destaca por no tener anticuerpos en su plasma. La cuestión es que apenas teníamos sangre de ese tipo específico, no es que fuera particularmente grave, ya que después de todo al ser AB positivo eres capaz de recibir cualquier tipo de sangre, eres lo que nosotros llamamos un receptor universal. Fue entonces cuando esa chica se ofreció a donarte su sangre-explicó entonces el doctor.

Ante esa noticia Plata abrió los ojos de par en par, incrédulo. ¿Era eso cierto? ¿Esa chica a la que apenas conocía había donado desinteresadamente su sangre para él?

-Como ya he dicho, tampoco era grave per se, ya que teníamos de otros tipos, pero lo cierto es que ella insistió e insistió. La verdad es que tienes mucha suerte, chico, no has podido pedir una mejor amiga-añadió el doctor, enderezándola en la silla.

Plata quiso decir que no era su amiga, tan solo una mera conocida, pero aun así guardó silencio, contemplando a la aludida aún con la sorpresa grabada en su cara. Todavía no podía creérselo, no le entraba en la cabeza, pero la realidad estaba ahí, junto a él, completamente dormida con una carita que, por un instante, se le antojó de cierta forma adorable.

-Lleva durmiendo unas cuantas horas, te donó la suficiente sangre como para que te mantuvieras estable-añadió el doctor.

Aun así Plata seguía mirándola fijamente, sin apenas prestar mucha atención al doctor, quien siguió hablando.

-La herida no era muy profunda, pero hemos tenido que intervenirla para evitar males mayores, te hemos puesto unos cuantos puntos de sutura para que cierre, no es nada grave, aunque procura no mover mucho el brazo durante unos cuantos días. ¿eres zurdo o diestro?

-Ah, diestro…

-Vale, en ese caso no hay problema, mañana por la mañana te daremos el alta, descansa por esta noche, ahora te traerán la cena.

Tras un par de comprobaciones más el doctor se marchó, dejando al chico allí junto a la chica, la cual ahora se encontraba apoyada contra el respaldo de la silla. Se había quitado el gorro, dejando a la vista su pelo de color castaño claro corto y con dos pequeñas coletas que la salían a la altura de la nuca.

Fue en ese momento cuando Plata se sorprendió a sí mismo fijándose en esos detalles tan nimios e insignificantes para él, apartando la mirada rápidamente de ella. Aún seguía sin comprender por qué le había dado su sangre así sin más, sin motivo alguno, pero optó por dejar de pensar en ello.

Al cabo de unos cuantos minutos más trajeron la cena tanto para él como para Lira, la cual se despertó al poco rato con la espalda y el cuello algo adoloridos. Al ver al chico consciente se acercó a él, aún preocupada.

-¡Plata, estás bien! ¿Cómo te encuentras?

-Me he sentido mejor, pero sobreviviré…

-Menos mal, estaba tan preocupada, por un momento perdiste el conocimiento y me asusté mucho, pensé que…

-Sí, sí, no pasa nada estoy bien-murmuró el chico, cortante.

Lira quiso decir algo, pero en ese momento se oyó un suave y un tanto audible gruñido que la cortó de improviso, haciéndola enrojecer de seguido y murmurando al instante.

-Ups, perdón, he sido yo, es que tengo mucha hambre…

-Sí, yo también, vamos a comer.

La comida venía en las típicas bandejas herméticas de hospital, aunque Plata, al tener el brazo izquierdo impedido, se le hizo algo difícil abrirla. Lira, al verlo, se acercó a él para ayudarle.

-Espera, déjame que te ayude.

-No, no hace falta.

-Oh, vamos, no seas cabezón, necesitas ayuda, déjame ayudarte.

-Que no, no molestes…

Aun así la chica hizo oídos sordos y la abrió para él, sacando la comida y ayudándole también con eso.

-Venga, abre, di aah.

-Agh, no, basta, ya es lo suficientemente embarazoso, hasta ahí llego…

-Sólo quiero ayudarte, estarás débil…

-Estoy bien, puedo comerme mi propia comida, no soy ningún niño.

-Pero…

-¡Que no me molestes más!

Ante ese repentino exabrupto Lira prefirió no presionarle más y volvió a su silla, centrándose en su comida sin decir nada más. Los siguientes minutos pasaron lentamente mientras comían, aunque en un momento dado Plata inquirió.

-¿Por qué?

-¿Por qué qué?-hizo lo propio ella.

-Lo sabes perfectamente, no tienes tanta hambre por nada… ¿por qué? ¿Por qué me donaste tu sangre? Podría haber sido cualquiera ¿por qué tú? No lo entiendo…

La chica se le quedó mirando por un instante, no muy segura de qué decir al respecto, hasta que finalmente decidió hablar.

-Pues porque… tú me salvaste la vida. Si no hubiera sido por ti, ese scyther me hubiera podido hacer mucho daño. Tal vez mis pokémon me hubieran podido proteger, pero tras ver todo lo que aguantó con tal de atacarte, no estoy tan segura de hasta qué punto hubieran podido con él. Te sacrificaste por mí con tal de protegerme, y sentí que te debía lo mismo. Supongo que ahora estamos en paz.

Tras esas explicaciones Plata se quedó aún más pasmado de lo que ya estaba. Nunca antes habían llegado a hacer nada por él de la forma que esa chica lo había hecho, y eso que apenas la conocía, tan sólo sabía de ella que la recordaba de alguna forma, y aun así apenas tenía sentido. Repasó por un instante todo lo sucedido aquella tarde, desde que empezó la batalla hasta el mismo instante cuando el scyther le acuchilló. Si no hubiera sido por ella, se habría desangrado ahí mismo hasta la muerte. En ese sentido le había salvado la vida. Y, por un instante, lo comprendió.

-Gracias…

Lira se detuvo al escucharlo como si no hubiera oído bien. Miró al chico con gesto sorprendido, ya que había sido la primera vez que se había mostrado amable con ella, sin contar el exabrupto de antes. Ante eso ella le sonrió, murmurando de seguido.

-No ha sido nada, hice lo que había que hacer. Gracias a ti también…

Ante eso el chico asintió, llegando a esbozar una imperceptible e instintiva sonrisa que la chica llegó a apreciar, incidiendo un poco más en la suya propia. Tras eso los dos siguieron comiendo pausadamente, dejando pasar el tiempo. Una luna cuarto menguante se asomaba entre las nubes afuera, iluminando ciudad Iris.


Los paseos nocturnos por la ciudad resultaban ser más relajantes de lo esperado, no había apenas gente por la calle, pero eso era un plus de cara al paseo en sí, ya que normalmente por el día las calles solian estar atestadas de propios y turistas, sobre todo por el centro histórico. La temperatura era ideal al ser verano, unos suaves veintiun grados centígrados, lo cual sumaba puntos al resultado final.

-Toma pichu, una galleta.

El pokémon la probó y dejó escapar un suave gruñido, signo de que le gustaba.

-Eres tan mono… y no eres para nada revoltoso… que suerte haberte tenido, pichu.

Hasta el momento Cristal había avanzado bastante como criadora, su tiempo en ciudad Iris había ido dando sus frutos, y el juntarse con otras chicas que también eran criadoras había ido acumulando experiencia tanto para ella como para las demás, siendo en ese sentido doblemente beneficioso. Como consecuencia sus pokémon se veían sanos y lustrosos, y su última incorporación, pichu, era de los ejemplos más claros.

De todos los demás, pichu era el más cariñoso y con diferencia, reclamaba casi siempre atención constante, y le gustaba especialmente subirse a su hombro y contemplar las vistas desde allí. Además era el más zalamero de todos, puesto que sabía cómo llegar a su criadora de la mejor forma posible.

-¡Ay, pero que mono eres, por favor!-exclamó la chica, abrazándole.

El pokémon eléctrico se regodeó en los mimos, al tiempo que la chica le daba todo su cariño y amor.

-Te quiero, pichu.

El aludido se revolvió entre sus brazos, dejando escapar un bostezo y durmiéndose al poco rato. Cristal levantó la vista y vio desde el parque donde se encontraba la cima de la torre Campana, con su finial coronando el tejado a cuatro aguas; fue entonces en ese momento cuando le pareció ver algo mucho más al fondo, como una especie de mancha dorada volando por el cielo y brillando con fulgor.

-¿Qué es eso?

Por un momento pensó que tal vez se trataba de una estrella fugaz, pero no lo parecía puesto que se movía muy despacio como para ser un meteoro cayendo sobre la tierra; tampoco parecía ser un avión, puesto que el brillo no era intermitente, sino fijo y muy radiante. Incluso le dio la sensación de que aleteaba, como si fuera alguna especie de ave. Aun así desapareció tan pronto como apareció, sin volverlo a ver de nuevo.

-Habrán sido imaginaciones mías…-pensó la criadora, sin darle mayor importancia.

Estuvo un rato más hasta que finalmente decidió volver al centro pokémon, dejando el parque vacío y solitario. La figura de la torre Campana se seguía recortando en la distancia, vigilando desde las alturas la ciudad.


¡Aquí está el nuevo capítulo de Pokémon, ésta vez centrándome un poco en Plata y Lira! Habrán más momentos entre estos dos, eso por descontado, ya que es una gran oportunidad para desarrollarlos apropiadamente, de forma más aparte de la de Oro y Cristal, la cual ha tenido un poquito de foco en este, con un detalle especial que muchos habréis sabido apreciar.

Por otro lado no he terminado con los perros legendarios, básicamente porque este capítulo y el anterior se desarrollan más o menos en el mismo día, uno por la mañana/mediodía y el otro por la tarde/noche, por lo que hacer aparecer de nuevo a los perros de nuevo con tan poco margen de tiempo no hubiera quedado muy bien. No descarto escribir algún que otro capítulo entre medias centrándome únicamente en ellos, probablemente lo haga.

En los dos siguientes capítulos la historia de Oro avanzará un buen trecho, con sus correspondientes batallas de gimnasio, y los perros también aparecerán de vez en cuando.

Y eso es todo, espero que os haya gustado, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!