¡Estoy de vuelta! De verdad lamento muchísimo la tardanza, los finales en la universidad no me dejaban tiempo para nada y no pude tocar la compu en todas las vacaciones u.u pero prometo no tardar tanto con los especiales. Espero que disfruten el capítulo y el lemmon no sea tan malo, juro que me esforcé escribiéndolo, nos leemos luego.
Advertencias: Drama, AU, reencarnación, Fem!Levi, Lemmon
Disclaimer: Los personajes de Shingeki no Kyojin pertenecen a Hajime Isayama
Epílogo: Nosotros
Llegó a su casa dejándose caer pesadamente en el sofá, había sido un día difícil y lo único que quería era dormir. Ni siquiera había tenido tiempo de ver a su joven pareja después de la comida y eso hacia todo más cansado, además de que aunque tratara de ocultarlo, le irritaba que el castaño no la hubiera buscado en toda la tarde, lo último que supo de él fue que iría a algún sitio con Hanji.
No supo en qué momento se quedó dormida hasta que sintió unos fuertes brazos levantarle del sofá mientras recibía un corto beso.
—¿Qué haces aquí? —preguntó con voz somnolienta aferrándose a su cuello.
—Lo siento, ¿te desperté? —Le dedicó una amplia sonrisa mientras llegaba hasta la habitación y la bajaba con cuidado sobre la cama sin soltarle.
—No sabía que vendrías. —Se separó incorporándose en la cama. Había pasado casi un mes desde que estaban juntos de nuevo y ya habían intercambiado llaves, por lo que casi vivían juntos.
—Tenía que arreglar un asunto con Hanji. —Comentó sin darle más detalles mientras se sentaba a su lado aun manteniendo un abrazo.
Desde que se reconciliaron hacía casi un mes no habían pasado de abrazos y besos ardientes o algunas caricias íntimas que siempre terminaban con una negativa por parte de la pelinegra. Siempre había algún problema que no les permitía continuar aun cuando ambos estaban dispuestos a ello. El problema principal, los preservativos, pues en el calor del momento olvidaban que ahora eran necesarios.
No es que le molestara la situación, en realidad le bastaba poder sostenerla entre sus brazos como ahora lo hacía, pero sabía que ella aún pensaba que no quería tocarla a causa de su cuerpo y eso le preocupaba. Por eso había ido esa noche, para demostrarle que estaba equivocada, pero al encontrarla dormida en el sofá terminó descartando la idea. Ya habría otra oportunidad.
—¿Qué clase de asunto tienes con la loca de Hanji? —preguntó sin molestarse en ocultar su curiosidad, enterrando su rostro en el cuello del menor disfrutando su aroma.
—Cosas del trabajo. —Respondió nervioso, agradecido de que no le estuviera viendo en ese momento. En realidad le estaba ayudando con algunas cosas, pero no podía decirle nada a su pareja, no todavía.
Se quedaron un momento en silencio, abrazados en la cama, nerviosos por la compañía del otro. No es que no le agradara estar así con el castaño, pero le preocupaba que pensara que no quería tener nada con él y terminara buscando a alguien más. Pero no estaba segura de cómo se sentía respecto a su cuerpo pues nunca la tocaba o siempre había algún impedimento.
—Levi... —le llamó creyendo que estaba dormida, recibiendo un mm como respuesta. —Ven conmigo mañana, hay algo que quiero hablar.
De inmediato el pequeño cuerpo entre sus brazos se tensó, haciéndole preguntarse si habría pensado algo malo, pero no quería adelantarle nada.
—Está bien, llegaré después del trabajo. —Respondió ocultando todo rastro de miedo en su voz, pero lo único que llegaba a su mente era la imagen del más joven terminando su relación.
—Vayamos juntos amor.
La voz somnolienta de Eren le tranquilizó un poco, tal vez sólo eran especulaciones suyas. Ya lo averiguaría después, en ese momento ambos se quedaron dormidos sin alejarse ni un poco del otro.
Salió de la oficina justo después de la comida tal como había hecho toda la semana, no sin antes asegurarle a la pelinegra que pasaría a recogerla a la salida.
Todo estaba saliendo de acuerdo al plan, pero necesitaba asegurarse de tener todo listo para esa noche. Todo tiene que ser perfecto, pensaba mintieras conducía hasta su departamento a buscar algunas cosas.
Suspiró por milésima vez desde que el joven se había ido, llamando la atención de Erwin y Hanji que se encontraban en su oficina tratando de hacerle llenar algunos reportes.
—Levi, —le llamó el rubio adivinando sus pensamientos, —él no va a terminar contigo.
—Cállate eso no es asunto tuyo. —Se quejó dedicándole su mejor mirada asesina, que hubiera sido más efectiva si no se encontrara pensando exactamente eso.
—Vamos estoy segura de que te estás preocupando de más. —Fue esta vez la voz de Hanji la que le trajo de vuelta a la realidad.
Decidió ignorarlos a ambos y dedicarse a terminar los reportes, después de todo ellos no tenían por qué saber que el mocoso no la había tocado aún. Suspiró de nuevo, ese sería un largo día.
Justo como había prometido, Eren volvió por ella en la tarde negándose a darle explicaciones de donde había estado toda la tarde y su extraño comportamiento, preocupando a la chica. Condujeron en silencio por casi dos horas lejos de la ciudad, compartiendo algunos besos mientras esperaban el cambio en los semáforos, hasta desviarse de la carretera unos metros después.
—Llegamos. —Anunció el castaño estacionando el auto.
—¿En dónde estamos? —Levi le miraba confundida sin reconocer el lugar.
—Pues... si no me equivoqué al desviar, deberíamos estar en el lugar correcto. —Respondió nervioso, nunca antes había ido pero estaba seguro que había seguido las instrucciones de Hanji correctamente. —Ven, vamos a comprobarlo.
Bajaron del auto y Eren se acercó seguido por la chica a la orilla de la carretera, según le había dicho Hanji desde ahí podían llegar caminando hasta...
—El mar... —La pelinegra no pudo ocultar la emoción en su voz ante la imagen frente a ella.
—¡Finalmente! —Un muy emocionado Eren le abrazó con entusiasmo sacándola de su asombro. —Siempre quise conocer el mar contigo Levi... ¡y finalmente estamos aquí!
Sin que pudiera evitarlo, lágrimas de felicidad corrieron libremente por su rostro, aún no podía creer que estaba cumpliendo uno de sus sueños junto a su único amor.
—¡Vamos, aún tenemos tiempo! —Tomó su mano y sacó una maleta del auto y caminaron hasta una pequeña residencia de dos pisos en la playa que Hanji había conseguido para ellos, un lugar pequeño con apenas una habitación y una amplia terraza.
Después de lanzar su maleta en un sofá negro, llevó a su pareja hasta el segundo piso, donde ambos salieron a la terraza justo a tiempo para el atardecer.
—Es hermoso... —susurró abrazándola por la espalda admirando el momento, era como si presenciaran un espectáculo sólo para ellos dos.
—Tenías razón, es increíble. —A pesar de ser mayor que él y de haber tenido muchas oportunidades antes, nunca había conocido el mar, nunca había querido hacerlo porque sabía que no sería lo mismo sin Eren, y ahora que finalmente estaban allí juntos supo que tenía razón, valió la pena esperar.
Se quedaron juntos admirando el lugar hasta que el cielo pasó de los tonos anaranjados a los azules más oscuros del anochecer.
—Levi... —susurró en su oído llamando su atención —ya sé que lo he dicho muchas veces pero... esta vez no aceptaré un no por respuesta. —Entrelazó sus manos con las de ella sintiendo como recargaba su espalda contra su pecho, después de todo lo que había pasado, era el momento justo para hacerlo. Tomó un profundo respiro y dejó que las palabras fluyeran en su oído. —Cásate conmigo.
Su sorpresa fue inmediata pues no esperaba aquella propuesta tan pronto y mucho menos en un lugar así. Ya una vez había aceptado, y una había dicho que no, pero esta vez ya no tenían nada que perder. Ya no había dudas.
Liberándose de su agarre, volteó para tenerle frente a frente y así poder pasar sus brazos alrededor de su cuello antes de unir sus labios en un beso tranquilo lleno de amor que de inmediato fue correspondido por el joven que pasó sus brazos alrededor de su cintura.
—¿Eso fue un sí? —Preguntó nervioso una vez que se separaron, manteniendo sus frentes unidas.
—Sí, lo fue. —Respondió dedicándole una pequeña sonrisa.
Sus palabras le hicieron sonreír con emoción, tomando su mano izquierda entre las suyas, sacó un anillo de plata del bolsillo de su camisa que no tardó en colocar en su dedo anular.
—Esta vez sí pude conseguir el anillo. —Dijo besando el dorso de su mano justo sobre la joya, recordando con melancolía como aquella vez por más que lo intentó no había logrado conseguir dinero suficiente para darle uno.
—Aún eres un mocoso, ésta clase de cosas... no era necesario. —Quería decirle que no lo hiciera, que no tenía que esforzarse tanto por ella, pero sabía que no lograría hacerlo cambiar. —Te amo…
—También te amo. —Le besó con una enorme sonrisa de alegría, recorriendo su espalda con sus manos. Después de mucho tiempo, finalmente sentía que podía estar al mismo nivel que su amante, y eso le hacía sumamente feliz.
Los besos rápidamente se volvieron más hambrientos mientras sus manos comenzaban a recorrer el cuerpo de la chica, caminando lentamente hasta la habitación, donde la empujó con suavidad hacia la cama dejándose caer sobre ella sin abandonar sus dulces labios.
Una de sus manos se posó en su estrecha cintura mientras la otra comenzaba a delinear su figura con delicadeza, robándole algunos suspiros que morían en su boca. Sé separó de sus labios dedicándole una sonrisa lasciva antes de hundir su rostro en su cuello, dejando besos y mordidas por toda su blanca piel. Esa noche, sin excusas, finalmente la haría suya.
Las caricias del castaño la habían tomado por sorpresa, aunque no era la primera vez que terminaban en aquella posición así que decidió no hacerse falsas ilusiones, sin embargo la mirada hambrienta del menor le decía que esa noche sería diferente a las demás.
Sus manos habían viajado hasta sus hombros, acariciándole sobre la ropa mientras sentía sus besos en la sensible piel de su cuello. Se estremeció cuando una de sus manos se coló bajo su ropa recorriendo su costado con la misma delicadeza que recordaba, como si no hubiera pasado un sólo día desde la última vez que hicieron el amor.
—Eren...
—Shh… —fue interrumpida por él, quien sólo se levantó para dedicarle una sonrisa traviesa mientras su mano se encargaba de los primeros botones de su camisa, mostrando su clavícula que no tardó en recorrer con su lengua.
La mano que mantenía en su cintura viajó hasta sus piernas, recorriendo toda su extensión con suavidad. Con suma lentitud terminó de abrir la camisa, exponiendo su torso delante de él al mismo tiempo que se deshacía de los molestos pantalones, tomándose un momento para apreciar su cuerpo únicamente en ropa interior. Su cuerpo siempre había sido muy fino, incluso ahora que era mujer no había cambiado mucho de como era antes.
Tomando su mano le ayudó a levantarse lo suficiente para poder retirar el resto de su ropa dejándola finalmente desnuda, deleitándose con la imagen de sus mejillas ligeramente sonrojadas y su blanca piel que le llamaba a llenarla de besos, cosa que no tardó en hacer pues de inmediato se inclinó sobre ella besando su estómago, subiendo sin prisa hasta atrapar uno de sus pechos entre su mano mientras sus labios atrapaban el pequeño pezón rozado y su otra mano se encargaba de estimular el otro hasta dejarlos duros, motivado por los suspiros que escapaban de sus labios.
Su mano viajó por su estómago hasta su intimidad, que comenzó a acariciar suavemente aprovechando su humedad. Sus labios se trasladaron hasta su cuello besando su piel, tan blanca que quedaba marcada ante el más ligero roce, hasta detrás de su oreja haciéndole temblar. Quería hacerle sentir toda clase de sensaciones tal como había hecho en esa otra vida. La haría suya de todas las formas posibles hasta que ninguno de los dos pudiera seguir.
Era la primera vez que terminaba desnuda delante de él y aquello le hacía sentir sumamente avergonzada, sin embargo no había sido rechazada y eso era algo que agradecía internamente. Sus manos comenzaron a deshacerse de la ropa del castaño prenda por prenda hasta igualar la situación, liberando un suspiro al sentirle finalmente piel contra piel, una sensación que había extraño demasiado y ahora podía volver a disfrutar.
Las manos de ambos recorrían el cuerpo contrario memorizando cada rincón, recordando el tacto de su piel bajo sus palmas mientras sus labios se buscaban con desesperación saboreándose sin prisas en la intimidad de esa cercanía.
Cuando las caricias ya no fueron suficientes y sintieron la necesidad de más, el menor se acomodó entre sus piernas separándolas con delicadeza mientras le miraba con ojos cargados de pasión y deseo.
—Eren espera... tienes... —fue interrumpido por la pelinegra en un intento por formar una frase coherente.
—Tranquila, lo recordé. —Aseguró con una sonrisa estirándose hasta la mesa de noche para conseguir el pequeño envoltorio, esta vez sí había pensado en todo.
Se colocó el preservativo cuidadosamente antes de unir sus labios de nuevo, enredando su lengua con la ajena mientras exploraba su boca. Sin romper el beso, se introdujo lentamente en su interior cuidando no hacerle daño, suspirando cuando hubo entrado por completo.
Se miraron a los ojos por largo rato, disfrutando sin prisas la gloriosa sensación de ser uno mismo después de tanto tiempo, hasta que finalmente Levi movió sus caderas indicando que podía continuar. El castaño comenzó un lento vaivén que le permitía llegar profundamente, provocando que eróticos sonidos escaparan de su boca.
Todo era tan perfecto en ese momento que ambos deseaban que durara para siempre.
Tomó sus manos inclinándose sobre ella para entrelazar sus dedos mientras volvía a besarle con pasión al aumentar el ritmo, llevándoles a ambos cerca del final. Sin separar sus labios, terminaron al mismo tiempo entre gemidos ahogados en la boca contraria.
Se miraron a los ojos mientras regulaban su respiración, compartiendo una mirada cómplice y cargada de amor, luego Eren salió de su interior para dejase caer a su lado, atrayéndole en un apretado abrazo.
—Soy muy feliz amor. —Susurró en su oído con una sonrisa. —Eso fue increíble.
—Entonces, ¿te gustó más ahora que soy mujer? —Preguntó Levi tratando de ocultar la decepción en su voz.
Sin embargo él le conocía tan bien que pudo darse cuenta, riendo entre dientes por su reacción.
—Me gusta porque eres tú, —respondió tomándole del mentón para que viera en sus ojos que no mentía —y ser uno contigo es la sensación más maravillosa que existe.
Aquello la dejó sin palabras y con un notable sonrojo adornando sus mejillas. Sin esperar más, unió sus labios en un beso corto pero lleno de ternura, la mejor forma que conocía de mostrarle sus sentimientos.
—Maldito mocoso... —susurró sobre sus labios cuando se separaron, fingiendo molestia.
—Yo también te amo. —Aseguró entre risas antes de besarle de nuevo repetidas veces. No cabía duda, este era su Levi y su amor por él no cambiaría nunca.
