XXI
Dolor, Parte 1

—¿Qué estás diciendo? —quiso saber Rei, sorprendida por las noticias de Amy—. ¿Una inteligencia artificial secuestró a Lita y a esa inútil de Haruka? ¿Cómo?

—No, no es exactamente una inteligencia artificial —puntualizó Amy, mirando a sus amigas con seriedad—. Es una persona con una inteligencia artificial dentro de su cabeza. Su nombre es Kaizo Nakamura y piensa que yo le hice eso, pero fue él quien robó mi computadora de bolsillo esa noche, ¿recuerdan?

Las presentes abrieron los ojos a causa de la sorpresa.

—¿Para qué te la robó?

—Porque necesitaba unas instrucciones para completar su plataforma neural —dijo Amy, sin evitar sentirse un poco culpable por lo que le había ocurrido a Kaizo, aunque nada de eso había sido su culpa—. Algo salió mal con el experimento y ahora él tiene una supercomputadora en su cerebro. Asumo que la está usando para desquitarse de mí.

—¡Pero fue su culpa! —protestó Rei con indignación.

—Lo sé —dijo Amy con tristeza—, pero eso no impide que él crea que yo soy responsable de su estado. No sé qué pretende secuestrando a Lita y a Haruka, pero es obvio que está tratando de hacerme daño, porque lo dijo de forma explícita. Eso no quita que debemos ayudarlas. A ambas.

—Si por mi fuese, dejaría que esa imbécil de Haruka se pudra en el infierno —gruñó Rei, crispando los puños—, pero no seríamos Sailor Senshi si no ayudáramos a gente en peligro.

—Haruka es una de nosotras —dijo Serena, mirando a Amy con una pequeña sonrisa—. Da igual cuáles sean nuestros problemas con ella. La única forma en que pueda respetarnos es rescatándola de las manos de Kaizo Nakamura. Y lo haremos, ¿verdad, chicas?

—¡Sí! —corearon las cuatro, Rei incluida. A continuación, todas ellas tomaron sus cetros de transformación y, una vez convertidas en Sailor Senshi, emprendieron el camino hacia el refugio que usaba Kaizo Nakamura. No obstante, se detuvieron a segundos de haber emprendido la marcha, percatándose que ninguna de ellas sabía dónde estaba Kaizo. Sailor Moon, Mars, y Venus miraron a Sailor Mercury, como esperando que ella fuese la que encontrara la solución al problema. En todo caso, ella siempre había desempeñado ese rol.

—No sé dónde está, pero sé cómo podemos hallarlo —dijo, sacando su computadora de bolsillo y ejecutando unos cuantos comandos—. La inteligencia artificial que Kaizo está empleando debe contener algunas de las instrucciones originales que descargó de mi computadora. Si la IA posee alguna clase de conexión a internet, mi algoritmo podrá detectar su firma digital y obtener su ubicación con una precisión de unos cuantas decenas de centímetros.

Ni Sailor Moon ni las demás entendió ni jota lo que Sailor Mercury había dicho, pero sabían que ella era capaz de hacer todo eso, por lo que esperaron a que la computadora de Sailor Mercury hiciera el trabajo, lo que tomó unos cuarenta y cinco segundos.

—De acuerdo. Kaizo se encuentra a unas quince cuadras de nuestra posición. Diez en dirección suroeste y cinco en dirección noreste.

—¡Vamos! —exclamó Sailor Venus y las cuatro corrieron a todo lo que daban sus piernas hacia la ubicación que Sailor Mercury había encontrado.

—Recuerden chicas —dijo Sailor Mercury, jadeando a causa del esfuerzo—, Kaizo nos está esperando. Antes que todo, debemos reconocer el entorno, buscar posibles entradas y salidas, de modo que podamos usarlas para nuestro beneficio. Pero lo más importante es que no subestimemos a Kaizo Nakamura. Podrá no tener poderes mágicos, pero no conocemos las capacidades de la inteligencia artificial que hay en su cabeza. Estén preparadas para cualquier cosa.

—Cuenta con ello —dijo Sailor Mars.

—Seguiremos tus indicaciones —secundó Sailor Venus.

—Confiamos en ti, Amy —añadió Sailor Moon.

Faltaban ocho cuadras para llegar al escondite de Kaizo Nakamura.


Sailor Neptune se encontraba en una horrible encrucijada.

En su premura por rescatar a Haruka, había olvidado por completo que no tenía idea dónde se encontraba el escondite de Kaizo Nakamura. Sin embargo, eso no significaba que necesitase la ayuda de Sailor Mercury. Recordó que tenía poderes extrasensoriales y usó su nueva arma para encontrar a Kaizo Nakamura.

El espejo que había brotado de su cuerpo no solamente se podía usar de forma ofensiva, sino que le ayudaba a canalizar sus poderes de percepción, mostrándole lo que necesitaba encontrar. Todo lo que necesitaba era el mero recuerdo de la imagen de Kaizo.

Debo darme prisa. Haruka no tiene mucho tiempo. Amy se puede ocupar de Lita.

Mientras se dejaba guiar por el espejo, Sailor Neptune recordó la discusión que había tenido con Amy hace media hora atrás. Era la primera discusión seria que ambas habían tenido en su relación y, aunque fue breve, le hizo cobrar conciencia de cuán diferentes eran ambas. Claro, habían encontrado varios puntos en común, como la pasión por la música, sus formas de pensar y de lograr sus metas, la afición por el agua y por nadar, entre otras cosas. Pero no podía sacarse la idea de que sus diferencias eran más grandes. Amy iba con tiento a todo, aunque aquello muchas veces se podía atribuir a que era una chica cautelosa con lo que emprendía o decía. Sin embargo, aunque mucho había cambiado desde que se conocieron, Amy seguía siendo una chica esencialmente tímida en algunos aspectos, comúnmente se dejaba guiar y veía lo mejor de las personas de forma incondicional. Michiru, por otro lado, era la que normalmente guiaba, la que tomaba la iniciativa y la que actuaba de forma impulsiva frente al peligro. Era eso la que la tenía en la calle, buscando frenéticamente el escondite de Kaizo Nakamura, mientras que Amy seguramente estaría urdiendo un plan, perdiendo tiempo valioso.

Sus poderes, apoyados por el espejo, la condujeron a un estudio de televisión, un edificio de quince pisos de altura. Sailor Neptune supo que Kaizo se encontraba en el noveno piso y empleó una puerta lateral para entrar. Sabiendo que el ascensor era una pérdida de tiempo, escogió subir las escaleras, aprovechando su gran forma física.

Llegó a su destino en un minuto, y ni siquiera lucía agitada. Consultó su espejo y vio el número correcto de la puerta por la que necesitaba entrar. Sailor Neptune entró al estudio y se dio cuenta que había dado en el blanco.

Haruka y Lita estaban en el fondo de una especie de escenario, amordazadas y atadas de pies y manos. Con el corazón en un puño, Sailor Neptune acudió rápidamente hacia donde estaba Haruka para desatarla. Por el rabillo del ojo vio que Lita la miraba fijamente a los ojos, como esperando que no se olvidara de ella. Sailor Neptune supo interpretar correctamente el gesto, pero no estaba en su prioridad rescatarla.

—Sólo vengo por ella —dijo, fijando su mirada en Haruka, sin percatarse de que una sombra se acercaba lentamente por la espalda.

Sailor Neptune se dio cuenta demasiado tarde.

Sintió un golpe seco en su nuca antes que su visión se fuese a negro.


Cuando despertó, trató de moverse, pero le fue imposible. Sin embargo, notó que estaba de pie, pero sus manos y pies estaba atados por cuerdas de grado industrial. No podía utilizar ninguno de sus poderes y el espejo ya no lo tenía en sus manos.

—¿Sabes? —dijo una voz atrás de Sailor Neptune, luciendo divertido—. Se supone que ustedes son guerreras con poderes mágicos, y yo solamente soy una persona con una supercomputadora en mi cerebro. Sin embargo, me sorprende lo fácil que es manipularlas. Bueno, después de todo, ustedes son todas unas quinceañeras inmaduras. Me tomé el tiempo de conocerlas bien, de analizar sus comportamientos, tendencias y personalidades.

—Eres un maldito —replicó Sailor Neptune, forcejeando con sus ataduras, sin éxito.

—¿Eso es todo lo que puedes decir? —dijo Kaizo en tono desafiante—. No me sorprende. Estás pensando con el corazón en este minuto, y el corazón no sabe de planes, de estrategia o de cautela. Viniste aquí con la vista de un caballo de carreras, sin un plan, sin cautela. No me extraña que las mujeres sean seres tan frágiles y débiles.

—Pues no soy la única Sailor Senshi que existe, estúpido.

—Lo sé —dijo Kaizo, plantándose delante de Sailor Neptune—. De hecho, cuento con que las demás vengan. Tal vez creíste que Sailor Mercury iba a venir sola. Creíste mal. Ella es una mujer única en su tipo. Es de las pocas mujeres que realmente usan el cerebro para actuar y cuento con que venga aquí con un plan bien delineado. Y para eso necesita a sus amigas… a todas sus amigas.

—Ella te va a patear el trasero, ya verás.

—Tal vez lo haga —admitió Kaizo con una sonrisa ladina—, porque tiene el potencial para desafiar mi inteligencia. Pero creo que estará muy ocupada tomando una decisión… una decisión muy, pero muy difícil. No es casualidad que tú hayas venido primero que Sailor Mercury. No voy a matarte o a torturarte, si es eso lo que estás pensando. Tú estás aquí para mirar, de forma muy atenta, lo que va a pasar aquí.

Un pitido hizo que Kaizo desviara la vista hacia su reloj. Era un modelo bastante moderno, pues venía con termómetro incorporado. Pues el reloj le había avisado que la temperatura estaba decayendo a una tasa mayor a la normal.

Bien. Han llegado.

Poco después del descenso de la temperatura, se formó una niebla tan densa que era imposible ver a más de medio metro a la redonda. La inteligencia artificial de Kaizo podía mejorar hasta cierto punto su visión, pero no para penetrar la niebla. Sin embargo, sabía que ellas necesitaban comunicarse de algún modo para coordinar el rescate, por lo que esperó escuchar órdenes a viva voz.

No las escuchó.

Solamente se podían oír pasos deambulando de aquí allá, unas cuerdas siendo desatadas y unos pasos alejarse de él, seguramente a través de la puerta. Kaizo había contado con la presencia de las demás Sailor Senshi, pero no con la forma en que tratarían de rescatar a las prisioneras. Kaizo entendió en ese minuto, que había subestimado levemente a Sailor Mercury. Había dispuesto sensores en todos los ductos de ventilación y trampas por doquier, de modo que la única forma de entrar al estudio de forma segura fuese la puerta, pero ella había burlado toda la seguridad que había tejido alrededor del perímetro.

Sin embargo, un buen general siempre tenía un as bajo la manga. Kaizo iba a esperar a que las Sailor Senshi estuvieran fuera del edificio para activar la trampa final. Lo único que faltaba era una forma de comunicarse con la persona que iba a separar definitivamente a las Inner Senshi de las Outer Senshi.


Sailor Mercury y las demás corrían a toda velocidad hacía la seguridad del templo Hikawa, asegurándose en todo momento que Lita y Haruka siguieran con ella. Las demás habían formado un círculo alrededor de ellas para protegerlas de cualquier peligro que viniera desde el edificio que acababan de abandonar.

—Tenías razón —dijo Sailor Neptune, mirando a Sailor Mercury, quien iba a su lado, sonando arrepentida—, en todo. Fui una tonta al partir a tontas y a locas, sin un plan. Jamás debí dudar de ti.

—No te preocupes —dijo Sailor Mercury, mirando a su novia con una sonrisa—. Cumpliste con tu deber de ir a rescatar a tu compañera. Admiro la lealtad que sientes por Haruka, pese a que ella te echó a patadas de su departamento.

—Estoy escuchando —gruñó Haruka con desagrado, pero ninguna de las dos le hizo mucho caso.

—Tú también actuaste de forma irreflexiva —dijo Sailor Neptune, refiriéndose a Haruka—. ¿Por qué diablos no me llamaste por teléfono para confirmar lo que supuestamente te escribí?

—Prefiero el cara a cara —repuso la aludida testarudamente.

—¿Estás bien, Lita? —inquirió Sailor Mercury, mirando a la aludida con preocupación.

—Estoy bien —repuso, componiendo una sonrisa pequeña—. Solamente fue el susto.

—Me alegro —dijo Sailor Mercury, en el momento en que su computadora de bolsillo comenzó a emitir pitidos. Conocía bien esos pitidos, pues los escuchaba cada vez que una de sus amigas necesitaba comunicarse con ella de forma urgente. Pero sabía que no era ninguna de ellas. Curiosa y aprensiva, abrió la computadora y vio que se trataba de Kaizo Nakamura. Sailor Mercury tragó saliva. De algún modo, supo que no podía cancelar la comunicación, por lo que la aceptó, tratando de imaginar qué era lo que deseaba probar en esa ocasión.

—Sailor Mercury, tengo una prueba para ti.

Vaya, fue al grano. Sailor Mercury activó el micrófono para poder responderle.

—Deja los juegos, Kaizo. No ganarás nada con eso.

—Oh, no, Sailor Mercury —dijo Kaizo en un tono petulante—. Eres tú la que va a perder. Porque tendrás que tomar una decisión, y, sea cual sea, vas a tocar la peor parte. Pero no será tan fácil. Verás, no tienes todo el tiempo del mundo. Tendrás que decidirte dentro de diez segundos. ¿Recuerdas a mis rehenes? Una de las dos va a morir y tú tendrás que elegir quién. Puse unos pequeños explosivos en el cuello de ambas, por lo que si cortas la comunicación, ambas van a morir. Si no lo haces, solamente una de ellas lo hará. El reloj corre… ahora.

Fueron los diez segundos más largos que Sailor Mercury jamás hubo vivido. Ponderó ambas posibilidades, sabiendo que las demás habían escuchado toda la conversación. Si elegía a Haruka, tendría a Michiru de su parte, pero no se podría decir lo mismo de las demás. Básicamente, seguiría teniendo novia, pero perdería a sus amigas, tal vez para siempre. Por otra parte, si escogía a Lita, perdería de seguro a Michiru, pero no a Serena y a las demás. Era la primera vez en su vida que enfrentaba una decisión tan complicada. Lo era a tal punto que se mordió las uñas, mirando a sus amigas y a Michiru, pues una o varias de ellas iban a abandonarla. ¡No quiero perder a ninguna! ¡Si tan sólo pudiera hacer algo! Pero no podía hacer nada. Los diez segundos estaban por acabarse, y Sailor Mercury, a pesar de su enorme inteligencia, se había quedado congelada en el tiempo, incapaz de elegir. Nunca debió haber aceptado comunicarse con Kaizo, pues le había otorgado todo el poder a él, permitiendo que se adueñara de la situación. Ahora, por culpa de su indiscreción, se había quedado atascada en una encrucijada imposible de solucionar.

Cuando su cerebro se había quedado sin ideas, fueron sus emociones las que tomaron la decisión por ella. No escuchó las palabras que salieron de su boca, pero sabía que se iba a arrepentir de haberlas dicho.

—Bien —dijo Kaizo, sonriendo al ver que Sailor Mercury había jugado su juego—. Como dicen los genios de las lámparas, tus deseos son órdenes.

El efecto fue inmediato. Apenas se cortó la comunicación, hubo un pequeño pero sonoro estampido que hizo que todas las presentes giraran sus cabezas. Y, cuando vieron lo que había ocurrido, un silencio de muerte se hizo en medio de la calle. Sailor Neptune, en especial, sintió un horrible vacío en el estómago al ver el cuerpo de Haruka en el suelo, sobre un charco de su propia sangre. Temblando de la cabeza a los pies, Sailor Neptune se inclinó sobre el cadáver de quien alguna vez fue su novia y le tomó el cuello. No encontró pulso. El vacío en su interior se intensificó. Se quedó mirando a Haruka por dos minutos completos, lágrimas silenciosas cayendo sobre el pecho del cadáver, hasta que fijó sus ojos azules en los de Sailor Mercury.

Cuando ella sintió la mirada fulgurante de Sailor Neptune perforándola, se dio cuenta que Kaizo Nakamura tenía razón.

Había perdido el juego.