Capitulo 20
Felicidad, pero ¿Por cuánto tiempo?
El tiempo fue pasando, y sentía que la historia de aquellos meses de soledad, se repetía, pero con un ligero cambio.
Rosalie y Emmet se habían marchado a alguna parte de América, como vacaciones, y Edward, según tenia entendido, se había marchado con el clan de Denalli por un tiempo.
Solo se quedaron en Forks Carlise, Esme, Jasper y Alice. Pero ya no era lo mismo. No los veía con la regularidad de antes, e incluso ya no había amor en sus ojos, sino acusación. Este cambio me dolía, pero no entendían que era por su bien, tanto el de ellos, como el mi y como el de Edward.
Sabia donde estaba él solo porque Alice me lo contó, pero inclusive ella había cambiado conmigo, sabia que me culpaba por la repentina fuga de su hermano y que no aceptaba mi relación con Jacob.
En realidad, nadie la aceptaba, solo Jake, yo y nuestros padres estaban conformes con la misma.
Mis amigos humanos no podían creer que hubiera dejado a Edward, después de todo lo que había sufrido por él, después de todo lo que habíamos pasado. Y que ahora estuviera con Jake, no ayudaba a mi reputación. Solo Ángela, Ben y Mike seguían tan firmes como siempre a mi lado, aunque Mike parecía odiarme cada vez más por no elegirlo a él. Jessica y sus "secuaces" como en secreto los llamaba, no paraban de hablar mal de mí a mis espaldas, y aun más ella que no entendía como había dejado escapar a ese bombón por un indio, como ella misma dijo un día al pasar junto a mí de forma que lo escuchara a la perfección.
-¿Quién seria lo suficiente idiota como para dejar a un bombón, un ángel como Edward por ese indigne de la Push?-decía con un tono ácido
Todas sus amigas le festejaban el chiste, y una de ellas me golpeo con la mochila al pasar, y no fue sin querer.
Ángela se acerca a mí y me toma el hombro.
-Bells, tu sabes lo que haces y lo que sientes, no dejes que las opiniones de las personas ajenas a tu vida te influyan, excepto las de aquellos que te quieren de verdad. Esas opiniones puedes escucharlas y considerarlas, pero siempre actúa según lo que dicte tu corazón.- me aconsejo Áng.
-Si, lo se. Gracias, eres una buena amiga- y la abracé.
Estar sin Edward me permitió salir mas con mis amigos humanos e incluso incluir a Jake al grupo, aunque el y Mike seguían sin quererse. No me extrañaría ver un día de estos a Newton con Jessica burlándose de cuan idiota era, pero no quería pensar eso, viviría el hoy y dejaría el mañana para después.
Alice continuaba sentándose con nosotros en la hora del almuerzo, pero no hablaba mucho, y lo poco que hablaba, no lo hacia precisamente conmigo. Me dolía la actitud de ella, la quería muchísimo, era mi mejor amiga, pero no podía culparla por odiarme, lastimaba a su hermano, pero no podía decirle mis motivos por miedo a que Edward leyera sus pensamientos.
Tendría que resignarme a seguir contando vampiros como amigos, porque eso iba quedando en el pasado cada día un poco más.
Con Jake las cosas iban de maravilla, y con respecto a nuestra primera vez, no tenía que preocuparme por el hecho de que el no se había cuidado porque había tomado las pastillas y a los pocos días me vino y en fecha, así que no hubo problemas con eso.
Sin embargo no volvimos a hacerlo, acordamos que primero probaríamos más nuestra estabilidad como pareja, aunque si la situación ameritaba a eso, como aquella noche, ninguno se negaría.
Las cosas seguían su curso como debieron ser siempre.
Era humana.
Estaba con un humano, licántropo pero humano al fin.
Tenía amigos humanos.
Y por sobretodo, envejecía.
Todo seguía el curso natural de la vida, y era raro.
Era bueno tener preocupaciones normales, tener conversaciones normales de adolescentes, hablar con Ángela de mi primera vez y que ella me contara la suya con Ben. Todo era irreal, pero me gustaba, extrañamente me gustaba ser normal, ser mediocre. Pero no me importaba no resaltar en nada, ser normal, humana y torpe, porque Jake lograba hacerme sentir especial, y con el no sentía que había una brecha abismal que nos diferenciaba, porque ambos podíamos equivocarnos y solucionar nuestros problemas, y sabia que el me amaba mas que a nada, aun sin estar imprimado de mi.
Sin embargo, siempre en un rincón de mi mente, lo sobrenatural seguía presente.
Edward y Alice. Los extrañaba.
Victoria. Me acechaba.
Sam le dijo a Jacob que habían encontrado un rastro cerca de mi casa, y esta vez era el de ella mas el de otro vampiro, y que tenían que seguir la pista. Así que la manda se había dividido en dos. Una parte se había ido a rastrearla y la otra parte se había quedado para cuidar la reserva y para cuidarme. Obviamente Jake se quedo conmigo, y ya no era necesario que patrullara como lobo rondando mi casa, simplemente debía entrar en mi cuarto y dormir conmigo, solo eso, y el no tenia mucho de que quejarse, excepto claro de que yo hablo en sueños. Rogaba no mencionar a Edward, pero según el solo hablaba de Victoria y los Vulturius.
Los Vulturius algún día vendrían a buscarnos y no sabia que podría suceder ya que debía ser un vampiro para ese momento. Aun no le había contado a Jake de la historia aunque debía hacerlo.
Así paso mucho tiempo, y cada vez mas tranquila y feliz me sentía.
Hasta que, un día a la salida del instituto, veo un Volvo plateado entrando al estacionamiento, en dirección a donde se encontraba Alice.
Yo me quede mirándolo mientras mi corazón comenzaba a latir desbocadamente.
De aquel auto bajo Edward, con una gran sonrisa en su cara, pero el no estaba solo.
De l lado de copiloto, bajo una mujer de una belleza despampanante, tan bella que dolía.
Se acerco a el con pasos danzarines, y le rodeo el cuello con sus brazos, mientras besaba a Edward en los labios.
Tanya y Edward estaban juntos, no tenía ninguna duda de que era ella por su belleza y sus ojos dorados.
Los celos invadieron mi mente.
Edward mira hacia donde yo estaba y me saluda con la mano mientras con la otra rodea la cintura de la vampireza.
Al parecer no era la única que había encontrado a otra persona. Estaba feliz por él, pero a la vez me dolía.
Me marche con la mirada gacha, camino a buscar a mi novio, mi consuelo, y olvidar aquellos minutos que desequilibraron la felicidad en la que había estado viviendo.
