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Aquí y Allá, Inseparables

Colección de drabbles y viñetas Iwaizumi x Oikawa

Disclaimer: personajes no son míos


XXI. Mi mejor amigo Iwa-chan

Summary: Las niñas no podrán separarnos

Tenían once años cuando la profesora de japonés les dejó de tarea escribir una composición sobre un amigo. Fue una decepción para Tooru enterarse, el día de la entrega del trabajo, que el amigo que eligió Hajime fue Harry Potter. En castigo, Tooru le prohibió leer la composición que de todas maneras la maestra obligó a leer en voz alta a su clase.

Que lo tragara la tierra.

Mi mejor amigo Iwa-chan tiene el cabello de un erizo y la personalidad fea de toro infernal. Sus codos y sus rodillas siempre sangran porque Iwa-chan se la pasa el día saltando de los columpios y arrastrándose bajo los arbustos buscando bichitos. Yo le digo a Iwa-chan que hay que practicar bareboru y a veces me hace caso y otras veces no. Ayer por ejemplo, dijo que no.

A mí no me importa si Iwa-chan juega conmigo o no, siempre que podamos pasar tiempo juntos. Pero a Iwa-chan le gusta esa niña Hámster-chan del salón dos (aunque él diga que no es cierto), y esa niña es gorda y sucia y yo no entiendo qué es lo que tiene que a Iwa-chan tanto le gusta. Parece un cachalote. Debería llamarla cachalote-chan a partir de ahora.

Iwa-chan nunca quiere estar conmigo cuando está con Hámster-Cachalote-chan. Cuando Iwa-chan está conmigo y yo le pregunto por sus citas, él me responde con una golpiza. Ese es mi mejor amigo Iwa-chan. Es de lo más divertido cuando se enamora y aunque no quiera jugar conmigo, me da motivos para molestarlo y así yo me río mucho. ¡Las niñas no podrán separarnos!

Tooru halló aquella vieja composición exactamente once años después, arrugada y escondida en el compartimiento secreto de su vieja mochila de la primaria. Le inundó la nostalgia.

Recordó que, al acabar de leer, Hajime rojo como amapola, le lanzó sin piedad todos sus lápices de colores, y ambos se enzarzaron en tal lucha que terminaron en el despacho del rector, con sus padres de testigos para firmar un acta de comportamiento y compromisos. Veinte minutos después de la charla, ya estaban escondidos bajo arbustos buscando bichitos.

Qué fácil era la vida antes. Tooru alisó la composición sobre sus piernas y volvió a releerla. Se sintió orgulloso de sí mismo. A su escasa edad, logró capturar la esencia de Hajime con tal precisión que, salvando ciertos detalles, se podría decir que reflejaba muy bien al Hajime de los 22 años. O eso habría afirmado hasta hace algunos días.

Hajime, quien tenía el gusto averiado, siempre le gustaron gordinflonas. A Hámster-chan le seguiría Majinbu-chan, y luego la Piggy-chan. Hajime decía que eran amigas, Tooru sabía que era mentira; pero Hajime no confesó y las preguntas de Tooru quedaron sin respuesta, entonces…

Tooru se quedó contemplando la pequeña mochila, pensando en los últimos días.

… entonces Hajime se había hecho novia y esta se llamaba Chieko. Oikawa no lo sabía cuando le dieron una semana libre en la facultad, y aprovechando que viajaba a ver a la familia, le pidió a Hajime que le reservara un día para que se pusieran al día con sus vidas y de paso, conocer el nuevo piso en que Hajime vivía.

Hajime recogió a Tooru en la cochambrosa, y luego de recorrer las costas, recordar los buenos tiempos, y que Oikawa escupiera mil anécdotas, Hajime extrajo un catálogo de vehículos de la guantera, y le preguntó a Tooru cuál de los monovolúmenes encerrados en círculos le parecía el indicado para reemplazar a una camioneta de dos puertas.

Oikawa no sabía de autos, y habría dejado el asunto hasta allí. Pero de regreso al piso de Hajime, este se detuvo frente a un escaparate de coches de bebé, y luego al llegar, Oikawa descubrió varios biberones sellados sobre el mueble de la cocina.

Fue como si se rompiera un cristal en la cabeza.

—¿Qué está pasando aquí? —Oikawa levantó un cascabel del sillón—. ¿Iwa-chan?

Hajime le dijo que iba a ser padre.

Oikawa casi se desmayó.

—¿Es una broma?

—No bromearía con algo así.

Oh Dios Mío.

Oh. Dios. Mío.

—Fufu, ¡cuánto calor! Ay, n-no puedo respirar, Iwa-chan.

Hajime abrió las ventanas y le entregó un vaso de agua a Tooru. Se vio obligado a contarle su historia.

Hajime chocó con la chica Chieko en un festival. Él acababa de llegar, y ella, quien ya se iba, había estropeado su maquillaje con sus lágrimas . Entonces Chieko tenía tres meses de embarazo y su novio la había dejado.

—Solo Iwa-chan podría enamorarse de una madre —opinó Tooru luego de escuchar a Hajime—. ¿Te das cuenta en qué te estás metiendo?

Hajime se encogió de hombros.

Y allí estaba Tooru, buscando algún cachivache que le pudiera ser útil a su futuro sobrino adoptivo, cuando halló su mochila de la primaria, y luego la composición sobre su amigo Iwa-chan. Se sentía confundido. Hajime quien en la vida le había hablado de una chica, le confiesa de repente que está a punto de adoptar una familia. Y Tooru piensa…

¡Las niñas no podrán separarnos!

…Piensa que de tener que escribir una nueva composición sobre Hajime, conservaría la última frase.

Viven en ciudades distintas, apenas logran coordinar los espacios vacíos en sus agendas. A lo mejor Tooru cree que es la estupidez monumental tener veintidós años, llevar cinco meses de relación, y voluntariamente aceptar una paternidad ajena. Pero no se trata de Tooru, se trata de Hajime, y él que conoce a su amigo desde enano, sabe lo mucho que le cuesta a Hajime ser abierto y sincero con quienes le rodean. Es frustrante admitir que aquel cambio no se debe a él, pero reconforta mucho más ser testigo de su crecimiento personal, y le gusta lo que ve.

¿Es la peor decisión que a tomado Hajime? Sí, la peor de todas. Pero a Tooru tanto le da. Va a regalarle a Hajime su mochila de la primaria, para que guarde allí biberones, cascabeles, y las llaves del futuro monovolumen, y si encuentra más cosas que puedan serle útil, también se las dará.

Y eso es todo, por el momento.


Notas: Alguna vez Misossan me comentó sus ideas sobre un Iwa-chan padre, y en algún momento la idea logró desquiciarme tanto que acabé escribiendo esto. Esta viñeta se la dedico especialmente a ella; pero también, a quienes escriben composiciones sobre Harry Potter, a quienes coordinar sus agendas con sus amigos para lograr verse aunque sea unos minutos, y a Oikawa que casi se nos va cuando se entera que será un tío postizo (y a Hajime por soltar información de este tamaño con tan poco tacto).