Los personajes de Resident Evil no me pertenecen, son propiedad de CAPCOM, únicamente la trama, Mara y Alexander si me pertenecen. Queda prohibida la reproducción de esta historia sin consentimiento.
Aclaraciones:
Letra normal. –Narración general.
Letra en negritas. – Notas de autor, algunos pensamientos de los personajes.
Letra en cursiva. –Recuerdos, algunas frases.
Sorority Row
Ada Wong: ¿Dos caras o una mentira?
Capítulo final
[2/2]
Parte norte de Tricell. Tatchi, China. Septiembre 25 de 2018
Habían pasado por lo menos quince minutos, que para Claire se sentían como horas. Instintivamente llevó la mirada al pelirrojo el cual intentaba alejarse de los nuevos chicos a su mando. Desde su lugar la pelirroja admiró el semblante de Reíd mientras permanecían esperando órdenes para seguir la marcha. Habían caminado unos doce metros hasta completar las dos cuadras. La puerta frente a ellos se dignó a aparecer, dando por sentado que al fin estaban en la sala de experimentos avanzados. Myers abrió y contempló el interior. Dentro se encontraban seis anaqueles organizados estratégicamente según la zona, todos con llaves en el interior, marcadas de varias coloraciones, cosa que hacia fácil la búsqueda de su objetivo, el cual no parecía estar por ningún lado. Casi en reflejo miró a Steve y él rodó los ojos fastidiado caminando tras el segundo anaquel, donde reposaba un mostrador viejo que rompió con fuerza. Claire sintió ganas de reprimirle su acción pero al ver la llave prefirió guardar silencio, observando la nueva herida del hombre alrededor de su codo.
Aun sí le sonrió. Pese a seguir molesto al menos desistiría de ignorarlos.
–Aquí tienes pelirroja, lo que estos inútiles no pudieron encontrar – el pelirrojo arrojó las llaves y ella las atrapó. –Ahora vámonos de una maldita vez, este lugar no soportará por mucho.
Cierto. Quedaba poco tiempo para salir si Sherry había colocado los explosivos.
Steve detuvo sus pasos al sentir el dolor punzante de su brazo derecho. Viajaba desde el antebrazo y volvía inútil su mano a la hora de maniobrar. También la temperatura corporal había aumentado, o al menos así se sentía. Sin mencionar que todavía no se sentía del todo recuperado. Myers, al verlo trastabillar acudió a ayudarlo pero la mano de Johnson le impidió continuar, hecho que él agradeció. El rubio era menos insoportable que los otros, en especial el castaño admirador de la mota pelirroja y él estaba de pésimo humor para ponerles atención.
Myers siguió observándolo.
–Eh, señor Burnside… – habló el castaño, llamando la atención de Steve – puedo ayudarlo si necesita ayuda.
–No, puedo caminar perfectamente – se irguió, avanzando unos pasos adelante –, sabiendo mi respuesta caminen.
El equipo lo siguió. Johnson colocó una mano en su hombro, señalando el suyo propio. El pelirrojo entendiendo el mensaje dejó que el rubio le ayudara, apoyándose contra él como venía haciéndolo anteriormente. Claire contempló aliviada la escena. Tal vez Steve no fuera amable con la mayoría, pero al parecer había encontrado confianza en el rubio y eso era un avance.
Sonrió. Steve al verla frunció el ceño, tanta preocupación de Claire Redfield le molestaba de sobremanera.
Antes de decir comentario alguno, la sala principal les recibió. Todavia estaba conservada como Marcus lo había dejado y las nueve cápsulas contenedoras no mostraban otros cuerpos. La maquinaria seguía emitiendo sonidos infernales que podían dar paso a criaturas con capacidad de eliminarlos sin dudar. Contrario a lo que Claire podría decir, él estaba satisfecho con las obras del científico de Tricell y nada le haría cambiar de opinión.
Reíd dio un paso hacia el interior y un ruido se escuchó, lastimándoles los sentidos. Fuerte, con la capacidad de irritarles el tímpano. Él lo reconoció, durante las pruebas virales había escuchado el molesto sonido de la criatura siendo un prototipo. Al parecer, la criatura al fin había terminado el período de incubación y parecía ansiosa por destruir todo a su alcance.
–Oye Johnson, ¿este es el momento para preguntar qué demonios es esa cosa? – gritó Reíd, desenfundando el arma. Apuntó contra la criatura sin vacilación. El Bangor podía jurar los molestos sonidos se escucharían hasta el corredor –Realmente molesta, ¿Buscan matarnos con basura acústica? Esperaba algo mejor pero me equivoqué.
–Concuerdo contigo –apoyó Edward, cambiando la dirección de su arma. –debido al tamaño cubre mayor rango de intensidad. Reíd ¿puedes deducir la ubicación exacta?
–Lo dudo –le respondió el de los ojos azules –como última opción debemos seguir adelante, tarden o temprano nos toparemos con esa cosa. Hay un corredor, si continuamos la ruta podemos dar con…
El rubio sintió algo pegajoso gotear desde el techo, interrumpiéndolo. Miró hacia arriba, encontrando otra criatura que cayó al suelo. Tenía una larga lengua, los órganos expuestos dejando órganos visibles a la vista. Para Claire significó un dejavú aterrador. Había pasado años desde que habían visto los Licker de Raccoon, aunque estos se parecían, modificados gracias al nuevo virus, pero seguían siendo lo mismo y jamás olvidaría algo así nunca.
Steve Burnside dio un paso, Claire logró dar otro, anteponiéndose a Burnside protegiéndolo de cometer alguna estupidez. Estaba herido, no dudaría ni dos segundos en su estado. La sangre permanecía impresa en la camisa masculina volviéndolo el blanco fácil de cualquier criatura. Sin contar que los traería si localizaba la fuente del olor.
Les hizo una seña los suyos, ordenándoles en silencio dispersarse por el sector. Los hombres obedecieron, encendiendo las señales de radio en búsqueda del próximo movimiento contra la criatura. Para el grupo Claire Redfield era la mejor guía que ellos mismos, ella los conocía mucho mejor.
–Por su repentino acto agente Redfield, creo tendrá una manera de lidiar con esto ¿No? – llamó Edward tras el aparado. Claire suspiró, y el equipo lo tomó como un sí.
–Explicaré esto brevemente chicos, escuchen con atención –murmuró. El de cabello negro asintió, esperando su continuación. –si esta cosa sigue el mismo patrón a las de Raccoon, debemos ir precavidos. Esta criatura no puede vernos, pero nos detectará con sus otros sentidos especializados. Tiene un buen oído, aunque tenemos otra arma biológica anulando uno de ellos. Lo usaremos a favor de nosotros.
– ¿Cómo la perdemos de vista? – preguntó Adrián curioso. Claire sacó su pistola y sonrió. El plan que ejecutarían era extremo, pero si lo hacían bien podrían continuar.
–Usaremos un señuelo, una vez en posición los otros correrán para dispararle. Así que espero tengan buena puntería chicos, cuento con ustedes.
El rubio vio la hermana del capitán tomar posición de carrera desde el costado derecho ¿acaso no se detenía a pensar sus palabras si quiera? Solo por eso le daba un punto al pelirrojo y a su capitán. Claire Redfield no era una persona común, definitivamente.
–No seas un estorbo lindura, esa cosa te matará al menor despiste –siseó el pelirrojo, tomándola del brazo. Claire intentó zafarse, pero el pelirrojo aplicó presión y notó la alta temperatura emanar de su cuerpo, señal de que estaba avanzando la infección dentro de su compañero.
El equipo aguantó la respiración ¿Quién demonios se creía? El hombre parecía ser importante para Claire, o de lo contario ya lo habría golpeado. Adrián carraspeó incómodo. Reíd tosió, mirando hacia otro lado y Edward negó con la cabeza, entretenido
–De acuerdo agente, proseguiremos su plan –concordó Myers, intentando despejar la tensión. –Ya escucharon muchachos, tomen posición.
Steve soltó el agarre. La agente corrió. Escuchó el gruñido tras su espalda y ejerció presión sobre las piernas hasta sentir la contracción de sus tendones. Se inclinó y disparó hacia la cabeza. El cuerpo impactó contra el suelo, la sangre adquiría intensidad en el suelo. Luego otro sonido les alertó, definitivamente no estaban solos.
–Genial, problemas por todos lados –Reíd suspiró pesadamente, recargando la Beretta entre sus manos –parece que nuestro amigo no vino solo, el sonido de sus compañeros proviene viene de los conductos…
La mujer asintió, reconocía perfectamente el peculiar llamado del Licker pidiendo ayuda. Esa maldita criatura estaba pidiendo refuerzos, darían con ellos gracias al ducto de ventilación tarde o temprano. El sonido del metal rompiéndose le dijo a Claire que sería lo primero. Y por el rostro contorsionado de Steve, Reíd había dicho algo coherente para él.
Quisiera ayudarlos o no, debían trabajar juntos si querían salir de ahí.
Steve Burnside respiró aire. Su concentración de oxigeno había disminuido con el pasar de los minutos. El cuerpo seguía caliente, sus ojos resentían el exceso de las altas temperaturas. En cualquier momento colapsaría, estaba seguro, pero había decidido seguir adelante. No era el momento de hacerse el débil, lo sabía, las criaturas los matarían si no pensaban con claridad, podía escucharlos caminar por la ventilación. Ellos los matarían si no tomaban las precauciones necesarias y se movían rápido.
Algo le recorrió la espalda. El pelirrojo tocó el borde de la camisa, sintió la humedad entre sus dedos, una mancha sobre sus manos le indicó que la herida se había abierto otra vez tras los eventos previos. Sintió una oleada de dolor que lo hizo trastabillar. Se cubrió el rostro con las manos, poco importaba mancharse con su propia sangre, la sensación punzante dolía como el infierno.
El Licker mostró la lengua, aspiró el olor de la sangre fresca del ambiente. Aun así Steve empuñó el arma y disparó al ducto donde se escuchaban los ruidos. Algo de sangre escurrió por los agujeros mientras él quitó el sudor de su frente. El miró al pelirrojo. Steve no soportaría mucho tiempo, necesitaban estabilizarlo o moriría en el proceso.
–Reíd, cúbrelo –ordenó Johnson. Sacó una grada de su chaleco y le quitó, el seguro haciéndole una seña al resto señalando el objetivo. – ¡Ustedes, todos al suelo!
El rubio arrojo el explosivo y el cerebro de la mujer no alcanzó a procesar la situación con rapidez. Claire sintió el agarre de su cintura, seguido del impacto de la explosión contra su espalda, irritándole la piel. Luego abrió los ojos, encontrándose unos verdes mirarla enfadados, justo como él la había visto la primera vez. Tenía una mancha de sangre alrededor del mentón masculino. Steve frunció el ceño, observando las gotas de sudor que caían desde su frente y morían sobre la piel blanquecina. Escuchó el tiroteo de los jóvenes soldados haciendo el trabajo de eliminar esas molestas cosas infernales, despejando el perímetro que les daría ventaja por el momento.
.Lo siento Steve, yo… –se disculpó, limpiando el rostro del pelirrojo. Al hacer el calor seguía siendo insoportable, sobrepasando los cuarenta grados. No tenía que usar termómetro para saberlo. Claire bajó la mirada, la sangre de Steve había traspasado hasta tocar la suya. –Rebecca debe chequearte al menos, estas empeorando.
–Ese no es problema tuyo lindura, desde el comienzo estabas al tanto de las consecuencias de una herida infectada sin cuidados adecuados.
–Yo lo guiaré Steve –ofreció el rubio, tomándole de la mano. Él se dejó guiar, estaba débil para quejarse siquiera. Y de entre todos los estúpidos Johnson parecía ser el menos irritante.
Reíd se sintió tentado a preguntar por qué alguien como él trataba mal a la agente, pero dejó eso para después. Sus sentidos le decían que era algo complicado, además, necesitaban encontrar al sargento Coen. Habían perdido comunicación dos horas atrás y Billy todavia seguía sin dar indicios de vida. El hombre nunca avanzaría teniendo a Rebecca herida, como tampoco el equipo necesario. Además, estaba el bonus del arma biológica que lastimaba sus sentidos.
Claire irguió la postura, avanzando varios pasos adelante.
–Ahora continuemos, tal vez encontremos algo si seguimos ese camino –la activista apuntó el corredor derecho. –La ruta conduce a otra sala.
Johnson pareció satisfecho con la idea.
–Perfecto, seguro habrá un botiquín para el señor Burnside – comunicó. Steve gruñó, aunque siguió avanzando sin decir palabra algún.
La puerta apareció pasados quince minutos. El pelirrojo introdujo las llaves, todos escucharon el sonido del seguro abierto, Reíd abrió la puerta apuntando hacia el frente. Al parecer el lugar no tenía actividad viral, lo cual era un alivio.
– ¿Cuánto tiempo nos queda, Claire? –preguntó Myers con interés. Ella revisó su reloj de pulsera. Luego aspiró aire.
–Aproximadamente…
–Dilo de una maldita vez, lindura –regañó el pelirrojo. Ella cerró los ojos.
–Menos de dos horas – respondió finalmente.
El lugar traía consigo varias de las capsulas contenedoras que habían visto anteriormente. Algunas muestras microscópicas enmarcadas por sectores. Claire descubrió unas con colores rojizos sobre la mesa y aferró una plaqueta entre sus manos cautelosa, acompañada del pelirrojo. Ambos leyeron el papel silencio.
Reporte de experimento número: 08051203
Fecha de investigación a plazo: Mayo 18, 2015
Datos generales del proyecto: El cuerpo expuesto del proyecto Rockford ha terminado el periodo de prueba con éxito. La adaptación exitosa con el virus que plagaba su cuerpo funcionó adecuadamente y llevará una al menos una década antes de revisar patrones de disconformidad o inconsistencias anómalas. A pesar de dieciocho años cautivos, sigue siendo increíble que hubiera sobrevivido sin mostrar secuelas de extracción. Menos aun teniendo un virus con una eficacia perfecta.
Teniendo el éxito rotundo del chico Rockford, el siguiente experimento será con el sobreviviente de guerra y se comenzará el proyecto "Variantes de control mental".
–Vaya, esos inútiles atrevieron a jugarse la espalda de otra persona con tal de salir bien parados. Son unos malditos enfermos. –habló el pelirrojo, apartando los papeles con molestia. Claire apretó los puños. Su cuerpo tembló de la rabia, consiguiendo guardar la información en el bolsillo.
–Sin distracciones Steve, nos necesitan.
Primero debía mantenerlo con vida y seguir la misión.
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Parte sur de Tricell. Tatchi, china. Septiembre 25, 2018.
Jake golpeó suavemente la superficie del vidrio, comprobando la estabilidad de este. Era demasiado delgado para su gusto, si cometían un fallo él o Sherry no sobrevivirían para contarlo y las persona que supuestamente debían salvar terminarían siendo carnada fresca para un arma bioterrorista. El acto suicida de Sherry sobrepasaba los límites con creces. El marco deteriorado no soportaría el peso de peso de ambos o perderían estabilidad. Con un demonio, él no era arquitecto, pero esa cosa colapsaría en cualquier momento. Era estúpido arriesgarse por dos personas que no conocía, pero Sherry Birkin seguía fiel a su idea e ignoraba su opinión constantemente. ¿Era lenta para entender que morirían?
–Hey superchica, si vas a moverte hazlo rápido –habló tras el intercomunicador. –esto ya me fastidia demasiado.
–Eso hago Jake, dame tiempo para…
La criatura chirrió nuevamente. Jake volvió a sujetarse los oídos y maldijo en voz baja. Si tuviera que hacer una comparación, la criatura se parecía demasiado al proyecto Haos por el tamaño y consistencia, solo que aquella criatura la había matado Chris Redfield dentro de la plataforma petrolífera. El pelirrojo contempló a Sherry murmurar alguna cosa incomprensible bajando el peldaño, separados por dos metros de diferencia ¿Morir por intentar ser héroes? No iba con sus preferías, pero Sherry era la que siempre quería salvar el mundo e intentar convencerlo en el proceso.
–Bien Sherry, te di tiempo suficiente con tus planeaciones. Dime de una vez como demonios vamos a cortar esas malditas sogas. Debiste pensarlo en la marcha ¿verdad?
Ella sonrió incómodamente al pelirrojo de ojos azules que la observó con molestia. No tenía ni un plan siquiera y Jake se estaba divirtiendo de lo lindo con su sarcasmo innato, cosa que le ansiaba borrar la maldita sonrisa en sus facciones masculinas. Faltaban algunas horas para salir de ahí, estimaba al menos una hora por el palpitar de su reloj. No tenían el tiempo suficiente, despistar a la criatura les llevaría tiempo del necesario aun si tuvieran balas extras con qué disparar. La rubia agradecía la falta de visión de esa criatura, al menos eso daría minutos importantes y así poder sacarlos de ahí. Sherry alzó su cabeza, por posición de ambos había llegado a la conclusión que una sola cuerda cubría a los dos. Entonces debía tener algo de soporte con ella. Si no buscaban que era, caerían en cualquier directo a sus fauces.
Necesitaban rapidez, y la única manera de conseguirla era haciendo algo que a Jake no le gustaría para nada.
–Jake, sigo sin distinguir la procedencia de las sogas. Te sugiero saltar y corlar esa cuerda –respondió Jake frunció el ceño en respuesta a su petición. –es la única manera si queremos asegurarnos de que sobrevivan.
–Para el carro, sabes que me valen una mierda ellos Sherry. –puntualizó el hombre y caminó rabioso por el inestable cristal. ¿Quién se creía la Birkin para ponerlo siempre en el bando del bien? Él no estaba a disposición de ayudar a nadie. Se cubrió la cara con las manos, hastiado –Pero maldita sea, es peligroso para nosotros…
–Por favor Jake, será el último favor que te pido, no seas un idiota – le reprochó enfadada por la negativa del pelirrojo. –Ellos merecen vivir, y tú no eres alguien capaz de jugar con la vida humana como alguien que marcó la tuya sin conocerlo. Eres mucho mejor….
Jake suspiró, masajeándose las sienes. Sherry lo estaba haciendo, estaba comparándolo con un bastardo que no se parecía en nada a él. Nunca lo había conocido, pero le guardaba el odio por haber abandonado a su figura materna cuando había enfermado. Nada, el infeliz tenía merecido encontrarse bajo la tierra por sus estupideces, pero Sherry no era Wesker. Ella si lo había ayudado y solo por eso cedería.
Era la única que creía en él, aun cuando todos le decían lo contrario ¿por qué no hacerlo con ella entonces? Sherry no le fallaría.
–Demonios Sherry, tu ganas. Hagámoslo antes de arrepentirme, espero que Redfield de verdad me pague el resto. Lo dejaré en banca rota por bastardo.
La rubia sonrió al escucharlo, aunque odiaba usar a Wesker dentro de su oración era la única manera de hacerlo entrar en razón si querían salvar a Rebecca y compañero.
–Bien, sigamos entonces nuestro plan –Sherry arrojó el arma contra el suelo. Recordó rápidamente las lecciones de Leon sobre el manejo de armas a corto alcance, desenfundando su cuchillo táctico y se dejó caer. A una distancia de las personas cortó la soga y Jake saltó desde su lugar, alcanzando el cuerpo de Rebecca entre sus brazos.
Su espalda chocó contra el concreto, rompiéndole los músculos o al menos así se sentía. Siseó adolorido levantándose, quedar varado a esas aturas era imperdonable. Depositó a la mujer sobre el piso y un nuevo dolor le invadió los sentidos, impidiéndole al pelirrojo quejarse a gusto pero algo incrustado tras la espalda le hizo entender el motivo de su creciente dolor.
Había sangre en el piso, señal de que algo había traspasado la línea de sus omóplatos.
Genial.
Alzó el rostro, el segundo cuero iba en dirección hacia el piso y se tiró, aferrando el cuerpo del sargento. Intentó despejar el dolor, depositando el cuerpo sin delicadeza unos metros delante de Rebecca Chambers. miró hacia arriba, su compañera luchaba por sujetar las sogas y falló al tercer intento, colisionando contra otro barrote mélico casi en cámara lenta..
Jake gruñó, acortando la distancia distinguiendo la mancha de sangre hacerse grande, empapando el lugar e inconscientemente apretó los dientes. Se sentó junto a ella, mirando de reojo a los otros dos y al menos la bioquímica no pareció sufrir daños severos, Coen que se cuidara solo.
–Parece ser una manía tuya esa de andar perforándote el cuerpo, superchica –vaciló el pelirrojo. La mujer le sonrió débilmente, extendiendo la mano hacia él.
–Entonces ya sabrás que solo debes sacarlo, Jake. Estaré mejor en unos segundos.
El hombre obedeció, jalándola de los brazos suavemente para sacarla de ahí, tratando de ignorar el molesto sonido del arma biológica que caminaba hacia ellos, sus sentidos les indicaban que los había encontrado por la sangre de Sherry. Al sacarla escuchó cómo el tejido de piel femenina parecía repararse y el ladeó su rostro aliviado. Ese dichoso virus G le ganaba por creces a su propio virus que solo era un anticuerpo adaptado gracias a la sangre de ese bastardo. En cambio Sherry no había necesitado tener una sangre privilegiada gracias al virus. Los padres de Sherry habían creado algo horrendo y no tenía que ser un científico para saberlo. Aparte, sus dos padres eran compañeros o amigos, por eso compartían las similitudes hereditarias enfermas.
Metros atrás, Rebecca consiguió abrir los ojos con pesadez. El cuerpo entumecido de manos a pies le dijo que habían pasado varios minutos perdidos ¿Quién los había rescatado? La respuesta llegó cuando posó su mirada azul en las sombras frente a la bioquímica. Desde ahí, logro distinguir la figura prepotente de Jake Muller ayudando a Sherry a ponerse de pie. Entonces parpadeó y esforzó su cabeza intentando recordar cómo había llegado hasta ahí, pero un desgarrador sonido le impidió pensar con claridad ¿cuánto tiempo llevaba inconsciente?
Si su memoria no le fallaba, lo último que recordaba era la sala de cultivo. Varias cámaras de seguridad, a Reíd y Myers pedir ayuda, luego un hombre rubio con mascara, seguido de gas aturdidor. Si, hasta ahí llegaban sus recuerdos pero algo no pareció encajarle ¿Dónde rayos estaba el sargento Coen?
Vio a Sherry sonreír aliviada, apoyándose contra el chico Muller caminando hasta ella. Rebecca le tendió la mano, poniéndose de pie gracias a su ayuda. Los observó a ambos, preguntando en silencio si habían visto a su compañero y la rubia ladeó el rostro. Chambers la imitó, encontrando otro cuerpo inconsciente sobre el suelo. La química avanzó lentamente, examinando las heridas. Afortunadamente no se encontraban abiertas como también logró ver otras nuevas. Rebecca concentró su atención en los signos vitales básicos. La respiración, el pulso y los anexos parecían estables, por lo cual sacudió al castaño.
Billy gruñó. La cabeza le dolía horrores. Pero antes de preguntar algo penetró sus sentidos sensibles. Alcanzó a ver el semblante de la bioquímica junto a Sherry Birkin junto al hombre pelirrojo que recordaba del todo, pero sabía por Barry que él había sido su compañero de cuarto, en la doble misión.
–Me alegro de ver caras conocidas –reconoció el sargento adolorido. – ¿Cómo llegamos a este lugar? Reíd y Myers venían con nosotros ¿saben algo de ellos?
–En primera hombre de marina, no sé quiénes sean esos tipos y me importa poco saber de ellos. Es más, ni siquiera te recuerdo. Ah, si tienes ganas de preguntar otra la cosa que intenta matarnos con sus ruidos infernales tampoco sabemos de dónde salió, aunque los quería cenar si no hubiéramos llegado.
El sargento alzó una ceja, vaya temperamento se cargaba ese hombre.
–Tranquilo Jake, ya entendió –la rubia suspiró –lo siento sargento. A mi compañero le cuesta tener tacto con otras personas.
–Él tiene razón, nos queda poco tiempo para salir.
Rebecca asintió, aunque si ellos debieron ser rescatados y Sherry no hubiera eliminado a la criatura era significado que aquella era el mismo animal el cual había atacado a Reíd en el área de cultivo. Y ellos no contaban con el armamento necesario para derrotarlo de todas formas.
La criatura gruñó. Y ella comprobó que de verdad era esa.
Maldición. Estaban en serios problemas contra reloj.
…
–Este parece ser el lugar – masculló, caminando a paso lento entre los pasillos que conformaban el área sur de Tricell. Traía consigo un mapa, el cual tendió sobre el escritorio de madera sin prestarle atención a la escena de batalla que al parecer tuvo lugar dentro del cuarto. La sangre seguía tan fresca que frunció el ceño, conteniendo las ganas de devolver el contenido de su estómago. Dentro de dicho papel había varios puntos verdes encerrados en círculos y, para haberlo encontrado en el primer piso podía apostar que la escena frente a ella contaba con movimientos imprudentes e improvisados. Por lo tanto, apostó que había sido obra y mano de Claire Redfield el atraco, con algunas personas en el camino.
Ante el pensamiento frunció más las cejas, confundida. No sabía exactamente el paradero de la pelirroja o Chris, pero por los ruidos debían estar al menos dentro de los últimos pisos y el aire denso volvía el olor penetrante para su gusto. Aunque se alegraba de ver un arma que en el suelo intacta, otro punto para reafirmar la presencia de Claire en ese lugar.
Atravesó la esquina, sin hacer movimientos bruscos, pues todavia le quedaba la semilla de la duda, y la compañía era demasiado grande para tener otras criaturas rondando con libertad. Según el mapa, Hunnigan llamaba a ese lugar la sala de conectores. Al ver la puerta abierta encontró una bomba que reconoció como suya y siguió avanzando. Un dolor le atravesó el cuerpo, sujetándose la mano derecha herida que Chris había golpeado, al parecer seguía reciente el corte, dejando la movilidad de la extremidad al mínimo. Las superficiales todavia no habían cerrado completamente, lo sabía, conocía demasiado el proceso de regeneración y su duración. Algunas parecían más sanas a otras gracias al parasito que recorría sus venas con violencia. Pero, había algo que alguien no había visto cuando coloco la bomba. Un espacio obscuro, el cual interrumpió y entendió la linterna para tener una mejor visión.
Escuchó primero pequeñas voces hablarse entre ellas. La mujer reconoció la voz de Alexander tras la pared. Tomó un trozo de metal y rompió el concreto, despejando las partículas de polvo. Encontró algo parecido a la celda donde la habían encerrado al llegar. Apuntó con el aparato entre las manos, tocando los barrotes metálicos. La familiaridad de ese asqueroso lugar no tenía duda. Si, ahí la habían llevado.
Un segundo punzón en el pecho atravesó a Jill Valentine. Ella aspiró aire, no recordaba demasiado de la lucha contra Chris, solo lo necesario gracias a Barry que le había contado los detalles dentro del helicóptero antes de separarse. Al parecer, el asunto del suero P30 seguía siendo molesto e irreversible, cosa que la volvería un punto fácil para ser manipulada nuevamente.
–Alexander ¿estás ahí? –habló suavemente esperando alguna ubicación del niño, caminando hacia el interior.
– ¿Tía Jill? –la rubia dejó escapar el aire contenido en sus pulmones al escuchar la voz de Mara Kennedy. –Por aquí estamos.
La rubia los buscó, adentrando su cuerpo aún más a la obscuridad. Entonces, dos figuras aparecieron, una resguardando a otra pequeña y Jill le agradeció en silencio a la menor de los Kennedy por cuidarlo. Se acercó a los niños, Alexander a verla la rodeó en un abrazo. Él le llegaba a las rodillas, la rubia consiguió inclinarse y sentir su cuerpo cálido. Al fin los había encontrado.
–Escuchen, quiero que me digan cómo llegaron aquí–pidió serena, acariciando los cabellos del menor. Mara posó una mano sobre el hombro de Jill. Aquel gesto le recordó a la rubia el parentesco exagerado con su figura paterna. Únicamente el gesto tenso de Victoria contrarrestó sus pensamientos.
–Un tubo, tía Jill –respondió la Kennedy, señalando hacia atrás. Los ojos grises de Valentine observaron una capsula pequeña con un ligero corte, al parecer alguien intentó sacarlos de ahí sin poder hacerlo. –Estábamos encerrados y el tubo me dejó primero mí, Alexander llegó después pero… madre necesita nuestra ayuda.
La rubia apuntó hacia las celdas y Jill los dejó, inspeccionando el lugar. Al ver la silueta estilizada sobre el suelo, algo se apoderó dentro de ella. Era imposible ¿qué tantas cosas se había perdido hasta ese momento?
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–Oye ¿te sientes un poco mejor? –preguntó la pelirroja otra vez, sentándose junto al pelirrojo. Johnson optó por sentarse a meditar unos momentos, ello le permitió a Claire seguir vigilando el estado de Steve. Se acercó, depositando sus manos sobre la frente masculina. Las líneas de fiebre habían bajado considerables, hecho que haría fácil volver al ruedo. Lo único faltante era su respiración irregular, lo hacía jadear en varias ocasiones buscando oxigeno vital o moriría asfixiado por su propio organismo. E inconsciente, su mirada viajó a los labios partidos y resecos del hombre. Claire sintió la necesidad de preguntarle sobre sus heridas infectadas, más él no estaba de buen humor, en lo absoluto.
Si las hipótesis del virus A eran ciertas, a los cuerpos les tomaba unas cuatro horas antes de convertirse en criaturas enfermas devoradoras de carne. Steve apenas rozada las tres, entonces aquellos signos del reporte ya debían verse ¿debía matarlo considerando el tiempo? Las palabras de Chris volvían a ella, destruyendo la confianza que había creado conforme avanzaban y seguía de pie.
–He estado mucho mejor antes de conocerte, lindura –expresó el pelirrojo, cerrando los ojos e inspirando lentamente. –Si seguimos perdiendo el tiempo, volverán a encontrarnos, no me apetece luchar dañado.
El pelirrojo exhaló. A pesar de haber tomado una desviación hacia el oeste, eliminar a las criaturas nuevas de Marcus había sido una jodida. Si algo apreció del rubio Douglas era esas manías perfeccionistas que lo volverían invencible. El científico de Tricell había ganado su respeto gracias a su intelecto. Y no solo él, hasta Annette reconocía al hombre como su igual, respetando la posición enferma de Marcus, caminando a su lado. Y a Marcus parecía gustarle el complacer cualquier capricho que saliera de los sabios de Annette con tal de hacerla feliz, aun si tuviera que recrear el infierno para ella.
Unos ruidos los distrajeron del pequeño descanso.
–Este lugar parece algo movido, agente Redfield –opinó Reíd, irguiendo su postura, extendiendo el brazo a Steve para levantarse. –Hemos encontrado a uno de nosotros, o tal vez alguna criatura inmensa capaz de matarnos.
–Espero sea lo primero, las municiones se nos agotan –respondió Edward. –Avancemos…
La balacera se escuchó del lado contrario. Claire guio a su equipo en silencio y encontró a su hermano disparando sin piedad hacia el Kennedy, tras el dos personas. La pelirroja entendió el problema corriendo hacia el mayor, impidiéndole el paso. Chris reaccionó al verla y cesó el tiroteo con abrupto. El pelirrojo gruñó, distinguiendo a Marcus Douglas dentro del paquete. Al parecer, Marcus había predicho los encuentros bastante bien, él encontró al hermano primero que cualquiera y la idea de unirse sonó tentadora. Estaba harto con tanta palabrería sin sentido mientras corría riesgos de muerte por proteger al molesto mote rojizo.
Johnson empuñó el arma, uniéndose a la agente Redfield. Steve dejó de tener protección alguna, pero no había tiempo para pensar su escapatoria. Su líder parecía tenso y reacio a seguirle disparando a todos. Él admitía que la situación se les estaba escapando miserablemente, como igual Chris no soportaría la rabia, él volvería a disparar en cualquier momento a los culpables de estallar el atentado bioterrorista. Estuviera Claire o no presente. Y el rubio optó por disparar si las cosas adquirían una tonalidad violenta, eso si podía evitar que la hermana del capitán cometiera alguna estupidez.
Marcus saboreó la tétrica escena entretenido. Sus planes habían acertado con una precisión sublime. Desde el perfecto plan de hacer dudar al mismo Chris Redfield hasta enfrentarse a su compañero. La determinación y confianza del soldado acabarían con él antes que Leon si ambos seguían. Tal como Annette lo previó en el momento, antes de iniciar el proyecto cuando recién se había instalado.
–Sigo esperando la respuesta, capitán –se mofó divertido el científico. – ¿Qué hará, acabar con la vida de esa mujer o nos matarás a los cuatro? ¿Le harías daño a tu preciada hermana solo por un arrebato de furia?
Antes de que Chris contestara, una voz se escuchó interrumpiendo la pelea.
–Este tipo no matará a nadie –sentenció. –No puede hacerlo ahora, será un mal ejemplo para alguien…
El equipo se giró y Reíd tragó saliva al ver otra silueta femenina que todos conocían bastante bien, ella apuntó con el arma y Chris bajó la suya. Los ojos grises de Jill Valentine relucieron. Grises, serenos, cabreados por todo el momento fuera de combate. Tras la mujer, el castaño distinguió al primogénito Redfield acompañado por otra figura similar al rubio Kennedy.
Jill se encaminó ante la mirada tosca de su esposo. El Redfield casi olvidó la situación.
Casi.
–Ya escuchaste a Leon, Chris. Ella dista de ser quien crees –La Valentine le apuntó, hecho que nunca sucedía. La rubia solía llevarse medianamente bien con la agente de la FOS. Y en respuesta a sus palabras, la castaña le sonrió con malicia impregnada.
–Has despertado Jill, creía que nunca lo harías – contestó la mujer, aplaudiendo aquella escena. – si dices la verdad, ¿Dónde se supone está la verdadera Ada Wong?
La rubia sonrió. Hizo una seña con su mano, invitando a otra persona al encuentro. Una figura apareció entre las sombras, hecho que dejó estáticos al equipo Alpha y Reíd se palmeó el rostro, ¿acaso estaría viendo doble? Chris parpadeó confundido. Sintió otro maldito dejavú cuando la otra mujer apareció completamente. Ambas tenían el mismo rostro y diferentes atuendos.
Rojo contra azul.
¿Qué demonios estaba pasando?
–Sorpresa…
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.
—Hemos llegado, Señora Withlock. Oficialmente entramos a la tercera compañía – informó una agente, dando los datos generales del aterrizaje. La mujer observó el ceño fruncido del ex líder de Umbrella. En silencio, Johana esperó la señal para seguir el consentimiento del proyecto. Y, al verlo sonreír imitó la acción.
– ¿Quieres hacerme el honor querida? –Neith le pasó el intercomunicador. Ella aceptó el objeto, colocando bajo su oreja dicho aparato. La señal corría en directo con el helicóptero que les daría la bienvenida.
–Pueden comenzar el plan – susurró. Seis helicópteros hicieron su aparición, cuatro de ellos traían consigo contenedores activos. Uno dejó caer el primero, que liberó una criatura considerable. La última adquisición que cumpliría con acabar con cualquier cosas hecha por Marcus.
El segundo contenedor dejó caer otra criatura. Se parecía demasiado a los gigantes de Edonia, pero esta era mucho mejor. El cuerpo putrefacto, cuarteado del craneo hasta los pies, la carta máxima de la mutación del jefe de seguridad nacional estaba listo para seguir luchando. Sin duda, otra arma de destrucción masiva, cosa fácil de encontrar durante el atentado de China.
– ¿Entramos Johana? –preguntó el anciano, mostrando su dentadura blanca. Ella asintió. Ya quería verles el rostro al bastardo y esa mujer estúpida. Cuando vieran su regalo, seguro recordarían a quien habían olvidado todo ese tiempo, pero que nunca había dejado de buscarlos….
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– Santo dios, ¿qué demonios es esa cosa?
Sherry se sorprendió que en lugar de Jake, fuera Billy Coen quien pronunciara las palabras toscas. La rubia escuchó los impactos de las balas acabar contra el metal y algunas paraban en el arma biológica. En un acto de cordura la rubia jaló a Rebecca del brazo para evitar heridas innecesarias. Volcó una mesa, refugiándose ambas ahí mientras vio al castaño seguir disparando sin herrar. Era increíble, producto de sus años en el ejército naval, seguro. Jake gruñó por al alguna razón y ella curveó los labios. Jake parecía odiar a las personas mejores a él, Billy Coen había ido directo a la lista mental de pelirrojo sin saberlo siquiera.
La pared crujió bajo sus pies, aturdiéndolos. Grandes cantidades de polvo se concentraron volviendo difícil el proceso de respiración natural. Sherry tosió, intentando despejar los pulmones, pensando con qué demonios podían parar esa cosa. Era gigante, de al menos unos nueve metros. Coraza con algunos centímetros de grosor y traía consigo algo parecido a un mazo de madera en la espalda.
Inconscientemente miró el reloj. Habían pasado otros treinta minutos y el tiempo pasaría volando si seguían perdiendo el tiempo. Era hora de actuar contra presión.
Sherry escuchó los pasos de Jake, acompañado con Coen. Al parecer el pelirrojo desistiría su molestia para tomar el mismo camino. La criatura gruñó, no les quedaba otra opción salvo eliminarla y la castaña dio dos pasos hacia atrás, mirando de reojo los anaqueles. Si hacia lo que pensaba, ganarían algo de tiempo desviado los cuatro distintos tipos de olores. Si no era del todo lista, funcionaria.
–Escucha Sherry, puedo llegar hasta las estanterías y conseguir tiempo –musitó Rebecca, saliendo del escondite. –Llamaré a Billy por el radio, estaré bien.
–Iré por el otro lado –apoyó Birkin a Rebecca. –Ten cuidado.
Las dos corrieron en dirección opuesta. La rubia jadeó sintiendo cómo sus pies músculos se contrarían gracias a la presión de los pies. Sherry escucho el sonido de los pasos de Rebecca e inclusive podía oír a Jake desde la distancia.
Billy quitó el sudor que recorría por su frente agotado. Disparó varios puntos aparentemente débiles pero la armadura parecía tener al menos unos nueve o diez centímetros de grosor, algo que difícilmente podía traspasar una bala cualquiera. Rebecca había hablado con él sobre una táctica de separación y parecía resultar a duras penas mientras estaban separados. Ello le recordó al sargento el nauseabundo olor combinado gracias a distintos tipos de ácidos, ¿Quién habría creado semejante criatura?
Por otro lado, la mujer rubia había colocado un detonador y tenían menos tiempo del indicado. Según ella, el margen de detonación volaría el complejo cuando ni siquiera sabían la ubicación de sus otros compañeros. Reíd acompañaba a Myers y era buenos en sus trabajos, estarían bien si seguían juntos. De Chris Redfield no estaban al tanto, como de su hermana pelirroja, el comandante Burton o los Kennedy
– ¿Van a irse tan pronto? La diversión apenas comienza…
–Te equivocas, estaba esperándote infeliz.
La contractura en el cuello de la rubia le impidió decir palabra alguna ante el tono arrogante del atacante. Parecía disfrutar sus ceños incrédulos y no esperó que los encontrara demasiado rápido. Alguien paró junto a ella, con una tensión mucho mayor a la de ella. Giró su cabeza despacio, Jake frunció el ceño dando un paso hacia el hombre con gafas obscuras.
Maldición. Maldición. Maldición.
Lo inevitable había llegado.
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El mismo color de ojos. Piel, cabello, expresiones faciales y pose altanera. Hasta ahí se parecían las dos mujeres frente al soldado. La única diferencia entre ellas yacía en sus vestiduras. La primera, tras el científico vestía de blusa amarilla con pantalones negros. Bata de laboratorio blanca. La otra rojo y negro.
Chris volvió su mirada a Jill, ella permanecía reacia en apoyar a la segunda mujer pero algo no parecía encajar completamente. Dos personas así no podían haber en el mismo espacio. Ada Wong ¿dos caras o una mentira? ¿Qué diablos conseguían teniendo otra igual? Imposible.
Aun así empuñó su arma nuevamente. El hombre rubio responsable del atentado bioterrorista parecía demasiado cómodo con ella, como si ya se hubieran conocido antes. A pesar de tener una herida de bala en la pierna izquierda, parecía ser orgulloso para demostrar dolor alguno. Él desde ahí veía claramente la extensión de la sangre impregnar los pantalones azules del científico.
Leon entreabrió los labios, asimilando lo que tenía en frente. Había dos personas iguales a la madre de Mara, pero él apoyaba la teoría de Jill. Ada aún no parecía tolerar del todo a Chris Redfield, más nunca había intentado hacer algo perjudicial contra él por ser el padre del niño con el cual Victoria pasaba la mayoría del tiempo. Entonces no había mucha coherencia que la secuestrara a ella y manipular una compañía bioterrorista en el proceso cuando se había unido al F.O.S como medio de redención y Leon Kennedy conocía a su esposa, Ada jamás arriesgaría su vida por segundas personas, menos un científico que él no conocía y del cual la otra mujer defendía con determinación. Él no recordaba verlo de ningún lado, tampoco le sonaba familiar el nombre de Marcus Douglas.
–Me equivoqué contigo varias veces Ada. Lograste sobrevivir bastante bien –Felicitó la mujer, dando vueltas en círculos, con sus botas resonando insistentes contra el piso. –Lo que decían de ti no era del todo una mentira, te daré el crédito solo esta vez
–Siento que seas tan ingenua Carla, esto ya te llevó a la muerte una vez.
El silencio se apoderó del ambiente. Jill abrió los ojos entendiéndolo todo. Solo existía una persona en el mundo con un odio hacia ellos y capacidad para vengarse. Su esposo era el principal sospechoso al ser una de las personas que intentó capturarla y por las cuales perdió la vida durante el atentado del virus C, lo sabía ya que Chris lo había escrito en sus expedientes y ella terminó de investigar el resto del paquete gracias a Wong.
Carla Annette Radames había sido una científica prodigio. Temida gracias al trabajo de infectar dos ciudades, provocar la muerte a setenta mil personas en una simple cuidad. Había usado los anticuerpos de Jake Muller para reforzar y hacer más peligroso el virus. Y, Ada también se implicó por la simple lógica de su ira enfermiza, ya que Simmons la había usado para suplantarla. Seguía resentía por ser otra, una obra barata de clonación con su mismo virus gracias al hombre que ella admiró. Lo podía ver claramente en sus ojos verdosos.
Sentía pena por ella, pero ello se terminaba ahí.
–Oh Ada, te equivocas. Solo fueron piezas de un tablero que se fueron acomodando, ¿no te divierte tener a Marcus nuevamente aquí? Una lástima que tu flamante esposo nunca se entere de tus cosas ¿acaso no puedes ser una esposa normal y dejar de mentirle es imposible para ti?
La agente del FOS sonrió ante el reto.
–Por supuesto. El señor Douglas siempre giró tu mundo, aunque nunca llegaste a nada con él porque estaba en otras manos ¿No te molestó siquiera un poco, Carla? Te encaprichaste por Simmons y al final el también prefirió a otra.
Ada Wong recordó a la joven mujer rubia cuando visitaba a Simmons. Solía mirarlo de reojo cuando trabajan en Tricell y ella era su asistente. Marcus Douglas siempre la había apoyado en todas sus facetas de trabajadora activa, no le sorprendía verlos juntos a pesar del tiempo. Eran un dúo, Derek solía llamarlos así con orgullo, volviéndolos unos seres sin compasión. Pero Carla había cometido la idiotez de enfrentarse contra su familia, eso jamás se lo podría perdonar aunque hablara con Leon después.
–No seas estúpida Ada –siseó Carla, tanta palabrería le asqueaba. –Has llegado demasiado tarde, el plan se completó, tu encantadora hija lleva entre sus venas el cultivo de un peligroso virus y el otro será un posible creador de armas biológicas. No podrán salvarlos.
–Te voy a matar, maldita…
Chris se unió a la discusión cuando el suelo comenzó a temblar a la par del techo partiéndose. Los escombros cayeron sobre sus cabezas y miles de proyectiles balísticos que parecía provenir de algún lugar impactaron contra el concreto creando ruidos por todos lados. El castaño aprovechó la distracción y jaló a Jill del brazo con los dos niños, cubriéndolos con su cuerpo bajo los muros que hacían inestable el terreno.
– ¡Busquen refugio, no soportará demasiado!
Claire sintió un agarre alrededor de la cintura con fuerza y supo quien la había protegido nuevamente pues los ojos molestos del pelirrojo la seguían de cerca. Su cuerpo herido servía como una especie de escudo, pero él seguía débil después de todo y su temperatura volvería a subir en cualquier momento. El calor de su cuerpo lo confirmaba, pero para su mala suerte el único médico eficiente seguía desaparecida cuando él necesitaba ayuda con urgencia o la infección ganaría la batalla, cosa que no quería desde la primera vez que se encontraron. Además, todavia tenía esperanza en las palabras certeras de Rebecca y hasta quitarse las dudas, se salvarían… lo salvaría.
El techo quebró completamente, algo gruñó rompiendo los trozos de concreto volviéndose cada vez más visible. Ella reconoció esa voz, bastante bien y todos los implicados en China también.
–El bastardo de Simmons –murmuró la pelirroja, observando atónica el monstruo que había sido el ex consejero de seguridad nacional. – ¿No se supone que lo mataste Leon? Al parecer te falló algún detalle.
– Tal parece que ni en el infierno lo quieren. Lo siento Simmons, estarás ahí una temporada más –respondió el Kennedy. –Busquemos una manera segura de salir.
Marcus Douglas admiró a la criatura en silencio. Contrario a ellos no había visto a Derek desde su salida formal de Tricell. El rubio miró de reojo a su compañera sonreír. Annette parecía disfrutar su obra maestra a pesar de ser uno de los hombres más influyentes en ella. Carla había sacrificado cualquier cosa para tener su respeto, incluso la locura de ser otra persona para hacerlo feliz.
–Acabaste de una manera tan miserable Simmons –habló hastiado el rubio sin perder la sonrisa mordaz. –Annette tuvo razón, eres demasiado patético Derek. Ahora si nos disculpas, debemos irnos ahora.
El rubio tironeó la mano de la mujer, despistando a los otros. Ya esos tipos se encargarían de lidiar con ellos. Sus cartas estaban bien jugadas, nada podía hacerse a esas alturas y solo quedaba la visita de los ancianos para sellar la victoria.
– ¡Capitán, escapan! – gritó el rubio Johnson informando la situación. El joven se concentró en cualquier cosa menos distraerse de esa cosa que intentaba matarlos. Por otro lado, debían escapar cuanto antes. Si la agente Birkin había cumplido su parte estaban contra reloj al no saber el tiempo transcurrido. Solo les quedaba improvisar, pero primero debían eliminar a Simmons lo más rápido posible, por lo que caminó hasta quejar junto al hombre rubio amigo de su capitán, él tenía mayor experiencia. Era el último hombre en enfrentarse a él
–Agente Kennedy, si tiene una idea para derrotarlo, la recomiendo decir ahora – presionó. Leon frunció los labios.
–No lo creo, se necesita algo como un misil o múltiples granadas ¿tienes algo de eso?
–Reíd puede proporcionarlos. Ama las detonaciones –Sentenció – primero hay que llegar a Bangor antes de Simmons.
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Rebecca entreabrió los labios, sintiendo esa familiaridad antes sentida. Aun así, ella no era una joven inexperta, el otro menos su antiguo capitán. Wesker había cambiado poco desde la última vez.
–Wesker –murmuró suavemente, atónita. –Tus ojos son normales…
Hacían demasiados años de no ver el tono azul del hombre por haberse inyectado el virus T aquella vez en las montañas Arklay. El hombre debía estar muerto por gracia de Chris, pudriéndose en algún lugar de áfrica. habían pecados que debería estar pagando con creces al hacerles la vida un infierno y vender a sus compañeros ¿cómo podía siquiera estar vivo?
–Vaya, al fin aparece el tan hablado Wesker frente a mí –exclamó el pelirrojo. –eres un jodido dolor de cabeza.
Todo calzó con extraña fluidez. El silencio de Sherry, la negativa del capitán imbécil y el misterio alrededor de él ¿cómo había sido tan idiota para no captar las señales? Al fin tenia al hombre que le había heredado su legado estúpido y se deshizo de su madre enferma en Edonia.
Era irónico, desde pequeño había deseado el momento de encontrarse con su progenitor, pero ahora las ganas de matarlo podían más que el interés propio. Wesker era un maldito destructor que no merecía tener su atención.
– No pasaran de este lugar, mocoso –El rubio apuntó hacia ellos, amenazado con dispararles en cualquier momento. –Si dan un paso más morirán.
Jake rió, cabreado. Si ese inútil pensaba detenerlo estaba muy equivocado.
–Siento corregirte anciano –el Muller avanzó, tronándose los dedos. –Aquí el único que dejará el mundo en paz eres tú. Déjanos pasar y todo saldrá bien.
El labio de Sherry tembló ante las palabras del pelirrojo. El odio de Jake por Albert era demasiado perceptible para ser ignorado. Jake estaba molesto, muy molesto e indignado que las cosas las tomaba a pecho. Lo veía en sus ojos azules furiosos, intentando contener la ira de su cuerpo y al parecer no sería por mucho. Él lo mataría sin importarle el parentesco o sus años de soledad.
Jake disparó, obligándola a concentrarse o haría algo tonto. Billy acompañó al pelirrojo en el tiroteo. Pero algo no pareció encajar, Albert en ningún momento había desviado el ataque, señal de que el poder de Wesker parecía inactivo. Sus movimientos lentos no lo hacían el hombre que Chris había descrito tras África y no entendía el por qué, en esos momentos Jake lograba superar a su padre con facilidad gracias a las habilidades y destrezas adquiridas con los anticuerpos del virus C.
Una bala impactó el brazo del rubio. El genocida cayó al suelo y Jake se acercó, pisando su caja torácica del hombre quien siseó adolorido. Aun así el Muller apuntó la pistola sobre la cien.
–Ustedes no podrán hacer algo para detenerme. Ese bastardo debe pagar el daño hecho a mi familia –el pelirrojo titubeó. Billy se acercó posando la mano en el hombro del chico.
–Tú perdiste el derecho desde hace años –le contestó el sargento. –Has hecho cosas imperdonables, es momento de que te pudras en el infierno.
Jake disparó e impactó contra la cien del hombre, dando por terminado el encuentro. Pese a ello, no se sentía para nada satisfactorio esa sensación que le quemaba la garganta. Era molesto, todavía quería hacerle varias preguntas sobre él y su madre, o el abandono cuando todavía ni existía en el mundo, pero dudaba que el bastardo confesara algo. Y no merecía más de su atención.
Sherry lo observó dudosa desde su lugar. Ella conocía a Jake y el pelirrojo parecía estar afectado aunque odiara al hombre. Sin embargo conocía los motivos por los cuales seguía ahí, mirando la sangre del rubio escurrirse lentamente. La respuesta yacía en un lazo que ellos no podían romper fácilmente. Ya lo había experimentado con sus padres, comprendía mejor que nadie la sensación y como medio de apoyo colocó las manos en el hombro del mercenario.
–Estarás bien, Jake –susurró suavemente. Él asintió apretando el agarre. Ella suspiró, cuando el reloj les indicó que habían pasado otros treinta minutos. –debemos irnos, este lugar colapsará en cualquier momento..
Jake la miró, comprendiendo a qué se refería. Si no escapaban morirían de la manera más absurda e idiota. Pero algo le carcomía la cabeza, esas palabras de Wesker habían sonado extrañas ¿buscar venganza por la familia? ¿Acaso él no era el imbécil que los abandonó? Negó para sí mismo, si Albert buscaba confundirlo con sus palabras había funcionado, aunque era el momento menos indicado para pensarlo. El de los ojos azules caminó, jalándola del brazo, necesitaban salir de ahí cuando antes.
Y, tal vez comenzar desde cero una nueva vida.
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–Vaya, al parecer llegué justo a tiempo. –Sonrió la mujer entretenida, deleitándose con las raras expresiones de Claire Redfield. Barry había tenido razón siempre. Molestar a las personas no era aburrido, en lo absoluto.
–Creía que estabas… quiero decir –La pelirroja cerró los ojos, intentando procesar la información dentro de su cabeza, buscando las mejores palabras. Helena rió.
– ¿Muerta? Hace falta demasiadas cosas para deshacerse de mí –vaciló divertida, caminando hacia la pelirroja y extendiendo un objeto entre sus manos. –Tengo algo que será de ayuda.
Claire observó la bengala, entendiendo el mensaje de Harper. Sacó del bolsillo trasero un encendedor y prendió fuego, elevando al cielo. La luz no tardó en aparecer, logrando ver el helicóptero blindado que la pelirroja reconoció como el de Barry Burton, pero no era el pelirrojo quien lo conducía. Desde ahí lograba ver el semblante de Piers Nivans que le saludó desde el cielo. El castaño cambió de dirección y por la ruta, se toparía con Simmons en cualquier momento.
–Eso nos dará una especie de ventaja. –murmuró Helena. Chris se acercó hasta ellas cubriéndolas. Los disparos aquellas criaturas las alcanzarían si no tomaban precauciones y ambas mujeres no eran precisamente analíticas.
–Tienes razón, aunque todavía existe el inconveniente de tener un lanzacohetes –respondió el soldado. La mujer sonrió, extendiendo lo que parecía ser una maleta que Claire reconoció, era su bolso de combate que había usado en Konoha ¿dónde la había conseguido? Seguro cuando había caído, pero se abstuvo de preguntarlo, algo sin importancia a esas alturas. Helena pareció entender, si corrían seguro alcanzarían el material de Leon y podrían salir de ahí antes de la explosión.
–Reconozco que debo darte las gracias Claire, tu paranoia por la precisión de tu armamento me salvó en varias ocasiones. –la pelirroja se giró a Kennedy. – ¡Hey Kennedy, acaba con eso de una maldita vez!
–Reíd debes volar los costados para darle a Leon el pase –Habló Chris tras el intercomunicador.
–Entendido capitán – el chico sonrió. –Myers, Johnson, cúbranme.
El Bangor asintió y tomó posición, observando al agente de otra compañía atrapar el lanzacohetes que la hermana de su capitán había arrojado. Sacó del chaleco táctico una serie de explosivos y detalló el margen para hacer un cálculo del detonante. Simmons estaba a unos cuatro metros de las posiciones y solo tenían una oportunidad.
Leon Kennedy amplió los labios. Aquellos chicos sin duda estaban preparados para morir por la causa, lo cual le daba méritos al capitán del equipo. El agente apuntó con el lanzacohetes mientras esperaba la señal de Reíd quien corría a una distancia de medio metro entre Simmons y él.
La explosión resonó, él apuntó y ´disparó. El cuerpo del arma biológica se derrumbó como la última vez. Manchas de sangre corrían por el piso, pero antes de que pudiera decir algo la pared vibró, señal de que estaba perdiendo estabilidad.
–Si son algo asquerosos recomendaría irnos rápidamente, ¡Ahora! – Gritó el capitán. Chris caminó hacia su esposa. Sujetó al pequeño y Leon imitó la acción tomando el brazo de Mara con dirección a la salida.
Claire sujetó el cuerpo masculino. Tambaleaba, pero aun podía seguirles el ritmo. Johnson Brighton la ayudó, sujetando el peso del hombre, lo cual fue un alivio instantáneo para la pelirroja. Steve cerró los ojos rendido, al fin había sucumbido por la pérdida de sangre y el desmayo era inevitable.
Claire Redfield respiró entrecortadamente, ignorando el ardor de sus ojos.
Él estaría bien, los dos podían salir juntos.
…
Sintió su cuerpo golpearse contra algo. Se sentía como un trozo de concreto que cayó sobre la espalda, lo que le provocó un dolor de espalda. Lo cual, se había encargado de romperle parte de la columna vertebral. El sabor metálico de la sangre impactó los sentidos de Carla, que recordaba bastante bien la última vez. Cuando esos bastardos le habían disparado. Algo de sangre escurría por las comisuras de sus labios. No podía escapar si seguía ahí, los escombros jamás le darían una vía de escape.
–Carla…
La castaña alzó el rostro. Marcus arrastraba parte del cuerpo, intentando llegar hacia ella, ignorando que moriría si seguía de su lado. Las piedras herían al científico y todo su rostro se reducía a sangre tiñendo el rubio cabello. Marcus lo había su mundo, la persona que nunca le había fallado, y encontraba molesto que su estupidez lo condujera a la muerte. Era un error imperdonable.
–Vete, no sobreviviré. Tengo un daño severo en la columna, aunque han pasado años desde que me llamas por el primer nombre – Carla jadeó, el sabor de la sangre volvía a ponerse profundo y tóxico. Marcus logró acostarse junto a ella. Cerró los ojos.
–Somos un dúo ¿Recuerdas? Iremos juntos al infierno. –ella sonrió.
Los trozos caían sin piedad.
–Si… juntos en el infierno.
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Corrió lo más rápido que sus piernas permitían. Faltaban al menos unos metros para salir y cinco minutos para la detonación. Chris Redfield logró distinguir varias figuras inconexas llegar hasta él. el castaño aferró la mano de su esposa.
Dos minutos…
El soldado logró ver la luz artificial de un helicóptero blindado, lo cual des decía, estaban a punto de salir con vida. Solo faltaba un poco más, estaban tan cerca.
Un minuto
La explosión de la sala de conectores resonó, llevándose consigo los experimentos, las creaciones y cualquier cosa infectada. El fuego cobró intensidad devorando todo a su paso, terminando con todo lo que se quedaría en ese lugar.
Chris respiró, obligándose a respirar el aire frio. Giró la mirada, observando por primera vez a quienes habían arriesgado su vida en esa aventura. Billy Coen intentaba despertar a una Rebecca inconsciente. Claire tomaba el cuerpo del pelirrojo entre sus brazos mientras Jake yacía sobre Jake. Leon sonrió desde su lugar recibiendo el abrazo dentro de Mara Kennedy justo al final, miró a su esposa. Jill parecía tener heridas graves, pero prefería concentrase en Alexander. Y por primera vez todo calzó. El Redfield suspiró, eliminando la distancia y encaminándose a ellos.
Al fin la pesadilla había acabado.
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¡Hola! al fin el tan ansiado final de esta historia… me salió largo xD, aún faltan algunas dudas por aclarar (creo que una o dos) y serán respondidas en el epílogo de esta historia. Gracias a todos los que se tomaron la molestia de llegar hasta aquí. Espero que esto sea de su agrado. Mi primera historia por fin concluye y me siento satisfecha.
Responderé los comentarios hasta el epílogo… así que nos leemos en el final… de antemano, espero que les guste este. LLink… esto es para ti y Nelida… 18 páginas de Word xD. Ojalá y haya valido la pena tu espera.
Les invito a leer mis nuevas historias YDS: Reconstrucción (Valenfield) y YDS: Cicatrices (Claire/OC/Steve) (Leon/Ada)
Se me cuidan.
Fatty Rose Malfoy
PD: Capítulo editado 23/01/16 para hacer más clara la historia.
