Advertencias en este capítulo

Pareja: Roma y Helena

Otros personajes: Germania, Cartago, Helvetia y Britania.

Resumen: Esas reuniones entre los imperios del pasado no pueden llevar a nada claro


Odio

Cartago, liderando el club de los que odian a Roma mira a los presentes tras proponer la idea de ir y cortarle las pelotas.

Germania apoya en la moción y Helvetia lo haría si le hubiera visto alguna vez.

Britania apoya la idea evidentemente... Cartago se cerciora que no se haya metido Helena otra vez a espiarles, para pasar a entrar en detalles del plan.

Helena se le acurruca al romano pidiendo que no la molesten, que es muy temprano. Aumenta el odio mientras Roma ronca. La griega le mueve un poco para despertarle porque ronca muy fuerte, así que él se mueve y le cambia la respiración haciendo algunos ruiditos y ahora solo respirando fuerte.

Helena manda decir a Cartago que por qué no viene a la cama, él se sonroja y mira a los demás. Germania esta rechinando los dientes desde YA, riñéndose a si mismo por venir a estas juntas.

—NO! —chilla el cartaginés y cierra la puerta de un portazo.

Helena se ríe musicalmente yendo a besar al romano porque ya la despertaron, que se despierta con el portazo, parpadeando un poco descolocado y no se muestra EN ABSOLUTO renuente a los besos de buenos días, sonriendo.

—Cartago... no quiso... venir —besos—, sospecho... Que es... Tú culpa.

—Mmmmm —sonrisa complacida—. ¿Por qué mía?

—Porque para él todo es tu culpa —le mira sonriendo. Roma sonríe también con los ojos entrecerrados—. Seguramente podremos convencerle de quedarse cuando venga a cortarte los huevos...

—Siempre puedo ir a cazarle, eso es lo que funciona —se estira desperezándose. Helena le sonríe—. ¿Crees que se atrevan a venir sabiendo además que estás tú aquí conmigo? —le acaricia la cara.

—No, ninguno...

—Es una pena —se acerca a besarle... sí, se te ve preocupado

—Quizás si nos oyen...

—Quieran venir a matarme entonces sí —se ríe.

—Bien, algo es algo —beeeeso.

—Eres tremeeeenda...

—Esas condescendencias —hace dramita, le toma de los hombros y gira para que el quede arriba mientras Germania hace todo lo posible por espiarles

—¿Condescendecia? No era un halago... —beso, poniéndose encima, poniéndose como quiera—. Aunque es tu mayor atractivo.

—¿Ser tremenda es mi mayor atractivo?

—No... El conjunto de todo es lo que me gusta más, pero gran parte de tu encanto está ahí —otro beso más algunas caricias yendo leeeeento. No es como que Cartago no esté espiando también y maldiciéndose internamente en algo que no va a aceptarse ni a si mismo... porque podría haber estado ahí en medio.

Helena sonríe como cada vez que el romano consigue ir lento, acariciándole ella el culo.

—A que no consigues que salga al menos uno —le susurra al oído.

Roma sonríe de lado y se humedece los labios pensando un poquito menos deprisa por culpa de las demandas de irrigación. Helena lo nota dándole un laaaargo beso en los labios en el que se pierdeeee y cuando se separa les cubre a los dos con las sábanas empezando a hacerlo todo en plan "jijiji" muy suavemente y sin movimientos bruscos... Cartago frunce el ceño porque así no hay forma de ver nada.

Helena sonríiiiie encantada con la reacción, Germania rechina los dientes oooootra vez.

Y ella les propone a ambos que se unan de nuevo, si entre más, mejor. En realidad, Roma lo secunda. Cartago vuelve a sonrojarse de golpe y a esconderse porque había sacado la cabeza.

—¡Son tan monos! —susurra Helena al oído de Roma, antes de bajar lentamente, con todo y cobija, descubriéndole poco a poco hasta llegar a sus regiones vitales. Ahí se detiene dispuesta a preparar el terreno.

El romano sonríe relamiéndose, mirándola.

—No me gusta hacer esto porque sé que Egipto te lo hace mejor —suelta la muy sincera, haciendo un mohín pero sonriendo un poco al final.

—Tú siempre pensando en ella —la molesta un poco.

La griega se ríe un poquito entreabriendo los labios sensualmente y acercándose al asunto. Cuando está a punto de tocarle se detiene y le mira. Sonríe.

Y para Roma esto es como las cosquillas y ni siquiera hace falta tocarle para que ya esté... reaccionando.

—Es que es verdad que ella lo hace mejor —insiste hablando tan cerca que le roza un poquito—, aunque nadie se ha quejado nunca de cómo lo hago yo.

—Es verdad, ella lo hace mejor —asegura con un escalofrío, sin dejar de sonreír.

Helena, que había abierto la boca otra vez y estaba de nuevo a PUUUUNTO de tocarle se detiene de nuevo. Él se relame otra vez y la mira medio maligno... se ríe un poco de excitación porque en serio es que no necesita que le toque.

—Vaya, Rómi... Esa es toda una declaración —susurra sonriendo de lado.

—Tendrás que esforzarte para que cambie de idea —anda que no se te ven a ti las intenciones...

—Oh, querido —se humedece leeeentamente los labios. Saca la lengua y le roza la punta de manera casi imperceptible—. Hay guerras que claramente tengo perdidas.

El romano se agarra del catre como si fuera a caerse de un momento a otro, recogiendo un poco las piernas y suelta un insulto antes de reírse de nuevo.

—Aun así, ¿quieres que lo intente? Por ti lo intentaría —sigue con vocecita calmada, como si hablaran del clima.

Trata de calmarse pasándose las manos por el pelo, aun respirando agitadamente como si acabara de correr la maratón.

—Q-Quizás haya una... posibilidad.

Ella sonríe entreabriendo los labios otra vez, pero se detiene cuando empieza a hablar. Le respira encima dándole otro escalofrío y tiene que mover un poco las caderas, por la incomodidad, sin poderlo evitar, revolviéndose.

—¿Una posibilidad? —le detiene de las ingles.

—Pues es difícil, pero q-quizás puedas... —no está del todo seguro de lo que dice.

—¿Quieres que lo intente?

—Pues no es que yo tenga especial interés... —¿y una de indios no te sabes?

—Oh! No tienes especial interés... —le mira el asunto, se relame los labios obscenamente y se separa un poco—, es una pena, yo que había estado ensayando para ti.

—Vale, ¡Vale! Joder, Helena, ¡me cago en la puta! —protesta llevándose las manos a la cara y luego riéndose para sacar adrenalina porque nuuuunca consigue aguantar. Helena se ríe eeeencantada.

—Aun así sigo queriendo que me lo pidas —pide acercándose de nuevo, acariciándole la cara interna de los muslos. Le da un besito en el muslo derecho.

—¡Te lo pido! ¡TE LO SUPLICO!

Cartago levanta las cejas hasta el techo porque creo que NUNCA había oído a Roma suplicar a NADIE. A Germania se le cae el vasito de cerveza al suelo, otro con el mismo impacto.

Helena sonríe satisfecha con esto abriendo los labios, ehm, metiéndose el asunto a la boca, haciendo unos pases mágicos de esos que sí que sabe hacer, antes de separarse un poco de nuevo.

—Aunque no creas que no me di cuenta que no lo has pedido por favor... —susurra riendo bajito

Sacándole unos cuantos gritos más maravillosos y unos cuantos insultos groseros.

—Q-Quid? —de verdad, estás viendo dónde está toda su sangre, da gracias que te ha oído.

Germania, que se había concentrado en escuchar únicamente para no ser tan obvio, ha ido a sacar la cabeza por la puerta encima de la de Cartago.

Él, que no está tan tranquilo con lo que está viendo, ese asunto de la pornografía y aún más a escondidas... vamos, que está tenso como un gato, se mete un susto de aquellos y mira a Germania con cara de absoluto culpable.

—Te ves muy guapo cuando estas así —asegura Helena dándole un lametazo en el asunto—, ahora dime, ¿seguro que Egipto es mejor que yo?

—Aaaah! SIC! NON! NO LO SÉ! —grita luchando por no llevarse él mismo las manos al asunto.

Germania que, evidentemente tampoco está tan tranquilo porque además es Helena y... ¿A quién no le gusta Helena? Mira a Cartago de reojo, se sonroja un poco y parpadea. Traga saliva sin moverse creo que con la firme convicción de que, si no se mueve o habla o dice más pueden los dos seguir haciendo lo que hacen sin molestarme el uno al otro. Vuelve a mirar a Roma con el grito.

Misteriosamente, Cartago se calma al notar que no le dice nada, se humedece los labios y esto es un acuerdo tácito. Helena vuelve a abrir la boca y a moverse de manera EXASPERANTEMENTE lenta.

—No te lo voy a... la madre que te... me cago en tus muertos HELENAAAA! —Roma golpea la cama con los puños desesperadamente, claro, tratando de mover las caderas

Algo en la risa de Helena debe mandar a Roma unas exquisitas vibraciones en salva sea la parte. Aun así ella sigue haciéndolo todo tremendamente bien... Y lento. Deteniéndole de las ingles para evitar que cambie el ritmo.

Pues nada... el romano gime y lo disfruta de manera completamente evidente... y en una de estas consigue recordar que tenía que hacer salir a los otros dos, así que el muy cínico chilla pidiendo un beso en sajón y en cartaginés.

No, y se le dan mal los idiomas al muchacho, seguramente es incapaz de decir "me he perdido, me puede indicar la dirección" o "cuánto cuesta este artículo" en nada que no sea Latín, pero cochinadas, guarradas, insultos y cualquier clase de insinuación sexual la sabe hacer en TODOS los idiomas.

Lo que consigue que al menos Germania, que estaba casi tomando nota a todo lo que veía... y tratando de no meterse mano a si mismo o de hacerlo con mucha discreción, tenga un infarto. No hablemos de Cartago, que está a un paso de ir y entrar para estrangularle

Y (Helena es persistente), un poco antes de que Roma termine, bastante como para que no sea inminente, pero bastante poco como para que Roma deteste a Helena, ella se separa y le mira con su sonrisita, dispuesta a quitarle de encima las manos si acaso viene a intentar tocarse.

—¿Egipto o Helena?

—E... E... —acierta aun a vacilar para molestarla intentando llevarse las manos instintivamente.

Ella le detiene las manos y se ríe poniendo sobre sus muñecas todo su peso y acercándose a él, que la mira con la respiración agitada y los ojos muy abiertos aun intentando hacer fricción contra cualquier cosa porque no es como que se vaya dejar ganar así como así.

La griega sonríe sinceramente mirándole a los ojos y tratando de que no consiga hacer fricción, pero evidentemente Roma es más fuerte que ella.

—Conque Egipto, eh?

—¿A-A qué viene la i-inseguridad?

—Querido... El deseo de alimentar al ego no siempre viene de la inseguridad —asegura sonriendo.

—Egipto —miente maligno. Ella entrecierra un poquito los ojos aunque sigue sonriendo—. Quid? No me dirás que te sorprendes cuando tú también la prefieres a ella —sonríe.

—No se puede decir que no lo sabía desde el principio —asegura sonriendo y luego se ríe con lo que dice el romano.

—Es mentira, pero si te lo digo de buenas a primeras me llamas condescendiente —le busca un beso porque parece que no, pero es incómodo ahí abajo y porque antes ha pedido uno y nadie se lo ha dado.

Le acaricia la mejilla y le besa de vuelta suavemente.

—Pero ¿qué tan lista soy de detenerme justo a tiempo para que no sólo seas tú el divertido? —pregunta recostándose encima de el a modo "ahora te toca seguir con esto"

Le besa de una forma especial porque le parece aun así la ha herido un poco y es su Helenita...

—Eso es lo que hace que piense que quizás los chicos de la puerta sean listos y noten que tú eres un peligro mucho mayor que yo —se le echa encima para ponerse en posición otra vez, sonriendo y baja la mano para acabar de prepararla a ella antes, aguantándose como los machos.

Helena sonríe agradeciendo el beso, entrecerrando los ojos y dejándole hacer, sin contenerse un poco siquiera. Lo que convierte la acción en toda una prueba de resistencia para no acelerar las cosas demasiado.

—Me encanta hacer esto contigo, Rómi —susurra con voz entrecortada abrazándole del cuello.

—Y a mí contigo, no sé quién podría ser el insensato a quien no le guste Helena —la besa de nuevo.

Helena se deja y le responde, claro está, acariciándole el pelo y la mejilla.

Y nada... A en B... para la desesperación y mal humor de Cartago. Germania rechina los dientes como sieeeempre, porque además esto que hace con Helena siempre le da la sensación de que es más allá que solamente A en B.

Bueno... es que Helena es... Helena. Ahí tienes entonces a los dos espiones, perfectamente felices, dando la hora en punto, frustrados y de malas. Helena diría que ya mejor podrían al menos calmarse entre sí.

Cartago mira a Germania, bufa por la nariz y se larga a por un poco de intimidad.

Germania les mira unos segundos más antes de dar un señor portazo cerrando la puerta y yendo a hacer sus propios diez minutos de odio.


Que no se entere tu mamá de lo que has leído, pero no olvides decirnos que te ha parecido.