Chapter 21: Choque de diosas: Athena vs Perséfone

POV Shaina


¡Por fin el capítulo más esperado por todos! Hehehehe :(

A punto estuve de no poder incluir ese enfrentamiento por la excesiva longitud y creo que aun así me pasé un par de páginas de lo normal.

En fin, disfrútenlo :3

-¡Shaina! Nos llama la señorita Athena. Quiere que nos reunamos en el Coliseo con Argol.

Me volvía a ver al santo de Lira.

-¿Qué? ¿Por qué?

-No sé, pero se la veía molesta. Será mejor que te apresures.

-¿Y tú, dónde vas?

-A buscar a Argol. Si por el camino ves a Andrómeda, dile que él también tiene que ir.

Asentí mientras me apresuraba hacia el Coliseo. El terremoto de hace un momento me había indicado que Poseidón había sido liberado. Por el camino me encontré a los santos de oro desfilando con caras largas. Death Mask y Aiolia tenían caras especialmente sombrías.

Camus iba desfilando con Hyoga pegado a los talones. Me les acerqué para ver si podía enterarme de lo que pasaba.

-Camus, ¿qué es lo que pasa?

Él levantó la cabeza.

-Oh, hola. Pues, al parecer, la señorita Athena nos quiere a todos en el Coliseo. No sé lo que está planeando, pero sea lo que sea, quiere que su padre y sus tíos estén aquí.

-¿Su padre? ¿Quieres decir Zeus?

-Sí.

Nos cruzamos con Shion que iba de vuelta hacia arriba con un tarrito lleno de un líquido rojo oscuro. A medio camino se teletransportó para acortar distancias.

-¿El cloth de Athena? ¿Qué diablos va a pasar?

-No sé, pero me preocupa.

Cuando llegamos al Coliseo, vimos a Shun sentado en las gradas con claros indicios de nerviosismo. Fui a sentarme a su lado.

-Shaina, ¿tú sabes qué va a pasar?

-No, no tengo ni idea, dije, negando con la cabeza.

Los restantes se empezaron a acomodar en las gradas, mucho más silenciosos que de costumbre. La tensión creció cuando vimos aparecer a los mariners.

-¿Qué coño hacen ellos aquí?, preguntó Shura.

-Siete…dijo Aiolos, contándolos con la mirada.- ¿Y Kanon?

-Kanon es de Géminis, Aiolos.

-Sí, de acuerdo, pero la vez pasada usó la scale.

- A quién le importan los mariners, ¿ya vieron a los espectros?, susurró Dohko

En efecto, también hacía su entrada un grupo de espectros.

-Garuda, Grifo, Wyvern, Esfinge, Arpía, Balrog, Thanatos, Hypnos y Pandora, los conté.- ¿Qué diablos está pasando?

Una figura se materializó en medio de la arena. Llevaba un quitón y sandalias.

-¿Quién usa un quitón a estas alturas de la historia?

Afrodita le dio un codazo al santo de Capricornio.

-Ése es Hermes, Shura. Vendrá de parte de Zeus.

-Oh…caray, no sabía, se disculpó el español.

En efecto, cuando dio media vuelta para caminar hacia la señorita Athena, se le vieron las alas en los talones y el caduceo en la mano. Si Afrodita no lo hubiera dicho lo hubiera tomado por un aprendiz más. Aunque ciertamente aparentaba unos veinte años y emanaba un aura divina que imponía, la expresión pícara de su cara lo hacía verse menor.

-¿Todo está listo, mi querido hermano?

-Sí, hermana. En cualquier momento podrían bajar.

-¿Cómo está Ares?

El mensajero divino soltó una carcajada.

-Quedó hecho brocheta. Cuando yo llegué, ya Poseidón le había metido el tridente por el culo, literalmente. Dudo que esté para nadie en mucho tiempo.

Los mariners estallaron en carcajadas. Thetys se puso roja de la vergüenza.

-¡Cállense, cállense!, los regañó

-Oh, a Kanon no le hará gracia haberse perdido esto, se burló Radamanthys desde el otro lado.

Death Mask soltó una carcajada.

-El cejón y sus malas intervenciones, comentó.

Shion apareció de repente, detrás de Milo.

-A ver, háganme un lugar.- ¿Estáis todos?, dijo, repasándonos con la mirada.

-Faltan Orfeo y Argol, informé

-¿Por qué no me extraña?, suspiró el Sumo Sacerdote.

Justo en ése momento aparecieron los dos rezagados.

-Perdón, se disculpó el santo de Perseo, consciente de que él era el culpable del retraso.

Ambos se sentaron a mi lado.

-¿Sabes que va a pasar?, me preguntó el árabe

Negué con la cabeza.

-No lo sé, pero me da mala espina tanta gente. ¿Por qué?

-Silencio, por favor, pidió la señorita Athena.-Voy a tomar una decisión de suma importancia y nos afecta a todos. Por eso necesito consejo de otros dioses. Por eso les pedí a mis tíos y a mi padre que me aconsejaran.

Inmediatamente se sintieron tres cosmos gigantescos y magnánimos provenientes de arriba.

Los tres dioses aparecieron a la vez. Poseidón. Hades. Zeus.

Tridente. Espada. Cetro.

Los tres hijos de Cronos. Era impresionante verlos a los tres juntos.

-Acabemos con esto, hija mía, ¿Qué es lo que necesitas?, preguntó el jefe de los dioses, con un tono de voz afectuoso

Guardaba cierto parecido con su hermano Hades en estatura y rasgos faciales. La diferencia estaba en el color de su cabello, tan rubio que parecía blanco y en sus ojos, de un gris inquietante. Su frente era ceñida por una tiara de oro y sus muñecas adornadas con sendos brazaletes del mismo metal.

Poseidón y Hades estaban cruzados de brazos con mala cara. A diferencia de Zeus, aunque me pareció que él tampoco estaba muy cómodo.

-Quisiera discutir acerca de mi hermana. Desearía consultarte una cosa, dijo la señorita Athena.

Hades soltó un gruñido.

-Hermano…trató de tranquilizarlo.

-Tú te pones igual cuando te hablan de las intrigas de Hera. No me censures, Zeus.

Poseidón esbozó una ligerísima sonrisa.

-Sé que ya determinaron sellarla. Pero quiero tratar de convencerla una última vez.

-Hija…

-Athena, no insistas, le dijo Hades.

-Entonces, si no puedo convencerla, déjame sellarla. No puede ser que tengas que ser tú. Es demasiado cruel.

-Athena…

-Déjenlas hablar. Si Perséfone no hace caso, pues…

-¡Poseidón!

El emperador de los océanos se encogió de hombros.

-Solo digo. Ya estoy harto de este tira y afloja. Y ambas son muy necias. Que se arreglen ellas. Si la cosa se desmadra, podemos intervenir.

-En sí, la idea no es mala, pero sigo teniendo dudas.

-Zeus…tu hija es la diosa de la sabiduría y la guerra. Aflójala un poco. No es que ella sea como Ares precisamente, gruñó Hades.

-Esto no tiene ni pies ni cabeza, me susurró Orfeo.

-Creo que vamos a ver un combate entre diosas, le susurré de vuelta.

-No está bien que se peleen…

-Shun no empieces…

-Está bien, Athena. Haz lo que quieras. Pero si algo sale mal, me lavo las manos, concedió Zeus.

-¿Por qué no me sorprende que reaccione así?, susurró Hermes.

Fue entonces cuando me di cuenta que tenía al dios pegado a los talones, literalmente. Al parecer, no había resistido el impulso de curiosear entre las gradas.

-¿No le...no te…digo...Zeus suele ser así de condescendiente?, mi rostro estaba sumamente rojo.
-Tranquila, puedes tutearme si quieres. Detesto que me digan "señor" o me traten de "usted" Me hace sentir viejo, esas cosas son para mis tíos y mi padre.
-Pero...pero...eres un dios. ¿Cómo voy a tutearte? Es una falta de respeto.
Me sentía incomodísima hablándole así a un dios, pero sí él no quería que le hablara de "señor" ¿qué iba a hacer yo?
El Argifontes se rió jocosamente y me guiñó el ojo.

-Pues sí, mi padre suele ser muy condescendiente. Sobre todo con Athena. Sólo espero que su decisión de no intervenir no cause problemas esta vez, se volvió molesto hacia los espectros, de cuyo lado se oía un runrún de conversación,-¿pero mi tío no ha sabido disciplinar a los suyos o qué?

No había acabado de decirlo, cuando el propio Hades le reventó a Radamanthys una bofetada en toda la boca. Lune rodó los ojos y Minos esbozó una sonrisa sardónica.
Death Mask ahogó una carcajada
-Ya cállate, Rada, ¿es que no respetas ni al mismísimo Zeus?, murmuró Aiacos.
-Radamanthys, no me hagas enojar. No estoy de buen humor. Sí me haces quedar en ridículo, te enviaré al Tártaro de por vida, amenazó.
-Sí, señor. Perdón.

El dios se quedó cerca de ése sector. De fijo quería asegurarse que nadie más abriera la boca.
Poseidón y la señorita Athena se quedaron viendo a sus respectivos ejércitos, como retándolos a abrir la boca. Como nadie más dijo ni mu, la conversación siguió.

-¿Qué decías, padre querido?

-Decía que sí tu tío no encuentra ningún problema en ello, podrías sellar a Perséfone sí lo deseas. Y sí puedes, claro.

-No estoy de acuerdo, reprobó Hades.-Sí quiere convencerla por mí no hay problema alguno, pero yo debo ser el que la selle. Tengo mis motivos para hacerlo y no voy a permitir que alguien más lo haga.
-Pero tío...estoy tratando de ahorrarte el trago amargo.

-Qué terca eres, hermana. Hazle caso a tus mayores.

-¡Hermes!

-Yo sólo te digo. Esto ya está definido. Los tres están de acuerdo en que la trates de convencer, ¿y quieres más? Ten un poco de juicio, querida hermana.

-Pero yo quiero...

-¡Hija, basta! Tendrás permiso de tratar de convencerla una última vez. No más, zanjó Zeus.-Hades será el que la selle y se acabó.
-Está bien, padre, dijo ella, cabizbaja.

-Así está mejor, dijo Hermes. Cruzó las piernas y las colocó en los hombros del que estaba delante.

-¡Ay!, se quejó Milo cuando los pies del dios se posaron en sus hombros. El asunto hubiera quedado ahí….de no ser por las alas en las sandalias. El santo de Escorpio se tensó.

Mientras, Athena seguía discutiendo con Zeus. El ceño del Crónida se fruncía cada vez más.

-Sé que la señorita es terca, pero esto es demasiado, murmuró Shura por lo bajo.

-Como si no tuviéramos suficiente con los otros dos, va a hacer enojar a Zeus, murmuró Afrodita.

-¡YA BASTA!, vociferó Zeus. Un rayo cayó del cielo y se estrelló en el suelo. La carga de electricidad generó una onda expansiva que nos mandó a todos a volar.

Hermes, que se había levantado un segundo antes, seguro previendo el impacto, se posó suavemente en el suelo.

-¡Niña malcriada! ¿Te atreves a desafiarme?

-¿De quién será la culpa?, dijo Poseidón con sorna.

-Hermano, ¿me desafías?

-Ya empezamos con la paranoia…

-Hermes, mejor cállate, le aconsejó Hades

-Oh, ¿una fiesta?, ¿está bien si me uno?, dijo una voz cantarina.

-¡Perséfone!

La diosa apareció justo frente a su marido, lo tomó por el cuello y lo besó. Él apretó firmemente los labios y apartó la cara.

-Aquí no. Ahora no.

-¡Pero cariño…! dijo ella, acariciándole el rostro,-¿Por qué estás tan molesto?

-Y todavía pregunta..., susurró Aiolia, muy, muy bajito.

-Hermana… quiero hablar contigo.

-Yo no quiero hablar, Athena. He venido aquí a solucionar esto por la fuerza.

-Por eso anda su armadura la muy puta, susurró Shura.

-¡Shura!, me escandalicé.

-¿Qué? Lo es…

La armadura de Perséfone guardaba un parecido con la de su marido, con la diferencia de las obvias formas femeninas y que usaba un báculo y no una espada.

-Ahora, Athena, si puedes derrotarme en un combate cuerpo a cuerpo desde luego que te dejaré en paz. Es hora que dejes de lloriquear y esconderte detrás de tu padre. Hazme creer que eres la diosa de la guerra.

Ella suspiró y se volvió hacía el sacerdote.

-Shion, ¿tienes lo que te pedí?

-Sí, señorita.-Empujó a Death Mask-Toma, haz algo útil y dale esto a la señorita.

El santo de Cáncer tuvo la precaución de no protestar, recibió la armadura y se la dio a la señorita Athena. Ésta se lo agradeció con una sonrisa, mientras encendía su cosmos y se ponía su cloth.

La vista era impresionante. Las dos diosas vestidas con sus armaduras y levantando sus cosmos.

Empezaron a intercambiar golpes de báculo en una lucha que más parecía una danza por la gracilidad de los golpes y la perfecta sincronización que parecían tener hasta para luchar.

-Señor Hades, tranquilícese, escuché del otro lado.

Me volví y vi al dios completamente tenso, con obvios deseos de intervenir. Era obvio, teniendo en cuenta que Perséfone no tenía entrenamiento marcial alguno, a diferencia de la señorita Athena.

-¿…Quién…lo…diría? Eres buena guerrera, hermana, se burló la hija de Deméter.

-Hermana, trata de comprender…no deberíamos pelear. No deberías hacerle caso a nuestra madrastra.

Zeus levantó la cabeza de súbito.

-¿Hera? ¿Hera estaba metida en esto?, tronó.

-Que no te sorprenda esto, hermano, intervino Poseidón.-Sabes que a Hera le gusta causar disturbios para molestarte.

Hades entrecerró los ojos hasta convertirlos en dos rendijas y sus labios formaron una mueca de silenciosa ira, más aterradora que todos los gritos del mundo.

-Yo creo lo que quiera creer, no porque me lo diga Hera. ¡Este escudo estorba…! protestó, dándole un fuerte golpe y quitándoselo a la señorita de las manos. A continuación, la embistió con el báculo de lado. El golpe resonó en el cloth y la fuerza generada empujó a la diosa de la sabiduría varios metros y la hizo rodar por el suelo.

-¡Athena!, se angustió Aiolos, levantándose como un resorte, claramente dispuesto a intervenir.

Milo y Aiolia lo sujetaron por los hombros y lo obligaron a sentarse.

-Cálmate hombre, ella se sabe defender. Ya no es una bebé.

Pero el asunto pintaba mal, porque Kore* no la estaba dejando levantarse y le asestaba golpes que ella trataba de esquivar a duras penas desde el suelo.

-Es una tramposa de primera, oí decir a Bian desde el otro lado.

-Será que sabe que si no hace trampa no le puede ganar, manifestó Isaac.

-¡Esto se va a descontrolar!

-Será mejor que esto se calme antes de que a mi tío le dé un soponcio, murmuró Hermes.

Por el rabillo del ojo vi que Hades había empezado a caminar de un lado a otro con la mano en la cabeza. El estrés parecía estar cobrándole la factura. Poseidón tampoco se veía muy ecuánime y movía el pie debajo de la túnica. Zeus estaba cruzado de brazos y tamborileaba con sus dedos sobre los antebrazos.

Hubo un momento en el que le prestábamos más atención a las reacciones de los tres dioses que a la batalla entre diosas.

En mi caso, sentía que si no le ponía atención a algo más, no iba a resistir el impulso de ayudar a mi diosa y por las caras de mis compañeros, a ellos les pasaba lo mismo.

Hubo un choque brutal de báculos y ambas diosas retrocedieron. Athena aprovechó y le metió un golpe que la otra diosa no pudo evitar.

Soltó un agudo chillido cuando Niké le pegó de lleno y la derribó haciéndola rodar varios metros.

Pandora empujó a Minos y le sujetó la muñeca a su señor justo cuando éste iba a echar a correr hacia su mujer. Él se volvió y le dedicó una mirada feroz.

-Suéltame, Pandora.

-Señor, tenga paciencia. No intervenga, se lo suplico.

Mientras, Athena le puso a su hermana el báculo en el cuello, para impedirle levantarse.

-Te lo diré una última vez, Perséfone. ¿No vas a desistir de tus intenciones por mucho que yo trate de convencerte? ¿Seguirás tratando de dañarme por medio de terceros? ¿Seguirás dañando tu orgullo siendo juguete de Hera? ¿Qué no sabes, a estas alturas, que ella esperaba que nos matáramos entre las dos?

-¡Cuantas veces tengo que decirte que no es eso!

Pero se notaba que no tenía coraje para seguir usando a su marido de excusa. Se sabía al borde del precipicio y estaba tratando desesperadamente de ganar terreno.

-Para mí, aunque se arrepienta, eso no borra que hemos pasado un año infernal por su culpa, susurró Argol

-¡Padre, vas a dejarla! ¿Vas a seguir dejando que esta malcriada selle a cuanto dios se le ponga enfrente y que no comparta su obsesión por los estúpidos humanos?

-¡Perséfone! Desde la era del mito, Athena ha sido mi mano derecha, mi representante en la Tierra y mi intermediaria entre los humanos y mi persona. Ha ayudado a varones ilustres y amados por los dioses a realizar grandes hazañas. ¿Cuántos de ellos no están bajo el mandato de tu ilustre hija, en la Isla de los Bienaventurados? Siempre ha velado por los humanos, le contestó Zeus.

-Pero, no es justo que para que estos mortales indignos sigan viviendo tengan que ser sellados dioses. ¡Nunca ha pasado esto! ¿O ya te olvidaste de cómo fue todo en la era del mito?, ¡oh, glorioso Cronión!, ¿Cuándo eran ellos, y no nosotros, los que desaparecían?

-Los seres humanos son seres extraordinarios con una fuerza de voluntad enorme, Perséfone. Todavía son capaces de respetar y proteger a los dioses. ¿O acaso no has visto el ejército de Athena, el mío, o, incluso, el de tu marido? ¡El ejército de espectros a los que has humillado tratándolos como esclavos, pese a que te entregaron su lealtad como esposa de aquel al que juraron proteger!, le recriminó Poseidón,-¿con tal de que seguir en tu pedestal, no te importaría dejar morir a toda la humanidad? Entonces los dioses ya no tendríamos razón de existir. Estás cometiendo el mismo error que Hades.

-Pero… ¡los humanos son como simples hormigas! ¡Qué más da si los eliminamos! ¡Volverán a surgir, y otra vez cometerán los mismos errores porque son imperfectos y no entienden!

-Perséfone…alma mía, por favor, recapacita. No hace falta hacer esto. Iniciaste una verdadera teomaquia…le dijiste a Ares que sellara a Poseidón, le seguiste el juego a Hera, le mentiste a Ártemis para ponerla a tu favor, lo que la hizo ponerse contra Apolo, pese a que ella no quería…Dividiste el Olimpo en dos bandos…Me defenestraste a mí como emperador del Inframundo. Tramaste cosas a mis espaldas y usaste a mis espectros para tus intrigas…mataste a una ninfa inocente, ¿no me habías jurado que te ibas a quedar tranquila? ¿Por qué me has mentido, luz de mis ojos?

Las palabras de Hades me llegaron al alma. Aún con todo lo que ella había hecho, él seguía tratándola con el cariño y respeto que merecía una esposa.

-Si ella no le hace caso, es que tiene corazón de piedra, murmuré

-Oh, Shaina, ¿ya te pusiste sentimental?, se burló Aiolia.

-Meh. Cállate, gato tonto.

-Hermana, por favor escúchanos. Nosotros no queremos hacerte ningún mal, al contrario, queremos que estés bien. Por favor…, suplicó la señorita Athena.

-¡Cállate!, gritó Perséfone, mientras le propinaba una fuerte bofetada. Casi inmediatamente, cogió el báculo y se dispuso a atravesarla de lado a lado.

-¡BASTA!, gritó Hades, mientras la sujetaba por la cintura provocando que soltara el báculo.-Por favor, basta. Detente. No me hagas hacerlo, dijo con la voz rota.

Ella se desembarazó de su abrazo y lo empujó como con desagrado.

-Tú no te atreverías a sellarme, Hades. Deja de lloriquear. Por haberte ablandado tanto es que te he perdido todo el respeto.

La expresión de él cambió y se volvió fría.

-¿Ah, no?, se volvió hacia los espectros.- ¡Minos! ¡Tráeme lo que te dije que me guardaras!

El juez de Griffon desapareció ipso facto. Reapareció con un ánfora en las manos.

Lo que sucedió a continuación fue como una pesadilla. Al darse cuenta de que Hades hablaba en serio, la diosa se desesperó y empezó a suplicarles a Zeus y a Poseidón. Ambos se negaron a ayudarla. El señor del Olimpo incluso le dijo que merecía el castigo. Se dijeron algo en griego y a continuación, él la selló.

Cayó de rodillas sobre el suelo mientras era rodeado por los otros dioses y por su ejército.

La cara de Shun era todo un poema.

-¿Shun, te sientes bien?, se preocupó Shaka.

-No me siento muy bien. Esto es demasiado desgarrador. ¿Será un efecto de haber compartido el cuerpo con el alma de Hades? Me siento realmente mal.

-Talvez sea posible, concedió el santo de Virgo

-Se nota su abatimiento desde aquí a la Luna, murmuró el santo de Libra, mientras veíamos a la señorita Athena abrazarlo.

-Hija de puta, ¿cómo puede tener el corazón tan duro?, se preguntó Orfeo.

-¿Cómo se sana un corazón roto? Algo me dice que Hades va a sufrir de eso por un buen tiempo.

-Solamente hay que darle tiempo al tiempo, intervino Camus

-Todo esto ha sido horrible.

-¿Y si les damos espacio?

-Zeus te oiga. Vámonos de aquí.

-Espera… ¿Shaina, no?

Me volví y me encontré con Hermes. Oh, rayos.

-¿Sabes de quién es esto? ¿Me harías el favor de devolverlo?

Me mostró una joya. El colgante de Melissia, por el que llevaba días lloriqueando.

-Claro, yo lo devuelvo. No se…no te preocupes.

-Gracias, dijo, mientras me guiñaba un ojo y se iba.

-¡Eh, Milo! ¡Creo que esto es tuyo!

Él se volvió y atajó el colgante en el aire.

-¡Eh! Esto… ¿Lo tenías tú?

-Hermes se lo robó a Melissia y me pidió que se lo devolviera.

-Oh…de acuerdo.

Me quedé parada mientras veía cómo todos volvían a sus quehaceres normales.

-Bien, Shaina. Creo que tuviste un día muy ajetreado, me dije.

Yeey! Goodbye Perséfone!

El martes le decía yo a una amiga acerca de crear un antagonista tan, pero tan bueno que hasta vos misma lo terminás odiando…me pasó eso con Perséfone. Ya no podía esperar el momento de poder sellarla :v Qué desgraciada que la hice.

Ya en el próximo capítulo volvemos a la normalidad con Melissia.

Dudaba sobre qué papel darle a Zeus…si lo haría enojarse como sus hermanos o por el contrario, lo mantendría ecuánime. Me decidí a molestarlo solo un poco, porque me pareció que los tres molestos, más Perséfone molesta era demasiado, y porque cuando Zeus se enoja solo sabe ser un desgraciado y no escucha a nadie. Y necesitaba a alguien que mediara esto.

Athena, como no podía ser de otra forma, es la mediadora entre Zeus y los hombres. La figura de esta diosa es muy curiosa, porque dentro de lo misóginos que eran los griegos, le dieron a una mujer la regencia de cosas tan importantes para ellos como lo son la ciudad, la guerra, la sabiduría y (en el ámbito femenino) las artes manuales. La hicieron la patrona de Atenas, la hija predilecta de Zeus y la que siempre ayuda a los hombres.

*Κόρε es (casi) el único epíteto de Perséfone, así como Plutón (Πλούτων) casi el único epíteto de Hades. Kore significa "la muchacha" y es una referencia a la tierna edad en la que se encontraba cuando Hades la raptó. También hay versiones que dicen que la diosa era llamada Kore antes de ser raptada por Hades, y adquirió el nombre Perséfone "la que lleva la muerte" luego de convertirse en reina del Inframundo

Pero se estarán preguntando, ¿Y Hades?

Bueno, como al parecer soy tan desgraciada que entre más me gusta un personaje más lo hago sufrir…he hecho un pequeño One-Shot aparte para que veamos la reacción de Hades ante lo que acaba de hacer en este capítulo. Se llama "Σπασμένη Kαρδιά" (Corazón Roto)

Si no calculo mal, los hará llorar. Si no, me avisan que los estafé…Las que no me sigan como escritora pueden darle una ojeada a mi perfil y ahí la encuentran :3

¡Gracias por leer y dejar reviews!

¡Un beso grande!