Capítulo beteado por Natalia Domínguez, Beta Élite Fanfiction.

www facebook com/ groups/ elite. Fanfiction

Capítulo 20

Ojos fríos y verdaderos engaños

POV Bella.

No escucho la respuesta de Alice.

Me voy sin tener el valor de oír aquella respuesta, que puede hundirme más de lo imaginable. Cuando trato de salir del parque, mirando al suelo, concentrada en no caer ya que por el llanto mi visión es borrosa, choco con alguien. Es Reneesme. Al darme cuenta que es mi pequeña, a la que sin querer la tiré al piso, la alzo, pues tiene en sus pequeños y rosaditos labios en el característico puchero antes de que comenzara a llorar.

Tenerla en mis brazos es como regresar a casa.

De repente, escucho los gritos histéricos de Alice. Solo necesitaba un instante más, solo un instante más, para poder estar en casa. Mis piernas dolían, por el exceso de peso, una razón más para permanecer delgada. La abrazo aún más fuerte. Mi Reneesme, mi dulce y tierna Renesme. Le doy un beso en la frente y con voz temblorosa me disculpo por más que el haberla hecho caer… Inhalando profundamente su dulce olor y dejándola en el suelo con el máximo cuidado que me fue posible, me escabullí mientras observaba de reojo a una loca Alice, agacharse e inspeccionar a la niña. Alice revolotea sus ojos por todos los rincones a su vista… Trata de ubicarme.

Agradezco al cielo el complejo que tiene Alice de su tamaño, ya que hasta para el parque lleva tacones de 15 centímetros. Después de darle un beso, la agarra de su manita y la lleva a comer helado.

Cuando veo a mi hija con un helado, con doble bola de chocolate, quiero ser yo la que la esté acompañando. Mi hija, es mía, y aún así no tengo ni el más mínimo derecho de poder tomar su pequeña manita y escuchar su dulce vocecita. Ya ni puedo llorar por lo que nunca será.

Lentamente me dirijo a la salida, detengo un taxi y le pido que si sabe de un motel barato, me lleve allí. Le pago con el último billete que tengo en el bolsillo, no puedo ni debo quedarme en la calle puesto que lo más probable es que amaneciera muerta o peor aún, violada.

No quiero deshacerme de mi anillo de matrimonio, es lo único que tengo que demuestra que Edward fue mío, que me lo demuestra a mí. Aquél anillo es el único salvavidas que hace que no me sienta culpable de por ese magnífico beso, la prueba de que está olvidando a Bella y buscándome a mí, o eso quiero creer.

Cuando llego al motel Eclipse, solicito la habitación más cara de este. Al entrar está limpia, cosa que agradecía, pero tiene una cama cursi en forma de corazón, un brillo bajo de luces al entrar el baño y una gran bañera, además de muchas velas esperando a ser encendidas.

Al sacar la tarjeta que Edward me dio y pagar, la chica me mira raro, pero claramente lo trata de disimular y me entrega la llave con una falsa sonrisa.

Lleno la tina y me dispongo a relajarme…Cuando salgo de ella, muy cuidadosamente escucho unas sirenas de policía.

Entro a la habitación.

Un policía espera allí, no debe tener más de 30 años. Su cabello es una maraña de rizos cafés recortados en un estilo clásico y militar, su cuerpo es la típica silueta de hombre americano, espalda ancha y brazos fuertes. Mas su cara descompensa aquello que podría haber sido un hombre extremadamente guapo, su ceño está fruncido profundamente, en sus mejillas reposan lo que creo son cicatrices de guerra y sus ojos… Son dos témpanos de hielo fríos y hermosos, pero completamente vacíos.

—Han reportado que una tarjeta reportada como robada, ha sido hallada. —Su voz, tal como lo representan sus ojos, está desprovista de cualquier emoción o mínimo interés.

Al comprender sus palabras, quiero tener a Edward en frente. Necesita unas cuantas cosas de mi parte… Y aquellas emociones acumuladas, no encuentran mejor momento para desbordarse y una avalancha de llanto y sollozos me ataca.

—Oficial, no sé de lo que me está hablando. —Sollozo—. Yo no he robado nada.

No hubo explicaciones que valieran. Y de la forma más brusca posible, me conducen a la patrulla. Al parecer, una ladrona deforme no tiene derechos.

Estoy sumamente nerviosa.

Al llegar a la estación de policía, me doy cuenta del gran riesgo que corro; pueden darse cuenta de quien verdaderamente soy. Así que en una decisión desesperada, y un tanto resignada, doy los datos que Jenkins me proporcionó: mi número de seguro social y los demás datos que me pedían.

Después de responder, me trasladan a una celda; una pésima celda. Allí dentro hace mucho frio, pero solo me tapo con mi suéter. Me siento derecha.

No tengo dinero para fianza, ni abogados ni nada, así que la avalancha de lágrimas vuelve a retomar su rumbo… comienzo a llorar con más desesperación.

No sé cuánto tiempo ha pasado, cuando de repente me llaman, salgo de la celda. Un nuevo policía me conduce hacia unas oficinas y de pie allí, veo como si nada y vestido de negro a Edward.

Me mira de arriba abajo detalladamente. Como no estoy esposada puedo moverme con mi bastón, me acerco lentamente a Edward, reuniendo todas mis fuerzas… Y le doy una bofetada que deja mi mano impresa en su rostro. Lloro más fuerte. Edward hace una seña para que los policías no me hagan nada.

—Ya he pagado la fianza —dice—. Nos vamos a casa.

Estoy en shock.

Entre forcejeos me sube al auto y no pierde oportunidad para cuestionarme.

—¡Cálmate! —espeta con voz fría—. Y ahora me dirás absolutamente toda la verdad.

Sus ojos son dos hoyos negros… Estoy atrapada.