Desde aquella oleada de tres homicidios perpetuados por el asesino del café, erróneamente dicho. Ya que lo que mataba a sus víctimas era cafeína, no café. Pero era más fácil y pegadizo para los titulares. No habían conseguido pista alguna, y eso que lavaban ya 3 semanas investigándolo. Por lo que la capitán Gates les obligó a todos los del equipo a tomar otros casos. Kate estaba alegre igualmente, tenía contrato para vender sus libros, estaba embarazada de un hijo del hombre que más amaba en el planeta. Y su mejor amiga estaba prometida con uno de sus mejores amigos. Nada podía ser mejor.
El último caso que habían resuelto era un poco raro. Se trataba de un hombre que mataba a sus víctimas según la posición del sol. Pero hoy tocaba un operativo especial. Tenían que atrapar a un distribuidor de drogas que utilizaba café para que los perros en el aeropuerto no detectaran la cocaína. Y funcionaba. El único problema fue que un caso abierto de sus víctimas de homicidio, cayó en manos del equipo de la detective Beckett, ellos, más específicamente Espo y Ryan habían resuelto el caso. Y por eso los de anti-vicios les ofrecieron ir en primera fila al arresto. Todos accedieron muy alegres. Se trataba de un operativo de bajo riesgo, por eso Beckett fue. A diferencia de otras veces, Castle llevaba un arma, pero prometió no sacarla de la funda a menos que fuera una emergencia.
El procedimiento era en una fábrica abandonada. Lo único que no sabían es que El Capitán, como se hacía llamar el distribuidor, sabía que vendrían.
Todo iba según lo previsto hasta que los teléfonos de la detective y el escritor sonaron simultáneamente. En la pantalla solo aparecía un número desconocido que terminaba en 47. Eran ambos mensajes. "¿Listos para que sus vidas cambien para siempre?" Luego de leído el mensaje Castle levantó la cabeza hacia Beckett que lo miró preocupada. Estaban en zona segura, se quedaron rezagados unos minutos pero eso no importaba, era una zona verde, sin peligro alguno.
-¿Reconoces el número?
-No ¿Y tú?
-No. ¿Preparados para qué?
Dicho esto el elevador se abrió de él salió un hombre joven con un arma en cada mano, vestido de negro y con una herida de bala en el brazo derecho y otra en la pierna izquierda. En cuanto vieron al hombre pronto supieron de quien se trataba. Era a por quien habían venido El Capitán. Este, rápidamente apunto hacia la detective con una de las armas, y con la otra a Castle. Rick empujo a Kate Y fue él quien se llevó un balazo.
Mientras la bala viajaba en cámara lenta hacia él, Castle fue capaz de desenfundar su arma y dispararle a su atacante. Le dio en el pecho y este calló cerca de ellos, todavía con vida. A Castle solo le dio en el hombro. Pensó para sí mismo que menos mal que jugaba tanto al laser tag, porque de lo contrario lo abrían matado. Pero lo único que dijo en voz alta fue preguntarle a Kate si se encontraba bien una y otra vez, preocupado por ella y por su hijo.
Ambos comenzaron a ver borroso. Castle pensó que era por la herida, pero luego noto que Kate estaba igual de aturdida que él. Y en la pierna de ella también un balazo.
De alguna forma, muy dolorido que casi se desmaya, él se quitó el cinturón. Arrastrándose por el sucio suelo, lleno de manchas de aceite, y otras cosas que no quería ni preguntar que eran. Llegó a la detective. Que por más que estaba a dos metros y medio de él, le parecieron cientos. Hizo un nudo en su pierna con el cinturón, para que no perdiera tanta sangre y luego se la acercó al pecho, abrazándola fuerte. Protegiéndola.
En aquel lugar solo se oía la respiración de ellos dos, el hombre moribundo a unos pocos metros de ellos dijo -El les manda saludos...dice que es hora de que ustedes muevan. -Y esas fueron sus últimas palabras. Kate y Rick se quedaron mirando los ojos del otro, sabían de quien se trataba. Poco a poco ambos fueron perdiendo la claridad de la visión. El miedo se apoderó de ellos. Con poquísimas fuerzas se dijeron unas últimas palabras, ya que creían que era el final.
-Kate...te amo y siempre lo haré...hasta el último de los días...Always.
-Rick...yo también te amo...eres mi mundo mi todo...y estuviste ahí cuando más te necesitaba...siempre.
Una vez dijeron esto ambos cayeron en un mar de oscuridad. No veían nada, solo podían escuchar unos cuantos pasos que se acercaban a ellos, raudos. Eran Esposito y Ryan. Detrás de ellos unos paramédicos.
Kate tomó la mano del escritor, no veía pero sabía que era él. Lo sentía. Se apretaron las manos y así como si hubieran pulsado un botón una serie de recuerdos inundo la poca lucidez que quedaba en sus mentes. Y así ambos con sus últimos alientos exhalaron a la vez y dijeron casi en un susurro –Always Los paramédicos tomaron a los dos en camillas independientes, pero los llevaron en la misma ambulancia hasta el hospital. Permanecieron de la mano aunque inconscientes. Rápidamente los paramédicos fueron capases de determinar que aquellas balas que estaban alojadas en sus cuerpos, habían sido envenenadas, pero no sabrían con que hasta llegar al hospital. De repente la pantalla que indicaba los signos vitales de Rick se volvió una línea completamente plana. Había entrado en parada. Al mismo tiempo que los médicos daban choques eléctricos a Castle, una pequeña elevación en la línea pudo ser divisada. Su corazón latía débil, pero latía. –El bebé…. Kate…..está embarazada…-Castle al borde de la muerte fue capaz de decirle a los médicos que Kate estaba embarazada. Al oír esto el conductor apretó el acelerador a fondo. Al llegar a emergencias bajaron primero a Kate. Y luego a Rick. Él calló en coma, gracias a dar sus últimas fuerzas para salvar a Kate y a su hijo. Nada de esto debería de haber pasado, no deberían estar allí luchando por sus vidas. Tendrían que estar haciendo planes para cuando llegara el pequeño. Estar juntos sonriéndose, amándose. Pero en la vida no siempre pasa lo que deseamos que pase, pero esos imprevistos, tanto positivos como negativos, muchas veces nos hacen más fuertes.
