Insulto
Saint Seiya ni sus personajes me pertenecen, son de propiedad exclusiva de Masami Kurumada.
Hola, aquí estoy nuevamente :P
—¡No debiste dejarlo! —Siegfried estaba molesto, muy molesto. Había ido a buscar a su hermano en los trabajo en el pueblo, justo como este le había pedido, para que ambos pudieran pasar algo más de tiempo juntos. Sin embargo, lo que vio lo hizo arder en celos, y su mente se nubló, haciéndolo actuar de manera impulsiva. Besó a Sigmund con ferocidad y sin posibilidad de escape frente a Surt y el resto de los guerreros y las personas del pueblo. No estaba dispuesto a tolerar que Surt volviese a besar a su hermano, aunque fuera un juego como este había dicho.
—¡Tú no debiste hacer eso frente a todos! Será un insulto para lo que somos. ¡Lo sabes!
Sigmund estaba por explotar, no podía creer lo que Siegfried había hecho, eran hermanos, de padre y madre, y frente a los demás debían permanecer como tal, por mucho que el fuego que sentían los amenazara con consumirlos.
—¡Eres mío! No iba a dejar que Surt hiciera lo que quisiera. Él no me agrada. ¡Ya te lo había dicho!
Sigmund miró casi con odio a Siegfried, eso hizo que el menor de los rubios retrocediera. ¿Tanto desagrado producía en Sigmund? Él lo amaba, y solo quería que todos lo supieran, por muy malo que pareciera, aunque fuera su hermanos. Solo…
—Te gusta Surt —soltó Siegfried de pronto, con voz dolida. Quizás todo aquello había sido un juego por parte de Sigmund, no podría soportarlo de ser de esa manera.
Sigmund se paró ver la actitud reticente de Siegfried, tenía miedo, mucho miedo, las habladurías comenzarían a recorrer cada casa de Asgard, y estaba seguro que Siegfried saldría lastimado; se odiaba a sí mismo por provocarlo, pero solo estaban jugando un estúpido juego de retos. Jamás se imaginó que Surt aceptaría tal reto. Sigmund abrazó con fuerza a Siegfried, todo se había vuelto un caos, pero no quería seguir siendo una víctima de sus propios miedos, y que de paso su mayor tesoro saliera lastimado.
—Tengo miedo Sieg, no quiero que salgas herido, las personas son crueles, y te amo demasiado, para querer que pases por eso.
Siegfried solo atinó a responder el abrazo de Sigmund, sabía que vendría una época difícil, ahora que su romance estaba al descubierto. Pero ambos serían el apoyo, el uno del otro.
