El sustituto: Capítulo 21
(POV Han)
–Pa-Papá...–tartamudeó Leia, incapaz de decir más.
–¿Se puede saber qué...quién...–Bail lo miró y él le aguantó la mirada, sin parpadear–¡Tú eres...el de las clases particulares!
Bail dio dos pasos hacia él y Leia se colocó delante, en lo que él supuso era una postura defensiva. En realidad, con su altura, Leia no intimidaba demasiado. Han seguía siendo capaz de ver a Bail por encima de la cabeza de la chica. Miró al hombre, que empezaba a ponerse rojo de rabia. Él no sabía qué hacer.
–Lárgate de esta casa ahora mismo–dijo Bail, arrastrando las palabras, con un tono de voz que Han reconoció como de amenaza.
–¡Papá!–se quejó Leia.
Una mujer que él no conocía pero que debía ser su madre apareció en la puerta, alarmada por los gritos y miró la escena, con expresión confundida. Luke estaba detrás suya, más serio que nunca. Han lo observó antes de volver la vista a la mujer.
–¿Qué está pasando aquí?¿Quién es ese?–preguntó esta, preocupada.
–Vamos, ¿no me oyes?–continuó Bail, dirigiéndose a Han–¿quieres que llame a la policía?–Leia estiró su mano hacia atrás, cogiendo una de las suyas para que no se moviese de donde estaba.
–¡Papá, no digas tonterías!–exclamó, con la voz agitada–. No puedes hacer esto, soy mayor de edad...
–Esta es mi casa y no pienso aguantar ningún engaño más a mis espaldas–Breha se acercó a su marido y puso una mano en su hombro, intentando calmarlo.
–¡No, papá, déjame explicarte...!
–Leia–interrumpió su madre–¿Nos has mentido otra vez?
–Ya hablaré contigo–dijo Bail, mirando a su hija.
–No, no pienso dejar que eches a Han.
–¡Leia!–Breha parecía escandalizada por el hecho de que su hija estuviese plantándole cara a su padre.
Bail ignoró a la joven y se acercó para coger a Han del brazo bruscamente. Él miró a Leia, sin saber qué hacer, mientras sus manos se soltaban. Reconoció el miedo en sus oscuros ojos. "¿Cree que voy a pelearme con su padre?" pensó, incrédulo. Han no puso resistencia mientras el hombre lo empujaba fuera de la habitación, sujetándolo con fuerza. La situación le parecía de lo más absurda. A su edad, siendo expulsado, prácticamente a patadas, de la casa de una chica.
–¿Es que estás sordo?–continuó Bail mientras atravesaban el pasillo con Leia, Breha y Luke siguiéndoles–. Si vuelves a acercarte a esta casa o a mi hija de nuevo, te denunciaré.
–¿Te estás oyendo?–escuchó a Leia decir a sus espaldas–. Estás sacando las cosas de quicio, papá.
Llegaron a la entrada de la casa y Bail lo empujó hacia fuera. Han se quedó de pie en el umbral, pasando la vista de Leia a su padre alternadamente. Breha se había quedado más atrás y Luke estaba al lado de la cocina, donde Winter lo estaba cogiendo del brazo, mirando la escena preocupada.
–Tengo muchos contactos, puedo hacer que te quiten el título y que no vuelvas a trabajar en tu vida.
Han apretó los puños, empezando a cabrearse de verdad con el hombre. Nadie iba a humillarlo así. Mucho menos un político. Sin embargo, un rápido vistazo a Leia hizo que se calmase de golpe. Ya no parecía enfadada, en cambio, sus ojos estaban llenos de tristeza e impotencia y Han sintió su corazón encogerse ante esa imagen. Quería apartar a Bail del medio, cogerla en sus brazos y llevarla lejos, donde nadie le hiciese daño. Pero no se movió de la puerta. Vio a los labios de la chica murmurar su nombre, como en cámara lenta.
–Te quiero–dijo Leia mientras sus ojos empezaban a llenarse de lágrimas.
–Lo sé–respondió Han con seriedad.
Y no apartó la vista de ella hasta que la puerta se cerró en sus narices.
…
No tuvo noticias de Leia en toda la tarde y tampoco por la noche. La llamó solo una vez por teléfono, con miedo a que aquello le trajese más problemas, pero ella no respondió. No sabía qué estaría pasando en casa de los Organa pero estaba seguro de que Leia no estaría pasándolo nada bien y eso lo estaba volviendo loco.
Apenas pudo conciliar el sueño pensando en lo que había pasado y sintiendo cómo la culpa se lo comía por dentro. "No debí ir a su casa" se repitió una y otra vez toda la noche.
Cuando amaneció, todavía seguía despierto en la cama, y el primer pensamiento que vino a su mente fue el te quiero de Leia. Temía que aquellas fuesen las últimas palabras que escuchase de su boca. "¿Por qué no le dije que yo también la quiero?¿Qué clase de respuesta es "lo sé"? Siempre tengo que cagarla..." se lamentó.
Se levantó de la cama y revisó su móvil pero, como era de esperar, no tenía ningún mensaje ni ninguna llamada. Pensó en llamar a Luke, pero quizá con eso solo empeoraría las cosas. En esos momentos entendió cómo debía haberse sentido Leia el día que los sorprendieron en su despacho de la universidad. El día que él le dijo que esperase y aún así ella apareció. Ahora la entendía completamente. Solo que esta vez no era su trabajo lo que estaba en juego. Sin embargo, no tenía muy claro qué estaba en juego exactamente. ¿Su relación? Probablemente. Pero si algo tenía claro era que él nunca se interpondría entre Leia y su familia. Él sabía lo importante y necesaria que era la familia en la vida de una persona y no arrebataría a Leia ese privilegio. Decidió que, si la obligaban a elegir, él desaparecería. Ese último pensamiento provocó una punzada de dolor que decidió ignorar por su propio bien el resto del día.
A medio día ya no fue capaz de soportarse a sí mismo ni a sus pensamientos, así que decidió llamar a Wedge para que le hiciese algo de compañía. A esas alturas, ya daba igual quién se enterase de lo suyo con Leia. Todas las personas que no debían saberlo, lo sabían.
–¿Cómo no me lo contaste antes?–preguntó su amigo media hora después, sentado en el salón de su apartamento.
–No quería involucrar a más gente–respondió Han, rascando una de las orejas de Chewie, a su lado.
–Ya no vivimos en una sociedad tan estricta, no importa tanto la edad...
–No se trata de la edad–repuso él–...Bueno, quizá para sus padres también se trata de eso, no lo sé. Pero el punto es que yo era su profesor y mi trabajo era enseñar, no ligármela–miró su teléfono, que había estado en el mismo lugar toda la mañana, sin señales de Leia, y suspiró.
–No sé, Han–dijo Wedge, siguiendo su mirada hacia el aparato–. Bail Organa siempre me ha parecido un político honrado y un hombre honesto. Al menos, da esa sensación en la tele. Si se preocupa lo suficiente por la felicidad de su hija, acabará aceptándolo.
–Yo no estoy tan seguro–murmuró, recordando el cabreo del hombre el día anterior.
–Ningún padre reaccionaría bien a encontrar a su niñita en la cama con un tío–dijo su amigo, sonriendo.
–No estábamos...Bah, olvídalo.
Los dos amigos estuvieron juntos toda la tarde y cenaron en el apartamento de Han, intentando que este último no pensara demasiado en Leia. Wedge consiguió apartarla de su mente por algunos momentos, pero en cuanto se despidieron y Han cerró la puerta, volvió a preguntarse qué estaría pasando en casa de los Organa. Incapaz de aguantar, decidió llamar de nuevo a Leia. Marcó su número sentado en el sofá, ansioso, y esperó. Escuchó varios tonos hasta que saltó el contestador. Era evidente que las cosas seguían mal, y estaba empezando a echar de menos a la chica tanto como un adolescente a su primer amor, cosa que le parecía demasiado estúpida para un hombre de su edad.
Se puso unos simples pantalones de pijama, sintiendo cómo el insomnio de la noche anterior y el calor empezaba a hacer efecto en su cuerpo y se dejó caer en la cama. En cuestión de minutos, se había quedado dormido.
…
Los ladridos de Chewie desde la entrada del apartamento lo sacaron de golpe de su sueño. Alguien estaba llamando a su puerta. Se puso las gafas para mirar al reloj de su mesita, desorientado, y vio que eran las tres de la madrugada. Se levantó, aún adormilado, y recorrió el pasillo medio a oscuras. Cuando abrió la puerta, unos conocidos brazos se enroscaron en su cuello, abrazándolo con fuerza.
–Leia...–susurró contra su pelo–¿Qué ha pasado?¿Qué haces aquí?
La joven se separó un poco, lo suficiente para que él pudiese mirarla a la cara por primera vez. Tenía ojeras y los ojos rojos, como si hubiese estado llorando, pero no parecía triste. No supo reconocer lo que pasaba por su mente en esos momentos. Cuando volvió a abrir la boca para hablar, preocupado, Leia le puso un dedo sobre los labios y lo empujó de nuevo hacia la casa, cerrando la puerta tras ellos. Pronto volvió a acercarlo a su cuerpo y sustituyó su dedo por sus labios. Lo besó con una ferocidad impropia de alguien tan pequeña como ella. Y Han no pudo hacer más que seguirle el ritmo.
Continuará.
