La mantuve así, pegada a mi cuerpo, intentando hacerla recuperar calor, por alrededor de dos horas, hasta que sentí que su respiración era normal y que su piel se sentía tibia. Lo más peligroso había pasado, sus manos habían perdido el amenazante color púrpura, y sus labios volvían a ser rosa carmín.
Me reincorporé con mucho trabajo. La posición en la que estaba había logrado que mis piernas se entumecieran, pero todo era justo si con un poco de dolor podía ayudarla a mantenerse en este mundo. Quizás nunca sería mía, pero el sólo hecho de verla era suficiente regalo para mí.
Stear y Archie ayudaron a levantarme. Los cinco muchachos no se habían movido ni un sólo momento de mi cámara y habían estado elevando oraciones a los grandes durante toda la noche. Les pedí de nuevo que se retiraran un poco, mientras acomodaba a Candy en mi lecho. La cubrí con cuidado, intentando que las mantas pudieran conservar todo el calor que hasta el momento había ganado. Cuando estaba terminando de arroparla pude ver en la parte baja de su hombro una pequeña marca, me pareció muy curiosa su forma y el lugar en el que estaba. Parecía un cisne que llevaba una rosa en el pico. La razón de mi sorpresa era que yo llevaba en ese mismo lugar un águila, que representaba mi pertenencia a la "Real Familia Andrew", pero no le presté demasiada atención, en ese momento tenía cosas más importantes en que preocuparme. Sería hasta algunos meses después, que yo me enteraría del valor de aquel símbolo.
Al verla ya más tranquila mandé a los muchachos a sus cámaras. El día había sido muy cansado y debían descansar. Les prometí estar pendiente de Candy, y les dije que si había algún cambio en su estado mandaría inmediatamente por ellos.
Así que me quedé sólo con ella, velando su sueño. Se veía tan tranquila y apacible. Rose alguna vez me dijo que uno se da cuenta que ama profundamente a alguien cuando puede pasar la noche entera contemplando a la persona amada mientras duerme… yo podría haber pasado la vida entera de esa manera. La amaba y mucho.
Las horas pasaron y poco después de que los primeros rayos del sol salieron el Rey llegó acompañado de su druida para revisar la salud de mi pequeña dama.
Ella estará bien, hizo usted un excelente trabajo al recuperar el calor de su cuerpo… de haber creído que el dejar de temblar era una buena señal ella estaría ya acompañando a los grandes en su viaje por el otro mundo.
No lo diga señor, por favor ¿qué debemos hacer ahora? ¿Por qué no despierta aún?
Su cuerpo está recuperando energías mediante el sueño, pero puede estar seguro que pronto la tendrá de nuevo con la salud completamente restablecida.
Gracias – llevé las manos a mi rostro y con ellas cubrí mis ojos, dejando una pequeña exhalación escapar de mis labios. Estaría bien, ella estaría bien.
Albert, sería bueno llevar a Candy a su cámara, necesitas descansar muchacho. Mandaré a una de las doncellas de la reina a atender a la pequeña.
Alteza, ella puede quedarse aquí, estará más cómoda. Agradezco su intención de mandarle una doncella pero, creo que yo puedo cuidarla solo.
No lo dudo, pero será mejor que una doncella lo haga. Debe vestirla y eso no podrás hacerlo tú. Si quieres que se quede aquí así será, pero te asignaré otra cámara para que puedas descansar.
No es necesario, tengo muchas cosas que hacer por el momento y cuando la noche caiga puedo juntar algunos almohadones y dormir aquí mismo. No quiero dejarla hasta saber que está bien – un extraño brillo cruzó los ojos del rey, que me sonrió y aceptó mi propuesta.
Será como tú desees muchacho.
Tenía mucho que hacer. En cuanto la doncella llegó salí de mi cámara en busca primero de Sir George y luego de Elisa.
Veía que la venganza de Elisa en contra de Stear estaba siendo muy dura y ponía en riesgo la vida de Candy, yo no podía dejar que las cosas se pusieran peor, así que, había tomado una decisión.
Le pedí a Sir George que se encargara de hacer todo lo necesario para llevar a Candy a Lakewood con nosotros. No sabía bien que hacer, pero no podía dejarla con los Leegan por más tiempo. No podía hacerla una Andrew, al menos no por ahora, pero si su relación con Anthony progresaba, pronto podría ser parte de la familia. Hubiera deseado tanto hacerla mi esposa en aquel mismo instante, pero las cosas no debían ser así. Sir George sugirió mandarla como aprendiz o doncella de Lady Elroy. Dejaríamos claro que esa pequeña era la futura esposa de Anthony, y que yo, como futuro Rey, apoyaba esa unión. Esa era la única manera de hacer que Lady Elroy se encargara de su cuidado, sería difícil, pero si era una orden real, ella no podría negarse.
Después de dejar todo listo con Sir George salí en busca de Elisa. Al llegar a su cámara, una nueva doncella me dijo que su señora no estaba bien de salud y que no podía recibirme. Me acerqué a la dama y le pedí, en un tono tranquilo pero amenazante, que dijera a su "señora" que si no me atendía de inmediato gritaría todo lo que tenía que decirle ahí mismo y todos se enterarían de sus fechorías. La doncella entró apresurada a la cámara y salió para guiarme dentro.
Elisa estaba parada junto a la ventana, con una muy bien actuada cara de consternación.
Pudo haberla matado.
Nunca quise lastimarla.
Pero estuvo a punto de morir.
Lo lamento…
Eso no es suficiente.
Por favor caballero, no diga nada. No sé cómo se enteró, pero nadie más puede saberlo… se lo suplico, me siento morir por haber sido tan torpe. ¿Ella está mejor ahora?
Su fingida preocupación me enferma – ella río.
Si dice algo, lo negaré todo. Diré que fue usted quien ideó esto. Diré que usted se opone a la unión de Anthony con Candy y por eso quiso desaparecerla de su vida. Diré que la quiere para usted mismo y no soporta verla al lado del príncipe Andrew.
Haga lo que quiera. Sólo vengo a informarle que Anthony, Candy y yo partimos en unos cuantos días al castillo de Lakewood, desde este momento ella deja de ser su doncella.
A Lakewood, ¿acaso será doncella de Lady Elroy? – dijo en tono socarrón.
No, Lady Elroy la instruirá para ser la digna esposa del príncipe Anthony – su expresión cambió radicalmente.
Pero…
Ahora "mi lady", le hago a usted la misma advertencia que hice a su hermano ayer: si se atreve a lastimar de nuevo a Candy, yo vendré a cobrar cada una de sus lágrimas. Si ella sufre por su causa la haré a usted pasar el doble de su sufrimiento. Aléjese de ella.
Elisa se veía asustada cuando salí de su cámara. Ahora era cuestión sólo de esperar que Candy recuperara su salud, para poder emprender el viaje de regreso a casa.
Acudí después a hablar con el Rey, seguramente Anthony había ya hablado con él, pero sentía que era una responsabilidad mía hacerlo también. Él me dijo que, efectivamente, mi sobrino ya le había comunicado su decisión de partir cuanto antes a nuestro reino y, me dijo que él y su familia partirían con nosotros en el momento que quisiéramos. Yo no estaba de acuerdo con eso, era demasiado riesgoso llevar a una caravana en la que se transportaran los herederos de dos de las familias reales más poderosas, sin haber planeado con mucho cuidado cada uno de los detalles. Pero el rey no dio su brazo a torcer y al salir de la audiencia con él estaba seguro que el viaje nos depararía algunas sorpresas.
Fui de nuevo con Sir George para comunicarle que la familia Cornwell viajaría con nosotros. Ahí estaban Sir Richard y Lord Wessex, ellos venían con nosotros también.
La caravana sería grande, teníamos que arreglar los asuntos referentes a la seguridad lo más pronto posible. Reuní a nuestros caballeros y a los caballeros Cornwell que viajarían con nosotros para disponer todo.
La semana pasó pronto y Candy estaba mucho mejor, su recuperación había sido favorable y yo pasaba tanto tiempo como me fuera posible con ella. Tenía que estar seguro de que estaba bien para emprender el regreso a casa. Ella había insistido en regresar a su cámara pero yo le dije que no se preocupara, que yo ya tenía asignada otra, de hecho no la necesitaba, pasé las últimas noches de mi libertad bajo el cobijo de un hermoso manto de estrellas.
La familia Leegan se unió al viaje, Anthony los había invitado antes de que sucedieran todas las cosas desagradables de los últimos días. Neil se disculpó argumentando un fuerte resfriado que lo mantendría en cama. La verdad era que no tenía el valor de enfrentar a Candy. Elisa sin embargo estaba lista a viajar con nosotros.
La caravana estaba compuesta de un centenar de caballeros, que flanqueaban a ambos lados a la familia Cornwell, a los Leegan y Anthony. Todos los caballeros viajábamos a caballo, y las damas eran transportadas en grandes literas. El viaje fue lento. Parábamos cuando encontrábamos un lugar que aún no hubiese sido atacado por el otoño, pero todo había transcurrido sin problemas mayores.
Después de casi dos semanas de viaje, el castillo de Lakewood se manifestaba majestuoso frente a nosotros, pero el destino se nos presentó como una barrera que nos impidió el paso.
Estando en un claro sin protección alguna, un grupo de sajones nos atacó. Nos tomaron por sorpresa y comenzaron a derribar las pocas defensas que teníamos. Debíamos acercarnos más al castillo, pedir auxilio con ellos. Pero primero debíamos proteger a las damas, a los reyes y a los príncipes.
El rey Cornwell y sus hijos estaban ya dispuestos a la batalla, y así lo estaban también el resto de mis amigos y Anthony, insistí en que ellos buscaran refugio en el castillo, pero por toda respuesta obtuve un rotundo "no".
Busqué a Candy con la mirada, la vi parada junto a la reina, empuñando una daga. Era muy valiente, pero no podría hacer nada contra un sajón, además aún estaba débil. Me acerqué a ella y le pedí que llevara a la reina, a lady Leegan y a Elisa al castillo. Sir Sagramore se ofreció a llevarlas y a él se unió Sir Lamorak. Candy no quería dejarnos, pero la batalla era ya eminente y yo no podía arriesgarla. Ellos partieron y nosotros nos dirigimos al centro mismo de la pelea.
Lo que estaba pasando nos tomó por sorpresa y nuestra defensa estaba siendo improvisada pero efectiva. El combate era fiero y por ello yo estaba seguro de que no duraría mucho.
Nuestro rival volvía a ser un grupo de sajones. Ellos tienen como religión a la guerra y su diosa es la muerte. Pelear contra un sajón es lo más terrible y temible del mundo. Son fieros oponentes y no temen morir. Para ellos perecer en batalla es el más grande de los honores que la vida les puede ofrecer.
La batalla estaba ya llegando a su fin, muy pocos quedábamos en pie y las bajas eran extensas en ambos grupos.
Terry, Anthony y yo luchábamos casi espalda con espalda. Yo buscaba protegerlos tanto como me fuera posible así que evitaba dejar pasar enemigos hacia donde estaban ellos, pero me era imposible frenarlos a todos. Afortunadamente los dos jóvenes eran diestros en el manejo de las espadas y las dagas. Habían logrado derribar a sus adversarios sin obtener heridas graves.
Mientras luchaba con dos feroces sajones, volteé a ver a Anthony, él estaba trabado en batalla con un guerrero, pero parecía tener pleno control de la situación. Después giré hacia Terry, lo que vi no me agradó nada. Él estaba luchando con un hombre que le doblaba en edad y fuerza… era casi un gigante. Tenía que apresurarme e ir en su auxilio, no podía permitir que algo le pasara… pero me era imposible deshacerme de mis oponentes, cada vez que derribaba a uno, me salía otro al paso.
Terry me preocupaba mucho, pero tenía que confiar en su destreza. De pronto, escuché un grito que me heló la sangre, era la voz de Candy.
¡TERRY!… - y lo demás pasó muy rápido.
¡NOOOOO!
¡ANTHONY!
