Disclaimer: es algo que a veces seme olvida, pero creo que no hace falta recordar que ninguno de estos personajes me pertenecen (bueno algunos de ellos si, y al que me lo plagie... jejejej) la esencia de este magnifico mundo es tan solo de JKR mi musa de la inspiracion, la mujer que quiero ser de mayor (y si consigo tener las mismas arcas que tiene ella mucho mejor jajajjaj). Bueno gente muchos besazos y a disfrutar de la lectura
¿Celosa...?
Sus corazones latían aceleradamente, un grupo de mariposas parecía haberse instalado en sus estómagos, la boca empezaba a estar reseca, y en esos instantes, lo que más apetecible les parecía eran los labios del otro, la distancia se acortaba, apenas unos milímetros los separaban al uno del otro. Podían sentir el aliento del otro sobre sus labios, una sensación que los llevaba a otro mundo. Sus labios ya se rozaban, un poco más y saciarían esas ganas que los carcomían por dentro... o al menos esa era la visión que Hermione tenía en su cabeza, ya que lamentablemente eso no fue lo que sucedió.
Harry tomó conciencia de lo había estado apunto de hacer, milésimas antes de que sus labios llegaran a rozar los de su mejor amiga, y su primer acto reflejo fue guardar las distancias con la chica.
- Esto... lo siento.. no ... era mi intención... — Se disculpó el joven, visiblemente azorado.
- Yo también lo siento Harry, no se que me ha pasado... — Contestó una Hermione, cuya cara reflejaba un color semejante al pelo de un Weasley.
- Creo que lo mejor será ir a visitar a Dumbledore, no sabemos con certeza si el tiempo que hemos pasado en el limbo será el mismo que haya transcurrido aquí. — Observaba nerviosamente la habitación, que no era otra que la sala de los menesteres, el mismo lugar en el que habían desaparecido.
- Opino lo mismo que tu, vayamos directos al despacho del director. — "Por Merlín, he estado apunto de traicionar a mi mejor amiga y a su hermano, con el que por cierto, mantengo un noviazgo... ¿Quién me mandará a mí pensar en semejantes cosas? Hermione Jane Granger¿Y después de esto, te seguirás considerando una chica racional cuando has estado apunto de besar al que ha sido tu mejor amigo durante estos últimos seis años, y precisamente ahora que está coladísimo por Ginny?".
- "¿Pero que he estado apunto de hacer? Menos mal que al final no ha sucedido nada, no me perdonaría traicionar a Ginny. Además, tampoco creo que Hermione quisiera que hubiese sucedido algo. ¿O si..?". Miró furtivamente a la castaña, que tenía la mirada fija en el suelo, y se mordía el labio inferior. "Seguramente sus pensamientos serán semejantes, ya sabe que ella no amaba a Ron, pero el daría todas mis riquezas almacenadas en Gringotts, a que entre Hermione y su mejor amigo siempre había habido algo de química, por algo el refrán de los que se pelean se desean..."
- Vamos Harry, parece que estés un poco en la luna... — Lo sacó de sus cavilaciones ella.
- ¿Qué tal si nos aparecemos directamente?
- Es buena idea.
- ¿Te sientes fatigada?
- No, me encuentro perfectamente. ¿Y tú?
- No. Entonces vamos... a la de tres. — Se cogieron de las manos y cerraron los ojos. — Uno... dos... y tres... — Un leve "plof" se escuchó el la habitación que volvió a quedarse vacía.
Albus Dumbledore, director del prestigioso colegio de magia Hogwarts, descansaba, por así decirlo, en su despacho. Habían pasado ya tres días desde la desaparición de dos de sus mejores alumnos, y la verdad es que ya comenzaba a preguntarse si realmente volverían. Esa misma noche había mantenido una reunión con la Orden del Fénix.
Flash Back
La mayoría de los miembros ya se hallaban sentados entorno a la mesa, tan solo estaban vacíos los asientos de Remus Lupin y Nympathora Tonks, ambos en una misión. Dumbledore creyó apropiado iniciar la junta, y así lo hizo:
- Queridos amigos, me gustaría poder brindarles alguna buena noticia... pero me temo que no es el caso, y mucho menos en los tiempos que corren. Esta misma tarde Arthur me trajo un pergamino que había llegado a sus manos, quedando en el anonimato su remitente. Aunque a simple vista parecía no aportar mucha información, creo que es la suficiente como para decidir que bando será el vencedor de esta lucha, en función de cómo se manejen esos datos que esa persona ha puesto en mi poder.
- ¿Tienes idea de quién ha podido ser Albus? — Inquirió Molly, bastante alarmada ante tal afirmación.
- Si Molly, pero son meras especulaciones, solo espero que ese alguien sea bastante precavido en cuanto a sus actos, Voldemort no es alguien a quien le guste dar segundas oportunidades a la gente.
- ¿Insinúas que trabaja para él? — Preguntó mordazmente Snape.
- No lo insinúo mi querido Severus, creo que puedo afirmar que trabaja para él, hasta me atrevería a decir que puede ser cualquiera de sus más allegados. — Dijo Dumbledore clavando sus ojos azules en los negros del profesor de pociones, mirada que esquivó de momento el susodicho.
- ¿Y cuál esa información que te ha dado, y qué es lo que nosotros tendremos que hacer al respecto? — Se adelantó Arthur Weasley.
- ¿Recoradaís aquello que os conté hace tiempo de los cuatro herederos? — Hubo un asentamiento generalizado. — Pues bien, como os dije entonces, el mundo mágico permaneció en paz mientras los cuatro fundadores mantuvieron su relación de amistad, o en el caso de Slytherin con Gryffindor, más bien de mutuo acuerdo, en el que ambos mantendrían un respeto por el otro. Pero como bien somos conocedores de lo que sucedió, esto no fue así por siempre, y cuando Salazar decidió separarse de los demás, e intentar crear un mundo de "sangres puras", libre de muggles y sangre mestizas, la guerra estalló, y fue necesario que los demás fundadores estrecharan sus lazos para pararle los pies a este, y así evitar que el propósito de Slytherin no se llevara acabo. Pues bien, como comprenderéis, la situación actual es un mero reflejo de lo que sucedió en antaño, lo cual, nos lleva a la existencia de tres herederos más. — Tomó un instante para observar la reacción de los presentes, hasta Snape parecía realmente interesado en el relato. — En la carta hablaba de estos, pero el dato de vital importancia era el que no había puesto, es decir, cualquiera que la leyese no lograría entender más que una sarta de frases incoherentes y sin sentido. Solo alguien que supiese lo mismo que yo acerca de este tema sería capaz de hallar con la auténtica verdad oculta.
- ¿Podría explicarse mejor Albus? — Instó Molly, algo nerviosa ante las los rodeos del director.
- Por su puesto, iré al grano. — Se colocó bien sus gafas de medialuna, y entrelazó sus manos adoptando una pose pensativa, o mejor dicho, buscando las palabras idóneas para decirlo. Después de unos breves instantes de tensión, y un silencio sepulcral, alzó la mirada y se dispuso a hablar. — Al punto al que quiero llegar es que en este caso no estaremos hablando de tres herederos contra Voldemort, sino que serán cuatro. — Algunos de los presentes exclamaron sorprendidos, y otros, escrutaban con la mirada al anciano director. Tras unos momentos de confusión volvieron a callar. — Han oído bien, no hay cuatro herederos, sino que las circunstancias han hecho que sean 5 las personas sobre las que recaerá el futuro del mundo tal y como lo conocemos hoy en día. Aunque por el momento no os puedo decir los nombres, dos de ellos lucharán por nuestro bando, y tengo la certeza de saber quienes son los otros dos restantes, y eso es lo que realmente me preocupa, saber la postura de los dos restante, sobretodo la de uno de ellos en particular.
- ¿Acaso tratas de decirnos que alguno de ellos puede ser el fruto de una escapadita entre dos herederos, y que de ahí a podido salir un tercero? — Dijo en tono de burla Fred, que se ganó una mirada recriminatoria de su madre. — Perdón... —Rectificó el joven, cayendo en la cuenta de que no era momento de hacer gala de su sentido del humor.
- Lo siento Albus... perdona la impertinencia de mi hijo. — Se disculpó la señora Weasley.
- No hay nada que perdonar Molly, ya que por muy absurda que sea la idea que el acaba de decir, es la tesis en la que me he basado yo. Claro está, que no la he enfocado del mismo modo. — Dedicó un guiño al gemelo a modo de tranquilizarlo, ante el cual, el joven se limitó a sonreír tímidamente, ya que su madre seguía observándolo, no sabría decir si su cara era de total desconcierto o incredulidad ante las palabras del director.
- ¿Estás seguro de lo que dices Dumbledore? — Pregunto Moody.
- Si no lo estuviera no os lo habría contado Alastor.
- Ahora bien, vayamos a tratar el siguiente punto del acta. ¿Qué sabemos a cerca de la acción de Tonks y Lupin dentro del grupo de hombres lobo? — Preguntó Snape.
- Hasta el momento no hemos recibido noticia alguna sobre su estado...
- Yo he escuchado rumores de un ataque de estrañas criaturas a un pueblo muggle, aquello fue una auténtica carnicería. Los aurores tuvieron que fingir que había sido producto de un atentado, ya que la magnitud de la masacre fue tan grande que no hallaron sobrevivientes. — Dijo Steaven, un hombre de unos cuarenta años de pelo castaño, y de nacionalidad hispanoamericana.
- Creo que eso es todo caballeros. — Dijo el director incorporándose de su asiento, y mirando a los presentes. Pero con el corazón encogido ante la falta de noticias de dos de sus mejores aurores y miembros de la Orden — Solo quiero recordarles el motivo por el cuál fundemos esta organización, no solo luchamos por el mundo mágico en sí, luchamos por mantener viva esa llama de la esperanza, de la paz, y del amor, que vive en cada niño pequeño, en cada persona mayor, en cada uno de nosotros, eso que hace que día a día nos volvamos a levantar a plantarle cara a Voldemort, ese sentimiento cálido que nos acompaña en cada batalla, y el que será nuestro más fiel aliado. Recordadlo siempre, en los peores momentos. — Dedicó una amplia sonrisa, y los demás, dando por terminada la reunión, fueron saliendo pausadamente de la habitación, todos salvo Snape.
- Sabes que ese estúpido sentimiento no nos va a ayudar en esta guerra. — Dijo mordazmente el profesor de pociones.
- No pienso discutir contigo Severus. En numerosas ocasiones hemos hablado de ese tema, y si no crees en él ese será tu problema, o mejor dicho, llegará a convertirse en tu peor defecto. — Suspiró abatido Dumbledore. — Dime Severus¿A qué aspiras en la vida¿Cuál es tu verdadero motivo? El día que halles esas respuestas te habrás encontrado a ti mismo, y por fin, sabrás a que sentimiento me refiero.
- Sabes que nunca he creído en esas cosas Albus. — Repuso con voz indiferente, y con un atisbo de sorna. El director se giró hacia él, y lo miró con compasión.
- Por mucho que luches contra él, confío en ti, y sé que llegado el momento, le abrirás las puertas de tu corazón. — Snape dejó salir una risa escéptica de sus labios.
- Siempre has sabido cuales son mis metas, lo que aún no entiendo es el por qué me las preguntas ahora. Dejé el bando oscuro para unirme al de la luz¿No te parece suficiente prueba de lealtad?
- No me malinterpretes mi querido Severus, yo nunca, y repito NUNCA, he dudado de tu lealtad, le pese a quien le pese. Pero aquel día que me rebelaste el motivo por el cuál habías dejado de servir a Voldemort supe que no me habías dicho la verdad. — El rostro de Snape se tensó, incluso palideció más de lo normal. — No hace falta que te pongas nervioso, aunque tu nunca me lo dirás, yo sí se cual fue el verdadero motivo por el cual regresaste, y respetaré tu decisión de no querer decírmelo. — No fue capaz de pronunciar palabra alguna, dedicó una última mirada de asombro al director de Hogwarts, y salió sigilosamente de la habitación.
El anciano director se dejó caer en la butaca, ya no tenía la misma vitalidad que antaño, y sinceramente, dudaba mucho de si sería capaz de sobrevivir a esta guerra. Pero esa no era su principal preocupación, en esos instantes un mar de preguntas inundaban su cabeza, y todas ellas sin respuesta alguna. Se escuchó un leve "plof" y un fénix apareció junto al mago.
- Hola Fawkes -(N/A: no se si se escribe así, espero que me puedan decir como es)- ¿Me traes noticias amigo? — El ave como toda respuesta hizo un asentimiento de cabeza. - ¿Debo regresar al castillo? — Un nuevo movimiento de cabeza le indicó que la respuesta era afirmativa. — Pues no perdamos más tiempo.
La batalla no había salido como esperaban, y las causas eran más que evidentes. En el momento que Remus dio la orden:
Flash Back
- ¡¡¡¡¡¡AHORA!!!!!!!!! — Remus Lupin encabezaba el ataque, pero no sobre los muggles, sino sobre sus propios congéneres. Su principal objetivo era el cabecilla del grupo, Marcus Rufterd, tenía alrededor de los 50 años, pero su fuerza y vitalidad superaba 10 veces a la de un hombre de 25. Cuando no se encontraba transformado tenía un aspecto terrorífico, sus ojos eran negros como el mismísimo carbón, su pelo negro enmarañado, y sus numerosas cicatrices repartidas a lo largo de su cara, junto con su nariz ancha y respingona, le daban un aire tenebroso. Su mirada, esa mirada que congelaba a todo aquel que se atrevía a clavar sus ojos en ella, algunos decían que mirarlo a los ojos era como mirar a la mismísima muerte, como corroboraban los cientos de muggles que habían perecido a manos de ese individuo. Si su apariencia era temible, su carácter no quedaba atrás, era grosero, desconfiado, perverso... Pero sobretodo, su afán por vengarse de la raza humana hasta el punto de exterminarla, le llevaba a la locura. Debió de haber sufrido mucho desde que era niño hasta sus días, un sufrimiento que solo alguien como Voldemort, sería capaz de convertirlo en odio. Eso era Marcus, una máquina rebosante de odio, con ansias de venganza, no tenía ni conocía límite alguno ante sed de sangre, y venganza.
Por eso era de esperar que la lucha se iba a convertir en una auténtica carnicería. Desde un principio Marcus había desconfiado de Remus y de Tonks, pero gracias al apoyo de unos pocos dentro del grupo dejó que estos continuaran en él.
- ¡¡¡¡¡Maldito traidor!!!!! — Repuso el jefe de los hombres lobo. — Lo sabía, sabía que me ibas a traicionar, lo vi en tus ojos... en tus ojos hay esperanza, hay un brillo especial... ¿Será eso que llaman "amor"? — Se mofó de Remus, mientras miraba de reojo a Tonks. El auror se tensó, y Marcus pudo percibir el miedo brillar en sus ojos dorados. — Aún estás a tiempo de unirte a mí, y salvarla a ella, si tanto te importa deberías de recapacitarlo. — Le dedicó una sonrisa triunfal, creyéndose vencedor. Pero sacó conclusiones precipitadas...
El auror en su forma de hombre lobo se abalanzó contra Marcus, propinándole cortes y arañazos profundos, ante lo cuál, el herido no pudo evitar gemir de dolor. Logró soltarse rápidamente del ataque y se giró a una velocidad impresionante, lo que pilló desprevenido a Lupin. Ahora fue el momento del contraataque. Marcus clavó sus garras en la espalda del auror, sintiendo como atravesaban la piel del licántropo, y el calor de la sangre recorriendo sus manos, transformadas en esos instantes en unas poderosas y fuertes garras. Aulló, como un perro herido, el dolor era tal que no podría describirlo con palabras, se sentía desfallecer... Marcus dejó el cuerpo tirado en el asfalto de la calle, para instantes después propinarle una fuerte patada en el estómago. Se agachó y con una facilidad increible lo levantó del suelo por el cuello, con una sola mano. Apretó su cuerpo contra el muro de una casa que había cerca de la escena. Remus podía sentir el frío contacto de la piedra contra la herida que tenía en su espalda, miles de agujas le atravesaban, tenía que hacer enormes esfuerzos para poder abrir los ojos y mirar a la cara a su agresor, y posiblemente al que se convertiría en su asesino.
Varios metros más allá los muggles corrían despavoridos en busca de algún escondite, algunos de ellos yacían muertos en el suelo, rodeados de un charco de sangre, otros intentaban proteger a sus niños de aquellas bestias, pero todo era en vano.
Un grupo de 6 niños estaba acorralado junto a la entrada de la iglesia del pueblo, 4 hombres lobo los rodeaban y ellos solo se apretaban más los unos a los otros, al mismo tiempo que la distancia que los separaba se veía menguada.
- Carne fresca... — Dijo uno de ellos mientras se relamía el hocico. Los niños temblaron a más no poder, ya casi podían oler el apestoso aliento de aquellas criaturas, nisiquiera en las películas se podía plasmar lo que ellos estaban viviendo en esos instantes.
- ¡¡¡Oye Carl!!! Déjame esa pequeña ricura para mí... quiero despedazarla bracito a bracito, pierna a pierna, para después arrancarle el corazón — La mirada del hombre lobo había ido a para a un aniña de apenas 5 años, que se convulsionaba debido a los nervios y al terror que sentía. Los demás niños hicieron un círculo entorno a la joven y abrieron los brazos para evitar que pudieran atacarla.
- Mirad lo que tenemos aquí... un grupito de niños valientes... ¿Y qué pensáis hacernos¿Acaso vais a llamar a vuestras mamás para que vengan a ayudaros? Me temo que eso no va a poder ser — Dijo el hombre lobo fingiendo que aquello le entristecía mucho. — Ellos ya deben de estar con vuestro "diosito", al igual que ustedes estaréis. — Dijo con una voz ronca y peligrosa, segundos antes de avalanzarse contra ellos.
- ¡¡¡¡¡¡EXPELLIARMUS!!!!! — Gritó la voz de una mujer. El hechizo impacto al hombre lobo estampándolo contra la pared de la iglesia, pero lamentablemente no lo dejó inconsciente.
- Vaya, vaya... sabía que eras una zorra... — Dijo el atacado mientras se levantaba del suelo, y se quitaba con sus garras un hilillo de sangre que le caía por el labio.
- ¿Solo sabes hacer eso? — Dijo con sorna. — Espero que tengas algún truquito escondido debajo de la manga, porque de lo contrario tus segundos están contados, bruja. — Sonrió maliciosamente.
- No sabes de lo que soy capaz... — Le siguió el juego. Haría lo que sea para evitar que le pasara algo a esos niños, bastante tendrían que soportar con la muerte de sus padres, pero aún estaban a tiempo de salvar sus vidas, y ella lo conseguiría, ya fuera a cambio de la suya.
- Pues demuéstramelo gatita... — Los hombres lobo que instantes antes acorralaban a los niños se habían reunido entorno a ella. Sería una pelea de cuatro contra uno.
- DESMAIUS.. — El haz de luz roja impacto a uno de ellos, que cayó al suelo inconsciente, pero la reacción de los demás no se hizo esperar y se abalanzaron contra la chica. — Ahhhhhhhhhhh — No pudo reprimir un quejido, uno de ellos le había dado un corte profundo en el hombro derecho, podía notar como lentamente la sangre comenzaba a manchar su túnica. Segundos más tarde se encontraba tirada en el suelo y aprisionada bajo tres hombres lobo.
- Disfrutemos un poco del momento chicos... — Dijo el que parecía liderar a los que quedaban allí. — Sería una lástima no disfrutar de una bruja tan bonita... — Acarició el pelo del chica y lo acercó a sus fosas nasales, para que el olor a hierbas silvestres llegara a extasiarlo. Los tres comenzaron a quitarle la ropa a la joven, que lloraba y forcejeaba, pero era imposible. Parecía menteira que eso le estuviese pasando a ella, ni siquiera Remus la había echo aún suya, y en esos instantes tres abobinables hombres lobo la estaban violando.
- NOOOOOOOOOOOO — Gritó la joven, desgarrando el aire con el eco de su voz. Pero nadie la escucharía, el ruido de la batalla era ensordecedor, y para cuando los aurores llegaran al lugar no quedaría nada que hacer. Ya la habían despojado de sus ropas, y la manoseaban a su antojo, pasando sus manos sucias de sangre por cada parte de su cuerpo virgen, nunca antes tocado. Lloraba y lloraba, ya nada tenía solución, solo quería que aquello acabase de una vez por todas. Pero el diablo nunca cree que sea suficiente, y llegó la peor parte, sintió como si se rompiera por dentro, un dolor indescriptible la invadió y que la paralizó, el sentir aquello dentro de ella era lo más repugnante que le puede pasar al alguien,. Una y otra vez salía y entraba, cada vez con más fervor, se sentía desfallecer... Hasta en tres ocasiones tuvo que sufrir lo mismo, las lágrimas seguían bañando su rostro, ya se había dado por vencida, solo quería morir. Una vez desapareciera de ese mundo aquella angustia, aquel dolor, aquel sentimiento que la estaba matando desaparecería. Notó como dejaban de penetrarla y ahora la cogían fuertemente del cuello. Haciendo honra a su familia abrió los ojos para mirar a su asesino, que sonreía ante la escena.
- Llegó tu hora... — El hombre lobo cerraba lentamente sus garras alrededor del cuello de la joven auror, oprimiéndolo, haciendo que poco a poco su vista se fuese nublando más y más, debido a la falta de oxígeno en su cerebro. La última visión que tuvo fue como Remus Lupin, su gran amor, se encontraba en una situación bastante semejante.
- Remus... — Susurró antes de perder la consciencia.
"Remus..." Esa voz... Remus Lupin se encontraba al abismo de la muerte, cara a cara con ella, y en esos instantes lo único que escuchó fue su voz, la de ella, e instintivamente alzó la mirada, para una escena que no olvidaría nunca. Allí se encontraba, desnuda, rodeada por 3 hombres lobo, uno de ellos la estaba asfixiando. No sabría decir cómo, ni de dónde pudo sacar aquella energía, pero el caso es que lo hizo. Le propinó una patada en la entrepierna a Marcus, que quedó adolorido y retorciéndose en el suelo del dolor. Sin mirar a ningún otro lado se fue directo hacia allí.
- ¡¡¡¡¡Dejadla en paz!!!!!! — Sus congéneres se giraron para mirarlo con interés.
- Llego el salvador.. — Dijo con ironía el que sostenía Tonks por el cuello. — Pero creo que se te apagó el despertador amigo. Llegas tarde. — Remus sintió un peso enorme en el estómago, aquello no podía ser verdad. Sacó su varita en un ágil movimiento y 10 segundos más tarde los tres hombres lobo yacían en suelo inconscientes. Se agachó junto al cuerpo desnudo de la metamórfaga y la tapó con su túnica, después de haber comprobado que solo estaba desmayada.
Alzó la mirada para poder observar cual era la situación. Algunos hombres lobo se alimentaban de los cadáveres que se encontraban desperdigados por el suelo, y otros mantenían una lucha con los que habían sido fieles a los ideales de Remus. Este alzó la varita y unas chispas rojas salieron de esta. Los presentes miraron asombrados el evento, Marcus se incorporó a duras penas, y miró fríamente a Lupin.
- Juro por mi vida que pagarás caro lo que has hecho... — Dio un largo aullido, y salió corriendo, o almenos lo mas rápido que pudo, de aquel lugar junto a sus seguidores. Aquellos que seguían del lado de Remus se acercaron a él. Su estado no era mucho mejor que el del auror, además de que de los 10 con los que contaba, solo 5 habían vuelto.
- Vámonos, los aurores no tardarán en venir... — Dicho esto, todos se reunieron junto a una bota vieja que sostenía el hombre de pelos castaños, y la tocaron, para instantes después aparecer en un lugar completamente distinto.
Fin del Flash Back
En esos instantes ella dormía plácidamente en una camilla. Se habían instalado en una casa de madera situada en un recóndito bosque al norte de España, a miles de kilómetros del pueblo de muggles que había sido atacado. En un estante reposaban numerosas pociones, la mayoría de ellas etiquetadas, y varios libros junto a estas. Los demás licántropos dormían plácidamente, una vez habían sido curados de sus heridas. …l también había curado sus heridas, almenos las superficiales, porque las psicológicas lo perseguirían por el resto de sus días. No pudo pegar ojo en toda la noche, por un lado ante la preocupación del estado de la joven auror, y por otro, debido a que las escenas de la batalla se repetían en su cabeza como si de una película se tratase.
- Eso es todo director. — Concluyó Hermione.
- De acuerdo señorita Granger. Ahora creo que lo más importante es que tanto usted, como el señor Potter, regresen a sus respectivos dormitorios. Pero antes de todo quiero recordarles que ustedes han estado en la enfermería durante tres días y tres noches, ya que sufrieron un accidente en la clase de la señorita Laspier, y debido a que no se sabía con certeza que podían tener han permanecido un tiempo preventivo para evitar cualquier tipo de enfermedad. ¿Les ha quedado claro? — Sonrió el anciano.
- Si señor. — Respondieron ambos jóvenes al unísono, siendo conocedores de que aquello sería la excusa que el sabio director le habia expuestos a sus conocidos y demás alumnos de Hogwarts.
- Señor, he de informarle que el ataque ha sido un éxito... — Anunció la voz de Marcus.
- Me alegra, es bueno saber que hay alguien competente dentro de esta panda de inútiles.
- Aunque... — Ahora comenzó a ponerse nervioso, y comenzó a sudar.
- Habla imbécil¿Qué es lo que ha sucedido ahora? — Preguntó de malhumor Voldemort, nunca encontraría a nadie lo suficientemente bueno como para librarse de ese grupito de tontos del ministerio y de la Orden del Fénix, solo sabían meter la pata una y otra vez.
- Verá... hace una semana se incorporaron a nuestras filas dos hombres lobo, un hombre y una mujer... Al principio me resultaron sospechosos, pero ya que los demás decidieron que podían entrar no me negué. — Se tomó un instante para respirar. — Pero hoy...
- Creía que cuando te puse al mando lo hice por que te consideraba una persona inteligente Marcus, y veo que te has dejado engañar por un par de pardillos. ¿No es así? — El silencio invadió la sala, tan solo se escuchaban los crujidos de aquella vieja casa de madera, que había pasado ya dos siglos en lo alto de la colina de un bosque perdido.
- Lo siento mi señor, de verdad que lo siento, no volverá a suceder... — Se inclinó ante su amo, haciendo reverencias. A Voldemort le encantaba que la gente se humillase ante el, pero lo que realmente detestaba es que le fallasen.
- Te lo voy a perdonar, solo por esta vez...
- Gracias, gracias... — Se acercó y le besó los pies. Como respuesta el mago tenebroso le propinó una patada en la boca. El licántropo ni se inmutó. Se levantó con la mirada gacha y se dispuso a abandonar la sala. Estaba a punto de salir por la puerta cuando...
- Marcus...
- ¿Si, mi Lord?
- Seme olvidaba decirte algo...
- Estoy a sus órdenes mi señor...
- AVADA KEDAVRA — Instantes después, un sonido sordo se escuchó el la habitación, y una pequeña nube de polvo se levantó del suelo. — ¡¡¡Colagusano!!!!
- Dígame señor. — Dijo agitado el hombre, al mismo tiempo que entraba por la habitación, topándose con el cuerpo inerte del hombre.
- Ya sabes lo que tienes que hacer.. — Se dio media vuelta y se sentó a observar las llamas, cavilando en cuales serían sus siguientes pasos para hacer pagar a Dumbledore su osadía, le había costado uno de sus más eficaces hombres lobo, bueno, mejor pensado había sido el quien lo había matado, pero en resumidas cuentas la culpa residía en ese viejo director. Todo lo que le había pasado en su vida era por su culpa, y algún día se las iba a pagar. (Tiró la copa de vino al suelo, haciéndose añicos.) Un día que cada vez estaba más cercano.
A la mañana siguiente el ambiente en la mesa Gryffindor era mucho más alegre que de costumbre, ya que dos de sus más destacados componentes volvían a comer entre ellos. Esos no eran otros que Harry Potter y Hermione Granger, ambos habían hecho su entrada triunfal al Gran Comedor seguidos de sus respectivas parejas sentimentales. Tomaron asiento en sus lugares habituales y comenzaron a comer.
- Venga Harry... dime que me has echado mucho de menos.. — Pedía Ginny a su novio, mientras le ponía cara de perro degollado.
- Pero si ya lo sabes... — Se acercó al rostro de ella y depositó un tierno beso, que poco a poco se fue tornado más apasionado.
- ¡¡¡Esto vuelve a la rutina!!!!! — Anunció alegremente Seamus, mirando de reojo a la feliz pareja, para instantes después volcar su mirada en su compañero de habitación — Ya sabes Neville, ya te quedan 13 días... — Sonrió con malicia el castaño. El joven se dio por aludido y continuo desayunando.
- ¿13 días para qué? — Preguntó Ron interesado.
- Es una pequeña apuesta que hicimos el otro día... — Seamus se acercó al oído del pelirrojo y se lo contó todo.
- ¿Sabes una cosa Hermione? — El chico se había girado hacia la castaña, pero esta solo daba vueltas a los cereales de avena que había en su cuenco de leche. — Hermione.. ¿Me escuchas? ... Tierra llamando a Hermione Jane Granger... — Pasó sus manos por delante del rostro de la chica, ante lo cual pareció haber una respuesta.
- ¿Qué haces Ron? — Preguntó malhumorada la chica.
- Solo intentaba llamarte...
- Bueno, pues dime de que se trata. — Dijo la chica en tono aburrido y de infinita paciencia.
- Pues verás... — El pelirrojo emocionado como un niño de 5 años con un balón de fútbol, se acercó a su oído y se lo contó todo. - ¿Qué opinas?
- Espero que el agua no esté muy helada...
- Ammmm... desde luego a veces me sorprende lo aburrida que puedes llegar a ser. — Dijo el chico.
- ¿Según tu yo solo soy una estúpida niña aburrida? — Saltó como un resorte la chica, la verdad es que Ron no había dicho nada malo, pero el tener a Harry y Ginny dándose el lote a menos de 40 centímetros de ella, y despues de 10 minutos de besos, había causado que perdiera los nervios.
- Yo no he dicho eso... Creo que debes estar en esos días. — Repuso resignado Ron.
Ahora si que había dicho la palabra clave, Nunca, y repito Nunca, le digas eso a una mujer. Nos saca de nuestras casillas.
- ¡¡¡Para que lo sepas Ronald Weasley, no hace falta estar en esos días para mandarte al cuerno. Así que ya lo sabes... VE-TE-AL-CUER-NO.!!!!— Dicho esto salió del Gran Comedor como un huracán, y llevándose por delante un grupo de chicas de primero, que se quedaron maldiciéndola por lo bajo.
- Esto vuelva a ser como antes... — Dijo Ginny mirando a su hermano, que se limitó a fulminarla con la mirada.
- Creo que voy a ir a hablar con ella... — Dijo el pelirrojo.
- No Ron, será mejor que vaya yo, ya estoy acostumbrado a mediar entre vosotros dos.
Le dio una palmada en el hombro a su amigo y salió en dirección hacia donde instantes antes había desaparecido la chica. Había recorrido dos pasillos enteros y seguía sin encontrarla, no había ni rastro de ella, estaba por darse por vencido, cuando unos sollozos le llamaron la atención. Se dejó guiar por estos, y acabó delante de la puerta de un aula situada al final del pasillo, todo lo sigiloso que pudo entró a la habitación. Alli estaba, sentada en el alféizar de la ventana, acurrucada en sus rodillas y llorando como hacía tiempo que no la veía.
Esa opresión en el pecho que no la dejaba en paz, ese malestar al verlo junto a ella... ¿por qué? Pensaba la joven.
- ¿Por qué a mi? — Susurró, sin saber que había sido escuchada.
- ¿Por qué, qué Hermione? — Preguntó una voz a sus espaldas, esa que la había acompañado durante los últimos 6 años, y que como siempre estaba ahí para cuando la necesitaba. Apresuradamente se secó las lágrimas, nunca le había gustado que la vieran llorar, era un signo de debilidad, y ella no quería aparentar eso, guardaba esos momentos para vivirlos a solas, sin espectadores, aunque no le importaba que el la viera llorar, al menos eso era antes...
- Hola Harry. — No lo miró directamente, ya que no tenía el valor suficiente para hacerlo, por eso se fijó en los terrenos de Hogwarts, de los cuales tenía una buena vista desde allí, a través de aquel sucio cristal.
- Sabes que puedes contar conmigo para lo que sea... — Se sentó al lado de ella, y comenzó a acariciarle el pelo.
- Lo sé...
- ¿Y bien¿es por Ron? — "Esa era una de las personas" pensó ella, pero también estaba Ginny, y sobretodo "TU".
- Si y no...- Respondió suspirando fuertemente.
- Creo que deberías decirle que no lo amas sinceramente.- Tanteó el terreno Harry.
- ¿Y qué se supone que ganaría yo con eso? — Se había girado para mirarlo a los ojos, le habría gustado que le dijera algo del tipo: "Para poder estar conmigo". Pero nada de eso pasó.
- No es justo ni para él, ni para ti, que sigáis con esta mentira, lo mejor es que le digas la verdad Hermione, así el golpe será menos duro.
- Claro para ti es muy fácil decirlo, tu tienes a Ginny, pero yo no tengo a nadie¿Entiendes? No tengo a nadie.
- Sabes que eso no es verdad, me tienes a mi, a Ginny, a Ron, a la señora Weasley, y a los demás, y sobretodo a tus padres. — Harry no entendía el por qué de la reacción de su amiga, desde su regreso del limbo no era la misma de antes.
- No es eso a lo que me refiero. — Se levantó repentinamente, y le dio la espalda, no podía decírselo, traicionaría sus propios principios.
- Entonces... ¿A qué te refieres? — Se había acercado por detrás y había rodeado con sus brazos la cintura de ella, para después acomodar su cabeza en el hombro de la chica. Hermione sentía como su corazón se iba a salir de su pecho, con sentir a Harry tan cerca de ella no era capaz de pensar racionalmente, alteraba todos sus sentidos, y no sabía si se podría controlar.
- Deja de hacer eso... — Dijo enfadada, separándose de él.
- ¿El qué?
- Pues tocarme¿Qué va a ser? — Harry se quedó perplejo. - ¿Y eso a qué viene? Nunca te ha molestado.
- A mi no, pero a "Ginny" — Hizo especial hincapié en el nombre. — Si le molestaría mucho de que su novio lo hiciera con otra persona que no sea ella.
- Pero tu eres mi amiga...
- ¡¡¡¡Ese es el problema...!!!!! — Gritó enfurecida, al mismo tiempo que se giraba para mirarlo.
- Hermione... sino te conociera... — Harry meditó sus palabras. — Parecería que estuvieras...
- ¿Celosa...? — Concluyó la chica con un hilo de voz, y llevándose las manos a la boca.
