Capítulo 21
El corazón del joven castaño se aceleró al verse finalmente ante el aclamado director de teatro, ¿lograría entrar en la compañía? Candy le propinó un discreto codazo ante su silencio.
-Lamentamos importunar – habló Terry – Pero he venido a audicionar
Una mueca sarcástica se dibujó en el rostro del director.
-¿Audicionar? – preguntó sarcástico - ¡Imposible! Estamos a un par de semanas de estrenar, ¡esto no es un juego!
-Lo sé – insistió Terry seriamente
El director le miró con detenimiento, sintiendo una ligera corazonada como si lo hubiese visto antes.
-¿Qué edad tienes? – preguntó repentinamente
El castaño le miró extrañado ante la pregunta.
-Dieciséis – respondió inseguro
-No puede ser – pensó Robert con asombro
-¿Tu nombre?
-Terrence – se limitó a responder el castaño
Una ligera sospecha se levantó en Hathaway quien observaba más que nunca a Terry.
-¡Espera un segundo! – irrumpió uno de los actores – Robert, este chico es el que causó ese alboroto en la boda de hace unos días
La joven pareja sintióse incómoda ante las repentinas miradas de reproche.
-Ian, ¿Eres tú el director? – preguntó molesto Robert
El joven se incomodó ante la pregunta.
-¿O es que le temes a la competencia? – anexó intencionadamente
-¡Por supuesto que no! – respondió ofendido - ¡Por mí pueden audicionar millones!
-Lo imaginé – respondió Robert, extendiendo el libreto a Terry - ¿Conoces Otelo de Shakespeare?
-Sí, lo he leído muchas veces – afirmó Terry con orgullo
-Excelente, empecemos en la escena dos, acto cinco – indicó el hombre – Terrence, harás el papel de Otelo y Susana – la señaló – Será Desdémona
-Pero nunca he actuado esta escena – protestó el castaño inseguro
-¡Improvisa! – ordenó, saliendo de las escena - ¡Sé creativo!
Nervioso, Terry asintió.
Todos los presentes guardaron silencio, posando su atención en el castaño que respiraba para iniciar su actuación.
La escena improvisada por Terry dio inicio, la cual se daba a lugar en la supuesta alcoba de su esposa Desdémona. El castaño se sentó sobre el sofá que hacía función de cama en donde yacía Susana en su personaje dormido, Terry dio un monólogo en el que aceptaba lo mucho que la amaba y no resistía el impulso de besarla. En seguida la joven hizo alusión de despertarse, encontrándose con su esposo que la condenaba a morir no sin antes un diálogo en que la culpaba de haber cometido algún pecado imperdonable por Dios.
-Es asombroso – pensaba Hathaway al ver la pasión nata brillar en los ojos de Terry
Rogando Desdémona por decir una última oración, el castaño en el papel de Otelo le negó enfáticamente aquella propuesta, procediendo a la simulación de estrangulamiento hasta asesinarla.
El eco de las palmas de Robert irrumpió la escena, siendo precedido por los demás actores que aplaudían en reconocimiento del talento. Todos, a excepción de Ian, aplaudían al castaño quien hizo una leve reverencia en señal de agradecimiento.
Robert acercóse a Terry, estrechando su mano.
-Debo admitir que me has impresionado – dijo Robert – Tienes mucho talento que debe de ser pulido poco a poco, ¿entiendes?
Aquellas palabras emocionaban al castaño, ¿habría conseguido entrar en la compañía?
El director de cercioró se que nadie estuviese lo suficientemente cerca para escuchar.
-Lo que respecta en esta función me es imposible darte un papel – dijo con sinceridad – Pero me encantaría tenerte una temporada y saber si en verdad tienes talento para un protagónico
Una sonrisa iluminó el rostro del castaño.
-¿De dónde son? – preguntó Robert
-Chicago
-¿Tienen dónde vivir?
-No, señor – respondió avergonzado – Acabamos de llegar hace unas horas
Robert asintió.
-No se vayan – finalizó, regresando a donde los actores - ¡Bien, bien! ¡Vayan y descansen antes de que me arrepienta y decida matarlos de hambre!
Los actores no dudaron en salir inmediatamente al saber que era un hombre de palabra. Susana pasó a un lado de Terry, felicitándolo discretamente.
-Buen trabajo, Terry – dijo, saliendo del teatro
Por alguna razón, al castaño le incomodó que aquella rubia le llamase Terry.
-Terry – se acercó Candy inmediatamente - ¿Qué te ha dicho?
-Al perecer me dará una oportunidad – respondió alegre
-¿En verdad? ¡Qué felicidad! – lo abrazó efusivamente
-Sinceramente – habló Robert detrás de ellos – Creo que hicieron bien en fugarse
-¿No afectará el que sepan que esté aquí? – preguntó Terry
-En lo absoluto – respondió Robert con seguridad – Vengan conmigo
Los tres salieron del teatro, asegurándose Robert de cerrar a la perfección el teatro.
-Lo siento, señorita – extendió una mano hacia Candy – No me he presentado, soy Robert Hathaway
-Candice White Andrew – respondió Candy con una sonrisa
El hombre sacó un cigarrillo, encendiéndolo.
-¡Vaya decisión la que tomaron ambos! – comentó, dando una bocanada a su cigarrillo
En un profundo suspiro dejó salir el humo por su boca.
-La sociedad lo toma a mal porque en el fondo son sólo personas cobardes, es decir, personas que se rinden fácilmente y renuncian a lo que aman por honor – dio otra bocanada – Ustedes fueron valientes, jóvenes… Me gusta que la gente sea osada
Llegaron a un edificio en donde subieron por las escaleras hasta llegar a un departamento el cual fue abierto por Robert, invitándolos a pasar.
-Solía vivir en este departamento cuando soltero – explicó, contemplando el pasar de los años sobre éste – Pueden vivir aquí si gustan
El ofrecimiento sorprendió a ambos.
-No se preocupes, no será gratis si es lo que piensan – agregó en seguida – Terrence, puedes pagar una módica renta que tomaré de tu salario y les pagaré un extra a cambio de que pinten este lugar
Terry sonrió a sus adentros, después de todo, Anne tenía razón al decir que era un buen hombre.
-¿Qué dicen? – los miró a ambos con una sonrisa cómplice - ¿Aceptan el trato?
La pareja asintió entre sí, estrechando Terry la mano con Robert.
-Tenemos un trato – dijo el castaño
-En tal caso, te veré mañana a las ocho en punto de la mañana – aclaró, saliendo del departamento
El castaño sujetó la mano de Candy.
-Este es el inicio de una nueva vida – murmuró Terry, contemplando el departamento
-Sí, nuestro comienzo – murmuró ella
Albert regresó cerca del medio día a la mansión en Lakewood, deteniéndose frente a las puertas para ingresar en la mansión. Sin ánimos de ingresar y toparse con Elroy, optó por da un paseo en los jardines a fin de conocerlos y evocar el recuerdo de su amada hermana finada. Su olfato captó el enervante perfume de las rosas, siendo su atención captada por el rubio que se hallaba inclinado, proporcionando cuidados a los rosales.
-Veo que al fin decides salir de tu habitación – comentó con los brazos cruzados, acercándose un poco al rubio
-No soportaría verlas morir – respondió sin apartar la mirada de las rosas
-Tu madre adoraba cuidar sus rosales – comentó Albert con nostalgia
-Lo sé – la nostalgia por el recuerdo de su madre le invadió igualmente
El mayor se acercó a las hermosas rosas blanquecinas que emanaban un sutil pero hechizante aroma. Cerrando los ojos, dejó que el olor embriagara sus sentidos.
-¡Es una obra de arte! – comentó fascinado - ¿La has creado tú?
Posando fugazmente su vista en las rosas, musitó un apagado sí, retirando con dolor su vista de ellas.
-¿Cómo las llamas?
El meno sintió amargos estragos en su pecho.
-Dulce Candy – murmuró con un nudo en la garganta
El mayor sintióse ligeramente incómodo al provocar amargos recuerdos en su sobrino.
-¿Sabes, Anthony? – agregó, rozando delicadamente los pétalos con las yemas de sus dedos – Rosemary solía decir que cuando había tristeza y amargura en un corazón, las rosas morían… Recuerdo que cierta ocasión ella creó exclusivamente una fragancia que recordaba el amor que sentía por tu padre – aspiró nuevamente el aroma - ¡Hermosa rosa la que ella creó! Pero tu padre tuvo que partir por una temporada a la mar y eso la deprimió bastante…
El rubio escuchaba con asombro la narración.
-Nunca volvió a nacer esa flor – concluyó con cierto deje de nostalgia
El menor se puso en pie para acuclillarse a un lado de su tío y acariciar suavemente las Dulce Candy.
-No es mi deseo que mueran – comentó Anthony – Quiero que por siempre vivan y mantengan el recuerdo de Candy… Después de todo, fue su regalo de cumpleaños
-Los pétalos de las rosas caen cuando el viento sopla para así florecer aún más hermosas… - evocó Albert las palabras de su hermana
-…el viento sopla de nuevo y caen una vez mas, de esta forma las rosas nunca mueren completó con una sonrisa melancólica - ¡Desearía tanto que estuviese aquí!
El mayor estrechó entre sus brazos a Anthony.
-La gente muere, pero ellos pueden vivir para siempre en nuestros corazones – evocó nuevamente a su hermana
La sonrisa se enfatizó aún más mientras lágrimas resbalaban por el rostro del menor.
-Gracias – murmuró entre lágrimas, aferrándose al mayor
-Creo que lloverá – pronosticó Terry al ver el cielo grisáceo
Candy levantó la vista hacia el cielo nublado, sintiendo las primeras gotas de lluvia caer sobre su rostro y el castaño, al sentir el goteo, se retiró el abrigo y lo colocó sobre los hombros de ésta.
-Siempre lo diré – dijo ella, besando fugazmente sus labios – Eres mi apuesto caballero ingles
-Por siempre – la estrechó entre sus brazos, deteniéndose ambos a mitad del parque po donde caminaban
La gente empezaba a correr conforme la lluvia se acrecentaba, quejándose acerca de lo repentino que llovía. Sólo una pareja, Candy y Terry, permanecían bajo la lluvia, abrazados y besándose apasionadamente.
-¿Sabías que las personas se encogen con la lluvia? – preguntó el castaño, separando ligeramente sus labios de los de ella
-Mentiroso – murmuró ella sonriente
-Es verdad – afirmó entre risas, volviendo a reclamar los labios de Candy
En un desprevenido movimiento, Terry la levantó entre sus brazos, sintiendo ambos la lluvia resbalar por sus rostros mientras se juntaban sin temor alguno.
-Regresemos a casa – murmuró ella – No quiero que enfermes y faltes a tu primer día de trabajo en Broadway
-Podría estar así por siempre – respondió sin intención de abandonar los tersos labios
-Podría enfermar también – agregó la rubia
Con una sonrisa en señal de derrota, el castaño separó sus labios de los de ella.
-Eso es jugar sucio, señorita pecas – comentó, depositándola en el concreto mojado
-Regresemos – insistió, sujetándolo de la mano y observándolo
Una sola mirada bastaba para saber lo que sentía el uno por e otro.
-Nada qué hacer cuando me miras de esa forma, pecosa – acarició su mejilla, ofreciendo su brazo para regresar al departamento
Ambos llegaron al departamento luego de una larga caminata bajo la tempestad de la lluvia.
-¡Son terribles estas lluvias tan repentinas! – dijo Terry, observando el agua correr por los ventanales
-¡Pero muy románticas! – agregó Candy, secando en la cama su cabello empapado
El castaño giró hacia ella, observando la forma en que ella inclinaba la cabeza levemente para secar su cabellera. Sin poder resistirse a la tentación, sentóse a espaldas de ella, arrebatando amorosamente la toalla para proceder él con el secado.
-Permíteme – pidió, sujetando un mechón rubio y secándolo cuidadosamente
Candy, con nerviosismo, posó su vista en los ventanales que anteriormente observaba Terry.
El castaño, sin prisa alguna, secaba sección por sección hasta que su atención se vio posada en las diminutas gotas de agua que resbalaban por la nuca de ésta. Retirando ligeramente el cabello, pasó sutilmente el paño por el blanquecino cuello, causando un estremecimiento en la rubia.
-Terry… - giró ella el rostro para encararlo
Un fuerte relámpago retumbó en los cielos, causando que la luz se ausentara por completo en los edificios.
Las miradas de ambos se posaron inconscientes en las lámparas para reencontrarse en seguida. Sus miradas destilaban pasión total y un oculto e inocente deseo.
Terry acercó el rostro al de Candy, sintiendo la respiración acelerada en ella. La besó finalmente, recostándola lentamente sobre la cama quedando él ligeramente recostado sobre ella. Poco a poco, la pasión iba apoderándose de sus mentes hasta hundirlos en un deseo que se acrecentaba más conforme las sabían prohibidas. Los labios del castaño, sedientos de la rubia, poco a poco empezaron a descender al cuello de ésta, arrancando leves gemidos de placer en ella al sentir los húmedos besos.
A sabiendas de que ambos llegaban a punto peligroso y sin retorno, Terry deslizó sus labios a los oídos de Candy.
-Permíteme hacerlo sólo una vez – suplicó con voz ronca por el deseo
El cuerpo de Candy ardía igualmente de deseo pero sabía que al hacerlo una responsabilidad tal vez aún mayor vendría en consecuencia pero, ¿podría resistir la tentación por más tiempo?
Ambas miradas, deseosas, se encontraron.
-La primera y la última – respondió ella
-La primera y la última – afirmó, besándola posesivamente hasta perderse en sus deseos
Continuará…
Etto… gommen pero la verdad es que para este tipo de escenas soy malísima XD jajaja así que mejor se los dejo a su imaginación (una disculpa por no saber plasmarlo jeje)
Wuuu pues en verdad agradezco sus comentarios, recuerden sentirse libres de darme jitomatazos, quejas, dudas y/o sugerencias XD también acepto chocolatitos OwO! XD ok, no…
Gracias por su apoyo y un saludo y abrazo a todas!
