He vuelto... agarraros bien al asiento, esto no ha hecho más que empezar.

Estaba tumbado en el saco dormir de mi cabaña. Sí, habéis leído bien, mi cabaña.

Después de casi dos años vagando por el mundo digimon, sin saber cómo derrotar a Datamon y sin saber cómo volver a nuestro verdero hogar, habíamos tomado la decisión de asentarnos en la isla.

Aunque, tengo que reconoceros que ahora nuestro verdadero hogar era el mundo Digimon.

Joe había montado un hospital en la isla, tanto para digimons como para humanos. Mi hermana Kari le ayudaba siempre que podía.

Mimmi tenía el mejor (y el único) restaurante de la isla. Junto con Palmon, hacían unos menús estupendos, y muy deliciosos. También habían creado un huerto donde cultivaban todos sus alimentos.

Izzy ya os lo podéis imaginar. Había montado una especie de despacho electrónico dónde trabajar con todos los dispósitivos que había diseñado en estos dos años. Dispositivos para mantenernos en contacto con nuestras familias, las cuáles, echábamos mucho de menos.

T.K. se había encargado de la parte más ingenieríl. Se dedicaba a construir "hogares" por todo el mundo Digimon. En ocasiones le ayudaba Matt, aunque siempre que podía empleaba su tiempo en componer y tocar.

Sora ayudaba en el huerto de Mimi y había creado su propio espacio de plantas y flores. Además se encargaba de confeccionarnos la ropa, ya que en estos dos años, habíamos perdido muchas prendas que habíamos traído.

Y yo... bueno yo me dedicaba a investigar. Me dedicaba a dialogar con los demás digimons para aliarnos y derrotar todos juntos a Datamon. Y sí, no habéis leído mal, ahora me gusta dialogar...

En ese momento, entró Sora a mi dormitorio.

-Ey Tai, vamos a ir al pueblo de los Biyomons a buscar algo de víveres, ¿nos acompañas?.-Me dijo con una sonrisa.

-Mmmm, lo siento Sora, pero había quedado en ir a ver a Izzy esta tarde. Me tiene que contar cómo va su nuevo diseño sobre los dispositivos digitales.-Le dije sin más.

-Oh, de acuerdo. Ya me contarás a la vuelta. Ten cuidado.-Me advirtió.

-Por su puesto, luego nos vemos.-Y Sora se fue junto con mi hermana y Mimmi hacía el pueblo de los Biyomons.

Sora. No sé qué deciros de ella que ya no sepáis. Fue el gran amor de mi vida. Mi mejor amiga y mi confidente. Pero como os he dicho, fue. Sora formaba parte de mi pasado, pero no de mi futuro.

No estaréis entendiendo nada...lo sé. Yo todavía sigo sin entenderlo. La eterna historia de Tai y Sora volúmen, ¿cien?. Sinceramente, y aunque no os lo creáis, ya me había cansado todo este asunto.

Sora y yo siempre hemos sido como dos polos opuestos que se atraen. A veces estas historias salen bien, y otras veces mal. Ella había tomado una serie de decisiones en su vida que no me representaban. Y sí, lo estáis deduciendo bien. Ella fue la que decidió romper conmigo.

Al principio me costó muchísimo aceptarlo. Y fue muy cumplicado superarlo. Imaginaros, solos nosotros ocho. Tenía que verla cada día, a todas horas. Sufrí mucho. Pero ya sabéis lo que dicen, sin el sufrimiento no se aprende. Y os puedo asegurar que he aprendido mucho de toda esta historia, y no volveré a cometer los mismos errores.

No os voy a mentir, me dejó cuando yo todavía la amaba más que a nada. Pero todo amor tiene un límite y se esfuma tan rápido como a veces llega. Como una noche de verano, llena de estrellas fugaces. Son efímeras. No dejan huella y no perduran en el tiempo, pero os puedo asegurar, que esta huella nunca se borrará de mi corazón.

Y sí, ya lo tenía muy superado, pero nuestra relación nunca volvió a ser la misma, al menos por mi parte. Era muy duro ver para mí a la persona que consideraba la mujer de mi vida, como una simple amiga. Y no, no he podido superar ese dolor porque siempre estará en mí, y sin ese dolor, yo no sería el Tai que soy ahora, y me gusta la persona que soy.

A veces, la vida no sale como nosotros planeamos. Pensamos mucho en nuestro futuro. Nos imaginamos una bella esposa, con unos hermosos hijos, en una enorme casa y con un Sol brillando cada día, a cada instante. Nos imaginamos lo mejor de nosotros mismos y de los demás, sin ningún dolor y sin ninguna decepción. Y en realidad, el amor es así. El amor saca lo mejor de nosotros mismos. El amor nos hace creer que podemos ser mejores, que podemos aprender de los errores. Pero lo que muchos no sabéis es que a veces, te sale la otra cara de la moneda. Y sufres. Y te sientes traicionado e infravalorado. Y no hay peor sentimiento que ese.

Es muy difícil ser uno mismo con otra persona y que te acepte tal y como eres. Y que te ame por ello. Con tus defectos y tus virtudes. Es una oportunidad única, no la dejéis escapar como lo hicimos nosotros. Luchad por ello cada minuto de vuestras vidas. No os arrepintáis de no haberlo hecho. Que no se os quede ese duda de "y sí...".

Realmente, no sabemos lo que nos deparará el destino, porque sí, yo creo en el destino. Es por todo esto que he decidido vivir el presente. Sé que algo mejor me espera, aunque ahora no lo vea. Muchas veces no pasamos página porque no queremos pasar página. No queremos aceptar que esa persona ya no está con nosotros. Que esa persona ha cambiado, y ya no siente lo mismo por nosotros. Que vuelves a estar solo.

Pero no es por esto por lo que estáis aquí, ni lo que me lleva a estar aquí. Obviamente ha sido la historia que más me ha afectado desde que estamos aquí, pero tengo muy claro cuál es mi misión, que es regresar a casa. Con mis padres. Volver a entrenar. Dormir la siesta con Agumon, y ¿por qué no? Volver a conocer a alguien.

Aunque todo eso no lo podré conseguir jamás si no derretomos a Datamon.