Declame
Esta obra es un crossover entre los personajes de la saga de Harry Potter de la autora JKR con el libro Peligro Mortal de Eileen Wilks .
Ni el trama, ni la historia me pertenece, si no a sus respectivas autoras. Yo solamente los combine por diversión.
Cayeron en cascada por los bordes de la vaguada, tan rápido y en tanto número que Draco no pudo ver qué aspecto tenía una criatura individual. Se quedó con la impresión de haber visto un montón de cuerpos de color gris con demasiadas piernas, y de haber captado un penetrante olor a champiñones y a pomelo. Pasaron a toda velocidad por el callejón en una manada de cientos de miembros y siguieron corriendo hasta salir por la única salida como un río que fluye por un cauce.
La riada iba y venía de forma intermitente, pero la estampida duró al menos diez minutos. Y tan rápido como la tierra había empezado a temblar, todo terminó, dejando detrás unos cuantos cuerpos. Muchos se habían visto reducidos a pulpas sanguinolentas; sangre roja, así que era posible que el sistema vital de esas criaturas se basará en el oxígeno. Algunos de ellos todavía se movían.
El demonio no se movió; tampoco Draco. Segundos después, dos sombras gigantescas se deslizaron por el suelo rocoso. Draco miró hacia arriba
¿Pterodáctilos? ¿Pájaros gigantes? Pasaron demasiado deprisa para vislumbrar algún detalle y,en su forma actual, no veía muy bien de lejos. Daba la impresión de que perseguían a la estampida. Quizá estuvieran de caza.
El demonio suspiró aliviado y, después de mirar al cielo un poco angustiado, salió al exterior. Esperando que eso significará que el peligro ya había pasado, Draco lo siguió. Quería ver de cerca a una de esas criaturas.
El cuerpo más cercano a él estaba casi intacto. Parecía una cucaracha sin caparazón, del tamaño de un gato y con la piel grisácea. Las seis delgadas patas eran bastante extrañas, pero eran más de un animal que de un insecto. En las partes en las que había desaparecido la piel y la carne, Draco pudo ver huesos. Las patas terminaban en una pequeña garra. La cabeza, sin embargo, era la de un insecto, pequeña, plana, con ojos con facetas y mandíbulas cerradas. Era muy desagradable a la vista, pero no olía mal. Aunque en breve, empezaría a hacerlo. Por lo menos para él. El cuerpo del animal lanzaría al aire todo tipo de toxinas. Draco no sabía si, en caso de tener que hacerlo para no morir de hambre, Hermione podría comerse un bicho de esos sin que le pasara nada; o si ella estaría dispuesta a hacerlo.
Deseó con todo su ser que no tuvieran que llegar hasta ese punto.
— Ahora o nunca —dijo el demonio resignado. Cogió a una de las criaturas que aún se movía y le arrancó la cabeza de un mordisco.
Hermione hizo sonido como de disgusto.
— ¿Qué decías de que nosotros matamos con facilidad?
El ser masticó y tragó.
— Yo no lo he matado. Simplemente me lo estoy comiendo.
— ¿Y por qué será que no veo diferencia alguna
— No está muerto. Lo estaria si no me lo hubiera comido, pero ahora es parte de mí. Ustedes comen cosas muertas. Nosotros comemos cosas vivas. Aunque hubiera preferido otra cosa antes que un hirug. —Hizo un gesto de disgusto al mirar el cuerpo decapitado que sostenía entre sus manos, y arrancó una pata. — Son criaturas estúpidas. Pero están aquí y voy a necesitar un poco de ymu extra.
Cuando el demonio abría completamente esa enorme raja que le servía de boca, daba la sensación de que la parte inferior de su rostro colgaba completamente. El demonio mordió la pata.
— Deberías haberme dicho que estás demasiado débil para viajar.
Hermione suspiró y se apoyó en una roca. No estaba muy cómoda, pero la herida del estómago le impedía inclinarse hacia delante.
— Tu pequeño aperitivo no me va a ayudar a viajar. A no ser que estés pensando en cargar conmigo, y no pienso…
— ¿Cargar contigo? Eso sería estúpido. Será mejor si te doy una pequeña descarga y hago que desaparezca tu herida.
— No puedes hacer eso. Has dicho que soy una émpata y eso… debe ser cierto. Puedo tocar la magia… —Su mano buscó el amuleto de la Dama que llevaba al cuello y que había recibido al entrar a formar parte del clan Nokolai—. Pero la magia no puede tocarme. No puede afectarme.
— ¿Y cómo crees que has llegado hasta aquí? —replicó el ser—. ¿En tren?
La cabeza de Hermione giró como si le hubieran dado una bofetada, sus cejas se arquearon.
— Estamos unidos —dijo el demonio, impaciente—. Así que yo puedo afectarte. No puedo entrar más dentro de ti, pero estoy a medio camino. Puedo darte… Tu idioma no tiene las palabras adecuadas.
— Pues búscalas—dijo Hermione, tensa.
El ser frunció el ceño.
— Bien, cuando como, recibo ymu y assig. Ymu es energía. Assig es un patrón, la memoria y la capacidad de pensar. Ese hirug no podía pensar, pero ya entiendes lo que quiero decir.
Draco sí lo entendía y no le estaba gustando nada. Se colocó entre Hermione y el demonio.
— ¡No voy a hacerle daño! Voy a ayudarla.
Draco gruñó.
— Espera.
Hermione tenía las cejas fruncidas y eso la hacía parecerse mucho a su madre, Pensó Draco.
— Yo tampoco confío en él… ella… eso. —Hermione se detuvo frustrada—. ¿Qué diablos eres?
— Me llamo Sam. Tu estúpida lengua no tiene una palabra para los que somos él y ella, así que puedes llamarme eso. No nos quedamos con un sexo único. Bueno, algunos demonios lo hacen, pero la mayoría…
— Eres… un demonio.
Sam suspiró fastidiado.
— ¿Qué creías que era?
— Entonces este lugar es…
— Dis. O el infierno, como lo llaman ustedes, pero eso no es más que un malentendido.
Hermione ya estaba pálida. Y ahora parecía conmocionada. Cuando Sam siguió hablando, Draco le gruñó. Cállate.
Hermione cerró los ojos y luego los abrió, como si por esa simple acción pudiera ver las cosas más claras. Miró las rocas, el cielo extraño, los hirug muertos y moribundos, el demonio. Movió sus dedos en un muslo.
— De acuerdo. Tú eres un demonio y estamos en el infierno. ¿Y ahora qué?
— Ha sido un accidente. El hechicero ha quemado el báculo mientras estaba intentando entrar dentro de ti.
A juzgar por la expresión del rostro de Hermione, aquella explicación no tenía mucho significado para ella. Hermione sacudió la cabeza.
— No importa. Ya hablaremos de eso más tarde. Tienes razón sobre una cosa, este lugar no parece muy seguro.
¿Y cualquier otro lugar en el infierno sí lo sería? Draco hizo un ruido con la garganta, frustrado por no poder hablar. No estaba muy seguro de que fuera buena idea salir de aquel pequeño refugio.
No sabía cómo habían llegado al í, pero el báculo ya había desaparecido antes, cuando Ella lo había reclamado. Gregory también se había visto arrastrado a aquel lugar, voluntaria o involuntariamente, solo porque en aquel momento el báculo había estado en sus manos. Quizá era eso lo que había ocurrido ahora. La quemadura en el estómago de Hermione sugería que su piel había estado en contacto con el báculo cuando este fue alcanzado por el fuego mágico. Y Draco había estado en contacto con Hermione. Así que los dos se habían visto arrastrados al infierno junto con el báculo.
¿Y qué había pasado con aquel demonio? ¿Por qué había vuelto también? ¿Y dónde estaba el báculo? Si Ella lo había reclamado, ¿no habrían aterrizado ellos allí donde estuviera Ella?
Miró hacia el volcán. No es que se quejara de haber caído bien lejos de Ella. Cuanto más lejos estuvieran, mejor. Pero si había sido el báculo el que los había arrastrado hasta allí, tenían que haber aparecido junto a él.
La otra posibilidad era que, de alguna manera, la destrucción del báculo hubiera abierto una puerta. Blaise había dicho que aquella cosa era como una brecha en la realidad, así que no era una idea tan descabellada. Si había ocurrido eso, aquella puerta era la única forma de volver a casa.
Pero si Hermione recordaba la posibilidad de la existencia de una puerta, no tenía la mente puesta
en eso ahora mismo. Tenía muchas preguntas, eso no había cambiado; y solo un ser al que hacérselas. El demonio.
— ¿Cómo vas a hacer eso que sea que haces? ¿Y qué más me hará además de darme fuerzas?
— Controlaré tu cuerpo, más o menos.
Draco gruñó. Sam frunció el ceño.
— Si quieres decir algo, tienes que pensar en las palabras. No sirve de nada que hagas ruidos sin sentido.
— Creo que ya sé lo que quiere decir —dijo Hermione—. No voy a dejar que controles ninguna parte de mi cuerpo.
— No estoy hablando de posesión. Si hubiera podido hacerlo, ya lo habría hecho. Estaba intentándolo —añadió ofendido—. Lo que quiero decir es que tendré que tomar el control de tu cuerpo de forma temporal. De modo que pueda crear ymu.
— ¿Esa ymu es la energía de la que has estado hablando? ¿La que proviene de los seres vivos? —Hermione negó con la cabeza—. Tampoco voy a dejar que me llenes de magia de muerte.
Sam empezó a perder la paciencia.
— ¡Ymu no es magia de muerte! Cuando comes cosas muertas, ¿es eso magia de muerte? Ymu es solo energía. Ustedes tienen todo tipo de energías en su mundo, bombas, electricidad y gasolina; solo que no pueden comerse esa energía, ¿no? Tu cuerpo tendría que cambiar para obtener energía de la gasolina y no de animales muertos como hacen ahora.
— Sí, pero… Me parece que me estás llevando en una dirección para que no vea la carta que escondes en la manga.
Sam frunció el ceño.
— ¿Carta?
— No importa. ¿Cómo puede ayudarme esa ymu?
Sam frunció el ceño aún más.
— Se puede decir que la ymu hace que las cosas adopten la forma que deben tener.
— Entonces la ymu de un hirug hará que mi cuerpo quiera ser como un hirug.
— ¡No, no, no! La ymu es energía. El patrón viene del assig, pero con eso tú no puedes hacer nada. Yo sí —dijo de forma petulante—. Por eso soy un demonio. Pero tú no vas a recibir assig de hirug, y tu cuerpo ya conoce su propio patrón, así que solo tengo que darte ymu y él mismo se curará y se hará fuerte de nuevo.
Hermione se mordió el labio durante unos instantes.
— ¿Y cómo vas a hacer eso?
— Podrías hacerme una mamada…
Esta vez fue Hermione la que gruñó.
— Está bien, está bien. No tiene por qué haber sexo de por medio. Pero tienes que meterte parte de mi cuerpo dentro de ti. Es como comer. No puedo poner mi ymu en el aire.
— ¿Tengo que comerme una parte de ti?
— A mí tampoco me hace gracia, sobre todo si no hay sexo de por medio, pero… —Frunció el ceño como si estuviera pensando furiosamente—. Saliva. La saliva podría funcionar. Puedo poner un montón de ymu en la saliva, y luego te la puedes tragar.
Hermione hizo un gesto de profunda repulsión.
— ¿Qué es eso que has dicho antes? Supéralo. Si eres escrupulosa con lo que vas a encontrar por aquí para comer, te vas a morir de hambre. No hay ningún McDonald's en la esquina. No hay esquina. ¿Lo pillas? No hay esquina. —Se rió de su propio chiste—. Pero antes de que puedas comer ymu, tengo que hacer unos pequeños ajustes en tu cuerpo. Hacer que las cosas sean un poco más densas donde haga falta.
— ¿Densas?
— ¡No existen las palabras en tu idioma! —Sam se rascó la cabeza con la mano que no sujetaba al hirug muerto. Después, una cascada de palabras incomprensibles salieron de su boca, eso que Hermione llamaba parloteo. Y esta vez, Draco tampoco entendió qué quería decir.
Las palabras se mezclaban con imágenes e impresiones sensoriales. Draco entendió la palabra "hidrocarburo". Olió sangre. Después oyó "trigo tierno" seguido de "hígado" y el sonido de un goteo de agua. "Huevos" eran parte de una imagen que representaba el brillante disco del sol.
— ¿Lo ves? —Dijo el demonio por fin—. Él tampoco puede entenderlo. Tienes que tener las ideas en tu mente, o no podrás captar los significados.
Hermione asintió lentamente.
— Una pregunta más. ¿Puedes deshacer más tarde lo que hagas ahora?
— Claro. —El ser miró el hirug que todavía sostenía en una mano y lo tiró al suelo. Al parecer, algo que moría del todo se convertía en incomible. Después, Sam miró a su alrededor, examinando los cuerpos de los hirug muertos y moribundos.
Hermione se frotó la frente.
— Tengo que pensarlo.
A lo lejos, la montaña retumbó, aunque esta vez no tembló la tierra.
— Pues hazlo rápido —dijo Sam mientras se agachaba para recoger otro hirug.
Draco tocó el brazo de Hermione con su cabeza mientras gruñía suavemente. Es una mala idea. No lo hagas.
Ella le pasó la mano por el lomo.
— ¿No te gusta la idea, eh? A mí tampoco. Pero ¿qué opciones tenemos? Casi no he podido llegar hasta aquí antes de que llegara la estampida. Me duele. No puedo viajar en este estado.
Draco la tocó con el hocico y luego se sentó en el suelo.
— ¿Crees que deberíamos quedarnos aquí? Por ahora, al menos. —Draco asintió.
Hermione negó con la cabeza.
— Creo que debemos aceptar que la criatura, el demonio… que Sam sabe cómo sobrevivir aquí. Y que nosotros no sabemos. Nos ha dicho que me necesita viva, porque si no, él morirá también… ¿Qué opinas al respecto?
Draco no podía responder a esa pregunta con un simple sí o no. Ni siquiera podía escribir en el suelo. No había tierra suficiente. Draco hizo un ruido de frustración.
— No importa. —Hermione hundió los dedos en el pelaje de Draco y rascó suavemente—. No sé por qué tengo la sensación de que deberías ser capaz de responder a mis preguntas… De todas maneras, creo que Sam está diciendo la verdad. —Miró al cielo, donde el halo que rodeaba al volcán había empezado a desaparecer—. Me pregunto si sabes algo de esa diosa que dice Sam que está peleándose con su príncipe.
Draco asintió de nuevo.
— ¿Sí que sabes algo? Ojalá pudieras hablar. Debe ser muy poderosa si puede enfrentarse así con un príncipe demonio. ¿Crees que podría ayudarnos?
Draco negó enérgicamente.
— ¿Ella es de lo malos?
Él asintió.
— Entonces nos da igual quien salga vencedor de esa pelea. Cualquiera de los dos es malo para nosotros.
Maldita sea, Hermione tenía razón… mucho más de lo que ella se daba cuenta. Y Draco no estaba pensando correctamente. Si el avatar de Ella sobrevivía a la batalla con el príncipe demonio, quizá comenzará la búsqueda de Hermione. Así que, quizá fuera cierto que tenían que marcharse de allí; pero no en ese mismo instante. Hermione estaba dejando que la urgencia del demonio la obligará a tomar una decisión precipitada.
Lentamente, Draco meneó la cabeza. No vayas tan rápido. Dame tiempo para buscar los restos del báculo, o alguna señal de la puerta. Para buscar comida y agua para nosotros. Para descubrir si podemos sobrevivir aquí.
Hermione ladeó la cabeza.
— No sé si eso quiere decir "no, no podemos quedarnos aquí", o "no, no estoy de acuerdo". Pero supongo que no importa. Es mi decisión.
Draco negó con la cabeza. Ella no tenía información suficiente para tomar una decisión. Ni siquiera podía consultar sus propios recuerdos, o se daría cuenta de que él estaría atado de pies y manos por la decisión que tomará. Él tendría que seguirla, tanto si Hermione decidía quedarse allí como si decidía ponerse en ella no le estaba prestando atención. Había levantado una mano y había apoyado su cabeza en ella. Parecía estar tensa y exhausta. Y muy incómoda.
Por lo menos, Draco podía ayudarla un poco en ese sentido. Se acercó a ella para que Hermione pudiera apoyarse en él. El a le sonrió e hizo justo eso, apoyar un brazo sobre el lomo de Draco y descansar. Durante unos segundos, los dos permanecieron inmóviles.
¿Qué haría él si Hermione decidiera aceptar la oferta del demonio? No había nada que pudiera hacer, pensó Draco. Quizá le atrajera la idea de atacar al demonio, pero, por poca confianza que le tuviera, era el único guía que tenían en aquel mundo. Además, el ser afirmaba que estaba unido a Hermione. Podría intentar interferir e impedir que el demonio se acercara a ella, pero no serviría para nada y haría enfadar a la criatura. No serviría para que Hermione repensara su decisión, y él no podía interponerse entre ellos dos de forma indefinida.
— Maldita sea —dijo Hermione por fin, y se incorporó—. Ojalá tuviera aquí mi ropa. —Sacudió la cabeza—. Qué estupidez. Es estúpido preocuparse ahora por la ropa, pero no me gusta estar así. No me gusta ir desnuda por ahí.
No era estúpido en absoluto. Pero él sí que lo era, porque no se había percatado de la desnudez de Hermione. Solo porque su cuerpo no reaccionara a el a como solía hacerlo cuando era un hombre… ¿Pero por qué su ropa no había llegado con ella? El obsequio de la Dama sí que había cruzado. Y también había venido él.
Más tarde. Se preocuparía por eso más tarde. Ahora mismo tenía que ofrecerle a Hermione algo de protección. Toda su piel estaba expuesta a la intemperie y podía ser dañada fácilmente. Por lo menos, Hermione necesitaba zapatos. Giró la cabeza y le chilló al demonio.
La criatura se rió.
— ¿Ves algún centro comercial por aquí? En este lugar, la ropa sirve para decorar los cuerpos de los seres de alto rango. No puedes ir y comprarla.
Draco hizo un ruido de nuevo.
— ¡Pies que pueden resultar heridos al andar con ellos! —Sam rió—. Los humanos son muy extraños. Si se va hacer daño al andar con sus pies, ya los curará. Una vez le dé algo de ymu, claro está. —Sonrió solapadamente—. Apuesto a que podré conseguirle algo de ropa cuando lleguemos a Akhanetton.
— De acuerdo —dijo Hermione.
Draco se volvió para mirar a Hermione.
— Mi cuerpo —le dijo ella—. Mi decisión. Creo que debo aceptar lo que propone Sam. Este no es un buen sitio para sentirse débil.
Sam murmuró aprobando las palabras de Hermione.
— Bien dicho. Tu cerebro funciona mejor de lo que creía. —El demonio había encontrado otro hirug que aún se movía. Este estaba en mejor estado que los demás: tres de sus patas todavía se movían y trató de escapar, algo que pareció alegrar a Sam. El demonio sonrió antes de arrancarle la cabeza al animal de un mordisco. Masticó y tragó. Después se dirigió hacia Hermione y Draco.— Muy bien, todo lo que tienes que hacer es estarte quieta.
Hermione alzó una mano.
— Un momento. No vas a tocarme mientras tengas eso en la mano.
— ¿Qué? —Sam miró los restos del hirug—. Oh. ¿No te gustan la sangre y las vísceras? A muchos humanos les gustan. ¿No eras una especie de policía?
— No lo sé. ¿Lo era?
Sam se golpeó la frente con una mano.
— Es verdad. Has perdido unos cuantos tornillos. Lo había olvidado. —Centró su atención en terminarse el hirug tras descartar algunas partes que no estaban suficientemente vivas. Después avanzó hacia Hermione.
A Draco se le erizó el lomo. Aquello no estaba bien. No estaba bien, pero no sabía cómo podía detener a Hermione.
Sam se detuvo a unos metros de Draco y lo miró con desconfianza.
— No confío en ti. Vete a otra parte.
¿El demonio no confiaba en él? El hocico de Draco no tenía la forma adecuada para reírse ni para ser irónico, ni para ninguna otra cosa.
Hermione le hizo un gesto para que se alejara.
— Muévete. Cuanto antes hagamos esto, mejor.
Al parecer, Hermione no necesitaba recuperar su memoria para ser fastidiosamente cabezota e independiente. Sin tenerlas todas consigo, Draco se alejó unos metros, pero se mantuvo a una distancia desde la que pudiera saltar encima del demonio si fuera necesario. Quizá fuera más fuerte que el propio Draco, pero era más pequeño y más lento. Si hacía daño a Hermione…
Sam se acercó más a Hermione, manteniéndose lo más alejado que podía de Draco. Hermione estaba sentada en el suelo y su cabeza estaba a la altura de la del demonio. El ser le mostró sus manos. Sus pies eran grandes y planos como los de un canguro, pero sus manos eran pequeñas. Del tamaño de las de un niño. A excepción del color, parecían humanas.
Hermione se quedó mirando esas pequeñas manos anaranjadas, inexpresiva. Después, las cogió con las suyas.
Durante unos minutos no sucedió nada. Nada que Draco pudiera ver, al menos.
— ¡Tienes que estarte quieta! —dijo Sam frunciendo su enorme boca.
— No me he movido.
— Te estás moviendo por dentro. Intentas evitar que entre. —Sam frunció la boca con másbfuerza aún—. Piensa en cosas que estén quietas. Cosas que no se mueven nunca. Y piensa en ellas con todas tus fuerzas.
Hermione cerró los ojos.
Instantes después, Sam se inclinó y abrió su boca sobre la de ella. Hermione intentó alejarse, pero el demonio le impidió mover la cabeza. Draco se puso tenso, gruñó, pero el beso había sucedido antes de que estuviera seguro de que debía atacar.
Sam dio un paso atrás, sonriente. Hermione no sonreía. Tragó. Tragó de nuevo, como si le costara pasar la saliva del demonio. Poco a poco su expresión cambió de asco a asombro. La rojez que rodeaba la quemadura de su estómago empezó a desaparecer.
Poco a poco fue más rápido, mucho más rápido de lo que Draco podría haber sanado una herida de ese calibre. Primero la piel rosada se volvió color crema y después la ampolla empezó a encogerse. En cinco minutos no quedó ni rastro de la quemadura. La herida del hombro también había desaparecido.
¿Era así cómo se sentían los humanos respecto a la habilidad de sanar de los lupus? ¿Incómodos, intranquilos, convencidos de que no debería ser así de sencillo? ¿Que esa facilidad para recuperarse debería pasarles factura en algún momento? Hermione se tocó el estómago y luego movió los hombros comprobando el alcance de la curación.
Sus cejas se arquearon.
— Ha funcionado. Me siento… —Estiró ambos brazos—. Me siento bien.
— Deberías —gruñó Sam—. Te has llevado ymu suficiente como para una garra. Vamos. — Empezó a caminar hacia la salida del callejón.
Hermione se puso de pie con facilidad, sin muestras de dolor, sin necesidad de apoyarse en Draco. Hermione lo miró y él no pudo ver en su rostro nada a lo que agarrarse, ni una sonrisa, ni una disculpa, ni una duda. Quizá fuera una forma de afirmarse: él no había querido que ella lo hiciese, pero lo había hecho igualmente. Draco estaba muy enfadado. Le retiró la mirada a Hermione.
Sam ya estaba trepando por un talud. Hermione lo siguió. Y también lo hizo Draco.
Se colocó en retaguardia. El callejón no era muy profundo y el talud que el demonio había elegido para salir de allí era fácil de escalar. Draco siguió a Hermione, como ella seguía al demonio, y su ira no desapareció.
Era injusto. Draco lo sabía, pero el saberlo no le impedía seguir bullendo de ira. Hermione estaba rota y separada de su propio ser, de un modo que a Draco le resultaba difícil imaginar; pérdida en el infierno con un lobo y un demonio como única compañía, incapaz de recordar su propio nombre. Dolorida, asustada, sin recuerdos, ¿por qué Hermione debería haber seguido su silencioso consejo?
Pero la ira no era lógica, y la suya nacía de su más profundo ser. Porque él también estaba roto, separado de una gran parte de él mismo: su clan, su familia, su mundo y su otra forma. Y quizá nunca fuera a recuperar nada de eso. Quizá nunca volviera a utilizar las palabras, o ver a su padre o a su hermano, o estar ahí para ayudar a su hijo a sobrevivir a su primer cambio. Quizá nunca volviera a coger algo con la mano en vez de con sus fauces.
Y si seguía en forma de lobo durante demasiado tiempo, olvidaría cómo era utilizar las manos. Dejaría de pensar en palabras. El hombre desaparecería y solo quedaría el lobo.
La parte de él que era lobo no tenía miedo como su parte de hombre. Echaba de menos a su clan, pero disfrutaba de volver a correr a cuatro patas y de la cercanía de su compañera. ¿Acaso en algún momento el futuro había sido algo más que una neblina? Y sin embargo, el dolor del lobo también era profundo.
Donde debería haber existido una larga y lenta melodía, el poder y la energía que conformaban su alma, solo había silencio. Y por eso, el lobo no hallaba consuelo.
No hay luna en el infierno.
Antes que nada ¡Feliz Día de la Mujer! Para todas las que me siguen, les traigo este adelanto como regalo n.n.
Yo se que para muchas un mes es bastante tiempo, pirque se estaban acostumbrando a que suceda una vez a la semana, pero se viene un año bastante movido...
Esperó como siempre sus comentarios, favoritos o me gusta.
¡Nos vemos el 6 de abril!
Los quiere
LUMIONE
