EPILOGO
La batalla de las doce casas había terminado y con ella se había descubierto toda la verdad: la traición de Saga, la verdadera identidad de la reencarnación de Athena y la fidelidad de los santos de bronce a los ideales que la diosa perseguía.
Ahora nada retenía a Mu en Jamir. Era momento de regresar a casa, al Santuario, al lugar donde debería haber estado viviendo por todo aquellos años que permaneció en el exilio. Era el momento de tomar el rol activo de caballero dorado de Aries, custodiar la primera de las doce casas y proteger todos aquellos ideales que su diosa Athena representaba y luchaba por preservar.
Así pues, tomó lo indispensable de la pagoda y se marchó al Santuario. Kiki se fue con él, no obstante pasaba mucho más tiempo entrenando o en Japón, en compañía de sus amigos. Mu preferiría tenerle allí y poderle enseñar debidamente, pero tampoco quería presionarlo, por lo que le dejaba hacer.
Su llegada al Santuario fue cálida, siendo que Aldebarán y Aioria ya esperaban su llegada con una amplia sonrisa. Poco después, Milo hizo acto de presencia, luciendo igual de contento que los otros dos. No obstante, aún faltaba un caballero dorado y este en particular, era el que Mu más ganas tenía de ver.
Cuando Tauro, Leo y Escorpio abandonaron el templo del carnero, era bien entrada la noche. El momento perfecto. Mu miró un instante al cielo estrellado que cubría el Santuario, preguntándole a los astros si lo que estaba a punto de hacer era lo más indicado. Nadie le respondió, pero él igualmente siguió firme a su idea y la llevo a cabo.
Con extremo sigilo, cruzó los templos que lo separaban de su destino, llegando a las puertas del sexto templo alrededor de las 2 de la madrugada. Saber la hora que era le desanimaba, pero algo dentro suyo le decía que debía entrar y hablar con el misterioso guardián de Virgo. Y así lo hizo.
Su paso era dudoso, pero igualmente se adentró en las entrañas del sexto templo. La sensación mística de aquél templo no había cambiado en lo más mínimo, aun conservando ese aire divino que también poseía su guardián.
Mu caminó en silencio, tratando de recordar la distribución de las estancias pero viendo como su memoria le fallaba. Pronto, terminó delante de una gran puerta de madera que reconoció como el dormitorio principal. Debía de estar allí.
Tragó en seco, sintiéndose repentinamente nervioso y con el miedo de que estaba haciendo algo indebido. Llamó pero nadie respondió. Volvió a llamar pero igual no obtuvo respuesta. En vistas del éxito, decidió abrir la puerta y entrar.
La habitación estaba tal cual la recordaba, evocándole una sensación de nostalgia que le ensombreció el rostro por unos instantes. No obstante, pronto recordó el porqué estaba allí y se puso a buscar al guardián del sexto templo por la amplia alcoba: nada.
Cerró la puerta y se recostó contra ella, cansado por la mudanza y confundido por la "desaparición" de virgo.
— ¿Dónde se habrá metido?
— ¿Me buscabas para algo?
Mu alzó la mirada, encontrándose con Shaka parado en frente suyo. Como era habitual en él, sus ojos permanecían cerrados y su cabello suelto, luciendo fuerte, sano y radiante. Las palabras quedaron atrancadas en la garganta de Aries, siendo él incapaz de formular algo coherente. El encontrarse a Shaka allí lo había sorprendido mucho más de lo que él podía llegar a entender.
— ¿Qué te trae por Virgo a estas horas?
— Venía a verte —Shaka alzó una ceja, escéptico—. Me apetecía hablar contigo.
— ¿A las 2 de la madrugada? —Mu desvió la mirada y permaneció en silencio.
Después de unos instantes, Shaka suspiró.
— Hay cosas que nunca cambian —puede que fuese la imaginación de Mu, pero él juraría haber visto una sonrisa asomar por los labios de Shaka—. Vamos, tengo algo de té caliente ¿Te apetece?
Mu asintió, esbozando una cálida sonrisa antes de seguir a Shaka a través de su templo. Eventualmente, ambos caballeros llegaron a una estancia. Esta era algo más pequeña que la habitación de Shaka pero igual estaba decorada con tapices y muebles al estilo hindú, captando la esencia de la nacionalidad del custodio de Virgo. En opinión de Mu, aunque cargado, era un lugar acogedor.
Aries tomó asiento en la mesa que había en el centro y pocos segundos después, Shaka apareció con una tetera humeante en una mano y una bandeja con delicias en la otra.
En silencio, como si de un ritual se tratara, el caballero de Virgo sirvió el líquido oscuro a su compañero de armas y seguidamente, se lo puso en su propia taza. Tomó asiento en la otra silla, quedando en frente de Mu. Sus dedos tomaron una de las delicias que había traído: un dulce de hojaldre en cuyo interior había algo de mermelada de frambuesa.
Mu le observó con atención, viendo como el semidiós se llevaba el dulce a los labios y le daba un bocado. Pronto, él también quiso probar alguna de las delicias que su compañero le había ofrecido. Algo avergonzado por abusar de la hospitalidad de Virgo, tomó otro de los hojaldres y lo llevo a sus labios.
El dulce sabor de la pasta se mezcló con el del té evocando a Mu en una sensación de nostalgia que se le hacía difícil reconocer.
— ¿Y bien? —preguntó Shaka después de el breve silencio que se había creado entre ambos. Mu alzó la mirada, dejando la pasta encima del pequeño plato donde reposaba la taza de té— ¿Qué ocurre?
Mu no entendía ¿Tenía que ocurrir algo? Estaba de acuerdo que tomar el té a las dos de la madrugada no era de lo más común pero ¿Debía ocurrir algo para que estuviera allí?
Shaka apretó sus labios y dio un sorbo al té antes de volver a hablar.
— Puedes confiar en mí, Mu. No tienes por qué guardártelo todo tú.
— No te entiendo —respondió Aries, confundido por las palabras de su compañero.
— Creo que sí. Mucho más de lo que te permites saber.
Aries sacudió la cabeza. Ahora sí que no entendía nada.
— Shaka…
— Hace un año —le interrumpió Virgo. Mu se calló de golpe—. Laupheim murió hace un año. Y no me creo que lo hayas olvidado.
Una extraña y oscura aura rodeó a Mu; en el pecho del caballero de instauró una presión molesta y dolorosa al mismo tiempo. Por alguna razón, su garganta se cerró, sus ojos cayeron a algún lugar de la mesa y sus manos empezaron a entrelazarse con nerviosismo.
Ante el silencio del caballero dorado de Aries, Shaka no pudo evitar exhalar un largo suspiro.
— Mu, no es algo de lo que debas sentirse avergonzado.
— Nada de eso.
— ¿Entonces?
Mu seguía sin poder alzar la mirada, contemplar como el compañero que tenía delante suyo lucía con una expresión preocupada debido a su "extraña" conducta. Aries trató por todos los medios de formular una frase, pero las palabras no parecían tener sentido. O, mejor dicho, ninguna de ellas expresaba realmente como se sentía.
— Mu…
— Quería ayudarla —Shaka detuvo sus palabras, expectante de las palabras del caballero de la primera casa—. De verdad quería. Quería que tuviera un futuro, el que se merecía…
— …
— Y quería volverla a ver. Aunque solo fuera una última vez.
— Las leyes de la vida son claras —comentó Virgo con la tristeza dibujada en su rostro, a pesar de que su voz sonó firme como de costumbre.
— Pero no los deseos. No puedo evitar pensarlo, Shaka. Que olvidé decirle lo más importante.
…
…
— Estoy seguro —habló Virgo— que ella lo sabía.
.
.
Shenda reposaba en el antepecho de uno de los balcones de palacio. La vista desde aquél lugar era espectacular, siendo posible delinear cada contorno de la capital de Lemuria. La mirada de la princesa empezó por el patio de palacio, corriendo libremente por las calles de la isla principal, cruzando los puentes que conectaban con el resto de la ciudad y adentrándose en las penurias escondidas tras aquellos edificios para finalizar su recorrido en la línea del horizonte, donde el mar y el cielo se fundían en un mágico añil.
Ella respiró profundamente, queriendo que el fresco aire de la noche limpiara sus pulmones del corrupto aire de palacio.
— Tengo la sensación que somos los únicos que trabajamos en este maldito palacio.
Shenda oyó ese comentario a lo lejos, pero inmediatamente una sonrisa se dibujó en sus labios al reconocer al propietario. Ella volteó, dejando que el viento soplara a sus espaldas, conduciendo mechones de su sedoso y fino cabello delante de su rostro. Aunque a ella no podía importarle menos.
Pronto, dos hombres accedieron al balcón. El más grande de ellos se llamaba Merksem. Él era un tipo musculo y fuerte, que solía intimidar a todos gracias a su rostro serio y su cabeza totalmente rapada con un par de tatuajes a los costados. A su lado, Killian hacía su aparición.
A diferencia de su compañero, Killian era mucho más pequeño, no en altura sino en volumen. Era delgado pero igualmente tenía una fuerza inimaginable. La teoría de Shenda era que, en parte, si Killian no estaba tan en forma como Merksem era gracias a sus malos hábitos. Todos saben que no se puede vivir a base de cerveza y cigarros. Bien, pues al parecer Killian aún no lo había descubierto.
— ¿Habéis podido completar la misión? —preguntó ella.
— Que remedio —comentó Killian expulsándose su uniforme.
Ambos vestían con trajes negros que los identificaban como la unidad de élite de palacio. Una nueva fuerza que Shenda fundó un año atrás y que únicamente contaba con 4 miembros por el momento.
— Hemos tenido algunos contratiempos —comentó Merksem.
— ¿Algunos? ¿Desde cuándo se puede prever que una jodida vieja te aparezca con una jodida escopeta?
Shenda abrió sus ojos en escuchar eso. Ambos chicos le miraron, curiosos por saber cual sería su próxima reacción. Ella lo intentó, y con todas sus fuerzas, pero al final la risa puso con ella. Merksem soltó una pequeña risa pero se mantuvo en su habitual porte serio, Killian rodó los ojos, suspiró, se pasó la mano por su desordenado cabello y se cruzó de brazos a la espera que Shenda parase de reír.
— Tenéis que explicarme con detalle eso.
— Después de reportárselo al gran jefe —respondió Killian con cierta ironía tirando de su voz.
— ¿Gran jefe? ¿Así es como ahora llamáis a Ghent? —preguntó ella.
— Cosas de Aledia. Ya sabes como es —Shenda alzó una ceja, expectante—. Esta como una cabra.
La princesa soltó una pequeña risa antes de voltear y volver a contemplar el paisaje desde aquél pequeño rincón del palacio. Merksem y Killian se unieron a ella, contemplando como las luces de las calles se encendían, imaginándose a la gente regresando a casa o yendo al bar, como propuso Killian quien ya dejó bien claro que aquella noche tocaba beber y mañana resaca.
Así pues pasaron varios minutos, la mayoría de ellos en silencio, el resto intercambiando tontos comentarios que lograban arrancarles más de una sonrisa. El clima perfecto de paz y felicidad.
Fue entonces, cuando auroras boreales empezaron a dibujarse en el cielo de Lemuria. Todos alzaron su mirada, absortos por lo que estaba ocurriendo.
— Oh mierda —fue lo único que Killian alcanzó a decir. Su mano pasando por su pelo con cierto desespero.
Merksem miró a Shenda, quien aún no podía despegar la mirada de las hermosas auroras.
— Princesa.
— Recemos para que no sea la barrera quebrantándose —fue todo lo que ella pudo decir.
— Pero no podemos tener un fenómeno como la aurora boreal aquí. Es imposible.
— Entonces ¿Es la jodida barrera?
Shenda apretó los labios, deseando con todas sus fuerzas que no se tratara de ningún intento de invasión. Lemuria estaba débil y más después de que saliese a la luz todo lo relacionado con la traición de Zwölf y la muerte de Laupheim. Si alguien les atacaba ahora, tenían las de perder.
— No tenéis de que preocuparos —los ojos de los presentes fueron inmediatamente hacia la procedencia de esa voz, allí, en el otro extremo del balcón.
Shenda pudo sentir como el aire no fluía por su cuerpo, quedándose sin respiración por varios segundos. Sus ojos se negaban a parpadear, temiendo que desapareciera. No podía ser. Aquello sí que no podía ser.
Trató de formular una frase, pero las palabras no tenían sentido. Quiso decir algo, pero su mente se olvidó de hablar recordando únicamente como pronunciar:
— Laupheim…
Ella sonrió ampliamente, como solía hacer. El corazón de Shenda se quebró y una lágrima se escapó de sus ojos. La primera de muchas.
— Ai Ikyune, dime que ella no es… —Killian miro a su compañero con cierto apuro.
Merksem solo asintió, confirmando sus sospechas.
— Laupheim. La hermana menor de la princesa Shenda.
— Veo que estáis haciendo un buen trabajo.
— ¿Bromeas? —a pesar de las lágrimas que corrían libremente por el rostro de Shenda, ella sonreía. Pero era una sonrisa triste, cargada de culpa y frustración— No he hecho nada.
— Lo harás —sonrió Laupheim, alzando su barbilla y sacando pecho. Orgullosa, fuerte, inalcanzable para Shenda.
— ¿Cómo estás tan segura?
La menor de las princesas no respondió, dejando que su hermana interpretara aquella sonrisa. No quería darle la respuesta, prefería que Shenda la encontrara.
El lugar cayó en silencio por unos instantes. Merksem y Killian no se atrevían a decir palabra, considerando que su posición era la de meros espectadores en ese momento. Por lo que hace a Laupheim y Shenda, la primera quería que fuera Shenda la que hablara pero esta tan solo no encontraba las palabras.
Su mente era un caos, sus sentimientos estaban completamente a flor de piel. Su cabeza simplemente no lo asimilaba. Laupheim no debería estar allí, no debería. Ella…. Pero no podía evitar pensar que era tremendamente afortunada de volverla a ver. Y de hecho había perdido la cuenta de las veces que había caminado hasta el dormitorio de su hermana, solo esperando encontrársela al abrir la puerta.
— Lo siento —las palabras salieron solas de sus labios. Solo fue consciente de que las había dicho una vez las había dicho en alto.
Laupheim lucía confundida, a desespero de Shenda quien no pudo hacer nada más que llorar.
— Me comporté de forma tan injusta contigo, Laupheim. Fui horrible. Fui…
— Una gran hermana —le interrumpió la menor. Shenda sintió su corazón dando un vuelco. Con desespero regresó su mirada sobre Laupheim. Ella sonreía, como siempre. Siempre era así: tan deslumbrante, tan pura, tan sincera…—. No eres la única que tiene la culpa en esto. Yo también debería haberme preocupado en entender tus razones en vez de encerrarme con todos esos libros.
— No tenías más remedio. Nosotros…
— Nunca os he culpado por ello, Shenda. Y no creo que vaya a hacerlo ahora.
— ¡¿Y porque no?! —Shenda ni siquiera era consciente de que estaba gritando.
Como acto reflejo, Merksem y Killian se colocaron detrás de Shenda, solo atentos a si tenían que intervenir.
— ¡Fuimos horribles contigo! ¡Injustos! ¡No solo yo sino todos! ¡Todos, Laupheim!
— Estoy bastante al corriente de eso —respondió con demasiada facilidad. Demasiado a la ligera para gusto de Shenda ¿Acaso Laupheim no se daba cuenta?
— ¡¿Pero que dices?!
— Shenda —la llamó Emerken interviniendo por primera vez. Aquella fue una de las pocas veces en las que Killian apartó su habitual tono despreocupado y pasota para cambiarlo por uno más serio, más profundo, más maduro.
Shenda se reprimió al instante, entendiendo las circunstancias. Laupheim sonrió, reculando un paso y escondiendo sus manos tras la espalda.
— Está escrito que hagáis grandes cosas —Shenda la miró confundida. Merksem ni se inmutó, a ojos de cualquiera eso es lo que parecería al menos. No obstante, Killian conocía a su compañero desde hacía varios años y sabía bien que aquella afirmación había logrado sorprenderlo. Igual que a él—. Y creo que realmente es posible.
Poco a poco, el cuerpo de Laupheim empezó a desaparecer, convirtiéndose en pequeñas luces que se elevaban al cielo, fundiéndose con la aurora boreal que cubría el cielo de Lemuria. No obstante, antes de desaparecer por completo delante de los impotentes ojos de su hermana y sus amigos (o eso podía decir Laupheim que eran), ella aún tuvo tiempo a decir estas últimas palabras:
— Nunca te culpe. Ni una sola vez. Tú hiciste todo lo que pudiste… Eso es lo que importa.
Hola a todos!
¡Sí! Fanfiction no os está tomando el pelo ¡Al fin llegó el epílogo! Disculpad que me tomara tanto tiempo pero he estado bastante liada con el cambio de universidad y todo. Pero no me olvidé ni un instante de vosotros ¡Qué nadie se piense!
Bueno, como ya dije, esta vez contestaré todos los reviews y contestaré a todas las preguntas que podáis tener ;) Así que… ¿Preparados?
JedFog. Era el final ¡Había que esforzarse! Créeme que me costó que la escena final terminase mínimamente decente. Perdí la cuenta de la de veces que llegué a reescribirla ¡Y aún creo que se podría mejorar mucho más! Y sobre la aparición de Virgo… Bueno, se ha quedado a medias ^^' ¡Espero que disfrutes de este epílogo y nos vemos en otra historia! ¡Muchas gracias por todo!
Yuni Nero. He visto pocos No más largos que el tuyo jajaja También me da pena que se termine esta historia pero tampoco es como para que dure eternamente jajaja Tranquila, pronto (pronto para mi puede ser de aquí a unos meses, ya estás familiarizada con mi habitual impuntualidad) con otra historia. En esta intentaré que Mu se lleve un beso, al menos ¿O tal vez no? ;) Sé que soy cruel por matar a Laupheim desde el capítulo 2 pero quería dar un fuerte impacto cuando alguien leyera el final ¿Lo he logrado? Bueno, ¿Qué más decirte? ¡Muchísimas gracias por seguir esta historia por tanto tiempo! Un fuerte abrazo y disfruta de este epilogo! ;)
Loba-san. Bueno, objetivo alcanzado jajajaja Realmente, iba lanzando pequeños mensajes pero sabía de sobras que nadie se daría ni cuenta pero bueno ¡Ahí están! Te daré una pequeña pista: cada vez que Mu tocaba a Laupheim ella estaba….. :D Para que veas que en el fondo no soy tan cruel jajaja Bueno, espero que este pequeño epilogo te haya gustado, le da otra perspectiva al final ¿No crees? Muchas gracias por la paciencia y todos los reviews que me has ido dejando y me han ayudado a seguir con esta historia ¡Espero verte en otra pronto! ¡Muchas gracias de nuevo!
Xanxel. ¿Tan cruel fui? Jajajajaja (En el fondo se que semejante final solo se le puede ocurrir a mentes retorcidas como la mía. Así me va jajajaja) Bueno, quiero pensar que en el epílogo lo medio arreglo ¿No? ¿Qué me dices? Jajajaja Me mata el que digas que la historia es excelente hasta el penúltimo capítulo. Podría haber hecho una muerte lenta y dolorosa ¿Has pensado en ese detalle? Jajajaja Soy mala pero no tanto. Te aseguro que pronto tendré otra historia por aquí circulando pero a saber cuando ^^' Objetivo: Antes de fin de año (Faltan 3 meses y soy capaz de ir al último momento como siempre. Pero ahí la emoción de mi vida jajajaja). Muchas gracias y mucha suerte con tus historias ¡Te animo a seguirlas! ¡Y puede que tengas alguna nueva suscritora por ahí! ;) ¡Animo!
Artemis13. Te he dejado para el final porque creo que, aparte de tener el review más largo, es el más interesante de contestar. Vamos por partes:
· ¿Debería haber hecho un final largo y agónico? Jajajaja Creo que lo mencioné, que se acercaba el final. Aunque ahora que lo pienso, eso lo llevo mencionando desde el capítulo 15 así que normal que no le hicieras ni caso ya.
· La despedida entre Laupheim y Mu la quería hacer aún más traumática pero creo que a ese nivel está bien, justo por lo que mencionas a continuación (Me mató el que tuvieras que releer que ella estaba muerta en realidad)
Y ahora pasemos a la respuesta de las dudas (ya dije que este era el review más interesante de responder):
· Pregunta 1. Laupheim es un alma en pena por el hecho de que vaga en una ilusión: que es creer que sigue viva cuando en realidad murió al realizar el viaje en el tiempo. En referente al cuerpo (me voy a meter en leyes universales que prácticamente me he sacado de la manga pero bueno), considero que cuando Laupheim llegó al pasado, alguien murió para que ella pudiera ocupar su lugar en el mundo, logrando así que la balanza estuviera equilibrada. Sobre la procedencia, yo diría que son sus poderes, adaptando su aspecto antes de morir.
· Pregunta 2. El cuerpo se desintegra por completo.
Guay, creo que he respondido a todas tus dudas. Si se me ha pasado alguna (que bien puede ser) puedes decirlo y te contestaré por PM ;) Bueno, por lo que veo, mi esquema de: vamos a traumar a todo aquél que lea este capítulo funcionó a la perfección Jajajaja La parte del final, creo que lo mencioné en otro review, me tomó siglos escribirla y aún considero que no plasma al 100% las emociones de los implicados. Hasta el momento soy una escritura amateur, milagros aún no. Pero créeme que he tratado de plasmar lo mejor que he podido el dolor de Laupheim o el de Shenda, la desesperación de los caballeros o su frustración al verse tan impotentes.
Y por el último ¡El epílogo! Mi intención era darle un poco más de profundidad a lo que ocurrió con los implicados después del impacto que puede tener la muerte de alguien. Únicamente aparecen Mu (y Shaka de rebote) y Shenda (y el par de dos también de rebote) pero no quise escribir nada sobre Shion, Asmita y Degel y tiene una explicación y no, no es que sea cruel (que un poco sí, voy a reconocerlo). La razón es que quiero dejar a vuestra imaginación pensar que ocurrió con Shion y compañía después de eso. Puede que Shion le contara a Dohko, o puede que se lo guardará para él. Es posible que Degel lo escribiera en algún papel, tratando de desahogarse y luego Kardia lo encontrará por accidente, o bien puede ser que decidiera desaparecer para poder lidiar con sus sentimientos el solo. Y Asmita ¿Qué puede que hiciera él para lidiar con todo? ¡Es vuestra decisión!
Así pues, aquí termina mi contestación. Quiero agradecerte toda la paciencia por seguir esta historia y más con semejante desmadre de escritora. Te agradezco mucho los comentarios que he recibido, tus dudas ¡Todo! Así pues, espero verte de nuevo en alguna de estas historias que, de vez en cuando (muy de vez en cuando) voy colgando. ¡Muchas gracias por todo!
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Y hasta aquí la contestación de los reviews. Antes de despedirme finalmente de esta historia quiero decir que ha sido un placer escribir esta historia y poderla seguir con todos vosotros hasta el final, me parece increíble. Así pues, seguiré escribiendo para que podáis seguir disfrutando (y yo personalmente amo crear historias) ¡Aquí hay Enna para rato!
¡Muchas gracias a todos y nos vemos pronto en alguna otra historia!
