Adhara se paro sobre el asiento del vagón en el que estaba. No había podido encontrar a los gemelos, y en cuanto había visto las miradas curiosas de más de uno estudiantes, había decidido entrar a un compartimiento vacío.

Sintiendo el tirón del tren al empezar su marcha, Adhara asomó la cabeza levemente. Ahí, entre la gente sonriente y manos efusivas, estaba la figura encapuchada y encorvada de Kreacher. No estaba haciendo movimiento, pero el hecho que esperará el tren marcharse, era su propia forma de despedirse. Adhara movio su mano desde la ventanilla, con una lagrima escapándose por su mejilla, iba a extrañarlo. Sería la primera vez que se separarían desde que lo había conocido.

Pronto el tren se alejó del andén, y Kreacher se volvió diminuto hasta desaparecer completamente. Miro con ojos curiosos las colinas, y los árboles verdes que se alzaban ante sus ojos. Se alejaba de Londres, donde los parques habían sido las extensiones verdes más grandes alrededor.

No había comparación alguna, el parque había sido una broma mal contada comparada con los pastizales que se extendías más allá del horizonte. Entonces recordó el consejo de Charles "Un buen momento, es mejor con una buena canción". Rebuscó en los bolsillos de su suéter, su Walkman forrado en piel de Dragon no había tardado en aparecer.

Había escuchado bastante sobre cómo los objetos eléctricos podían averiarse en un lugar demasiado concurrido de Magia, y sin la intención de dañar su reproductor, Adhara había decidido que la piel de Dragon podía servir como repelente para mantener el aparato a salvo.

Hasta el momento estaba funcionando.

Se puso los auriculares, y colgando el Walkman a la cintura de su falda, dio play a la cinta. Sonrío ante los ritmos de una de las mejores banda de aquella década, Queen. Las voces de Freddie Mercury y David Bowie palpitaron contra sus oídos, y bajo la influencia de Under Pressure, Adhara comenzó tararear la letra, adentrada en su propio mundo se balanceó sobre sus pies con cada acorde, mientras chasqueaba los dedos sintiendo cada nota en la con los ojos cerrados, disfrutando la canción con una risa burbujeando desde su garganta.

El sonido de la puerta cerrándose fuertemente y la vibración de la ventana del compartimiento la hicieron detenerse y mirar a la entrada. Se sonrojó, alguien la había visto, pero había salido corriendo por el pasillo, lo único que había logrado ver de su inesperado espectador fue el borde de su túnica negra con el cuello de color amarillo.

Habiendo perdido su anterior humor, detuvo la cinta. Tomo un largo respiro, abrió la puerta y miro al pasillo, no había nadie. Quien fuera quien la había visto, había desaparecido. Ajustando su gorro, y sacando de su otro bolsillo el emparedado que Kreacher le había envuelto, Adhara salió de su compartimiento. Parecía buen momento para buscar a los gemelos con el resto de los alumnos metidos en sus propias conversaciones.

—Este año parece haber pocos de primer año... —escucho la lejana conversación mientras cruzaba el pasillo

—¿Te parece?

—Va a ser un año aburrido. Pero ¡Hey! Al menos podremos ver a Harry Potter el año que viene.

—Si se aparece —recordó con cierta incredulidad la otra voz.

Harry Potter. Si, el nombre le sonaba, y con justificada razón. Aunque le molestaba recordar a su progenitor, Adhara sabía perfectamente porque estaba en Azkaban, muchos podrían ignorarlo, pero Kreacher sabía la historia, los Aurores que habían registrado su casa hacía diez años habían sido descuidados y habían hablado de los sucesos no pensando que importará que un elfo domestico los escuchara.

Sirius había sido amigo de los Potter y los había traicionado. No solo siguiendo las tradición Black de ser un mortifago, Sirius había caído en la bajeza de entregar la localización de los Potter, e inducido por la derrota de su amo, había acorralado a Pettigrew en una calle de Londres; tal vez pensando que sabría dónde ocultaban a Harry Potter.

Y no conforme de matar a otro amigo más, había asesinado a los Muggles presentes.

Sirius Black, el asesino en masas. Era su culpa que el ministerio la creyera una amenaza.

La gente celebraba a Harry Potter como el niño que vivió, aquel que había derrotado a Lord Voldemort y que había devuelto la paz al mundo mágico. ¿Pero que había de sus padres? ¿Acaso nadie pensaba lo doloroso que era ser recordado por la peor noche de su vida? Había perdido a su familia, había quedado huérfano como ella. Esperaba que al menos él pudiera haber encontrado un buen lugar en el cual vivir, y un guardián tan devoto como Mike o Kreacher.

Aunque no era su pecado, se sentía mal por Potter, después de todo su sangre le había causado tal desdicha.

—¡Adha! —dos fuertes exclamaciones la sacaron de su burbuja.

Sonrío mientras engullía el último pedazo de emparedado.

—¿Dónde te habías metido? —pregunto Fred

—Te hemos estado buscando casi por una hora —le informó George.

—Había mucha gente mirándome extraño —les explico— ese titular en el profeta hizo que la gente piense que soy una celebridad o algo así.

—Oh, pero Adha... —comenzó George.

—Lo eres —siguió Fred— el profeta no es el único titular que acaparaste.

Ladeó la cabeza.

—¿Qué? —pregunto desconcertada.

Burlones le extendieron una revista. Corazon de Bruja rezaba en la parte superior.

Poder, riqueza, y fama.

20 razones para admirar a Adha Kreach

—Oh, Merlin —murmuró ocultando su rostro contra su manos— tiene que ser una broma.

—Vamos Adha, no somos tan ingeniosos para describir el genio oculto de la moda que eres —comentó Fred tomándola por los hombros— tenemos suerte de que mama esta suscrita, si no jamás habríamos conseguido una copia.

—Dicen que todos los ejemplares se vendieron en dos horas.

—Quemen esa aberración —exigió sin poder ver su rostro impreso en tamaño carta.

Los gemelos se miraron.

—¡Nunca!

—¿Dónde más podríamos leer sobre tu casual, pero poderoso mensaje a través de la ropa?

—Adha Kreach, la inesperada socia de Lord Hyssa (ganador al soltero de oro en el 83) , causó un gran alboroto en el ministerio. Aunque muchos seguimos estupefactos ante el anuncio de su emancipación, no podemos más que creer que este es el ascenso de una estrella brillante que iluminara a nuestra comunidad por los años siguientes —leyó en voz alta Fred— Pero no se engañen, el poder de Adha Kreach no solo reside en su capacidad de negocios, y aunque aún estamos intrigados sobre la historia de cómo consiguió lograr una sociedad con una de los Magos más respetables de nuestro país, también podemos admitir a simple vista que Adha Kreach es la joven bruja a seguir desde ahora.

Adhara soltó el aire de golpe. No quería que nadie la siguiera, solo quería continuar con su trabajo, sin tener a medio mundo observándola.

—Sin acobardase por la multitud a su alrededor, Adha Kreach ganó nuestros corazones con su dulce sonrisa y su fresca elección de vestimenta. Si, es cierto que nadie pensaría en asistir al ministerio en pijama, pero la señorita Kreach logró dar un mensaje directo y claro... mantenerse auténtica, vestir con la ropa de su agrado, sin dejar que le afectará la presión social que un evento de tal magnitud podría haber causado a otra persona. Aplaudimos la valiente decisión de Adha Kreach, sin duda no sólo se toma confianza, sino determinación, para presentarse al mundo en pijama y con el rostro en alto.

Adhara no había mandado ningún mensaje. La habían sustraído de su casa por la mañana, sin darle oportunidad de cambiarse, la explicación era simple. Pero por alguna razón esta revista estaba creando la idea de que toda la situación había sido intencional, estaban tomando Adhara como un icono de una nueva era de Brujas... lo único que Adhara quería era que la dejaran en paz.

—Mama estaba atónita al ver el nuevo número —comentó Fred.

—¡Y después furiosa! —agregó George— No cree que deban hostigarte de tal manera, mando una carta de vuelta con dos hojas enteras con razones con la cual afirmaba que estaban aventajandose de tu situación. No creo que logre mucho, pero estuvo de mejor humor después de descargar su ira

Un nuevo respeto por la señora Weasley se poso en Adhara. No importaba si no cambiaba la situación, la acción era el verdadero gesto que apreciaba.

Tomando un respiro hondo, decidió que el peor movimiento que podía hacer era enfadarse. Claro que no era una situación cómoda, pero iba a ignorarla... o eso intento hasta que un idiota llamo la atención de los tres.

—Weasleys —llamo una voz con desagrado— ¿Tanta es su pobreza que ahora piden limosna? —pregunto un estudiante mayor que los miraba con superioridad—. Ya veo... —resopló burlón al ver la revista que cargaban los gemelos— han visto que alguien de primero tiene más dinero que lo que su familia entera podrá tener en una vida entera y ahora piensan desfalcarla.

—¿Por qué no vas a meter tus narices a otro lado Flint? —espero Fred con furia— venir aquí en el primer día solo habla de lo mucho que nos extrañaste, pero lo siento, tu presencia nos parece atroz.

—Nos haría un favor si no nos muestras tu rostro por otra semana —prosiguió George— o aún mejor, el resto del año.

El tal Flint se limitó a sonreír con arrogancia.

—¿Qué? ¿Asustados de que Kreach note lo patético que son? —inquirió antes de dirigirse a Adhara—. Es mejor si te mantiene alejadas de los Weasleys, alguien de tu estatus no debería ser visto con basura.

¿De su estatus?

—¿Basura? —repitió entre dientes— ¿Si quiera sabes de que hablas? ¿Crees que nací rica? No lo hice, trabaje por ello —gruño en voz baja— ¿Crees que los Weasleys son avariciosos? Ellos me conocieron sin un solo penique, tú por otra parte estás ofreciendo una "ayuda" que no pedí porque quieres caer en mi buena gracia —siseo— estas deslumbrado como el resto de este tren, pero escucha esto... —le señaló— no vine aquí a recibir lambisconearía, ni a tener amistades interesadas en el provecho que pueden sacar al asociarse conmigo.

—¿Provecho? —se mofó Flint con burla— no te equivoques niña, tu fortuna no puede compararse a ninguna de las ancestrales casas, podrás tener más dinero que los Weasleys, pero es todo lo que vas a lograr.

Adhara rió internamente, los Black tenían una de las fortunas más antiguas, e incluso sin la herencia familiar, Adhara tenía el control de un medio de transporte impredecible en Europa. Su bóveda en Gringgots había sido cambiada en cinco ocasiones antes de que se le ubicará en una sección especialmente construida para sus necesidades. Por generaciones Gringotts no había tenido el apuro de encontrar bóvedas más grandes y espaciosas, las fortunas más considerables habían permanecido bajo las mismas familias, y estas nunca habían tenido intenciones de mover sus herencias generación tras generación.

—¿Entonces qué hace alguien de tu estatus relacionándose con alguien como yo? —recalcó con sorna— deberías marcharte, estoy de acuerdo con los gemelos, no necesitamos ver tu cara por el resto de año.

El tal Flint bufo.

—Si tanto te gusta la basura... rata —se mofó despectivamente.

El término no le era ajeno, había sido llamado peor durante sus años en la calle, pero eso no significaba que no odiara el insulto.

—Cuidado con lo que dices —gruño Adhara— no querrás que termine mordiéndote como la rata que soy.

No iba a darle la ventaja de hacerle ver que odiaba ser llamada asi.

—Como sea —farfulló antes de dar media vuelta y largarse.

Fred y George palmearon su espalda.

—Bueno, definitivamente no vas a tener problema adaptándote —felicito George.

—Ya manejas a los bravucones como una experta —afirmó Fred

Adhara lanzó un resoplido divertido.

—No es más que un mocoso altivo.

—Eso... —dijo Fred.

—No podemos negarlo —finalizó George.

Los tres rieron a la vez.

—Vamos —indicó Fred tomándola del brazo— tenemos que presentarte a nuestro amigo Lee.

—Nuestro mejor amigo, y nuestra mejor amiga finalmente reunidos —suspiro dramáticamente— que gran año ¿No te parece, Fred?

—Así es, mi querido gemelo.

Adhara parpadeó.

—¿Soy su mejor amiga? —pregunto incredula.

Ambos gemelos Weasleys giraron a verse con sonrisas divertidas.

—No hay ninguna otra niña lo bastante lista, cero molesta, y excesivamente divertida para serlo —aclaró Fred.

—Además, eres la única que puede diferenciarnos —alabó George— ni siquiera mama puede hacerlo.

—Pero eso no significa que tengas que enseñarle —clarificó Fred inmediatamente.

—Es divertido jugar con ella —concordó George.

—Será nuestro secreto —aseguró estrechando el brazo de ambos.

El viaje había marchado entre risas. Lee era excesivamente simpático, aplaudiendo con estruendo al escuchar sobre el breve encuentro que habían sostenido con Flint, y de cómo Adhara lo había mandado al garete con sus filosas palabras.

Pero ahora llevaba su uniforme puesto, un negro impecable que se perdía en la oscuridad del andén al que recién habían llegado.

—¡LOS DE PRIMER AÑO! ¡SIGANME! —resonaba la gruesa voz de un hombre que le parecía familiar.

—No te preocupes Adha, Hagrid parece aterrador, pero es tan noble como un cachorro —le había asegurado Fred.

—Y tan inofensivo como uno —Había concordado George.

—No tengo miedo de él —informó Adhara— solo que me parece haberlo visto antes.

—¡Entonces no hay nada de qué preocuparse! —exclamó Lee palmeando su espalda efusivamente— un lindo viaje en bote y pronto sabrás a que casa perteneces.

—Cierto —musitó antes de verlos— ¿Cómo voy a saber a qué casa pertenezco?

—Es un secreto —exclamaron los tres a la vez.

Adhara resopló.

—Entonces será mejor que me dé prisa si quiero averiguarlo.

Despidiéndose con un gesto se dirigió hacia donde el alto hombre llamaba a los de primero. Tuvieron que pasar por estrecho sendero antes de poder ver el castillo y los botes que los llevarían. Adhara admiro la estructura, era majestuosa, y bajo las estrellas de la bóveda nocturna parecía aún más fantástica, no podía esperar para explorarla por completo, aún se le tomaba el año entero para hacerlo.

—¡No más de cuatro por bote! —seguía indicando entre gritos su guía.

Miro a su alrededor, la gran mayoría parecía incomodo de compartir espacio con desconocidos, pero otra gran parte parecía ya haber labrado amistades durante el trayecto al castillo, o tal vez se conocieran con anterioridad a causa de sus familias.

Eligiendo un bote solo ocupado por otra niña de piel bronceada y rizos castaños, tomó asiento. Sacando dos barra de chocolate de su bolsillo, Adhara giró a su acompañante.

—¿Gustas? —pregunto.

Giró a verla, y en lugar de aceptar el chocolate, se limitó a fruncir la nariz y mirar a Adhara con hastío.

—Eso engorda —espeto asqueada— mama dice que nunca se es lo suficientemente joven para cuidar la figura —hablo altivamente— ¡Tira eso! Está lleno de grasas y carbohidratos —ordenó como si su palabra fuera el suficiente motivo para hacerlo— y por dios, para de comerlo, estás manchando tu rostro.

De todos los lugares, tenía que haberse sentado con la loca del grupo.

—No quiero —contesto Adhara dando otro descarado mordisco a su chocolate— El sueño de mi vida es ser gorda, tan gorda que tenga que rodar para llegar de lugar a lugar.

—No hablas en serio —exclamó con los ojos desorbitados.

—¿Qué? ¿Crees que puedes decirme qué hacer? —pregunto con apatía Adhara— no eres la princesa del lugar, o de ningún sitio —afirmó viéndola firmemente— no puedes ordenarme tirar mi comida, o criticar lo que como, solo bastaba con que dijeras que no querías.

—¡No quiero estar a lado de una bola de grasa! —grito altiva.

—Eres patética —expresó con aburrimiento Adhara— solo puedes ver el físico de las personas que te rodean, que vida tan vacía.

—¿Qué sabes tú? —increpó— ¡Solo eres una mediocre perdedora!

Adhara rió.

—Nunca dije lo contrario.

Sonriendo cruelmente al escuchar sus palabras, se levanto, y la miro con sorna.

—Entonces no tengo porque escucharte, no eres nadie.

Adhara la miró sin inmutarse por el insulto, comiendo con tranquilidad su barra de chocolate.

—Al igual que tú —le recordó— solo somos estudiantes de primer año, nada importante.

Decirle que no era en lo más absoluto especial la había hecho roja de rabia.

—¿Quién...?

—¿Quién se cree que es? —termino de preguntar otra voz.

Era un niño solo un poco más alto que ellas, de ojos chocolates, y cabello alborotado.

—¿Gustas? —volvió a preguntar nuevamente Adhara al recién llegado.

El bote se balanceó ante el golpe sordo que había hecho al sentarse descuidadamente. Sin decir palabra, aceptó la barra de chocolate y la abrio.

—¿Vas a comer eso? —pregunto indignada la otra ocupante del bote.

—¿Acaso eres mi madre? —inquirió con la ceja enarcada.

—¿Qué? —parpadeo tontamente —. No, pero...

—Entonces tú no me mandas —le cortó—. Tal vez nos dirijamos a un castillo, pero nadie te ha hecho princesa de el.

Adhara lanzó una risa.

—Lo mismo le he dicho, pero se niega a oírlo.

—¡No tengo que oír nada de lo que ambos dicen! —chillo histérica— ¡Mi mamá es una importante diseñadora de moda en Londres! ¡Soy rica! ¡Con lujos que ustedes a penas pueden y soñar!

—¿Y? —preguntaron a la vez con aburrimiento.

—¡Soy mejor que ustedes dos! —volvió a chillar desesperada.

—Difiero de lo que dices —le informó tranquilamente el único niño del bote—. Si, tú madre puede ser importante, y felicidades por ser rica. Pero acabas de entrar a una escuela donde hay estudiantes con fortunas almacenadas por más de diez generaciones —le informó con una sonrisa placentera— eres rica, pero yo soy asquerosamente rico, así que no eres mejor que yo, y definitivamente no mejor que Kreach.

Adhara suspiro resignada.

—No sabía que estabas enterado de mi nombre.

—Salir en primera plana no es la forma de mantener anonimato —confesó sin vergüenza— además creí que si alguien iba a ser pomposa ibas a ser tu, pero que decepción que lo sea alguien que ni siquiera debe estar entre los cincuenta más ricos del colegio.

—¿Hay una lista sobre eso? —pregunto incrédula.

—Desde hace cinco años —afirmó— Rita Skeeter escribe el articulo anualmente. Si me lo preguntas es una perdida de espacio y tinta, pero es un artículo muy popular.

—¿Entonces por qué lo lees?

—Mama lo hace —le aclaró— yo solo le hecho una hojeada, mi nombre entro directamente al número 10, y el tuyo al 34.

Se apretó el puente de la nariz, no quería ni imaginar donde iba a posicionarse si se sabía que tenía también la fortuna Black.

—¿Como puede saber el monto de las fortunas? Gringgots es estricto con sus políticas de privacidad.

—Si me lo preguntas es más especulación que trabajo periodístico.

Adhara asintió comprendiendo, no había duda que ciertos periodistas no tenían escrúpulos.

—¡Son unos tontos! —chillo la petulante voz que los acompañaba— no tienen clase ni tacto ¿Cómo alguien como ustedes podría tener la más mínima fortuna? —Ambos se miraron incrédulos de que cuestionara la veracidad de sus palabras, no sólo estaba loca, era tonta— no voy a creer sus mentiras, pueblerinos —insulto sin tener efecto alguno en ellos— en especial de una niña que tiene embarrada la boca en chocolate —espetó señalando Adhara.

No respondió, Adhara se levantó y se limitó a lanzar un sonoro eructo.

—¡Iughhhhh! —chillo la niña frente suyo antes de salir del bote— ¡Que asco!

—¡Te lo dije! —grito Adhara mientras la veía correr— ¡Mi sueño es rodar de lugar en lugar!

Se rió, si iba a considerarla asquerosa al menos que fuera justificado. Pero era mejor no contarle jamás a Kreacher, iba a darle clases de etiqueta hasta que sus oídos lanzarán humo.

—No creo que esa niña jamás hubiera corrido tanto —contemplo sorprendido el otro estudiante de primero que permanecía en el bote— Por cierto, soy Andrew —se presentó levantando una mano con pereza.

—Adha —respondió sabiendo que ya estaba enterado de su identidad— ¿Alguna razón en particular por la que elegiste este bote?

Como se lo había dicho a Flint, no necesitan lambiscones.

—Soy más rico, no voy tras tu dinero —respondió rodando los ojos.

—Tal vez no, pero no puedo decir lo mismo por Lord Hyssa.

Adhara era lo bastante inteligente para saber que la gente querría relacionarse con ella por su cercanía a Hyssa.

Andrew y ellla se miraron en silencio, sin apartar la vista, antes de que finalmente el joven mago rompiera en una sonrisa.

—No eres tonta —observó divertido mientras tocaba el agua que se movía al paso de la docena de botes— pero no, por el momento no estoy interesado en lo más absoluto.

—¿Por el momento? —inquirió Adhara enarcando una ceja.

—Es uno de los magos más poderosos de Europa, olvidando el que sí es rico, uno no puede negar el poder que sostiene en sus manos ¿Realmente esperas que nadie lo admire? Y por consecuencia a ti —le reveló—. Como dije, no estoy interesado por el momento. Pero déjame iluminarte ¿Qué crees que están hablando las ancestrales familias de magos?

No le había interesado en lo absoluto averiguarlo, es más, ni siquiera había contemplado que se hablará de ella en reuniones de sangre pura.

—Porque no me lo dices.

—Seré breve. Un mago que no tiene descendencia de repente tiene una socia, cuando jamás había necesitado o querido uno —en listo— Pero no cualquier socia... una joven bruja — dijo señalándola— el verano entero se ha especulado de que tal vez no sólo eres su socia, sino su heredera ¿Cuál crees que es el siguiente paso a dar? Conseguir tu amistad, no te sorprendas si se te acerca una multitud de sonrisas pretenciosas.

La idea le era ridícula, pero la seriedad en sus ojos le indicaba a Adhara que en realidad esas conversaciones habían sucedido.

—¿También eres parte del grupo que viene a conseguir mi amistad?

Andrew sonrió con astucia.

—No te diría mis intenciones si así fuera —se levanto—. Escuche tus alegatos con la otra niña, me pareció gracioso, decidí que verlo en primera fila sería aún más divertido.

—¿Satisfecho?.

—Más de lo que puedo expresar.

Sonrieron ligeramente, no eran amigos, pero al menos había un acuerdo implícito de honestidad por ambas partes.

—¡Bajen las cabezas! —grito Hagrid desde el frente.

Pasando por una cortina de hiedras continuaron por un túnel oscuro antes de que el camino se ampliará y llegarán a un muelle subterráneo.

—Hemos llegado —anunció Andrew—. Un placer hablar contigo Kreach, pero aquí es donde nos separamos.

Le vio partir dando un salto fuera del bote, unos segundos después Adhara hizo lo mismo.

Siguiendo la fila se preguntó a quien se le había ocurrido la maravillosa idea de llevar a los de primer año por una cueva lúgubre, pero no dándole mayor importancia, siguió el rocoso camino hasta llegar a la entrada del castillo. Ahí, esperándoles al final del camino, se encontraba una bruja con una pulcra túnica azul marino, mirándoles con seriedad, e inspeccionándolos sin mover el rostro, solo sus ojos.

—Bienvenidos a Hogwarts —saludo cordialmente— mi nombre en Minerva McGonagall.

Sintió que la piel se le helaba cuando su mirada recayó sobre ella.

—Lo siento, pero tendrás que quitarte el gorro, solo tu sombrero de punta está permitido.

Lanzó un sonoro suspiro. Prefería su gorro de lana, pero sin objetar, saco el sombrero de su bolsillo y se lo puso. Se sentía como un perro al que le habían puesto un cascabel.

—Muy bien, antes de empezar el banquete se hará la selección, para aquellos que no lo sepan hay cuatro casas a ser elegido, Hufflepuff, Slytherin, Revenclaw, y Gryffindor, desde el momento de su elección serán miembros de... —paro en seco al ver una mano levantada— ¿Si?

Miro con la ceja enarcada a la pequeña que había levantado la mano, jamás había ocurrido, los de primer año siempre estaban demasiado conmocionados para interrumpirla

—Disculpe ¿Cómo se hace la selección de casas? —pregunto Adhara.

—A través del sombrero seleccionador—explicó— al llegar al comedor serán llamados uno por uno, el sombrero será puesto sobre sus cabezas y este elegirá la mejor casa conforme a sus características.

Asintió. George y Fred habían hablado con ella sobre las cualidades que se necesitaba para cada una, y aún así Adhara no podía averiguar a cual pertenecía ella.

La profesora McGonagall siguió hablando sobre las reglas que conllevarían al formar parte de una casa, pero los gemelos había contado tanto a Adhara que está ni se molestaba en por nuevamente cosas que ya sabia de memoria.

Habiendo averiguado su única duda, el resto del camino fue más sencillo. La hora de la selección no tardó en llegar, y junto al resto de primer año, se encontró caminando por las puertas del gran comedor. El techo era un cielo estrellado, con centenas de velas flotando alrededor, era un hechizo precioso.

Adhara saludó a los Gemelos y a Lee al pasar a su lado, estos le mandaron pulgares arriba y virotes de apoyo. Aunque su emoción se vio un poco empañada al mirar entre las demás mesas, varios alumnos la señalaban mientras susurraban cosas al oído de sus amigos.

Regresó su atención a la fila, sin notar los ojos azules que la miraban intensamente desde la mesa de Hufflepuff, un alumno mayor que la observaba silenciosamente intrigado.

Adhara dio un respingo al ver el sombrero seleccionador hablar, pero tuvo que tapar su boca al oírle cantar, sin duda el pobre sombrero tenía sueños frustrados como cantante. Pero lo que carecía de entonado lo justificaba con ritmo. Junto al resto de las cuatro casas aplaudió estruendosamente.

—Cuando les llame, deberán ponerse el sombrero y sentarse en el taburete para que se les seleccione —indicó McGonagall—. ¡Benson Charles!

El sombrero grito de inmediato al tocar su cabeza.

—¡Revenclaw!

La casa en cuestión aplaudió y saludo al nuevo integrante con entusiasmo.

Pero así como el sombrero podía tomar decisiones rápidas, había otras veces en la que tardaba un poco. Sin embargo ese no había sido el caso de la pedante niña a la que había eructado en el rostro.

—¡Duncan, Rosalie!

—¡Revenclaw!

Eso no la había visto venir en lo absoluto.

— ¡Hodges, Andrew!

—¡Slytherin!

Se preguntó si el sombrero sabía lo que hacía, estaba tomando decisiones extrañas. Si, Andrew tenía pinta de astuto, pero estaba convencida de que era más inteligente que la insufrible Rosalie.

—¡ Kreach, Adha!

—Te dije que era ella —escucho un chillido al pasar.

Ignorando los caóticos comentarios a su alrededor se sentó en la butaca, tomó el sombrero y se lo puso, seriamente tenían que considerar darle mantenimiento, podía oler el hule viejo.

—Pienso que huelo fantástico para tener más de mil años —argumento a su oído el sombrero—. Pero no estamos aquí para discutir mi aroma ¿no es cierto? Adhara Black.

—¿Cómo...?

—No hay nada que puedas ocultar de mi, estoy aquí para ver los secretos más profundos de tu corazón, donde yace la respuesta a la casa que perteneces. Veamos —murmuró— ciertamente hay talento, nobleza, astucia, y valentía, pero hay algo que deba definirte sobre todo lo demás ¿O acaso esta ante mí una verdadera Black? Slytherin sería el camino más adecuado para seguir la tradición familiar...

—La noble y ancestral casa Black —se mofó en su cabeza Adhara— ¿Sabes que hice con la tradición familiar? Use su dinero para caridad Muggle. ¿Acaso no deberías frenarme de seguir las artes oscuras que preceden a mi familia?

—No es así como funciona, puedo elegir tu casa, pero no el destino que tienes que forjar.

—Entonces no tienes propósito alguno.

—Te equivocas, elijo la casa que va a hacerte crecer a la mayor de tus habilidades, es la decisión que debo de tomar basándome en lo que hay en tu mente ¿Lo entiendes? No puedo elegir una casa por gusto propio, debo entender lo que guardas en tu interior.

—Hay cualidades para pertenecer a cada casa —le recordó Adhara.

—Ese es el error que todos cometen. No es la casa quien te elige, solo estoy aquí para interpretar sus pensamientos, y son ustedes quien inconscientemente me proporcionan la respuesta.

—¿Por qué me cuentas? Debería ser un secreto ¿No?

—Nadie se molesta en averiguar, siempre estoy dispuesto a responder aquellos que estés dispuestos a escuchar.

—De acuerdo —acepto Adhara— ¿Entonces que es lo que ves?

—Compasión, amor, sufrimiento... por mí han pasado memorias atroces, pero son pocos los que se levantan de golpes tan demoledores de la vida. En tu infinita miseria encontraste felicidad, con un Muggle nada menos, y lo sigues amando aún en su ausencia, algo que nunca había ocurrido con ningún otro Black.

—Lo sé, los odian —musitó Adhara.

—Tienes una forma extraña de ver la vida. Tu inteligencia y astucia han sido aplaudidas, pero pocos han visto la nobleza y la valentía que reside en tu corazón , y nadie más que tu nuevo guardián conoce del lugar en que creciste ¿Estas avergonzada?

—¿De que? ¿De haber crecido en un callejón? —espetó molesta— sería como decir que estoy avergonzada de Mike, y jamás podría estarlo. No confundas mi silencio, sé perfectamente de donde vengo, no soy una Black o la novedosa bruja del momento, soy Adhara, alguien que sabe de la crueldad del mundo, pero también de su belleza —musitó apretando la orilla de la butaca—. Soy feliz de haber sido criada por Mike, no importa las carencias, el me dio todo lo que tenía. Lo que muchos consideran basura, fueron los momentos más preciosos de mi vida. No hablo sobre mi infancia porque no quiero empañar con estupidos prejuicios los años felices que compartí con Mike. Entiendo lo suficiente del mundo para saber que pocos comprenderán que no se necesitas de cosas materiales para ser feliz, aceptó que por momentos sufrí él hambre y la sed extrema, y el desprecio de la gente, pero la miseria no fue un constante en mi vida —una lagrima resbaló por su mejilla— porque con cada golpe, ahí tuve a Mike para levantarme. Él eligió cuidarme cuando no me debía nada, y por ello le debo todo, quiero hacerlo sentir orgulloso, como siempre me hizo sentirme de él... —reveló— soy valiente porque él me enseño.

"Jamás agaches la cabeza Adhara..." recordó las palabras de Mike.

—Entonces está decidido... —proclamó el sombrero seleccionador con un sentimiento de admiración que no había experimentado en siglos— ¡GRYFFINDOR! —rugió.

"Tus sueños aguardan en el horizonte, son lejanos, pero un día los alcanzarás. Solo no los pierdas de vista, no dejes que nadie te diga que debes ver al suelo"

Sonrío. Eso haría, miraría al horizonte.

El capítulo más largo hasta hoy. Hasta me planté cortarlo en dos, pero no, decidí terminar de una vez con todas las teorías y sugerencias. La mayoría pidió Slytherin (En WATTPAD), pero jamás vi a Adhara ahi.

Y tras hacerme papilla la cabeza por una semana, haber borrado infinidad de cosas, y haber agregado cosas que espero no parecieran demasiado confusas, he aquí el capítulo que muchos esperaban.

Ya ni me tome la molestia de ir a releer y buscar errores, necesito sacar esto de mi sistema antes de que colapse.

Nos leemos.