Muchas gracias por sus comentarios y todo el apoyo que me han dado alrededor de todo este tiempo. Espero poder seguir escribiendo para todos ustedes. Mucha suerte y un saludo a los fans de esta historia. Si quieren sentirse más tranquilos, estoy inspirada en la película de "Loco por Mary", para los que la vieron, así que no se preocupen por saber con quién se queda Orihime, ella estará con quien la ama y a quien ama.


Recuerden: Comentar es apoyar, si apoyas la historia animas a la autora a seguir escribiendo.


Disclaimer:Bleach y todos sus personajes le pertenecen a Tite Kubo. Si la serie o Tite fueran míos ordenaría de inmediato revivir a Ulquiorra xD


Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


CUANDO EL SOL DEBE OLVIDAR A LA LUNA

By Clarisce

Episodio 21: Etapas del Dolor


La vieja historia se repitió, había confiado en las personas equivocadas. Orihime se vio en una sucia y pequeña habitación, sin más comida que un pedazo de pan enmohecido, no tenía dinero y su bebé había quedado dormido después de llorar por más de 2 horas.

En ese momento de desesperación sólo pudo pensar en sus antiguos recuerdos, muy vagos, muy borrosos, en los cuales la sombra de un padre y de una mala madre la atormentaron.

Al llegar a esa ciudad no pudo mantenerse, su bebé era un impedimento para casi todo, un trabajo, un lugar donde quedarse y más. Sin poder llorar o lamentarse por lo duro de aquellos días sólo pudo recordar la desgraciada vida que su madre escogió y que al menos los llevó a poder comer algo.

Se levantó de la cama donde había quedado su bebé y se dirigió a un pedazo de espejo roto pegado a la pared, se vio y su rostro aún conservaba la juventud y belleza por la que cualquier hombre pag-… no, negó con la cabeza mientras se arrodillaba al piso tomándose la cabeza con las manos.

Pero estaba desesperada, muerta de hambre, con las lágrimas tan secas en su rostro, se relamía los labios y sólo rogaba por un milagro. Nadie le daba trabajo y éste, éste… era su punto más bajo.

Volvió al espejo. Se vio por unos momentos para luego, con expresión torcida y asqueada, correr a buscar algunas cosas que fue acumulando con el tiempo, un labial casi terminado que le sirvió de rubor un vestido roto que luego cosió, unos zapatos que encontró un día en la basura, rotos pero al estar reparados no se veían tan mal.

Para finalizar con el dolor de la vergüenza se hizo un escote y acortó el vestido para que las piernas se le vieran, no quería llorar porque arruinaría su úl-última oportunidad.

Antes de salir vio a su bebé y le pidió perdón repetidas veces, tantas que no pudo resistir verlo desnutrirse. Necesitaba alimentarlo, había tenido una infección estomacal por días, sus pequeños huesos ya se notaban y lo último que hubiera deseado Orihime era verlo morir, ¡NO! ¡NO MORIRÍA!

Esas fueron sus palabras de valor, la noche la ocultó y cuando al fin llegó a una calle se quedó segundos pensando en este asunto, se abrazaba a sí misma y frotaba sus brazos para ver si se calentaba un poco. Levantó la mirada para parecer coqueta, mentía… porque por dentro lloraba lágrimas de dolor por lo que estaba a punto de hacer.

Caminó hacia la luz naranja de un poste de luz donde se quedó hasta que un auto se detuvo frente a ella, un regordete hombre quien la miraba con lujuria se aproximó, vio su cuerpo de arriba a abajo, saboreando la dulzura de esta fruta.

- ¿Cuánto? –preguntó con voz rasposa.

Orihime respondió con temor, su voz delicada ni si quiera resonó lo suficientemente fuerte pero su… "cliente" la había escuchado. Asintió con la cabeza a la petición de aquél. No quiso mostrarse más asqueada de lo que estaba por lo que fingió una sonrisa, sus ojos tristes la delataron pero al bastardo que pretendía gozar de sus favores no le importaba.

- Vamos allá –señaló un rincón oscuro en aquella nefasta calle. Atrás de un basurero.

Orihime asintió, esto era tocar… ¿fondo? Quizá su familia tenía razón en rechazarla y quizá… fue una manzana que no cayó tan lejos del árbol.

Los labios de aquél rozaron su cuello y su mano apretó con furia su delgada cintura mientras trataba de meter la otra debajo de su vestido para tocar sus enormes senos. Orihime saltó de un susto cuando encontró la forma, todo su cuerpo gritaba que NO y pronto ella también.

Se vio lejos de aquel hombre, se cubrió con las manos y le dijo que había cambiado de idea. Su 'cliente' no pudo resistir el rechazo y la golpeó, al caer tendida al piso quedó un poco inconsciente, aquel hombre había vuelto a su cuerpo y esta vez para tomarlo. Rompió el vestido por el escote logrando mostrar sus pechos.

Ella gritaba que "NO" a cada instante sin poder defenderse, con fuerza bruta él le abrió las piernas para penetrarla salvajemente a lo que ella lloró, por sus decisiones, por sus errores, por esta… estupidez. Había sido llevada al punto de venderse sólo para sobrevivir porque los Shinigamis la perseguían para quitarle a su hijo.

Sintió aquel pene rozarle la vagina y se llenó de tanto terror que no pudo evitar pelear y pelear hasta que él la golpeó otra vez, su nariz sangrando y su terror a punto de convertirse en otra realidad en su tragedia…

Pero aquel peso se hizo nada, cuando un pie aplastó la cabeza de aquel maldito contra la pared. Orihime no pudo ver a través de aquella oscuridad, pero su salvador estaba masacrando a aquél hombre, ¿quién era? Se preguntó pero no sintió estar totalmente tranquila, ¿qué tal si ese hombre completaba lo que el masacrado quiso hacer?

Se acercó a ella. Aún tendida en el piso lo miró indefensa, desnuda y avergonzada.

- ¿Qué hace la mascota de Aizen-sama por aquí? –le preguntó arrodillándose frente a ella.

- ¿Qué? –susurró Orihime.

Suspiró aquel, la cubrió con la camisa que llevaba y la levantó en sus brazos.

- ¿Me dirás donde vives? –preguntó.

- Yo… eh… -estaba muy confundida, por los golpes, al igual que por esta visión que tenía.

Ella había sido afortunada a diferencia de los que la creían muerta. Con una investigación y distintas acusaciones de traición, Kurotsuchi apenas se daba abasto para pensar en lo demás. Se había encerrado en su laboratorio sin ánimo de interactuar con nadie. Dejó de hablar con las personas, dejó de ser sarcástico e incluso dejó de usar su habitual maquillaje para infundir terror, se sentía vacío.

Se reía a veces de sí mismo por sufrir de una consecuencia emocional que nunca creyó sentir. Era una burla de shinigami.

Nemu había tratado de ayudarlo pero no era buena lidiando con los sentimientos, quería entender pero poco lograba.

- Señor –dijo.

No respondió.

- ¿No quiere algo de beber? Señor… -él no volteó, revisaba una tabla de signos vitales del niño de Orihime.

- Es… lo único que me queda, de eso… a lo que llamé 'sentimiento'. No me importa, ni lo necesito pero… me recuerda a ella y ella me hace sentir más vivo de lo que jamás… podré estar. Yo ayudé a matarla, la dejé en manos del azar humano, si hubiera sido menos egoísta y hubiera preferido salvarla a dejarla morir, yo… -se cubrió el rostro- ¡vete de aquí, no quiero nada! Necesito trabajar.

El pesar que sintió tal vez había llegado a afectar a todos pero Orihime estaba viva pero sufriendo, quizá su alma, esta noche estuvo más cerca de volver a la sociedad de almas de lo que estuvo semanas atrás cuando la dieron por muerta.

Byakuya había hecho algo que quizá se prometió no volver a hacer, buscar a alguien entre tantas almas, volver a lo de Hisana mientras que Zaraki sólo buscaba hacer pedazos a Kurotsuchi.

Se dice que de las etapas del dolor, la primera es la negación, lo de Byakuya pasaba, no podía aceptar que ella estuviera perdida para siempre, la segunda es la de la ira, la cual Zaraki interpretaba perfectamente porque tenía tanta sed de la sangre de aquel shinigami que planeó esto que enloqueció en dos ocasiones, tuvo que estar sedado por varias semanas para no destruir la ciudad y la negociación, la cual era parte de la vida de Kurotsuchi, el mismo trataba de lidiar con la situación, creyendo que si salvaba la vida del bebé de Orihime, aquel que seguía en la sociedad de almas sin que nadie lo supiera, podría recuperarla a ella al menos… de ese modo.

Nadie aún había llegado a las últimas etapas. Nadie. Ni si quiera el mismo Ulquiorra, el cual se mantenía en el hospital, se recuperaba muy lentamente, lo mantuvieron en coma para que sobreviviera pero era posible que haya más secuelas de las que nadie esperaba.

Orihime pronto despertó, no estaba… en su casa, era un departamento, no muy lujoso pero bastante bien amoblado, de un susto saltó de aquella cama y buscó a su bebé, había amanecido y la luz, al igual que canto de las aves, la alteraron.

Corrió por los pasillos de aquel departamento hasta dar con…

- Grimmjow –susurró viéndolo de espaldas.

Él se volteó al ser descubierto, tenía en sus manos a su criatura, el bebé de Orihime descansaba tranquilo.

- ¿Qué pasó? –preguntó de inmediato acercándose a él.

- ¿Quieres la versión larga o corta? –preguntó divertido.

- Yo… no sé, ¿qué haces aquí? ¿Dónde estamos? ¿Qué sucedió?

- ¿Crees que los Shinigamis son los únicos que pueden invadir el mundo humano? Pero en realidad yo sólo quise divertirme, me dieron un estúpido trabajo como modelo de ropa y decidí quedarme –mecía a la criatura de lado a lado mientras contaba esa historia- tenía la esperanza de toparme con los Shinigamis pero pronto no podré hacer nada, mi cuerpo cada día es más débil.

- Necesitas de un gigai.

- En realidad tengo uno, lo robé de la tienda de Karakura antes de venir para acá.

- Ésta es… ¿tu casa?

- No, me lo dieron –suspiró- me rogaron porque me quedara y me doy muchos placeres en este mundo gracias a ello.

- Mi bebé –preguntó desconcertada, Grimmjow lo abrazaba, era… raro- ¿por qué nos trajiste?

- De alguna manera este niño emana una energía que hace que me sienta mejor, había pasado mucho desde que me sentía así. Incluso este gigai es incómodo pero cuando tengo cerca al mocoso todo mi dolor desaparece, ¿es tuyo? ¿Quién es el padre?

Sus cabellos naranja se agitaron rápidamente al voltearse a otro lado, no quería ver más esos ojos que la juzgaban.

- Su padre era...

- Aizen-sama es un travieso, jujujuju –sonrió divertido- supongo que si es hijo suyo puedo tenerlo un tiempo, tiene unos extraños poderes.

- Uhm –gimió.

- Pero… ¿cómo me pagarás tú? –susurró el peliazul acercando su cuerpo hacia ella para luego rozar con sus labios el cuello de la joven.

Se apartó rápidamente, asustada como nunca.

- Estoy bromeando, cálmate –sonrió- quédate, arregla la casa, lo que tú quieras, realmente no me importa –volteó su vista al bebé- pero éste mocoso se queda conmigo –lo levantó en el aire y lo agitó sonriendo- se parece tanto jajajaja.

No pudo decirle que era hijo de Ulquiorra porque sabía de la rivalidad y el desprecio mutuo que se tenían, además la traición del Espada la había hecho dar cuenta de que estaba por su cuenta con éste bebé y que no lo quería en su vida porque le causaba tanto dolor así como sentimientos de arrepentimiento.

¿Pero quedarse con Grimmjow? ¿Realmente lo iba a hacer? Por azares del destino se había topado con éste hombre, no la ayudaría precisamente pero al menos la mantendría a salvo hasta que pudiese valerse por sí misma.

Y a todo esto, ¿por qué él tenía tanta simpatía con su pequeño? ¿Aquella energía que emanaba y que era casi venenosa para los Shinigamis para él era positiva? Lo que casi mata a miles de Shinigamis podría revitalizar a cualquier espada, así parecía. Decidió callar.

Sin embargo todo esto era bueno, en muchas formas, sí… Grimmjow era salvaje e impredecible pero de algún modo…

- ¿Tienes hambre? –le decía al bebé y el pequeño le respondía con una sonrisita- ok, vamos por algo.

Tenía un corazón enternecido, quizá en el fondo era como un niño, fuera del combate sus actitudes cambiaban tanto que podía pasar por alguien que sólo necesitaba una palmada en la espalda y un poco de aliento positivo.

Y quizá…

- ¿Vienes? –le preguntó el peliazul a Orihime, la cual lo había observado desde hacía mucho.

- Gracias –expresó ella dulcemente.

Un sonrojo se apoderó de su rostro. Grimmjow había quedado prendado al instante por algo que no entendió. Al menos en ese momento y en ese lugar.

- ¡Oh! Carajo –respondió al instante.

- ¿Hice algo? –preguntó ella.

- No, nada –volteó rápidamente a otro lado.

- Jajaja… -respondió sonriendo ella.


Fin de Episodio 21


Comentarios del Autor:

Sí, otro más agregado a la lista jajajaja, Orihime es una suertuda ;)