Hola a tod s, aquí les traigo un nuevo capitulo. La verdad es que voy retrasada y pido disculpas, tuve problemas con otro fic y me olvide de actualizar este. Espero que no me maten por lo que contiene... solo les pido paciencia y comprensión. Como dije al poco de comenzar, esto es lo que yo imagine de como se conocieron... así que no me maten rápido, ¿querrán?
Capítulo 20.: Ceremonia y caos: El Cristal de Oro.
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La Guerrero Luna se giró para enfrentar directamente al príncipe Endimión que había enmudecido ante el tono acusatorio de sus palabras. En sus ojos, ella pudo percibir el cambio que hubiese deseado ver cuando ella le reveló su verdadera apariencia días atrás; veía vivo el mutuo amor, veía anhelo y deseo de perdón; pero en ese momento ya no podían relajarse, bajo su rol de Guerrero tenía muy claro que el dolor de su corazón sería un lastre y los pondría en peligro a ambos. Aun sabiéndolo, parte de aquellos sentimientos heridos se permitieron aflorar.
"– ¿Acaso vos me demostrasteis piedad? –Acusó con desprecio mirándole indiferente– ¿¡Acaso creéis que vos merecéis mejor trato!?" Endimión agachó la cabeza con arrepentimiento, sabiéndose merecedor de tan duras palabras. El príncipe decidió que no diría nada más, pues aquella situación y trato, los tenía bien merecidos por haber abordado la verdad tan erradamente. La Guerrero Luna observó crecer su arrepentido gesto, indirectamente. Era ahora totalmente consciente de que Endimión había aceptado su verdadera naturaleza pero una parte de ella se había desangrado al verse en el paredón por las injustificadas acusaciones del príncipe. Pero no era ella quien para juzgarle; ambos eran muy diferentes. Sus educaciones y vivencias los habían hecho quienes eran, y la princesa sabía por cada acción del príncipe en la Luna que su amor fue y era, a pesar de todo, sincero desde un primer momento.
"– Príncipe Endimión, –dijo firme pero suavizando el tono acusatorio precedente– no es tiempo ni lugar para bajar la guarida ante el enemigo. Recordad que mi existencia tiene una finalidad, y estoy aquí por ello." Endimión la miró con la tristeza latente en sus ojos y asintió tratando de controlar las emociones que lo embargaban. Ella veía y sentía perfectamente el caos emocional que bullía dentro del príncipe; eran sentimientos contradictorios ante el gran amor que hasta días antes se habían profesado, y ahora, frente a frente, debía mantener la distancia y protegerlo. Ella no era un ser cruel ni vengativo, pero él la había herido brutalmente cuando era más vulnerable, cuando su corazón estaba expuesto para él y cuando terminase su misión, tomarían caminos diferentes, alejándose inexorablemente de su vida, si es que ella lo conseguía. La Guerrero suspiró con resignación; al escucharla hacerlo, Endimión alzó sorprendido y confuso las cejas por aquel hecho.
"– Príncipe Endimión, cuando todo esto termine,… hablaremos." –dijo finalmente la Guerrero Luna suavizando nuevamente su gesto; ella quiso evitar el abordar aquel tema, más en aquel momento, y le pareció mejor zanjarlo dándole falsas esperanzas aunque una reconciliación no la veía posible con príncipe. Selene creyó cruel hacerlo pues había riesgos en toda aquella situación, por no decir que ella no se encontraba en su nivel más alto de energía. La mirada de Endimión se iluminó al escucharla.
"– Princesa, yo…" –comenzó a decir esperanzado pero la Guerrero Luna lo interrumpió.
"– ¡No os ilusionéis! –Espetó recuperando nuevamente su actitud distante– La situación actual no cambia en nada." Endimión entristeció su rostro. Asintió abatido ante el jarro de agua fría que había recibido tras la esperanza que aquel anuncio había insuflado a su corazón. "– ¡En marcha! Dudo que el enemigo nos dé más tregua que hasta ahora."
Y sin mediar más palabra entre ellos, conteniendo su tristeza, emprendieron el camino hacia el misterioso Templo de Erusion, el cual Endimión desconocía dónde se encontraba, pero la Guerrero Luna sabía de su ubicación con exactitud.
La Guerrero Luna resultó ser mejor luchadora de lo que el príncipe pensaba y mucho mejor que él en un sinnúmero sentidos; durante su lento avance tuvieron la mala fortuna de cruzarse con incontables grupos de demonios y humanos poseídos que retrasaban su progreso. Parecía imposible que el enemigo hubiese conseguido reunir tal cantidad de adeptos en tan poco tiempo y alistarlos para la lucha. Pero aun así, no eran rivales para ellos, pero sobre todo, para ella. Las aptitudes de ambos en el campo de batalla eran inmejorables; agilidad y destreza acompañaban todos y cada uno de los movimientos que realizaban. Los demonios simplemente fueron eliminados, pero a los humanos, la Guerrero Luna les purificó toda la maldad que les corrompía las entrañas con su cetro. La Guerrero Luna respetaba la vida y si podía salvar una, no dudaba en hacerlo. Aquellos humanos aun corrompidos por la energía maligna de Metalia, seguían teniendo un corazón y sentimientos humanos, y estos, bien merecían una oportunidad de ser salvados. Eso incluía a que protegió al príncipe en más de una ocasión en la que se vieron rodeados. Se tomaba muy en serio su misión, aunque con ello, agotaba gradualmente más y más su energía, y de esto, la princesa Selene, era totalmente consciente. 'Si esto sigue así, no sé cómo llegaremos a la entrada al Templo' se decía la princesa internamente, 'me están agotando'.
Endimión había observado todo el tiempo a Guerrero Luna; cuando había entrenado con las Guerreros del Sistema Solar interior se convenció que no había mejores luchadoras y estrategas que aquellas muchachas que tenían conquistados a sus Generales. Poseían dotes innatas y aptitudes más que destacables para la lucha y estaba seguro que no tenían rival alguno en cualquier parte de la Vía Láctea. Había aprendido a respetar y valorar a cada Guerrero y en su especialidad, eran únicas e inimitables. Pero al ver pelear a Guerrero Luna se convenció de algo que al principio lo dejó desconcertado. Su velocidad, su fuerza, su destreza y agilidad eran increíblemente superiores a las de sus propias Guerreros guardianas siendo la princesa. Su temple y valentía le habían dejado sin palabras. ¿Dónde quedaba la dulce y alegre muchacha que lo había acompañado durante su estancia en la Luna? ¿En qué parte de aquella poderosa y valiente Guerrero había cabida para la tierna y cálida joven que había capturado su corazón?
"– ¿Falta mucho para el templo?" –preguntó Endimión tratando de controlar su respiración tras los últimos combates.
"– Hemos de llegar al Templo de Eros al otro lado del jardín, –explicó secando el sudor de su frente– una vez allí, Helios nos abrirá la puerta de acceso al Templo." Endimión la miró de nuevo un instante; se la notaba más pálida que antes, mucho más pálida que cuando se encontraron la noche del baile. Su rostro denotaba un súbito agotamiento que le preocupó.
"– Guerrero Luna,… ¿os encontráis bien?" –preguntó temeroso acercándose a ella, perdiendo la protección que una columna medio derruida le concedía. Ella maldijo internamente, para nada se sentía bien; había gastado demasiada energía y estaban todavía lejos de alcanzar su destino. '¡Maldita sea, estoy agotada! No debería haber purificado tantas almas, pero no podía dejar que muriesen consumidos por Metalia' pensaba Guerrero Luna. Trató de recomponer su semblante y respondió al príncipe.
"– Estoy perfectamente, Alteza, –dijo ella firme– preocupaos por vos mismo." Endimión se detuvo a escasos dos pasos de ella, paralizado por su cortante respuesta.
"–… Ya veo." –murmuró dolido desviando la mirada. La Guerrero Luna lo miró en el momento que él apartaba la mirada. Su corazón latía acelerado cada vez que él se acercaba demasiado a ella. Y no es que el príncipe buscase su contacto, pero desde que se separaron de los Generales, había tenido que proteger físicamente al príncipe de ataques que lo tomaron desprevenido y esto aumentó las veces en que se tocaron.
Repentinamente algo captó la atención de la Guerrero Luna que rápidamente desvió su mirada hacia la espalda del príncipe.
"– ¡Endimión, al suelo!" –gritó enérgica a la vez que saltaba rápidamente sobre él, derribándolo para evitar que un ataque enemigo lo golpease. Estando sobre él, cubriéndolo con su cuerpo, ella lanzó un ataque– ¡Tiara Lunar, Acción![1]". La diadema de Guerrero Luna salió disparada como una flecha yendo directamente a impactar en un demonio que se aproximaba a ellos. Al impactar el ataque contra aquel ser, se produjo una increíble explosión que afectó a todas las estructuras que los rodeaban. La Guerrero Luna apenas se percató de esta energía descontrolada, elevó una barrera defensiva para cubrirles pero ésta no resistió debido a los bajos niveles de energía de ella en ese momento y el golpe de la onda expansiva fue frenado directamente por su cuerpo al cubrir el del príncipe. Ella se mantuvo sobre él hasta que el estallido cesó. El dolor se extendía por todo su cuerpo pero lo aguantó estoicamente sin quejarse. Cuando la explosión cesó, se alzó levemente sobre sus manos dejando apoyado su pequeño cuerpo sobre el del príncipe.
"– ¿Estás bien,… Endimión?" –preguntó débilmente todavía sobre él. Endimión abrió los ojos y asustado vio el rostro adolorido de Guerrero Luna. Un camino de sangre caía rodando por su frente. Él sólo pudo asentir intranquilo; sintió los dedos de la Guerrero tocar su rostro. "– Es un inconsciente, Alteza, no debe exponerse al peligro ni descuidarse de esta manera. ¿Qué habría sucedido si no llego a empujarle?"
"– ¡Qué estarías a salvo!" –dijo con convencimiento el príncipe. Guerrero Luna lo observó muda, todavía encima de su cuerpo, pero entonces sus fuerzas le fallaron y cayó levemente desvanecida sobre Endimión.
"– ¡Guerrero Luna! ¡Guerrero Luna! –escuchaba llamarla afectado al príncipe– Por favor, despierta." La Guerrero Luna abrió los ojos lentamente. Todavía estaba sobre el príncipe que no se había movido del suelo pero que la sujetaba protector contra su cuerpo. Cuando él la sintió consciente, rápidamente la liberó de sus brazos; estaba seguro que ella no querría que la tocase más de lo estrictamente necesario, pero él había aprovechado aquella situación para tomarla gentilmente entre sus brazos, embriagándose con su aroma que tanto extrañaba.
"– Déjame un minuto…" –murmuró ella con voz cansada desde el hueco de su cuello. El príncipe asintió aliviado y poco a poco se incorporó con ella entre sus brazos hasta quedar sentado. Por suerte, la explosión precedente había aniquilado a los enemigos cercanos por lo que eso les concedería unos instantes extra para recuperarse. Pasó un corto minuto, tiempo en el cual, Endimión cerró los ojos deseando encontrarse con ella en otro tiempo, en otro lugar… Deseando no haber sido el mayor estúpido del reino y no haber dicho cosas que únicamente el miedo a la entrega y confianza total le habían hecho atacar a quien no hacía nada más que protegerlo y amarlo de corazón.
Lentamente, Guerrero Luna se liberó de su agarre y alzó la mirada para encontrarse con los intranquilos ojos color zafiro del príncipe. Todavía algo confusa, sin saber muy bien por qué lo hacía, alzó su mano para tocar el rostro preocupado de Endimión. Sin decir nada, tras unos segundos se puso en pie alejándose de él.
"– Debemos seguir… ya estamos cerca." –expresó firme dándole la espalda. Endimión se acercó a ella decidido.
"– Tienes razón, Guerrero Luna, pero ahora estoy preocupado por ti, –exclamó mientras la tomaba de los hombros y la apretaba contra su pecho– lamento haberme y haberte puesto en peligro, no era mi intención." La Guerrero Luna se apartó de él rápidamente al percatarse de la cercanía de sus cuerpos. Trató de alejarse pero Endimión no la dejó.
"– Guerrero Luna,… princesa, aunque descargues sobre mi toda tu ira, no quiero que nada te ocurra, no podría soportarlo. –dijo abrazándola de nuevo– Me he comportado como un cretino y un imbécil, y sé que no merezco tu piedad ni clemencia, pero no quiero que me protejas si eso implica que pueda perder la oportunidad de suplicar tu perdón o que descargues tus ataques contra mí, ¡me es lo mismo!" Como Guerrero, su corazón ni se inmutó; pero como princesa, Selene acogió con alivio sus palabras. Cada una de ellas, se filtraron hasta sus aletargados y contenidos sentimientos, empapándose de la cálida emoción que despedían sus palabras. Lentamente ella sujetó sus manos y quitó los brazos del príncipe que la rodeaban para alejarse. Él no quería soltarla pero lo hizo. Él había jugado mal sus cartas desde el principio hasta aquel momento, y no pudo controlar el impulso de tomarla entre sus brazos. Aunque ella tenía la misión de protegerlo y escoltarlo, seguía siendo la mujer a la que amaba, por lo que no deseaba ponerla más en peligro.
Guerrero Luna se separó unos pasos. Sentía deseos de perdonarlo en aquel momento, por un instante su dolor se aplacó ante las palabras de Endimión pero no se dejó convencer. Su misión era antes que nada, de su éxito dependía la supervivencia de la Tierra y todos sus habitantes, junto con los del resto del Sistema Solar, y por supuesto, de la Luna. Su misión y el inevitable final de ésta era un pequeño precio comparado a lo que conseguirían… la paz.
Reanudaron en silencio la marcha, por fortuna no se toparon con ningún enemigo en el camino hasta el Templo de Eros. Endimión no entendía porque se dirigían allí. Aquel lugar era únicamente un pequeño patio de piedra y columnas griegas con la escultura de Eros en el centro sobre un pedestal. Ni siquiera se podía denominar Templo pues no había altar de ofrendas y no estaba cubierto. Guerrero Luna sonrió aliviada cuando por fin se encontraron frente a la estructura pero su alegría duró poco al ver una sombría figura que les impedía el paso. Ella paró en seco su avance y adoptó su posición de guardia blandiendo su cetro frente a ella; Endimión extrañado miró al frente y vio algo que no se esperaba.
"– ¡Beryl! ¿Qué hacéis aquí? –exclamó enojado mirando a todos lados buscando alguna amenaza– ¡Rápido, tenéis que poneros a cubierto!" Endimión iba a avanzar hacia ella pero Guerrero Luna blandió su cetro delante del pecho del príncipe, deteniendo su avance.
"– ¿Qué ocurre, Endimión? –dijo burlona Beryl– ¿es que acaso ahora os escondéis tras las faldas de una insulsa niña? Venid a mi lado, estaréis mucho mejor conmigo que con esa asquerosa criatura lunar. En mi sí podéis confiar." Guerrero Luna percibía claramente que la mujer frente a ellos, ya no era sólo humana, por muy bien que tratase de esconder su energía, conocía perfectamente aquella energía negativa que emanaba de ella. Beryl extendió su mano hacia Endimión, instándole a reunirse con ella; él la miraba sin comprender y estaba en parte enojado por las palabras que le había dirigido a su protectora. Él no iba a permitir que nadie decidiese más por él. Lo que ambas mujeres escucharon a continuación, las sorprendió a ambas.
"– Tengo más motivos para confiar en ella que en vos, Beryl, –exclamó firme dando un paso atrás poniéndose a la par de Guerrero Luna– ¿Qué pretendéis? Deberíais estar a cubierto; estamos siendo atacados y es peligroso estar aquí fuera, salvo… salvo que vos tengáis algo que ver con todo esto…" Endimión adoptó también una posición de guardia pues en ese instante comenzó a sentir los mismos efluvios de energía negativa que Guerrero Luna había percibido y Beryl despedía.
"– Me sorprendéis, Alteza; no dejáis de hacerlo, –aseveró Beryl con sorna– deberíais saber al lado de quien conviene posicionarse en esta situación…" Y tras esto, comenzó a atacarles lanzándoles decenas de ataques en forma de rayos negros paralizantes. Sin duda, la energía Metalia le había concedido todo su poder a aquella mujer, por aquel motivo, Guerrero Luna no se lo pensaría dos veces a la hora de eliminarla. En aquella mujer ya no latía un corazón humano.
'–Princesa… –escuchó Guerrero Luna en su mente– Princesa Selene…' Era la voz de Helios transmitida directa a su cabeza.
"– Helios…" –susurró mientras esquivaba varios ataques, Endimión la miró sorprendido al escucharla tras recuperarse de un salto al devolver una descarga contra su atacante. Beryl recrudecía sus ataques tras cada fracaso.
'– Princesa, debéis apresuraros… se nos acaba el tiempo…' –escuchó nuevamente. Ella asintió en silencio, sabía perfectamente que Helios les observaba desde el Templo.
'– Cuando te de la señal, abre el acceso para el príncipe,… –murmuró mentalmente– tengo que acabar con ella en un sólo ataque, y el príncipe no resistiría el poder de mi Crist…'
'– ¡NO! –gritó Helios en su mente– ¡No debéis usar su poder, el coste es demasiado alto!'
Guerrero Luna esquivó nuevos ataques de Beryl, que afortunadamente seguía sin herirles.
'– Sabes que es necesario… la Tierra le necesita… el Cristal de Oro sólo puede resguardarse en él.' –dijo mentalmente antes de volverse a centrar en la lucha.
"– ¿Qué ocurre, Guerrero Luna? –Espetó con burla Beryl– ¿Es que sólo sabéis dar saltitos y huir de mis ataques? Me imaginaba que no erais rival para mí, pero nunca creí que fueseis tan cobarde como estáis demostrando ser."
Guerrero Luna miró de refilón a Endimión que fatigado se apoyaba sobre su espada tras repeler el último ataque. 'Tengo que ponerle a salvo' pensó mientras dirigía su mirada cargada de resentimiento de nuevo hacia Beryl. Entonces vio su oportunidad, Beryl lanzó un ataque sobradamente conocido por ella: la muy conocida bola de energía negra… fácilmente manejable y esquivable. Cuando estaba a punto de impactar contra ella, Guerrero Luna la golpeó con su cetro replegado, yendo ésta a impactar contra el suelo y generando una gran explosión. Se levantó una gran cantidad de humo que la ocultó de la vista de la Beryl y esta circunstancia fue la que aprovechó la Guerrero.
"– ¡Guerrero Luna!" –gritó desesperado Endimión al verla desaparecer en esa negra humareda que se produjo. '¡No puede ser verdad! ¡No, princesa!' se decía desesperado en su mente negando con su cabeza. De pronto, de la densa cortina de humo, vio emerger como una exhalación a Guerrero Luna que se dirigía volando cual flecha hacia él. En la determinación de su rostro vio que tenía un plan y respiró con alivio en ese instante, pero no se esperó lo que ella hizo a continuación. Todavía en el aire, ella puso sus manos contra su abdomen y lo elevó en el aire llevándole con ella en dirección al centro del Templo.
"– ¡AHORA, HELIOS!" –gritó con energía a la vez que impulsaba al príncipe, concentrando una pequeña cantidad de energía en sus manos que le hicieron salir despedido a gran velocidad, alejándose de ella. Vio como Endimión no comprendió la maniobra; su confusión se reflejaba en su rostro, pero eso era necesario, no había tiempo de explicaciones, ella tenía que ponerle a salvo.
Un portal mágico se abrió de la nada justo cuando el príncipe cruzaba volando el centro del Templo de Eros. Aquel portal le transportó instantáneamente hasta el Templo de Erusion donde un joven de tal vez, la misma edad que la princesa, frenó su caída al contenerlo con su poder. Sus ropajes blancos con detalles azules repartidos por la casaca y el cinturón, su pelo plateado y encima de su frente un cuerno dorado… sin lugar a dudas era Helios, el ser que le anunció en la Luna que estaba preparado para recibir el Cristal de Oro.
"– ¿¡Qué ha sucedido!?" –exclamó sorprendido y alarmado Endimión mientras el joven lo ayudaba a ponerse en pie.
"– Bienvenido al Templo de Erusion, Alteza; –explicó el joven– mi nombre es Helios y soy el Guardián y Protector de este Templo y del Cristal de Oro." Pasmado observó a su alrededor el entorno que lo rodeaba, totalmente diferente a donde segundos antes se encontraba luchando contra Beryl.
"– ¿Dónde estoy? ¿Y Guerrero Luna?" –preguntó alarmado el príncipe. Helios únicamente señaló tras él. Al girarse pudo ver el portal que segundos antes había atravesado. Al otro lado, pudo observar como la lucha había continuado en esos breves instantes que había transcurrido desde que la Guerrero Luna lo empujase hacia allí. Quiso atravesar el portal para luchar al lado de ella pero éste no le dejó pasar. Golpeó incansable la barrera invisible e irrompible, la cual ni se inmutó ante sus golpes.
"– ¡Déjame ir con ella!" –exclamó desesperado Endimión– Mi sitio está a su lado, ella no tiene porqué luchar sola." Helios se mantuvo quieto e inexpresivo. Tan sólo negó una vez tras unos instantes.
"– ¡Helios, déjame salir de aquí! –le gritaba el príncipe frenético mientras seguía aporreando la barrera que le impedía reunirse con Guerrero Luna– ¡debo ayudarla!" Helios volvió a mover negativamente su rostro.
"– ¡Mi lugar está ahí fuera con ella!, ¿¡es que no lo entiendes!?" –Helios se aproximó al príncipe con el rostro serio y apoyó su mano en el hombro del príncipe.
"– Ella lo quiso así; deseó poneros a salvo para enfrentarse sin riesgo para vuestra vida con esa mujer." Endimión miró impotente la escena que se desarrollaba al otro lado de la barrera. 'No puede ser, lo ha hecho para protegerme… ¡otra vez!' pensó el príncipe mientras volvía a mirar hacia el exterior. Guerrero Luna esquivaba hábilmente todos los ataques que Beryl le lanzaba, situación que exasperaba a la poseída mujer.
"– ¿¡Quieres estarte quieta y dejarte matar, maldita!?" –gritaba Beryl tras cada infructuoso intento por acabar con la vida de Guerrero Luna.
"– Mmmm, ¡creo que no! –dijo socarrona como pensándoselo– prefiero que seas tú la que desaparezca." Tras este breve intercambio verbal, Guerrero Luna, que luchaba con su cetro plegado, lo extendió y liberó gran cantidad de energía al golpear el estómago de Beryl, que sin poder hacer nada, salió despedida por los aires, estrellándose contra uno de los pilares del Templo.
"– ¡Maldita perra! ¿Cómo te has atrevido a tocarme? Pagarás por esto." –grito colérica poniéndose en pie.
"– En la lucha cuerpo a cuerpo no eres tan buena, ¿eh, Beryl?" –rio satisfecha Guerrero Luna. 'Mi energía está demasiado baja, debo rematarla en mi siguiente movimiento' se dijo mentalmente ocultando su debilidad. Mientras tanto, un príncipe muy nervioso observaba inmóvil sin poder hacer nada, como Guerrero Luna mantenía a raya a Beryl.
De pronto, varios destellos de colores iluminaron el cielo. Guerrero Luna sabía que significaba; eran los tan ansiados refuerzos que por fin llegaban para defender la Tierra. Beryl desvió su atención a ellos, maldiciendo entre dientes, y este descuido fue aprovechado por Guerrero Luna, que con su cetro desplegado atacó directamente a Beryl, pero en el último segundo, Beryl la bloqueó.
"– ¿De verdad pensaste que el mismo truco funcionaría dos veces conmigo? –dijo riéndose con malicia en su cara, al bloquearla con el bastón que Beryl llevaba– Has caído en mi trampa, ahora pagarás por quitarme lo que es mío." La energía que ambas contendientes desplegaban estaba causando estragos a su alrededor, varias columnas y grandes losas de piedra eran desprendidas como si de plumas o cantos rodados se tratase, lanzándolos por los aires sin ningún esfuerzo.
Endimión observó como en pocos segundos las tornas se habían invertido, Beryl concentraba su energía para abatir a Guerrero Luna y él estaba ahí, como mero espectador, sin poder mover un dedo para ayudarla.
Una extraña sonrisa curvó los labios de Guerrero Luna, dejando descolocada a Beryl.
"– ¿De qué te ríes, estúpida? ¡Vas a morir, soy más poderosa que tú, jajaja!" –reía jactanciosa Beryl mientras se burlaba de su oponente, creyéndose mejor. Guerrero Luna con las pocas fuerzas que le quedaban, amplió más su sonrisa.
"– Te has confiado demasiado, Beryl, –dijo empujando su cetro contra el de ella, obligándola a retroceder un paso– te olvidas con quien estás peleando." La energía de ambas se enarboló a su alrededor provocando una pequeño cráter en el suelo que pisaban. La joya incrustada en el cetro de Guerrero Luna comenzó a brillar.
"– Eres una ilusa si crees que tus mentiras y trucos de artificio tendrán algún efecto en mí. ¡No eres nadie! –gritó llena de ira desplegando más poder procedente de Metalia que yacía en su interior– ¡Yo seré Reina, y después de matarte, la Tierra y la Luna serán míos…! ¡Y Endimión lo será también!" Guerrero Luna incrementó la fuerza de su ataque, haciendo que su cetro brillase con mayor intensidad.
"– No creo que nadie te quiera como Reina aquí, y menos que el príncipe te acepte, –argumentó desafiante la Guerrero– ten por seguro que mi madre y las Guerreros Guardianas pelearían contra ti nuevamente,… Metalia." Dentro de Beryl, la energía negra se revolvió virulenta.
"– ¡¿Tú?! –gritó sorprendida Beryl con voz de ultratumba, siendo dominada por Metalia– ¡Eres la hija de esa mujer! ¡La que me confinó a las sombras y casi acaba conmigo con su Cristal de Plata! Acabaré contigo." La ira la dominaba en aquel momento, anulando por completo la voluntad de Beryl que ya se daba por extinguida.
"– ¡No si antes acabo yo contigo! –gritó mientras se incrementaba el brillo entre ambos seres– ¡Transmisión Luna curativa[2]!" Entonces el Cristal de Plata comenzó a desarrollar su poder; como tentáculos, este poder salió del Cristal rodeándolas a ambas. El poder curativo del Cristal asedió el cuerpo de Beryl, que asustada ante tal despliegue de energía, trataba de alejarse de aquel lugar. Dentro de ella, Metalia se retorcía atrapada en su interior. La presión que ejercía el Cristal de Plata se incrementó exponencialmente y tanto Metalia como Beryl gritaban de dolor.
'Cristal de Plata, por favor; ayúdame a proteger todo lo que amo' pedía Guerrero Luna. 'Dame fuerzas para aguantar… solo un poco más'. Entonces el cuerpo de Beryl comenzó a resquebrajarse como si de frágil y fino cristal estuviese hecho; los alaridos de dolor eran aterradores pero ya hacía tiempo que no eran humanos. Cada grieta en la piel de Beryl dejaba escapar a presión la energía que Metalia le había dado a Beryl y también a la Metalia misma, que luchaba por escapar de su confinamiento y así prolongar su vida un poco más.
"– ¡Muere, Metalia!" –grito enérgica la Guerrero Luna mientras la luz procedente del Cristal de Plata inundaba completamente el área, cegando al príncipe Endimión y a Helios desde el Templo oculto de Erusion. Instantes más tarde, el resplandor se apagó.
"– ¿Qué ha pasado? –preguntó alarmado Endimión– ¿Dónde está Guerrero Luna?" Ambos miraban al exterior a través del portal pero no la veían; una fina nube de polvo enmascaraba la visión… la Guerrero Luna había desaparecido de la vista junto con Beryl al liberar el poder del Cristal de Plata. Los ojos de Endimión se humedecieron al temerse lo peor y su cuerpo comenzó a templar incontrolable.
"– Príncipe Endimión,… –dijó Helios junto a él suavemente– tranquilizaos."
"– No, me niego a creer que…, ella no desaparecería sin haberme castigado por mis palabras y acciones… Ella no puede hacerlo… –decía alterado– no… no puede ser verdad."
Tras unos segundos de agonía, la polvareda que este último ataque de Guerrero Luna había levantado, se depositó en el suelo permitiendo ver con mayor claridad. Había escombros repartidos por todos lados. De pronto, un montón de piedras se precipitó rodando captando la atención de Helios y el príncipe. Una forma femenina se erguía con dificultades. Presa de una gran debilidad, tambaleándose, esa forma se fue aproximando hacia la entrada al templo apoyándose con dificultad en una larga vara. Por un momento pensaron alarmados que se trataba de Beryl, pero al depositarse gran parte del polvo en suspensión pudieron ver acercándose a Guerrero Luna. Al cruzar el portal la Guerrero Luna se tambaleó perdiendo el equilibrio y por fin ambos hombres pudieron alcanzarla y sostenerla entre los dos.
"– Eso fue muy temerario, princesa." –dijo Helios suavemente sujetándola de un brazo y sorprendiéndose al tocarla; su energía estaba bajo mínimos. Ella sólo asintió visiblemente agotada.
"– ¿Estás bien? –preguntó preocupado Endimión, ella no respondió ni le miró–… por favor." Guerrero Luna percibió la intensa preocupación del príncipe. '¿Ahora te preocupa como estoy, Endimión?' pensó para sí misma la princesa. Reuniendo parte de la energía que le quedaba, le respondió.
"– Sí, sólo un poco cubierta de polvo." –aseguró firmemente sin demostrar la debilidad que la invadía.
'– Apenas tienes energía para mantenerte en pie, ha sido muy irresponsable por tu parte utilizar el Cristal de Plata; sabes el pago que se te podía haber exigido, princesa.' –habló Helios directamente en la mente de Guerrero Luna, quien le miró muy consciente de su situación. Se dio cuenta que Endimión la tenía sujeta del otro brazo, así que se soltó rápidamente con un brusco movimiento; no podía permitirse que él percibiese su debilidad en ese momento. Un sorprendido Endimión se detuvo impactado por el desplante que le hizo la Guerrero Luna, mientras ellos seguían avanzando. 'No parece tener la intención de perdonar mis faltas… ¡he sido un iluso! Mi preocupación por ella ha caído en saco roto… toda esta situación no cambia nada' pensó entristecido Endimión.
En cambio, la princesa peleaba por mantenerse en pie y disimular su creciente agotamiento, lo último que quería era que la mente del príncipe estuviese llena de confusos pensamientos que enturbiaran su corazón y entorpecieran la aceptación del Cristal.
'– Puedo ofrecerte un poco de mi energía, pero sabes que no puedo sanarte completamente, ¿verdad? Si gastas más energía, tu vida…' –le transmitió Helios. Ella asintió.
"– Lo sé, Helios." –susurró imperceptiblemente para que el príncipe no la escuchase. Helios cedió una fracción de su energía a Guerrero Luna mientras se aproximaban a la estructura del Templo. Muy despacio, Helios los condujo hacia su interior. El príncipe observó como el Templo se encontraba en medio de un gran lago, y este a su vez, estaba rodeado de una frondosa y tupida vegetación. Tras ascender varios pequeños tramos de escalera de piedra y mármol, vio frente a ellos un edificio de planta hexagonal cuyos muros laterales estaban formados por hileras de columnas y en su parte superior otra estructura de columnas en formación de herradura se erguían firmes.
Accedieron al interior, donde en el centro se encontraba una superficie acolchada de gran tamaño.
"– Tumbaos ahí, Alteza, no tenemos mucho tiempo, –dijo Helios aproximándose a aquella superficie similar a un lecho– tenemos que induciros el sueño para que os enfrentéis a la última prueba."
"– ¿En qué consiste la prueba?" –preguntó extrañado mientras se tumbaba en el centro.
"– Os enfrentareis con vos mismo." –explicó Helios mientras se sentaba junto al príncipe. Endimión tocó su espada como acto reflejo.
"– No se trata de un combate, Alteza, –indicó seria Guerrero Luna; Endimión la miró y se sorprendió al ver que ella se tumbaba a su lado– Deberéis enfrentaros con vuestros temores y debilidades; con vuestro corazón y todo lo que éste encierra. Sólo así podréis estar totalmente preparado para recibir el Cristal de Oro." Endimión observó a Guerrero Luna ya tumbada a su lado, si no fuese porque se la veía agotada, herida y pálida habría sentido la tentación de besarla, pero no olvidaba que ella ya no deseaba su compañía,… gracias a él. Se tumbó y entonces Helios puso su mano sobre la suya. Una gran tranquilidad le invadió.
"– Guerrero Luna,… –indicó Helios– ahora es vuestro turno." Entonces ella tocó la mano de Endimión quien experimentó la descarga de energía que le recorría cada vez que se habían rozado. Antes de que el súbito sopor lo sumergiera en un profundo sueño, una solitaria lágrima descendió por su mejilla. Guerrero Luna lo vio.
'Todo era oscuridad a mi alrededor. Tan solo unos segundos antes me encontraba echado en el centro del Templo de Erusion para enfrentarme con lo desconocido. Miré a mí alrededor y no había nada, todo era negro y apenas si distinguía mi propio cuerpo. Caminé a la espera de que algo se mostrase ante mí, pero nada sucedía. De repente vi un brillo dorado frente a mí. Corrí a su encuentro pero tan pronto me acercaba, éste desaparecía. Volví a ver un brillo dorado a mi espalda pero al girarme para perseguirlo, volvió a suceder lo mismo. Así sucedió varias veces más hasta que decidí mantenerme quieto, y como esperé, varios brillos dorados surgieron a la vez a mi alrededor dejándome en el centro pero cada vez que me orientaba en un sentido, el brillo frente a mi desaparecía. 'Maldita sea, ¿cómo voy a conseguirlo?'
"– Hiciste un buen trabajo con el príncipe, princesa Selene. –Alabó Helios– Parece que el único problema al que debe enfrentarse es el caos de sentimientos de su corazón." Guerrero Luna abrió sus ojos y suspiró profundamente.
"– Él posee lo necesario para acoger al Cristal de Oro, –indicó ella apenada– si realmente amó de corazón, no tardará en obtenerlo."
"– Me temo que no será tan sencillo. –dijo Helios irguiéndose– ¿No os habéis dado cuenta del pesar que se ha instalado en su corazón? En el estado de confusión en que se encuentra, no va a conseguir nada. Cuando le llamé, existía armonía en sus sentimientos, en ese momento estaba preparado. ¿Qué había pasado para que eso se diese, Alteza?" Guerrero Luna recordó: en ese momento, él… ellos… se dieron su primer beso… el más anhelado… el más sincero y puro.
Helios la miró y vio ruborizarse levemente. "– Entiendo." –dijo él únicamente.
Guerrero Luna se dio cuenta del estado de Endimión, aun sumido en aquel sueño podía percibir perfectamente sus sentimientos. Estaba confuso, dolido, triste, desesperado por obtener el perdón… y todo por ella… por el amor que se profesaban pero que en ese momento no pasaba por su mejor momento. Sabía a lo que se exponía, en su estado conocía perfectamente el desenlace final al que llegaría por sus acciones… pero ya estaba la suerte echada; conocía su misión, conocía las profecías que tanto habían querido ocultarle desde la cuna. Y aunque quería abrazar la vida, también sabía que su amor le pertenecía ya a alguien que estaba destinado a traer la paz al mundo… a costa de su existencia.
"– Voy a entrar. –dijo ella con decisión– No podemos perder más tiempo, estoy segura de que la situación fuera sigue siendo peligrosa, así que debo ir a ayudarlo."
"– ¡NO! –gritó Helios alarmado– Sabéis la energía que ello requiere, ¡no os lo permitiré, princesa!"
"– No podrás hacer nada para impedírmelo, –aclaró Guerrero Luna– sabes perfectamente que ha de hacerse, por más que mi madre y tú hayáis luchado en contra de este destino, sé lo que me esperaba desde hace tiempo. Conozco la profecía: 'Un guerrero sacrificado por un príncipe; un amor de Plata por uno de Oro', está claro." Helios la miró entre sorprendido y confuso.
"– ¿Lo sabíais… y aun así vos…?" –ella sólo asintió, y sin mediar más entre ellos, entrelazó sus dedos con los de Endimión, que aun dentro del sueño, los apretó sabiendo inconscientemente quien era. 'Endimión, voy a ayudarte… pero esta vez… será la última… ¡ojala hubiésemos podido arreglar nuestra situación pero… ya no podrá ser!' pensó Selene mientras se concentraba en lo que sería su última misión.
'Cuando se sintió presa del sueño, fue consciente aún más de lo arriesgaba; sus apenas recuperadas fuerzas gracias a la intervención de Helios, se consumieron demasiado rápido al acceder al sueño de otro. '¡Diablos! Estoy tan… débil… Tengo que encontrarle lo antes posible' se dijo mentalmente. Sin más que pensar, se elevó en aquel espacio oscuro que era causado por la confusión existente en el corazón de Endimión. Selene se sabía en parte culpable y tenía que solucionarlo, pero su tiempo se acababa. 'Si tan sólo tuviésemos más tiempo, Endimión,… hay tantas cosas que querría compartir contigo…'. Porque ella, al fin y al cabo, ya lo había perdonado… pero le había sido imposible confesárselo por las circunstancias; él debía estar centrado, lo mismo que ella en su misión. Al cabo de unos segundos de búsqueda, le encontró no muy lejos de donde se encontraba.
"– ¡Maldita sea, no sé qué debo hacer! ¿Por qué no puedo encontrar el verdadero Cristal? Siento que no puedo fiarme de lo que veo, pero si no puedo guiarme de mi vista, ¿cómo lo encontraré?"
"– Endimión… –escuchó llamarle a una voz cargada de dulzura– Endimión…" Sin duda no era la voz de Guerrero Luna, ni de la princesa Selene, no,… era la de Bunny. El príncipe inclinó la cabeza, apenado.
"– ¿Por qué ahora? ¿Por qué me traiciona el subconsciente? No necesito martirizarme más, no quiero escuchar su voz." –decía el príncipe afligido en voz alta.
"– ¿Por qué no quieres escuchar mi voz, Endimión? ¿Qué te perturba?" –dijo de nuevo la voz de ella. Él pensó que era una mala pasada de aquel sueño inducido, tal vez una prueba. Habló con sinceridad, desde el corazón. Cualquiera que fuese el resultado, no debía mentir. No después de todo lo que tanta gente había arriesgado por él.
"– Lo sabes: por mi estupidez, por mis estúpidos miedos te hice daño; fui cruel, despiadado,… no confié en ti… y ahora pago las consecuencias, –decía afectado– te perdí y no puedo hacer nada por recuperarte… Y siento que no podré obtener el Cristal de Oro para que te sientas orgullosa por todo lo que hiciste por mí."
"– ¿Tan importante es para ti lo que yo piense?" –preguntó ella juguetona.
"– Sabes que sí. Me has enseñado tanto; has sanado mi alma, mi corazón y mi mente. Si no hubiese sido tan infantil e inmaduro, nada de esto habría sucedido y podría… podría…" –se interrumpió, no era capaz de decir lo que deseaba.
"– Podrías ¿qué? Endimión." –preguntó con dulzura.
"– Podría… estar contigo,… apretándote entre mis brazos, demostrándote con mis labios y mi cuerpo todo el amor que siento por ti y jurándote que jamás que te dejaría, aunque la leyes nos prohíben estar juntos… nada de eso tendría importancia, ¡me enfrentaría a lo que fuese por ti!…"
"– ¿Por qué harías eso, Endimión?" –volvió a preguntar ella débilmente.
"– ¡Porque te amo más que a mi vida!" –gritó exasperado dejando escapar una lágrima.
"– Endimión,… –susurró la voz cerca de él– abre los ojos, mírame." Endimión se sorprendió, no era consciente de tener cerrados los ojos; durante todo aquel tiempo los fugaces destellos dorados que lo habían burlado se habían ido extinguiendo, pero habría jurado que en ningún momento había cerrado los ojos. Entonces los abrió y la vio frente a él… no a la Guerrero Luna enfundada en su traje de guardiana, no a la princesa Selene en su etéreo vestido blanco, sino a Bunny, con aquellas ropas sencillas con las que se habían conocido; con aquella sencilla apariencia con la que le había enseñado e instruido, con la que habían jugado, reído, compartido y se habían enamorado. Ella flotaba cerca de él y estiró sus delgados y cálidos brazos para abrazarle. Él hizo lo mismo, creyéndose presa de alguna fantasía traicionera, pero aun así la abrazó contra él, sintiendo la misma onda de energía recorrerles,… sí, esta vez a los dos.
"– Mi amor…" –susurró hundiendo su rostro contra el delicado cuello de ella mientras su cuerpo temblaba.
"– ¿A qué le tienes miedo, Endimión?" –musitó separándose un poco de él, mirándole a los ojos. Él no respondió inmediatamente, pero lo hizo tras una profunda respiración.
"– A perderte… a que un día, no muy lejano, me dejes y esté sólo… a que te hagas tan necesaria para mí, que si te pierdo, mi vida termine en el mismo momento en que te apartes… a que lo que siento,… me haga daño… como yo te lo hice…"
"– Pero en la vida no todo es un camino de rosas, Endimión, –explicó amorosa pero con la voz suave– muchas lecciones las debemos aprender experimentándolas, viviéndolas, no sirve que nos las cuenten o que las leas… En esta vida nos debemos enfrentar a duras pruebas y ha de ser con valor y siempre buscando el mejorar… Valiente no es aquel que no rehúye el peligro, sino aquel que sabiendo lo que le espera, igualmente lo enfrenta. Tú haces esto cada día que amanece, Endimión, como futuro soberano es lo único que se espera de ti y te entregas a esa tarea con constancia. Nunca sabes lo que te va a deparar la vida, Endimión, tampoco sabes si algún día olvidarás lo que sientes o tal vez, otra persona despierte en ti mayores sentimientos que los que tienes ahora… en esta vida, no hay nada seguro… pero no puedes vivir con miedo…" Endimión la observaba atónito y asimilaba sus palabras con avidez. Ella sabía perfectamente de lo que hablaba.
"– ¿De dónde sacas tanta sabiduría? –preguntó él atónito– No hay vez que no me enseñes algo valioso, ¿cómo lo consigues?" Ella sonrió con el alma, y esta vez, su sonrisa se reflejó en sus ojos. Al verlo, Endimión la abrazó con más fuerza.
"– ¡Dios! Te amo tanto." –susurró Endimión. Selene sentía lo mismo pero tras esta conversación, las pocas energías que le quedaban, se estaban agotando. Si esto seguía así, él no conseguiría su propósito y su sacrificio habría sido en vano. Tenía que hacer algo, aunque eso implicase agotar su tiempo.
"– Yo también te amo, Endimión." –susurró disimulando su agotamiento. Él se separó temblando para observarla, y ahí estaba ella, sus ojos celestes le decían que aquello era verdad, siempre lo había sido. Lentamente se acercó a su rostro, hacía tanto tiempo que lo había anhelado que no pudo aguantarlo más. Poco a poco la distancia entre sus labios se fue reduciendo hasta sentir el aliento del otro sobre la piel. Sus ojos se fueron cerrando lentamente y cuando se unieron, sellando el íntimo vínculo, también lo hicieron sus parpados. Sus labios se adhirieron con frenesí a los del otro tan pronto se rozaron, un ansia desconocida e insospechada se adueñó de sus cuerpos, haciendo que se pegaran al otro con necesidad. Se amaron tan sólo con un beso puro, honesto y sincero. Y ocurrió. '¡Sí!' pensó al límite de sus fuerzas la princesa. Endimión comenzó a experimentar una gran calidez en su pecho, justo a la altura de su corazón. Aquella calidez lo invadía desde su interior y lentamente se expandía por todo su cuerpo. Debido a la sorpresa que esta sensación despertó en él, lentamente separó sus labios de los de su amada. Al abrir sus ojos, un intenso resplandor dorado que brotaba de su pecho, los cegó obligándole a volverlos a cerrar con fuerza.
Cuando consiguió abrirlos nuevamente, se encontraba de regreso en el Templo de Erusion. Sobre él, flotando se encontraba un bello Cristal de forma romboidal que destellaba en un precioso color dorado. Se irguió para sentarse cuando se dio cuenta que algo retenía su mano; estaba tomado de la mano, con los dedos entrelazados con Guerrero Luna, quien aún tenía los ojos cerrados. Estaba pálida.
"– ¿Guerrero… Luna?… –dijo sorprendido y quedo observándola quieta–… ¿Bunny?…" Al pronunciar el último nombre, ella lentamente abrió sus ojos. Su palidez lo alarmó así como la lentitud de su respuesta. Guerrero Luna giró su rostro para mirarle directamente. Endimión no sabía cómo reaccionar pues no estaba seguro de la veracidad de lo que había vivido dentro de su sueño. Pero su duda se aclaró cuando los labios de ella se curvaron en una hermosa sonrisa, la misma que ella instantes antes le había dedicado y la misma que durante su estancia en la Luna ella tenía reservada para él.
"– Lo… conseguiste… –murmuró débilmente– Estaba segura de ello." Endimión se preocupó al escucharla tan débil, no tuvo que formular ninguna frase para preguntar, su preocupación se mostraba perfectamente en su rostro. "– Tranquilo, estoy bien,… –mintió ella con una dulce sonrisa– sólo estoy cansada. Ahora debes irte,… ¡ve y salva tu planeta! Mucho me temo que únicamente conseguí eliminar el cascaron inerte que era esa mujer, Beryl, para la Energía Metalia… Sí conseguí debilitarla pero es necesario que intervengas." Endimión se enderezó sobre el lecho en que se encontraban con intención de tomarla entre sus brazos pero Helios lo interceptó.
"– Yo me encargaré de ella; id, Alteza. –indicó el muchacho alzando levemente el cuerpo de la guerrero– Los ataques en torno al Templo se han recrudecido a pesar de los refuerzos que están protegiendo el área." Endimión volvió a mirar a Guerrero Luna, la vio tan débil y pálida que no quería separarse de ella, y menos habiendo sido capaz de sincerarse con ella, aunque fuese dentro del sueño… quería estar con ella, decirle todo lo que no había podido.
"– Cuando regreses, continuaremos con nuestra charla." –dijo ella sabiendo que podía no ser verdad.
"– Pero…" –trató de replicar Endimión, pero un súbito temblor en el Templo, le hizo percatarse de la verdadera y grave situación que fuera se vivía. Helios conjuró rápidamente un cetro donde introdujo el Cristal de Oro y se lo ofreció al príncipe tan pronto el cetro se fusionó con éste.
"– ¡Ve… Endimión, te necesitan…!" –le instó ella. Endimión ya no dudó. Besó su mano, la dejó contra su regazo y salió corriendo hacia el portal que antes les había conducido a aquel lugar. Tan pronto el príncipe se ausentó, los rostros de Guardián y Guerrero cambiaron, se tornaron tristes y débiles respectivamente, ya no había motivo para fingir lo que realmente sucedía.
"– Princesa… –exclamó Helios tristemente mientras se acomodaba y la colocaba mejor entre sus brazos– Ya no puedo hacer mucho por vos." Una lágrima de tristeza rodó por la mejilla del Guardián.
"– No había nada que pudieras hacer, amigo mío, –murmuró débil– pero por lo menos… hemos contribuido a traer la esperanza a la Tierra y a sus habitantes."
Mientras, el príncipe había atravesado el portal y la escena que observaba era inenarrable. Cientos de demonios negros y humanos poseídos luchaban enfurecidos contra soldados de los diferentes planetas, quienes procuraban destruir a los primeros y dejar inconscientes a los segundos para evitar sacrificar más vidas. Pudo observar como las Guerreros Guardianas del Sistema Solar interior y sus Generales se encontraban luchando en la zona. Por lo visto, Metalia, al verse libre de su cascaron humano había dirigido a sus tropas hacia el Templo de Eros, la fachada que ocultaba el acceso al Templo de Erusion.
Los Generales se percataron de la aparición del príncipe. Querían acudir a su lado para protegerle pero no les dio tiempo: decenas de demonios concentraron su energía en esos momentos lanzándole un poderoso ataque que explosionó tan pronto le tocó. El grito de desesperación de los Generales ante tal espectáculo se escuchó en toda la zona, y éstos cayeron al suelo de rodillas pensando que los demonios habían acabado con el príncipe; pero tan pronto los efectos de la explosión pasaron, pudieron ver como se erguía firme sosteniendo el cetro dorado frente a él que brillaba con intensidad. Toda la energía negativa desplegada por el enemigo fue absorbida por el Cristal de Oro.
De la nada, una sombra negra se formó frente a él, aquella silueta negra y deforme irradiaba gran cantidad de negatividad, afectando a todos los que se encontraban cerca de ella.
"– Príncipe Endimión, veo que te dignas a aparecer, –gruñó la malvada energía– ¡Entrégame el Cristal de Oro! Y tal vez te permita vivir para servirme." Endimión se sonrió.
"– ¡Jamás tendrás el Cristal de Oro ni dominarás la Tierra!" –gritó el príncipe alzando el cetro dorado y comenzando a desplegar su poder.
"– ¡Lo único que conseguirás con eso, es alimentar mi cuerpo y llenarlo de energía, pobre iluso!" –dijo Metalia vanagloriándose mientras el príncipe iba liberando más energía y ella la absorbía.
"– Si es energía lo que quieres,… –exclamó firme mostrando una confiada sonrisa– ¡eso es lo que obtendrás!" Y tras estas palabras, Endimión incrementó la cantidad de energía que emitía el Cristal de Oro, provocando grandiosas ondas expansivas que presionaban los deformes cuerpos de los demonios haciendo que fuesen aplastados contra el suelo o las estructuras y columnas que todavía seguían en pie.
"– ¡Tonto infeliz! –espetó Metalia– ¡gracias a ti, me estoy fortaleciendo!" El príncipe, muy consciente de lo que estaba haciendo, incrementó aún más la energía que liberaba. Era tal la magnitud del poder desplegado que decenas de demonios, los más débiles, ya habían sido barridos y eliminados de la zona, y los demás, estaban siendo paralizados debido a aquel poder. Esta situación era aprovechada por todos los soldados que luchaban contra los seres del Reino de la Oscuridad.
"– ¡Acabaré contigo y todas tus malvadas huestes! –gritó Endimión enérgico– Tu sentencia está marcada, no pasarás de este día."
Y diciendo estas palabras, la energía liberada por el príncipe se multiplicó exponencialmente, desintegrando a los demonios que quedaban en pie. Era tal la magnitud de esta fuerza que Metalia no era capaz de absorberla y aquella masa deforme que era ella comenzó a retorcerse agitadamente debido a la presión.
"– ¡No, detente! No puedo absorber tanto poder, mi cuerpo no lo resiste…" –gritaba retorciéndose de dolor Metalia. La sonrisa en el rostro del príncipe se ensanchó ante la efectividad de su estrategia.
"– ¡Metalia, tu destino está escrito! –gritó incrementando más la energía que emitía– ¡Desaparece para siempre!" Y con estas palabras, un rayo dorado surcó el espacio que separaba al príncipe Endimión de Metalia y atravesó la marca que cruzaba la frente de la fuerza demoniaca. El resplandor tras el impacto se extendió con tal intensidad que momentáneamente todos quedaron cegados mientras la energía del Cristal de Oro hacía su efecto destruyendo a la energía negra de Metalia. Cuando el resplandor cesó, vieron como los polvorientos restos de aquel deforme ser, caían al suelo en forma de un fino polvo negro que, arrastrado por el viento, fue desapareciendo sin dejar rastro ni siquiera de la existencia de aquella maldad.
Los Generales atónitos habían observado la escena y poco a poco iban asimilando que el final de aquella cruenta batalla había llegado. Endimión se percató que las Guerreros Guardianas del Sistema Solar interior se aproximaban a la zona. La Reina y sus padres les seguían. Lentamente los soldados que habían participado en la cruenta batalla se iban reagrupando, y atendían a los heridos. Las Guerreros se habían apresurado a ayudar a sus Generales que las recibieron aliviados con los brazos abiertos, felices por aquel ansiado reencuentro y por hallarse sanos y salvos respectivamente.
Endimión distinguió a la Reina Serenity junto a sus padres; los tres monarcas observaban la zona con preocupación. La cruenta lucha había segado la vida a numerosos soldados de otros planetas y habitantes de la Tierra pero eran más las vidas que habían conseguido salvar, por lo que el balance, aun no siendo bueno, era mejor de lo esperado.
El príncipe miró con detenimiento a la Reina Serenity, se dio cuenta de la seriedad en su expresiva mirada; ella parecía buscar a alguien entre aquel pequeño caos que se había producido al acabar con el enemigo, mientras las tropas de otros planetas y soldados de la Tierra trataban de organizarse. Él también echaba en falta a alguien. Se dio cuenta que Guerrero Luna no había salido del Templo, por lo que rápidamente retrocedió hasta donde el portal mágico de acceso al Templo de Erusion todavía se alzaba firmemente. Lo atravesó raudo, quería correr al lado de Guerrero Luna; hacerle partícipe de la situación y por fin, volver a implorar su perdón si así ella lo exigía. Ella había acabado agotada tras su enfrentamiento con Beryl, veía normal que no hubiese salido del Templo. Pero cuando atravesó el último arco de columnas aproximándose al lugar donde le indujeron aquel sueño, se dio cuenta que algo no iba bien. En el momento en que accedió a la estancia, quedó paralizado al ver como Helios seguía de rodillas inclinado en la misma posición en que lo dejó al salir del Templo. Entre sus brazos seguía estando ella, Guerrero Luna que con los ojos cerrados, estaba apoyada sobre el pecho del muchacho. El terror de una sospecha que no había siquiera intuido, le invadió arrasando la felicidad precedente. Se acercó corriendo desesperado a ellos, deseando sólo haber malinterpretado la palidez de Guerrero Luna entre los brazos de Helios. Se dejó caer de rodillas enfrente del muchacho, quien triste lo miró mientras lentas lágrimas descendían por sus mejillas. Endimión no quería creer lo que aquel silencio le gritaba y sólo negaba con su cabeza.
"– Princesa, –susurró Helios dulcemente– el príncipe ha llegado…". Guerrero Luna, mortecinamente pálida, abrió los ojos muy despacio; tan sólo aquel movimiento parecía que le costaba una vida.
"– Endi…mi…ón… –susurró débilmente mientras le miraba– lo… hiciste…" Endimión la tomó cuidadosamente de los brazos de Helios quien se mantuvo frente a ellos. La protegió contra su cuerpo rodeándola con sus brazos deseando que aquello fuese sólo un mal sueño y que no estuviese pasando lo que temía. Sus ojos se humedecieron sin él ser capaz de controlar la emoción; miró con desesperación a Helios, quien sólo negó suavemente con la cabeza.
"– Guerrero Luna,… yo…" –dijo afectado Endimión.
"– Creo que… ya no es necesario que me llames así, Endimión…" –susurró débilmente deshaciendo su transformación frente al príncipe. Fue envuelta temporalmente por lazos de energía rosada que instantes después dejaron ver su etéreo vestido blanco así como su marca real.
"– ¡Así que era esto lo que ocurría cada vez que sentía esta energía!" –murmuró Endimión con algo de alivio en su voz.
"– ¿Lo sentías? –Él asintió– ¡Vaya! Y yo que pensaba… que ocultaba muy bien… mis cambios de vestuario…" Dijo ella con una leve sonrisa que contagió al príncipe y a Helios momentáneamente. Endimión la miraba triste, no sabía que hacer o decir en aquella situación. La estaba perdiendo por momentos y se sentía impotente al sentir como se le escapaba la vida.
"– ¿Qué puedo hacer, Selene? –dijo apenado el príncipe– ¿Por qué no me dijiste esto? Tu energía está… casi agotada. ¿Qué puedo hacer para evitar que…? ¿Tal vez el Cristal de Oro…?"
"– No puedes hacer nada… esto… estaba escrito que pasaría… Es el precio a pagar por utilizar el Cristal de Plata… –musitó mientras ponía su mano contra el pecho de Endimión, quien se encogió al sentirla– Cuando te dije que mi existencia se debía a que no se había transmitido el Cristal de Oro, no pensé que llegaría a suceder esto… Ahora con los sellos removidos y el Cristal de Oro en tu poder, la Tierra tiene ante sí un gran futuro…". Endimión sentía encogerse su corazón ante las palabras de Selene.
"– ¿De qué sirve ese gran futuro, si tú…?" –él no pudo terminar su frase porque Selene puso sus dedos contra su boca.
"– No digas eso… –susurró sonriendo levemente– Le diste a la Tierra esperanza… y esto es un precio pequeño a cambio de salvar tu mundo… el que tanto amamos… y por salvarte a ti." Endimión sólo conseguía negar con la cabeza, no quería aceptar que la vida se escapaba de aquel pequeño cuerpo que adoraba.
"– Alteza, –dijo quedo Helios interrumpiendo a la pareja– hace años, la sacerdotisa de Marte tuvo una profecía… en ella se le reveló el destino de la Tierra. Ella escuchó: 'Un guerrero sacrificado por un príncipe; un amor de Plata por uno de Oro', mientras veía una luna creciente que daba paso al Sol, vuestro regente. Ella ha sabido en todo momento de la profecía, desde muy niña…"
"– Quieres decir… que todo este tiempo… –balbuceó nervioso Endimión, ella asintió levemente– He sido un completo estúpido… de haberlo sabido, yo jamás…"
"– De haberlo sabido,… no habría esperanza para la Tierra… por eso no te lo dije… aunque no pensé… que no llegase a ver como prospera la Tierra… –argumentó débilmente Selene– Fue mi elección… También era mi única oportunidad para…"
"– ¿Para qué, mi amor?" –susurró acariciándola con su voz mientras experimentaba un leve estremecimiento.
"– Para conocer el verdadero amor…" –Endimión cerró los ojos con dolor ante sus palabras.
"– Te mereces algo mejor,… merecías algo más que un príncipe tan estúpido y arrogante,… tan cretino como para traicionar tu confianza en la primera prueba de honor…" –el dolor que el príncipe transmitió a sus palabras afectó a la princesa, pero sólo pudo tratar de consolarlo con sus últimas fuerzas.
"– No me arrepiento… de nada… –susurró débil con voz apagada– Eres mi primer… y único amor… sé que te volveré a ver en mi próxima vida… y nos enamoraremos otra vez… más allá del tiempo, nos reencarnaremos…[3] Te amé como a ninguno y… siempre lo haré…" Sus ojos lentamente se cerraron ante la desesperada mirada del príncipe que lloraba sin darse cuenta de ello.
"– ¡No!… ¡No, por favor!… –exclamaba desesperado Endimión– ¡NOOOO!" Su grito desgarrador cubrió aquel espacio. Endimión se abrazó al inmóvil cuerpo de la princesa Selene… Se mecía con dolor con ella apretada contra su cuerpo sin querer creer lo que acababa de suceder.
Helios miró conmocionado la escena, aquello era más de lo que como Guardián jamás había presenciado; aquel sacrificio le afectó pero no descontroló la respuesta de su cuerpo pues escuchó rápidos pasos aproximándose a ellos. Las Guerreros del Sistema Solar interior, los Generales de la Tierra y los monarcas Terrestres y Lunar se aproximaron presurosos; gritos y llantos de desesperación irrumpieron en aquel espacio llenando de lamentos y dolor el Templo cuando los recién llegados presenciaron lo ocurrido.
La Reina se aproximó tambaleándose hasta donde el príncipe se encontraba con el cuerpo inmóvil de su hija entre sus brazos. Cayó de rodillas frente a ellos hecha un mar de lágrimas, contemplando en shock tan dolorosa escena.
Entre sollozos, el príncipe alzó levemente el rostro de Selene mientras se inclinaba sobre ella. Rozó sus labios delicadamente, como si de nieve recién caída se tratase y no quisiera perturbar su forma, parecía simplemente presa de un dulce y tranquilo sueño. Susurró su amor por ella contra su boca ante la doliente mirada de los presentes.
De la nada, el cuerpo de Selene comenzó a iluminarse tenuemente convirtiéndose en una miríada de estrellas. Poco a poco su cuerpo se volvía cada vez más transparente hasta que ni siquiera fue tangible para el príncipe, quien confuso, veía impotente lo que ocurría. El cuerpo de su amada se evaporó, desapareciendo con él la tibia calidez que su inanimado cuerpo le estaba dando. Atónito y desesperado miró a la Reina, quien con el rostro todavía bañado en lágrimas se levantó del suelo pero no le miró en ningún momento. No medió palabras entre ellos. La Reina Serenity se reunió junto con las Guerreros que tratando de recomponerse se habían agrupado y alejado de los Generales. Tan pronto se juntaron, una luz las envolvió formando una gran esfera y desaparecieron del Templo de Erusion dejando una estela brillante que se perdía en el firmamento.
Los monarcas de la Tierra se acercaron rápidamente, todavía sobrecogidos, a su hijo que seguía de rodillas conmocionado por lo sucedido. Lo abrazaron tratando de abrigar la cruel desesperación que invadía su corazón, mientras los Generales estupefactos daban torpes pasos aproximándose a su posición. En el rostro del príncipe, la desolación y la tristeza eran el vivo reflejo de lo que su alma experimentaba. La tibia sensación de haber estado sujetando a su amada hasta segundos antes se había disipado completamente dejándole un frio vacío en su alma que poco a poco era consciente de lo que había sucedido… la Guerrero Luna había muerto… la princesa Selene se había sacrificado por la Tierra, por darles un futuro… Su Bunny se había ido.
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[1]¡Tiara Lunar, Acción!: Este ataque en España fue nombrado como "Diadema, acción". En japonés "Moon Tiara Action".
[2]¡Transmisión Luna curativa!: Así se nombró al ataque con los cuernos de la Luna de Guerrero Luna. En Latinoamérica este ataque fue nombrado como "Curación Lunar, ¡Acción!". En japonés se nombró como "Moon Healing Escalation".
[3]Monólogo de Sailor Moon del capítulo 13 de Sailor Moon Crystal, tras atacar con la espada a Endimión poseído por Metalia.
