TERROR
Capítulo 20: Destrucción.
La silueta que la acompañaba por los pasillos de la nave era esperpéntica y dejada de la mano de Dios. Caminaba asustada por no encontrárselo e incluso sus propios sentidos parecían mermados ante el terror atroz de ser encontrada. Ssssss, sin ruidos, como un fantasma que vive por obligación.
- Si te suicidas iré a la Tierra y destruiré todo cuanto allí existe, torturaré a tus padres, haré que lo que tú consideras un suplicio sea para ellos remunerado por tres veces -. Y sabía que Ripper lo cumpliría. Aquella amenaza pesaba sobre su alma como la losa que aplasta un insecto diminuto sin llegar a matar, sin llegar a liberar nunca. Tanto como la libertad le había parecido un bien natural, algo que por derecho le correspondía, ahora renacía en su memoria como el tesoro mayor del cual había dispuesto y, sin embargo, el que menos había valorado.
Sus piernas temblaron un poco más y la bandeja de comida que llevaba entre las manos fue silenciada apenas empujándola contra su escuálido cuerpo. Hoy hacían 3 años que y esperaba que él no recordase los aniversarios… porque no soportaría una celebración. Hubiera deseado que la puerta que accedía a la habitación de su amo fuese más silenciosa, pero eso tampoco importaba.
- ¿Otra vez ocultando tu energía, Bra? Pensé que te habías muerto, pero luego escuché la bandeja y me dije… Oh, si, parece que ha recordado que tenemos algo que celebrar hoy. ¿Verdad pequeña mía? Esta noche haré algo para que dejes esa manía tuya de ocultar tu ki…
No supo a qué se refería con la última de las afirmaciones "Esta noche haré algo para que dejes esa manía tuya de ocultar tu ki", pero sus ojos se llenaron de lágrimas una vez más, y la mesa se dibujó borrosa mientras depositaba en ella la comida que había preparado (y escupido además, aunque eso no le importaba a nadie). La cola del saiyajin comenzó a juguetear por su cuerpo sin piedad alguna, y supo que esa noche sería otra de tantas…
- No dejaré que te mueras nunca, ¿comprendes princesita? - susurró en su oído mientras le arrebataba las ropas y la conducía a su cama.
Pero aquella noche dijo algo inesperado. Entre jadeos y sudores, impregnado por las lágrimas de su "esclava", susurró, o pensó, o puede que apenas fuese fruto de la imaginación de Bra… pero lo escuchó tan claro como si alguien hubiera abierto su mente para habarle directamente… - Recuerda que él no soy yo.
Inmediatamente, una tempestad de furiosa descarga estalló en el cuerpo de Ripper, y se volvió más fiero que nunca… tanto, que soñó que acabaría con su desgracia privándola de la existencia, pero se equivocó nuevamente y lloró con amargura muchas horas después rememorando su triste sino.
Tres años en la esclavitud eran como una eternidad, y sus ojos estaban apagados, olvidaron que estaban vivos hacía muchos meses. Ahora solo miraban y obedecían, miraban y temían. Su sombra se desplazó temblorosa por los pasillos de la nave y entonces supo que ya había muerto. Aquello debía ser alguna clase de purgatorio, o no, quizás era un sueño… Solo que ese "quizás" disipó otra vez la posibilidad de certeza en una afirmación esperanzadora. Aquello era real, lo había sido durante mucho tiempo… una pesadilla totalmente real…
Se acurrucó en un rincón de la habitación. Tomó una mantita y se la acomodó como pudo. Hacía dos días que no comía nada y su debilidad extrema le ayudaría a conciliar el sueño, pues hacía una semana que era incapaz de dormir una hora seguida. Ripper no dormía nunca, y ella ya no sabía cuando era día o noche… porque el espacio es así de duro y despiadado. Soñaba con aterrizar en algún planeta y a la vez lo temía. Porque sabía que respirar un poco de aire puro le costaría la existencia a muchos seres inocentes. Sin embargo, tenía la esperanza de que el próximo planeta hubiera sido conquistado por los malignos. Si ese era el caso, Ripper acabaría con unos cuantos de ellos y se nombraría Rey de la desolación del Universo. Bra se preguntaba por qué no se había unido a los otros, por qué iba por libre. ¿Quizá es que pretendía ser él el dueño del Universo? Le constaba que había tenido múltiples ofertas, pero que había rechazado todas y cada una de ellas. Y era curioso, porque juraría que sus primeras intenciones era ser la mano derecha del Maestro oscuro… quizá para después derrotarle…
Un sin fin de por qué sin respuesta atormentaron su mente y perturbaron su sueño. Gimió por el cansancio y rezó una vez más porque nadie la encontrase, porque su padre la diera por muerta y cesara de buscarla (algo que sabía que era imposible que sucediera). Pero no soportaría verle asesinado a manos de Ripper, a él no… Quizá estaba entrenando duro, pero ya no era un jovencito, carecía de la vitalidad de su captor y de su habilidad de siglos en la zona oscura… Esa noche soñó cosas extrañas… demasiado extrañas como para ser sueños… Había llegado el momento de asumirlo. Ya estaba muerta, solo necesitaba que Ripper se percatara de ello…
Apenas varias horas después, los motores de la nave cambiaron el constante zumbido por un siseo sonoro que solo podría significar una cosa: estaban aterrizando. Desplazó su dolorido cuerpo por los pasillos temblando de nuevo aunque intuyendo que hoy no le prestaría atención. Siempre sucedía cuando llegaban a algún planeta: un baño de sangre, muerte y destrucción que ocupaba varios días a su amo. Durante ese tiempo Bra podía respirar con un mínimo de tranquilidad porque él no vendría a dañarla mientras estuviera entretenido… Pero aquel día era distinto.
- Buenos días esclavita… - su respiración se congeló mientras que Ripper la llevaba lánguida y arrastrando hacia el exterior - Este es uno de tus preferidos… ¡un planeta plagado de malignos! Pensé que te agradaría la sorpresa que te reservaba. Incluso te dejaré luchar contra ellos.
Cuando la soltó, las pocas fuerzas de que disponía se disiparon y sus piernas se doblaron haciendo que el cuerpo quedase de rodillas a los pies de su captor.
- ¿De nuevo estas sin alimentarte? Si no comer ahora mismo procuraré traerte de cena a alguna de las pocas criaturas que queden originarias de este planeta y me divertiré cocinando.
Tanto como quería levantarse, apenas lograba encontrar energías para sollozar desconsoladamente. Hasta que una voz que bien pudiera ser imaginaria le gritó interiormente - ¡Levanta y come, princesa de los saiyajins!
Al principio pensó que su padre estaba allí, detrás de ella, y una descarga de adrenalina le dio fortaleza para levantarse. Afortunadamente allí no estaban más que ellos dos…
- Oh, vamos, no prepares la comida hoy, esclava, te llevaré a comer fuera…
Su brazo dolió y la circulación parecía cortársele mientras sobrevolaban la superficie de Tariantis, llena de edificaciones semidestruidas. Parecía tranquilo con la luz del alba, pero Bra sabía que era solo un breve espejismo. Cuando descendieron a tierra firme, un puntero láser asomaba en su frente. La resistencia del planeta seguía luchando por sobrevivir. Bra escondió su rostro detrás del cuerpo de Ripper más por instinto que por temor.
- ¡Venimos en son de paz! ¡Queremos, igual que vosotros, acabar con esos malditos! - vociferó Ripper a un auditorio aparentemente vacío.
De entre los escombros apareció un muchacho joven y fornido con un arma en sus manos - No pienses que este arma dispara municiones normales… están impregnadas de sustancias sagradas que producirían la muerte de cualquier maligno. Así que si esta es alguna treta, ten en cuenta que llevas las de perder, nosotros ya lo hemos perdido todo.
Bra asomó un poco de detrás de aquella mole saiyajin y escuchó la sibilante risa entre dientes que retumbaba en la caja toráxico de Ripper.
- No soy un maligno y, para demostrártelo, puedes dispararme si quieres. Mi mujer necesita ayuda, está muy débil. ¿Podéis atenderla?
Y acto seguido la sostuvo del brazo como quien muestra un peluche. Viéndola tan desvalida y rota, parecía una muñeca e inspiraba los más tiernos sentimientos en quienes la veían y aún conservaban un mínimo de bondad en sus almas. Bra odiaba que la utilizase pero no podía hacer nada para remediarlo. Alertarles sería acelerar lo inevitable y todos estarían muertos en apenas unos segundos. Pero si callaba, tendría la esperanza de que Ripper los dejara vivir… como… ¿regalo de aniversario?
No supo cuando el calor de unos brazos femeninos y fraternales la estaban abrazando y abrigando un poco. Cayó rendida en un lugar mullido y cómodo, todo era surrealista, aquella gente parecía una familia. Miró sus rostros. El muchacho era su líder y comandaba un escaso grupo de jóvenes chicos y chicas.
- No te preocupes, estas en un lugar seguro. Esto es tierra Santa y los malignos no pueden ni vernos ni adentrarse en este lugar.
Bra miró a su alrededor y se percató de que aquello era un Templo. La bóveda alta de crucería parecía una joya con ventanales engarzados. Se preguntaba cómo habían logrado diseñar algo tan hermoso.
- Es bello y sólido. Parece frágil, pero es muy fuerte - murmuró una chica que le recordó mucho a la madre de Marron. - La fe es un arma muy poderosa…
Bra agachó la cabeza. Su poderosa fe no les protegería de la ira de Ripper.
- ¿Hace cuanto que no comes? Pobrecita… - susurró a sus espaldas una chica de pelo rosado y aspecto pusilánime.
La rubia se retiró acomodando bien el arma en su pierna mientras que la otra chiquilla se aproximó con un plato de sopa caliente. Bra bebió a sorbos mientras que la muchacha la miraba sonriendo. Hacía mucho tiempo que no veía a alguien sonreir. En los tiempos que corrían no había gente con ánimos para hacerlo, ni con motivos… Pero no quiso preguntarle la causa de aquella extraña felicidad. Sintió sus cálidas manos acariciando un pelo azul que había perdido la vitalidad de antaño. La energía de cariño que desprendía aquella criatura era tan emotiva que sintió una punzada dolorosa en su espíritu. Si Ripper la veía hacer eso acabaría con ella.
- No me toques, por favor - solicitó lo más asépticamente posible.
- No te preocupes, nosotros te ayudaremos… - sonrió nuevamente retirando su blanca mano para alivio de Bra.
- ¿Por qué? - preguntó antes de que se marchase.
La chica solo sonrió enigmáticamente y susurró - pronto todos seremos liberados. Ten fe.
Bra rió ante la inocencia que presenciaba. ¿Ella sería liberada? - Solo la muerte puede ser mi liberación - mencionó tan bajo que pensó que nadie la había escuchado. Sin embargo, los ojos de la chiquilla de pelo rosado brillaron mientras se marchaba de una forma extraña.
La noche caía sobre el Templo y con ella los sonidos nefastos de los jolgorios demoníacos. El cielo se volvió rojizo tras el atardecer, y tres lunas del color de la sangre iluminaron un ambiente ahora enrarecido en el que los olores de azufre se mezclaban con los de los nuevos cadáveres.
A lo lejos se escuchaban sonidos de armas, y un murmullo de inquietudes y pasos recorrían el lugar. Ripper permanecía cerca de ella sonriendo ante la acción que se avecinaba.
- ¡Predicador! ¡Predicador! - gritó un chico que, a juzgar por sus heridas, venía seguramente de pleno campo de batalla.
- ¿Has hecho lo que te dije?
- Si, si. Lo hemos conseguido, pero han descubierto nuestra base.
- ¡Maldición!
Bra miró sorprendida el rostro del muchacho primero que vio aparecer en el planeta. Así que era el líder y además… ¡un sacerdote! Ripper la miró con recelo y ella descendió su mirada al suelo. La sombra del muchacho tapó la escasa luz que la bañaba y se acercó peligrosamente a ella delante de su fiero captor.
- Levanta, muchacha, esta noche todos tendremos que luchar para sobrevivir.
Le ofreció una mano que Bra no tomó pues ocultó con las suyas un rostro lloroso e incapaz de batallar más.
Ripper tenía la muerte dibujada en los ojos y, utilizando la mano tendida a su esclava, procuró sujetarla lo suficientemente fuerte como para hacer crujir los huesos del predicador y, sin embargo, tan flojo que hasta un humano le parecía más fuerte en comparación con aquella gente.
- Tu fuerza, debes reservarla para el enemigo… - dijo rechinando los dientes por el dolor - y "tu mujer" - recalcó con escaso convencimiento de lo que afirmaba - no puede permanecer aquí, vendrán y destruirán el Templo dentro de poco. Era cuestión de tiempo que se percataran… el mal es ciego ante la bondad, pero se alimenta de las bajezas humanas. Tu alma no está lo suficientemente limpia ¿verdad?
Ripper sonrió a medias pero no dijo nada. Después le destriparía por su insolencia. Ahora tenía interés por averiguar lo que eran capaces de hacer con tan escasas fuerzas… ¡Pobres ilusos!
La muchacha de cabellos rosas ayudó a levantarse a la peliazul y Ripper gruñó al ver que tocaban a su esclava sin su permiso, aunque fuese otra fémina, aunque sus intenciones fuesen las mejores. Ella también pagaría por sus confianzas…
- No importa si morimos, señor, lo que importa es el fin - sonrió casi adivinando los pensamientos del saiyajin.
Cuando Ripper se adelantó unos metros para inspeccionar el terreno, Bra miro aterrada a la chiquilla - déjame, vete, ¿no ver que a mi lado solo te espera una muerte segura? Debes marcharte lejos… - advirtió obteniendo tan solo otra cálida e inexplicable sonrisa. ¿A qué venía esa felicidad?
- Esta noche todos moriremos, pero renaceremos mañana en el paraíso…
- ¿Qué? - Entonces supo que se trataba de alguna clase de loca de secta tan ansiosa por morir como ella misma lo estaba, pero tan inconsciente de lo que ello significaba que aún podía sonreir.
- Toma, te he traído un poco de fruta. Come, te vendrá bien. Por favor… - algo en los ojos de la chica de cabellos rosados la impedía rechazar tan amable presente. Los alimentos escaseaban y no debían existir en todo el planeta más que unos cuantos árboles frutales en pie. Aquello era un tesoro y se lo ofrecía con tanto desprendimiento y sinceridad, que se sentía incapaz de negarse a tomarlo.
- ¡Maldita sea! - gritó Ripper repentinamente volviéndose hacia donde ellas estaban. -¡Ven conmigo!
Algo iba mal, un enemigo demasiado poderoso debía estar acercándose al planeta. Ripper tenía el temor reflejado en sus ojos como nunca antes lo había tenido. - Nos vamos… No te separes de mí bajo ningún concepto.
- Espere señor, coma usted esta frutita que traje… he traído una para cada uno…
Antes de que Bra pudiera gritar siquiera, un haz de ki había atravesado el corazón de la chica. La fruta que caía de sus manos fue atrapada por Ripper al vuelo y, mientras contemplaba satisfecho el cuerpo que se iba cubriendo por un charco de sangre, se atrevió aún en el mismo Templo, bajo la atenta mirada de Dios a decir: - Muchas gracias por el detalle.
La justicia no existía, Dios no existía, el cielo era una ilusión, el infierno estaba en la vida y el purgatorio. Aquella chiquilla no debía tener más de 15 años. Murió sonriendo, aún tenía sus ojos abiertos y llenos de mirada cálida y sus pupilas bondadosas parecían seguir viviendo. Bra se acercó y cerró piadosamente sus ojos. Ripper la jaló hacia sí con rabia.
- Vamos, no pierdas tiempo con esa insignificancia. ¡Tenemos que marcharnos!
- ¿A qué le tienes miedo? - el rostro ensombrecido por la injusticia tornó a una pose cínica.
- ¿Cómo te atreves a dirigirte a mi en esos términos, esclava?
- No tengo energías para seguirte… - Bra se arrodilló ante la chiquilla y le acarició los lánguidos cabellos mientras que el charco de sangre impregnaba sus rodillas en su avance incesante.
Ripper entonces la tomó del pelo y la llevó de esta forma hacia la nave. Solo que Bra ya no gritaba… ¿Era insensible al dolor acaso? ¿Es que no le importaba ya nada? El saiyajin se estremeció de nuevo cuando sintió el poder oscuro acercarse a ellos. El presentimiento de que había caído en una trampa se hizo inminente y aún certero cuando descubrió que la nave no estaba encapsulada en su bolsillo.
- ¿Dónde está? ¿Dónde?
Bra no entendió, quedó unos segundos perpleja y anonadada. ¿Dónde estaba qué?
Ripper repasó mentalmente los hechos. Aquella rata de cabellos rubios la había besado impunemente hacía dos horas atrás. Aprovechando su leve ensimismamiento… ¡Le había robado la nave! ¡Pero cómo sabía que su nave estaba encapsulada! ¿Cómo?
- ¡Volvamos! - gritó más rabioso que nunca y arrastrándola esta vez del brazo.
- Hola Ripper… - susurró una voz melosa y aún conocida - ¡Cuánto tiempo sin vernos!
Era Pan. ¡Pan estaba viva! Bra no podía creer lo que veían sus ojos. La alegría cursó por sus ojos azules brevemente antes de percatarse de que aquella Pan no era ni muchísimo menos la que antaño conociera.
- Mira qué linda niña encontré… - el cadáver de la rubia cayó sobre la tierra con todos los huesos rotos. A diferencia de la pelirosa, esta tenía el horror dibujado en el rostro, desfigurado y casi irreconocible de no haber sido por las ropas.
- Pan… - susurró Bra casi sin entender.
- Pobrecita, siempre fuiste la más débil entre nosotros… ¡Mírate! ¡Mira dónde has llegado!
- ¿Pan?
- Lamentablemente no puedo permitir que sigas existiendo… tengo intereses… y tu presencia me resulta incómoda a la par que inoportuna…
Algo quemaba en la garganta a Ripper. Era una sensación de asfixia que nunca antes había sentido. Algo le estaba neutralizando. ¿Qué clase de brujería aplicaba aquella maldita? Su respiración se hacía cada vez más difícil y supo entonces que su esclava estaría perdida.
- ¡Corre! - gritó. El también estaba perdido… ¿O quizás tenía alguna oportunidad?
Bra retrocedió unos breves pasos.
- ¡Corre! - gritó Ripper sosteniendo su garganta como si le quemara por dentro.
Su instinto le hizo obedecer al amo y correr tal y como había ordenado. Sin embargo, cuando llevaba recorridas varias manzanas, sus pies se congelaron en el sitio y se negaron a huir más. Lentamente se volvió y sonrió un poco.
Entre tanto, Ripper rebuscaba entre los harapos que llevaba el cadáver de la otrora atractiva rubia. En uno de los bolsillos, allí se encontraba, ¡la nave estaba a salvo!
La presencia maligna había desaparecido extrañamente, trató de sentir el ki de su esclava. - ¿Ya estás de nuevo con tus juegos de muertecita? Ya sabes que te voy a encontrar de todas formas…
El predicador se aproximó a él de repente. - Hola amigo, parece que se han marchado… Me pregunto qué ha ocasionado una concentración de energías maléficas tan intensa…
Ripper tuvo la certeza de que algo estaba mal. - ¡Bra! Sal de donde estés si no quieres que le mate ahora mismo… - amenazó sosteniendo al sacerdote con una llave inmovilizadora.
- ¿No te das cuenta? - susurró el predicador - está allí, a dos manzanas… pero no puede escucharte.
El brillo azul de unos cabellos confirmó la noticia que su espíritu ya estaba anticipando. Llegó hasta el rellano y la vio, estaba sonriendo. Sus ojos estaban abiertos e impregnados de una extraña mística. Su corazón había sido atravesado por un haz de ki, de la misma forma que el corazón de la chiquilla de cabellos rosados había sido ensartado por el mismo.
- ¡Aaaaahhhhhhhhhhhhhh! - gritó de rabia, y fue una rabia por primera vez compartida con su homólogo Básilik, encerrado en su interior.
Pero lo peor estaba por llegar… estaba envenenado, lo sabía con total certeza… su vista se estaba nublando y la imagen borrosa del sacerdote fue lo último que presenció antes de caer en un profundo letargo que bien pudiera conducirle a la muerte…
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Bueno, hacía tiempo que no actualizaba y me salió un capítulo larguito ¿eh? Besos a todas. MUAKS.
